7. SÍDNEY
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Casi se cumplían los once meses desde la gran hecatombe, casi. Saga llevaba un recuento escrupuloso de los días y las noches que había pasado lejos de su hermano y, en verdad, le estaban pesando, ¿quién había sido el de la colosal idea? Kanon seguramente, él siempre tenía la espantosa costumbre de apoderarse de la última palabra.
Ya lo había decidido: regresaría a Atenas. Estar abandonado en aquellos parajes solitarios y siendo como era él, tan complejo para las relaciones sociales… no lo pasaba tan relajado como su gemelo.
Estaba curioseando en una de las tiendas de suvenires del Sydney Opera House, recién salido de uno de los conciertos para los cuales compró boletos; su único consuelo siempre fue el arte, así que se regodeaba en su malestar emocional al ritmo de alguna buena ópera, habían dado Lakmé, después de comprar un cerro de inutilidades, de esas que suelen comprar los turistas. Se sentó en uno de los restaurantes, aprovechó para descargar la aria de Lakmé(1) en su iPhone, mientras bebía café y… observaba muerto de celos otra más de las espantosas fotos de Kanon, tenía ya una galería que azuzaba sus celos.
Una llamada interrumpió su oda epifánica.
—¿Sí?
—¿Señor Kanon Stefanes?
—No, él es mi hermano…
—¡Ah! Es que he estado tratando de localizarlo en su número móvil, pero está fuera del área de servicio y ha dejado este número como referencia…
—No me extraña —dijo lacónico.
—Llamo por parte de la aerolínea, es respecto a su maleta, la maleta que se extravió en el vuelo de Grecia a Estambul, se encuentra en el Aeropuerto Internacional Kingsford Smith de Sídney, tal y como lo solicitó el representante legar del señor Kanon Stefanes… —recitó el operador que parecía tener ensayado y aprendido el discurso.
—¿El representante…? Pero ¿de qué diablos habla…? ¿En Sídney? Yo me encuentro aquí pero…
—Muy bien, puede usted pasar a recogerla, se encuentra en el mostrador, con el número…
Ignorando cualquier protesta e ironía por parte de Saga, el tipo del teléfono siguió hablando y le dio el código con el cual podría recoger la dichosa maleta; luego sin esperar respuesta de su parte, colgó.
—Que tenga un excelente día Señor Stefanes, gracias por elegir… —ni siquiera alcanzó a escuchar el nombre de la aerolínea.
—Recordaré no volar con estos idiotas… ¿Representante legal? ¿Kanon? ¡Por las barbas de Zeus!, esa sí que es buena…
Sin estar muy convencido, y decidido como estaba de regresar a Grecia, fue al hotel en donde estaba hospedándose, cerró la cuenta y preparó sus maletas, reservó el boleto para regresar a Atenas sin escalas, además, ya se acercaba la Navidad, así que le costó trabajo encontrar un vuelo hacia allá… al final encontró un lugar para el vuelo que saldría dentro de cinco horas, tenía tiempo suficiente para hacer al vago otro rato en Sídney, después de casi dos meses en Australia, y también le daría tiempo para recoger la maleta de Kanon.
Para cuando se dio cuenta, su iPhone había descargado al menos cinco versiones de la aria de Lakmé, entre ellas una de un tal Yanni(2), que era griego… alguna vez escuchó el nombre pero no es que le interesara mucho…
Al mismo tiempo, un joven moreno de ojos verdes estaba hablando acaloradamente con otro de tez un poco más clara y cabello rubio, ambos parecían discutir como si el destino del mundo dependiera de ello.
—¿Para qué carajo enviaste la maleta hasta acá? —casi ladró Aioros.
—Bueno, me pediste que la encontrara y que la asegurara, ¿no? Pues lo más seguro era enviarla a este aeropuerto en donde la aduana es un poco más relajada… —arguyó Milo.
—¿Y ahora qué se supone que hago? ¿A nombre de quién está?
—Umm… espera… —sacó un papelillo de entre su ropa— Kanon Stefanes…
—¿Es en serio? ¿De verdad…? ¡Menuda broma!
—¿Qué? ¿Le conoces?
—Algo así, digamos que lo encontré en Estambul y… bueno, no sabía que la maleta era suya… en verdad es una puta casualidad.
—Bueno, he sobornado al del mostrador así que sólo habrá que ir por ella y dar este número —Milo le entregó el papel a Aioros, quien sonrió complacido, hasta que le volvió a arrebatar el papel.
—Haz el depósito…
—¡Serás cabrón! ¡Pero si la maleta aún no la tengo! —rezongó el joven castaño.
—Y no la tendrás mientras no hagas el depósito…
—¡Bien! —a regañadientes Aioros le pidió el móvil al guardaespaldas que estaba con él, un tipo que más bien parecía uno de esos matones de película, tecleó unas cuantas veces y realizó el traspaso de su cuenta personal a la de Milo, le mostró la transferencia realizada en línea.
—Hecho… ahí tienes el papel… yo me largo. —le devolvió el arrugado papel con el número de la maleta y se perdió en la multitud con una sonrisa de satisfacción en el rostro, al menos entre pillos todavía había cierto código de honor por los negocios sucios de los demás.
Durante esa breve discusión, Saga había llegado al mostrador y había dado el número y contraseña, el joven le observó detenidamente y acabó por entregarle la lastimosa maleta, cerrada con todos los cintillos, pero pesada.
—Encima de todo voy a tener que pagar sobrepeso… —se quejó amargamente el griego.
Pocos minutos después apareció Aioros… sólo para enterarse que la maleta otra vez estaba perdida, recogida por quién sabe quién… cuando el empleado le indicó quién se la había llevado, corrió por el aeropuerto… al mismo tiempo que Saga se perdía entre la multitud escuchando al tipo ese Yanni, en los audífonos…
Envió un mensaje de texto.
"Te veo en Atenas, voy hacia allá… estoy harto de esto, me restan muchas horas de viaje. Por cierto tengo tu maleta extraviada y tendrás que pagarme el sobrepeso, ¿trajiste el friso del Partenón en pedazos?"
Un poco después el timbre ridículo de los mensajes se escuchó.
"Ya tengo vuelo, igual que tú tardaré bastantes horas. No, sólo es ropa. Te aviso en cuánto tiempo llego… también estoy harto."
Tuvo la buena puntada de enviarle una foto con un sujeto… el pelirrojo francés que estaba en la habitación de Lake Louis y que se encontró en el aeropuerto… les pareció buena idea echar un polvo en el baño, sólo porque sí…
(1)Lakmé – Se trata de una obra operística del siglo XIX compuesta por tres actos, básicamente narra la historia de amor de Lakmé, hija de un sacerdote quien se enamora del oficial inglés Gerald. La pieza a la que se hace referencia en este relato es Sous le dôme épais o Dúo de las Flores, pieza interpretada normalmente por una soprano y una mezzosoprano.
(2)Yanni – Compositor instrumental y orquestal de origen griego, quien en 1992 en su álbum Dare to Dream incluyó la pieza Aria, interpretación propia y basada en la popular pieza de Lakmé.
