Hola! Después de un mes de descanso vuelvo a publicar y la verdad algo saturada, creo que me ha quedado un capitulo algo raro y no se si por que estoy hasta arriba de tarea de la universidad o si me está fallando la imaginación últimamente, pero bueno, espero que seais buenos y me dejéis reviews con cosas que pueda mejorar y que disfruteis lo maximo posible del capitulo.
Como siempre Yu Yu Hakusho es creación de Yoshihiro Togashi.
Capitulo 7:
En frente de sus narices estaba el estúpido ese abrazando a la mestiza. Algo se le encogió en la boca del estómago cuando él se acercó más a ella y la sumergió entre sus brazos. Al girarse, absolutamente negado a observar esa escena que, sin saber porqué exactamente, le comía por dentro, vio como Kurama le observaba. Sus ojos se cruzaron y el zorro esbozó una ligera sonrisa de pena, cosa que hizo que Hiei frunciera todavía más el ceño y se centrase a admirar las vistas que proporcionaba aquel balcón, intentando escapar de allí con la mente.
- Aparta.
Estas palabras hicieron que Hiei se diese la vuelta. Iariber había deshecho el abrazo de Bryke, interponiendo sus brazos entre los dos. Antes de que este pudiese pararla, salió corriendo por las escaleras por donde habían venido. Bryke suspiró, Kurama miraba impasible la escena, mientras que Hiei pudo escuchar como Yusuke y Kuwabara respiraban agitados intentando aguantar la risa. El demonio de fuego echó a andar por donde se había ido la medio-demonio, mientras se le dibujó una media sonrisa en el rostro, victoriosa y satisfactoria. Los demás le siguieron, seguramente Iariber se había dirigido a contar las nuevas a su padre y así era.
Había corrido todo lo que había podido hasta llegar a la cueva, tan rápida y tan cegada que no se había percatado de su recorrido hasta que llegó.
Misteriosamente la niebla había ido disipándose poco a poco, el gran Okami había oído el sonido de los tambores desde su sala de meditación, forzándolo a incrementar su energía para hacer más gruesa la capa de la barrera. Cuando estos cesaron no sabía si permanecer como hasta ahora o salir a la batalla, hasta que alguien interrumpió su meditación.
- Padre, tenemos que hablar. - Entró corriendo Iariber casi sin aliento
- ¿A caso no dije que no se me debía molestar hoy? - Rugió el Okami
- ¡Pero es importante, ha venido un sirviente de tu hermano! - Dijo a punto de echarse a llorar. - Estaba en la entrada montado en una bestia enorme, no quería pelear, dijo que quería hacer un trato.
-¿Cómo? - Se puso de pié.
-Padre, quieren la Oromath.
El Jefe se puso pálido como un cirio, no podía creer lo que acababa de oír, tenía que hacer algo, necesitaba consejo, algo. El padre de Bryke murió en una de las tantas luchas, de manera que no tenía alférez, ni nadie en quien confiar, exceptuando de los chicos que acababan de llegar, tal vez los detectives podrían hacer algo. Indicó a Iariber que llevase a sus amigos a la sala de estrategias, la cual esa misma mañana les había prestado. No le gustaba usar esa sala, pero era una urgencia.
Pasados unos minutos, todos estaban allí, en la silla más grande se sentó él y al rededor de la gran mesa los demás, con Iariber a la derecha, seguida de Kurama y Kuwabara, a la izquierda estaban Bryke, Yusuke y Hiei.
- Necesito saber exactamente qué es lo que ha pasado, con pelos y señales.
- Un tipo azul montado en un lagarto-escorpión gigante vino hacia nosotros. - Empezó Kuwabara. - Quería meterle una paliza, pero no me dejaron.
- Es una situación seria, Kuwabara. - Dijo Yusuke.
- Erugor, el Jinete del Escorpión... - Masculló el Gran Okami.
- ¿Le conoces, padre? - Preguntó Iariber.
- Sí, es uno de los generales que estaban a cargo de Osus cuando yo todavía no había sido coronado, no es un tipo de fiar, pero sus antepasados siempre habían sido fieles al pueblo y muy buenos señores de guerra. - Explicó Riotuhs. - Esa montura que lleva es realmente terrorífica, él mismo la atrapó con sus propias manos y la sometió a un sin fin de torturas para que se volviese sumisa a él. Es un saco enorme de odio y sufrimiento.
- Dijo... – Continuó Kurama – Que debíamos entregarle a Oromath a cambio de los rehenes de Osus y de la paz. - Se aclaró la garganta, cruzó las piernas, juntó las manos y apolló su mentón en ellas. - ¿Qué clase de gema es Oromath? ¿Y qué clase de arma es Thuthler?
El gran Okami sudaba y sudaba a mares, se trataba de un secreto familiar que muy poca gente sabía. Estaba claro que se encontraban en una situación de emergencia, pero el miedo de Riotuhs a la traición todavía le impedía confiar mucho más en los muchachos. Unos ojos rojos seguían cada una de las palabras del debate, la situación empezaba a ponerse muy divertida para Hiei, quién esbozó una sonrisa malvada y alzó una ceja. Veía absurdo tanto secretismo por parte del Jefe, a sí que decidió tomar una gran iniciativa.
- Que pena que no la robé a tiempo... - Saboreaba Hiei, cada palabra que salía de su boca. Puso los pies encima de la mesa, dejando caer algo del barro de sus botas negras encima del enorme mapa. - ¿Sabéis? Os creía mucho más despiertos, compañeros, pensé que alguien pensaría en mi... - Su tono era irónico y burlón, como el de alguien que da una pista definitiva.
- ¿Qué quieres decir? - Comentó curioso Kurama.
- Oromath. - Nombró Hiei. - La gema naranja del Lobo de Fuego...
- Por favor, Hiei. - El Lobo de Fuego se puso pálido de nuevo. - No sigas, es nuestro secreto.
- Ju... - Rió, tenía claro que no iba a callar. - Oromath es una gema que sirve de amplificador para su fuerza. Está colocada en su hacha Thuthler, si os fijasteis en la sala del trono, es la enorme arma que hay detrás de su sillón.
- No entiendo... - Irariber estaba con la boca abierta, no sabía de que iba todo eso. - Pero... Padre, tu me dijiste que esa gema servía para proteger la ciudad, que se trataba de un amuleto... - Le cortó la risa de Hiei.
- ¿Un amuleto? No me lo puedo creer... - Se puso serio de repente. - Le mentiste a ella, por salvar tu reputación, al igual que no querías que contase nada por lo mismo. Ciertamente, después de tantas muertes, no se quien me da más asco, si tú o tu hermano.
- ¡¿Cómo te atreves, enano enclenque, a hablarme de ese modo?! - Su voz gutural resonó por toda la habitación, el ambiente se había cargado y mucho. De los puños del Okami salía vapor. - ¡Sal de esta maldita sala, te tenía por un amigo y no eres más que un crío tratando de ser gracioso! ¡Fuera de mi vista si no quieres que te mate!
Las miradas de sus compañeros hicieron presión para que se marchara, no querían estar a malas con el Okami. Era consciente de que podía matarlo allí mismo si le apetecía, pero él no tenía miedo, sabía que había dicho la verdad, una verdad la cual sin su comentario, Riotuhs nunca hubiese dicho. A sí que se levantó de la silla con su natural indiferencia y salió de la instancia cerrando la puerta tras él.
Dentro quedó un sudado Kuwabara, tratando de no respirar, por si el Okami se enfadaba y un Kurama y un Yusuke enfadados e indignados. Bryke, que estaba en mitad de todo aquello, solo podía mirar con pena a Iariber, quién se había quedado petrificada después de saber que su padre la había engañado durante todos esos años.
Si Oromath le otorgaba a su padre una amplificación de sus poderes ¿Eso no quería decir que en realidad su poder era una farsa?¿Eso era el poderoso Gran Okami, el Lobo de Fuego, un demonio débil que necesitaba la ayuda de una gema aumentar su poder?¿Por eso por mucho que entrenaba nunca podía avanzar, por que ya había llegado al límite de sus poderes?¿Había estado su padre jugando con el pueblo, engañándolos con una paz que no podía lograr con su propia fuerza?
- Iariber yo... - Empezó Riotuhs, intentando aparentar más calmado.
- Te tenía por un padre – Empezó a mascullar fríamente. - Y no eres más que un mentiroso tratando de salvar tu orgullo. - Se levantó de la silla sin dirigir una mirada a nadie y se disponía a salir por la puerta cuando de repente Bryke agarró su brazo, intentando que se quedara. Pero solo obtuvo otro – Aparta. - Iariber salió y cerro la puerta con algo de rabia contenida.
El detective espiritual empezaba a estar inquieto, inquieto y muy cabreado, su pierna derecha se movía nerviosamente y sus brazos se cruzaron con mucha fuerza mientras fruncía el ceño, había algo que le comía por dentro, algo que quería decirle al Okami y que si no lo hacía, iba a explotar, pero si lo hacía corría en peligro su vida... ¡Qué demonios!
- ¡Eh! - Gritó Yusuke, mientras se puso de pié y dio una palmada a la mesa. Los presentes se asustaron. - ¡Usted! - Señaló al Okami. - ¡Es un pésimo jefe y está hartándome ya! ¡Nosotros venimos aquí a ayudarle y usted lo único que hace es ocultarnos información! - Nadie se atrevió a abrir la boca. - ¿Sabe? Iariber se está esforzando por sacar este pueblo adelante, todo y que quien ella considera su familia la ha dejado de lado, todo y que usted le ha mentido, ella solo es capaz de pensar en el bien del pueblo. ¿Pero usted? ¿Que ha hecho a parte de quedarse aquí sentado sin hacer nada? Tenéis el valor de una piedra. - Volvió a sentarse, se había quedado más ancho que alto. Suspiró.
- Señor. - Empezó esta vez Kurama. - Espero que Yusuke no haya sido demasiado brusco, pero...
- Silencio. - dijo calmado el Gran Okami, pero tajante. Kurama, sin embargo, algo tenso, carraspeó al ser cortado. - Será mejor que dejemos esto por hoy. - Se levantó del trono y se dirigió hacia la salida, cabizbajo. El aura de tensión se disipó cuando salió por la puerta.
- Lo siento, chicos. - Dijo Yusuke, rascandose la cabeza. - No he podido contenerme más.
- Y no te culpo. - Le respondió Kurama.
- No entiendo algo. - Empezó Kuwabara, quien hablaba por primera vez en toda su estancia ahí, esa tarde. - ¿Y ese arrebato de Hiei? No se a que ha venido todo eso, estoy hecho un lio.
- A ver, Hiei ya dijo que él había visitado el Bosque Maldito por que vino a transportar algo, al parecer, él fue quien trajo la gema hasta aquí. Se suponía que era secreto, pero al ver que Riotuhs no decía nada al respecto, habrá tomado la iniciativa de ayudarnos en ese aspecto. - Explicó Kurama. - Lo que me ha impactado ha sido la utilidad de la gema...
- Nadie sabía nada. - Comentó de repente Bryke. - Solo la típica historia del amuleto que protege al pueblo.
- Cierto, ¿De qué trata exactamente eso? - Preguntó Kurama, apartando su pelo hacía un lado y reclinándose hacia delante.
- Según cuenta la leyenda, hace miles de años se construyó una gema a partir de los nobles corazones ardientes de cincuenta hombres, estos corazones estaban llenos de amor, honor y fuerza. Para esto había que llevar los corazones a los sabios que antiguamente vivían al sur del Bosque Maldito, quienes con magia blanca los unían y fusionaban en uno solo, formando así la gema. Al traerla de vuelta había que colocarla en el centro del lugar que se quería proteger y todos los malos espíritus saldrían de ese lugar.- Narró Bryke, con una triste sonrisa. - Un día mi padre dijo que habían encontrado en una cueva una gema, la cual creían que era Oromath, la de la leyenda, era muy pequeño y a penas recuerdo nada, solo que serviría para proteger al pueblo de Osus. Claro que con el tiempo, empecé a pensar que en realidad Oromath formaba o ayudaba a formar la barrera que tenemos hoy en día, ya que era imposible que espantara a los malos espíritus... después de todo, la gente ha seguido muriendo hasta ahora... Pero, después de oír esto... ya no se que pensar. - Sonrió a los demás pesadamente.
Se encontraban en algo mucho más hondo de lo que en un principio habían pensado. Yusuke estaba mucho más calmado, sin embargo la cabeza le dolía de intentar pensar una explicación para todo aquello, después de debatirlo con Kurama, decidieron hablar con Hiei, no obstante sabían que no iban a encontrarle a no ser que él lo quisiera y, al marcharse de esa manera, duraron que fuese así, tal que decidieron dejarlo para el día siguiente, ya era tarde. Kuwabara no podía dejar de rondarle a otros aspectos que habían llamado la atención, más aun que toda aquella historia de la gema, Bryke. No sabía que pasaba con ese muchacho que le daba tanta curiosidad y a la vez respeto, que no podía reprimirse a preguntarle algo que, a ojos de Kuwabara, era obvio, pero que sin embargo quería oir.
Al salir de la sala de estrategias, se dirigieron hacía el comedor para comer algo de fruta, Yusuke y Kurama se quedaron delante, intentando tranquilizarse mutuamente, y Kuwabara se quedó algo regazado con Bryke.
- ¿Puedo preguntarte algo un poco incomodo? - Dijo Kuwabara, juguetón, pasandole el brazo por los hombros, de manera confidente.
- Bueno, supongo. - Respondió el demonio de la coleta, algo incomodo.
- A ti... a ti te gusta Iariber, ¿Verdad? - Preguntó mientras se aguantaba la risa. Al oír eso, Yusuke y Kurama se giraron abriendo los ojos como platos.
- Pues... - Al ver todos esos ojos mirándole no pudo evitar ruborizarse. - Si. - Sentenció.
- ¡Lo sabía! - Exclamó Kuwabara, dándole golpes en la espalda a Bryke.
Ya reinaba la luna en el cielo, pero no se veían nubes, ni rayos, parecía una dimensión paralela dentro del mismo Makai. Después de estar por horas pensando donde ir, al fin Hiei se decidió en visitar el bosque donde la noche anterior habían agredido aquellos niños a Iariber. Estubo un rato tumbado en la rama de un árbol, pero sin saber muy bien por qué se encontraba algo inquieto y decidió echar a andar. Decidió andar en dirección donde se encontraba el lugar en el que Iariber entrenaba y, como si fuese un dejavú, alli estaba.
Veía como golpeaba furiosamente aquel poste de madera clavado en el suelo, el cual era lo suficientemente gordo como para no caer, aunque ya tenía parte de la superficie comida por los golpes que le propinaba la chica y, a veces, si el golpe era lo suficientemente fuerte, incluso lo movia.
Se fijó en su espalda, delgada y femenina al igual que algo ruda, sus brazos eran fuertes, pero delgados y sus manos, cuchillos, afilados y precisos, como agujas al rojo vivo. Tragó saliva, tal vez estaba esperando a que volviesen esos niños odiosos, se preguntó a si mismo si esta vez intervendría y no supo la respuesta. Últimamente se encontraba contrariado y esto le molestaba, quería ayudarle pero al mismo tiempo se recreaba esperando a ver como resolvía ella los problemas. Sin advertirlo, le vino a la cabeza su duelo pendiente con Iariber, un duelo pactado a muerte ¿Qué pensaría ella de ello ahora, despues de haber sido él, quien tenía la llave para abrir la puerta de la verdad de ese embrollo? El simple hecho de pensar en luchar con ella hacía que su piel se erizase, imaginaba sus golpes, sus movimientos, sus ardientes manos esquivando su espada. El tatuaje de su dragón negro le empezó a quemar, hambriento. Pero de momento solo podía hipnotizarse por aquella danza de golpes que Iariber estaba llevando a cabo, hasta que se dió la vuelta, sudando, exhausta y suspiró.
- No te quedes ahí, por favor, siento que te estás burlando de mi. - ¿Había bajado la guardia sin darse cuenta y le había pillado? - Siento... - suspiró, cansada. - Siento lo que te ha dicho mi padre. - Hiei no tuvo otra elección que salir de entre las sombras y mostrarse ante ella.
- Lo que dije era cierto. - Dijo él, antes que nada.
- No, no te preocupes, no voy a cuestionarte. - Le sonrió, pero este permanecía serio, como siempre. - Solo... me siento algo triste. - Alzó la mirada hacia él, mirandole a los ojos. - Estoy contigo en esto.
Los ojos de él se abrieron con sorpresa y relucieron carmesíes a la luz de la luna, mientras que los de ella empezaron a llenarse de fuerza.
