6. CANADÁ

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El frío no le sentaba del todo bien, ¿cómo podría continuar con su escalada de turismo sexual para olvidarse de… lo que se tenía que olvidar? ¿Cómo? Era imposible sentirse atractivo y seductor con la nariz roja, y semanas atrás con un resfriado que parecía esforzarse por mantenerlo encerrado en la habitación de hotel.

Pero ante todo, continuó con el viaje hacia Banff y Lake Louise, lo peor de su resfriado lo había pasado en Montreal, en donde después de una noche de farra pesco un resfriado espantoso, incluso pensó en que moriría sin haber visto por última vez a Saga.

Afortunadamente para la última semana del noveno mes, estaba listo para seguir coleccionando fotos y amantes, con buen estado y una sonrisa amable ante la vida, punto a su favor, pero sin tantas ganas de socializar, punto en contra, había pensado en lo fácil que era simplemente acercarse a alguien y decirle: "Te he visto, me gusta tu trasero, ¿podemos fornicar esta tarde/noche?", la vida sería más sencilla con esa simple pregunta… pero hay personas que se toman muy a mal la sinceridad.

Ya estaba de mejor humor después de que Saga le había colgado el teléfono, así que continuó con el envío de fotos con sus amantes ocasionales… y para conmemorar… estaba justo con la recepcionista del hotel en donde estaba, se la había ligado después de una media hora de charla y preguntas estúpidas acerca del clima y los turistas.

Ahí estaba, la rubia mujer con ese escote de infarto… y esas siliconas, porque estaba seguro de que eran siliconas, pero eso no restaba que era bella… hasta que se les cortó el plan cuando comenzó un concierto de gemidos a todo volumen en la habitación al lado de la suya… ¡Hasta se escuchaba la cama chocando contra el muro!

—¡Por Zeus! ¿Qué carajo es eso…? —Farfulló Kanon con los pantalones a medio poner.

—Curiosamente… son dos hombres los que están hospedados en esa habitación —Acotó la mujer que tenía en la mano el miembro de Kanon.

—Pues bueno, no tengo nada en contra pero… ¡Que no jodan que me cortan el rollo!

El concierto siguió unos minutos más, hasta que furioso el griego pegó en el muro contiguo.

—¿Lo estás matando o qué demonios, cabrón? ¡Acá también tenemos una faena pendiente! ¡Interrumpen!

La única respuesta que obtuvo fueron las risas mal disimuladas de los dos hombres que estaban ahí, uno de ellos le dijo algo que no supo distinguir, algo en francés. Cabreado acabó esa primera aventura en Lake Louise, más tarde se desquitaría… por esa tarde se dedicaría a tomar algunas fotos en los bosques y a llenar su bitácora de detalles morbosos y chusquerías varias.

Tomó el móvil para continuar con el ritual de cada dos semanas llamar a la aerolínea para gritar como loco por su maleta, empezaba a sospechar que después de nueve meses perdida… nunca más la encontraría, pero al igual que con Saga, se sentía un poco mejor si torturaba a alguien al otro lado de la línea.

Mientras el bajaba por las escaleras los de la habitación contigua, los de la sinfonía erótica, tomaban el elevador.

—Te juro que si localizo esa maleta me pagarán más dinero del que hayas podido ver reunido de una vez —aseguró Milo.

—¿Qué tiene de importante? —Fue la pregunta seca del francés, que arqueó una ceja delicadamente.

—No tengo idea pero el que la ha perdido supongo que traía cosas de mucho valor.

—Trabajo inútil, Milo, si me lo preguntas es un trabajo inútil.

—Es de un tipo que tiene negocios en Grecia, negocios de los gordos…

Camus sonrió cuando escuchó eso, de una u otra forma, algo siempre tenía que ver con Grecia o con los griegos…