N/A: ¡Hola! Antes que nada quiero agradecer los preciosos reviews que me dejaron y a la gente que sigue este fic aunque no me digan nada ^^ pero igual os quiero a todos ;A;

Disclaimer: Free! no me pertenece (*sobs*)

Dedicado a la mejor hermana del mundo. Giane espero te guste ;u;


Capítulo 9

Desconfianza

El sol despedía sus últimos rayos cuando llegaron al palacio.

Rei le encargó el camello al primer sirviente que vio cuando traspasaron la puerta y salió corriendo junto con Haru hacia el ala este, donde los estarían esperando.

Recorrieron todo el camino a toda prisa, Rei tenía un mal presentimiento sobre lo que podía esperarles.


El príncipe se encontraba en una de los salones descansando en un largo sofá, la reunión fue pesada y aburrida además de haberse prolongado demasiado. Había sido un largo día para él.

Cerró los párpados en un intento por dormir un rato.

La puerta se abrió repentinamente.

-¡Majestad!

Rin no se molestó en moverse.

-¿Qué sucede Nitori?- contestó sin ganas.

El peliplata sonrió pero el príncipe no pudo verlo.

-Hoy salí a la ciudad por un encargo y me encontré con una escena peculiar…

-Ve al grano.

-Bueno- hizo una pequeña pausa sin poder evitar disfrutar del momento- parece que el joven Tachibana no quiere dejar ir a Haruka así de simple.

Rin se irguió de golpe, los ojos abiertos por la sorpresa.

-¿Qué diablos dices?- gruñó.

-Es que esta tarde los vi en la plaza norte cuando pasaba por ahí, ¡qué encuentro más enternecedor, digno de dos amantes!

Las últimas palabras hicieron eco en las paredes.

Silencio.

El príncipe se quedó sin palabras mientras procesaba lo que acababa de oír.

-¿Qué…?


Rei y Haru fueron a la habitación donde les dijeron que se encontraba el príncipe. Al abrir la puerta de la sala fueron recibidos por el estruendo de un jarrón rompiéndose en mil pedazos.

Alzaron la vista, en medio del salón estaba de pie el pelimagenta a una considerable distancia de los restos de cerámica. A su lado se encontraba el anterior sirviente del príncipe, quien parecía bastante calmado ante la escena.

-Que desastre majestad, pero no se preocupe lo limpiaré ahora mismo. Ya vuelvo.- dicho eso el peliplata se retiró de la estancia, dándole unas palmaditas a Haru en el brazo al pasar por su lado.

-Suerte- susurró antes de salir.

Rei trató de aligerar la pesada atmósfera que se sentía, claramente no habían llegado en un buen momento.

-Majestad, ofrezco mis más sinceras disculpas por la tardanza. Se presentaron inconvenientes en el trayecto y-

-Retírate.

El guardia salió de inmediato de la habitación, era mejor no contrariar al príncipe sobre todo cuando estaba molesto. Aunque dudaba de que solo fuera su retraso lo que lo haya puesto así. Debió de haber recibido una noticia no deseada o discutido con alguien antes de que llegaran ellos.

Se paró en seco.

Nitori.

El debería de saber algo al respecto. Se adentró en el interior del palacio dispuesto a buscarlo.


Haru sentía cómo el ambiente se volvía cada vez más denso con cada segundo que pasaba.

Pensaba en lo que debería de decir o si era mejor no decir nada por el momento y esperar a que el príncipe dijera algo.

Optó por lo segundo.

Se quedaron en silencio por un buen rato. Solo se escuchaba la respiración de ambos. La del ojiazul aún un poco agitada mientras que la del futuro soberano era pesada y lenta.

Eso no podía ser buena señal.

El pelimagenta parecía estar en medio de un debate interno.

-Príncipe- intentó llamarlo. No obtuvo respuesta.

Dio un paso indeciso hacia él pero regresó a su sitio casi al instante. Quizá sea mejor hablar con el príncipe más tarde, se dio media vuelta dispuesto a retirarse de la sala.

Luego todo ocurrió muy rápido.

Sintió su fuerte mano agarrarle del brazo y tirarlo al sofá. Cuando intentó reaccionar y zafarse Rin ya se le había adelantado y había le aprisionado ambas muñecas con una mano, posicionándose sobre él.

Haru tuvo una sensación de deja vú.

-No te he dado permiso para retirarte- dijo el más alto en ese tono serio que daba hasta escalofríos, sobre todo ahora que parecía contener su ira a duras penas.

-S-suéltame…- tartamudeó sin saber el porqué.

Rin evitaba su mirada.

-¿Crees…- ahora su voz era apenas audible - ¿Crees que puedes desobedecerme y hacer lo que quieras?

Levantó su mirada carmesí para clavarla en los orbes azules, el pelinegro se quedó sin habla en ese momento, solo reaccionó cuando el agarre de sus muñecas se hizo más fuerte.

-¿De qué hablas? No llegué tarde porque quise.

El príncipe frunció aún más el entrecejo.

-Mientes.

-¡No!

-Basta.

-¡Escúchame! Había un desfile-

-¡Cállate!

Haru no pudo replicar porque en ese instante fue silenciado por unos labios presionándose contra los suyos. Primero tosco, la sorpresa inicial lo dejó obcecado al principio. Una sensación extraña y desconocida para él hasta ahora empezó a recorrer todo su cuerpo, Rin había soltado sus muñecas. Era libre de forcejear, de empujarlo lejos de él y salir de ahí, sin embargo, sus manos se posaron sobre los hombros del príncipe y se permanecieron ahí.

Sin oponerse, sin corresponder.

Planeaba quedarse así pero al parecer el pelimagenta tenía algo más en mente.

Separó ligeramente sus labios para morder sin fuerza el labio inferior del azabache quien abrió la boca por la sorpresa, oportunidad que Rin aprovechó para profundizar el beso. Le gustaba cómo reaccionaba el cuerpo de su sirviente con el suyo. Haru se estremecía y podía sentir los gemidos que morían en su garganta. No sabía si empezó a corresponderle por inercia o inconscientemente pero lo hizo.

El tiempo empezó a transcurrir lento, podían haber sido unos minutos o hasta horas.

Una sensación de que solo estaban ellos en ese instante.

Se separaron cuando se les acabó el aire. Respirar por la nariz y tomar pequeñas bocanadas de aire no era suficiente. Volvieron a juntar sus labios.

El ruido de varios objetos caer al suelo llamó la atención de ambos, interrumpiéndolos.

Parado en el umbral se encontraba Nitori, aún petrificado por la sorpresa. Haru cree distinguir un brillo extraño en sus ojos antes de que baje la mirada y empiece a recoger los instrumentos de limpieza que había traído. Murmuró un "lo siento" y se dispuso a limpiar los pedazos de cerámica rota momentáneamente olvidados.

Haru se levantó abruptamente haciendo retroceder a Rin y salió disparado de la habitación, necesitaba un lugar tranquilo para pensar y estar solo. Oyó pasos a su espalda.

No se molestó en voltearse, sabía lo que venía a continuación. El pelimagenta lo tomó del hombro y lo hizo encararlo.

Estaba igual o más confundido que el pelinegro, estaban discutiendo e hizo lo primero que se le vino a la mente.

El ojiazul se soltó bruscamente del agarre del príncipe y, dejando que sus arremolinadas emociones lo dominasen, llevó su brazo hacia atrás y le propinó una bofetada que resonó en el no tan vacío pasillo.

Luego cayó en la cuenta de lo que había hecho.

-Rin…yo-

El aludido lo tomó del chaleco sin dejar que terminara, atrayéndolo hacia él.

-Haru, ¿sabes lo que acabas de hacer?- susurró conteniendo su ira, sus hebras bañadas con la luz plateada de la luna cubrían sus ojos, ocultando su expresión- ¿Eh?¿Haruka?- dijo con voz ronca.

El ojiazul podría jurar que las antorchas ardieron con más fuerza.


La fuente continuaba emanando agua.

Igual que ayer.

Y los días anteriores.

Era un ciclo constante para que esta no se estancara y siga siendo apta para el consumo humano.

Pero Haru la miraba sin observarla realmente, ya habían pasado… ¿cuánto?, dos… no… tres días desde que Rin lo trajo a la estancia que tenía asignada junto a su habitación y cerrara la puerta con llave.

Esa llave que siempre llevaba alrededor del cuello.

Su alcoba no estaba mal, tenía una ventana con cortinas, una mesa pequeña con un par de sillas, un par de canastas con ropa, una cama individual, un jarrón con agua y algunos cojines acolchados.

Claro que solo se puede acceder a ella a través de la habitación del príncipe.

Había tenido todos esos días para estar solo y pensar con calma en todo lo que había pasado. Sin embargo, no pudo hallar una explicación por su parte que lo dejara tranquilo. Que sintiera que explicaba el motivo de cada cosa propia que no entendía y comprendía del todo.

Simplemente no podía creer sus propias acciones.

Las secuelas de la deshidratación habían desaparecido por completo y ya no se sentía mareado en las mañanas. Aun así, no lograba pensar con claridad cuando se trataba del de orbes carmesí.

Nublaba su sentido común y de alguna forma u otra lograba ocupar su mente la mayor parte del tiempo.

Ese maldito príncipe.

Sentía una extrañeza al no estar con él.

Maldito príncipe.

La rendija de la pared se abrió llamando su atención.

-Aquí está la comida- le informó el sirviente de turno, dejó el cuenco en la mesa y volvió a cerrar la pequeña compuerta.

Haru no se molestó en moverse, se quedó sentado en el borde de la ventana.

Seguía pensando en lo que había pasado entre él y Rin.

Y sobre todo, estaba en su estancia en lugar del calabozo o algún lugar parecido. Incluso le traían para para comer y beber diariamente.

Ese maldito príncipe lo confundía mucho.

La rendija volvió a abrirse.

-Haruka, ¿está ahí?- el ojiazul levantó la mirada.

-Rei…

-¡Haruka!, ¿está bien?- susurró para no llamar la atención.

El aludido se levantó y fue hacia la pared donde estaba la apertura.

-¿Dónde está Rin?

El guardia se quedó desconcertado ante la pregunta.

-El príncipe se encuentra en la ciudad ahora mismo…- se guardó para sí un suspiro resignado, esperaba que algún día dejará de escabullirse de esa forma.

Haru guardó silencio un rato.

-¿Por qué estoy aquí?

Ahora fue Rei el que se quedó callado por un momento.

-No lo sé- admitió.

Para él ambos, el príncipe y Haruka, eran un enigma. Al principio pensó que sabiendo y haber sido testigo de unas cuantas de sus conductas podría prevenir cómo actuarían y hasta intuir el porqué de sus actos.

Aunque claro, eso no se aplicaba con ninguno de ellos.

Recordó por lo que había venido.

-El príncipe lo sacará de aquí hoy o mañana.

La sorpresa cruzó las facciones de Haru.

-¿Cómo lo sabes?

Rei se acomodó los anteojos antes de explicarle.

-La reina solicitó verlo en dos días, el príncipe tiene que presentarlo oficialmente ante ella. El rey le deja la responsabilidad de encargarse del orden del palacio mientras él se encarga del orden de nuestra nación.

No pudieron seguir conversando porque se oyeron unos pasos al otro extremo del pasillo.

El peliazul se despidió rápidamente y se retiró. Haru se quedó espiando por la rendija a ver quién se aproximaba.

No había nadie.

O eso veía.

Cerró la rendija y se fue hasta su ventana de nuevo cuando escuchó golpes en la puerta de la habitación del príncipe.

-¡Hermano! ¿Estás ahí?

La princesa.

El ojiazul a veces dudaba de que fueran parientes porque generalmente la pelirroja era tranquila, amable y no levantaba la voz.

Pero era en estos casos cuando no afloraba el temperamento que caracteriza a los hermanos Matsuoka. Haru se preguntó si toda la familia real era así. Sintió un escalofrío recorrer su espalda ligeramente.

Gou al no recibir respuesta alguna se fue dando zancadas, no se percató del pelinegro que observaba la escena a través de la rendija. Estaba ocupada murmurando varias cosas de las cuales solo pudo distinguir unas cuantas.

"No puede ser posible", "No otra vez", "Es increíble cómo puede hacerme esto".

-¿Alteza?

La joven no fue la única que pegó un salto al escuchar la voz de la nada, el ojiazul también se sorprendió de escuchar a alguien más en el pasillo tan cerca.

-Oh…¡Seijuuro!, me asustaste.

-Lo siento princesa, pero parecía tan abstraída que podría chocarse con cualquier cosa en su camino y es mi deber cuidarla. Permítame acompañarle hasta que vuelva el príncipe.- respondió el aludido con una sonrisa y le guiñó un ojo.

Era muy alto, incluso más que el príncipe. Tenía el cabello de un rojizo anaranjado y los ojos de un tono dorado. Su estructura muscular indicaba que había entrenado arduamente durante años. Vestía de forma diferente a todos; tenía un traje elegante en tonos grises con un cinturón de plata.

La pelirroja se rio distraídamente antes de asentir.

-No veo por qué no.

El primogénito de la familia Mikoshiba tomó su mano, la besó suavemente y con una reverencia empezaron a caminar los dos juntos por el pasillo.

Haru cerró la rendija y volvió a sentarse junto a la ventana.

Miró hacia el cielo con detenimiento.

El sol empezaba a bajar cada vez más, no faltaba mucho para el atardecer.

Lo que significaba que no faltaba mucho para que anocheciera y Rin volviera.

Se llevó el cuenco de comida con él y decidió comer ahí. A la espera de la noche.


N/A: Finalmente pude actualizar TT^TT lo tenía listo desde ayer pero no sé qué le pasó a FF que me aparecía Error Type 2 todo el tiempo .-. Ahora vivo más en la universidad que en mi casa ;7; espero os guste el nuevo capi, gracias a todos los que me dejaron review y quienes no igual *u*

¡Yay! apareció Seijuuro o mejor conocido como capitán Mikoshiba xD

¿Ya vieron el poster de la segunda temporada de Free! ? Me mató, lo juro. Me emociona y me inquieta al mismo tiempo ¿Qué pasará? ¿Qué otras escenas de High Speed! aparecerán?

Con respecto a Aki, se rumorea que aparecerá como la "novia" de Haru...

Por favor /:

Si escucharon bien el CD drama donde Haru y Makoto supuestamente hablan de una "novia" se darán cuenta de que primero, no hablaban de ninguna chica y segundo, era sobre una perrita que se encontraron en la calle .-.

Además, no creo que los productores sean taan malos como para sacar a Aki y ponerla en ese papel, es decir, ella recibiría el odio del 90% del fandom.

En fin, espero poder actualizar más pronto. Será en menos de dos semanas o les escribo un especial o3ó

¡Nos leemos pronto!