Holaaa! De verdad, de verdad que lamento la demora u.u He estado ocupadísima con los exámenes y el final de semestre, y además, ya estoy llegando a lo último que he escrito de este fic y me estoy quedando sin caps… y sin tiempo para seguir escribiendo. Pero antes de un mes estaré completamente desocupada y entonces juro que actualizaré mucho más seguido. Ahora, como lo prometido es deuda, aquí esta, la reaparición estelar de Terumi, y una pequeñísima introducción al pasado de Shirou, Hiro y Kaze, que se viene en el cap siguiente. ¡Disfrútenlo!


Terumi dio un par de excusas más a la chica con la que hablaba, sonriendo forzado, y se dio la vuelta, despidiéndose de ella para marcharse. Diablos, era la quinta chica en la semana que lo invitaba a salir. Al parecer, la noticia de que estaba nuevamente soltero había corrido más rápido de lo que esperaba.

Soltero. Su ceño se frunció instantáneamente y sus pasos se hicieron más pesados. Odiaba pensarlo. Estaba terriblemente irritado y, aunque evitaba pensar en lo que había sucedido, su rabia no hacía más que incrementarse cada día.

No entendía a Atsuya. Estaba seguro de que las cosas se arreglarían, cuando fue a encontrarse con él. Pensaba que discutirían un poco, quizás incluso siguieran enojados, pero que a los pocos días todo volvería a la normalidad, que el pelirrosa terminaría disculpándose y asunto arreglado.

Lo que nunca espero fue que Atsuya terminara con él.

¡Demonios! Era la primera vez que lo pateaban. Él, uno de los chicos más populares de su facultad, que tenía numerosas fans persiguiéndolo cada día y que con sólo mover un dedo podía tener a la chica o el chico que quisiera… estaba desviviéndose por las palabras de un niño 2 años menor. Un niño que, a sus ojos, valía más que todas las chicas del mundo juntas, pero un niño al fin y al cabo.

Pero no, no era eso. Eso era lo de menos. Su orgullo estaba profundamente herido, pero era por una razón diferente.

En el fondo, sabía que Atsuya aún lo quería.

Se esforzaba por pensar que todo había terminado, que las palabras que salieron de la boca de Atsuya eran definitivas y que todo lo demás no eran más que ilusiones creadas por el mismo y su negación a la realidad. Pero sabía que no se equivocaba. Pudo sentirlo ese día, en la voz de Atsuya, en sus ojos que no lo miraron directamente en ningún momento, en sus hombros temblando levemente. Atsuya aún lo quería, una pelea así, por muy violenta que hubiese sido, no era suficiente para terminar con todo.

Pero entonces, ¿Por qué Atsuya lo había terminado? ¿Si aún sentía algo por él, si aún quería estar a su lado, por qué había decidido terminarlo?

¿Qué era más importante para Atsuya que él?

Diablos, era una tontería. Era eso mismo lo que había provocado todo el problema desde el principio. ¡Lo sabía! Pero aún después de todo, sus celos no se iban a ninguna parte. Al contrario, se incrementaban ¿Qué era este sentimiento posesivo? No era normal, eso seguro. Todos experimentan algo de celos cuando están enamorados, sobre todo cuando son así de inseguros. Y cuando es la primera vez que se enamoran. Pero había una diferencia entre los celos y esta insensata ansia de esconder a Atsuya, de encerrarlo en donde nadie más que él pudiese verlo, en donde estuviera seguro y nada volviera a dañarlo, en donde sólo fuera suyo y sólo pensara en él.

Terumi se sentó en una banca, escondiendo el rostro frustrado entre sus manos. Era insano, pero no podía evitarlo. Y había terminado desquitando en Atsuya su frustración por no poder tenerlo por completo. Sólo estaba corriendo en círculos.

Ahora, con todos esos sentimientos revueltos, se desvelaba preguntándose qué pasaba por la mente de Atsuya. Pero, ¿Cómo podría entenderlo, si aún no se entendía a sí mismo?

Y, aunque moría por saber las razones de Atsuya, al mismo tiempo le aterraban. Demonios, ¿Por qué era tan difícil estar enamorado?

Porque él lo estaba. Completa y estúpidamente enamorado de su ex.

Justo en ese momento, una de sus compañeras se acercó para invitarlo, por milésima vez en la semana, a otra de sus fiestas. Y pudo haber sido la confusión del momento, el que apenas la escuchara o el que su mente pidiera a gritos un descanso, pero lo cierto es que Terumi aceptó.


Así que, unas horas después, estaba en una sala de karaoke, rodeado de varios chicos y chicas, unos pocos conocidos, y la mayoría de otras universidades. Todos reían, cantando con voces desafinadas algunas populares canciones de animé. Terumi tomaba de su vaso, algo distraído, pero haciendo un esfuerzo por sonreír a los comentarios de las tres chicas sentadas a su alrededor que no paraban de hablarle.

- ¿No cantas, Afuro-senpai? –le preguntó de pronto la morena a su lado

- Sólo cuando estoy lo suficientemente ebrio. –contestó, provocando risas.

- Oh, pero tenemos bastante alcohol. –sonrió otra de ellas, balanceando una botella de sake.

- Necesitarás más que eso para siquiera marearme, linda.- el rubio esbozó una sonrisa atrevida que dejó sin aliento a las chicas y se terminó de golpe lo que quedaba en su vaso, levantándose. –Vuelvo enseguida.

Apenas cerró la puerta tras de sí, el ruido que había estado embotándole los oídos se atenuó. Caminó por el pasillo hasta dar con el baño y entró a refrescarse la cara, para luego quedarse mirando en el espejo. Su reflejo le devolvió un rostro evidentemente cansado, pero meneó la cabeza y salió del baño, dispuesto a beber hasta vaciar su mente.

No le costó demasiado emborracharse. Un par de botellas después podía sentir el mareo al pasar la vista por la habitación, y las voces a su alrededor parecían llegar desde lejos. Pero su mente, aún embotada, seguía dando vueltas en lo mismo, y Terumi entendió que la única forma de arreglarlo sería seguir pensando. Así que se levantó, apartó a las chicas que intentaban retenerlo entre risas, y salió a la calle.

Ya había oscurecido, y, por ser día entre semana y por el lugar en que estaba ubicado el karaoke, no se cruzó con demasiada gente. Comprobó con alivio que aún podía caminar sin tambalearse demasiado, y decidió caminar hasta el metro para despejarse un poco con el aire nocturno. Pero, a medio camino, divisó un tranquilo parque desde una de las calles laterales y se dirigió a él, paseando con la vista perdida en los estanques y el césped. Cuando terminó de recorrerlo, entró por una avenida comercial, dio un par de vueltas mirando los escaparates de las tiendas, y terminó desviándose por los elegantes restoranes, sólo porque le agradaba el aspecto de la calle iluminada por las luces de los carteles, y los candelabros de las mesas de café.

Fue al final de la calle donde se topó con un pequeño y acogedor puesto de comida rápida. Nada fuera de lo común, pero su vista se clavó inevitablemente en las croquetas fritas con forma de pescado, humeando en el mostrador. Eran los bocadillos favoritos de Atsuya. Recordaba haber pasado con él más de una vez por aquellos puestos, y la forma adorable en que Atsuya clavaba la vista en el mesón, sin decidirse a comprar uno, pues no le sobraba el dinero, y sin atreverse a pedirlo. Y recordaba el brillo en sus ojos cuando él mismo, sonriendo, pedía dos al vendedor y los posaba frente a su rostro, sólo para recibir un beso a cambio y a un sonriente Atsuya sujetándose de su brazo mientras comía.

Lo extrañaba. Lo extrañaba tanto que dolía. Extrañaba verlo sonreír y caminar a su lado, extrañaba la burbuja de tiempo que se posaba a su alrededor cada vez que estaban juntos. Sólo quería tenerlo de vuelta.

Justo en ese momento, una conocida cabellera gris se detuvo a su lado.

- Ha sido un tiempo, Afuro-san.

Terumi observó inexpresivo a Shirou, que le sonreía, desviando la vista luego hacia el puesto. Sin decirle nada más, el menor se acercó al lugar, compró 3 croquetas, y volvió a su lado.

- ¿Me acompañas? Me gustaría hablar contigo.

El rubio asintió en silencio y siguió a Shirou hasta la plaza por la que había paseado hacia unos minutos. Se sentaron en el borde de una fuente, mirando hacia las calles en penumbras. Terumi miró a su acompañante y éste, sin perder la sonrisa, le tendió una de las croquetas, cogió una para sí y anudó la bolsa de plástico. Terumi frunció levemente el ceño al pensar en el destinatario de la tercera.

- ¿Cómo estás? – le preguntó suavemente Shirou, dando una mordida a su bocadillo.

- Ebrio. – fue la respuesta del rubio, aunque con el paseo su mente se había despejado bastante.

Shirou rió, suavemente.

- Eso veo.

Terumi mordió también su croqueta y masticó en silencio.

- Necesitaba… desconectarme.

Eso sonaba como una excusa, pero ya no le importaba. En el fondo lo era, una excusa para sí mismo. Shirou no dijo nada, instándolo en silencio a que se desahogara con él. Y Terumi aceptó la invitación.

- Sé que es una tontería. Me estoy ahogando en un vaso de agua. – dejó la comida a un lado y se tomó la frente con ambas manos. – Y la solución es estúpidamente sencilla. Pero no puedo hacerlo.

- Porque hay cosas que debes resolver antes, ¿verdad? – le dijo Shirou, y Terumi lo sintió como la voz de su conciencia, diciéndole lo que hace mucho sabía, pero que no podía formular solo. – Atsuya también, tiene que resolver algunas cosas por sí mismo.

- ¿Eso quiere decir que nos apresuramos?

- No. No lo creo. – Shirou desvió la vista hacia el frente. – Tú apareciste en el momento preciso, Afuro-san.

- Entonces, ¿Por qué no funcionó?

- ¿Eso es lo que piensas? ¿Qué ya no funcionó? – Terumi no contestó. Shirou suspiró mientras continuaba. – Hace poco me enteré de lo de Someoka-san…- El tic en la ceja del rubio no le pasó inadvertido. – Tiene que haber sido duro para Atsuya. Me disculpé con él, pero ya sabes como es. Dijo que no era mi culpa y me regañó. – Shirou rió quedito. – Es duro, ¿sabes? Pensar que él estuvo sufriendo por algo así y que yo no tenía idea… pensé que conocía a Atsuya, pero, en aquella ocasión, no fui capaz de hacer nada para ayudarlo. – El menor volteó hacia él. – Pero entonces apareciste tú, Afuro-san. Tú, que ni siquiera conocías a Atsuya hasta entonces, fuiste capaz de hacer todo lo que yo no pude, y más. Tú sanaste a mi hermano. – Los ojos rojos de Terumi se clavaron en él. - ¿Acaso no estás feliz por eso? ¿De verdad crees que te apresuraste?

Terumi desvió la vista, frunciendo el ceño al contestar. – Por supuesto que no. Yo… incluso me arrepiento de no haberlo conocido antes.

Shirou sonrió, aliviado de oírlo.

- Lo que inició su pelea fueron los celos, ¿verdad? Afuro-san, ¿quién no se enamoraría del héroe que aparece en el momento preciso para salvarte? – Terumi volvió a mirarlo. – Atsuya está enamorado de ti. ¿Por qué lo dudas?

- No son dudas. – se apresuró a contestar el rubio. – Yo… no dudo de Atsuya. Es sólo que no tengo confianza en mí mismo. – Terumi apoyó la frente sobre sus manos entrelazadas. – Yo… nunca me había preocupado por este tipo de cosas antes. Los demás sólo se fijaban en mí y yo… de algún modo sólo les seguía la corriente. – Hizo una pausa. – Nunca me había enamorado. Pero, cuando conocí a Atsuya… pensé que, en realidad, no sé cómo tratarlo. No sé qué debería hacer. Nunca me había preocupado por llenar las expectativas de alguien, y ahora, no sé qué espera Atsuya de mí. Sólo…-cerró los ojos con fuerza. – Sólo tengo miedo de perderlo. Quiero ser suficiente para Atsuya. No, incluso más que eso… quiero ser todo lo que necesite. Quiero que sólo dependa de mí, para que nada pueda hacerle daño de nuevo.

Shirou abrió los ojos con sorpresa, y se llevó una mano al pecho, donde sentía una punzada de dolor. Pero al segundo siguiente comprendió el porqué, y sonrió.

- Ya lo eres, Afuro-san. – el menor se levantó, se inclinó frente al rubio y le apartó las manos para mirarlo a la cara. – Atsuya ya tiene todo lo que necesita. Lo único que le falta eres tú. – Los ojos rojos de Terumi se clavaron en él, vacilantes.- Confía en eso. Atsuya te ama.

- ¿Cómo sabes eso?

Shirou amplió su sonrisa, y se señaló a sí mismo mientras contestaba.

- Porque soy la mitad de su alma, ¿recuerdas?

Terumi, por fin, sonrió también. Shirou se irguió.

- Entonces, Afuro-san, ¿qué vas a hacer?

El rubio levantó su mirada con determinación.

- Voy a recuperarlo.


-Fubuki!

Goenji agitó su mano en el aire para llamar la atención del menor, que se acercó corriendo a su lado.

- Hola, Goenji-kun.

- ¿Ya terminaste?

- Sip. Vámonos. Ichi-kun debe estar impaciente.

-Kazemaru ES impaciente. –recalcó Goenji mientras caminaban, a lo que Shirou respondió con una risa quedita.

- Tienes razón.

Goenji se lo quedó mirando unos segundos, antes de reparar en ello y voltear ocultando la sonrisa idiota que se le pegaba al rostro cuando estaba con Fubuki.

- Dijo que nos esperaría fuera del laboratorio de química con Endo-san.

- Ya debe haber terminado su clase. – el mayor miró su reloj de pulsera. - ¿A qué hora es la película?

- A las 7. –respondió Fubuki. – Aún falta mucho. Lo siento, si no hubiera sido por mi clase podríamos haber ido a una función más temprano.

- Oh, no, no es problema. Yo también tenía algunas cosas que hacer. –se apresuró a decir Goenji, abriendo su bolso para mostrarle el contenido a Shirou. - ¿Ves? Aproveché de pedir los libros que necesito.

El peligris sonrió, evitando que se le escapara un nuevo comentario sobre lo amable que era Goenji. Por fin llegaron a la facultad de medicina y Fubuki dudó un momento mientras subían la escalera.

- ¿Es en el segundo piso? ¿O en el tercero?

- El segundo. –sonrió Goenji y se adelantó para mostrar el camino.

Ya era algo tarde y no quedaban muchos estudiantes en el lugar. Se introdujeron por un pasillo vacío y estaban por llegar a la puerta del laboratorio cuando ésta se abrió bruscamente y un alterado castaño salió por ella.

- ¡Endo-kun! –se escuchó una voz desde adentro.

El aludido los miró unos instantes, y acto seguido volteó y se marchó corriendo por un pasillo.

- ¡Endo-kun! –Kazemaru apareció justo después, y ya se disponía a seguirlo cuando reparó en la presencia de los otros dos, que lo miraban sorprendidos.

- Goenji-kun, Shi-chan…

- ¡Ichi-kun! ¿Qué sucede? –Shirou se adelantó para cogerlo de una muñeca, preocupado.

- Es sólo… yo… - los ojos del peliazul se empañaron mientras hablaba y el llanto le impidió continuar. Se llevó ambas manos al rostro y comenzó a sollozar sin control, mientras Fubuki, frente a él, se desesperaba sin saber qué hacer.

Goenji, reaccionando por fin, posó una mano sobre su hombro.

- Vamos adentro, Fubuki.

- Eh…si, tienes razón. Venga, Ichi-kun… -el peligris tomó a su amigo por los brazos, llevándolo hacia una de las sillas del laboratorio mientras Goenji cerraba la puerta tras ellos. Logró sentarlo y luego se arrodilló frente a él, intentando apartar las manos de su rostro, lo que consiguió después de unos segundos de leve forcejeo.

Kazemaru lo miró, finalmente, con los ojos enrojecidos y las lágrimas aun cayendo por sus mejillas.

- ¿Qué sucedió, Ichi-kun? –preguntó Fubuki con la voz más suave que pudo. Kazemaru volvió a sollozar y se aferró a su cuello mientras contestaba.

- E-Endo-kun… Endo-kun… se enojó…conmigo…

- ¿Por qué? – Shirou acarició su espalda con suavidad, intentando tranquilizarlo.

- Vio… vio un…mensaje…de Hiroto-senpai.

- ¿Acaso se puso celoso? – cuestionó el peligris, comenzando a comprender.

- Era… era sobre eso. –contestó Kazemaru, con su voz ya casi ininterrumpida por los sollozos.

Goenji, a un lado, observaba asombrado, tanto por la faceta de niño regañado de Kazemaru como por la facilidad con que Fubuki parecía dominarlo. Ese chico era realmente algo especial.

Shirou apartó suavemente a Kazemaru de su hombro para mirarlo a la cara, algo extrañado.

- ¿Por qué estabas hablando sobre eso con Hiroto-senpai, ahora, después de tanto tiempo?

- ¡No es lo que crees! –Kazemaru se apresuró a contestar. – Sólo estábamos hablando sobre lo que ocurrió la última vez, ya sabes, cuando salimos todos y Endo-kun preguntó cómo nos conocimos…Hiroto-senpai se dio cuenta de lo celoso que era y me estaba aconsejando no contarle nada… y entonces Endo-kun tomó mi teléfono por casualidad y vio el mensaje. – el peliazul se limpió las lágrimas, pero al instante brotaron otras – Comenzó a preguntarme a qué se refería y yo no sabía que decirle… sólo… no quería que se enfadara, pero al final fue peor…

Fubuki acarició la cabeza de su amigo mientras éste volvía a sollozar, suspirando.

- Pensé que podría llegar el momento en que tuviera que enterarse, pero sin duda esta fue la peor forma…Entonces, sólo se alteró y luego se fue corriendo?

Kazemaru asintió.

- Era de esperarse, Endo siempre hace eso cuando no sabe cómo lidiar con algo… - Goenji suspiró. – Es realmente un bebé.

- Ya no llores, Ichi-kun… yo iré a hablar con él, si? –Kazemaru volvió a asentir, levantando la vista hacia Fubuki.

- Gracias, Shi-chan…

- No hay de qué. – sonrió el peligris, levantándose.

- No es necesario, Fubuki, yo iré. Endo es mi amigo, sabré como manejarlo. – Goenji lo interceptó enseguida.

- Eso suena como que vas a regañarlo, Goenji-kun. –Shirou sonrió. – No te preocupes. Además, necesito contarle algunas cosas, ¿No, Ichi-kun? –Kazemaru lo miró preocupado, pero al segundo siguiente dio su consentimiento. – Sólo dime dónde puedo encontrarlo, ¿sí?

- Tratándose de Endo, probablemente esté en el baño, y si no…

- En la azotea. –completó Kazemaru.

- De acuerdo. Sólo esperen aquí, ok? No tardo.

El peligris se marchó corriendo, ante la mirada preocupada de ambos chicos.

- Realmente… tienes suerte de tener un amigo así, ¿Lo sabes, Kazemaru?

- Lo sé, no tienes que decírmelo. – el peliazul se limpió los últimos rastros de lágrimas. – Shi-chan siempre ha sido así de amable…

Goenji, suspirando, se dejó caer en una de las sillas, y Kazemaru sonrió.

- Ya que Shi-chan va a contárselo a Endo-kun… ¿no te gustaría escuchar una historia, Goenji-kun?

El pelicrema volteó a verlo, interesado, y Kazemaru comenzó su relato.


Eso es todo por ahora! Lamento dejarlas con la intriga. ¡Estaré esperando sus conjeturas sobre ese pasado tan misterioso! Como siempre, gracias a mis fieles lectoras, que me ayudan a mejorar con sus reviews. Las quiero un montón, chicas! Espero sus comentarios de este cap! Nos estamos leyendo, bye-kyu!