Capitulo 4

Si no hubiese estado alerta, seguramente hubiesen matado a su nuevo compañero, si es que podía llamarse así, su intento de integrarse todavía es fuerte, pero no empezó con buen pié, a si que, que menos que salvarles de los esbirros de su tío. Una enorme figura, dura como una roca y mal oliente, como el peor de los vómitos, descendió del cielo, haciendo que al colisionar todo se viniera por los aires.

Medía como cinco metros, era una gran bola de masa con extremidades. Una venda tapaba su vista, pero podía oler y oír los gritos de sus "camaradas" aplastados por él mismo. Los chicos lo vieron venir antes de que se precipitase y saltaron a las ramas más cercanas. El ogro empezó a palpar el suelo en busca de comida, cogió varios cuerpos y se los llevó a la boca, sangre negra chorreaba por su garganta. Iariber buscó con la mirada a los detectives. Kuwabara se encontraba cerca de ella, aferrándose a un tronco, haciendo un esfuerzo por no echar el desayuno. Hiei estaba en los arboles de enfrente, inmóvil, la mínima respiración agitada y se acabó. Kurama estaba abajo de todo, en el suelo, vio como dirigía su mirada al cielo. Ella hizo lo mismo, y para su sorpresa allí estaba Yusuke.

Al parecer había subido a la copa de un árbol y se había tirado a por el gigante. En el aire, se puso en posición y empezó a acumular energía en su puño derecho. Reiki azul brotaba de él en una especie de danza que hipnotizaba. Iariber sabía que había sido él el ganador del Torneo de Artes Oscuras, había ganado a Toguro, sin duda debe haberse ganado el título de detective espiritual por algo. El gigante lo presintió y levantó la cabeza abriendo la boca para comérselo, tarde. El puño de Yusuke golpeó su frente y toda su energía salió disparada mientras el grito "Spirit Punch" hacía eco en los árboles. La cabeza del monstruo reventó, su frente aplastó su cerebro haciendo que los ojos se desprendieran y un rio de sangre inundase su boca, sin enterarse.

- El detective cayó de pié al suelo con una sonrisa picarona en el rostro.

- Lo siento, chicos. - Reía mientras los observaba salpicados de los fluidos del cadáver.

- Podrías haber sido algo más limpio ¿no? - Apareció Hiei a su lado, algo asqueado, apartó un trozo de carne de su hombro.

- Tío, por favor, Urameshi, nunca vuelvas a hacer algo tan asqueroso, creo que voy a morir si sigo respirando este hedor. - Se arrastraba Kuwabara.

- Iariber descendió hasta donde se encontraba Kurama. Este le vió y le puso una mano en el hombro, cosa que a ella le incomodó, pero supuso que era una muestra de afecto. Parecía muy tranquilo y divertido con la actuación de Yusuke.

- ¿Y bien? - Le preguntó a Iariber, esta se sobresaltó. - ¿Qué te parece nuestro "jefe"?

- Sin duda eso fue impresionante. - Se quedó perpleja viendo aquella carnicería que un solo hombre había causado. La idea se le fue de la cabeza en cuanto recordó su cometido. - Sin embargo, me parece excesivo, está claro que mi tío envió una avanzadilla para poder medir vuestras fuerzas. - Kurama sonrió.

- ¿Medir fuerzas? Ya me lo imaginaba. - Se acercó a ella Yusuke. - Creo que todos aquí nos dimos cuenta de lo que pretendía tu tío. Pero creo que nadie se excedió, a penas use demasiada fuerza, ¿y vosotros, chicos? - Todos negaron con su cabeza. ¿A caso le estaban tomando el pelo? - Escucha con atención, Iariber, hemos venido a ayudarte, somos conscientes de la gravedad de la situación, si he decidido acabar con ellos es porque no soporto que me levanten la mano – rió. - y mucho menos a mis amigos. Recuerda que venían a matarnos, no íbamos a huir.

Después de esto, Iariber rió, rió a carcajadas. Todos la miraban perplejos, no entendían la situación. Que un simple humano le diese una charla como esa, era algo que nunca hubiese podido imaginar, lo mejor de todo es que era increíblemente feliz, por primera vez era capaz de ver una luz al final del túnel.

Siguieron el camino corriendo hasta la fortaleza, estaba lleno de plantas extrañas de muchos colores, unas olían bien, otras no tanto, incluso alguna trató de dar algún bocado, pretendiendo que alguno de ellos fuese su almuerzo. Después de casi media hora corriendo, empezó a verse a lo lejos una muralla gigante, construida con troncos enormes. En la parte izquierda podía verse a lo alto, una torre vigía, Iariber agitó los brazos con mucho entusiasmo, el chico joven que hacía guardia le respondió el saludo y dio la orden para que abriesen las puertas. Sin embargo, allí no sucedía nada.

Los detectives pararon en seco metros antes del muro, excepto Hiei y Iariber, quienes incluso aceleraron el paso. Bajo la boca abierta de los otros tres, traspasaron el muro. Al parecer, en realidad la puerta no era en sí una puerta, si no un agujero mágico en la muralla. Las caras les cambiaron cuando vieron el desastre que se hallaba en su interior. Edificios hechos pedazos, agrietados y llenos de enredaderas que los habían cubierto, maquinaria oxidada, armas tiradas por el suelo, humo saliendo de algunas pocas calderas que todavía funcionaban, sangre seca, niños cazando insectos para comer, ancianos comatosos por las esquinas y alguna mujer que otra, intentando ayudar en algo. Todos ellos mirando con cara de temor a nuestros protagonistas mientras andaban horrorizados ante el panorama del que Iariber tanto había hablado. Siguieron un sendero en mitad de la ciudad, casi borrado del suelo. Las casas, o las que quedaban, surgían a ambos lados de la larga calle, intentando dar paso a el palacio, no mucho mejor que el resto de la ciudad.

Era alto, tan alto como una montaña, y vaya que si lo era. El castillo había sido esculpido en una, no existía el edificio en sí, simplemente era una montaña a mitad de todo, donde una gran cueva hacia de entrada y algunas ventanas y balcones fueron tallados.

- Realmente no exagerabas cuando pedías ayuda. - Comentó Kuwabara, provocando que Kurama le propinara un codazo en las costillas.

- No, no exageraba, es justo lo que pasa cuando se está en guerra, en vuestro mundo también pasa. Aquí la guerra ha durado mil años, no queda a penas nada de lo que una vez fue. - Iariber apretó los puños, pero una voz a lo lejos rompió el momento tenso.

-Iariber! - se oía. - Al fin has vuelto, estaba preocupado, pensé que se habían negado a venir o te habían capturado o a saber. - Se trataba de el chico que se encontraba en la torre de guardia. Era un joven moreno que aparentaba su misma edad, de ojos vivos y verdes, llevaba el pelo recogido en una coleta baja y algunos mechones le caían por la cara, vestía una túnica marrón agarrada por las mangas con unas vendas y unos pantalones negros que le llegaban hasta la rodilla. No obstante, lo que más llamaba la atención de él, era la ausencia de su pierna derecha y la enorme vara en la que se apoyaba.

-¡Hola, Bryke! - Ella, entusiasmada, se dirigió hacia el muchacho y le abrazó. - Chicos, os presento a Bryke - Ayudó al chico a acercarse al grupo. - Es el hijo del alférez de mi padre. Perdió una pierna en el campo de batalla, es el único joven vivo que encontraréis por aquí, es nuestro tesoro más valioso.

- No es para tanto, vas a hacer que me sonroje. - Respondió él, con una amplia sonrisa.

- ¡Genial! - Exclamó Yusuke. - Yo soy Yusuke Urameshi, detective espiritual, encantado de conocerte, debes de ser todo un héroe para tu pueblo, seguro hiciste un buen trabajo. - Le dió la mano.

- Bueno, no es algo que quisiera recordar, volver a casa con todos tus amigos muertos y faltando una extremidad, no es para nada una tarea fácil. - Respondió algo apenado.

- ¿Llegaste hasta aquí solo con una pierna? - Se sorprendió Kuwabara mientras miraba atónito la dificultad con la que Bryke se agarraba a su apoyo.

- ¿Tuviste la fuerza suficiente para llegar hasta aquí y sin embargo, no fuiste capaz de seguir luchando sin tu pierna? - Hiei cortó en seco. Todos se quedaron callados, como esperando a que un volcán entrase en erupción, mientras él le dirigía una fría mirada al muchacho.

- Ya dije que no fue fácil. - Fue su única respuesta. Mientras le mantenía la mirada.

- En fin... - suspiró Iariber. - Bryke, ellos son Yusuke; que ya se ha presentado, luego, Kazuma Kuwabara es el alto pelirrojo, Kurama es el chico del pelo largo y este estúpido trozo de carne, impertinente y bocazas, es Hiei.

- Tan solo digo la verdad. - Dijo sereno. - Fue un cobarde.

- Oh, lo siento, mi gran señor Hiei, por no ser tan fuertes, valientes y poderosos como usted. - dijo Iariber irónicamente, mientras echó a andar hacia el palacio.- Perdónenos por ser tan débiles.

- Tal vez tu ejercito fuese más fuerte si en él no se encontrase una medio-demonio como tú.

Tras este comentario Iariber se giró, su mirada reflejaba emociones cruzadas, por una parte rabia, y sorpresa, por la otra; pena y resignación. No obstante, optó por darle un guantazo en la cara. Kurama se llevó las manos a la cara, conocía a Hiei y sabía que eso no iba a quedar así. Bryke intentó aguantar y disimular una risilla tapándose la boja. La medio-demonio, sin decir una palabra más, siguió adelante y los demás le siguieron, dejando a Hiei y a Kurama atrás. Por otra parte, los llameantes ojos de Hiei no podían desviarse de la espalda de la chica, estaba claro que no esperaba aquel golpe, pero aun y así, se sentía siempre tan ridículo y estúpido cuando estaba cerca... Se llevó la mano a la cara y se dio cuenta de que quemaba. Kurama le puso la mano en el hombro y este se giró. Su amigo negaba con la cabeza.

- Solo era mi maldito punto de vista. - Se justificó.

No puedes venir aquí ahora con esas, nadie te ha obligado. - respondió Kurama. Suspiró. - A veces eres tan egocéntrico y egoísta que me apetece pegarte, pero veo que se me adelantaron. - Se echó a reír.

- Cállate, zorro estúpido.

- No eres tu, ¿eh? - Le miró, Kurama, divertido.

- ¿Cómo dices? - Se alteró, Hiei.

- Oh, nada – Sonrió. - Solo que pareces mucho más relajado.

Kurama apartó su melena roja de su hombro y echó a andar detrás de los demás. Detrás, Hiei, resignado, emprendió el paso, guardando distancia de los demás. Iariber seguía un paso firme, con la cabeza alta y los puños apretados.

- Oye, Iariber... - Empezó Yusuke. - Él es así, ¿Vale? No se lo tengas en cuenta...

- ¿El qué de todo lo que me dijo. desde que nos conocimos, no quieres que tenga en cuenta? - cortó. - Lo siento. - Continuó. - No quiero pagarlo con vosotros.

- En serio, ni caso. - Dijo Kuwabara esta vez. - A mi me lleva frito a comentarios desde hace mucho, y es así con todo el mundo. Un enano borde, que se le va a hacer... - Levantó los hombros.

- Que complete cualquiera que sea la misión que os han dado aquí y una vez realizado su cometido, si es que planea hacer algo, lo mataré.