Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son obra de la magnífica Rumiko Takahashi.

La historia fue inspirada en un capítulo del libro "A tumba abierta" del autor Albert Hitchcock.

Un secuestro improvisado

By Darkis-chan

II

La preciosa fémina nos miró sorprendida. Parecía que ella misma no entendía lo que estaba sucediendo. Se frotaba los ojos constantemente y poco a poco comenzó a ponerse de pié.

—¿Q-quiénes son ustedes? —murmuró.

Su piel era algo pálida, pero contrastaba a la perfección con sus largos cabellos negros que caían como cascada sobre su espalda. Sus ojos mostraban un castaño claro, y algo en su mirada la hacía parecer inocente.

—¿Qué haces aquí? —pregunté mientras le apuntaba con el arma— ¿Naraku te ha enviado?

Se retorció cuando se dio cuenta de su situación. Comenzó a juguetear con los pliegues de su minifalda de color negro que dejaba ver sus perfectas y largas piernas. En ese instante no pude evitar fijarme en su vestuario, pues también llevaba un sobretodo negro, además de una camiseta roja, que proporcionaba un pequeño descote en su pecho, que combinaba con sus grandes tacones del mismo color.

—¡Inuyasha, por favor! ¡Aleja esa pistola de la señorita! —regañó Miroku.

Ella seguía con su mirada perdida, confundía por todo ese lío. Dejé de apuntarle, aunque sostuve la pistola a un lado, ella no me trasmitía demasiada confianza. Pero aún así dudaba que fuese una "espía de Naraku"; porque él no era de tratar con mujeres. Si ese hubiese sido el plan, habría estado en el asiento trasero uno de sus matones y de seguro no hubiésemos llegado tan lejos. A pesar de todo no pude evitar desesperarme y culparla.

—No conozco a ningún Naraku —explicó con voz clamada.

Nos miraba con algo de dudas. Miroku estaba confundido, al igual que yo. Nunca imaginamos traer de polizón a una muchacha como esa. Su vestuario dejaba notar su clase, muy superior a la nuestra. Entonces pensé que lo mejor sería deshacernos de ella.

—Vámonos, Miroku —mencioné mientras abría la puerta del copiloto para tomar mi lugar nuevamente.

—¿Piensan dejarme aquí sola? —replicó algo enfadada.

Mi amigo me lanzó una mirada que yo no pude entender, era evidente que devolver a la chica no era parte de los planes, la chica en sí nunca fue parte del plan; pero dejarla allí era algo un poco inhumano.

—¿No pensarás regresarla? ¡Ni siquiera sabemos de dónde es! —Me adelanté a la situación.

Mi amigo me miró algo pensativo, nos habíamos metido en un gran lío, nuevamente.

—Soy de Nueva York —comentó rápidamente—. No sé cómo he llegado a su coche, pero les suplico que no me dejen aquí. Hemos estado discutiendo y no ha pasado ni un auto, las posibilidades de que alguien me recoja son casi nulas. ¡Voy a morir de deshidratación! —Su tono de desesperación eras más que notorio.

Regresar a Nueva York era, además de una pérdida de tiempo, una cita segura con la muerte; así que me deshice de esa idea inmediatamente. Llevarla con nosotros tampoco serviría de nada, por lo que yo apoyaba la idea de dejarla allí y que alguien le diese el aventón que podría salvarla.

—Estás loco, Miroku, si pretendes que llevemos a esta señorita de vuelta a su casa. —Miré a mi compañero desaprobatoriamente.

—Los recompensaré.

Su mirada cambió al igual que sus gestos. La impresión le había pasado y estaba segura en luchar para que la lleváramos con nosotros. Su mirada era de exigencia, ella exigía que la sacáramos de ahí. Pero manipular no es tan sencillo cuando Inuyasha Taisho está de por medio.

—No queremos tu dinero, niña.

La suma que necesitábamos no era algo que cualquiera pudiese tener y arriesgar la vida para devolver a esa mujer, que aunque era hermosa, no valía la pena.

—¿Ustedes saben quién soy yo? —Su tono arrogante me dio ganas de salir corriendo. Al ver que nadie se inmutó ante su palabrerío, decidió añadir— Mi nombre es Kikyou Takeda, hija del gran empresario Onigumo Takeda, que al mismo tiempo es dueño y señor de las empresas Takeda´s.

Bufé. En realidad no me importaba quién era ella, sólo pensaba en largarme y buscar la forma de conseguir ese dinero o, en su defecto, tratar de sobrevivir.

Un extraño viento sopló levantando consigo mucho polvo que me hizo estornudar. El silencio se volvió incómodo entre nosotros y yo, nuevamente, estaba comenzando a desesperarme.

—¡Vámonos! —repetí, aunque con un tono de desesperación.

Miroku dudó un segundo, pero luego tomó el camino hacia su puesto en el auto. Abrió la puerta del chofer y miró a la extraña señorita.

—Alguien la regresará, mientras tanto, mantenga la calma.

Se acercó a mí, su cara de pánico me dio una idea de cómo se sentía.

—Soy la hija de un gran empresario, ¿qué les cuesta regresar a Nueva York, dejarme y recibir la recompensa?

—Ya te he dicho que no queremos tu dinero, chiquilla. —No estaba de humor ese día.

—Lo mejor es que te quedes aquí y esperes a que alguien te ayude. —Mi amigo coincidió en mi razonamiento.

Nos miró un segundo, detalló el paisaje y luego volvió con su tono que se había vuelto irritable para mí.

—¿Creen que duraré mucho vestida así? Llevo tacones y faldas. Además, ¡estamos en un desierto! No llevo identificación ni dinero. ¡Mis posibilidades de salir viva son de una en un millón!

La chica era bastante razonable, pero no nos convenía transitar con una señorita de New York. No confiaba lo suficiente como para llevarla con nosotros, demasiado había sido aquel trayecto.

—Ese es tu problema, no el nuestro. Ninguno de nosotros te obligó a meterte en el auto. ¡Estás aquí por ti misma! Ahora no pretendas que solucionemos tus problemas, suficiente tengo con los míos. Tú te metiste en ese auto, tú verás la forma de regresar —solté como ultimátum.

El sol estaba comenzando a hacerse más fuerte, y aún nos quedaba mucho viaje por delante, por lo que no quería perder el tiempo con aquella mujer que se hacía llamar Kikyou.

Nos miró con expresión severa y luego de un rato comenzó a reír de forma sarcástica. Sus hermosos ojos castaños brillaron con un tinte peculiar.

—Han cometido un error, caballeros: me han dado sus nombres. —Me quedé boquiabierto ante ese comentario—. Ustedes no saben de lo que soy capaz, y mucho menos lo que puedo lograr con sólo mover un dedo. Mi papi hará que los busquen hasta debajo de las rocas y cuando los encuentran pienso demandarlos y acusarlos de secuestro. Pasarán el resto de sus miserables vidas en una horrible celda. ¿Te gustaría eso, Inuyasha? ¿O te gustaría más a ti, Miroku? —usó un tono sarcástico que me hizo hervir la sangre.

—Señorita Kikyou, lamento informarle que con sólo nuestros nombres es casi imposible que nos encuentren, mucho menos que puedan imponernos una condena —expresó mi amigo con su tono despreocupado.

—¿Estás seguro de eso? Pienso que sus nombre son poco común aquí y hasta podría asegurar que son extranjeros. No se conoce todos los días a un Inuyasha y a un Miroku ¿o sí? —rió nuevamente— El dinero es mágico, amigos, y pude lograr cualquier cosa. Incluso encerrar personas que no han hecho nada.

Mi paciencia no daba para más, aquella chica era preciosa, pero todo aquello que me atraía de ella era esfumado cuando abría su bella bocaza. ¡Estaba tratando de amenazarnos! Como si no fuese suficiente Naraku, para incluir al "papi" de la hijita malcriada.

—¡Móntate de una vez, Miroku! Mientras más rápido nos alejemos de ella será mejor.

Miroku se sentó en su lugar dispuesto a arrancar en cualquier momento, pero antes de que presionara el acelerador, luego de prender el auto, la muchachita comenzó con un nuevo berrinche.

—Sino me regresas a mi casa, ¡juro que voy a denunciarlos por privación de libertad! —gritó con demasiada molestia.

—Nada de lo que diga podrá hacernos cambiar de opinión —susurró mi amigo.

Su temperamento me estaba hartando. No, ya me había hartado. La rabia llegó a mí inmediatamente. En ese instante, una luz se encendió en mi cabeza. Mi mente comenzó a repetir la palabra secuestro, y antes de que me diera cuanta estaba soltando un montón de palabras vacías.

—Está bien, Miroku. Si lo que ella quiere es un secuestro; un secuestro es lo que tendrá.

La cara de ella se desfiguró al instante. La expresión de su rostro fue tan gratificante para mí, que lo demás lo hice sin pensar. La agarré fuertemente del brazo y la encañoné con mi arma, todo eso mientras comenzaba a susurrarle.

—Tú lo has pedido, ahora métete en el auto. Vamos a comprobar cuanto vales para tu "papi" ¿Te parece, Kikyou?

Hizo todo lo que le ordené sin ni siquiera mirarme, podía ver en su rostro el arrepentimiento. Se arrepentía de haber dicho su nombre y de haber insistido en la que la lleváramos con nosotros. Me senté a su lado y ordené a Miroku que arrancase. Él no parecía estar muy de acuerdo, pero entendió lo que yo quería hacer; quería liberarnos de Naraku para siempre y esa chica podía ser nuestra única oportunidad. Una buena suma pagaría el cuadro y nuestra infinita libertad.

La miré, ella estaba algo asustada, su rebeldía y soberbia se fueron por el desagüe. A mi lado sólo quedó una muchacha asustada, y aunque me sentía culpable, ya no había vuelta atrás. El peor e improvisado secuestro de la historia había comenzado.

Continuará.

N/A: Buenas, queridos lectores.

Sí, ya comencé la universidad y con ello mi tiempo se reduce a casi nada. Sin embargo, voy a tratar de actualizar lo más pronto posible. A partir de aquí las cosas se pondrán mejor, o eso espero.

Dudas, comentarios, repulsiones, entre otras cosas… Todas deben ser dirigidas en un review.

Gracias por la aceptación y espero que este capítulo sea de su agrado.

Saludos.

P.D.: El capítulo está algo corto, pues me voy este fin de semana y quería aportarles algo antes de irme, sorry por eso.