Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son obra de la magnífica Rumiko Takahashi.
La historia fue inspirada en un capítulo del libro "A tumba abierta" del autor "Albert Hitchcock".
Un secuestro improvisado
By SweetDark12
VI
De todos los malditos empresarios de Nueva York, de todos los malditos hombres en el planeta; tenía que ser ese el papá de nuestra víctima. ¡Maldita suerte del demonio!
Miré a mi amigo sin saber qué decirle, sin saber qué hacer… ¿Qué rayos era lo correcto ahora? Buscar más líos con Naraku sólo significaría la muerte segura, aún más segura a la que nos tocaba por la pérdida del cuadro. Cayeron unas pesadas gotas, el cielo estaba llorando fuertemente sobre nosotros.
—No entres en pánico —susurró mi amigo, para tratar de calmarme.
Eso era casi imposible. Me tiré en el suelo, sin ni si quiera ver qué había debajo, y me agarré la cabeza mientras trataba de pensar. Miroku se sentó a mi lado.
—Vamos, Inuyasha, aún esto puede terminar bien.
—No va a terminar bien, Miroku —le dije— ¡Tenemos a la hija de Naraku!
—Y también sabemos su identidad… esa que ha escondido bajo la máscara de mandril por tantos años. Nadie más que nosotros lo sabe y todo gracias a esa chica y a esta fotografía —sonrió esperanzado.
Ciertamente, aquello era una novedad. Nadie conocía la identidad del ladrón de arte más famoso de Nueva York, el hombre con las mejores pinturas y esculturas de toda la ciudad, quien había robado centeneras de museos y obras con valores exorbitantes. Naraku era sin dudas el mafioso de arte más sonado y buscado por la policía neoyorquina.
—Si entregamos a Naraku a la policía, podremos escapar de él, seríamos libres por siempre —me explicó.
—Sabes bien que eso podría ser un arma de doble filo, nosotros hemos trabajado para él, estamos implicados en muchos casos. —Para mí no parecía tan sencillo.
—Sí, pero estaríamos entregando a la justicia al mayor ladrón de arte, se recuperarían muchas pinturas y esculturas famosas, deberíamos ser perdonados por eso. —Se levantó y miró en dirección a la casa—Ni si quiera necesitaríamos a la señorita.
—Yo no cuento con algo que "debería"… Sin respaldo seguro no testificaré nada. Además, aún debemos buscar la manera de probar que él realmente es Naraku.
—Cierto, pero no tengo ninguna duda de que él es Naraku, nadie tiene dos cicatrices exactamente iguales y mucho menos en el mismo lugar —quiso aclarar.
Ese tipo era Naraku, no había duda de eso. El cómo demostrarlo era exactamente lo que no parecía conveniente y mucho menos el parecer involucrado.
—Hallaré una manera —comentó decidido mi amigo—. Comenzaré a investigarlo ahora mismo.
—¿Qué harás? —le pregunté preocupado.
—Conseguiré un abogado, ya verás, todo va a salir bien.
Esa misma noche Miroku partió en busca de algún tipo de ayuda, fuese cual fuese. Mi preocupación estaba cada vez más a flor de piel y mi cautiva se dio cuenta de ella. Además, la incesable lluvia no dejaba de azotarnos .
—¿Sucedió algo malo? —murmuró.
—No te metas en mis asuntos, que nada tienen que ver contigo—le contesté frío, aún estaba enfurruñado por lo pasado el día anterior.
Ella me miró seria, pero desistió y no volvió a preguntarme nada más sobre el tema. Por mi parte, había perdido cualquier interés en ella. Me había acostado con la hija de Naraku, y era malditamente VIRGEN. Si decidía perdonarme por haberla secuestrado y por la pérdida de su pintura, seguro me mataría por la otra cosa.
Dos días pasaron así, sin ningún tipo de noticia sobre Miroku, hasta que el teléfono de la casa comenzó a repicar. Nadie tenía número de allí, y tampoco sabían que estaba habitado, así que una llamada era lo menos esperado.
Ambos nos miramos la cara, ninguno quería contestar. Agarré el teléfono con demasiadas dudas, ni si quiera sabía que este funcionara.
—Buenas —comenté dudoso.
—Vaya, vaya… —Escuché una voz demasiado familiar al otro lado—. Pero si es mi querido Inuyasha. —Su sarcasmo fue más que evidente. Mi cuerpo se volvió de piedra, sentía que la sangre se me helaba, quería desfallecer.
—N-Naraku… —Mi voz salió como un hilo apenas audible.
—Quiero suponer que tu viaje a Texas ha sido tras mi hermoso cuadro —dijo y podía imaginarlo sonriendo.
¿Qué podía contestarle? Estaba demasiado inquieto.
—No, no exactamente. Más bien estoy tratando de recolectar el dinero.
—El dinero no me interesa, Inuyasha —suspiró—, el dinero va y viene. Lo que yo quiero es mi cuadro, eso no podré recuperarlo.
—Ya te dije que me tendieron una trampa —musité.
Mientras tanto, aquella hermosa chica de mirada achocolatada, me miraba muy nerviosa. No estaba seguro si era por mi apariencia, seguramente estaría muy pálido, pero ella estaba muy preocupada por mi conversación.
—Es tu problema, no el mío. Quiero mi cuadro, te daré tres días para que estés aquí con él. De lo contrario, yo mismo iré y volveré cenizas a tu irritable compañero y a ti. —No jugaba, su voz lo dejaba muy claro y no sería la primera vez que haría algo como eso. —Sabes bien que has sido un buen subordinado, Inuyasha, por eso te he dado una última oportunidad, no la desperdicies.
Luego de aquello sólo escuché aquel pito infernal indicando que la llamada había terminado. Ni si quiera había tenido tiempo de decirle que tenía a su hija o que conocía su verdadera identidad.
Tres días… Tres malditos días para encontrar el cuadro. No había forma de recuperarlo. Al menos no en Texas. Aquel maldito hombre, lo primero era descubrir quién me había tendido aquella trampa.
Debido a mi mal carácter, la mayoría de los socios de Naraku tenían sus ojos puestos en mí, y no de buena forma. El mafioso me encargaba los mejores trabajos o los más lucrativos porque me tenía "confianza". Tenía que pensar a quién demonios le interesaría eliminarme.
Ni si quiera había llegado a ver la maldita pintura, o sea que pudo no haber estado en el sitio realmente. Podría ser cualquiera. Era algo muy difícil de adivinar. Maldita pintura.
Recordé a uno de mis compañeros, Hakudoshi, él siempre había querido quedar bien ante Naraku, y no siempre le resultaba de esa forma. Kouga, obsesionado con superarme, también podría ser un sospechoso. Incluso el pequeño Kohaku, el hermano menor de Sango, quién era uno de los más leales servidores de Naraku.
Por parte de los enemigos de nuestro séquito, estaba Sesshomaru, él hubiese dado lo que sea con tal de vernos a todos hundidos en la miseria. Hasta la policía podría haber estado buscando un desequilibrio en la banda para acercarse a nuestro líder. En definitiva, las posibilidades eran demasiadas.
Me senté en el mueble más cercano, me recosté un poco. Necesitaba pensar, pensar mucho. Tenía que solucionar la situación. Mientras tanto, nuestra cautiva estaba de aquí para allá, sudando frío y muy temblorosa.
—¿Qué te sucede? —le pregunté al verla así.
—Inuyasha, tengo mucho miedo. —Se detuvo para mirarme a los ojos— ¿Con quién hablaste hace un momento?
—Con el malnacido de tu padre —contesté sin dudar.
—É-él no es mi padre —murmuró tan bajo que apenas pude escucharle.
—¿Qué tonterías dices ahora? —Me exalté un poco.
—Que ese hombre no es mi padre… —Ladeó su cara— Y-yo les mentí.
No pude evitar levantarme de mi posición. ¿A qué venía toda esa chorrada precisamente en ese momento que mi mente estaba tan desequilibrada?
—Onigumo no es mi padre, y mi nombre tampoco es Kikyo —confesó.
—Vamos, Kikyo, déjate de tonterías en este momento… —Quería creer que era mentira aquello— ¿No me dirás que ahora no eres quien decías ser, no es verdad? ¿Te das cuenta, si quiera, lo oportuno que sería? Yo te libero porque no me sirves y ya… No soy tan tonto, Kikyo.
—¡Deja de llamarme así, no soporto a esa mujer! —Su estado de ánimo cambió, gritó tan fuerte que incluso me sorprendí, ella realmente parecía muy enfadada.
—Entonces, si no eres Kikyo, ¿quién demonios eres tú? —grité, perdiendo la calma también.
—¡Mi verdadero nombre es Kagome, Kagome Higurashi! Y no soy hija de ningún millonario, ni de nada. Sólo soy una simple estudiante Universitaria.
Sentí como si un auto me hubiese arrollado en aquel momento. Ella no era la hija de Naraku. ¿Realmente podía fiarme de esa confesión? ¡Era tan estúpidamente oportuna! Y sin embargo quería creer que era verdad, que ella no tenía nada que ver con aquel malnacido. Al mismo tiempo, tenía mucho miedo, porque si ya no la necesitaba, ella se iría y no quería eso tampoco. Mi mente colapsó completamente, dejó de responder. Me sentí el hombre más idiota dentro de los idiotas.
Continuará.
N/A: Tantos años sin publicar en esta historia. Extrañaba mucho este mundo. Espero me acepten nuevamente, y sepan disculpar mi ocupadísima vida. Gracias por el apoyo brindado hasta ahora.
Muchas gracias por leer, por llegar hasta aquí conmigo. Sus comentarios me han animado a seguir :3.
