Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia es de Jennifer Probst y los personajes de la grandísima Stephenie Meyer. Yo solo adapto la historia.

Capitulo uno.

Ella necesitaba un hombre…

Preferiblemente uno con $150,000 de sobra.

Bella Swan se quedó en la pequeña fogata hecha en casa, en medio del piso de su sala y se preguntó si había perdido oficialmente su mente. El pedazo de papel en su mano contenía todas las cualidades que ella deseaba que su alma gemela poseyera. Lealtad. Inteligencia. Humor. Un fuerte sentido de la familia y amor por los animales. Un buen ingreso.

Más de sus ingredientes estaban cocinándose todavía. Un pelo de un miembro varón de la familia-su hermano estaba enojado todavía-. Una mezcla de hierbas perfumadas –probablemente para darle un lado tierno-. Y un pequeño palo para… bueno, esperaba que eso no quisiera decir lo que temía.

Con una profunda respiración, tiró la lista dentro del cubo plateado y lo observó quemarse. Se sentía como una idiota, creando un hechizo de amor, pero no le habían dejado opciones y tenía poco que perder. Como la propietaria de una ecléctica librería en una moderna ciudad universitaria al norte de New York, pensó que se le permitiría algunos caprichos. Al igual que el envió de una oración a la Madre Tierra para el hombre perfecto.

Bella se acerco y cogió el extintor de incendios, cuando las llamas se elevaron. El humo se levanto y le recordó a la masa de pizza quemada en la parte inferior de su horno tostador. Arrugó la nariz, tiro el aerosol en el centro de la alfombra, se fue a buscar vino tinto para celebrar.

Su mamá tendría que vender Tara.

Su casa familiar.

Bella agarró una botella de Cabernet Suavignon y pensó sobre su dilema. Su librería estaba hipotecada al puño. La expansión del café tomaría cuidado planearla, y estos no eran diez centavos para cambio. Inspeccionó el desván del apartamento Victoriano y fácilmente calculó que estos no estaban en venta. Ni siquiera en eBay.

Tenía veintisiete y probablemente podría vivir con estilo en un condominio, vestir ropas de diseñador y tener una cita cada fin de semana. En vez de eso, recogía perros abandonados y los llevaba a un refugio local y compró elegantes bufandas para actualizar sus conjuntos. Ella creía en vivir en la luz del sol, estar abierta a las posibilidades, y seguir su corazón. Desafortunadamente, ninguna de esas características podría salvar la casa de su madre.

Tomó un sorbo del vino rojo rubí y reconoció que no quedaba nada que hacer. Nadie tenía dinero suficiente y en esta ocasión cuando el recaudador de impuestos viniera, no habría un final feliz. Ella no era Scarlett O'Hara. Y Bella no creía que hacer un hechizo de amor, como su último recurso para atraer al hombre perfecto pudiera ayudar.

El timbre de la puerta sonó.

Su boca se abrió de golpe. Dios mío, ¿era él? Miró a sus sucios pantalones deportivos y su camisa recortada y se pregunto si tenía tiempo de cambiarse. Se levantó para hurgar en el armario, pero el timbre sonó otra vez, entonces se acercó, tomó una respiración profunda y agarró el pomo.

— Ya era hora de que abrieras la puerta.

Sus esperanzas se desplomaron. Bella vio a su mejor amiga, Alice Cullen, y frunció el ceño.

—Se suponía que fueras un hombre.

Alice bufó y entró. Sacudió una mano en el aire, destellando uñas color rojo cereza, y se dejo caer en el sofá.

—Sí, sigue soñando. Asustaste a tu última cita, entonces no te arreglare otra vez. ¿Qué pasó aquí?

— ¿Qué quieres decir con que lo asusté? Creí que él iba a atacarme.

Alice levantó una ceja.

—El se inclinó para darte un beso de despedida. Te tropezaste y caíste sobre tu trasero, y él se sintió como un idiota. Las personas se besan después de una cita, Bells. Es algo ritual.

Bella tiró la basura restante en una bolsa y recogió la cubeta.

—Él había comido toneladas de ajo en la cena y no lo quería cerca de mí.

Alice agarró la copa de vino y tomó un buen trago. Extendió sus largas piernas en el sillón de cuero negro y enganchó sus botas de tacón en el borde de la maltratada mesa.

—Recuérdame otra vez ¿Por qué no has tenido sexo en la última década?

—Bruja.

—Célibe.

Bella se rindió y se rió.

—Está bien, tú ganas. ¿Por qué me estás honrando con tu presencia un sábado en la noche? Te ves bien.

—Gracias. Voy a ir con alguien por unos tragos a las once. ¿Quieres venir?

— ¿A tu cita?

Alice hizo una cara y acabó con el resto de la copa.

—Tú serás mejor compañía. Él es aburrido.

— ¿Por qué vas a salir con él?

—Él luce bien.

Bella se dejó caer junto a ella en el sofá y sonrió.

—Desearía poder ser como tú, Alice. ¿Por qué tengo tantas inhibiciones?

— ¿Por qué no tengo ninguna? Los labios de Alice se torcieron con humor de la desaprobación propia, luego apuntó a la cubeta—. Entonces, ¿Cuál es el propósito del fuego?

Bella suspiró.

—Estaba creando un hechizo de amor. Para uh… conseguir un hombre.

Su amiga echó la cabeza para atrás y río.

—Está bien. ¿Qué tiene eso que ver con la cubeta?

Las mejillas de Bella flamearon. Ella jamás había llegado tan bajo.

—Hice una fogata en honor a la Madre Tierra—susurró.

—Oh por Dios.

—Escúchame. Estoy desesperada. Aun no he encontrado al Sr. Indicado y apareció otro pequeño problema que tengo que resolver, así que combiné mis dos necesidades en una lista.

— ¿Qué tipo de lista?

—Una de mis clientas me dijo que ella compró este libro de hechizos de amor, y cuando hizo la lista de cualidades que estaba buscando en un hombre, él se apareció.

Ahora Alice lucía interesada.

— ¿Un hombre apareció en su vida con todas las cosas que ella quería?

—Sip. La lista tiene que ser especifica. No puede ser muy general, o supuestamente el universo confunde tus deseos y no manda nada. Ella dijo que si sigues el hechizo, el hombre indicado aparecerá.

Los ojos verdes de Alice destellaron.

—Déjame ver el libro.

Nada como otra mujer soltera para hacerte sentir mejor por la búsqueda de un hombre.

Bella lanzó su pequeño libro de cubierta sintética. Sintiéndose menos como una idiota.

—Hmmm. Enséñame tu lista.

Ella señalo hacia la cubeta.

—La quemé.

—Sabes que tienes otra copia debajo de tu cama. Olvídalo, la encontraré yo misma.

Su amiga se dirigió al edredón amarillo canario y metió su mano bajo los cojines. En unos segundos ella sostenía la lista triunfalmente entre sus brillantes uñas rojas y se lamió los labios como si fuera a sumergirse en una lujuriosa novela de romance. Bella se quedó en la alfombra y se desplomó sobre ella. Que la humillación empiece.

—Número uno —recitó Alice—. Un fan de los Mets.

Bella se abrazó a si misma por la explosión.

— ¿Beisbol? —chilló Alice. Onduló el papel adelante y atrás en el aire para un efecto dramático—. Maldición, ¿Cómo puedes hacer tu prioridad número uno el beisbol? ¡Ellos no han llegado a la Serie Mundial en años! Es un hecho que en New York hay más fans de los Yankees que de los Mets, y eso excluye a la mayoría de la población masculina.

Bella apretó sus dientes. ¿Por qué era constantemente bombardeada por su elección de los equipos de New York?

—Los Mets tienen corazón y carácter, y necesito un hombre que pueda arraigarse a los desvalidos. Me niego a dormir con un fanático de los Yankees.

—No tienes esperanzas. Date por vencida —dijo Alice—. Número dos: que ame los libros, el arte y la poesía. —Ella hizo una pausa para pensarlo, y se encogió de hombros—. Lo acepto. Número tres: que crea en la monogamia. Muy importante en la lista. Número cuatro: que quiero niños. —Ella miró hacia arriba—. ¿Cuántos?

Bella sonrió a la idea.

—Me gustaría tres. Pero me conformo con dos. ¿Debí especificar cuantos en la lista?

—No, la Madre Tierra lo entenderá —continuó Alice—. Número cinco: que sepa comunicarse con una mujer. Esa es buena. Estoy fastidiada de leer libros de Venus y Marte. He pasado por muchas historias y sigo son tener idea. Número seis: que ame a los animales. —Ella gruñó—. Esa es tan mala como los Mets.

Bella se deslizó en la alfombra para encararla.

—Si odia a los perros, ¿Cómo podre continuar en el programa voluntario en el refugio? ¿y si es un cazador? Despierto a la mitad de la noche y encuentro un ciervo muerto viéndome sobre la repisa de la chimenea.

—Eres muy dramática. —Regresó Alice a la lista—. Número siete: que tenga un código moral de ética y crea en la honestidad. Debió haber sido el número uno en la lista, pero qué demonios. No soy una fan de los Mets.

Número ocho: un buen amante. —Alice subió sus cejas—. Esa sería la número dos en mi lista. Pero estoy orgullosa de que el asunto siquiera apareciera. Tal vez no estés tan mal como pensaba.

Bella tragó, el temor se encrespaba en sus entrañas.

—Continúa.

—Número nueve: tiene que tener un sentido fuerte de la familia. Tiene sentido… ustedes me recuerdan a los locos Waltons.* Ok, número diez…

El reloj sonó. Bella miró a Alice leyendo el punto de nuevo.

—Creo que estoy leyendo el número diez mal.

Bella suspiró.

—Probablemente no.

Alice recitó el último mandato.

—Necesita 150,000 dólares disponibles. —La miró—. Necesito más detalles.

Bella levantó su barbilla.

—Necesito a un hombre que pueda amar, el cual además tenga un extra de 150,000. Y lo necesito rápido.

—Alice asintió como si saliera a la superficie de debajo del agua.

— ¿Para qué?

—Para salvar Tara.

Alice pestañó.

— ¿Tara?

—Sí, la casa de mi madre. Tú sabes, como en la película Lo que el viento se llevó. ¿Recuerdas cómo mi mamá solía bromear sobre necesitar más algodón para pagar las facturas? No te he dicho que mal va todo, Ali. Mamá quiere venderla y no puedo dejarla. No tienen dinero ni ningún lugar a donde ir. Haré cualquier cosa, incluso casarme; igual que Scarlett. **

Alice gimió y cogió su cartera. Sacó su teléfono y marcó algunos números.

— ¿Qué estás haciendo? —Bella entré en pánico pensando que su amiga no entendería. Después de todo, nunca le había preguntado por un hombre que le resolviera sus problemas antes. Oh, cómo de mal había caído.

—Cancelando mis citas. Creo que este nuevo detalle debe ser discutido. Voy a llamar a mi terapeuta, ella es muy buena, discreta y coge citas a medianoche.

Bella se rió.

—Eres una gran amiga, Alice.

—Sí, ni que lo digas.

Edward Cullen tenía una fortuna en sus manos.

Pero para conseguir lo que él quería, necesitaba una esposa.

Edward cree en muchas cosas. Trabajar duro para lograr un objetivo. Controlar la ira y recurrir a la razón cuando un momento se convierte en una confrontación. Y crear edificios. Edificios que sean sólidos y bellos estéticamente. Ángulos suaves y líneas afiladas mezclándose juntas. Los ladrillos, el hormigón y el vidrio que acredite la solidez que la gente anhela en su vida ordinaria. Ese breve momento maravilloso cuando una persona mira a la creación final por primera vez. Todas estas cosas tenían sentido para él.

Edward no cree en el amor eterno, el matrimonio y la familia. Estas cosas no tenían sentido, y él había decidido no incorporar este tipo de temas sociales en su vida. Por desgracia, el tío Anthony había cambiado las reglas.

Edward tenía el intestino al revés y su enfermo sentido casi le causo que se le escapara de sus labios una risa. Se levanto de su silla de cuero y se quito la chaqueta azul marino, corbata de seda a rayas y su camisa blanca como la nieve. Giró su muñeca para desabrochar su cinturón, y rápidamente se cambió en un par de pantalones deportivos grises y camiseta a juego. Metió los pies en sus deportivas Nike Air y entró al gimnasio particular en el interior de su oficina, que había llenado con prototipos, bocetos, fotos inspiradoras, una cinta andadora, algunas pesas, y un bar bien surtido. Pulsó el botón del mando a distancia para el reproductor de MP3. El son de La Traviata llenó la sala y le aclaró la cabeza.

Se dio la vuelta en la cinta andadora y trató de no pensar en fumar. Incluso después de cinco años, cuando la tensión aumentaba, anhelaba un cigarrillo. Molesto por su debilidad cuando el impulso le llegaba, lo eliminaba. Correr le calmaba, sobre todo en su entorno perfectamente controlado. No había voces que interrumpieran su concentración, ni una luz solar abrasadora sin piedras o gravas que obstaculizaran su camino. Se puso en el panel y comenzó la paz constante que lo llevaría hacia una solución.

A pesar de que entendía las intenciones de su tío, el sentimiento de traición lentamente carcomía su paz. Al final, uno de los miembros de la familia que amaba sólo lo había utilizado como un peón.

Edward sacudió su cabeza. Debería haber visto esto venir. El tío Anthony había pasado sus últimos meses escupiendo la importancia de la familia, y había pensado que la respuesta de Edward era desalentadora. Edward se preguntaba porque si tío estaba sorprendido. Después de todo, su familia debería haber sido un anuncio por el control de natalidad. Mientras Edward paseaba dentro y fuera de relaciones, una cosa se hizo clara: todas las mujeres querían un matrimonio, y un matrimonio significaba enredo. Peleas sobre emociones. Niños separándolos de las peleas, queriendo más atención, necesitando más espacio, hasta que al final terminaban como cualquier otra pareja. Divorcio. Con niños como casualidades.

No, gracias.

El aumentó la inclinación y ajusto la velocidad mientras sus pensamientos giraban. El tío Anthony permaneció tercamente optimista hasta el amargo final en que una mujer salvara la vida de su sobrino. El ataque cardíaco golpeó fuerte y rápido. Cuando los abogados finalmente descendieron como un paquete de buitres ante el aroma del dinero sangriento, Edward pensó que el aspecto legal sería simple. Su hermana, Alice, había dejado muy claro que no quería tener nada que ver con el negocio. El tío no tenía más parientes. Así que, por primera vez, Edward creía en la buena fortuna. Finalmente, tendría algo propio.

Hasta que los abogados leyeron el testamento.

Luego se dio cuenta de que la broma era sobre él.

Heredaría la mayor parte de Dreamscape tan pronto como se casara. El matrimonio debía durar un año, con cualquier mujer que eligiera, y un acuerdo prenupcial era aceptable. Si Edward decidía no cumplir los deseos de su tío perdería el 51%; el balance sería repartido entro los miembros y Edward no sería más que un figurín. En lugar de crear edificios, estaría atrapado en reuniones y políticas corporativas, exactamente lo que no quería hacer con su vida.

El tío Anthony lo había sabido.

Así que ahora Edward debía encontrar una esposa.

Tocó el interruptor y se inclinó más abajo. Bajó el ritmo y calmó su respiración. Con precisión metódica, su mente cortó a través del vacío emocional y escaneó las posibilidades. Salió del camino, tomó una botella fría de Evian del mini bar y caminó a su silla. Tomó un trago del frío, limpio liquido y puse la botella sudorosa en su escritorio. Esperó unos momentos a reunir sus pensamientos. Luego agarró la pluma dorada y la hizo girar entre sus dedos.

Escribió las palabras, cada letra hundida en su propio ataúd personal.

Encontrar una esposa.

No gastaría más tiempo quejándose de la injusticia. Edward decidió hacer una lista clara de los atributos que necesitaría su mujer, y luego ver si podía pensar en alguna candidata apropiada.

Inmediatamente, una imagen de Tanya apareció, pero aplastó el pensamiento. La impresionante supermodelo con la que había salido recientemente era perfecta para funciones sociales y sexo genial, pero no para matrimonio. Tanya era una aguda conversadora, y disfrutaba su compañía, pero temía que ya se estuviera enamorando de él. Ella le había insinuado su deseo de tener hijos, lo que era un rompe tratos. No importaba como edificara las reglas del matrimonio, la emoción lo arruinaría. Ella se había vuelto celosa y demandante, como cualquier esposa normal. Ningún prenupcial le haría frente a su avaricia cando se sintiera traicionada.

Tomó otro sorbo de agua y pasó su pulgar en círculos por la superficie rugosa de la tapa de la botella. Había leído una vez que si una persona hacía una lista de las cualidades que admiraba en una mujer, ella aparecería. Edward frunció el ceño ante ese pensamiento. Estaba casi seguro de que la teoría tenía algo que ver con el universo. Recibir lo que das al cosmos. Alguna mierda metafísica en la que no creía.

Pero hoy estaba desesperado.

Puso la lapicera en el borde izquierdo de la página y escribió su lista.

Una mujer que no me ame.

Una mujer con la que no desee acostarme.

Una mujer que no tenga una familia grande.

Una mujer que no tenga animales.

Una mujer que no quiera tener hijos.

Una mujer que tenga una carrera independiente.

Una mujer que viera la relación como un asunto de negocios.

Una mujer que no sea demasiado emocional o impulsiva.

Una mujer en la que pueda confiar.

Edward releyó el resumen. Sabía que alguna de las cualidades era demasiado optimistas, pero si la teoría del universo funcionaba, bien podría escribir todo lo que deseaba. Necesitaba una mujer que viera la relación como una oportunidad de negocios. Quizás alguien que deseara el gran pago. Pretendía ofrecer grandes beneficios, pero quería el matrimonio solo de nombre. Que no haya sexo implica que no haya celos. Que no haya mujeres emocionales implica que no haya amor.

Que no haya líos implica un matrimonio perfecto.

Pensó en cada mujer con la que había salid en el pasado, cada amiga con la que había intercambiado palabras, cada asociada de negocios con la que hubiera almorzado.

No se le ocurrió a nadie.

La frustración se balanceaba al borde de sus nervios. Era un hombre de treinta años, razonable, atractivo, inteligente, y financieramente seguro. Y no podía pensar ni en una sola mujer decente con la que casarse.

Tenía una semana para encontrar a su esposa.

Su teléfono sonó. Edward contestó.

—Cullen.

—Edward, soy yo, Alice. —se pausó—. ¿Ya encontraste una esposa?

Una risa estrangulo sus labios. Su hermana era la única mujer en el mundo que lograba hacerlo reír de vez en cuando. Incluso si era a expensas suyas.

—Estoy trabajando en eso.

—Creo que la encontré.

Su corazón se aceleró.

— ¿Quién es?

Otra pausa.

—Tendría que ver sus términos, pero no creo que sean un problema. Ten la mente abierta. Sé que no es tu fuerte pero puedes confiar en ella.

Chequeó el último ítem de su lista. Un sonido extraño lleno sus oídos como advertencia al oír las siguientes palabras de su hermana.

— ¿Quién es, Ali?

El silencio cayó en la línea por un tiempo.

—Bella.

La habitación se lleno de una niebla mareante ante el nombre familiar de su pasado. Su único pensamiento flasheó como una mantra en neón vivido, una y otra vez.

De ningún maldito modo.

* The Waltons: una serie de televisión norteamericana. La trama se centraba en la vida de una familia del estado norteamericano de Virginia mientras intentaban salir adelante durante los tiempos de la Gran Depresión y Segunda Guerra Mundial.

** Scarlett : Scarlett O'Hara protagonista de "Lo que el viento se llevo".

Bueno aquí tienen el primer cap, mañana subiré el segundo. Como estoy de vacaciones y tengo la mayoría del día libre subiré un cap por día. Me consto muchísimo poder ponerlo xD tuve que hacer muchas investigaciones en internet. Dejen review con sus opiniones. Besoss