N / A: Lo sé, merezco que me tiren del puente y me den de comida a los titanes y aún así seguiría siendo poco D:
Este mes tengo puro examen, ya se termina el año y la mayoría de profesores quiere tener las notas antes de diciembre, además este año acabo el colegio y he estado súper ocupada y sin poder entrar a la laptop, por lo que tampoco he respondido varios reviews, pero me los leo todos! porque me llegan al celular. Gracias a todos T-T
Me pondré a tipear el capi 8 justo ahora y de nuevo a todos, lo siento mucho :C les recompencaré, lo juro! ;A;
Capítulo 7
Orden Matutina
Haru se puso a reflexionar sobre lo ocurrido el resto de la mañana.
Al parecer el anterior sirviente se la pasaba detrás del príncipe todo el tiempo, siempre pendiente de si necesitaba algo o que cumpliera sus obligaciones, pero a tal extremo que el joven soberano terminó evitándolo todo lo posible. No era de extrañar que gozara de la compañía del pelinegro, además de su personalidad tranquila era un sirviente nuevo, significaba que no tenía mucho conocimiento de la vida cotidiana en el palacio y era el príncipe que le decía lo que se debía, y quería por supuesto, hacer.
Rin también estuvo pensando mucho en lo que había pasado tan solo el día anterior.
La verdad es que era muy diferente del peliplata, quien nunca paraba de hablar sobre las actividades del día, siempre diciéndole lo que debe hacer como príncipe y futuro monarca, replicando con "Pero majestad ¡es su deber!" o "No puede descuidarse como príncipe ¡es su obligación!" cada vez que no quería hacer algo. Empezaba a sentir como si su autoridad se perdiera y eso es lo que a él más le molestaba, le irritaba.
Sin embargo, no podía despedirlo, su madre tenía la política de que sus siervos fieles tenían el derecho de quedarse en el palacio, y quienes no, de ellos ella ya se encargaba de despedirlos. Además, el príncipe debía tener un sirviente personal, lo único que podía hacer él era elegir entre los voluntarios, y debido a su especial carácter conocido por todos los sirvientes y hasta los guardianes del palacio, Nitori era el único dispuesto a servir exclusivamente al futuro soberano.
Encontrar a alguien más.
Esa fue la solución a la que llegó Rin, pero no había visto a nadie digno de servirle durante sus salidas a la ciudad. O al menos, a alguien que captara su atención.
Hasta que se encontró con Haru el día anterior.
Su presencia siempre se imponía entre los demás sirviente y súbditos en general, su fulminante mirada carmesí hacía que apartasen la vista.
Excepto el pelinegro, claro.
No podía describir lo que sintió en el momento en el que se conectaron sus miradas, ambas con una intensidad única. El feroz fuego contra el océano azul, ninguno dispuesto a ceder. Porque quien ceda, es consumido por el otro.
Hay algunas personas que nos interesan inmediatamente, a primera vista, antes de intercambiar palabra*
Sentía curiosidad por el forastero, o al menos eso pensaba, quería conocer las expresiones ocultas por esa máscara de inexpresividad que el azabache usaba siempre. Sus acciones de esa mañana habían sido solo para fastidiarlo, para ver si mostraba alguna otra expresión en su normalmente estoico rostro.
Y había logrado algo.
Mientras el ojiazul lo vestía decidió molestarlo un poco más. Decidió que fuera él quien eligiera su vestuario para ese día, aprovechando para hacer que lo cambiara tres veces teniendo que desvestirlo una y otra vez, cada vez con más torpeza que la anterior.
-Vamos Haru date prisa, te estás tardando mucho- soltó recibiendo una mirada asesina por parte del azabache, Rin le sonrió con suficiencia, como un niño que ha cometido una travesura pero sabe que al final se saldrá con la suya y será perdonado.
A la clara luz del día el ojiazul pudo notar que la hebras del príncipe eran de un color magenta, que adquiría una tonalidad rojiza dependiendo de la luz presente. Era al atardecer cuando tenía el mismo tono carmesí que sus ojos, y en opinión de Haru, el momento del día que acentuaba más su mirada y la hacía más intensa.
Seguían en la habitación cuando alguien tocó la puerta con tímidos golpecitos, el príncipe pareció tener que contener una carcajada antes de dirigirse a la puerta y abrirla de tal modo que el nuevo sirviente pudiera ver quién estaba al otro lado.
Era la chica de antes.
La princesa.
La joven desvió la mirada rápidamente hacia el suelo y al instante la volvió a fijar en su hermano. No escuchó que empezaron a decir, pues incluso discutiendo lo hacían en susurros, iniciados por la pelirroja. Sí, ella sí era pelirroja aun ante la clara luz.
Fue más rápido de lo que esperaba, pues llegaron a un acuerdo en un par de minutos, solo distinguió las palabras 'reunión', 'saliste', 'te cubrí' y 'llave'. Más tarde descubriría la importancia de los collares-llave, pues si bien las salidas a escondidas del príncipe eran un punto en su contra, el que la princesa cogiera la copia del collar sin el permiso de su madre hacía que su hermano pareciera el hijo más obediente y respetuoso de las reglas entre los dos.
Y todos sabemos de sobra que no es así.
La princesa suspiró derrotada al reconocer su mal movimiento, su hermano lo dejaría pasar y no diría nada, pero tendía el presentimiento que luego le pediría un favor.
Oh, luego tomaría su inocente venganza de hermana menor sobre el irresponsable príncipe.
-Haruka- le llamó Rin, el aludido se acercó y se colocó a su lado sin decir nada, cuando lo vio fruncir el ceño se dio cuenta de qué había olvidado.
-¿Sí, majestad?- el semblante del príncipe volvió a su sonrisa cínica.
-Gou, este es mi nuevo sirviente, Haruka. Haru, ella es la princesa Gou, mi hermana- trató de hacer seriamente las presentaciones pero su tono de voz delataba que estaba tratando de no reírse.
El pelinegro hizo una reverencia ante la pelirroja.
-Majestad
La aludida volvió a ruborizarse pero respondió con el saludo correspondiente.
-Sírvenos bien, Haruka.
-¿D-disculpe majestad?
-Me escuchaste, ve con él y vigílalo
El príncipe se encontraba hablando con el guardia de la puerta este, sí, Rei, el mismo. Le informaba sobre su siguiente tarea: acompañar a Haru a la residencia Tachibana a traer sus pertenencias. El pelinegro aún no estaba familiarizado con la ciudad y se perdería fácilmente, ése era el motivo por el cual necesitaba ir con Rei, a al menos, esa era la excusa del príncipe.
Se dirigieron al patio que daba al gran balcón del ala este del palacio. La princesa había hecho llamar a todos los siervos de la familia real a pedido de su hermano. Ella junto con el pelinegro ya se encontraban ahí esperando al futuro monarca y al guardia. Los demás sirvientes aguardaban con curiosidad lo que su príncipe iba a anunciar.
-Tengo algo importante que decirles para que tenga en cuenta desde ahora- su voz firme hizo callar los murmullos por completo- os presento a mi nuevo sirviente- llamó al aludido con un gesto de la mano, quien se apresuró a situarse a su derecha- Haruka estará a mis servicios desde ahora así que no quiero que le causen problemas- hizo una pausa y agregó con un tono amenazante- o serán castigados.
Los presentes una reverencia y respondieron con un "Sí, señor" en el acto.
Satisfecho consigo mismo les indicó que podían retirarse y se volvió hacia el ojiazul, quien todavía asimilaba lo que acababa de pasar. No se esperaba eso.
-Que no se te suba a la cabeza, de esta forma no te cuestionarán ni harán preguntas innecesarias- dijo ya sin su tono serio anterior y mirando a otro lado.
¿A Rin le importaba él?
Pudo haber dejado que los sirvientes curiosos lo cuestionaran a su gusto, pero se tomó el tiempo para ahorrarle la molestia al pelinegro.
Haru asintió como respuesta.
Quizá…
-Bien, ahora mismo tengo una reunión de la que no puedo escaparme- bufó -así que nos despedimos aquí
Dio un paso adelante acercándose peligrosamente al pelinegro, este contuvo el aliento aun cuando solo pasó por su lado.
-Vuelve a tiempo- ordenó en un susurro para que solo él lo escuchara y se retiró junto con su hermana dejando a su sirviente con el guardia.
Rei se acomodó los lentes antes de indicar a Haru que lo siguiera a la puerta este, la misma por la que entró por primera vez al palacio tan solo el día anterior. Caminaron en silencio todo el camino, fue al momento de abrir la puerta cuando el peliazul decidió hablar.
-Disculpe la intromisión, pero, siento lo necesidad de comunicarle algo importante antes de salir- el sirviente lo escuchó atentamente- Si tiene alguna duda siempre puede consultarme. Debo informarle que aquí las apariencias engañan más que en cualquier otro sitio y nada es fijo para siempre.
El ojiazul se quedó muy extrañado ante lo dicho por el guardia. Pensó que quizá era una advertencia, no sabía cómo tomárselo. No entendía el significado de sus palabras.
La gran puerta se abrió antes ambos y salieron al exterior de nuevo. El guardia aún se veía un poco tenso pero se fue relajando poco a poco. Se debatió entre preguntarle o no qué quiso decir. No encontraba sentido a lo que había dicho.
Pero Haru ignoraba que pronto lo haría.
Ya habían pasado por tres plazas con fuentes generales y la única razón por la que Haru no se había abalanzado sobre el agua era porque Rei llevaba tres cantimploras extras solo para el pelinegro, a pedido del príncipe. Creía que había exagerado un poco pero en verdad su sirviente tenía una afinidad especial por el agua. El ojiazul se las pedía a cada instante porque era el guardia quien las llevaba. O del contrario ya se habrían acabado.
Las cantimploras hacían juego con su uniforme, carmesí y negro. Llevaba bordado en la cubierta tejida la extraña criatura de perfil que ya había visto antes un par de veces.
En la siguiente plaza con la que se toparon había más gente de lo habitual, se escuchaba música y en el centro había tres bailarines acaparando la atención del público presente. Haru simplemente siguió caminando mientras Rei se había detenido a ver el espectáculo. Sí, la danza era muy hermosa y coordinada, pero el guardia estaba embelesado con algo en específico, o mejor dicho, con alguien.
De los bailarines presentes el que más resaltaba era el chico del medio, tenía los mejores movimientos y una sonrisa tan radiante que era difícil no sentir la energía y la alegría que irradiaba. Su llamativo atuendo era una preciosa combinación de vivos colores; el pantalón rayas lila con púrpura y tenía tres diferentes pañoletas atadas a la cadera, una granate, otra lila y encima de ambas una rojo anaranjado. Su corto chaleco abierto era de un rojo más claro y debajo de este tenía una fina tela lila transparente más larga. Su peculiar prenda también llevaba mangas con bordes dorados, pero eran cortas y de color blanco. Llevaba un collar suelto de cuentas aquamarine y otro de oro pegado al cuello. Su kufiyya** solo era sostenido por una banda alrededor de su cabeza y encima llevaba una cadena con cuentas pequeñas.
A pesar de su llamativa vestimenta, lo que más resaltaba eran los rasgos del chico, sus hebras rubias brillaban con un toque dorado oro bajo la luz directa del sol, y sus hermosos ojos lila-rosáceo le quitaban el aliento.
Los bailarines terminaron su danza y todos se pusieron a aplaudir con ahínco. El rubio sonrió contento a su público y por unos segundos su mirada se cruzó con los orbes violáceos del guardia, antes de que este apartara la vista avergonzado. El bailarín en cambio se le quedó mirando, estaba seguro de haberlo visto antes en otras de sus presentaciones. Sin embargo, el extraño familiar desapareció entre la multitud antes de que él pudiera llegar a donde estaba.
Rei estaba empezando a desesperarse, por haberse distraído mirando el baile, o mejor dicho al bailarín, había perdido de vista al pelinegro. Si no volvía con él a la hora indicada el príncipe se enfurecería y los castigaría.
-¡Haruka!- gritó tratando de ubicarlo en vano.
Había tanta gente que le costaba movilizarse, cuando por fin logró salir de la multitud intentó encontrarlo.
-¡Haruka!
Nada.
Empezaba a palidecer.
De un momento a otro sintió un peso en la espalda que caía sobre él, perdió ekl equilibrio y cayó junto con el otro cuerpo.
-¿Qué-?- quedó mudo al ver a quién se había lanzado sobre él.
Era el mismo chico que estaba mirando bailar hace unos momentos.
-¡Al fin te encuentro! ¿Cómo te llamas? Yo soy Nagisa- se presentó el rubio alegremente, la cara del peliazul era un poema.
-M-mi nombre es Rei- tartamudeó- disculpe, ¿puedo preguntar por qué me estaba buscando?
Nagisa sonrió aún más.
-¡Reconocí tu rostro! Te he visto varias veces en otras presentaciones- el pobre guardia se ruborizó notoriamente.
Había sido descubierto.
Solía aprovechar sus días libres en ir a la plaza donde el de orbes rosáceo bailara, tan solo con verlo se contentaba. Sentía admiración por la forma tan bella y fluida de bailar del chico que lo había cautivado desde la primera vez que lo vio por casualidad.
Trató de recomponerse para poder hablar sin tartamudear.
-Yo admiro la perfecta sincronía de sus movimientos para realizar una danza tan hermosa, le ruego disculpe mi previa descortesía- dijo haciendo una pequeña venia.
Al erguirse el rubio se abalanzó nuevamente sobre él en un abrazo.
-¡Me alegra por fin conocerte Rei!- el peliazul no pudo evitar sonreír ante la ternura del chico. Nagisa notó que el guardia tenía puesto su uniforme- ¿Hoy tienes día libre?
Su sonrisa se desvaneció. La pregunta sacó a Rei de su pequeña burbuja y lo trajo de nuevo a la realidad.
A su actual desesperada realidad.
-¿Uh? ¿Rei, qué pasa? Estás pálido- dijo el más bajo preocupado por su repentino cambio de humor.
-El príncipe…
-¿Eh?
-El príncipe va a….
-¿Rei?
-¡Va a matarme!- gritó histérico, ya se imaginaba al príncipe dictando su castigo por no haber cumplido con sus órdenes y dándolo de comer a animales carnívoros que mandaría a traer especialmente para él.
Quizá no tanto, pero estaba seguro que de recibiría un castigo.
-¡Reii! ¿Qué pasa?- la tierna voz de Nagisa lo sacó de sus pensamientos pesimistas. Suspiró pesadamente antes de responderle.
-Verá, tenía que escoltar a un chico por órdenes reales y acabo de perderlo de vista- comenzó a explicarse- Y si no lo encuentro el príncipe se enfadará.
-Oh, entonces yo te ayudaré a buscarlo
-¿Qué?– preguntó sorprendido el guardia- No quiero molestarlo con mis descuidos-
-No es nada Rei, después de todo ahora somos amigos y los amigos se ayudan- respondió el rubio decidido y sonriente.
El guardia se rindió y desistió de discutir con el bailarín.
-Está bien
Nagisa volvió a abrazarlo efusivamente, a Rei le sorprendía la fuerza que podía tener alguien tan pequeño.
Iba a ser una tarde muy larga.
Y recién había pasado el mediodía.
*Cita de Fyodor Dostoevsky
** Kufiyya: Prenda que se suele llevar envolviendo la cabeza de diversos modos, tanto para proteger dicha parte del cuerpo del frío como del sol
N / A: Bien, como dije planeo compensarlo por la espera :c así que les haré un oneshot, puede ser de Free! o Attack on titan si gustan
la pareja que quieran déjenla aquí en un review y gana la que más votos tenga oAo
Gracias a todas las personas que dejaron un review en el capítulo anterior, y un pastel de disculpa por la tardanza a todos ;A;
