No sé ni cómo ni cuando llegué allí, ¿cómo demonios me convenció de entrar en aquel barco?
Solo alcanzaba a ver botellas rotas por los aires, gente bailando sin parar y a unos chicos matándose-y literalmente-entre sí.
Las únicas personas que se veían cuerdas eran la navegante y la arqueóloga, a las que les parecía normal, e incluso, estaban acostumbradas a tanto escándalo.
-No te preocupes, suele ser así todos los días.-Dijo una de ellas, la pelirroja.-Ya te acostumbrarás…
-¿Cómo podría alguien acostumbrarse a una tripulación de locos?-Me quejé.
La mujer de ojos azules sonrió misteriosamente, ella era la arqueóloga, se veía bastante relajada y metida en su lectura.
-Nunca juzgues a un libro por su portada.-Hizo una pausa, seguida de una sonrisa.-En esta tripulación nos apoyamos los unos a los otros, e incluso estaríamos dispuestos a morir por nuestros nakamas, sin embargo, vivimos sin preocupaciones y ningún día es desperdiciado, eso es lo mejor de convivir juntos.-Me dirigió una sonrisa llena de calidez, acto seguido puso su libro sobre la mesa.-Buenas noches, navegante, espadachina.-Dicho esto, se dirigió a una de las habitaciones, la que debía ser el dormitorio.
La navegante sonrió ampliamente después de escucharle, esto me hizo pensar que estar en aquel barco no sería tan malo como parecía, de todos modos les debía bastante a los miembros de aquella tripulación, cualquiera no ayudaría a una completa desconocida y confiaría en ella, ¿no?
Aunque sí, es verdad… No deberían.
-Buenas noches, Nana-chan.-Se despidió con otra sonrisa más, para después seguir a la chica de ojos azules.
La sola idea de traicionarles me revolvía el estómago, pero no quedaba otra opción, todo terminaría al llegar a la siguiente isla, era mi misión, y por lo tanto, tenía que cumplirla.
Suspiré con pesadez, y me dispuse a acompañar a las chicas a la habitación, aunque sabía bastante bien que me resultaría difícil conciliar el sueño.
'Iba a suceder, iba a morir allí mismo.
-¿Y bien, cuáles serán tus últimas palabras?-Rió en voz alta, empezó a desenfundar su espada, pude observar lo bien afilada y cuidada que estaba, no era de extrañar que tuviera una recompensa superior a 400.000 berries.
-¡No pienso decir nada, no moriré aquí!-Exclamé.-¡Y… si piensas que no me esforzaré hasta dar mi último aliento…!-Dije, con la respiración entrecortada.-¡Estás bastante equivoca…! Agh…
Observé como su espada atravesó mi pecho, a partir de aquel momento, todo se hizo borroso.'
"¿Por qué?" Pensé, tratando de contener las lágrimas, "¿por qué lo hicieron? ¿Por qué me salvaron? ¡Ellos deberían saber perfectamente que no tenían que hacerlo, no era necesario intervenir!"
Me aferré a la almohada y enterré mi cabeza en ella, tratando de ahogar los sollozos que provenían de mi garganta.
Pero enseguida más escenas vinieron a mi mente.
'Apoyé mi mano sobre el suelo, tratando de no caerme, todo seguía siendo borroso, aún así alcé la mirada y pude ver su sonrisa.
-¿Equivocado, decías?-Dijo con claro sarcasmo.-Mírate ahora, aquí bajo mis pies, a punto de morir.-Amenazó con clavar una vez más su espada, aún así la alejó.- Já, y pensar que pude aceptarte en mi tripulación, la verdad es que ni siquiera puedes aguantar algo así.-Espetó con desprecio a la vez que burla.
-Eres un sucio pirata, un bastardo…
Mi cabeza empezó a pesar, dejando claro que de un momento a otro quedaría inconsciente y moriría.
-Ah, incluso en momentos como este, tu orgullo sigue en pie…-Sonrió ampliamente, satisfecho.-Deberías de estar orgullosa de morir frente a mí.
-Más bien me siento asqueada, tu presencia me da nauseas.
Sentí que mi voz era temblorosa, apenas podía hablar. Mis sentidos se nublaban, bloqueándome y dejando que pronunciase con dificultad.
-De todos modos, eso es lo que les pasa a los sucios perros de…
Le vi caer frente a mí antes de desplomarme sobre la tierra, dejándome con tan solo una sonrisa burlona en el rostro y con el eco de una risa chillona rezumbando en mis oídos.'
Ahogué un sollozo, presionando mi cara contra la almohada.
'-¡Geniaaal!-Gritó con entusiasmo un chico de pelo negro, que llevaba puesto un sombrero de paja, y, debajo de su ojo, tenía una cicatriz.-¡También manejas las espadas! ¡Eres una espadachina, como Zoro!
-Eh… Sí, supongo.-Contesté, nerviosa.
"¿Cómo demonios puede ser tan escandaloso el capitán de una tripulación?" Rodé los ojos "¿no se supone que debería ser serio y formal?"
-¡Y es por eso que debes ser mi nakama!-Gritó nuevamente, esta vez más cerca de mi cara, y con una amplia sonrisa.-¡Di que sí, Nanami!
-No estoy muy segura de poder serlo…-Noté como el sudor resbalaba por mi nuca, realmente necesitaba un respiro, un solo momento de tranquilidad.
-¡Eso es un sí!-Exclamó, dirigiéndose hacia sus nakamas.-¡Brindemos por nuestra nueva nakama!
-¡Pero yo aún no he…!-Iba a reclamar, pero unas voces me interrumpieron.
-¡SÍ!
Todos brindaron con alegría, seguido de bailes victoriosos, risas y canciones. Supongo que no tenía elección, unirme a ellos me supondría una buena ventaja y menos trabajo por hacer, aunque no me agradaba la idea de traicionar a los demás, como siempre.'
Sonreí sinceramente al recordar aquello, fue la primera vez que decían mi nombre con tanto entusiasmo y alegría, también fue la primera vez que acompañaron mi nombre con aquella palabra tan especial…
Nakama.
'-¡Yo me llamo Luffy! ¡Y voy a ser el rey de los piratas!-El capitán se señaló a sí mismo, remarcando aquella última frase.
-Yo soy Nami, y voy a dibujar un mapa de todo el mundo.-Dijo la navegante, su pelo era de color naranja, bastante largo y ondulado. Sus ojos eran marrones y brillaban con intensidad, y su piel era bastante blanca.
-¡Aquí Ussopp!-Exclamó un chico musculoso y de pelo largo y rizado.-¡Yo seré el guerrero más valiente de todos los mares!-Gritó eufórico, pellizcando su nariz, que era bastante larga.
-Ya quisieras, listo… -Murmuró de forma burlona un chico de pelo verde y de facciones duras.
-¡Tú te guardas esas palabritas, marimo!-Le contestó Ussopp, hecho una furia.
-¿¡Marimo?! ¡Más vale que te calles tú, o juro que te rebanaré!
-¡Já, como si pudieras, espadachín de tercera, que eres un espadachín de tercera!
-¡Atrévete a repetir eso, narizotas!
-¡Espadachín de terceee… raaa… AAAH!
La conversación entre aquellos chicos fue interrumpida por Nami, que les golpeó fuertemente:
-¡Ustedes, callaos ya!-Enseguida se callaron, asustados de la navegante, lo cuál era normal, aquella chica tenía una fuerza descomunal, si alguien se atreviese a decir algo más se le podría llamar masoquista, no cabe duda.
-¡Oh, Nami-swan, eres tan linda cuando te enojas!-Dijo un chico rubio y alto, de cejas rizadas. Carraspeó varias veces, preparado para presentarse.-Yo soy Sanji, ¡aunque tú me puedes llamar Sanji-kun, si lo prefieres, no me molestaría en absoluto!
-A ti no te molesta lo que te diga cualquier mujer, pervertido.-Interrumpió, una vez más, el espadachín, aunque no se atrevió a decir algo más debido a la fulminante mirada de la pelirroja.-Bff… Está bien…-Bufó, molesto.-Yo soy Roronoa Zoro, y me reconocerán como el mejor espadachín del mundo.-Sonrió de lado, como si estuviera retándome, de alguna forma.
"Entonces tendrás que superarme" Reí en pensamientos, de alguna forma las palabras de aquel chico subieron mi ego.
-Yo…-Susurró un pequeño reno, escondido detrás de su, y ahora, mi capitán.-¡Yo… Soy Chopper!-Cerró fuertemente los ojos, como si me temiese.-¡Y…! ¡Curaré todas las enfermedades por muy incurables que sean!-Esbozó una gran sonrisa, aquel gesto me hizo sonreír también, Chopper era alguien ingenuo e inocente, y eso le hacia adorable, aparte de por ser lindo y pequeño, aunque era un poco extraño, temía a los demás, y su nariz era azul, era distinto a los demás renos.
-¡Yo soy Franky-robo!-Dijo de repente un… ¿Mecha, cyborg? Bueno, lo mismo es… ¿Verdad? … Era bastante alto, musculoso, y además, era peliazul.-¡Y soy el carpintero de esta tripulación!-Exclamó sonriente, mientras se recolocaba sus gafas de sol, el trío formado por Chopper, Ussopp y Luffy se dedicó a admirarle y a pedirle que hiciera una de sus nuevas técnicas.
-Yo soy Robin, y ocupo el puesto de arqueóloga.-Dijo una mujer de pelo negro y liso, de ojos azules y esbelta. Me dedicó una sonrisa, era bastante cálida.
-¡Yohohoho, yo soy Brook!-Exclamó un… "¿¡ESQUELETO?!"-¿Podrías enseñarme tus panties? Solo quiero verlas… Aunque, pensándolo bien… ¡No tengo ojos, yohohoho!-Bromeó.
"Esta tripulación no es normal, definitivamente no lo es." '
Las lágrimas bajaban por mi rostro, aunque, sonreí. Sonreí al recordar aquel momento.
"La tripulación de los mugiwara no es normal pero… ¡Eso la convierte en la mejor tripulación!"
