Holas~! He vuelto! Con un capítulo aún más corto que el anterior, pero muy concentrado (¿) Ahora empieza lo bueno (#TheSalseoNeverEnds!) Lamento que sea tan poco, pero tuve que cortarlo ahí para que no quedara a medias xD ¡Espero que lo disfruten!
Shirou salía de su última clase cuando sintió vibrar su celular en el bolsillo. Lo sacó y sonrió levemente al ver el nombre en la pantalla.
- ¿Si?
- ¿Fubuki? Hola ¿Qué tal?
- Bien, gracias. ¿Qué sucede, Goenji-kun?
- Eh… nada en especial. Sólo… ¿Qué estás haciendo?
- Acabo de salir de una clase… voy en camino a… hablar con Someoka-san, de hecho.
- Eso me temía.
- ¿Eh?
- ¿Por qué no me dijiste? Te habría acompañado.
- No es necesario, puedo ir solo. Además, me contó un pajarito que ya has faltado a demasiadas clases.
- Fue Kazemaru, ¿verdad?
- ¿Por qué sólo no me dijiste que no podías? No quiero que tengas problemas por mi culpa, Goenji-kun.
- No es nada. Kazemaru está exagerando, sólo fueron un par de clases… ninguna importante.
- Ajá. Pero ahora vas a ir a la siguiente, ¿verdad?
- Fubuki, suenas como mi madre.
- Y te castigaré como lo haría ella, si me entero de que faltaste a una clase más.
Goenji bufó. –No es justo, tienes a un espía.
Shirou rió antes de contestar.- Pues ya sabes. Ahora ve, tengo que colgar.
- Espera. ¿Dónde estarás?
- Goenji-kun…
- Juro que iré a la estúpida clase, solo dime y cuando salga pasaré por ti. ¿Está bien?
- En el patio de Telecomunicaciones, frente a la biblioteca. –informó el peligris, sonriendo por la persistencia de su compañero.
- Anotado. Nos vemos, entonces.
- Bye.
Shirou guardó el teléfono en su bolsillo, al tiempo que salía de su facultad, rumbo a su destino.
Divisó a Someoka a lo lejos, saliendo de uno de los salones. Apuró el paso y se quedó esperando a que pasara. Cuando el pelirrosa lo vió, se despidió de los compañeros con los que venía y avanzó hacia él.
- Fubuki… no esperaba verte por aquí.
Shirou sonrió. – Vine a hablar contigo… ¿Estás desocupado?
Someoka asintió, y le hizo un gesto para que lo siguiera hacia una de las bancas del patio, la más alejada, para poder conversar en paz.
- No sé cómo empezar… -dudó Shirou cuando ya estuvieron sentados.
El mayor se adelantó. –Lo siento. Escuché que Atsuya y su novio terminaron después de lo del otro día. No era mi intención…
- Oh no, no es eso, no te preocupes. Sé que sólo querías hablar con Atsuya.
- Sí.
Hubo un momento de silencio, mientras ambos recordaban los sucesos de aquel día, que habían sido cotilleo de la universidad durante una semana.
- De hecho, es eso mismo lo que me interesaba. –prosiguió luego Shirou.- Sé que no es mi problema, pero Atsuya parece totalmente en contra de hablar contigo, y me gustaría saber por qué.
Someoka desvió su vista al suelo, frotándose las manos.
- Es sólo… quería aclarar algunas cosas con él.
- Pero ustedes terminaron. – Shirou no planeaba ser cortante, pero percibía algo en la actitud del mayor que no le convencía. - ¿No dejaron todo en claro?
- No es eso, es… es complicado, Fubuki.
- Puedes explicármelo.
- Preferiría no hacerlo.
- Mira, Someoka-san. –La voz de Shirou se tornó seria y el pelirrosa lo miró sorprendido.- No quiero culparte, pero mi hermano ya ha tenido demasiados problemas por esto y es tiempo de que se acabe. La actitud de Atsuya me hace sospechar que hay algo oscuro en todo esto y tú no haces más que confirmar mis sospechas.
El mayor se pasó una mano por el cabello, tenso.
- No lo entenderías.
- Pruébame.
- Fubuki, no quiero ser grosero, pero no es tu problema.
- Sí lo es.
- Es con Atsuya.
- Atsuya es mi hermano.
- ¡Si, pero no eres tú! – Someoka alzó la voz de pronto, explotando, y al darse cuenta de sus palabras se calló abruptamente y desvió la vista.
- ¿De qué… estás hablando? – logró articular Shirou, comenzando a comprender pero rogando por estar equivocado.
- No eres tú… -volvió a susurrar Someoka, volteando a verlo tímidamente. Tragó saliva, y disparó. – El que realmente me gusta… eres tú, Fubuki.
Goenji observó el reloj, nervioso. Faltaba cerca de media hora para que terminara su clase y no podía esperar. Ni siquiera estaba poniendo atención. Maldijo otras diez veces más a Kazemaru por bocazas, a Shirou por preocupado y al reloj por lento, mientras miraba por la ventana preguntándose cómo le estaría yendo al peligris. Tenía un horrible presentimiento sobre esa conversación. Estaba seguro de que Shirou escucharía algo para nada agradable sobre la turbia relación entre Someoka y Atsuya.
Y lo peor, es que él no estaría ahí para apoyarlo.
- Ti- tienes que estar bromeando. – Shirou no sabía en qué momento se había puesto de pie, mirando a su compañero en completo shock. - ¿Es una broma, verdad?
- Ojala lo fuera. – Someoka suspiró, apoyando la cabeza en las manos. – Pero es la verdad. Yo… estoy enamorado de ti, Fubuki. Prácticamente desde que te conozco.
- Pero entonces, ¿porqué…?... ¿Por qué, con Atsuya…?
- No lo sé. –Contestó. - Sólo…. Cuando conocí a Atsuya, pensé… no me malinterpretes, en verdad me gustaba, pero estabas tú y yo pensé… que podía darle una oportunidad… pensé que podría…- Someoka dudaba, ante los ojos atónitos del peligris.- Pero Atsuya era tan parecido a ti, tan similar, aunque no eras tú, que… creo que sólo fue peor y… Eventualmente él lo descubrió y terminamos, pero yo… no quería estar sin él, lo necesitaba… lo necesito tanto y sólo…. No quería que pensara que no lo quiero… sólo eso…
- ¿Sólo eso? –Shirou temblaba, de rabia, de pena, de impotencia por todo aquello que había pasado mientras él vivía tranquilamente, ignorante de los problemas de su hermano. – Tú… lo usaste…
- No, no fue eso, yo… yo lo quiero, juro que lo quiero, pero… al que amo es a…
- ¡No lo digas! –Shirou gritó, cerrando los puños y los ojos, para luego clavarle sus empañadas pupilas aguamarina. - ¿Cómo… cómo pudiste?
- Yo…
- ¿Por qué nunca me lo dijiste? – hizo lo posible por evitar las lágrimas y continuó. – Si me lo hubieras dicho yo… podría haberte rechazado apropiadamente… y nada de esto hubiera pasado. ¿Por qué tenía que pagar Atsuya por esto?
- Yo… lo siento, Fubuki. Por favor, perdóname.
- No. –Shirou negó con la cabeza. – No puedo. No soy tan bueno. –Levantó la vista y se topó con los ojos desesperados de Someoka. – Yo… quizás Atsuya lo haga, pero yo… jamás podré perdonarte el daño que le hiciste.
Shirou lo miró una última vez, y antes de que pudiera responderle, dio media vuelta y se alejó, casi corriendo.
-Eso es lo último por hoy. Nos vemos mañana.
Apenas escuchó al profesor, Goenji cogió su bolso, ya lleno con sus útiles, y salió disparado por la puerta. En el pasillo se cruzó con Kazemaru, que venía a recoger a Endo.
- ¡Hey, Goenji-kun! ¿Dónde…?
Ni siquiera intentó contestarle, pasó como una exhalación a su lado y siguió su camino. Kazemaru parpadeó un par de veces, volteó a mirarlo y luego suspiró, sonriendo.
- Es definitivo.
El pelicrema, por su parte, salió apresurado por la puerta trasera de su facultad. Debía dar un rodeo para llegar al patio en donde estaba Shirou, pero, aprovechando que no había guardias cerca, tiró su mochila por sobre una pared y apoyándose en ambas manos la saltó, acortando camino. Ya estaba por llegar cuando un color conocido se cruzó en su campo de visión. Extrañado, volvió sobre sus pasos y lo confirmó. Desde donde estaba, alcanzaba a ver el cabello de Shirou, sentado en unas escaleras de piedra que ya nadie utilizaba. Con cautela, fue acercándose hasta él, dejando la mochila en el suelo cuando estuvo a su lado, para luego quedárselo mirando. Al ver que no reaccionaba, bajó un par de escalones y se arrodilló frente a él, cogiendo las manos que aferraba a sus rodillas para hacerlo levantar el rostro y mirarlo.
El corazón se le encogió cuando vio la expresión de tristeza en su rostro, y los surcos de lágrimas marcados en sus mejillas. Pero sobre todo, hubiera dado lo que fuera por borrar esa humedad en sus preciosos ojos enrojecidos por el llanto.
- Es mi culpa… -sollozó, estremeciéndose. Goenji lo comprendió casi enseguida, y se maldijo internamente por no tener nada que decir para ayudarlo. – es mi culpa…
- No… -susurró, acercándose a él para rodearlo con sus brazos, apretando su cabeza contra su hombro. – No lo es – Shirou subió las manos y se aferró a su chaqueta. – Por favor… no llores.
- Todo este tiempo…Atsuya estuvo sufriendo por eso todo este tiempo…¿por qué?
- Shhh… - Goenji acarició suavemente su espalda para calmarlo. – Lo arreglaremos. Atsuya no te culpa por esto, Fubuki. No te culpes a ti mismo.
Comenzaba a atardecer cuando Shirou por fin consiguió calmarse. Goenji rebuscó en su mochila por la botella de agua que siempre portaba, tendiéndosela luego a su compañero. Cuando el peligris la tomó, mirándolo tímidamente en agradecimiento, Goenji no pudo más que recordar el día en que se habían conocido. Y, tal como aquel día, volvió a sentir esa opresión en el pecho al ver el rostro lloroso de Shirou, y esas extrañas ansias de protegerlo. Desvió la vista, mirando el frente, y carraspeó antes de hablar.
-Fubuki… no te tomes esto a mal. – Shirou lo miró, secándose los ojos con la manga. – Pero te preocupas demasiado por Atsuya.
El peligris iba a reclamarle, pero Goenji lo cortó antes de que pudiera hablar.
-Espera.- lo miró a los ojos.- Sé que es tu hermano, y créeme que entiendo que quieras protegerlo y ayudarlo. Pero hay cosas que él debe resolver por sí mismo.
- Lo sé. –Shirou sonrió tristemente, apartando sus ojos de los de su compañero. – Pero no es eso. No lo entiendes. Yo…Goenji-kun, yo… le debo mi vida a Atsuya.
Goenji lo miró sin comprender, mientras Shirou agachaba la cabeza, comenzando a narrar.
- Yo… no recuerdo mucho lo que sucedió el día del accidente, cuando perdimos a nuestros padres. Teníamos ocho años. Estábamos de vacaciones, había nevado y… papá olvido ponerle las cadenas al auto, como siempre. Pero sólo era un corto paseo… Sólo estábamos regresando y… Atsuya quiso uno de sus bocadillos, así que doblamos una esquina, buscando un puesto abierto. Nos pusimos a mirar por las ventanillas, tratando de distinguir… -hizo una pausa, mientras Goenji lo miraba asombrado, casi aguantando la respiración. – Ninguno lo vio venir. Sólo… sólo recuerdo unas luces de frente, el sonido de las ruedas resbalando y los gritos de mi madre. Luego… no sé cuánto había pasado cuando desperté. Levanté la vista, aturdido… y vi el rostro de Atsuya. Me tenía atrapado entre sus brazos, apretado contra su pecho y… - Shirou comenzó a sollozar de nuevo, y fue entonces cuando Goenji reaccionó y puso una mano sobre su espalda, inclinándose hacia él. – Se golpeó contra la ventana, en el costado del auto que dio con la pared. Estaba inconsciente. Comencé a temblar y… llamé a papá y a mamá en voz alta, pero no contestaban… no contestaban, y Atsuya no despertaba y… y… -sus hombros comenzaron a sacudirse, y Goenji apretó el abrazo, atrayéndolo hacia él. Shirou tomó unos segundos para calmarse y siguió. – Los paramédicos dijeron que estaría bien. También dijeron que papá y mamá murieron con el primer golpe, y no sintieron dolor. Estuve dos días en el hospital, acompañando a Atsuya. Al tercero apareció un abogado, amigo de mi padre. Dijo que él se haría cargo de nosotros.
El peligris se separó levemente de su compañero, para beber un trago de agua. Cuando volvió a hablar, su voz era más tranquila.
- Ofreció llevarme a dormir a su casa, pero no quise. Las enfermeras dejaron que me quedara acompañando a Atsuya. Cuando desperté en la mañana, él ya había despertado. Pensé que estaría confundido… que me preguntaría lo que había pasado. No dijo nada. Sólo nos miramos, y comprendimos que habíamos quedado solos.
Shirou se perdió en sus recuerdos, y Goenji, al escucharlo, apretó el agarre sobre sus hombros. Entendía como se sentía, y eso lo hacía aún peor.
- Atsuya nunca me lo ha dicho, pero yo lo sé. Se siente culpable. Cree que, si no hubiese querido uno de sus bocadillos, nada habría pasado. Por eso… Sé que no tiene sentido, pero, es por eso que no puedo dejarlo solo. Yo… no quiero que se sienta culpable de nada. No quiero que se reprima. Quiero que sea feliz.
El pelicrema asintió, e, inconscientemente, cogió la cabeza de Shirou con una mano y la apoyó contra su hombro, reclinando la propia sobre él.
- Lo será. – le susurró, tranquilizador. – Estoy seguro.
Atsuya entró a su casa silbando relajado. Abrió la puerta, colgó las llaves, se quitó los zapatos y caminó por el pasillo.
- ¡Ya llegué!
En cuanto entró a la sala, se encontró a su hermano y a Goenji, sentados uno junto al otro y al parecer conversando de algo personal, pues hablaban en voz baja, la cabeza del pelicrema inclinada sobre la de su hermano. Atsuya frunció el ceño, y justo entonces Shirou miró hacia él, seguido por Goenji.
- Atsuya.
- ¿Qué sucede? –pregunto el pelirrosa enseguida. Shirou iba a responder que nada, sólo por costumbre, pero al mirar a su hermano solo suspiró.
- Necesitamos hablar.
Atsuya dejó el bolso sobre un sofá y se sentó frente a él. Shirou dudó unos segundos, miró a Goenji, que le sonrió para darle valor y apoyó una mano sutilmente sobre su espalda, y finalmente soltó:
- Hable con Someoka-san, hoy.
Atsuya parpadeó, confuso, y luego suspiró, pasándose una mano por la frente.
- Shirou, aprecio que estés preocupado por mí, pero de verdad estas yendo demasiado lejos. No era necesario que…
- Me contó por qué terminaron.
El menos dejó de hablar apenas escuchó aquellas palabras. Alarmado, miró a su hermano, reparando en su mirada acongojada y en sus ojos hinchados por el llanto.
- Te… te lo dijo?
Shirou asintió, lentamente, pero justo cuando tomó aire para seguir hablando, Atsuya se levantó, furioso.
- ¡Voy a matarlo! ¡¿Cómo se atreve…?! ¡¿Dónde está?!
El peligris se apresuró a coger su muñeca, impidiéndole marcharse.
- ¡No, Atsuya, espera!
- ¡Déjame ir! ¡Juro que voy a matarlo!
- ¡Por favor! ¡Fui yo quien se lo preguntó!
- ¡Pero no tenía por qué decírtelo! ¡No se suponía que lo supieras, nunca!
- ¿Por qué? – Shirou lo sujetó con ambas manos, obligándolo a voltear para verlo a la cara.- ¿Por qué no debía saberlo, Atsuya?
Atsuya bufó, contrariado, y se arrodilló en la alfombra, frente a él.
- Porque sabía que te sentirías mal por ello. Mírate, estuviste llorando, ¿verdad? –alargó una de sus manos para acariciar su mejilla.- Esto es precisamente lo que no tenía que pasar.
- Lo siento, Atsuya. –susurró el mayor, cogiendo la mano sobre su mejilla con la propia. – Lo siento, yo…
- No seas tonto, Shirou. Nada de esto es tu culpa.
- ¡Claro que sí! Yo te presenté a Someoka-san, yo hice que se conocieran… yo era la causa de todo y aun así… jamás me di cuenta de nada, no estuve ahí para apoyarte…
- Escúchame, Shirou. –Atsuya cogió su rostro con ambas manos, mirándolo directo a los ojos. – Tú no tienes nada que ver en esto, ¿entiendes? Todo lo que sucedió fue por mi propia decisión. Tú no tienes la culpa. Si no te enteraste, fue porque yo lo oculté a propósito. Eres el mayor apoyo que tengo. Y no me debes nada, sácate esa idea de la cabeza.
Shirou hizo un esfuerzo por aguantar los sollozos que amenazaban con volver, antes de responderle.
- Salvaste mi vida…
- Shirou, por favor…
- ¡Es cierto! Me salvaste, Atsuya, te sacrificaste por mí.
- Tú hubieras hecho lo mismo.
- Pero no lo hice. No tuve ninguna reacción. Estoy vivo gracias a ti.
- Yo nos puse ahí, en primer lugar. –susurró el pelirrosa, bajando la vista. – Sólo hice lo mínimo que debía.
- ¿De qué estás hablando? Fue un accidente, Atsuya.
- No fue así y lo sabes.
- Atsuya… - esta vez fue el turno de Shirou de coger el rostro de su hermano para mirarlo. - ¿Ahora quién es el que se siente culpable? – Atsuya no respondió.- Fue un accidente. No fue culpa de nadie. Habría sucedido de todas formas. Tienes que dejar de culparte por ello. Tú tampoco me debes nada, no es necesario que estés siempre tratando de compensarlo.
- Yo no…
- Sí lo haces. Siempre estás tratando de hacerte el fuerte. Incluso decidiste trabajar para que yo pudiera entrar a la universidad. Siempre estás cuidándome. – Shirou suspiró. – Como hermano mayor, debería sentirme avergonzado. Lamento no ser tan confiable.
Atsuya, relajándose después de un largo rato, sonrió levemente.
- Sólo eres mayor por unos minutos. Y sí eres confiable. Yo lamento ser tan problemático.
- No lo eres, Atsuya. –le correspondió la sonrisa el mayor. – Y si lo fueras no me importaría. Eres lo único que tengo, y te amo. Así que, por favor, deja de castigarte a ti mismo.
El pelirrosa asintió, levemente, y Shirou tiró de él para hacerlo levantarse y sentarse a su lado. Ambos se enredaron en un apretado abrazo, recostándose sobre el respaldo, ante la sorprendida mirada de Goenji, que había presenciado toda la escena y que ahora intentaba no emitir ningún ruido para no arruinar el momento. Los gemelos siguieron hablando, ahora en voz tan baja que Goenji no pudo oír nada. Cuidadosamente, se levantó, y se dirigió al baño para darles algo de tardía privacidad.
Cuando volvió, unos quince o veinte minutos después, le sorprendió ver a Atsuya sentado correctamente y a Shirou profundamente dormido en su hombro. Con suavidad, volvió a sentarse, en el otro extremo del sillón, y miró a Atsuya que apartaba delicadamente unos mechones de cabello del rostro de su hermano.
- Al parecer fueron demasiadas emociones juntas. – susurró el pelirrosa, sin mirarlo. – Shirou es demasiado sensible, es por eso que trato de evitarle estos problemas.
Goenji se rió, levemente, provocando que su compañero lo mirara.
- Ustedes son increíbles. –Atsuya alzó una ceja, interrogante. – Están siempre pendientes el uno del otro y no se dan cuenta. – La mirada de Goenji se desvió al peligris. – Hasta ahora creía que era sólo él quien te sobreprotegía, pero ya veo que es recíproco.
- Es lógico. Sólo nos tenemos el uno al otro. – El menor apoyó su cabeza sobre la de su hermano. –Además, somos dos partes de la misma alma, ¿no? Nos necesitamos para estar completos.
Goenji sonrió. Nunca habría esperado una frase así proveniente de Atsuya, pero lo más extraño de todo era que así, junto a Shirou, parecía que no podía ser de otra forma. Había algo en torno a aquel par de hermanos que dejaba corta toda conexión y misticismo.
- Supongo que tienes razón.
Estuvieron unos minutos más en silencio, escuchando la pausada respiración de Shirou. De pronto, Goenji se dio cuenta de lo poco que sabía sobre Atsuya, lo que le parecía ilógico después de todo ese tiempo de haber intentado ayudarlo. Además, y a pesar de su carácter a primera vista bastante duro, había descubierto que Atsuya era mucho más bueno de lo que aparentaba. Y, teniendo que criarse solo con un hermano como Shirou, comenzaba a entender por qué era como era.
- Fubuki dijo que quería verte feliz. Fue por eso que se inmiscuyó tanto en tus problemas.
Atsuya lo miró, algo extrañado, y luego volvió la vista hacia su hermano.
- Lo sé.
- No estás molesto por eso, ¿verdad?
- Claro que no. –Contestó.- Shirou puede cometer errores, pero es incapaz de tener malas intenciones. Siempre termina preocupándose de más, o haciendo demasiado por otros. –Hizo una pausa. – Y hay mucha gente que se aprovecha de eso. Así que siempre tengo que estar pendiente de él. En algún momento siento que me convertí en su polo opuesto.
- No es así. – Goenji lo miró directamente. – Hay muchas cosas en común entre Fubuki y tú. Es sólo que no son evidentes a primera vista. Pueden ser opuestos en algunos aspectos, pero ya ves, los dos son obstinados, sobreprotectores con el otro, y se culpan a sí mismos en exceso. Y son sinceros, en general.
El pelirrosa abrió los ojos impresionado por las palabras de su compañero.
- Y tú eres inesperadamente bueno analizando a las personas.
Goenji sonrió.
- No eres tan malo como crees, Atsuya. Fubuki realmente te aprecia.
- Lo sé. No tienes que decírmelo.
- Entonces, ¿Por qué sigues preocupándote tu solo? Sé que quieres protegerlo, pero al ocultarle lo que te pasa sólo lo preocupas más.
Atsuya se mantuvo en silencio por varios minutos, pensando. Al final, dijo más de lo que Goenji esperaba.
- ¿Lo escuchaste, verdad? Sobre el accidente. –Goenji asintió. – Después de eso, Shirou y yo nos quedamos solos. Estuvimos viviendo con el mejor amigo de papá hasta que cumplimos los doce. Entonces decidimos volver a nuestra casa. Tuvimos que demostrar ante nuestros tutores que éramos capaces de sobrevivir solos, y estuvimos varias semanas a prueba. Shirou fue el que hizo la mayor parte. Aprendió a cocinar, a encargarse de las tareas de la casa, y a equilibrarlo con los estudios fácilmente. Pero yo era un desastre. Comencé a bajar mis notas y tuve que dejar la mayor parte de la responsabilidad en Shirou. –Atsuya cerró más el brazo en torno a su hermano.- Al final, conseguimos estabilizarnos, pero fue Shirou el que hizo todo el trabajo. Fue padre, madre y hermano para mí. Y nunca se quejó. Por eso, cuando salimos del Instituto… fue mi turno.
Goenji comprendió.
- ¿Fue por eso que empezaste a trabajar?
- La verdad es que comencé antes, cuando pasamos a secundaria alta. La subvención y los ahorros de nuestros padres comenzaban a escasear, y tuvimos que buscar una solución. Shirou se opuso a que fuese solo yo el que trabajara, así que comenzamos a tener trabajos esporádicos, según podíamos. Pero cuando salimos, Shirou dio el examen para la Universidad G, y, como era de esperarse, aprobó. Incluso consiguió una beca. Aunque, para eso, debía dejar el trabajo, al menos por el primer año, o no sería aceptado. Así que lo convencí de dejarlo en mis manos. Después de todo, yo no soy ni la mitad de brillante que él, y no había algo que realmente quisiera hacer. Ese fue nuestro trato. Yo mantengo la casa, y Shirou estudia y hace las tareas domésticas. Un perfecto matrimonio. –Atsuya rio su propio chiste, aunque con un toque de tristeza que a Goenji le recordó a Shirou. En el fondo sí que eran iguales, por mucho que el pelirrosa se esforzara por negarlo.
- Es un trato justo, entonces. –Goenji le sonrió.- Eres un gran tipo, Atsuya.
El aludido le devolvió la sonrisa.
- Lo mismo digo, Goenji-baka.
El peligris se levantó y se puso frente a él.
- Venga, te ayudo a llevar a Fubuki a su habitación. –Atsuya lo miró con desconfianza.
- Esta bien, pero no te quieras pasar de listo, que te estoy mirando.
- No seas paranoico. –le soltó Goenji, más por ocultar el sonrojo que por otra cosa. Cogió a Shirou con un brazo bajo su espalda y el otro bajo sus rodillas, y lo alzó al estilo princesa, recostando la cabeza en su hombro. Atsuya se puso frente a él, guiándolo por las escaleras hasta la habitación del peligris.
Goenji lo depositó con cuidado sobre la cama, y se dedicó a mirar la habitación mientras Atsuya desvestía a su hermano y lo tapaba con las mantas. Cuando se volvió y se topó con su rostro sereno descansando sobre la almohada, sonrió.
- Me alegra que ahora esté tranquilo.
El menor asintió en silencio, y ambos salieron de la habitación.
- Ya es hora de que me vaya.
Atsuya lo siguió hasta el salón, en donde recogió su bolso, y luego hasta la puerta, apoyándose en el pasillo mientras Goenji se calzaba los zapatos.
- Gracias por cuidar de él hoy. No habría podido soportarlo solo.
El pelicrema sonrió.
- Claro que sí. Dale algo más de crédito. – suspiró. – Pero yo también me alegro de haber estado ahí.
Atsuya suspiró también.- Aunque todo esto pudo haberse evitado… -susurró.
Goenji, en un arrebato, cruzó los dos pasos que los separaban y envolvió a Atsuya en un inquietante pero considerado abrazo que lo descolocó por completo.
- Ya deja de culparte. ¿No te lo dijo Fubuki? Nada de esto es tu culpa. – se alejó de él unos centímetros y apoyó las manos sobre sus hombros. – A veces tomamos decisiones incorrectas, pero, las personas que de verdad nos aprecian, siempre sabrán perdonarlas. Así que, tienes que dejar de preocuparte tanto y, por una vez, pensar en ti primero. Tu hermano estará bien. – Goenji sonrió, ante el rostro impresionado de Atsuya. – Ustedes ya no están solos.
El pelirrosa estuvo mirándolo unos segundos más, sin saber qué contestar. Al final, sólo desvió la vista al piso y se sonrojó levemente, antes de hablar, separándose del mayor.
- No hagas eso tan de repente, Goenji-baka.
- Vamos, no es para tanto.
- Claro que sí, no te dejes llevar, ¿Qué a ti no te gusta Shirou?
Goenji se quedó congelado ante sus palabras. ¿Qué?
- ¿Qué? –fue lo único que atino a preguntar. Atsuya lo miró escéptico.
- Demonios, andas por ahí dando consejos de vida y ni siquiera terminas de resolver la tuya.
- ¿De qué estás hablando?
- De nada, ve y piénsalo por tu cuenta. – Lo empujó por la espalda hacia la puerta. –Anda, que Yuuka-chan debe estar esperándote.
Goenji consiguió volver en sí lo suficiente como para despedirse.
- Está bien… nos vemos, entonces.
- Bye. – Atsuya lo vio perderse por la calle, con un rostro de total incredulidad. – Si es que no se puede ser más denso…
Goenji abrió la puerta con movimientos mecánicos, se descalzó, entró y saludó a la niñera y a su hermana totalmente distraído, para luego subir a su habitación, dejar el bolso y el abrigo sobre la silla del escritorio y sentarse con un ruido sordo sobre la cama.
¿Qué es lo que había dicho Atsuya?
A ver, recapitulemos. Habían estado hablando de Fubuki, de sus problemas y de Atsuya, y en algún momento él mismo, en un impulso (esos gemelos sacaban a relucir su instinto de hermano mayor), había abrazado a Atsuya, sólo porque sintió que era necesario. Hasta ahí todo bien. A Atsuya, por supuesto, no le había gustado nada lo inesperado del gesto. Si, entendible. Pero entonces, ¿Qué había dicho?
"¿Qué a ti no te gusta Shirou?"
Bien, bien, una tontería, ¿no? Atsuya siempre estaba inventando cosas y reclamándole sus segundas intenciones para con Fubuki. Lo cual era completamente falso, ¿no? Vale, Goenji lo había ayudado incluso sin conocerlo, y desde entonces estaba pendiente de él, y pasaban gratos momentos juntos, y puede que fuera algo sobreprotector con él, y que sintiera un incomprensible deseo de cuidarlo, y también estaba el hecho de que odiaba verlo llorar, pero que ni aún con los ojos empapados dejaba de ser lindo, porque había que aceptar que Fubuki era precioso, es decir, su piel era blanquísima y su cuerpo delgado y no es que Goenji se fijara pero tenía unos gestos y una forma de sonreír, y unos ojos que… pero eso no quería decir…
Goenji se tomó la cabeza con ambas manos. No no no, sólo estaba revolviendo las cosas. Fubuki era un gran amigo, le gustaba pasar tiempo con él y pensaba que era una maravillosa persona. Punto. Lo demás eran sólo tonterías que Atsuya le había hecho pensar. Si, seguro. Sólo estaba cansado, y había sido un día muy ajetreado. Tenía que relajarse y pensar con la cabeza fría. Fubuki era un hombre, ¿no? Y a él no le gustaban los hombres. O nunca le habían gustado. Por eso, por muy lindo que fuera, no era motivo para…
El sonido de su celular lo distrajo de sus pensamientos. Apresurado, se levantó para rebuscar en su bolso y sacarlo. Era Fubuki. Algo contrariado, contestó.
- ¿Diga? ¿Fubuki?
- Hola, Goenji-kun.
- ¿Qué sucede?
- Oh, no, no es nada, sólo… acabo de despertar y… como ya te habías ido, quise llamarte para darte las gracias por… hoy.
- No hay de qué.
- Claro que sí. Yo… de verdad no sé qué habría hecho sin ti. Muchísimas gracias por todo.
Goenji sonrió. – De verdad no fue nada. Me alegra haberte sido de ayuda.
- Mañana te llevaré algo en agradecimiento, ¿sí?
- No es necesario, Fubuki…
- Vamos, sólo será un bento.
- No es justo. Sabes que no puedo decirle que no a tu comida.
- Jaja, ese era el plan. Búscame al almuerzo, ¿sí?
- Por supuesto.
- Nos vemos mañana, entonces. Saludos a Yuuka-chan. Y no te duermas demasiado tarde, ¿está bien?
- Como tú digas. Nos vemos mañana.
-Bye.
Goenji cortó la llamada y se quedó mirando la pantalla del teléfono, con una estúpida sonrisa. Segundos después, frustrado, se llevó ambas manos a la cara y se dejó caer de espaldas en la cama, soltando un fuerte suspiro.
Demonios. Se había enamorado como un idiota.
Algo dramático, no? ¡Pero tenía una sorpresilla! ¡Goenji por fin se ha dado cuenta de sus sentimientos! :D Sé que no es muy creíble, pero ustedes deben suponer que han pasado ya unas cuantas semanas desde que empezó todo, eh? Los niños no son tan fáciles (¿). Traeré pronto el siguiente, con una mayor participación de Terumi, por si ya lo extrañaban. Y con la introducción al pasado de Fubuki, Kazemaru y Hiroto, que sé que las tiene ansiosas xD Espero comentarios! Bye-kyu! Nos leemos pronto!
