Aquí mi segundo capitulo de Okami to Ryu, no estoy tomándome demasiada prisa ya que nadie me dio review ni nada, pero bueno, tampoco es algo que yo busque. Escribo porque me gusta escribir y me relaja. Voy a seguir subiendo capitulos aunque no deis. Y como siempre recordar que los personajes pertenecen a Yoshihiro Togashi, exceptuando a Iaribel y todos los personajes que envuelven el Bosque Maldito. Espero que os guste y que no se os haga muy pesado ya que metí mucha información y creo que se hizo algo espeso de leer.
Capitulo 2:
"¿Quien iba a querer estar en el ejercito de un demonio que trae al mundo bastardas medio humanas?" Esas palabras, resonaban en su cabeza una y otra vez. Apretó los dientes. Sabía que podía matarlo ¿Lo sabría él? Sufría las consecuencias de sus poderes como todos los demás, decidió enfocarlos en él. Cada vez sudaba más, tenía calor, era normal, estaba concentrando todas sus energías en hacerlo temblar, pero no funcionaba. Parecía divertirle, se mostraba impasible, a ver quien podía más.
Hasta que alguien le agarró del brazo sin inmutarse. Iariber se giró repentinamente. Se trataba de la Señora que vivia en aquel templo, aun no habia mencionado ni palabra desde que todo aquello empezó. No le habia dolido tocarle, era increible que aquella anciana fuese tan fuerte, que ni si quiera era capaz de quemarse con su poder.
- Creo que ya está bien de esto, señorita. - Dijo sumamente seria la anciana. - En mi Templo no quiero ni una disputa ni media, si queréis seguir peleando, marchaos.
Iariber bajó la guardia, ya nadie temblaba, nadie podía sentir ya su poder. Botan suspiró aliviada, miró a su alrededor, había sido muy temerario hacer aquello, estaban todos exhaustos, tal vez se había pasado. Sin embargo, no lo lamentaba por el demonio que le había acusado. Se encargaría de él mas tarde.
- mi comportamiento infantil. - agachó la cabeza. - No llevo demasiado bien que me falten el respeto. - Posó sus llameantes pero serenos ojos en los de Hiei, ella quiso mostrar odio, pero solo consiguió mostrar tristeza retenida. Hiei se marchó.
- Siento su comportamiento, siempre es así. - Dijo Kuwabara acercándose a Iariber. - No le gusta trabajar para el Mundo Espiritual y lo pagó contigo.
- No importa. - Contestó sin más. Agacho la mirada, no había empezado con buen pie, así no conseguiría ayuda..
- Yo acepto la misión. - Intervino Yusuke, que se levantaba del suelo por fin y se dirigía tendiéndole la mano a Iariber. - Hacia mucho tiempo que nadie me sorprendía de esta manera, sabes? Ya me estaba aburriendo necesitaba algo de acción. - A Iariber se le iluminaron los ojos. Le tendió su mano también a Yusuke, este no dudo en estrechársela , ya no temía quemarse.
- Si Urameshi va a ir a la guerra, el gran Kazuma Kuwabara no será menos! - Dió un paso adelante. - Intentaremos hacer lo que sea para que tu gente se salve.
- … - Kurama se quedó en silencio. Yusuke y Kuwabara esperaban que aceptase. - A mi no me ha gustado tu comportamiento, pero no me malinterpretes, el de Hiei tampoco. Si tienes tal poder, y no eres capaz de enfrentarte a tu tío, no se muy bien que podemos hacer nosotros.
- Siento... siento que haya podido incomodaros... llevo toda mi vida escuchando lo débil que soy, he intentado darlo todo porque soy medio-demonio y nadie espera nunca nada de mi. Y pese a que me hacen sufrir... y que no se han portado bien conmigo, todo esto lo hago por mi padre. Quiero que su pueblo viva, si eso le hace feliz, haré lo que sea. - Se arrodilló en el suelo, como signo de disculpa. - Lamento si os he asustado o herido, no volverá a suceder, pero por favor, no estaría aquí si no lo necesitase.
- … - kurama suspiró y sonrió, indicó con una mano que se levantase. - nos va a costar convencer a Hiei esta vez. - Dijo, dando a entender que aceptaba la misión.
Los chicos pasaron esa noche en el templo. Iariber les estuvo contando como era su tierra, de cuantos soldados disponían y de como había transcurrido la guerra durante los mil años. Yusuke estaba realmente entusiasmado, seria capaz de luchar contra demonios mucho mas fuertes que sus amigos, incluso más fuertes que Iariber, le temblaba el cuerpo de emoción, sentía ansia por luchar. Kuwabara en cambio parecía temblar de miedo cada vez que Iariber mencionaba a su tío. "Es un demonio enorme" decía "Le apodan Guts kuollut, que en nuestra lengua significa "destripa muertos", ya que hay leyendas que dicen que una vez vence a sus enemigos, se come sus entrañas y despelleja su piel, para tejerle a su mujer un vestido infinito con las pieles de los caídos." El pelirrojo tragaba y tragaba saliva, sin embargo intentaba estar tan sereno como lo parecía Kurama, que incluso reía, debería ser normal para él, seguramente hubiese visto monstruosidades peores en el Mundo Infernal.
Pese a todo este jaleo Kuwabara no pudo evitar que siguiera escudriñando en busca de Yukina, ¿Tal vez ya no estaba allí? ¿Qué pensaría ella de todo aquello? Tal vez se acurrucase a su lado de terror, cosa que le encantaría... o quien sabe, tal vez se mostraba tan impasible como su amigo. Botan, por otra parte, hacía rato que se habia dirigido al mundo espiritual para ordenar que al dia siguiente se abriese el portal hacia el mundo infernal, todo y que la asistencia de Hiei aun no era definitiva, Yusuke sabía que acabaría cediendo, así que le dijo a Botan que contaran con él. Genkai se encargó de buscarle una habitación vacía a Iariber. Esta vaciló un poco, nunca habia dormido en una cama humana, se habia acostumbrado a los lechos de plumas arrancadas y a las copas de los arboles.
Una vez dentro, se acercó a la gran ventana que había al lado de la cama y la abrió. No estaba tan mal el mundo humano, era agradable, y el aire no olía a humo, muerte y descomposición. Hubiese dado cualquier cosa por quedarse allí, sin embargo, sabia perfectamente que ese no era su lugar... al igual que sabia que el mundo infernal tampoco lo era. Cuando estuvo a punto de apartarse de la ventana vio pasar una sombra, la cual le golpeó la cabeza y entró en la habitación.
- Pero que..?! - Gritó Iariber sujetándose la frente, donde la misteriosa sombra le había atacado.
- … - No hubo respuesta. Iariber entornó los ojos, distinguía una sombra que a la luz de la luna se hizo obvia, el idiota de Hiei había sido su agresor.
- ¿Se puede saber que te pasa? - siguió bajo el silencio del demonio. - No pienso pelear contra ti si es lo que quieres.
- No quiero pelear, ahora. - contestó al fin. - Eso solo fue un aviso.
- ¿Qué quieres decir?
- Te propongo un trato. - Se acercó a ella dando un par de pasos. Sus ojos rojos, al igual que los suyos, contrastaban bajo la azul luz tenue que les iluminaba. Iariber se quedó en silencio como muestra de que siguiese hablando. - Accedo a pelear en el bando de tu padre en esa estúpida guerra... a cambio de que cuando acabemos, y seguimos vivos, pelees contra mi, con todas tus fuerzas.
- … - no podía creer que estaba escuchando. - Estás loco. - Fue lo único que acertó a decir.
- Tal vez, pero no más que tú. Es un suicidio lo que intentas hacer. - Siguió aproximándose más y más hasta quedar uno frente al otro, con los ojos nivelados y por primera vez, a Iariber le pareció que él era más alto que ella. - Se quien es tu tío. Osus.
- Así es.
- En fin, esta es mi última palabra. No te preocupes, intentaré mantenerte con vida, hasta nuestro enfrentamiento. - Alardeó Hiei. Luego se dió cuenta de lo que había dicho y esperaba que ella no lo hubiese interpretado así.
- ¿Vas a protegerme? - Preguntó ella al fin. Al parecer si que lo malinterpretó. Hiei frunció el ceño, intentando aparentar calma, aunque sin saber por que se puso nervioso.
- No he dicho eso. Pero nunca rompo mi palabra, si hace falta que intervenga para poder matarte yo más adelante, no dudes que lo haré. - Ella rió y él paso andando por su lado apretando los puños en sus bolsillos.
- Veremos quien protege a quien. - Dejó caer Iariber. Hiei se volteó y ella pudo ver su silueta a contraluz y unos intensos ojos rojos chocando con los suyos. Mientas que él vio una mirada decidida, mucho más serena que la de su último encuentro. Y se marchó.
A la mañana siguiente, nuestros protagonistas se encontraban en el patio del templo, algunos habiendo dormido más que otros. Botan había asegurado que abrirían el portal desde allí. Kurama pidió a Iariber que explicase más detenidamente el estado de su pueblo. Al parecer, el pueblo de su padre había sido notablemente reducido por los mercenarios y asesinos comprados por su tio. Habia logrado saquear todas las casas de sus dominios de manera que se quedó con todas las riquezas existentes en el territorio, de manera que con ellas siguió comprando soldados hasta hacerse con su propio ejercito. Por lo tanto se trataba de un pueblo pobre, el cual se había tenido que rebajar a cazar en tierras ajenas y a robar sus cultivos. Esto había hecho romper lazos con tierras antiguamente amigas, las cuales no quisieron unir sus fuerzas con el gran Okami, el rey Riotuhs. Por otra parte, desde que perdieron la guerra, se hayan en constante pelea con el ejercito de mercenarios, ya no quedan hombres y mujeres jóvenes dispuestos a luchar por su pueblo, muchos niños han muerto y los ancianos a penas pueden tenerse en pie.
- ¿No hay nadie que medianamente pueda servirnos como ejército? - Preguntó Kurama, intentando reunir la mayor gente posible. Él conocía muchísima gente en el Mundo Infernal, la mayoría ladrones como él, aunque les avisara, acudirían al bando más rico y aunque no fuese así, no estarían dispuestos a luchar contra Osus, el tío de Iariber.
- Tengo tres hermanos más. - Respondió Iariber, no muy segura.
- ¿Tres? - Exclamaron los detectives - ¿Por que no los mencionaste hasta ahora? Si son tan fuertes como tú, tendríamos una victoria segura.
- Pues veréis... No os he dicho nada sobre ellos porque nuestra relación no es precisamente buena – Iariber agachó la cabeza. - El mayor se llama Tondro. Es muy fuerte, pero también es muy orgulloso y testarudo, ama ganar. Lo único que le interesa es luchar y hacerse fuerte. Le temo. No estoy segura de confiar en él. Creo que en cualquier momento puede traicionarnos. Luego está Arashi, digamos que es un espiritu libre. Es partidario de avandonar las tierras y marcharse a otro lugar.
- ¿Y que hay del tercero? - Preguntó Yusuke.
- El tercero se llama Lumo, no creo que sirva de mucho, tan solo es un bebé.
- ¿Aun tuvieron otro niño despues de tenerte a ti? La Reina Qeiwen debe tener mucha paciencia. - Todos se giraron ante el punzante comentario. Todos sabian quien habia sido. Hiei.
- Hiei! - Exclamó Yusuke. - Sabia que vendrías! - Hiei puso mala cara y Kurama sonrió al verle. - Ahora que ya estamos todos ya podemos marcharnos!
