Prefacio:
¿Qué pasaría si por causa de un accidente, si puede llamarse accidente, Lily Evans queda inconsciente? ¿Y qué pasaría si al despertar descubren que ha perdido la memoria? Lo único que recuerda es el hecho de que es una bruja y estudia en Hogwarts, todos sus datos personales y quienes son su familia. No reconoce a nadie más, ni siquiera a sus amigos. Esto podía traer muchas consecuencias, tanto buenas como malas, ya que no tiene recuerdos de todo lo que ha pasado en su vida ni sabe nada acerca de las personas con las que estudia. Tendrá que volver a empezar desde cero. ¿Volverá a ser la mejor amiga de Severus Snape? ¿Podrían llegar a ser algo más? ¿Sin sus prejuicios sobre James Potter, algo cambiará entre ellos? Cualquiera de estas cosas podría pasar, o todo podría seguir siendo igual que antes. Y puede que Lily no recupere la memoria…
Capítulo 1: Un accidente para nada accidental
LILY POV:
Iba caminando por el castillo porque tenía que hacer mi ronda como prefecta. Todo estaba en silencio y el castillo estaba tranquilo, no me había cruzado con nadie fuera de la cama, ni siquiera a Potter y a sus amigos. Siempre están metiéndose en problemas, en especial Potter y su mejor amigo: Black. Ese par de alborotadores no pierden ninguna oportunidad de hacer una travesura, y pasan más tiempo castigados que afuera. Siempre están molestando a los de Slytherin, en especial a Severus…
Ahhhh…Seguí caminando mientras pensaba en él. Habíamos sido mejores amigos incluso antes de que entráramos a Hogwarts, y él fue la primera persona con la que hable sobre magia. Pero ahora todo había cambiado; al llegar aquí el sombrero seleccionador me mandó a Gryffindor, de lo cual no me quejo porque amo mi Casa, y a él lo mandaron a Slytherin. A mí nunca me importó lo que decían sobre la rivalidad entre esas dos Casas y a Severus parecía que tampoco, así que seguimos siendo amigos.
Nunca me agradaron los compañeros que él hizo porque les gustaba hacer magia oscura, aunque siempre me decía que eran simples bromas. No quería que le empezaran a gustar esas cosas pero, ahora que lo pienso, me doy cuenta de que a Sev siempre le atrajeron las Artes Oscuras y yo nunca quise aceptarlo, aunque siempre lo supe.
Mis amigos siempre me decían que no debía confiar en él, que me haría daño, y yo siempre lo defendía frente a todo el mundo. Lo que de verdad me hizo darme cuenta de cómo era en realidad sucedió a finales del curso pasado. A pesar de que han pasado meses desde aquello, aun no le puedo perdonar lo que me dijo.
"Terminé mi TIMO de DCAO (Defensa Contra las Artes Oscuras) unos minutos antes de que termine el examen y el momento en que se tiene que entregar, así que me puse a revisar por última vez mis respuestas. Las había respondido bien y confiaba en sacar, como mínimo, un "Supera las Expectativas". Pasé mi mirada por todo el Gran Comedor, que estaba lleno de mesas individuales y de alumnos de quinto y séptimo año. Pude ver a Potter haciéndole señas a Black, que se balanceaba despreocupadamente en su silla, para luego ponerse a garabatear en un pergamino; vi a Remus revisando su examen con aspecto concentrado, a Pettigrew tratando de copiarse del alumno que estaba a su lado; y vi a Severus inclinado sobre su examen y escribiendo rápidamente en la hoja de respuestas.
Suspiré…
Las cosas con él no iban muy bien últimamente, sus encuentros con Avery y Mulciber eran la principal causa por la que discutíamos a menudo, ya que a mí no me agradaba demasiado su interés por la magia oscura. Estaba pensando en ello cuando el profesor Filtwick dio por finalizado el examen y convocó los pergaminos. Todos salieron volando rápidamente hacia él y, por el número, lo tumbaron al suelo. No pude evitar reírme un poco, ya un poco más animada metí la pregunta del examen en mi mochila y me dirigí hacia donde estaban Mary y Alice esperándome.
Discutimos un rato sobre las preguntas del examen y luego salimos a los terrenos hacia la orilla del Lago Negro, donde nos sentamos.
- ¡Ahhh! -dijo Mary con expresión de felicidad- ¡Libertad!
- No celebres antes de tiempo, Mary -le contesté-. Aún nos queda el examen de Transformaciones.
- Lily -me riño Alice, mirándome con estupefacción-, no seas aguafiestas y disfruta de los pocos momentos de libertad que tenemos ahora con los exámenes.
- No soy una aguafiestas, simplemente he comentado mi punto de vista -dije tratando de parecer ofendida.
- Y yo lo único que te digo es que te relajes -contestó Alice a la vez que se sacaba los zapatos y las medias y sumergía los pies en el agua.
No quise contradecirla ya que yo también estaba contando los días para que terminaran los exámenes y poder regresar a casa con mis padres, así que sin decir más, sumergí mis pies en el agua. En verdad era un hermoso día y agradecía el hecho de poder estar aquí afuera con mis amigas.
- Me he enterado que están planeando una especie de reunión al finalizar los exámenes. -soltó Deborah, una de mis compañeras de habitación.
- ¿En la Sala Común? -preguntó con curiosidad Angie, otra de nuestras compañeras.
- Sip, en la Sala Común -contestó Deborah-. Todos tenemos que aportar algo.
- ¿Incluso si no vas a estar en la fiesta? -pregunté yo.
- Que ni se te pase por la cabeza que vas a faltar, Lily -dijo mi "querida" mejor amiga Alice con un tono amenazante- ¿Qué tipo de aportes, Deb? -continuó ahora con una voz dulce.
- Bueno, verás, tenemos que encargarnos de la música, la comida…, cosas por el estilo.
- Y supongo que James tiene algo que ver con todo esto -dijo Angie, soltando una risita tonta.
- Por supuesto, Angie. Él y Sirius son los que prácticamente han planeado y organizado todo esto.
- Sabes, a mí me parece que la parte de planear y organizar va más con Remus que con ese par -dijo Alice, risueña-. Yo creo que ellos más bien se van a encargar de que haya comida y bebida en la fiesta.
- Siempre me he preguntado cómo es que consiguen la comida -dijo Angie pensativa- ¿Crees que la robarán de las cocinas?
- Pero en las cocinas no hay cerveza de mantequilla, y eso es lo que generalmente consiguen para tomar, aparte del jugo de calabaza. -refutó Alice.
- ¿Podemos dejar de hablar del arrogante de Potter y el egocéntrico de Black, por favor? -pedí yo- Continúa con lo de la fiesta.
- En fin -continuó Deborah-, la fiesta será el sábado por la noche, y los que estén interesados en ayudar con los preparativos deben hablar con James o Sirius, cualquiera de los dos.
Justo cuando iba a preguntar si era necesario y totalmente obligatorio ayudar con los preparativos, se escuchó un fuerte ruido y, al voltearme, me di cuenta de que había un gran grupo de alumnos observando lo que parecía ser un alboroto.
Me puse mis medias y mis zapatos, me paré y me acerqué rápidamente al lugar. Me abrí paso entre la gente y pude ver a Potter, a Black y a Severus. Severus estaba petrificado en el suelo y no paraba de decir maldiciones y groserías, su varita estaba en el suelo a varios metros de él.
- Lávate la boca -dijo Potter-, ¡Scourgify! -gritó lanzándole el hechizo a Sev, de cuya boca empezaron a salirle pompas rosas de jabón que poco a poco le iban cubriendo toda la cara.
Sentí mi sangre hervir de la rabia y el enojo, por más distanciada que me encontrara con Severus en este momento no iba a permitir que Potter lo molestara.
- ¡Déjalo SOLO! -grité lo más fuerte que pude.
Potter y Black se voltearon a ver quién les había gritado y, al verme, la mano libre de Potter se dirigió inmediatamente a su cabeza para alborotarse más el pelo.
- ¿Todo bien, Evans? -dijo Potter, tratando de que su voz sonara más agradable y madura, como si eso fuera posible. Odiaba que hiciera eso de alborotarse el cabello, como si no estuviera ya lo suficientemente desordenado.
- Déjalo solo -repetí, a la vez que lo miraba con total desagrado- ¿Qué te ha hecho?
- Bueno -dijo mientras aparentaba pensar en un punto con el cual responderme, mi paciencia estaba llegando al límite-, es más el hecho de que "existe", si sabes a lo que me refiero…
Varios de los estudiantes que estaban alrededor se rieron, incluyendo a Black y a Pettigrew. Yo no encontré gracioso su comentario, me hartaba el hecho de que Potter siempre se estaba metiendo con Severus sin razón alguna.
- Crees que eres gracioso -le dije todo lo fríamente que pude, dispuesta a dejarle claro todo lo que pensaba respecto a él-. Pero solo eres un arrogante, fanfarrón, Potter. Déjalo solo.
- Lo dejo si tú sales conmigo, Evans -dijo rápidamente queriendo, al parecer, tomarme por sorpresa-. Ándale…Sal conmigo, y nunca volveré a poner mi varita en el viejo Snivelly.
Ya me lo había esperado, él siempre trataba de invitarme a salir en todo momento y sin importar la situación, ¡cómo si yo fuera a aceptarlo! Sabía que solo me quería como a otro de sus trofeos, como un premio. No saldría con él ni aunque fuera el último hombre de la Tierra, yo la última mujer, y tuviéramos que formar nuevamente la raza humana.
- No saldría contigo ni aunque tuviera que elegir entre tú y el calamar gigante -le espeté.
- Mala suerte, Cornamenta -dijo Black enérgicamente, volteando hacia donde estaba Severus-. ¡AY!
Al parecer Sev se había librado del hechizo; dirigió hacia Potter su varita, de cuya punta salió un rayo de luz directo a un lado de la cara de Potter. Una cortada apareció allí, salpicando su ropa de sangre.
Potter se giró rápidamente lanzando otro rayo de luz, y Severus se quedó flotando en medio del aire con su túnica cayendo sobre su cabeza, mostrando sus pálidas y delgadas piernas y sus grises calzoncillos.
Muchas de las personas vitorearon mientras Potter, Black y Pettigrew se carcajeaban. Estuve a punto de reírme yo también porque, en verdad era muy gracioso, pero mantuve seria mi expresión y grité de nuevo:
- ¡Bájalo de ahí!
- Ciertamente -dijo Potter, y agitó bruscamente su varita. Severus cayó al suelo en un arrugado montón. Se paró rápidamente listo para atacar a Potter, pero Black alzó su varita y dijo:
- ¡Locomotor mortis! -y Severus cayó al suelo de nuevo, tieso como una tabla.
- ¡DÉJALO SOLO! -grité sacando mi varita, ese par ya había terminado con mi paciencia. Potter y Black me miraron cautelosamente.
- Ah, Evans, no me hagas hechizarte -dijo Potter seriamente, como si YO le fuera a tener miedo.
- ¡Entonces quítale el hechizo! -le repliqué yo, ya furiosa.
Pareció pensarlo profundamente, luego se volvió hacia Sev y pronunció el contra-hechizo.
- Ahí lo tienes -dijo mientras Severus se ponía de pie-, tienes suerte de que Evans haya estado aquí, Snivellus…
- ¡Yo no necesito la ayuda de pequeñas y mugrosas Sangre Sucias como ella!- gritó Severus.
Parpadeé…
Esto es un error. Tiene que ser un error.
Severus no pudo haberme dicho algo tan horrible.
Él, mi mejor amigo de toda la vida, el que siempre ha estado allí para mí simplemente no pudo haber dicho eso.
Fue en ese momento que me di cuenta que lo poco que quedaba de mi amistad con Severus se había roto, a pesar de todo lo que traté de hacer por mantenerla.
En ese momento sentí que una parte de mí se iba, esta vez para siempre.
- Bien -logré decir, aparentando una calma que en realidad no sentía-. No me molestaré en el futuro. Y yo lavaría esos pantalones si fuera tú, Snivellus.
Aunque sabía que no debía haberlo llamado así, ya lo había dicho y no podía retractarme. Además, a mí me habían dolido demasiado las palabras que él me había dicho. No pensaba dar marcha atrás ahora.
- ¡Pídele una disculpa a Evans! -le gritó Potter a Severus apuntándole con la varita amenazadoramente.
- No quiero que "tú" lo hagas pedirme una disculpa -le grité-. Tú eres tan malo como él.
- ¿Qué? -aulló Potter, al parecer ofendido-. ¡Yo NUNCA te llamaría una… tú sabes qué!
Eso era más cierto de lo que quería admitir, a pesar de TODOS sus defectos, Potter jamás juzgaba a alguien por su estatus de sangre. Pero en este momento estaba tan dolida y enojada que simplemente no pensaba soportar a nadie.
- Desarreglándote el pelo porque piensas que se ve genial verse como si te acabaras de bajar de la escoba, presumiendo con esa estúpida Snitch, caminando por los corredores y hechizando a cualquiera que te cae mal solo porque puedes, me sorprende que tu escoba pueda elevarse del suelo con esa cabezota encima. Me ENFERMAS. -terminé de gritarle, luego me di la vuelta porque sentía que los ojos se me humedecían. Las lágrimas amenazaban con salir y yo no pensaba llorar frente a nadie, en especial frente a Potter y Black. Además no me gustaba sentir debilidad, y llorar era signo de debilidad.
- ¡Evans! -gritó Potter detrás de mí-, ¡Hey, EVANS!
No me volteé a mirar y seguí corriendo con el único deseo de llegar a mi cuarto y llorar hasta desahogarme por completo."
Seguí caminando mientras me secaba las lágrimas que habían caído sin que me diera cuenta. Pensar en Severus me ponía mal y me deprimía, las únicas personas que en verdad sabían cómo me sentía al respecto eran Alice, Mary y Remus. Ellos eran mis mejores amigos y siempre estaban ahí para mí.
Alice era esa amiga que me hacía reír, enojar, rabiar, que quiere controlar cada momento de mi vida y siempre cree tener la razón, pero no se qué haría sin ella; Mary es más tímida e introvertida que Alice, pero siempre está dispuesta a aconsejar, y a veces a sermonear. A veces puede llegar a sorprendernos, pues de vez en cuando se suelta y se divierte lo más que puede. Se puede decir que nos necesitamos las unas a las otras porque si no seríamos un desastre. Siempre podía confiarles cualquier cosa, sin importar cual sea.
Y luego está Remus, él es ese amigo con el que podía pasar horas y horas conversando, con el que podía hacer tareas y estudiar, o simplemente hacernos compañía. Siempre me entiende cuando le cuento algo y adivina mis pensamientos y sentimientos con solo ver mi rostro. Él también era prefecto como yo, por lo que a veces hacíamos las rondas juntos; y a veces cuando veía que me sentía muy mal y decaída, me daba un chocolate para subirme el ánimo. Su lema era que no podías comprar la felicidad, pero podías comprar chocolate que es casi lo mismo.
A veces no entendía cómo es que un chico como Remus puede ser amigo de chicos como Potter y Black, incluso de Pettigrew. Él era responsable, mientras que Potter y Black eran unos alborotadores inmaduros; y mientras Pettigrew era un tonto que prácticamente no sabía hacer otra cosa que comer, Remus era un chico listo con un futuro prometedor. Constantemente me dice que las apariencias engañan y que las cosas y las personas no son siempre lo que parecen, y como cada vez que hablo mal de Potter él parece molestarse, he decidido no hablar de ello con él.
Mis amigos son mi familia en Hogwarts, los que hacen que no extrañe tanto estar en casa. A veces tenemos una que otra pelea, pero nada que nos afecte o sea demasiado grande como para solucionarlo. Sinceramente, mi vida no sería lo mismo si ellos no fueran parte de ella, ya que ellos me han ayudado mucho a superar todo sobre el asunto con Severus…
Sacudí mi cabeza tratando de alejar esos pensamientos de mi mente, al parecer de una u otra forma siempre termino pensando en él. Sacudí mi cabeza de nuevo y continué con mi ronda, ya había llegado a las escaleras que bajan hasta las mazmorras. Me detuve un momento, puede parecer un poco tonto, pero no me gusta bajar hasta allí sola, y menos de noche.
Lo malo es que Remus no pudo venir a hacer la ronda conmigo ya que debía terminar un trabajo que aún no había podido empezar debido a la Luna Llena, y cuando la profesora McGonnagall me preguntó si podía hacer las rondas sola esta vez yo le dije que no había ningún problema. Me dije a mí misma que no me iba a pasar nada malo mientras estuviera en la escuela y, además, tenía mi varita. Luego de respirar hondo unas cuántas veces empecé a bajar las escaleras.
Al llegar al final de la escalera, sentí un escalofrío por el frío que corría allí abajo, y empecé a caminar por el pasillo. Esta parte del castillo nunca estaba bien iluminada, las paredes no tenían ningún cuadro y las antorchas se encontraban muy separadas unas de otras. Como no había mucha luz, encendí mi varita y seguí avanzando.
Ahora pensaba en Alice y en todo lo que me había dicho. Desde hace varios días estaba muy extraña, no estaba tan animada como siempre y se le veía decaída y triste. Mary y yo estábamos preocupadas por ella y tratábamos de animarla de todas las maneras posibles. Le habíamos preguntado muchas veces qué era lo que pasaba, pero ella no nos decía nada. El otro día que salíamos de una clase de Transformaciones, ella me había pedido que la acompañara al cuarto a buscar un libro que necesitaba. Yo la había acompañado y ella me había contado qué era lo que le pasaba.
Era Frank.
Al parecer Alice se acababa de dar cuenta de que le gustaba Frank Longbottom. Eso no me sorprendió demasiado, yo sabía que a Frank le gustaba Alice desde inicios del curso pasado. Además estaba el hecho de que ambos eran buenos amigos, por lo que imaginé que sería cuestión de tiempo para que Alice empezara a sentir cosas por él también. Y eso acababa de suceder.
Mi amiga estaba confundida y no sabía qué hacer. Le gustaba Frank, pero no estaba segura de si él sentía lo mismo por ella. Yo no quise decirle nada por temor a estar equivocada e ilusionarla falsamente. Ella tampoco estaba segura de si valía la pena arriesgar su amistad con Frank por una relación que no estaba segura si funcionaría.
Alice me había preguntado qué podía hacer.
Y yo no supe cómo contestarle.
Digamos que no he tenido mucho éxito en mi vida amorosa. Ninguna de las relaciones que he tenido ha durado mucho, y nunca he sentido nada serio por los chicos con los que he salido. Es por eso que le dije a Alice que lo mejor sería esperar para ver cómo se daban las cosas. Ella me agradeció por haberla escuchado, pero yo me sentí culpable por no tener nada útil que decirle.
Un ruido como de algo cayéndose me sacó de mis pensamientos, me paré y escuché unas voces que venían desde dentro de un aula cercana que casi nunca se usaba. Me fui acercando en silencio, apagué mi varita y traté de oír la conversación con mi oído pegado a la puerta.
- ¿Por qué no podemos simplemente atacar desde dentro? -preguntaba una voz que reconocí como la de la prima de Black, Bellatrix.
- Porque nuestro amo no cree que sea conveniente -contestó la voz de Lucius Malfoy, esperen… ¿Malfoy no había terminado la escuela hace dos años?
- ¿Y por qué el Señor Tenebroso te envió a ti, de todas formas? -dijo Bellatrix despectivamente. Señor Tenebroso…, tengo la vaga impresión de haber escuchado eso antes.
- Porque -dijo Malfoy, jactanciosamente- yo soy uno de sus mortífagos de más confianza.
¡Claro!, ¿cómo no me di cuenta antes? ¡El Señor Tenebroso es El-que-no-debe-ser-nombrado!
Pero, ¿cómo es que Malfoy pudo entrar a la escuela? Uno no puede aparecerse en Hogwarts.
Pero… ¡MORTÍFAGOS EN HOGWARTS! Debía avisarle a un profesor cuánto antes, debía avisarle al profesor Dumbledore; pero estaba petrificada por la sorpresa y no podía moverme.
Retrocedí unos pasos con dificultad, pero perdí el equilibrio y choqué contra una armadura, la cual cayó haciendo un ruido horrible. Ahora sí estaba muy asustada, estoy segura de que me han oído y quién sabe qué cosas pueden hacerme. Casi no podía moverme por el terror.
La puerta se abrió con brusquedad y las personas que estaban dentro del aula salieron y me miraron con expresiones furiosas. Había algunos alumnos de Slytherin, como Bellatrix y… Severus, pero también había personas encapuchadas y enmascaradas que eran lo suficientemente mayores como para haber terminado la escuela.
- A ver, a ver, ¿a quién tenemos aquí? -dijo una de las figuras encapuchadas con una voz que reconocí como la de Malfoy, su tono era burlón.
- ¡Es esa asquerosa Sangre Sucia de Evans! -chilló Bellatrix.
Me incorporé y sujeté mi varita preparada para pelear y les dirigí una ojeada, eran por lo menos ocho; miré a los ojos a Severus unos segundos, y mi mirada reflejaba dolor, decepción y asco por lo que se había convertido. Si tenía que hacerles frente a todos ellos no pensaba echarme para atrás, incluso si tenía que enfrentar a mi ex mejor amigo.
- Déjate de tonterías -me dijo Malfoy con impaciencia al ver que alzaba mi varita-, y dinos cuánto escuchaste si no quieres que te vaya mal -me amenazó.
- No pienso decirles nada -escupí yo, sintiendo más miedo que el que dejaba ver; estaba dispuesta a hacer todo lo posible por enfrentarlos y no pensaba decirles nada que pudiera ayudarlos.
- ¡ESTÚPIDA! NO TE DAS CUENTA DE QUE SI NO LO DICES TE MATAREMOS! -chilló Bellatrix fuera de sí, su cabello se había erizado y su expresión la hacía ver como si fuera una enferma mental muy peligrosa. Tengo que admitir que me dio un poco de miedo.
- ¡Cálmate, Bella! -le espetó Malfoy- Ahora, mocosa ¿vas a decírnoslo por las buenas, o por las malas?
Me conformé con sujetar más fuerte mi varita y alzarla, a la vez que lo miraba desafiante. De todas maneras me iban a atacar si les decía, así que no perdía nada haciéndoles frente.
- Bueno, por las malas será -dijo con una voz peligrosa- ¡Crucio!
- ¡Desmaius! -grité esquivando la maldición, mi hechizo pasó rozando a Malfoy y le dio a un Slytherin de séptimo. No pensé que fueran a usar maldiciones imperdonables contra mí, aunque supongo que debí habérmelo imaginado.
- ¡CRUCIO! -chilló Bellatrix detrás de mí.
De pronto sentí como si miles de cuchillos ardientes se me clavaran lentamente por todo mi cuerpo. Caí al suelo por el dolor y no pude evitar gritar, no supe cuánto tiempo pasaba, pero sentí que mi rostro se mojaba con mis lágrimas que caían sin parar.
Pude escuchar a varios de ellos riéndose, pero sus risas se escuchaban lejanas y débiles. Lo único que quería era que parara el dolor, sentía que si no se detenía pronto me volvería loca, moriría de dolor.
¡Quería morir! Prefería morir con tal de no sentir por más tiempo este dolor.
De pronto paró, tan repentinamente como había empezado.
Traté de levantarme dispuesta a hechizar a alguno si era posible, no me iba a dar por vencida tan fácilmente. Ya me estaba levantando, cuando otro de ellos me volvió a torturar.
La fuerza de la maldición me lanzó contra la pared de piedra y me golpeé la cabeza, primero contra la pared y luego contra el suelo. Sentí un dolor punzante en la parte de delante de mi cabeza y como la cálida y pegajosa sangre manaba de ella; ahora a parte del terrible dolor, sentía una punzada en la cabeza y la vista se me empezaba a nublar…
Cuando se detuvo de nuevo, volví a tratar de levantarme, pero fui lanzada de nuevo contra la pared. Ya no solo me estaban torturando, sino que también me lanzaban hechizos que jamás había oído o leído antes, y que me hacían sentir un dolor insoportable.
- ¡Sectumsempra! -gritó una voz que no llegué a reconocer.
Cuchillos y dagas invisibles se me clavaron en el cuerpo y me desgarraron la piel. Me desplomé en el frío suelo de piedra mientras sangraba. Podía sentir la sangre saliendo de mis brazos, mis piernas, de todo mi cuerpo; además de la que ya estaba saliendo de mi cabeza.
Escuché las voces de los mortífagos, algunas preocupadas y otras frías, sin ninguna emoción.
Escuché que hablaban sobre dejarme en otro lugar.
Y luego todo se puso negro…
Hola! Solo quería decirles que este es mi primera historia; bueno, en realidad no es la primera historia que he escrito, pero si la primera que he decidido publicar. En verdad espero que les guste, pero si no, bueno, acepto todo tipo de críticas :)
Tampoco les estoy obligando a dejarme comentarios,porque sé por experiencia propia que uno no siempre tiene tiempo (la flojera a veces es taaaan fuerte...), pero me gustaría saber su opinión acerca de lo que les pareció el capítulo, estoy abierta a cualquier sugerencia que se les ocurra hacer. En serio, me conformo con un simple y sencillo "Me gusta, cuéntame más" (jejeje, ¿alguien ha leído "Hola Andrés, soy María otra vez"?)
Bueno, en fin, espero poder actualizar pronto y leer los comentarios que me dejen; tanto si son buenos como si no :)
Sin más que decir, las dejo con un beso con sabor a..., bueno, con sabor a lo que quieran.
Con cariño,
Su loca y despistada escritora.
Pd: Ojalá nos leamos pronto, ustedes me entienden...
