Hola a todos de nuevo! Bueno esta vez no tardé demasiado en actualizar, estaba más inspirada y me apetecía hacer un capitulo algo más centrado en la relación de Hiei y Iariber, a sí que el fruto ha resultado ser este capitulo, espero que ambas personalidades cuadren y choquen como me gustaría que fuese, ya que en otros capítulos hemos visto como no se llevan demasiado bien y esto en ocasiones puede llegar a ser atrayente, aunque eso ya es otro tema... o otro capitulo jeje.
A parte de romance he trabajado también la historia y se hacen declaraciones muy importantes para resolver todo el embrollo que se ha formado en el Bosque Maldito. Sin más...
¡Espero que disfruten del capitulo!
PD: Como siempre, Yu Yu Hakusho es una creación de Yoshihiro Togashi.
"Estoy contigo en esto." Seguramente Iariber nunca había estado tan segura de algo en su vida como de eso en ese momento. Después de todo ¿Qué más podía hacer? Hiei había desmontado toda la historia de su padre sobre Oromath. ¿Qué era verdad? ¿Qué era mentira? No podía saberlo, ya no podía fiarse de la palabra de su padre, por lo visto, prefería su propio honor a que su hija supiese la verdad y no parecía dispuesto a soltar prenda. Debía descubrir todo aquel misterio por su cuenta, antes de que Erugor, el Jinete del Escorpión, volviese a por la gema, lamentablemente solo le quedaba un día, pero no podía rendirse.
- Necesito tu ayuda. - Le dijo a Hiei, casi suplicando. - Necesito vuestra ayuda. - Rectificó. - Tengo que averiguar de donde salió esa Oromath, por favor, necesito que me cuentes todo lo que sepas por que siento que vamos a perderlo todo y no puedo dejar que eso suceda, tengo que salvar este pueblo... - La cara de Iariber reflejaba pena y desesperación, se agarraba la camiseta y la apretaba contra su pecho, mientras sus pies se falcaban firmes en el suelo.
- Hn. - Masculló él. Se acercó hasta donde estaba ella quedando bajo a la luz de la luna - ¿Aun y después de como la tratan? - Pensó.
- Por favor. - Repitió ella, mientras se sentaba a los pies de un árbol y le indicaba con la mano a Hiei que se sentase a su lado. Él aceptó y se sentó apoyando su espalda en el árbol.
- No se qué quieres que te cuente.
- Lo que sabes.
- Simplemente transporté hasta aquí la caja que contenía a la gema, si no funcionaba, la devolvía al sitio de donde la cogí. - Explicó Hiei, impasible, con los ojos cerrados y los brazos cruzados detrás de su cabeza.
- ¿Dónde la cogiste?¿Quién te la dio? - Iariber se agarraba las rodillas mientras se inclinaba hacia delante.
- Nadie, me dijeron las coordenadas a las que debía acudir, cuando llegué al punto exacto, allí estaba la caja.
- Debes de estar bromeando. - Dijo ella, incrédula. - ¿Ni si quiera preguntaste?
- No.
- Increíble.
- ¿A qué viene eso? - Hiei abrió los ojos y frunció el ceño. - Me daban un buen pellizco, solo quería el dinero y largarme de aquí.
- Oh, vaya, que materialista. - Soltó ella, con los brazos posados sobre sus caderas. - No me digas que eres el tipo de hombre que solo se preocupa por el dinero...
- No te incumbe que tipo de hombre sea.
- Esta bien, tipo duro. - Respondió la medio-demonio, con una mirada divertida, apoyando su mentón en su puño derecho. - entonces, volviendo al tema, cogiste la caja y volviste aquí y entonces...
- Entonces la entregué y vi como Riotuhs la usó con su hacha, destrozó una buena parte del terreno, para entonces pensé que era eso, un arma de guerra, entonces escuché como comentaba con otro hombre como habían incrementado sus poderes gracias a Oromath, por lo tanto...
- Es un amplificador de poder. - Terminó ella. Él asintió con la cabeza, había pasado mucho tiempo desde aquello y se acordaba vagamente de algunos detalles a si que solo se limitó a hacer un resumen. - ¿Y ese hombre que dijiste que estaba con mi padre?
- No se quién era. - Volvió a recostarse contra el árbol, sin embargo esta vez le miraba a los ojos a la medio-demonio. Dirigió la vista hacia un lado, intentando recordar. - Era alto y moreno de piel, creo que tenía el pelo largo y blanco... Parecia una persona importante, no lo se. - Hizo una mueca de pesadez, se sentía en un interrogatorio.
- … - Iariber empalideció de repente, él se incorporó de inmediato e hizo ademán de sujetarla, parecía que iba a desplomarse en un momento u otro. - No puede ser...
- ¿Qué ocurre? Vamos, habla. - Ordenó el demonio de fuego. No sabía si asustarse o sentirse molesto.
- El padre de Bryke...
De pronto algo empezó a moverse entre los arbustos que habían detrás de ellos, una sombra se avalanzó sobre los dos muchachos, los cuales todavía en su sorpresa, tuvieron que ponerse en guardia lo más rápido posible, Iariber trató de atacar, pero un destello asomó a la luz de la luna y ya era demasiado tarde.
- Iariber es mi prometida.
Después de haber insistido mucho, Kuwabara logró que Bryke contara que pasaba exactamente entre él y la medio-demonio, mientras estaban en el salón devorando unos cachos de pan con algo de carne. Ante la declaración del demonio, los detectives se hallaban algo más que atónitos, no podían imaginarse una relación entre ambos. La chica con tanto carácter y sin embargo, él tan conformista...
"Mi padre y el Gran Okami.. - Narraba Bryke. - Habían sido íntimos amigos desde que eran bien pequeños. Habían realizado su formación militar y ambos estaban de acuerdo en mantener un régimen sociable con respecto a las demás potencias demoníacas de los alrededores. Siguiendo el ejemplo del antiguo jefe, Gerac, el padre de Riotuhs, estudiaron las vías comerciales, como podían sacar el máximo provecho al terreno, tanto en producción, como en edificación...
Riotuhs era el hijo que cualquier jefe de clan querría tener, era absolutamente apto para el cargo de jefe. Sin embargo, Osus... era otro tema. Obsesionado con el poder, solo hacía que sabotear los planes del consejo, no quería la paz con las demás aldeas, ni con los demás países. Quería matarlos a todos, quería sus tierras, ser el amo de todo. Eso obviamente, a su padre no le hacía ninguna gracia.
Durante la coronación del Gran Okami, este, en mitad del banquete, después de dar su largo discurso sobre cuanto iba a mejorar la ciudad, después de nombrar alferez a mi padre: Ennir, le pidió que unieran sus familias en una sola, todo y el descontento de la reina Qeiwen, ya que nosotros no procedemos de una familia noble.
Pasaron los años, pero Riotuhs solo había engendrado hijos..., hasta que conoció a aquella humana, por ese entonces yo tenía dos años y Osus ya hacía mucho que había iniciado la guerra. Nueve meses después ahí estaba... y entonces mi padre y el jefe decidieron prometernos."
- ¿Pero ambos estáis de acuerdo? - Yusuke estaba sin aire, la sola posibilidad de estar prometido con Keiko, hacía que un escalofrío le recorriera la espalda de principio a fin, al igual que se le encendían las mejillas.
- Ese es el problema. - Contestó Bryke, estaba como un tomate y aun y así parecia algo apenado, por lo que los detectives espirituales pudieron deducir que algo no andaba bien. - Iariber se opone totalmente.
- ¿Ah, si? Me sorprende, no se, parecía bastante animada al verte al llegar. - comentó Kuwabara.
- Si, si nos llevamos bien, es una buena amiga, sin embargo, cada vez que trato de acercarme a ella... Bueno, ya lo habéis visto esta mañana, me ha apartado, y luego en la sala también...
- Yo hubiese hecho igual. - Dijo despreocupado, Yusuke, aunque matizó para que no pareciese un comentario tan impertinente. - No lo digo por ti jajaja, es solo que no estaría cómodo pensando que ya han decidido mi futuro por mí.
Kurama estaba muy atento a la conversación e hizo una mueca al pensar que opinaría Hiei de todo aquello. Al parecer, últimamente estaba bastante atento a la medio-demonio, incluso la ausencia de aquellos dos en este instante se hacía bastante sospechosa. Aunque por otra parte, el hecho de que a su amigo le gustase alguien le parecía tan remoto e imposible que ya no sabía que pensar. Por otra parte, no empezaron la relación con buen pié, incluso ella ya le había dado un guantazo por su impertinencia. Kurama decidió que solo habían dos posibilidades: o acababan juntos, o se mataban. A parte estaba Bryke... ¿Le mataría si se enterase de que es el prometido de Iariber?
Un relámpago de acero surcó el aire por el bosque. Iariber se puso en guardia tapándose el rostro con los brazos, algo chocó con ella y la empujó hacia detrás bastante fuerte, dejándola sentada en el suelo. Para cuando levantó la cabeza, una silueta se veía a contra luz, Hiei, él la había empujado y se había interpuesto entre el agresor y ella.
Había desenvainado su espada y estaba totalmente alerta, no sentía ningún aura extraña, tan solo cuando atacó y eso lo perturbaba mucho. Ella se levantó al ver al chico delante de ella, con una mano sujetaba la espada, pero ¿Qué pasaba con su hombro? Hiei ejercía presión en su hombro izquierdo, un líquido granate bajaba por su brazo, era sangre.
Parecía que ya había pasado el peligro, ambos seguían en guardia cuando el demonio se estremeció un poco y dejó caer su espada en el suelo. Iariber, asustada se acercó a él. No podía creerlo, la había protegido, después de todo, pero ella no estaba nada contenta, ese ataque iba para ella, no debería ser él quien sangrase. Le agarró y le acostó de nuevo en el árbol donde anteriormente habían estado hablando, el chico apretaba los dientes con fuerza, tenía algo clavado.
Al apartar la mano, Iariber pudo ver un pequeño puñal insertado en el hombro del muchacho, debía de hacer algo, ¿Pero el qué? Estaba claro que no lo podía mover bruscamente, era una herida grave. No obstante, lo subió sobre su espalda y lo llevó hasta un riachuelo que estaba cerca, necesitaría agua si quería salvarle.
- ¿Por qué lo hiciste? - Exclamó Iariber, dando una palmada en el suelo.
- Cállate, imbécil, y sácame esta mierda. - Gruñó Hiei, casi susurrando.
- ¿Po- Podrías quitarte eso? - Dijo tartamudeando, refiriendo a la capa negra del chico. Sintió que se le encendían algo las mejillas, esperaba que la pregunta no fuese demasiado impertinente.
- Hn. - A penas dijo nada y se quitó la capa, dejando visible una camiseta azul de manga corta, algo raída y el brazo vendado donde se encontraba el Dragón Negro.
El cuchillo había desgarrado gran parte de la manga izquierda de la capa, por su brazo corrían hilos de sangre y no era de extrañar, gran parte de la hoja estaba dentro del brazo del demonio. Incluso Iariber se sorprendió de como Hiei mantenía la calma ante el dolor, pero aun y así le dio un trozo de rama que había en el suelo y le ordenó que mordiese. Tenía que sacar aquello, si seguía ahí podría coger una infección o acabar desangrando al muchacho.
Cogió un trozo de su camiseta y la rompió, usando ese trozo para hacer un torniquete en el hombro de Hiei, para hacer que la sangre dejase de ser abundante en esa zona, una vez atado empezó a ejercer presión en la piel del muchacho, mientras con la otra mano iba sacando el arma poco a vez sacado el cuchillo, la medio-demonio cogió agua con sus manos y empezó a limpiar la herida.
Él, por su parte, dejó que la mestiza llevase a cabo su cometido sin protestar, al cabo de un rato ya no hacía falta que mordiese ningún palo, el agua le calmó. Iariber le empezó a enrollar su trozo de camiseta en la herida y lo remató con un pequeño lazo.
- Supongo que así aguantará hasta que lleguemos al castillo. - Hiei solamente asintió. - Gracias. - Atinó a decir.
- Ju. - Rió él, de forma ladeada. - Te recuerdo que soy yo, quien tiene que matarte.
- Estaría bien que sobreviviésemos los dos hasta entonces. - dijo la medio-demonio, seria. - Ese golpe iba para mi, no tenías por qué protegerme, yo...
- Cállate. - El demonio de fuego apartó la mirada. - Estabas embobada con a saber qué y yo fui más rápido, eso es todo.
- … - Iariber lo observó y sonrió de manera cálida, él seguía sin mirarle. Esta bajó la mirada a sus manos. - Por cierto, lamento el golpe que te dí ayer cuando llegamos. - Ese comentario hizo que Hiei alzase la vista, y curioso, levantase una ceja. - En serio, no me mires así. - hizo una pausa y rodó los ojos. - Bueno, está bien, tu comentario me sacó de quicio... ¡Qué narices! Llevabas todo el tiempo sacándole punta a todo lo que decía, encima luego te metes con el pobre Bryke, me estabas buscando las cosquillas.
- Solo digo lo que es.
- No. - Remetió ella. - Tu solo dices lo que crees que es.
- Ese idiota es un inútil. No entiendo por qué le sigues defendiendo. ¿Qué tiene de honorable volver a casa con el rabo entre las piernas? ¡Yo me hubiese quedado y luchado hasta el final!
- Lo mismo que tu opinión sobre los medio-demonio, no me juzgues sin antes conocerme. Que pienses así solo significa que todos los demonios sois iguales, iguales de intolerantes y rastreros. - La mestiza se había puesto de mal humor al recordar como le había desprestigiado desde que se conocieron y frunció el ceño mientras le miraba fijamente a los ojos.
- Si fuese lo que dices, ya te hubiese matado. - Le retó él.
- Inténtalo. - Le siguió el juego.
- No digas estupideces. - de repente Hiei se acostó sobre la hierba. - ¿No ves que estoy herido?
- ¡Un demonio de verdad hubiese luchado hasta el final! - Dijo Iariber intentando imitar la voz y los gestos de Hiei, con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Cuando terminó se echó a reír a carcajadas.
El demonio de fuego se levantó molesto dispuesto a darle una buena paliza, pero al ver a Iaiber llorando de la risa se le pasó el cabreo. Costaba de imaginar que fuese ella la misma que la tarde anterior estaba gritando de dolor por culpa de unos crios, la misma que le había mirado amenazante muchas veces, la misma que había tumbado a Yusuke de aquella manera en el Templo de Genkai... Parecía tan cercana, tan diferente, tan... El muchacho cerro los ojos y respiró hondo, apareció una pequeña sonrisa acompañada de un movimiento de negación de su cabeza. Cuando volvió a abrir los ojos, ella le seguía sonriendo, haciendo que él apartando la vista de nuevo.
- Hasta que no te vea luchar de verdad, no te juzgaré. - Dijo, volviendo a tumbarse. - Aunque estoy totalmente convencido de lo débiles que sois los medio-demonio, prometo tratarte como una igual. - La chica abrió los ojos como platos, era la primera vez que alguien le decía algo así. - Veremos si eres capaz de sorprenderme.
Iariber no dijo nada, solamente se acostó a su lado y sonrió a la luna que les miraba enorme y blanca. No había empezado de buen pié con el demonio y, sin tener en cuenta que había sido quien había arrojado algo de verdad en su vida, empezó a tenerle algo de aprecio.
