Gwen
Cuando alguien en el Campamento Júpiter preguntaba por algo "Hermoso", todas las respuestas apuntaban al Templo de Venus. Sus hijos eran la razón por la que las estatuas adornaban la nueva Roma. Aquellos que tenían los más hermosos perfiles eran utilizados por los artistas en la universidad como modelos. Eran Queridos por muchos y odiados por los desafortunados que no eran tan agraciados.
Y luego, estaba Gwen.
No es que se cuestionara todo el tiempo si la repartición de padres divinos había sido correcta, pero nadie podía culparla porque se lo preguntara cada vez que se veía en el espejo. Gwen intentaba no repartir la culpa, pero la carga de llevar en su brazo el símbolo de Venus tatuado le pesaba con mucha fuerza. ¿Qué era una hija de la belleza sin belleza? Nada, solo el mero título.
A pesar de no ser tan linda como sus hermanas, o poseer rasgos interesantes como sus hermanos, siempre procuraba sonreír y mantener el autoestima de la Quinta Cohorte. Solían llamarlos los peores, pero Ella sabía que había mucho material para trabajar, pues reconocía que para ser una hija de Venus bastante defectuosa, podía distinguir las virtudes de cada uno de sus compañeros. Sobre todo aquel chico Zhang, un novato que podía tropezar con cualquier cosa a su alrededor, pero bajo esos pequeños accidentes existía un soldado muy apuesto y valiente.
Así se esforzaba en recordarles cada vez que les tiraban encima la culpa de las derrotas que la siguiente oportunidad sería. Dakota, el centurión y su compañero al liderazgo, no era de mucha ayuda (pues siempre estaba bajo los efectos del Kool-aid con sobre azúcar) pero cada vez que podía, intentaba portarse amigable con los demás. Después de todo, estaban todos juntos en la gran y patosa familia de la Quinta.
Gwen admiraba que en sus pocos tiempos de sobriedad se portara como un verdadero soldado. Las pocas veces que pudo mantenerse quieto y pensar con claridad casi los había llevado a la victoria, pero los dioses los castigaban por el águila perdida. Dakota se extraviaba, pero trataba de regresarlo con todas sus fuerzas.
Y sonreía cuando lo tenía de vuelta.
El colmo de los colmos siempre había sido ella, pero estar enamorada de un Hijo de Baco adicto al azúcar era la cereza del pastel. Siendo quién era, se suponía que poseía todo control sobre la situación, es más, debía ya traerlo babeando bajo sus pies y rogándole una oportunidad. Pero Gwen era Gwen y era una vergüenza para su madre.
Su ánimo no decayó e intentó lo impensable: Trató de pedir ayuda a sus hermanos.
Se rieron con ganas, pero no se negaron a ayudarle. Le preguntaron quién era el chico afortunado y ella no lo dijo, suficientes risas ya había causado (y estaba segura que la noticia volaría más rápido que una águila de guerra). Recibió el tratamiento especial que nadie nunca en la historia del campamento Júpiter había recibido, solo por tener el privilegio de ser una hija de Venus. La esculpieron de pies a cabeza. Le arreglaron el cabello, la ropa y las uñas. Pasó de ser una legionaria a una dama del senado muy hermosa. Y los prejuicios junto con sus defectos que pensaba eran imposibles de borrar, se fueron en un segundo.
Era la primera vez que se sentía tan poderosa, y tan alejada de sí misma.
Aunque su plan había sido trazado con mucho cuidado y aprueba de errores, la mala suerte la acompañaba a dónde quiera que fuera.
La primera vez que intentó acercarse a Dakota con su cambio de Look, luciendo una preciosa toga blanca y un peinado sacado de lo más reciente en el Olimpo, un carruaje le dio la vuelta completa manchando su atuendo con lodo y pegándole el cabello a la cara. EL centurión ni siquiera la miró al cruzar la calle.
La segunda vez que quiso llamar su atención, había cambiado totalmente el color de su cabello y el maquillaje se había vuelto más llamativo. En el momento en el que quiso tropezar con el "casualmente", una banda de chicos hijos de Marte se le acercó a peguntar su nombre. Gwen no supo en qué instante comenzaron a pelear por quién le invitaría a una cita primero, pero Dakota se alejó tan rápido sin lanzarle una mirada al embrollo.
La tercera vez, había optado por usar algo mucho más cómodo (aún con las protestas de sus hermanos) y su cabello al natural. Muchos chicos le siguieron como si tuviera una luz intermitente en la cabeza y Gwen, asombrada por el ingenioso (pero algo pesado) poder que tenía, los rechazaba gentilmente. Su objetivo estuvo indefenso a unos pasos de ella y casi pudo saborear la victoria cuando dijo con una voz segura y femenina el nombre de Dakota, pero para su sorpresa, Octavian se cruzó frente a ella empujando al centurión de La quinta sin siquiera darle oportunidad de dirigirle la mirada. El Augur le sonrió coquetamente y le ofreció galantemente un oso de peluche a la "Hermosa dama que no tenía el placer de conocer". Gwen casi vomitó en sus zapatos, ¡Ese idiota le había clavado una lanza en el pecho! Por lo que trató de controlar sus nervios y destruir (amablemente) las esperanzas de salir con ella.
Todos y cada uno de sus intentos habían sido en vano, pues el hiperactivo Centurión los evadía como si pudiera adivinar sus movimientos. Estaba tan cansada de cambiar su apariencia tantas veces que al final, decidió quedarse tal cual había empezado. Ya no le importaba si su maquillaje no era el indicado o si su cabello lucía desalineado (prefería eso mil veces a que otros chicos fueran a pedirle una cita).
Abatida por la derrota, Gwen se dejó caer en una de las escalinatas de los grandes edificios de la nueva Roma. Debió adivinar que siendo una defectuosa hija de Venus nada con respecto al amor podría salirle bien, además de que Él prospecto que deseaba no le daba señales de estar interesado en ella. ¿Quién podía estarlo? Solo era ella, sin ninguna virtud o don especial. Simplemente Gwen.
Suspiró, el pecho le dolía horrores. ¿Ésta era la forma en la que su madre la estaba castigando? Quería preguntarle, ¡Pedirle un poco de ayuda! Pero nunca le respondía. El silencio en su cabeza era toda la respuesta que creía merecer.
Dejó caer la barbilla entre las manos y cerró los ojos. Una hija de Venus sufriendo por amor, ¿No era una ironía perfecta?
—Hey, ¿Gwen?
La chica espabiló y dirigió su mirada rápidamente hacia la voz que la llamaba. ¿A caso era su madre por fin escuchándola?
—Gwen, ¿Estás bien? Te he estado buscando hace un buen rato, ¿Dónde te has metido?—dijo el chico con su voz profunda— los demás necesitan que tengamos los itinerarios de mañana listos, ya sabes cómo se pone Reyna si no los entregamos a tiempo… Oye, ¿me escuchas?
—Ah, si—respondió ella. Por un segundo se había perdido entre los ojos castaños de Dakota y su ira por saber que él la estaba buscando. No sabía si llamarlo idiota a él o a si misma— voy en un segundo, necesito…—tocó afablemente su cabello, tratando de parecer linda.
—Espera un segundo—le interrumpió, inspeccionándola de arriba hacia abajo—te has hecho algo diferente— El corazón de Gwen estalló en un segundo, sintiendo el bochorno correr hacia su cara— Si, puedo verlo—le sorprendió lo calmado que estaba, ¿acaso no había tomado el Kool-aid de siempre?—¡Has ganado peso!
—…¿Eh?
La mente de Gwen colapsó y casi se tiró sobre Dakota para tomar su gladius, atravesarlo y huir descorazonada. No quería llorar, pero la furia le subió por la garganta quemándole. Dakota se conmocionó al verla tan roja, sin saber si iba a explotarle la cabeza o a gritar.
—¡Aguarda, aguarda! N-no quise decir eso—trató de corregir— me refería a que estás más ¿caliente? ¡Si! Estás mucho más sexy.
Gwen se contuvo de alzar las manos y romperle el cuello, pero las hizo puños y le apuntó severamente con su mano derecha.
—¿Caliente?...¿Sexy?—gruñó completamente cabreada— me la he pasado todo el maldito día tratando de parecerte guapa ¿y lo único que se te ocurre es que he subido de peso?
—También dije que estás muy buena—
—¡Eres…Eres….!
¡BOOOOOOOM!
Fue como una explosión que casi lo dejó ciego. Una luz envolvió a la chica y Dakota pensó que se había vuelto cenizas en el instante. Gritó su nombre unas cuantas veces preocupado de que estuviese lastimada, pero en su lugar, estaba algo mucho peor. Frente a él, estaba una chica muy pero MUY guapa mirándole como si quisiera matarlo y gritando lo idiota que era; tenía el cabello suelto y ondeando al viento, con los ojos flameantes y brillantes que le provocaron un escalofrío demasiado…agradable, aunque sus insultos en latín lo hacían fruncir el ceño bastante confundido.
—No puedo creer que pasé tantas tonterías para hacerte pensar que era linda y al final, con ese cerebro tuyo dañado por tanta azúcar ni siquiera reparó en mí—le gruñó, ajena a que había sacado chispas como un cuatro de julio— pero lo entiendo, ¡No sirvo para esto! Ni para lucir bonita, ni para que el único idiota del que estoy enamorada despegue los ojos de su Kool-aid. ¡Deja de poner esa cara de imbécil, por amor a los dioses!
—¡Wow! Ponle los frenos a tu pegaso—se tomó la cabeza con una mano— estoy muy…digo, tú estás… Dioses, tú estás muy guapa.
Gwen soltó un muy grosero y perdido "¿Eh?" y luego se percató de su apariencia. ¿En qué momento había pasado de tener pantalones a una toga fina sobre ella?
—Estás tan guapa que no puedo concentrarme ahora mismo, ¿Puedes darte la vuelta un segundo?
—¡N-no!
—Bueno ¿Cómo fue eso de que estás enamorada de mí?—preguntó, aún más confundido—
—En realidad, ya no es nada…
—¡Oye, Dakota!—gritó un chico a lo lejos— ¡¿Quién es esa lindura que está contigo!? ¡¿Me la presentas?!
—¡Mete el Podex en tu asuntos, Larry!
Gwen se sonrojó y se relajó de nuevo, viendo como Dakota le gruñía a cada chico que se quedaba estático por ella.
—Definitivamente me gustabas más antes, Gwen—dijo Dakota con aire tranquilo— Nadie se daba cuenta de lo bonita que eres.
Casi se atragantó y sus manos comenzaron a temblar. Daktoa sonrió con ligereza, haciendo que las marcas rojas en su boca se ensancharan de una forma graciosa.
—Ni de lo amable que eres con nosotros, ni lo alegre que nos pones a todos cuando llegas. Demonios, ¿Qué haríamos sin ti?
La hija de Venus bufó y, mientras el centurión le abrazó por la cintura, quiso soltar un gritillo de la emoción sin creer lo que había escuchado. Gwen le miró por un segundo, antes de que le plantara un beso apresurado e inexperto, sin ningún miedo de arruinar su maquillaje o su cabello.
Jamás imaginó que Dakota la tenía en cuenta de esa manera, y mucho menos que le gustaba tal cual era. Agradeció de alguna forma a su madre, pues no le era indiferente a sus problemas, y (aunque le había costado horrores descubrirlo) sentía que entre ella y Dakota podría existir algo más grande que una buena amistad.
Gwen sonrió, ser hija del amor a veces no era tan malo.
Bueno, me ha costado escribirlo por falta de muchos datos para los personajes, pero dejé que mi imaginación volara con éstos dos.
Ya hacía tiempo que había leído unos fanfics en ingles de Dakota y Gwen en los que ella era hija de Venus y me pareció buena idea ponerla de esa forma aquí. Dakota me ha dado la impresión de ser un tipo muy genial y que, a pesar de ser algo distraído, es muy inteligente.
Dedicado a amicaricia10 por que me hizo buscar más de éstos dos lindos personajes y me dio un reto bastante duro.
con mucho amor, para todos.
Kura.
