Bienvenidos al capítulo cuatro. Se revela parte del misterio. Se acerca la historia más a su clímax.

Reviews del anterior:

Shina221002: Yo y mis expresiones españolas D: Lo sabrás pronto; más de lo que crees. Y si, esque realmente esas a nadie le caen bien, y nadie las extraña :3

Natsuki 1304: Pues ten mas lovelywuvlyfluff, enjoy! Y suerte, definitivamente. Buena o mala ahí si no sé :B

.miro: Dejemos que se forme el momento... ;) Y gracias. Aquí está la actualización

Gracias a las tres por sus reviews. Me motivan a seguir con esto. :´)

Despertó otra vez en medio de la noche. Volteó a ver el reloj de su mesita de noche. 4:12 brillaba en azul fluorescente. No había pasado ni una hora desde que se había dormido en los brazos de Sakamaki.

Pero Sakamaki no estaba.

Le llegó una idea interesante, pero que le provocó un enorme vacío por dentro: ¿Y si todo fué un sueño? ¿Y si Sakamaki nunca estuvo en su cuarto?

Volteó a ver, buscando una prueba decisiva. Encontró varias. Las cobijas estaban revueltas donde Sakamaki había estado. El chico había dejado la camisa ensangrentada al lado de su cama. Había dejado una mancha de sangre en el rincón donde se quedó a curarse (iba a ser muy interesante explicarle esto a Beatrix, cuando lo descubriera tarde o temprano). Si dejaba rastros así a donde quiera que fuera, no duraría mucho escondido. Volteó a ver a la ventana, que daba golpecitos. El viento soplaba fuerte y luchaba por destarla de la atadura externa que, a todas luces, no pudo ser hecha si no por Sakamaki.

"Vale. Me has dejado un desastre. Pero si has logrado mantener cerrada esa bendita ventana, creo que puedo dejarlo pasar."

Tomó sus lentes de la mesita de noche y fué al baño a mojarse la cara.
Cuando se secó y se puso los lentes, vió que había una nota en el espejo:

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Necesitamos hablar.
Es importante.
Espera a que se vacíe la escuela, a la salida, y vé a la biblioteca.
Vé sola.
~Sakamaki.
Pdta: Trae takoyaki.
Suficiente.
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¡Maldito chulo engreído hijo de la gran...!

Se contuvo. Fué una tarea dura, pero se contuvo de no gritar a todo pulmón lo que pensaba del señorito. ¡Pero si se necesitaban tamaños! Mira que dejarle una nota y no decírselo a la cara, ordenando sin importarle su opinión. Y encima queria que le llevara takoyaki ¡De donde cojones esperaba que sacara el maldito takoyaki a las cuatro de la mañana!

...Maldijo su amor y dotes innatos para la cocina.

Beatrix volvió a casa exactamente a las 6:17. Para esta hora, Yui ya había preparado y empacado ingredientes para cuatro porciones de takoyaki, y entrado a la ducha. Para cuando salió, Beatrix se había ido a la cama, pero le había dejado un huevo frito y un pan tostado. Se sirvió leche y se sentó a la mesa. Pero apenas iba a la mitad, cuando el autobús se detuvo frente a su casa, y sonó el claxon.

Bueno, por lo menos hoy no iba con el estómago completamente vacío.

Sakamaki llegó directo a la biblioteca, y se escondió ahí todo el día. No tuvo qué hacer mucho. Nadie entraba a la biblioteca de la escuela, salvo la bibliotecaria, y esa anciana no pasaba de su escritorio jamás. Las clases eran una pérdida de tiempo. La escuela era una pérdida de tiempo. Año tras año repetían la misma basura que no servía de nada en el mundo real. Y hoy no iba a soportar eso. Tenía cosas en qué pensar. Tenía muchas cosas en qué pensar.

Habían pasado diez minutos desde la salida, y el salón estaba completamente vacío y en silencio. Yui tomó su pesada mochila, cargada de takoyaki, y salió a ver el patio. Quedaban unas escazas quince personas esparcidas por aquí y ahí. Se dirijió directamente al salon del taller de cocina. A esas horas estaría vacío y abierto a cualquier estudiante.

Había pasado una hora desde que tocó el timbre de salida. Sakamaki intentaba no verse nervioso. La biblioteca, y la escuela por lo que alcanzaba a ver, se habían vaciado casi por completo. Yui llegaría en cualquier momento. ¿Qué iba a decirle? Porque quizá no fuera bueno soltarle todo sin pensar. Sin duda, su crimen sí que se lo confesaría. Si no, corría el riezgo de que le llegara por boca de otro, y muchas cosas podían salir mal. Definitivamente, esa parte no podía evitarse.

¿Pero qué había de lo otro? ¿De lo referente a la propia Yui? Eso a él no le afectaba en nada. Pero a ella sí. Para ella esa información podría marcar LA diferencia en su vida. Y, con ciertas precauciones, ella podía vivir toda su vida sin llegar a saberlo. Siendo por siempre Yui Komori, la plana cuatro ojos más sarcástica, más linda y, sobre todo, más divertida del mundo.

¿Sería feliz así?

"Ojalá no haya olvidado el takoyaki. Me hará falta" Pensó

Cuando Yui entró a la biblioteca, vió a la bibliotecaria embobada en su televisor portátil, y al fondo, a Sakamaki. El vampiro estaba de pié, viéndola sin decirle nada. Y no estaba sonriendo.

¿Pero qué rayos iba a decirle que hasta había dejado de sonreír?

Ya había pasado el escritorio de la bibliotecaria, quien al parecer no se dió cuenta, y estaba a medio metro de Sakamaki. Mil opciones pasaron por su mente en un segundo ¿Estaba Sakamaki en problemas? ¿Sería por lo de ayer? ¿Lo habían atrapado, fuera quien fuera? ¿O acaso tendría que ver con lo de la noche? No iría a declararle su amor ahorita ¿O si?

-¡Oh, carajo no! ¡Joder, plana! ¿Pero cómo piensas que yo...? ¡ACK! ¡Esto es serio!- De alguna manera, consiguió ponerlo mas nervioso.

-Vale ¿Entonces por qué tan nervioso?

-Siéntate, Yui. Primero lo importante.- Dijo con rostro de lo más serio, ofreciéndole una silla. Y además la había llamado por su nombre ¿A qué venía tanta formalidad? ¿Que era eso de lo importante?

-¿Trajiste el takoyaki?

-¿Qu...Que?- Fué todo lo que atinó a decir. ¿Takoyaki? ¿Eso era lo importante? ¿Acaso toda esta payasada era para conseguir comida? Como fuera así, dedicaría el resto de su vida a descubrir cómo matar y revivir a un vampiro a placer.

-Creí haberte dicho que no eres un animal, Yui.

-Conque me has leído de nuevo. Ya ¿Pues bien? ¿Estoy aquí sólo para entregarte la comida? ¿O vamos a hablar?

-¿Lo trajiste?

Yui estaba que hechaba chispas. No podía creerlo. En serio la había citado sólo para sacarle comida. Se puso de pié, sacó el bento de la mochila y lo soltó en la mesa, con desdén. Su mirada sombría hubiera atemorizado a cualquiera.

A cualquiera, menos a Sakamaki. El chulo de Sakamaki. El condenado, maldito, y asqueroso manipulador chulo de Sakamaki. Ni siquiera la volteó a ver. Confiadamente abrió la caja de laca negra con estampado de flores rosas, tomó uno de los pinchos, apuñaló una bolita y la desapareció en su linda boquita.

-¡Oye! ¡Está bueno! ¿Lo has preparado todo tu sola?

-¡GRANDÍSIMO HIJO DE LA GRANDÍSIMA GRAN...!

-Shh. Esto es una biblioteca.

-Pues con su permiso, me largo.- Yui dió media vuelta y se enfiló hacia la puerta de salida. Pero, de nuevo, Sakamaki fué más rápido. Se puso de pié ya cogió de la muñeca.

-¡Pero tu no aguantas una simple broma! Claro que vamos a hablar, Yui. Pero no es un tema sencillo. Sólo quería relajar un poco el ambiente.

Sakamaki no la dejaría marchar. Yui respiró hondo y se relajó. Le arrancaría los colmillos otro día.

-Ya. También podías relajar el ambiente sin ser tan irritante.

-¿Quieres dejar esta tontería de lado por diez minutos? Estoy tratando de decirte algo.

-Vale, vale. Y de qué se trata.

-Entiendo que dudas de la veracidad de todo esto. No dudes, tus sueños son reales- Empezó a explicarle.

-¿Pero cómo saliste de ellos? ¿Y por qué?

-Yo no salí de ellos. Entré en ellos. Con un poco de tu ayuda

-¿Cómo?.

-¿Recuerdas el aniversario anterior de tus padres? Fué un día lluvioso, y fuiste a limpiar sus tumbas. Ese día me viste de reojo, y tu subconsciente grabó mi imagen. Fue así como entré en tus sueños

-Pero lo único que se grabó fue tu imagen. No tu persona.

-La imagen es algo curioso para mi gente, lo que nos impide reflejarnos en un espejo, nos permite viajar de una nueva manera.- Yui no tuvo más opción que creerle, pero no fue nada fácil. Dejó su lógica de lado y siguió con las preguntas.

-¿Y por que decidiste entrar en mis sueños?

-Tengo un tiempo vigilándote Yui, y quería que me reconocieras al vernos.

-¿Sabías dónde estudiaba?

-¿Lo preguntas en serio?

Vampiro. Telépata. Tenía qué recordarlo.

-¿Y desde cuándo...

-¿Te vigilo? He cuidado de ti desde la muerte de tus padres. Y aunque tu mente consciente no recuerde esto, vi que en tu subconsciente aún quedan recuerdos de cómo cuidé de ti hasta que encontré a alguien que pudiera hacerse cargo.

-¿La Sra. Beatrix?

-Así es. Pero aún así te seguí vigilando. No tengo nada en contra de esa buena mujer, pero no confío del todo en humanos que se ganan la vida analizando las sobras de mi cena. Eso no es normal.

-Pero ¿Por qué? ¿Por qué tú?

-¿Tengo algo de malo?

-Pues no te veo con niños. Anda, sabes que no es eso. Sólo que no veo qué pintas en toda esta historia.- Dijo, con una sonrisa pícara. Viéndolo con sus enormes ojos rosados.
Sakamaki respiró profundo. Esos ojos lo hacían todo peor.

-Yui, te voy a confesar algo de mí sumamente desagradable. Pero tengo qué decirtelo. Mejor yo que otro. Y antes de reaccionar, te pido que trates de entenderme. Sé que lo que hice estuvo mal. Y en verdad estoy arrepentido. Entiendo si, después de hoy, ya no quieres volver a saber de mí. Te dejaré en paz, lo prometo. Pero por hoy, sólo por hoy, escúchame hasta el final. Es importante.

-Pero qué numerito el que te montas ¡A lo maduro! O te quitaré la comida.- Esa mirada pícara seguía en su rostro.

-Bien. Yo maté a tus padres.- Dijo Sakamaki, tan directamente como confesó el asesinato de Yukiyo. la mirada pícara de Yui se descompuso, y su cara se tornó llena de confusión.

-¿Que...qué me quieres decir? Eso fué hace doce años. Tú no podrías haber tenido mas de...

-Pero sí podría, Yui. Soy inmortal. El tiempo se ha congelado para mí.
Inmortal. Claro, era un vampiro. Ella le habría dado unos dieciocho como mucho. ¿Cuántos años tendría realmente? ¿150? ¿200? ¿500?

-98, si tienes qué saberlo.- Sakmaki no perdía la calma. Ese tono tan relajado para decir esa clase de cosas le daba escalofríos.

-Pero ¿Por qué los mataste?

-En la noche anterior a la muerte de tus padres, yo me encontraba en un serio aprieto. Un tío mío me buscaba para matarme, y no tenía dónde esconderme. Desesperado, corrí a casa y entré al cuarto de mi hermano mayor. Es un maldito, pero siempre parece tener una solución para todo. Y yo necesitaba una solución desesperadamente. Le conté el asunto y aceptó ayudarme, sin hacer más preguntas.

-Pero yo no ayudo a los que no se ayudan.- Me dijo. Puso un vial con un líquido color hueso en mi mano. -Tómatelo. Lo he conseguido hace años en Venecia. Te hará más fuerte que él por un tiempo. Al menos tendrás una oportunidad.- No me lo pensé dos veces.

Desperté a la noche siguiente en mi habitación. Resultó que no era ningun potenciador. Era una droga desconocida, y decidió ver qué hacía conmigo. Me sentía débil, no tenía síntomas de cruda, pero mi sed estaba incontrolable... Sabía ya de sobra como saciarla, así que salí al parque y me oculté entre unos árboles. No sé realmente qué esperaba. Pero en cuanto los vi, mi sed me dominó...

Cuando volví a ser yo, vi lo que había hecho. Los cuerpos en el suelo, sus miradas de una muerte dolorosa, y todo lleno de sangre. Luego tras de mí apareció una niña con lentes y un hermoso vestido rojo. Eras tú.

Traté de huír. De esconderme. Pero tu llanto acusatorio me perseguía. Aún y cuando sabía que estaba tan lejos que era imposible oírte, te oía. Regresé por tí. Honestamente no sabía qué hacer, pero en cuanto te tuve en brazos, dejaste de llorar, así que te llevé a casa.

Sakamaki interrumpió su relato. Volteó a ver a Yui. Sus ojos rosas estaban empapados e hinchados. Había llorado desde que él mencionó a sus padres.

Ahora lo recordaba. Sakamaki estuvo cuidándola en su habitación el resto de la noche. O más bien, ella se la pasó en un rincón mientras él intentaba que se calmara un poco y se durmiera. Era un escenario horrible: Pedirle, con una sonrisa, que se duerma; cuando ella misma acababa de verlo desgarrando la carne de mamá y papá. Al día siguiente contactó con el programa de adopción del gobierno. De ahí en adelante Beatrix se hizo cargo de ella.

-¿Querías que te dejara a tu suerte?

Yui no dijo nada. Se levantó de su silla y salió. Quería alejarse de Sakamaki, de la excuela y de Beatrix. Y sólo dedicarse a pensar, sin que le leyeran la mente. Salió de la escuela, y emprendió el camino a casa.

Hasta ese momento, Yui tenía esos recuerdos disfrazados como un cuento infantil tan viejo que ya no recordaba dónde lo había oído. Pero en cierta forma, lo que Sakamaki acababa de confesar concordaba con ese cuento. Incluso le había enseñado el frasquito que le había dado su hermano. Le creía. Sin lugar a dudas.

Su hermano le había provocado perder el control. Entonces realmente no podía culpar al chico por el asesinato. Por otra parte, le habría gustado preguntarle unas cosas a este famoso hermano.

Estaba cansada, triste y confundida. Pero de cierta forma la consolaba no poder culpar a Sakamaki.

Llegó a su casa sin energías. La casa estaba sola. Subió a su habitación, se descalzó y se durmió.

Y estaba de nuevo en ese frío cementerio de la noche eterna. La gran luna llena sola en el cielo, deshaciendo todos los secretos de la noche.

Estan los dos, ella y Sakamaki, frente al mausoleo; a unos diez pasos de distancia entre sí. Sakamaki la mira unos momentos, con unos ojos que imploran algo desconocido, y se arranca a correr al otro lado.

Ella lo persigue.

-¿Eres feliz? ¿Quieres que te deje a tu suerte? ¿O quieres que la cambie?

Yui se detuvo, y repasó la pregunta en su cabeza "¿Quieres que te deje a tu suerte?". Le había preguntado algo parecido en la tarde ¿Qué significaba esto?

Adelante, Sakamaki se alejaba más y más.

Despertó de golpe, al oír cómo la atadura de las ventanas que Sakamaki había hecho reventaba. Las ventanas se abrieron de par en par. Iba a levantarse a cerrarlas, pero la escena de ayer se repitió.
Sakamaki estaba hecho un ovillo en el rincón de ayer. De nuevo estaba hecho garras. Tenía un hombro dislocado y una pierna rajada. Ambos izquierdos.

-Sakamaki...

-Hola, plana. Necesito esconderme de nuevo.- Le dijo, con su sonrisa socarrona. Pero el dolor se notaba en su voz.

-¿Tampoco hoy me dejarás pedir ayuda?

-¿Acaso quieres vengarte por tus padres y matarme?

-No te culpo por eso, Sakamaki.

-Entonces, duérmete y déjame recuperarme.

Yui pensó en decirle algo. Pero los dos estaban demasiado agotados para eso, así que lo dejó pasar y se metió en su cama. Pero se quedó horas revolviéndose en su cama. No pudo dormir. No con toda la información del día. Y ahora también el sueño había cambiado. ¿Qué significaba esa pregunta?

Sintió que el lado de su cama que tenía a la espalda se movía. Sakamaki había vuelto a meterse en su cama. Yui se giró, y se topó con sus ojos verdes que brillaban en la oscuridad, como si esperaran algo de ella. Ansiaban algo de ella, y no era su sangre.

-Yui ¿Eres feliz?.- Le preguntó el vampiro, serio. Sin sonrisa. Sin burla.

-¿A qué te refieres?

-A que si te gusta tu vida ahora.

-No lo sé...- Tenía tantas preguntas en su cabeza ¿A caso no leía eso en su mente? ¿Por qué le preguntaba algo así ahora?

-Egoísta. Si no lo sabes tu... ¿Quién?- Concluyó Sakamaki. Hundiendo su cabeza en el cuello de Yui.

Pero no la mordió. Sólo se dejó abrigar en su aroma a flores y su suave y cálida piel. Oyendo su respiración y el latir de su corazón. Ese corazón era suyo. Sabía que desde hace meses latía sólo para él, incluso antes de que ella lo admitiera para sí misma. Y seguiría latiendo, sin importar las consecuencias. Se despegó de ella y volvió a encontrar sus ojos rosas en la oscuridad.

-Si eres feliz con tu vida actual, entonces no vuelvas a verme. Si me quedo contigo, tu vida cambiará de maneras en las que no te imaginas. No volveré a una escuela que no puede enseñarme nada nuevo. No desapareceré por completo de tu vida hasta dentro de doce días. Si decides quedarte, volveré. Pero si te gustan las cosas como están, entonces olvídate de todo esto. Olvídate de tu sueño y de mí y sigue con tu vida.

La decisión es tuya.

Y sigo torturando a Yui sentimentalmente. Soy demasiado cruel. Pero ella puede.

Y esto es lo que le pasa a Ayato cuando siente culpa. Se pone todo melosito

Aprécienme. Me he quedado en vela para poder tener lista la parte 4 para la fecha de entrega. Gracias por leerme hasta ahora. Prometo que el siguiente capítulo será... Interesante.