Capitulo re-editado.

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Capitulo tres

Siete de noviembre

Leonardo.

La cabeza me dolía, con tan solo el más mínimo de los sonido me aumentaba más los mareas y las terribles ganas de vomitar, inclusive la cama me incomodaba haciendo más difícil el poder recuperar el sueño perdido, me aparte las sabanas que cubrían mi cuerpo puesto que a pesar de ser un animal de sangre fría el calor me estaba llegando a incomodar hasta ser algo molesto, los dedos de mis manos estaban frías y al colar mi frente esta ardía, ni siquiera el poder levantarme podía ya que por cada vez que lo intentaba una ola de mareas me azotaba haciéndome volver a recostarme a la cama, gruñí de la impotencia en la que me encontraba tanto que avente la almohada por algún lugar de la habitación, la punzada que sintió dentro de mi pecho ya no la aguantaba.

Los minutos me parecieron eternos y solo me la paso mirando el techo y escuchando el sonido de las arpas del abanico que yacía a mi lado, todo era silencio… un maldito silencio.

Esta ya era principios de la segunda semana en la que me encontraba empotrado en la cama sin poder hacer nada, me hacía sentir un completo inútil, un inútil al cual todos estaban pendiente de cuidar, hasta me había dado cierta vergüenza que Miguelangel me ayudara a levantarme cuando la fuerza en mis brazos desaparecían y mis piernas me comenzaban a temblar, y en más de una ocasión uno de mis hermanos siempre me cachaba al ver que estaba a punto de estrellarme cara contra el suelo.

Que humillación la mía.

Los entrenamientos eran lo que más me preocupaban, desde que me había caído la fiebre no era capaz de realizarlos, los mareos me echaban para atrás y me tumbaban, inclusive no me atrevía a mirarle a los ojos al sensei…

Decepción, era todo lo que veía en sus ojos.

En momentos como estos un té verde era mi única calma, me urgía tener L-teanina correr por mi sangre, y no esas pastillas suicidas que tanto mi insistía Don que me tragara.

Rodé sobre la cama intentando tranquilizarme, cerré brevemente los ojos por un momento tratando de si así me relajaría un poco, dejando que el mareo se me pasase, me recuesto sobre mis brazos y suspirando pesadamente. Cerré al fin los ojos, reconciliando el sueño, me sentía más fatigado de lo normal y con demasiado calor.

Necesitaba algo frio.

Con pesar, me apoyo sobre mis brazos haciendo fuerzas por intentar levantarme para ser repentinamente atacado por la punzada de dolor en mi pecho otra vez. Me sentía raro… sentía como si tuviera… algo dentro mío que se estaba removiendo entre mis entrañas, no sabía él porque pero esa era mi imaginación.

Y la idea de que un alíen me saliese del pecho me entre divertía y horrorizaba al mismo tiempo

¿En qué rayos estaba pensando? Demasiadas películas de ciencia fisión ya empezaba a dañarme la mente, si seguía a así me volvería como Miguel.

Cuando por fin logre mantenerme sentado en la orilla de la cama deje que se me pararan unos minutos más antes de decidir levantarme y encaminarme hacia el pasillo, recargándome vagamente a la pared a paso cuidadoso y lento.

Otra vez el calor me golpeaba pero más fuerte.

-¿qué diablos estás haciendo aquí?-

Donnie apareció por mi lado al divisarme entrar por la cocina, yo por mi parte aguante las ganas de gruñirle. Mi hermano me llevo hacia una de las sillas más cercanas y sin más la tome.

-deberías estar reposando en cama, te ves muy pálido, más de lo normal-

-yo… ya no aguantaba estando un minuto más en aquella monótones de silencio, Donnie-

Mi hermano se quedo pensante.

-¿tomasteis tus pastillas?-

Y le vuelve jalar con la cuerda

-si ya me las tome- obviamente mentí- ¿me puedes dar un vaso de agua helada?-

Donnie no muy convencido respecto a lo que dije de las patillas se dispuso en servirme agua.

Al sentir aquel liquido fría pasar sobre mi garganta caliente me atragante, me hice a un lado y termina escupiendo el agua al suelo, Donatello preocupado corrió hacia mi lado preguntándome que se me encontraba bien. Yo en cambio mire extrañado el vaso…

No fui yo… mi cuerpo en automático la rechazo.

Volví a tomar de un sorbo y no fui capaz de tragarla, al hacerlo mi garganta ardía a las brasas lo cual fue extraño, puesto que horas antes Miguel me había traído un vaso a mi recamara.

-Don… puedes traerme agua al tiempo?-

-¿seguro?- simplemente asentí.

Y esta vez, como si lo hubiese predicho, si pude beberme el agua por completo.

Era como si… mi cuerpo estuviese rechazando todo lo helado, las escamas se me erizaban con el solo hecho de tener el aire acondicionado cerca o que al bañarme con agua semi fría sentía que me quemaba vivo contra fuego. Lentamente deposite el vaso en la mesa, perdido mirando el piso, algo en mi no era normal, Lo sabía porque algo se empezaba a remover dentro de mi pecho.

Y con mucha insistencia

-Leo-

Mire a quien me nombraba

-¿te encuentra bien?-

-…no- pase mi mano sobre mi pecho-me siento… raro, hace mucho calor-

Todo empezaba a darme vueltas, me sentía como drogado

-¿quieres que te lleve de vuelta a tu habitación?-

Suspire pesadamente, llevándome las manos hace la cabeza, un cosquilleo se hiso presente en mi muñeca, la misma en la que había recibido la mordedura, esta me temblaba.

Mi brazo ardía.

-no… yo… no se- no podía seguir, la migraña se me había intensificado

-¡!Donnie!- era la voz de Miguel

-¡ahora no Miguelon!-

Las voces a mí alrededor se incrementaban, como si alguien le hubiese subido de volumen con un control remoto, al segundo se me empezaba a ondular la visión.

-¡la calefacción no sirve, se chingo otra vez!-

Inconscientemente rasco mi muñeca tratando de parar la comezón, abarcando toda la longitud de mi brazo.

-… ¿Leo?-

-Hey… que tiene Leo ¿Porque esta así?-

La sangre empezó a brotar, y el olor me enloqueció.

Y repentinamente todo se me oscureció.

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Rafael

El shinobi observaba cautelosamente desde el ventanal del departamento, apartando las persianas de las costinas e fijo en el panorama que le brindaba la civil urbana, atascado del tráfico y protestas que se arrogaban como hordas hacia los locales e policía municipal. Durante lo largo de esa semana la cuidad había perdido el control, histeria por la expansión de la epidemia que se encontraba a todo los alrededores de la ciudad, uno que otro disturbio empezaban a volquear los autos para luego ser reprendidos por la policía y arrestados por cargos y amenaza civil, en tan solo el lapso de una semana la isla de Manhattan había caído en picada y trastornada.

La gente tan solo salía despavorida de cualquiera que estornudaba o presentaba signos de grite, ya sea en el metro o en las calles peatonales, inclusive ya le había tocado la suerte de presenciarlo él mismo al querer entrar a uno local en busca de una bebida caliente cuando se vio en peligro de ser aplastado por una estampida de personas gritando histéricamente como si fuesen amenazadas de un bazucazo.

Las gentes, desconfiadas, volteaban a mirar al otro, armados de protecciones de higiene, guantes y cubre bocas, a pesar de que las temperaturas en New york ya no eran tan bajas estableciendo su termómetro estable devuelta a los 25°c a 30°c nadie se atrevía a dejar de ponerse sus pesados y enlanados trajes de invierno, el número de infectados por la influenza acercaba como un tercio de la población desde las puntas de las costas de New York, Queens hasta los extremos de Bronx.

-ya ni es seguro salir de mi departamento- La voz de la pelirroja había caído en los oídos del galápago, sacándolo de sus pensamientos. La tortugas sin hacer un mero intento de querer moverse ni siquiera de un centímetro de su estar en la ventana la seguía escuchando atentamente sin miramientos- hay mucho disturbio… de gente protestando, que tengo miedo de ser arrastrada por la turba- la abatida mujer se cubre su delicado rostro entre sus manos por unos segundos más antes de recuperar su postura anterior- inclusive tenía planeado visitar a mi hermana allá en Boston por una temporada, pero- por su voz a Rafael le daba la impresión de que se le iba a quebrar en algún momento-es imposible… no puedo dejar simplemente la tienda tirada y ni mucho menos dejarlos a ustedes-

-las carreteras están bloqueadas, Abril-

La hermosa mirar esmeralda de la pelirroja recayó en Rafael

-toda la vendita isla y la ciudades cercanas a ella están en cuarentena, aunque quisieras irte te sería imposible cruzar por carretera – "en otras palabras estamos atrapados" se contuvo en decir esto último, sabiendo de lo claustrofóbico que seria para la ella, por lo que se lo guardo.

La mujer se mordió el labio inferior, asustada, ella no sabía cómo manejar toda esa situación tan tensa y ni siquiera entendió como lograba Rafael mantenerse en un estado tan sosegado.

Miro de reojos a Rafael, desde su lugar podía apreciar la posición tranquila a pesar de que se encontraba dándole la espalda y con los brazos cruzados, no traía puesta la máscara que le cubría el rostro, dejando al descubierto las franjas rojas situadas en las esquinas de los ojos, mentiría si no lo viese atractivo al galápago.

Después de al cabo de unos segundos en las que se las paso observando a Rafael sin mucho disimulo, la filosa expresión ámbar la volteo a ver.

-ya están tratando con la administración de la vacuna… pero no estoy muy seguro por cuánto tiempo le tomara a la ciudad en retomar la normalidad con esos extraños incidentes que aun no logra averiguar la policía-

-¿te refieres a esos de ataques de agresión?-

-si…- volvió a posar su mirada de vuelta a la ventana- no sé por qué rayos están ocurriendo esas cosas al mismo tiempo, y no creo que sea por algún consumo de droga extraña de la cual se trata de excusar la policía… hay algo en todo esto que no me agrada, todo ocurre demasiado rápido- frunce el ceño.

-bueno…. Pues es una fuerza influenza la que está ocurriendo- abril jugo entre sus manos con la pequeña tacita de cocoa humeante.

-pero no tiene sentido- murmuro esto último para sí mismo que para la pelirroja, la cual pasa desapercibida.

-oye- la voz femenina llama su atención- ¿y cómo las han estado pasando?-

Rafael medito la pregunta antes de contestarle, acercándose a ella a la mesa del comedor y tomando asiento.

-no te sabré decirlo- se soba el cuello, molesto- hemos tenidos mejores días que la que tuvimos que pasar en esta semana… Don no anda en el mejor de sus humores, teniendo que atender todos los aparatos electrónicos que sufrieron daños tras las heladas en la guarida y Mikey no para de andar chingando con lo de la calefacción y el maestro esta como siempre, meditando en su recamara o sino peleando por el mando del control remoto- pasando su mano por el rostro fatigado con los ojos cerrados del cansancio.

-¿y Leo? ¿Cómo es que se encuentra?-

Guardo unos minutos en silencio, no sabía cómo responderle

-no muy bien-

-¿no ah mejorado aun?-

-no… esta cada vez peor, pierde las fuerzas rápidamente y ni siquiera es capaz de mantener la concentración por más tiempo sin que le lleguen los dolores de cabeza-

Esa confesión no tranquilizo en nada a la pelirroja. Jugueteando con su tacita vacía, ella no podía evitar que esa idea le estuviese rondando por la cabeza por lo cual se lo termino contando a Rafael.

-no será que Leo también lo tiene?-

No reparo en la que Rafael le viese con cierto enojo.

-que me tratas de decir-mirándola, esperando que no fuese lo que él creía que era.

-que… se haya contagiado de la influenza-

Ahora sí, la miro con enojo.

-en ese caso yo también estaría infectado-

-no! no es a eso que me refiero-

-no, si es a lo que te refieres Abril- la corto en seco- ¿ves ahí a esa cosa que está ahí afuera? Se te contagia en un parpadear de ojos! Ahora si suponemos que el intrépido lo estuviese, ¿no crees que a mí también me hubiese dado? ¿O inclusive a cualquiera de nosotros en la guarida?-

-… pero Rafa, tú mismo lo has dicho, presenta los mismos síntomas del contagio- se intento excusar la pelirroja-¿acaso no lo has considerado?- Rafa cerro los puños.

Si, lo había considerado antes, y se lo pasaba pensándolo todos los santos días tratando de encontrar una explicación y él porque, pero lo que él no entendía era el porqué solo Leonardo era quien presentaba todos esos síntomas y los demás no, a esta alturas ya debería de padecer dolores de cabeza y temperatura alta pero no, simplemente no las presentaba, ni sus otros hermanos o el maestro, eso era lo extraño.

¿Será que el contagio se presentaba de otra manera y no como la que suponían los medios? ¿o habrá algo más? ¿Algo que se había pasado por alto?

Además que de entre todos en la guarida era él quien precisamente se exponía frecuentemente subiendo a la superficie, peatonando las calles y estando pendiente de Abril en cada momento, comúnmente se las pasaba tomando del paseo haciendo el tonto en las calles en especial en parque de Saint John st, cruzando entre los enfermos y no enfermos, con ese nivel de exposición el ya debería padecer de esa extraña gripe que se encontraba azotando a toda isla de Manhattan, pero no.

Se sentía en perfecto estado.

Tanto que no veía la necesidad del cubre bocas o los guantes.

Guardaron unos minutos en silencio, Abril desde la mesa angustiada y Rafael recargado en la espalda de la silla con los brazos cruzados, el único sonido audible por la sala del comedor eran provenientes de afuera departamento, había un griterío ahí afuera, más lo ignoraron, ya estaban a acostumbrados del jaleo armado desde semanas atrás.

Rafael suspiro pesadamente.

-si…. Ya lo había considerado antes- su voz, lenta pero potente, el galápago titubeo unos segundos centro en sus pensamientos- Supongamos…. Que el intrépido esta contagiado ¿Cómo le haría yo para conseguirle la vacuna? Sin necesidad de ser balaceado por los guardias que custodian los centros de salud, sumándole a las miles de personas que se encuentran ahí formando filas esperando a que se les atienda ¿Qué haría?-

La pregunta dejo algo desconcertada a la O´neil, mirando con gesto dudosa la expresión tranquila pero estresado del galápago.

-no se responderte a eso-

-¿ves? No es algo tan simple-

-pero de seguro debe haber alguno otra forma- ella trato de animar mostrando una de sus cálidas sonrisas aunque estas se borraron a ver a un aplastado Rafael.

-¿así?... como cual?-

Silencio.

El shinobi sonrió con unas de sus típicas arrogantes tan características en él, volteo a ver había el reloj comprobando que se le hacía tarde, dio un suspiro con resigna miento, levantándose de la silla, se encamino hacia la puerta de entrada tomando de su gabardina y el sombre y en gesto se despide de la pelirroja.

-espera!-

Abril le detiene el paso pasando a su lado, en sus manos yacía sosteniendo lo que parecía ser un cubre bocas

-no, no hace falta-

Y sin más se va, dejando a la pelirroja sola. La mujer miraba preocupada la puerta en la que minutos antes había salido el galápago, apretando con sus finas manos el trozo de tela en su puño mientras mordía nerviosa su labio inferior.

-cuídate-

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Trotando, se procuro tomar un camino más rápido en dirección a la guarida, uno de sus tantos atajos que le llevaba directo hasta la alcantarilla. Salto a uno de los edificios más cercano haciendo pulso de sus piernas logrando un largo trayecto hacia las escaleras contra incendios y descendió entre ellas hasta llegar contra suelo.

Y fue precisamente ahí cuando se detuvo en seco.

Aun estando en esa pose con las rodillas flexionadas miro cautelosamente a su alrededor, agudizando su visión y mirando entre las sombras del lúgubre lugar.

Tan pronto en el que había tocado suelo, su sentido de alerta se le agudizo e repentinamente una sensación de peligro le inundo los aires, manteniéndolo bajo silencio, pendiente del más tenue sonido que pudiera haber dentro de aquel oscuro y maloliente callejón, con la vista al frente observando a la nada, atento.

Instintivamente se llevo la mano izquierda a la altura de su cintura rosando con las puntas de sus dedos el mango de la daga que reposaba en su cinturón, no llevaba esa noche consigo sus sais puesto que no creía necesario andar paseando con ellas todo el santo tiempo hiendo y viniendo a la guarida hasta el departamento, aunque como siempre en la mayoría de los casos se llevaba consigo la cuchilla de cazador y un par de kunais extras.

Pasaron unos largos minutos centrado en una pose de pelea, en busca del enemigo, el shinobi tenia la extraña sensación de ser observado.

Y extrañamente todo estaba en silencio.

Ni el escuchar de los pájaros y ni las de un peatón, solo un simple y siniestro silencio.

El corazón le latía a velocidad poniéndolo bajo tención lo suficiente como para hacerle sudar.

Sabia de sobra que había alguien ahí con él, lo podía sentir… más no lo podía localizar y eso era lo que le mantenía tenso, apretando con fuerza la empuñadura de su daga desfundada.

A paso lento se encamina a la tapa de alcantarilla sin atreverse a bajar en ningún instante la guardia y ah como pudo la abrió y se apresura a entrar en ella.

No supo por cuánto tiempo había estado conteniendo la respiración pero se sentía más que bendecido sus pulmones a tener aseso del oxigeno pasar por ellos.

Sudo frio, jadeando pesadamente y con los brazos temblorosos de tanto contener presión en sus músculos tensos, no era la primera vez que sentía aquella misma asfixiante sensación, aquel recorrer de adrenalina tras las vías de su sangre al vivaz del peligro.

Misma que lograba causarle Shredder en aquella fatídica noche años atrás.

Algo en ese callejón le había hecho recordar eso, y no le gustaba…

Para nada.

Y con una velocidad digna de un guepardo prende la carrera entre los túneles sumergidos en la penumbra, el agua chasqueaba bajo las suelas de sus botas al son de los ecos retumbar la cloaca, el jadeo pesado de Rafael era ahogado apretando con fuerza la mandíbula al ritmo que saltaba e evadía los tubos que yacías desparramados por el camino de concreto inundado por el desborde de las aguas y de maloliente olor.

Algo en su interior le decía que algo no estaba bien, la sensación de la adrenalina gobernar su cuerpo no lo dejaba y tampoco esa sensación de peligro que le atacaba a cada minuto desde que había descendido al interior del alcantarillado, ni tampoco aquel aroma a muerto que parecía fusionarse con el de las aguas negras del drenaje pasándole por desapercibido.

Por instinto lo sentía, y esta rara vez le fallaba.

Al llegar a la puerta principal de la guarida no dudo en ingresar en ella olvidando cerrarla tras de él, ingresando de una vez dentro del pasillo principal que daba vista a la sala de estar.

La visión que tubo no le gusto.

Frente a el yacía el montón de platos rotos, que dado a los rastro de comido estampados en la pared estos había sido arrogados contra la pared en cara a la cocina. Extrañado, Rafael avanzo preguntándose internamente que es lo que había sucedido mientras estaba en ausencia en el departamento de la pelirroja cuando en ese mismo instante escucho lo que parecía ser una refriega proceder desde el interior del salón de entrenamiento al fondo del pasillo, reconociendo por unos instantes la voz de su sensei.

Sin pensar cruzo por el pasillo patinando al dar la vuelta de la esquina de este, parándose en el marco de la entradilla de la sala de entrenamientos. El maestro Splinter yacía de rodillas sosteniéndose con fuerza la parte alta del estomago y desde su nariz habían rastros de sangre e también de entre la comisura de su hocico, en su rostro se veía claramente reflejado el enojo que tenía y más con sus orejas puntiagudas apuntadas hacia atrás de su cabeza y el pelaje completamente erizado, como las de un gatito furico. Miguelangel estaba a su lado sosteniéndole del brazo o más bien reteniéndole del brazo puesto que daba la sensación de que la rata le iba a saltar a alguien encima en algún momento.

Ambos miraban un cierto punto fijo y siguiendo la dirección en la que apuntaban su hermano y su padre, dio su atención a las dos figuras que se encontraban en pleno centro del campo de entrenamientos. Donatello permanecía en una postura de combate con las manos al frente en guardia y el paso redoblado, y Leonardo en pie con un cuchillo de cocina polywood en mano, Leo tenía un gesto extraño como de dolor y molestia e sosteniéndose con la otra mano libre el lado lateral de la cabeza con los ojos fuertemente cerrados, haciendo constantemente leves muecas y quejidos lastimeros.

-que es lo que está pasando aquí-la voz de Rafael sonaba a una demanda que a una pregunta.

-no te acerque Rafael- la voz de Splinter autoritaria y fuerte, advertían al shinobi que retrocediera el paso de su caminar al verlo avanzar hacia el interior de la sala-¡te he dado una orden, Rafael!-

-ordenes, ordenes…. Siempre son órdenes, no somos más que unas malditas herramientas para ti, verdad-

La contestación había dejado más que sorprendido a Rafael, ya que el dueño de esas palabras había sido producidas que nada menos por Leonardo.

-hey intrépido, ¿qué diablos te está pasando? ¿Qué modo de hablarle al Sensei es ese?-

-Rafa… cuidado- susurro por lo bajo Don a su hermano, al tenerlo ya a su lado.

El con solo oírlos Leonardo exploto

-CALLATE YA MARICON-

El cuchillo blandía por el aire erráticamente haciéndolo sonar con ese distintivo rugido metálico latiguear el aire, rosándole peligrosamente por los cuellos de sus hermanos quienes se vieron obligados a esquivarlo y retroceder, manteniendo una prudente distancia de dos metro de Leo. Los movimientos del espadachín eran increíblemente rápidos y fugases pero en descontrol y sin una trayectoria fija. En ningún momento Leonardo había abierto los ojos puesto que se los frotaba constante con el dorso de la muñeca como si de un molestar le impidiera el poder abrirlos, se detenía estando de pie y sin adoptar ninguna postura de combate, él simple y llanamente permanecía quieto y sujetándose de la sienes de la cabeza, haciéndole con esto imposible para ambos hermanos el poder contra atacar a Leo sin ser capases de leer sus movimientos, no se podían arriesgar los dos habiendo del excelente manejo con la cuchilla en manos de su hermano mayor y de la velocidad en la que era capaz de ejecutar sus ataques, en especial de los signos vitales, hasta teniéndole en sus manos un tenedor ya era letal.

-qué demonios es lo que tiene- pregunto por lo bajo Rafael, sin atreverse a quitarle de vista a Leo

-ni de coña lo sé- hablando con el mismo tono susurrante- de repensé se puso así… no sé del tiempo en el que llevamos tratando con él-

Rafael, que por lo que había visto en el estado que tenia Splinter, intuía que bastante tiempo.

-alguna sugerencia-

Su silencio fue más que su respuesta.

Al instante Leonardo lazo un sonoro quejido, flaqueando las piernas y cayendo arrodillado contra el duro suelo de concreto tomando de sorpresa a todos los presentes. Leo soltó el cuchillo y se llevo ambas manos a la cabeza apretando con fuerza la mandíbula e dejando ver tras una mueca de dolor sus colmillos y saliva que resbalaba de su garbilla. Donatello y Rafael no sabían cómo actuar, si de bajar la guardia y socorrerlo o permanecer listos para un próximo ataque sorpresivo del mayor, hasta Miguelangel se vio tentado de ir corriendo por su hermano al verle en ese estado pero se contuvo al final, en cambio a la rata se le volvieron a erizar los pelos en punta al experimentar una peligrosa sensación de alerta. Solo fue cuestión de segundos cuando el galápago emitió un extraño sonidito proceder de su garganta y su cuerpo convulsionando por las zancadas, vomitando un líquido ennegrecido y viscoso mezclado con sangre y un extraño olor a picante desagradable como amoniaco.

El galápago vomito una gran cantidad embarrando el suelo y tosiendo pesadamente tratando con desespero inhalar bocanadas de aire, dejando caer hilos de saliva e sangre de su hocico mientras se abrazaba así mismo del estomago, permaneciendo en una posición inclinada hacia adelante, respirando con dificultad.

Todos permanecieron en un muto y silencioso shock.

Hasta que el cappella U got 2 know se hiso presente.

La tonadita del celular del maestro de las sais.

La mirada del intrépido se dejo caer de una en Rafael, observándole con esos rojizos iris y de pupilas extremadamente dilatadas, ojos que antes eran de un color café claro. Leo ladeo la cabeza curiosamente de lado e emitiendo un raro sonidito de garganta haciéndole lucir tenebrosamente adorable, luego de echársele encima a Rafael embistiéndole con todo el peso de su cuerpo, tumbándolo agresivamente contra el suelo y depositándose arriba suyo en cuclillas sobre su plastrón, quedando cara a cara.

Un rugido bestial similar a la de un jaguar fue soltado en plena cara del shinobi de las sais, salpicándose de saliva y rastros de sangre, hasta que de un gran y poderoso brinco se le quito de encima apresurando una carrera tras la puerta del salón desvaneciéndose a la visto de los presentes.

Y todo en cuestión de segundos.

Y Miguelangel ya no pudo más

-¿!pero qué diablos ha sido todo eso!?-

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Espero que hayan disfrutado de este capítulo re-editado! Porque la verdad el otro estaba algo fatal xD, me empeñe mucho en este y me ha salido algo largo.

Hay! A quien engaño! Soy fatal para escribir horror! (Lloro en un rincón) Me empeñare mucho en este detalle!

Si, la parte de Abril fue algo intencional… ando divagando en un Raph/Abril ya que me leí una parte del comic (uno muy lindo y desgarradoramente conmovedor y triste Dx que por cierto me enamoro el dibujante!) la de los "hijos de la era del silencio" una historia narraba a los ojos de Abril O´neil luego de la saga del chupasangre de Rick Veich, una historia muy buena para ser un especial la verdad y me gusto mucho como lo narraba Abril desde su perspectiva y a un Rapha meditabundo en el silencio, en el que todos pensaban erróneamente que él estaba en conflicto por lo ocurrido con el Shredder y con lo del chupasangre, y no, era de otra cosa :P (hahaha el que realmente pose dignidad es Rapha y el más duro de roer xD) y la verdad es que me pego mucho la parte del final, y pues la idea de este emparejamiento no me desagrada xD aunque claro, no es mi intención hacer eso en este fic el tenerlos como pareja, solo are insinuaciones nada más

Ya ven? No solo ando pensando en los haois :P

La serie del 2003 lanzo su propia versión, (la de hijos era del silencio) aunque de distinta manera y modificada… no tal fiel a la original por lo tan "suave" que era, no recuerdo en que cap y temporada fue que la vi, pero es una en la que una fabrica industrial cerca de un rio pone en peligro la vida de una civilización de hombres pez… y sino …es que lo alucine o.o