Advertencia: el nombre de este capítulo hace referencia a un meme. Es un chiste, no se enojen.
Pero si quieren flamear, la onda fría no se ha ido (¿Seré maso?)
De reviews del capítulo anterior:
Shina221002: Shinna-chii! Así es, está muerta. Y se quedará muerta. Porque la odio :3 La verdad, la hice para que fuera la típica zorra universalmente odiada, porque su único propósito en la historia era llamarse Yukiyo, dar problemas y morir. Y pues esta es la 3a parte.
Natsuki 1304: Es cierto, he sido muy dura con ella en esta historia. Pero quería demostrar que ella puede, y todos podemos, con problemas bastante duros. La cosa es amarse uno mismo y no acobardarse ni dejarse. Y lo prometido es deuda ;) Lovelywuvlyfluff. Lovelywuvlyfluff for everyone! :D
Y pues he aquí el tercer capítulo. Contiene más Ayato y menos Beatrix. De hecho, creo que contendrá menos y menos Beatrix, pero trataré de incluírla mas, porque me cae bien.
O no sé qué piensen. Deberían decirme que piensan. Deberían enviarme reviews y decirme qué les gusta. La buena comunicación es la base de toda relación, y si no me dicen lo que les gusta no sabré cómo complacerlos. Si, se lo que dije. No me retracto.
Esperaría a la salida. Se quedaría esperando a que todos se fueran, y se aseguraría de no perder de vista a Sakamaki. No iba a ser muy difícil. Para cuando sonó el timbre, el chico estaba roncando, tendido en el pupitre. Que lo haga él y ni quién se entere, pero que lo haga Yui y no podría quitarse a Mosuke de encima por toda la semana.
Quedó vacío el salón. Sakamaki no despertaba, y no podía despertarlo sin llamar su atención. Yui tomó su mochila y acomodó sus cosas para pasar el tiempo. Pero cuando volteó a ver el pupitre de Sakamaki, estaba vacío. Ni siquiera lo oyó salir.
Soltó su mochila en el suelo y corrió a ver por la puerta. Lo buscó con la mirada por el patio. Tampoco fué muy difícil encontrarlo, su cabeza roja como el fuego resaltaba entre un montón de cabezas negras y castañas. Lo siguió al pasillo, y a las escaleras. Pero al llegar al pié de estas, en las puertas del sótano que la escuela había designado como biblioteca, Sakamaki había desaparecido de nuevo.
Simplemente vió al chico dar vuelta en las escaleras, y luego ya no estaba.
-¿Se te ofrece algo, plana?- Dijo esa voz familiar, a sus espaldas. El corazón se le había saltado a la garganta del susto... ¿Acaso la llamó plana?
-Hola...¿Eres el chico nuevo, verdad? ¿Sakamaki?
-Así es. Tu seguro servidor Sakamaki Ayato. No te preocupes, plana, tendré indulgencia cotntigo. Pero espero no me des problemas.
Había hecho la típica presentación al revés. Y la había hecho así a propósito. A Yui no le gustaba nada esta actitud tan petulante que se cargaba Sakamaki ¿Conque muy chulito no? Tremendo cabronazo. Apenas se volteara le daría una linda patada donde no brilla el sol.
-Hehe. Si..- Trató de disimular. Todavía tenía que preguntarle ciertas cosas al señorito. -¿De casualidad no notaste algo extraño en Yukiyo ayer?
-Oh, si. Claro. La pobre estaba enferma. Al parecer sufría del Síndrome de CH
-¿Chédiak–Higashi?
-Clítoris hiperactivo.
Yui no pudo discimular la risa. Vale, por lo menos este chico no era un completo idiota.
-... No, no, me refería a lo que pasó. Algo que pudiera provocar...
-¿Qué cosa? ¿El suicidio?
-Pues sí
-Ella no se mató. Fui yo. Yo la maté- Dijo con una calma y un cinismo casi aterradores. Lo miraba perpleja. Un fanfarrón engrído. Pero qué patético... Aunque Ted Bundy era un fanfarrón engreído, entre otras cosas.
"¡Y una mierda! Lo que este quiere es hacerse el malote, y nada más!"
¿Pero valdría la pena seguirle el juego? Es decir, quizá si seguían hablando podría sacarle algo.
-¿Pero... Por qué lo hiciste?- Preguntó con temor fingido. "¿Quieres drama? Puedo darte drama"
-Ya te lo había dicho: Tenía sed.
O...K, esa era una línea de lógica interesante. 'Tenía sed' es algo que dices cuando te tomaste el último vaso de leche la noche anterior, no cuando matas a una persona. Sin duda estaba frente a un loco.
Un momento...
-A ver, espera ¿Qué dijiste?
-Te ves sorprendida, plana ¿No te lo dije? Soy un vampiro.
Este chico estaba chalado.
Sin pensarlo dos veces, se lanzó a correr escaleras arriba. ¡Mierda! Este no era un fanfarrón ególatra a lo Ted Bundy. Era un maldito demente obsesionado con los vampiros a lo Allan Menzies. ¿Y si de verdad estaba lo suficientemente convencido de ser un vampiro como para matar? ¿Y si en verdad había matado a Yukiyo? El orden de los hechos, y esa explicación bizarra de "tenía sed" encajaban bien con esta teoría ¿Pero sería eso razón suficiente para sospechar de él enserio?
¿Por qué no pudo conformarse con el drama de las hermanas Dashwood?
De repente, Yui sintió la cabeza ligera. Todo se empezó a mover en cámara lenta, y le faltaba el aire "Mareos no, no ahora, por favor". Tenía qué ponerse a salvo. Tenía qué decirle a alguien lo que acababa de oír de la boca del propio loco de Sakamaki. Pero nadie dijo que los mareos tuvieran consideración. Ya casi no podía oír. Todo se ponía más y más oscuro...
Justo antes de desvanecerse, alcanzó a ver a Sakamaki, justo al frente de ella, pero sus ojos, antes verde profundo, ahora eran de un verde inhumanamente claro. Y su boca dejaba al descubierto su blancos, largos y finísimos colmillos.
-Sé que estás confundida. Pero yo puedo explicártelo todo.- Oyó su voz. Muy a lo lejos.
Cuando despertó, estaba en su cama; arropada, en falda, blusa y calcetas. Se sentó a un costado de la cama, y notó que traía el cabello suelto y su trenza completamente deshecha. Volteó a ver su habitación, tratando de recordar como había llegado, sin éxito.
Vió el saco del uniforme colgado en el respaldo de la silla de su escritorio, sus zapatos a un lado de su cama, y sus lentes en su mesita de noche. Todo estaba donde siempre lo dejaba, pero no recordaba tampoco habérselos quitado, ni haberlos acomodado. Entonces notó un ardor en el cuello. Se tocó y sintió algo extraño, pero estaba muy aturdida como para identificarlo con el tacto. Se puso sus lentes y fué al baño a revisarse el cuello.
Era su listón rojo. Lo tenía amarrado al cuello, a modo de gargantilla, con el moño del lado izquierdo. Por debajo del moño, en la zona donde ardía, se alcanzaba a identificar piel amoratada. Se desató el listón, y en la zona del moretón tenía dos agujeritos diminutos, poco más grandes que picaduras de araña.
Se puso el lazo en el bolsillo de la blusa y regresó a su cuarto. Trató de recordar de nuevo cómo había llegado a casa, pero no había ningún recuerdo. Aunque sus instintos le gritaban la respuesta.
'Sakamaki'.
El cuarto estaba helado. Esto no era bueno. Ella necesitaba calor, no frío. La ventana estaba abierta y estaba entrando la lluvia, y un aire que cortaba la piel. Por eso no le gustaban las ventanas abatibles. Una vez que el seguro se arruinaba, ya no se podían mantener cerradas.
Caminó temblorosa hacia su ventana, y la cerró. Agarró su mochila, regresó a su cama y se volvió a hechar la cobija encima. Pero en cuanto abrió su mochilla, la ventana se abrió de golpe. ¡Pero qué fastidio! Resignada, se apartó la cobija y se levantó a cerrarla de nuevo.
Antes de que llegara, algo entró por la ventana, estrellándose contra el suelo. Era algo grande. No podía ver qué era, pues el cielo estaba muy oscurecido por las nubes de lluvia. Se acercó a prender la luz de su mesita de noche, y vió que era Sakamaki.
Estaba lleno de heridas. Todo su cuerpo estaba cortado, raspado o golpeado. Algunas llagas eran profundas. Traía los pantalones y la camisa de la escuela, pero estaban tan maltratados y ensangrentados que ya no le servirían de mucho. Estaba jadeando, y notoriamente agotado. Se veía que respiraba y gemía, pero no hacía nada por levantarse. Si no recibía atención médica, seguramente moriría.
Se veía bastante inofensivo, y si ni siquiera podía levantarse, probablemente lo era (por ahora). Se acercó un poco para verlo bien. A simple vista tenía sólo dos heridas de gravedad: Una en el área del omóplato y la otra en la parte inicial del muslo. Lo demás eran raspones, golpes y cortadas leves y medias. En teoría estaría bien por unas horas si se quedaba bocarriba como estaba, y no se movía. Acercó la mano para tocarle el hombro. Pero la mano de él fué más rápida.
-No me toques.
-Disculpa. Sólo quería ver si estabas consciente.
-Pues ya viste. Y pudiste haber preguntado.
-Disculpa.- Dijo, caminando hacia la puerta. -Iré a buscar ayuda. No te...
-¡No! ¡Espera!- Gimió. Yui no se esperaba un gemido del señorito. -No salgas. Y no digas nada. Vengo huyendo, y así no llegaré lejos ¿No ves?
-No sabía que estabas huyendo- Cerró la puerta y regresó a su lado. -¿Y de quién?
-No es importante que lo sepas. Lo único que tienes que saber en que Yo necesito escoderme.- Dijo, enfatizando el yo, como si al referirse a el fuera obvio que se hablaba de algo muy especial.
Definitivamente Yui pensaba que este era un chico especial, pero no en el buen sentido.
-Ajá y ¿Por qué vas a quedarte aquí? ¿Acaso la señora de la casa te ha dado permiso?
-No. Ni siquiera está aquí.- A pesar del dolor consiguió formar su sonrisa socarrona. -Estamos solos tu y yo, plana.
-Komori. Yui Komori. Si no empiezas a tratarme con respeto, y a responder a mis preguntas, te patearé. Y en estos momentos, hasta alguien de mi tamaño podría matarte a patadas.
Sakamaki se le quedó viendo unos instantes. Luego sonrió. Y luego rió abiertamete.
-Mátame.
Yui no se esperaba esto. Pero no era como si le molestara. Este chulo. Este desesperante egreído y fanfarrón. El chico con el que había soñado, y no resultó ser mas que un maldito demente que se creía vampiro.Y ahora estaba a su merced. Lo patearía. Lo golpearía. Lo cachetearía y lo volvería a patear.
Y entonces lo supo.
No le haría nada. No mientras estuviera así. No sería justo. Sería algo asqueroso.
-Lo sabía. Cobarde.
-No he dicho que no lo vaya a hacer.
-Pero es precisamente lo que acabas de pensar. No lo harás, Plana. Eres una maldita cobarde.
La habían atrapado. Y no le gustaba. No le gustaba nada que este lunático le hubiera adivinado el pensamiento de manera tan precisa. Pero no lo iba a dejar ver.
-Pues igual tengo qué pedir ayuda.
-Te dije que no.
-No vas a morirte en mi cuarto. No quiero estar lidiando con las consecuencias legales. Y no quiero a un extraño en mi casa
-Tsk. No moriré plana. Yo no podría morir de una manera tan deplorable.- De nuevo acentuando el yo. Yui no lo aguantaba. -Y a qué viene eso de extraño?. Nos conocemos desde hace meses ¿O no?
-¿Qué? ¿Pero cómo...
-¿Ya me creerás? ¿O es que te gustaría volver a ver mis colmillos? Anda, acércate. Me gustaría probarte de nuevo.- De nuevo esa sonrisa.
¿"Probarla de nuevo"? ¿Pero de qué hablaba? Justo acabó de pensar en eso, Sakamaki amplió su sonrisa y le eseñó los colmillos. Entonces los recordó, y esos ojos de un verde inhumano. Como reflejo, se llevó la mano al cuello, a los agujeritos amoratados. No... ¡Imposible!
-Cálmate. Ya he bebido bastante de tí... Por ahora. Quédate callada y sé buena. Para cuando amanezca me habré ido.
¿Podía confiar en él?
-Puedes hacer dos cosas. Salir y forzarme a huir, con lo cual me habrías matado. O confiar en mí
Yui respiró hondo. No lo delataría. No podía con la idea de sentenciarlo a morir. Ahorita no era un peligro. Y si, cuando se recuperara, la atacaba, ella gritaría y él estaría frito, así que seguía teniendo esa seguridad. Por esa noche, estaba segura.
-Bien, Sakamaki. Te dejo mi cama. Iré a la sala.
-No. Sospecharán.
-¿Quien? Tú lo dijiste, estamos solos. Y aunque llegue la señora Beatrix, probablemete asumirá...- El mundo se le volvía a poner negro. Pero sólo un instante. -Disculpa... Probablemente asumirá que me he quedado leyendo hasta tarde.
-Y probablemente tú te desmayes y te caigas por las escaleras. No seas terca.
-¿Y ahora te importo mucho?
-¿Te preocupas tan poco por tí misma?
-Pues acabo de aceptar pasar la noche en la misma habitación con un vampiro que me confesó un asesinato esta tarde. Pero no se preocupe usted. Ese mareo ha sido por el impacto de enterarme que eres un vampiro. Ya me he calmado.- Se sentía ridícula con sólo decirlo. Toda esta situación era demasiado irreal.
-No me culpes por eso. Tu problema es que no comes bien. Y eso ya lo traías desde hace meses.- En eso tenía razón. -Pues claro que tengo razón. Yo siempre tengo razón.
Ya no le molestó su forma tan engreída de hablar. Estaba demasiado concentrada e el hecho de que le podía leer el pensamiento. A todas horas. En cualquier parte.
-Así es. Y cualquier pensamiento. Como esos pensamientos violentos que tienes contra el que se atraviese en tu camino.- Dijo, viéndola a los ojos. Yui se sentía más y más acorralada -Deja de pensar en esas cosas, Yui. Ya te lo dije. No eres un animal.- La seguía viendo a los ojos, pero ya no sonreía, y ya no era una mirada de burla. Era más parecida a esas miradas que le dirijía Beatrix cuando le iba mal en algún examen.
-¿A caso tu...?
-Si. También puedo transmitirte pensamietos concretos.
Todos sus pensamientos. TODOS a la disposición de Sakamaki. No tedría realmete nunca un tiempo para ella. Ya nada en su mente era suyo. Su mente no era suya. Y por alguna razón esto era lo más aterrador de todo. Más que su fuerza, sus ojos, o incluso sus colmillos.
-Vayamos,a dormir Sakamaki.- Dijo, tapándose con la cobija hasta la cabeza. Sabía que la cobija no evitaría nada, pero no soportaba que la viera.
Esa noche no hubo sueño. Despertó a las 3:23 am. Intetó levantarse para lavarse la cara, pero tenía algo en la cintura que la retenía. Lo tocó, era un brazo frío y fuerte.
-Sa... Sakamaki...
-El suelo estaba demasiado duro. Y silencio, que quiero dormir.- Dijo, hundiendo su rostro en su pelo rubio. De nuevo desatado. Hubo un momento de silencio antes de que Sakamaki volviera a hablar. -... Si quieres privacidad, sal de la habitación. Mi telepatía no llega más lejos que eso.
Le había revelado una debilidad. El chulo Sakamaki Ayato le había revelado un punto débil. Y no era ninguna coincidencia que fuera justo lo que necesitaba oír. Sakamaki sabía lo mucho que le molestaba eso a Yui. No era que simplemente le hubiera revelado un punto débil. Más bien le había dado a ella una fortaleza.
No era el demente que ella pensaba. Era un vampiro, y había matado a Yukiyo. Pero si hubiera querido matarla a ella tambien, ya lo hubiera hecho. La ocasión no había faltado. Además, en su opinión personal, Yukiyo hacía un mayor bien a la comunidad así.
Iba a protestar de tener a un extraño en la cama, pero la verdad no se sentía incómoda con él al lado.
Sería el irritante de Sakamaki, pero tambien era el hombre apuesto de ese sueño interminable, y ella era de carne; si el quería estar así, ella no se haría del rogar. Si le iba a estar leyendo la mente, no valía la pena fingir que no lo deseaba.
Yui se giró, y hundió su cara en el pecho desnudo de Sakamaki. Se había quitado la camisa sangrienta y desgarrada. Tenía unas pocas cicatrices y costras. Pero estaba casi totalmente recuperado.
-Eh, plana, no te he dicho que podías...
- Tú te lo buscaste. Y silencio, que quiero dormir.
Sakamaki rió para sí. Esta chica era la mar de divertida.
La acercó más a él, rodeándola con el antebrazo, con el codo en la espalda y la mano en la cabeza. Era suya, pues él era el único que podía entrar en sus sueños. Nadie más.
Quizá no tenía que decirle la verdad, y así podría extender esa noche. Sólo un poco más.
Y he aquí el tercer capítulo. Ahí está, ha llegado el romance, aunque sea el típico "tipo se mete a la cama de tipa, tipa despierta, no sepsos" pero me ENCANTA ese trope. No me arrepiento de nada!
Maté un misterio demasiado rápido, pero ¡Hey! Les he traído uno nuevo. Y aún quedan muchas dudas por responder, como ¿Ayato tiene la personalidad de un gato?
