Bienvenidos a mi escritura.
Como dije aquí tienen el capitulo que me tomo mes y tanto re-escribir por las ideas que tenia en la cabeza. Espero sea de su agrado.
Rurouni Kenshin no me pertenece, sola la historia es mía.
Atte: Zafiro.
Disfruten de la lectura.
~Anteriormente~
—Me lo merezco… —finalmente lo había dicho—. Yo merezco la muerte…
Era la verdad, todo lo que había dicho esa jovencita era verdad, fue un idiota al meterse en la Yakuza y ahora lo pagaría con su vida, era lo justo, no era la primera vez que ataco a una jovencita o le quitaba la vida a alguna persona, ya había violado a varias niñas y las asesino a todas junto con otras personas a lo largo de su liderazgo en el pequeño grupo que le asigno la Yakuza, los rostros de varias víctimas lo perseguían a dormir, la vio directamente a los ojos que eran levemente menos dorados que antes, estaba arrepentido, con todas las letras de la palabra, cerró los ojos dando entender que había por fin aceptado su destino elegido por sus crímenes, Inmediatamente a chica vio finalmente el arrepentimiento en sus ojos antes de que los cerrara, levanto su espada…
Shinta se mordió los dedos, se estaba comiendo las uñas esperando que su hermana no le partiera la cara por la mitad pero al escuchar al hombre se le desencajo el rostro, le estaba estampando en la cara que le matará, se atraganto al ver como la comisura de los labios de su hermana se levantaba en un media sonrisa.
—Gracias… —Escucho el pequeño sollozo del hombre, sonrió comprensiblemente mientras la Katana descendía.
—¡Espera! ¡No le mates!
~Actualidad~
III: Luchas sin sentido, recuerdos del pasado.
El sonido de un silbato sonó…Los gritos de personas asustadas lleno el pequeño callejón… Shinta trago un duro nudo en su garganta.
—Es él…
—Lo sabía…
—Los Kamiya nos han mentido…
—No solo ellos….
Unos murmullos lo sacaron de su sorpresa y lo izo voltearse.
—El señor Himura Kenji, Sagara Sanosuke, Myojin Yahiko, La doctora Tanaka Megumi, El fallecido Doctor Genzai y todos los que fueron amigos del hombre.
—Todos ellos nos ocultaron que estaba vivo…
—Es un desgraciado ese Hitokiri Battousai…
—La pobre señorita Kamiya Kaoru sufrió durante años por su ausencia…
Entendido. Eso último sí que había llamado su atención, esos hombres además de saber del tal Hitokiri Battousai, sabían de La chica Kamiya que vivió en su dojo.
Al otro lado del callejón se encontraba una tropa de policías sibiles, junto a la chica que había visto salir antes con la ropa hecha jirones, mientras veía a la chica sintió como un policía lo sostuvo del hombro
—No te acerques… —el policía a diferencia de otros era bastante joven—. Mi padre sabe lo que hace…
El hombre tenía una complexión bastante delgada, sus ojos eran marrones, su tez era blanca, tenía el cabello negro y corto; un uniforme un tanto extraño para su criterio era de color gris y un sombrero le cubría la cabeza.
—P-pero…e...
—Si, lo sé. —frunció el seño—. El Battousai está entre nosotros…
Las ganas de reír no hicieron falta en Shinta. ¿Era realmente verdad lo que acababa de oír? ¿La bestia que estaba frente a su hermana era un asesino, o mejor dicho, era el asesino "Hitokiri Battousai"? Pero si el hombre era todo lo contrario en cuanto a la descripción que él imaginaba del "Hitokiri Battousai". Lo único que sabía y estaba claro, era que era un gran cobarde aquel hombre.
Un ruido metálico en contacto con la tierra resonó en el callejón, sintió como el mundo le daba vueltas y tras caer en pie, vio con profunda ira y rareza al hombre que, sin que lo hubiera notado, le había partido la Katana. ¿Quién era aquel hombre? ¿Era acaso compañero del que casi mataba? ¡Momento, momento! Ese hombre, ¿¡Qué le labia dicho!?
Sin tener tiempo de pensar sintió el movimiento del anciano, esto la sorprendió, valla que era un anciano y para nada parecía que los años le afectara, tal vez en la imagen pero no en los movimientos y rapidez. La chica esquivaba los ataques con eficacia y al parecer no ten intenciones de perder, con un movimiento mando al suelo al hombre lo que aprovecho para correr hacia los cuerpos de los bandidos. Se giro y lo vio desafiante
—Tanto tiempo sin ver ese rostro… —mira como su oponente recoge otra espada sin quitarle los ojos de encima—. Reconocería esa mirada hasta en el mismo infierno, —se pone en posición de batalla—. Cuanto tiempo sin vernos las caras, Battousai.
—¿Battousai…? —dijo apenas en un susurro, pero antes de poder hacer su pregunta esquivo los ataques que le daba el Lobo.
Shinta estaba sin creérselo, su hermana era nombrada Battousai, su hermana, ¡Su hermana! Esto estaba cada vez más extraño y todo apuntaba en la dirección de las mismas dos personas. Se recupero de su sorpresa e intento correr, una mano, que al parecer no se había quitado de su hombro, lo detuvo de ir hacia la batalla campal que aqueos dos tenían.
—¡Esto es un malentendido! —grito—. ¡No es Battousai!
—¿De que hablas mocoso? —el hombre a su lado le vio—. Nadie tiene lo que ese hombre posee…
—¡Tú lo acabas de decir! ¡Battousai es un HOMBRE! —le grito, vio la pelea que se desarrolla frente a todos—. ¡Ella es una chica, es mi hermana! ¡HERMANA NO HERMANO!
—¿Que? —todos vieron incrédulos al azabache—. ¡¿Que estás diciendo?!
—¡Tiene razón Makoto! —la chica se puso a un lado de Shinta preocupada—. ¡Ella me salvo de ser violada!
Los golpes eran los mismos, las patadas, las estocadas, el contra-ataque, la defensa, la velocidad y sobre todo, la técnica. Era el Hitokiri Battousai, pero se le veía más joven, incluso más bajo y aunque sonara un poco malo, se le veía más cara delicada y de mujer que antes, pensó si era verdad que la escuela Hiten Mitsurugi Ryū tenía realmente la clave para la juventud eterna y que era verdad lo que le avían contado sobre los problemas que tuvo Kaoru en convencer a medio mundo que era un hombre y no una mujer su pobre marido, parecía que con los años se ponía en mejor estado ese Himura, aunque lo veía más delicado. Cuando se alejo, evitando un corte en su abdomen, se dedico a fijar muy bien su vista en su oponente y estudiarlo, puede que fuera un anciano senil, pero, seguía estando en forma y tenia los conocimientos aun al 100%. El cabello brillante de color escarlata amarrado en una coleta ahora alta, ojos dorados fríos y calculadores, raro verle los kosodes bien puestos y la estatura un poco baja como lo recordaba.
—Después de tantos años al fin das la cara. —al ver la mirada confundida de su oponente se enojo—. ¡¿Después de años al fin me responderás como se debe?!
—¡Que yo sepa un hombre no puede quedar embarazado!… ¿o sí? ¡Juro que no soy el padre y/o madre!
Sin creerlo lo que veían rieron a más no poder, eso no solo los tomo por sorpresa a todos sino que también era gracioso.
—¡Eso no se dice y mucho menos se grita! —grito Shinta aguantando la risa.
—¡Mamá te va a desollar vivo! —grito Makoto con sonoras carcajadas, si tan solo su padre se hubiese dado cuenta que con tantos ataques terminaron unos cuantos metros de ellos.
—No, Jajaja, puedo, Jajaja, ¡contenerme! —la chica a su lado, la única mujer además de Kaoru, estaba agarrándose la barriga, pues desde el punto de vista de ellos vieron como se le desencajaba la mandíbula a Saito.
Saito miro con enojo a todos sus discípulos e hijos. Con cada año que pasaba los jóvenes tenían menos respeto por sus mayores.
—¿Esto te parece un juego? —riño furioso, Kaoru trato de habar de nuevo pero—. ¡Incluso que has regresado sigues siendo el mismo mocoso estúpido de hace décadas! ¿Porque después de casi 40 años tienes nuevamente intenciones sanguinarias? ¿Es que acaso no te das cuenta que ya causaste suficiente daño?
—No sé de que me está hablando. —vos tranquila, una voz que le provoco ira, rabia, era un cobarde, un maldito cobarde.
—¡No me mientas Battousai! —lazándose contra ella sus espadas chocaron ferozmente—. ¡Sabes de que hablo! ¡Todos sabemos el cobarde que eres! ¡Todos sabemos que abandonaste a la chica Kamiya!
—¡No sé de que me habla, no soy culpable de nada y ni siquiera le conozco!
La ira es increíble y puede ser el arma más mortal, el anciano esta cegado por una ira que definitivamente era asía el Hitokiri Battousai, eran ese tipo de pensamientos los que tenía Kaoru en esos momentos. Cuando chocaron espadas de nuevo, vio esos ojos, dorados y fríos. El tinte decidido lo despertó de su rabia, sintió dolerle la cabeza. La mirada de la joven cambio ante sus ojos a un violeta brillante de ira, esa mirada, esa simple mirada logro apartarlo.
Con el dolor más presente en su cabeza permitió que un pequeño recuerdo del pasado regresara rápidamente a su cabeza.
La lluvia lúgubre caía incesantemente sobre nuestras cabezas, aun que pasaran décadas jamás podría olvidar aquel suceso de mi mente el destino estaba marcado desde el momento en el que chocaron sus espadas contra él, mi ahora amigo se encontraba con el mentón erguido, no mostraba arrepentimiento, no mostraba felicidad, no mostraba nada en absoluto, quien no le conociera diría que estaba orgulloso de su cometido, dirían que era ese asesino que fue en el Bakumatsu. Pero yo sabía mejor que nadie que eso jamás volvería a pasar, pero si era verdad, yo mismo lo mataría aunque fuera lo último que hiciera, las promesas no se rompen y menos unas hechas a costa de las vidas de tus seres queridos.
—Battousai. —el pelirrojo fijo su dorada mirada en su rostro neutral—. ¿Ahora que eres libre, que aras con tu vida?
—No preguntes cosas que ya sabes, Saitou. —las gotas de agua limpiaban lentamente la sangre en su ropa, sangre de su propio cuerpo maltratado—. Tendré mi vida y cuidare de mis hijos.
—¿Vida? —lo mire razonante—. La mayor parte de tu vida se fue en el Bakumatsu, la guerra, en tu camino por todo el país como vagabundo enmendando tus asesinatos, en cuando encontraste a esta niña, —apunte hacia una chica un tanto maltratada a unos metros de nosotros—. Decidiste defenderte de tus fantasmas pasados, luchar contra tus enemigos y tu sucesor como Hitokiri, en el secuestro y la muerte simulada que sufrió la Kamiya por parte de Enishi.
Sentí por primera vez la rabia, quería golpearlo, decir que tendría su vida de ahora en adelante cuando esta ya estaba a más de la mitad acabada.
—Saitou. —me llamo la Kamiya quien venía con su siempre sonrisa, me enferma a veces que mire a todos con esa cara—. La vida comienza cuando tú quieres. —no comprendí, la vida comienza cuando comienza, no cuando tú lo dices—. Tu vida es lo que tú aprecias, lo que valoras, lo que amas. Si tienes tinieblas en ella, estas son solamente un muralla que te bloquea la vida, mientras que esta no se rompa tu no vivirás. Por eso es que Kenshin dice que tendrá su vida, sus murallas están en pedazos, ahora puede tener su vida.
La Kamiya se acerco a él con un bulto entre sus brazos, la criatura lloraba por la lluvia, ¿quién diría que esa jovencita tan testaruda y poco femenina seria un dura contrincante? Los sujetos que ya asían en los suelos inconscientes y algunos muertos eran testigos de la fuerza de la mujer del Hitokiri Battousai. Aun mas, eran testigos de lo que una madre puede hacer por sus hijos, la Kamiya le asía honor a la frase "Una madre hace cualquier cosa por sus hijos" que al parecer estaba incluido el matar a sangre fría.
—Kenshin. —le llamo como siempre lo asía, con cariño—. Alguien te quiere conocer.
—De verdad que no puedo creerte. —me dijo con rara furia en su voz—. Preferir seguir matando a esto, me das lastima Saitou.
—Tú me das más.
—Jejeje creo que estamos a mano entonces.
Sin perder el tiempo tomo a la criatura entre sus brazos, este dejo de llorar, extrañamente sentí un toque de envidia, tenía frente a mí una imagen que, pese a la lluvia, era muy gratificante. Si hubiéramos sabido que esto pasaría hace casi 17 años, ninguno de nosotros lo creería aunque se nos fuera la vida en ello. El gran Hitokiri Battousai, el gran revolucionario de Japón, el más fuerte asesino de toda la historia, era un hombre casi sumiso y gentil, quien tenía a los amigos más extraños que alguien puede imaginarse, quien tenía una esposa increíblemente fuerte y con una extraña belleza reluciendo, quien tenía un hijo y al parecer, una vida por delante.
—Tiene mis ojos. —himura miraba a la bebe como si fuese un tesoro, la chiquilla avía sacado unos tan violetas como los suyos.
—Es un alivio que no sacara esos ojos dorados de matar que tienes—supe por la cara de ambos padres que estaban molestos. Si me ponía a analizar las cosas, esa niña seria higua a su padre.
—Hablando de matar, Saitou. —la chica me saco de mis pensamientos—. Según tengo entendido en estos momentos tu esposa está muy preocupada por ti y tu le prometiste llegar antes de cenar, agradezco enormemente tu apoyo en esta batalla y saluda a Tokio-san y a tus hijos de mi parte.
Paso casi un minuto hasta que mi cerebro proceso la información dada. ¡Tokio estaba esperándome y de seguro era con mis antiguas katanas listas para desollarme vivo! Me despedí rápidamente y me aleje a paso veloz, antes de perderme entre los cuerpos que había en el lugar me voltee y vi una imagen que aun que muriera jamás olvidaría.
—Ya no me sirves…
Desde ese momento, Himura Kenshin era un cobarde para mí, jamás olvidare como la dejo, como la abandono, como la traiciono.
—¡Pagaras Battousai! —Grito con rencor Saitou, ese recuerdo lo había hecho rabiar, estaba tan dolido con el que una vez dijo ser su amigo que ahora lo único que quería era matarlo allí mismo, frente a todos demostrar que él siempre fue más fuerte que el Legendario Hitokiri Battousai.
—¡Ya le dije que no soy aquel hombre!
—Te mataré como debí hacerlo en el Bakumatsu. —Saitou se preparo para hacer la técnica por la que tan reconocido fue en aquellos años—. Tu vida se acaba este mismo día…—estaba a punto de atacar—. Himura Kenshin.
Eso fue lo último que soporto, todos, todos conocían al tal Himura Kenshin, todos la comparaban y/o confundían con él, todos, todos, todos. No soportaba más esto, tanta mentira que por tanto tiempo le dijeron a ocultarle que tenían más familia le revolvía el estomago, ella tenía un familiar igual en cabello, ojos, técnica de lucha y espada. Ese tal Battousai era ese familiar y por más que se lo negara, todos, absolutamente todos se lo confirmaban minuto a minuto. Ella era Kaoru Himura, ella era una principiante en el Hiten Mitsurugi Ryu, ella era ella y nadie más, nadie mas era como ella, nadie. Shinta miro sin creer al hombre que estaba corriendo a gran velocidad asía su hermana, él también conocía al hombre del diario.
—Yo no soy él. —dijo mientras su flequillo ocultaba sus ojos.
Sintió como se le estremecía el cuerpo de rabia, ira y la inconfundible presencia del rencor.
—Yo soy Himura Kaoru. —misio, estaba lista para todo.
El ataque le dio a los ladrillos del final del callejón, Saitou miro los ladrillos destrozarse fuertemente, los espectadores estaban incrédulos de lo que veían sus ojos, su gran capitán de la revolución, era cruelmente burlado por una chica que no media más de 1.65 metros.
—¡Yo vivo en el dojo Kamiya desde mi nacimiento!
Saito recorrió unos cuantos metros en el suelo a causa de la patada recibida por parte de la pelirroja.
—¡Nunca he salido de él en toda mi vida!
Rodo por el suelo ante la nueva patada. Esta vez puso atención a la vos de 'Battousai' y sintió el inconfundible dilema que comenzaba a embargarlo.
—Después de 11 años encontré lo que me izo desobedecer a mis padres por primera vez. —vio como el hombre se incorporaba lentamente—. Jamás he tenido la curiosidad por mi cabello ya que el tono castaño de mi padre es rojizo. Y ahora me viene a decir un anciano senil que soy Battousai.
—¿De que estás hablando? —el Himura que él conocía tenía el cabello rojo intenso y los mismos ojos violetas que por intervalos eran dorados—. ¡Ningún hombre en esta ciudad tiene el color de cabello de Battousai y mucho menos su ojos!
—LO HAS DICHO. —el grito enojo más a Saito—. ¡Ningún HOMBRE!
Saito quedo en silencio por un momento, nadie tenía el cabello como el Hitokiri y, que el supiera, no tenia hijas o nietas. El oponente frente a él era exactamente igual a Battousai, sería estúpido decir que era hermano del pelirrojo, Kenshin no tenia familia, no tenía padres u otros parientes. Las incontables preguntas asaltaron du mente, ¿Qué significaba esto? ¿Quién era su oponente, un antiguo familiar del Hitokiri o era que aquí olía gato encerrado?
—¿Que pasa Saitou-sama? —Profunda, ronca, enojada y mordaz. Esas eran las palabras con las que Shinta describió la voz—. ¿Algún problema con mis hijos?
Kaoru creyó desmallarse, al final de la calle, junto a su madre, frente a Sanosuke y Yahiko estaba su padre con la mirada llena de ira.
Es capitulo es muy corto y pido disculpas. Este sera el único capitulo corto.
Espero que les haya gustado.
Con cariño y agradecimiento: Zafiro. (Conocida como: Shitami-chan-Onne-sama)
Gracias por sus Reviews anteriores.
