Ok. Antes que nada quiero pedir disculpas a todos los que leen y los que siguen esta fic. Mi lap me borró el documento la noche del domingo y lo tuve que volver a hacer durante todo el lunes. Prometo que los compensaré por esto. Gommen nassai!

Oh, y no voy a cancelar esta fic, ni voy a dejar de subir porque tenga pocos comentarios. No quiero que nadie tenga la idea de que tienen que comentarme para que publique. Escribo para divertirme y aportar, no para que me alaben. Pero los amo por sus deliciosas palabras de amor ;)

Respuestas a reviews:

Shina221002: Lo sé Shinna-chii! Pero para eso era el takoyaki :D Así es que, ya sabes, si repruebas un examen o algo, hazte tu comida favorita antes de decirle a tus papás :P Y no es que quiera verla sufrir... Bueno si... Pero esto lo hace por cuidarla, según el.

Natsuki 1304: Si, ya se, nadie se lo esperaba, ni yo! (lolwut) Y pues yo digo que la culpa que podría tener es confiar en sus hermanitos, sabiendo que son como la mera porra, y hasta eso, andaba presionado. Y siempre llega golpeado por la persona de quien huye (perdona, no fuí clara). Si es por la pura carita yo tambien (y si fuera unos años mayor...) pero quise hacer una Yui que no se deja engañar tan fácil, y piense las cosas. :)

michiru 3: Yayyysss! Helo aquí, itadakimassu! (?)

kaori lee: Pues mira cariño, por ti POR TI! Voy a tratar de inflar la historia un poco. Aparte, como ya dije, hay secuela (aunque estoy pensando en llamarla "Meganekko Yuy 2: excusez for da lemmonzz!" por el contenido). Y, te lo digo en buen plan, si se te ocurre una mejor manera de formular el resumen, PMéame (?) :D

P. : Aquí está una continuación de tu verdadero amor. Amala y respétala. Cuídala en los buenos y malos capítulos. Hasta que el ending los separe!

Bueno. pues está medio cortita, pero es lo que pude rescatar. Gommen nassai! Gommen nassai! Gommen nassai! Los amo :3


Despertó a las 6:17. El cielo seguía oscuro, y hacía más frío que en la tarde. Probablemente ya se acercaba el invierno. Y al parecer sería un invierno particularmente frío. Quizá hasta habría nevadas...

Se giró en las cobijas. Estaba sola en su cama. Y en su cuarto.


Flashback:

-Yui ¿Eres feliz?.- Le preguntó el vampiro, serio. Acostado al lado de ella, viéndola con ojos ansiosos.

-¿A qué te refieres?

-A que si te gusta tu vida ahora.

-No lo sé...- Tenía tantas preguntas en su cabeza ¿A caso no leía eso en su mente? ¿Por qué le preguntaba algo así ahora?

-Si no lo sabes tu... ¿Quién?- Concluyó Sakamaki. Hundiendo su cabeza en el cuello de Yui.

Pero no la mordió. Sólo se dejó abrigar en su aroma a flores y su suave y cálida piel. Oyendo su respiración y el latir de su corazón. Ese corazón era suyo. Sabía que desde hace meses latía sólo para él, incluso antes de que ella lo admitiera para sí misma. Y seguiría latiendo, sin importar las consecuencias. Se despegó de ella y volvió a encontrar sus ojos rosas en la oscuridad.

-Si eres feliz con tu vida actual, entonces no vuelvas a verme. No volveré a una escuela que no puede enseñarme nada nuevo. No desapareceré por completo de tu vida hasta dentro de doce días, de modo que, si piensas en mí, probablemente lo note. Si te gustan las cosas como están, entonces olvídate de todo esto. Olvídate de tu sueño y de mí y sigue con tu vida.


Esa noche tampoco había soñado nada. Y esperaba tener mas noches así. Era lo mejor. Estaba segura de que, si dejaba de soñar con el chico y el cementerio, dormiría mejor y más calmada, y tendría más energía durante el día.

Pensó en lo que le había dicho Sakamaki la noche anterior. Si le gustaba su vida como estaba, entonces debía dejar de verlo, olvidarse de él, de su sueño y de estos dos días anteriores.
Entonces, si seguía viéndolo, su vida cambiaría de alguna manera drástica.

Era injusto hacerle tomar una decisión con información a medias. Si no sabía de qué forma iba a cambiar su vida ¿Cómo podría tomar la decisión correcta? ¿Cómo podría tener un juicio adecuado de la situación? Si le gustaba su vida... Pues qué respuesta podía dar? Había cosas que le gustaban y cosas que odiaba, como en la vida de todos. Pero en general, podría estar mucho peor.

Pero de eso a que le gustara de corazón...

No tenía idea de cómo responder a la pregunta de Sakamaki. Y sólo le dieron doce días para responder una pregunta que no se hizo en doce años. Lo único que sabía es que necesitaba pensarlo. Decidió observar y analizar su vida once días, y el doceavo tomaría la decisión.

Decidida, se arregló para el nuevo día. Bajó y se sirvió el desayuno. Pero ni siquiera se había sentado cuando llegó el camión. Miró por la ventana. Seguía oscuro, pero ahí estaba ese camión amarillo, pequeño y destartalado. El conductor volvió a tocar el claxon, ese idiota probablemente pensaba en su claxon como el silbato de un perro.

"Maldita sea"


Al subir al camión, descubrió que la broma de meterle el pié no había pasado de moda. Pero esta vez alcanzó a reaccionar para, al menos, meter una mano para no estrellarse y la otra para no perder los lentes. Caminó hacia el fondo y se sentó. Abrió su mochila y sacó su copia de juicio y sensibilidad. Pero estaba tan oscuro que no pudo leer nada.

Resignada, volteó a ver a la ventana, pero ahí en las calles tampoco había nada para ella. Miró a sus compañeros de escuela, algunos más grandes y otros pequeños; y descubrió algo sumamente interesante: Todos se metían con todos, salvo los del mismo círculo de amigos.

Todo ese tiempo, desde que había decidido que no necesitaba esa clase de amigos, estuvo convencida de que era algo organizado entre ellos para hacerle notar que no veían con buenos ojos que no tuviera amigos, o alguna tontería semejante, pero al fín un inexplicable todos contra ella. Estaba en un error. Ahí era un todos contra todos. Sencillamente, ella, al no haber escogido equipo, peleaba sola.

Odiaba ser tan diminuta e inútil.


El sol ya había salido para cuando llegó al salón. El banco detrás de ella, y el adyacente, estaban ocupados por unas chicas que conocía poco. Esos no eran sus lugares, y el timbre ya había sonado, pero nadie les dijo nada. Todos estaban desatados ahí adentro ¿Dónde estaba Mosuke
cuando se le necesitaba? Pues estaba ahí en su escritorio, viendo como tarado al vacío. Tenía los ojos rojos, ojeras, barba de dos días y la ropa sucia y desarreglada "Carajo, estaba pero que si bien liado con la zorra cuando se murió". No sabía qué le daba más asco, si la imagen de un viejo flácido de cincuenta y tantos manoseando a la zorra de quince, o esta imagen del mismo viejo que ha perdido todo el respeto por sí mismo.

Odiaba pasar sus mañanas bajo la autoridad de un patético viejo asqueroso.

Fué précticamente un día libre en el salón. Mosuke era un maldito zombie, así que hoy no hubo tareas, ni trabajos ni apuntes. Para Yui fué llegar, sentarse a leer e irse. Fué totalmente invisible. Y por una parte le gustaba ser invisible, pero por otra parte, eso a veces llegaba a sentirse como un vacío.

A penas sonó el timbre, se marchó a casa.


Caminó desinteresadamente por la desviación hacia el parque, pues quería quedarse a pensar. Pero cuando llegó y lo vió, el parque que antes le había parecido hermoso, con sus grandes pinos y la fuente de piedra blanca; ahora le parecía pequeño y demasiado común. Ni siquiera entró. Se marchó a casa.

No entendía esa sensación de... Desencanto. Lo mismo le había pasado con el libro: Antes le había parecido una deliciosa trama que la mantenía pegada por horas, pero ahora le parecía una tontería aburrida que no podía interesarle menos. Y lo mismo le había pasado en la mañana con su delicioso baño caliente y su jabón favorito, ahora el agua caliente le desesperaba y su jabón era empalagoso.


Llegó a su casa. Le gritó a la señora Beatrix que ya había llegado, pero nadie contestó. Otra vez una casa sola y fría. Cerró la puerta de entrada y subió a su habitación. Dejó su mochila y sus zapatos a un lado de la cama, y su saco en el respaldo de la silla del escritorio; y se metió en las cobijas. Y entonces lo entendió todo.

Ese astío. Ese vacío. Eran una señal.

Odiaba la rutina de su vida fría y solitaria.

Y no era nadamás el cambio que le ofrecía Sakamaki. Era al propio Sakamaki, y su sueño, y todo ese nuevo mundo, lo que deseaba. Pues sin eso, su vida sería un eterno astío. Viviría entre maestros incompetentes y compañeros brutos y salvajes hasta terminar su carrera, y después trabajaría con jefes incompetentes y compañeros brutos y salvajes, se casaría con alguien que jamás la entendería y tendría hijos que no creía poder amar. O quizá viviría y moriría sola y amargada. Moriría sin haber vivido.

Al principio pensó que no importaba realmente de qué clase de cambio hablara Sakamaki. Cualquier cambio en esa rutina que la mataba lentamente, sería bienvenido. Pero ¿Realmente podía confiar así en el vampiro? A fín de cuentas ¿Qué sabía realmente de Sakamaki Ayato?

Su primerísima impresión de él, en su sueño, era el típico chico guapo y misterioso; pero la descartó porque esa impresión estaba influenciada por la atmósfera del cementerio y la noche y todo eso. En la escuela, cuando se le quedaba mirando, le daba la impresión de saber algo de ella; y cuando se fué con Yukiyo, le dió la impresión de realmente no saber nada de las mujeres.
Cuando habló con él, descubrió su lado de chulo dominante y manipulador. Y cuando llegó a su casa, medio muerto, descubrió que estaba en serios problemas, pero que era demasiado cabezotas como para dejarse ayudar.

En resumidas cuentas, era un chico guapo, un tanto chulo, dominante, manipulador, y terco como ninguno, que sabía algo de ella que ni ella misma sabía.

Y cuando se metió en su cama...

Descubrió que nada de eso importaba. Porque le gustaba, y realmente no representaba un peligro.

Bien, iba volverlo a ver. Estaba decidida. Pero exactamente ¿Para qué? Si seguía viéndolo ¿Qué querría de él? ¿Un amigo? Podría aceptarlo como un amigo, si, pero estaba muy segura de que quería mas, que lo deseaba ¿Como novio? ...No precisamente, pues no se sentía como para una relación formal, y a él tampoco lo veía de novio fiel y cariñoso. Entonces ¿Qué quería con Sakamaki?

Le gustaba como era él. No solo físicamente, también su actitud. Sakamaki era divertido y seguro de sí mismo. No tenía pelos en la lengua, y no era un completo idiota, como la gente que conocía. Incluso su egolatría podía ser, de una forma bizarra y probablemente enfermiza, adorable.

No, no adorable. Infantil.

Pensándolo bien. La relación extraña que llevaban hasta anoche, esa en la que él se metía a su cama entre la noche, pero no se decían nada meloso ni se comprometían a nada, le venía como anillo al dedo.

Dijo que estaría cerca, y que si pensaba en él, lo sabría.

"Ven, Sakamaki, por favor. He tomado una decisión."

-¿Ah si? ¿Y qué has decidido?- Le dijo una voz desde las sombras. Y esa voz le transmitió un pensamiento muy concreto. Era Sakamaki

Bueno, un Sakamaki.

Y no le gustaba nada esa sonrisa trastornada que le dirijía, ni esa manera de estirarse el guante, manchado de jalea, con los dientes.

-Tú... Tu tambien puedes...

-Todos los de mi clase pueden leer la mente.

Se sacó por fín ese guante y le tendió la mano. Yui se la tomó y el vampiro le besó los nudillos. Yui no sabía qué hacer, sólo lo veía nerviosa. Repentinamente, la miró a los ojos. Le sonrió, mostrando sus colmillos, tomó la muñeca de la mano que había besado y jaló para juntar sus cuerpos. Todo en menos de tres segundos. Posó un beso suave, lento y cálido en su mejilla. Yui estaba de piedra. Su sangre fluía a una velocidad de vértigo. Al instante de romper el beso, el vampiro movió su cara al cuello de la chica, como para...

-No, todavía no. Estás increíblemente débil. Morirías. Esperaré a que puedas resistirme. Hasta entonces.

Y con eso, le volvió a besar la mano, caminó de manera tan refinada que parecía que se deslizaba flotando, hacia su ventana, y brincó hacia la noche.

En cuanto pudo reaccionar, Yui fué a ver por su ventana, pero ahí no había nadie.