Hola chicos, despues de un tiempo sigo con la historia! En realidad solo han sido unos poquitos meses a sí que espero que no me odien por ello jajaja. Gracias por los posts! me alegré mucho de verlos y me animaron más a seguir escribiendo! Referente a ellos diré : Irina-Chan! si, está ambientado justo después del torneo contra toguro. Intentaré no hacer ningún spoiler sobre la saga final, por si alguien le interesa la serie. Scarlet, referente a tu pd; intento por todos los medios que salgan guiones o cursivas para diferenciar los dialogos, pero no hay manera! no entiendo porqué no aparecen en los capitulo. Seguiré intentandolo para mejorar la lectura.
Gracias por leer este capi! y como siempre: yuyu hakusho no me pertenece a mi, si no, es una historia de yoshihiro togashi, los unicos personajes que son mios son: Iariber y toda su familia, así como pueblo, lugar donde se encuentran y esbirros. Es un placer!
Capitulo 3:
- Ahora que ya estamos todos ya podemos irnos! - Gritó Yusuke.
De repente, un agujero azul apareció ante ellos y volando desde el cielo se acercó rápidamente Botan con su remo, parecía muy agitada. El agujero azul empezó a girar y a expandirse hasta transformarse en un remolino, en el cual se fundían su azul con los colores del entorno, formando un espectáculo extrañamente mágico.
-Siento la demora! - Saltó Botan de su remo. - Las cosas están movidas en el Mundo Espiritual. Todo el mundo está expectante de los movimientos de Osus. Me ha sido imposible llegar antes.
-No te preocupes – Dijo Kuwabara algo nervioso por la repentina llegada de su amiga, significaba que ya no había vuelta atrás. - Será mejor que nos marchemos ya, antes de que me ponga más nervioso. Quiero que pase rápido.
-¿Tantas ansias tienes de morir? - Chuleó Hiei.
-Cállate enano, siempre tienes que ir sacandole punta a todo lo que digo! - Se molestó Kuwabara.
El portal aceleró todavía más y Kurama advirtió que se apresuraran o acabaría por cerrarse. La primera en entrar fue Iariber, seria esa mañana, por lo que le esperaba al otro lado. A continuación, le siguió Kurama y tras él fueron Yusuke, Hiei y por último Kuwabara. Dentro del portal, parecían flotar entre nubes, los envolvían un abanico de colores y al fondo podían ver como una luz blanca iba acercándose cada vez más hasta que les envolvió intensamente obligándoles a cerrar los ojos con fuerza. Antes de abrirlos, pudieron sentir como el suelo se posaba bajo los pies y decididos, incluso temerosos, abrieron los ojos.
Delante de ellos, se levantaban árboles milenarios de metros de diámetro y kilómetros de alto, tanto que no lograban ver el final. Todo era inquietántemente verde y sombrío. La humedad se hacia evidente en el terreno, había moho en las cortezas, y una neblina que no dejaba ver con claridad el terreno que pisaban. No se escuchaba el sonido de ningún animal, nada habitual en los bosques que hasta ahora habían visto Yusuke y Kuwabara, donde normalmente cantan las aves. En este, suerte si tímidamente asomaba algún monstruoso insecto. El aire olía a miedo y a humo.
Iariber, que ya estaba acostumbrada a ello, posó sus manos sobre su cadera y pensó detenidamente en el lugar exacto donde habían caído. Esperaba acaloradamente, haber caído en territorio amigo. Si por alguna casualidad hubiesen ido a parar a un terreno controlado por Osus, debían encontrar el camino principal cuanto antes y huir como unos desalmados hacia el poblado, si no querían ser los próximos mondadientes de su tío.
-¿Habéis estado alguna vez aquí? - Preguntó Yusuke a Hiei y a Kurama, intentando romper un poco de tensión
-No la verdad. - Respondió Kurama. Antiguamente oí hablar bastante bien del poblado del bosque en sí. Su comercio y sus relaciones con otros lugares siempre han sido buenos, tal y como explicó Botan el otro dia. Pero yo nunca he tenido la necesidad ni la oportunidad de venir.
-Pues yo si. - Dijo esta vez Hiei, cortante, como siempre. Iariber se giró para seguir escuchando la conversación más detenidamente. - Ya sabéis que me he dedicado a todo tipo de trapicheos. Esa vez me pidieron que realizase un trabajo como transportista.
-¿Qué eras, el servicio de paquetería del mundo infernal? - bromeó Kuwabara.
-No, estúpido. - Gruñó el moreno. - El caso es que me pidieron si podía transportar una cosa muy importante y de alto secreto a cambio de un buen pellizco, y obviamente, acepté.
-"¿Una cosa muy importante?" - Pensó Iariber. - Como sea, debemos movernos – Ordenó. - No es que estemos en peligro inminente, pero estando en una situación tan delicada, es mejor que no nos quedemos mucho tiempo en el mismo sitio. - Empezó a andar mientras los demás la seguían. Subieron una colina con la ayuda de las raíces de unos arboles que formaban una especie de escalera improvisada y llegaron a un camino.
El silencio inquietaba demasiado a nuestros protagonistas, sobre todo a Yusuke, no dejaba de mirar a todos lados, desde que perdió la piedra que llevaba un buen trozo pateando. Para colmo allí nadie hablaba ni decía nada, era muy aburrido. Miró a su compañero pelirrojo. Casi se calló al suelo de la impresión que le dio ver la cara de su amigo totalmente pálida. La verdad es que le extrañó que Kuwabara no hubiese abierto la boca en todo lo que llevaban recorrido, pero no le prestó demasiada atención ya que sabía que tenía bastante miedo. Le puso la mano en el hombro empapado de Kuwabara, no sabia por que le afectaba tanto aquel lugar, tal vez porque su sensibilidad espiritual estaba mucho más por encima de su entendimiento. Este dio un salto nervioso hacía un lado.
-Hey, tio, ¿estás bien? - Le preguntó Yusuke, casi susurrando.
-No... - Kuwabara sudaba y sudaba, Yusuke temía que su amigo acabase deshidratado por eso. - No puedo casi respirar, ni si quiera puedo casi ni hablar.
-Ya me extrañaba que tuvieras esa gran bocota cerrada durante tanto tiempo por nada.
-No te preocupes. - Susurró Iariber. - Cuando lleguemos al poblado te sentirás mejor. Mi padre creó un campo de fuerza al rededor de ella, a base de conjuros, para los humanos que caen sin querer en nuestro mundo. Allí te sentirás como en casa y no te ahogarás con esta presión que sientes. - Explicó sin mirarles.
-¿Caen humanos? ¿A que te refieres? - Preguntó Yusuke. Sabia que habían demonios que llegaban hasta el mundo humano. Sin embargo, nunca se le había pasado por la cabeza la posibilidad de que sucediera al contrario.
-Existen portales por donde demonios de bajo rango pasan al mundo humano, como ya sabes. - Respondió esta vez Kurama, colocándose al lado de Yusuke. - Son portales casi invisibles para los humanos corrientes, por lo que es inevitable que alguna vez sean atravesados sin querer. - Dio unas palmaditas en la espalda de Kuwabara, mientras le sonreía. - Tienes suerte de ser tan fuerte – Refiriéndose a este. - el aire que se respira en el mundo infernal es demasiado denso y potente para humanos normales, por eso normalmente al llegar se desmayan. Que tu padre se haya tomado la molestia de crear esa barrera, es un gran detalle. - Le sonrió a Iariber y esta le devolvió la sonrisa.
-¡Entonces! - Exclamó Kuwabara. - Si por esos portales solo son capaces de pasar demonios de rango inferior... - Miró con una gran sonrisa a Hiei.
-Imbécil, yo no llegué al mundo humano por uno de esos portales. - Ese idiota, conseguiría dejarlo en evidencia. Miró algo de reojo a Iariber. - Es cierto que cuando llegué al mundo humano era un demonio mucho mas débil de lo que soy ahora. Y pienso seguir haciéndome más fuerte. - Retó a Iariber con la mirada, bajo la mirada de todos. Iariber miraba divertida la situación. - Pero tu. - Exclamó a Kuwabara a punto de reventar de la vergüenza y la rabia que sentía. - Mirate, eres un humano mediocre con un poco más de sensibilidad espiritual que el resto. Se te van a cargar a la primera, aquí.
-¿Es que no has escuchado a Kurama?¡Soy fuerte! SOY EL GRAN KAZUMA KUWABARA, ENANO! - Empezó a gritar y a reírse a carcajadas.
De repente Iariber saltó tapando la boca de Kuwabara, sin poder evitar ya lo inevitable. Un objeto punzante rozó la cara de este, abriéndole una pequeña herida en la parte superior de la boca. Gritó de dolor y todos se pusieron en guardia. Iariber se echó la culpa por haber dejado que aquella estúpida discusión llegase hasta el punto de alzar la voz.
Sentían unas auras que se movían por los alrededores, tal vez eran cien o doscientos demonios, lo que si era seguro es que les estaban acechando. Solo podían hacer dos cosas, o ponerse a correr en dirección al pueblo o hacerles frente. La poca iluminación que había en ese bosque se fue y para cuando alzaron la vista, el ejercito de demonios que les observaba ya se encontraba posado sobre las ramas de los arboles, observándoles sedientos de sangre. Los muchachos se pusieron en guardia, excepto Iariber, que seguía mirándolos fríamente. No entendía la situación. No entendía como los esbirros de su tío habían aparecido tan fácilmente, claramente habían dejado que les vieran, incluso habían logrado captar su atención hiriendo levemente a uno de los chicos. Ella sabia que Osus se había enterado de su acuerdo con el Mundo Espiritual y que había mandado una avanzada a comprobar sus fuerzas.
No iba a dejar que su tío lo supiese por lo tanto se disponía a dejar a toda velocidad a esos demonios atrás, cuando, justo antes de dar la orden, los demonios ya habían empezado el ataque y los chicos se abalanzaban contra ellos.
Yusuke había lanzado un Shottogan ya a todos los enemigos que se habían acercado a él. Su energía espiritual había salido despedida de sus puños a modo de metralleta, fulminando con duros golpes. Iariber pensó que se habían vuelto todos locos. Kuwabara apartó dos o tres de un puñetazo, mientras que otro le golpeó la nuca, al caer al suelo desenvainó su Rei Ken, una espada naranja de energía, la cual cortó las piernas de su agresor como mantequilla. Cuando quisieron darse cuenta, ya estaban rodeados. Hiei sacó su espada, impasible y divertido, al igual que Kurama, este, sacó una rosa convirtiéndola en un látigo espinado. Iariber pensaba que al menos Kurama tendría la sensatez de marcharse, pero pudo ver que se equivocaba cuando cortó a más de diez demonios con su látigo, machacándolos en trocitos.
Hiei permaneció al lado de Iariber, con la guardia baja, mientras observaba como apretaba los puños y dientes ardiente de ira. Cuando se dio cuenta, los ojos llameantes atravesaron los de Hiei.
-¿No piensas hacer nada, capitana? - Hiei clavó la espada en el suelo y cruzó los brazos. - Se que tal vez piensas que somos unos temerarios, de hecho, se cuales piensas que son las intenciones de Osus y seguramente no te equivocas, pero... - Agarró la espada - .. mi capitán... - Señaló con ella a Yusuke. - Es del tipo de gente al que no le gusta que le subestimen. Seguro que todos saben que enviaron a estos catetos para medirnos y por ello están luchando, y acabaran con ellos. - Sonrió. - Después de todo si ninguno sobrevive, ninguno podrá darle ningún informe a tu tío, ¿no?
-… - Iariber asintió mientras le quemaban los puños.
-Te propongo un juego. - Hiei empezó a dar pequeños saltos en el suelo, indicando que iba a empezar a correr en breves. - A ver si eres capaz de matar a más demonios que yo.
-¿Y si gano? - Preguntó mirando a la nada.
-Si ganas...
Iariber agarró con fuerza el brazo con Hiei que sujetaba la espada y lo movió con fuerza hacia un lado, cortando la cabeza al demonio que se había aprovechado de su distracción y le iba a clavar una lanza por la espalda al moreno. Iariber soltó su brazo y levantó un dedo mientras esbozó una sonrisa en su rostro y echó a correr. Él, cada vez más avergonzado de su comportamiento, se lanzó como una fiera a por todos los que se cruzaban por su camino. Un gigante ogro cayó de lo alto de un árbol, armado con un mazo gigante con pinchos. Sus ojos ciegos no veían, pero si olían la sangre y escuchaban los gritos de la batalla. Todos estaban ya sumergidos en una batalla.
