Hola! Aquí el nuevo capitulo de Okami to Ryu. Espero que lo disfrutéis tanto como yo lo disfruto escribiéndolo. Tengo pensado que la historia dure bastantes capítulos más a si que espero que la sigáis como hasta ahora, es un placer :D

pd: los personajes de YYH no me pertenecen a mi, son creaciones de Yoshihiro Togashi.


Capitulo 6:

La niebla rondaba de buena mañana por el Bosque Maldito, no había suficiente brisa aquel día para disipar el mantón blanco que se extendía hasta donde la vista les permitía ver, que era bien poco, a penas lograban ver más allá de cinco pasos. El Gran Okami de Fuego había ordenado mucha precaución, el enemigo podría aprovechar cualquier momento para atacar aprovechando que no se veía un carajo, a sí que se fue a su sala de meditación, ese día se dedicaría a concentrar toda la energía posible para reforzar la barrera de protección que cubría la ciudad.

Los detectives no vieron al gran jefe desde su acalorada conversación de la pasada noche. Por Yusuke mejor, por que se había quedado con las ganas de decirle un par de cosas y sabía que si lo tenía delante se las iba a decir y bien clarítas, no obstante, sabia la que se podía liar si trataba así al jefe del Bosque Maldito. Tampoco acababa de entender el comportamiento de Hiei... sabía que es un tipo complicado... Pero verle tan furioso no era algo muy común y mucho menos si se trataba de algo ajeno a él...

Ese día Yusuke había decidido acompañar a Kurama, iban a buscar a Bryke, el muchacho tullido que había conseguido escapar de las garras del ejercito de Osus. Querían saber más acerca del enemigo, ya que si tenían que enfrentarse en una situación así, y ese tipo era tan fuerte, no era buena idea ir ciegos a la batalla. Por otra parte Iariber había decidido ir a arreglar algunos desperfectos de la ciudad y Kuwabara se mostró voluntario.

-¿Va todo bien? - Le preguntó el pelirrojo a la medio-demonio, la cual no había dicho nada desde hace rato.

-Si, ¿Por?

-No se, estás muy callada y... ¿Qué te ha pasado en la frente?

-Ah ,¿esto? - Dijo tapándose la pequeña brecha que le había hecho el niño con aquel pedrazo. - No es nada, me dí con una esquina.

-¿De verdad? - Se echó a reír mientras subía a unos tablones para empezar a arreglar un tejado medio cayéndose. - No te hacía la torpe.

-Un mal día supongo. - Sonrió ella.

-¿Sabes? Al principio tenía miedo de venir aquí... - empezó algo triste el chico.- Ya vine una vez al Makai... y no fue agradable. Pero venir aquí y ver como de mal lo estáis pasando y saber que de un modo u otro os podemos ayudar, o al menos intentarlo... hace que me sienta mejor persona...

-… - Iariber sonrió cálidamente – Gracias... aunque no hay nada escrito y no es seguro que consigamos la victoria, mucho peor es no intentar nada. Si este pueblo sobrevive, será gracias a vosotros.

Mientras seguían conversando, Yusuke, Kurama y Bryke ya habían llegado a una pequeña sala de reuniones que el mayordomo de Riotuhs había preparado. Se trataba nada más ni nada menos de la sala de estrategia, donde ahí antiguamente se realizaban las rutas de comercio, al igual que los planes de invasión o de guerra, si se les presentaba la ocasión. La sala estaba en lo más alto de la montaña, unos enormes boquetes protegidos con verjas y cristales hacían de ventanas. Al centro una larga mesa con forma extraña se alzaba, con varias sillas y un trono al final. Kurama se acercó a la mesa y pudo comprobar que se trataba de una versión en escala reducida del Bosque Maldito, con nombres grabados de claros y valles, así como de sus ríos y aldeas que no pertenecían a la ciudad. Era una pieza extrañamente bien realizada, curiosa y hermosa. Optó por sentarse en la silla más próxima al circulo donde ponía "Ciudad Bosque Maldito", Yusuke se sentó al lado y enfrente, Bryke.

-Bueno cuéntanos – Se aceleró en decir Yusuke. - ¿Dónde está el enemigo? ¿A cuanta distancia de aquí?¿Ataques? ¿Nivel de sus soldados? ¿Qué?

-Tranquilo, Yusuke, no te impacientes. - Kurama sonó divertido, aunque su cara era como el hielo y sus ojos dejaban entrever su inquietud y sus ganas de realizar el mejor plan de todos. Kurama tenia todo lo que no tenia Yusuke, paciencia, inteligencia y un don para los juegos de estrategia.

-Jajajaja, menuda lluvia de preguntas. - Dijo Bryke. - Pues a ver, que yo recuerde, la base de Osus se encuentra mucho más allá de esta zona. - Cogió una piedra y la colocó al otro lado de la mesa, al lado de una circunferencia oscura la cual tenia grabada "Lago Oscuro" en su interior". - Ese día, Tondro, el mayor de los hermanos de Iariber, decidió acabar de una vez con ellos, bueno, siempre dice eso, pero nunca lo consigue... El caso es que decidió partir a los pocos que quedábamos en tres grupos. - Cogió tres piedras más, estas de color blanco. - Uno se reunía aquí. - Colocó la piedra cerca de unas montañas llamadas "Sierra Sangrienta". - El segundo grupo estaba por aquí, situado en uno de las aldeas aliadas, ya destruidas. - Colocó la piedra en un circulo amarillo llamado "Lokk". - Y el último y más complicado... - Se fue para el otro lado de la mesa, más allá de Lago Oscuro. - aquí el tercero. - Puso la tercera piedra detráss de unas líneas, el cual representaría unas colinas, llamadas "Colinas del Fin" ya que estaban casi al final del mapa.

-Qué locura, mandar la tercera tropa a rodear todo el mapa! - Exclamó Yusuke.

-No creas. - Comentó Kurama. - El plan en sí no está del todo mal, pero supone un desgaste de las tropas para llegar hasta el tercer punto, en Las Colinas del Fín. Sin contar claro, que no los descubriesen.

-Eso es.- Cortó Bryke - como podéis ver, Tanto la Sierra Sangrienta como Lokk están casi totalmente simétricas en el mapa. Nosotros debíamos adentrarnos atravesando todo el norte del bosque hasta rodear por el otro lado el Lago Oscuro, mientras las otras dos tropas nos seguían y avanzaban a la vez para prevenir un posible ataque.

-¿Vosotros? ¿Ibas en el tercer escuadrón? - preguntó Yusuke y Bryke asintió.

-Aun y así – Siguió Bryke. - Minutos después de empezar a rodear el lago nos descubrieron... Pude ver con mis propios ojos como Osus y sus hombres machacaban a mis compañeros... intentando salvar a uno, uno de los superiores de Osus me atrapó por la pierna y me la arrancó de un estirón, cuando se marchó creyendo que estaba muerto le salté encima como pude y lo estrangulé. - Empezó a frotarse el muñón que le quedaba de rodilla abajo.

-¿Cómo volviste? - Preguntó Kurama, intrigado.

-Supe que Tondro y un par volvieron a caballo... Tarde, cuando volví casi dos semanas después... Pude sobrevivir a base de algunas plantas, algunas de las cuales me ayudaron a curarme la herida, si no, no estaría aquí hablando con vosotros. Tuve mucha suerte. Y mucha fuerza...

-¿Qué quieres decir? - Preguntó Kurama.

-Solo era capaz de pensar en una persona... - Tragó saliva. - Iariber... - Suspiró algo apenado y sonrojado levemente. - Sabía que ella quería salir a pelear, pero su hermano estaba totalmente en contra, no podía ir allí con "la vergüenza del clan", sentía que debía matarlos por ella, sin embargo, cuando le conté mi logro, ella se puso como una fiera.

Los dos compañeros se miraron algo sorprendidos por la temeridad del hijo mayor y por el incidente tan desafortunado que tuvo Bryke, quien dijo que su turno empezaba en 15 minutos y tuvieron que acompañar. Kurama se sumergió en sus pensamientos, aquella conversación le había hecho formularse más preguntas que las que le había salir la niebla seguía ahí, dejaron a Bryke cerca del puesto de vigilancia y se fueron en la dirección donde se habían ido Kuwabara y Iariber.

Hiei ya hacía rato que no sabía donde meterse, no pensaba ir a oír como ese estúpido narraba la aventura de su vida y mucho menos iba a ir a ayudar a nadie de ese poblado, y mucho menos después de ver lo que le hacían esos niños a la medio-demonio, a sí que llevaba toda la mañana recostado en un árbol, "vigilando" el trabajo de Kuwabara e Iariber sin ser descubierto. De momento le convenía permanecer así, además quería ver como se comportaba el resto de la ciudad con ella. Se sorprendió a sí mismo sintiendo compasión por alguien, al igual que sintiendo interés por ella, cosa que le hizo sacudir la cabeza - "Deja de confundirte, Hiei"- Pensaba - "solo estás detrás de otra injusticia más, como la de tu vida." - Y era cierto, más o menos podía entender como se sentía la medio-demonio al ser rechazada por todos los demás. Algo le despertó de sus pensamientos.

Un montón de tambores resonaron fuertemente por toda la ciudad, la gente empezó a gritar asustada y a meterse dentro de sus casas. ¿Qué demonios pasaba? ¿Se acercaba el enemigo? Bajó de un salto del árbol y se colocó al lado de Iariber quién sudaba preocupación por todos lados, Kuwabara estaba más nervioso todavía no sabía si mantenerse firme o esconderse debajo de una mesa.

-Algo se acerca. - Dijo la chica, mirando fijamente a un punto de la niebla. Se giró hacia los dos chicos, los cuales asintieron y echaron a correr hasta la puerta.

Al ir en esa dirección se toparon de frente con Kurama y Yusuke, quienes a la señal de Iariber echaron a correr detrás de sus amigos. Llegaron hasta la muralla, donde habían dejado anteriormente a Bryke, Iariber palpó la pared y un pequeño fragmento, del tamaño de su mano, se hundió y un trozo de muralla se echó a un lado, dentro había una escalera que llevaba hasta el puesto de vigilancia. Arriba podían ver la copa de los arboles y una extensa y densa capa blanca que llegaba hasta el horizonte.

Los tambores no dejaban de resonar, Bryke, al verlos, en silencio señaló en dirección al camino por donde, el día anterior, habían pasado. Los árboles se movían, algo enorme estaba pasando por debajo de los árboles, se zarandeaban muy bruscamente, acercándose cada vez más.

-Ahí viene. - Dijo Iariber. Bryke cogió su bastón y apuntó con la punta el final del camino, por donde vendría lo que fuese que sería aquello. De la punta del bastón empezó a brotar energía de color verde. - Dispara si la situación lo requiere. - el muchacho asintió en silencio.

Kurama puso su mano derecha en su cabello, Kuwabara; unió sus antebrazos y apunto con las palmas al suelo, Yusuke se sujetó la muñeca con la mano izquierda, mientras que el dedo indice de la mano derecha apuntaba al suelo, Hiei acariciaba el mango de la espada. Cuando él árbol más cercano cayó al suelo, pudieron verlo. Se trataba de un monstruo horrible, una quimera entre un lagarto y un escorpión, tenia unos ojos reptilianos amarillos y punzantes, escamas verdes y sucias, además de unas pinzas delanteras abiertas y dispuestas a degollar, y una cola amenazante con la punta llena de veneno, el cual caía amarillo en el suelo, deshaciendo el terreno. No obstante, algo más inusual les perturbó, este enorme ser no era más que la montura de un demonio.

Era un hombre de piel azulada y cabello largo y blanco, parecía alto, pero no a medidas desmesuradas como Riotuhs o el ogro, tenía un cuerpo muy trabajado, algunas cicatrices le asomaban por la cara, la cual era cuadrada, con una mandíbula que dejaba entrever los caninos inferiores. Portaba una armadura de cuerpo entero, de color plata vieja y morada, toda desgastada y llena de arañazos. El demonio levantó la vista y sus ojos amarillos, como los de su montura, se cruzaron con los de Iariber y torció lo que parecía una sonrisa.

-Tú debes de ser la escoria esa. - Su voz era como un trueno grave. Se relamió la boca con cada palabra. Iariber solo le miró fríamente y sus ojos relucieron como la sangre recién derramada.

-¿Quién es? - susurró Yusuke.

-No lo sé, no le hemos visto por aquí nunca. - Susurró Bryke como contestación. El demonio azulado se percató de la presencia de los detectives y no pudo evitar echarse a reír como un descosido.

-A si que era cierto. - Escupió. - Habéis pedido ayuda a los humanos, ese viejo estúpido de Riotuhs cada vez está más senil.

-¿Quién eres? - Preguntó la medio-demonio. Aunque hablaba en tono normal, el jinete le escuchó.

-Mi nombre es Erugor. - Rugió. - Jinete del Escorpión y leal fiel de Osus, el verdadero heredero de la corona de Los Bosques Malditos.

-Maldito...! - Gritó Bryke, y cuando le estaba apunto de disparar con su bastón, Iariber alzó la mano en señal de que se detuviera.

-¿Qué demonios quieres? - Le preguntó esta. - Si lo que quieres es pelear, te advierto que no dejaré que entres en la ciudad, pero saldré a calcinarte, si lo deseas. - Una risa macabra brotó de la garganta del Jinete del Escorpión, algo irónica e incrédula.

-No he venido a perder el tiempo luchando con alguien de tu calaña, mestiza, y afortunadamente para vosotros no he venido para luchar – Todos miraron con sorpresa. - Vengo de parte del Gran Osus a pactar un acuerdo...

-¿Qué? - Exclamó Iariber. Debía de ser una broma, ¿O no lo ha escuchado bien?

-Un acuerdo. Es muy simple... - Empezó a acariciar a su montura. - La libertad de nuestros prisioneros y la paz de tu pueblo a cambio de... - A saber qué barbaridad iba a pedir... si era oro, no tenían ni la más diminuta pepita. - … Oromath.

-¿Qué? - Exclamó perpleja Iariber y como un gran rugido brotó de su garganta - ¡Jamás! - Sus manos agarraron las maderas que formaban una especie de barandilla y las estrujó como si fuesen mantequilla.

-¿Quién es Oromath? - Preguntó Kurama. Hiei abrió los ojos como platos, qué caprichoso es el destino.

-Oromath es la gema naranja situada en Thuthler, el Hacha del Okami de Fuego. - Susurró el tullido, con los ojos desconcertados. Si le entregaban aquella tan preciada piedra, sería el fin.

-Volveré en dos días. - Rugió el jinete. - Esperaremos vuestra respuesta hasta entonces. - Agitó las riendas y el gran monstruo giró y se fue por donde había venido, volviendo a agitar los árboles hasta que desapareció.

Mientras veía como el subordinado de su tío se alejaba, Iariber empezó a flojear, se apoyó en la pared de madera situada detrás suya y empezó a respirar muy agitada. Le solía pasar cuando la adrenalina corría por su sangre, algo de sus poderes que todavía no dominaba demasiado bien. Todos la observaban sin saber muy bien que hacer o que decir, sin duda no tenían ni idea de a que se refería aquel ser azul. Tenía que ir a comunicárselo a su padre inmediatamente, aquello empeoraba mucho las cosas, debían trazar un plan y debían hacerlo ya.

Se separó de la pared y antes de que se diese cuenta, tenía a Bryke abrazándola. Él, con intención de calmarla, cogió la cabeza de la chica y la hundió en su pecho, con su otra mano rodeó su cintura y la acercó hacia él. Los demás miraban con gesto de preocupación, ¿Tal vez esa gema era la fuente de poder de algo? ¿La llave de la ciudad? ¿Un tesoro inimaginable?