Feliz sábado, y bienvenidos a la parte siete de Meganekko Yui (The end is near...) No es tan largo como otras partes, pero he hecho lo que pude por tenerla a tiempo. Me disculpo por mis retrasos, y ojalá disfruten esta parte :)

Respuestas a reviews:

locaxloslibrosyelchocolate: Actualizo en cuanto tengo tiempo, lo prometo D: Y no te voy a hacer ilusiones falsas. En esta fic, de los hermanos no van a estar mas que Ayato y Reiji. Los demás hermanos, aunque mencionados, no pintan nada aquí. Amo tu nick :D

Natsuki 1304: Awww, gracias! Me quitas la culpa que me consume :P Y no te sientas asi! Creo que cometí un error al no aclarar las cosas. Los porqués de Reiji ya se verán luego, no comas ansias. Ojalá te guste el capítulo :)

Corrió tan rápido como sus piernas se lo permitieron.

Al llegar se topó con que las altas, amplias y oxidadas puertas del cementerio estaban cerradas con cadena y candado. Por suerte, ese candado estaba tan oxidado como las mismas puertas. Bastaron unos golpes con una piedra que se encontró tirada al lado, y empujar las puertas para entrar.

Decidió revivir el recorrido del sueño, para no perderse. Esta vez primero fue a las lápidas gemelas. Qué extraño, resultaban ser las de sus padres y nunca lo había notado. Pero Ayato no estaba ahí, así que siguió su camino a toda marcha.

Fue a la tumba donde siempre daban vuelta. La tumba con el copo de nieve. Pero...¡Esto era imposible! Esa era la tumba de...¡Yukiyo!

¿Pero cómo? Yukiyo había sido enterrada apenas la tarde anterior, porque se habían tardado más de lo habitua en preparar el cuerpo, mas el tiempo del cepelio y la tumba. Entonces
¿Cómo pudo estar soñando con su tumba desde hace cuatro noches?

Reiji le había dicho que se lo había dejado en un lugar visible, así que tendría que ser un lugar al aire libre. No estaba en el mausoleo. Ni en la capilla. Ni dentro de alguna tumbaNo se le ocurría nada, el tiempo ya no bastaba, quiso pensar pero estaba muy cansada.

¡No! El sol empezaba a salir, y no lo había encontraro. Pronto abrirían las puertas del cementerio y llegaría la gente a visitar a sus familiares en su última morada. Y alguien lo vería, y se darían cuenta de sus ojos o de sus colmillos. Y Ayato no podría escapar. Se darían cuenta. Se sabría abiertamente de la existencia de seres como él...

Se sentó en el suelo, frustrada. Reiji ganaba.

Se sentó en algo húmedo. Era... ¿Sangre? ¡Y fresca! Y mucha como para ser de algún animal. Venía del otro lado de la lápida en la que se había recargado. Se volteó. Era Ayato. Si, efectivamente, la sangre era de él y la mayoría había salido, y seguía saliendo, o de un enorme golpe que tenía en la cabeza o de una herida profunda en el muslo derecho. Se lo acomodó en la espalda, colocó los brazos del muchacho alrededor de su cuello y le ató las manos con su lazo rojo, lo cargó por las piernas y, no con poca dificultad, logró llevarlo dentro del mausoleo antes de que llegara el guardia.


Entraron. El mausoleo era grande como una habitación. Debía haber al menos 5 generaciones completas ahí adentro. Unos 2 metros de alto por 3 de largo y ancho. Yui pasó la vista, había una ventana por el lado izquierdo, pero era el único lugar donde podrían verlos. Si se quedaban directamente bajo el marco de ésta, estaban seguros. Acomodó a Ayato, y lo recostó. Luego arrancó dos trozo de su falda, lo suficiente para vendar su cabeza y su pierna, ató los vendajes y se sentó. Respiró hondo. Estaba muy cansada por todo lo que había hecho. Seguramente no iba a poder estar de pié mucho tiempo por algunas semanas.

Pero Ayato estaba a salvo.

Debieron pasar horas, hasta que de pronto algo llamó su atención. Ayato estaba despertando, pero se veía algo débil. No se estaba recuperando como las otras veces en su habitación.

-¿Qu...que? ¿Cuándo...

-Shhhh, no pasa nada. Te volvió a golpear, pero te vas a recuperar. Ahora quédate quieto y trata de dormir.

Ayato se giró, e hizo caso a Yui. A ratos salía y entraba en la inconsciencia. Pero de pronto, el dolor ya no lo dejó dormir, y luego comenzó a jadear. Un jadeo que poco a poco se volvía más y más profundo.

-¿Por qué jadeas?

-Quítame los vendajes.

-Pero, dime por...

-¡Quítamelos!- Gritó. Yui se los quitó al momento. Estaba nerviosa, y ahora algo asustada. Hasta ahora Ayato nunca le había gritado.

En cuanto le quitó el primero, el de la cabeza, notó algo extraño, las herida no sangraba. Comprobó lo mismo al quitarle el del muslo. Las heridas estaban ahí, no cerraron, pero la sangre no salía. Yui no podía entender lo que veía. Era la carne cica, pero sin sangre.

-Dime qué ves.- Preguntó Ayato.

-Tus heridas...

-No sangran ¿Verdad?

-No- Concluyó Yui. Ayato lanzó un suspiro -Ayato ¿Qué sucede? ¿Por que no sangras?

- No tengo sangre suficiente como para sobrevivir. Por eso no sangro. Mi cuerpo se la reserva
para aguantar un rato - Su jadeo le daba un toque muy tétrico a sus palabras. Sus labios, antes rojos, ahora estaban blancos como la harina.

-¿Moriras?

Ayato no contestó. No hacía falta una respuesta. Era obvio que moriría si no bebía. Supuso Yui que sería como la comida para los humanos, pero aparentemente con efectos inmediatos.

-Y cuánto tiempo puedes resistir.

-Una horas a lo mucho

Yui se quedó pensativa un momento. Por ahí no pasaban animales con sangre suficiente, y Ayato en definitiva no saldría buscar algo en esas condiciones. Se le ocurrieron dos opciones: Salir a buscar algún animal por él, o alimentarlo con un poco de su propia sangre, obviamente conservando lo suficiente para vivir.

Optó por lo segundo, creyendo que era lo más sencillo. Buscó en el suelo hasta que encontró una botella de brandy vacía, dejada seguramente por algún vago que se refugió del frío ahí dentro. la tomó por el cuello, la rompió contra la pared y...

-¿Qué fué eso?- Preguntó Ayato. Estaba tan débil que no podía girarse para ver, ni mucho menos entrar en su cabeza.

-Calma. Fuí yo. Me haré una cortada. Sólo una pequeña cortada. Necesitas beber.

-¡No!

-¿Por qué no?

-Estoy peor que aquella vez, Yui. Si estoy así, no podré controlarme. Ya maté a tus padres. no te arriesgaré a ti.- Yui bajó la cabeza, y soltó el cuello de la botella que aún quedaba en su mano.

-Está bien, entonces iré a buscarte algo.- Dijo viéndolo a los ojos, decidida. Ayato no se opuso, y ya no dijo nada. Se limitó a asentir con la cabeza.

Yui se apresuró tanto como pudo, buscó por todo el cementerio, toda la cuadra, y gran parte del pueblo. Todos los animales parecían haber desaparecido, no había mas que mascotas bien guardadas en sus casas y no tenía mucha habilidad para robar. Además no quería dejar a alguna familia triste por perder a algún ser querido.

Cuando se dió cuenta, de nuevo estaba oscureciendo. Habían pasado casi 8 horas, según las campanas de la iglesia. Si Ayato seguía vivo sería un milagro. Regresó, pero no se rindió: "No tengo otra opción. Se descontrole o no, tomaré ese riezgo".

Cuando llegó, Ayato seguía jadeando. Buena noticia, seguía vivo. Buscó el cuello de la botella, lo tomo en su mano derecha y cortó las venas de la muñeca izquierda. La sangre brotó rápidamente, tenía el pulso acelerado por la carrera para regresar. Acercó su mano sangrienta a la boca de Ayato y...

-¡Pero qué haces! Aléjate, te dije que...- Dijo Ayato, girando la cabeza antes de que la sangre tocara sus labios, pero fue abruptamente interrumpido cuando Yui sujetó su cabeza y presionó su muñeca contra sus labios. En el momento en que Ayato probó la sangre cayó preso de la sensación que aliviaba el fuego en su garganta. Y ese sabor, un sabor dulce, cálido, ligero, irresistible. Tomó con fuerza el brazo de Yui, y bebió y bebió, sin detenerse.

Pero la cortada le pareció muy pequeña de pronto. La sangre salía muy lentamente, y él necesitaba más. La mordió él mismo para agrandar la herida. Yui reaccionó ante el dolor , se soltó, empujó a Ayato y éste cayó al suelo. Ayato se levantó. Sus ojos otra vez eran de un verde muy claro, jadeaba. Su boca estaba cubierta de sangre. Le clavó una mirada muerta Yui un momento.

Yui recordaba esa mirada. Era la misma mirada que tenía el monstruo que había matado a mamá y papá hacía doce años.

-Mas.

Y sin dar oportunidad a Yui de nada se abalanzó sobre ella. Quedó ella tendida en el suelo bocarriba, y él sobre ella. Con una mano sujetó las dos de Yui, sobre su cabeza. Con la otra, separó su cabeza hacia arriba, a modo de dejar su cuello al descubierto. La arteria carótida era su blanco. Y el miedo hacía que la sangre pasara tan rápido que parecía saltar en ese cuello blanco.

Mordió ese delicado y perfecto cuello de cisne, y bebió sin control. La sangre salía rápido y caliente. Era deliciosa. Necesitaba más y más. La sed y el dolor se acallaban, y su fuerza volvía a él. Pero en cuanto la sangre perdió su ritmo, Ayato reaccionó.

Lo había hecho de nuevo.


-No...no ¡NO!- Se dijo a sí mismo. No podía creer lo que acababa de hacer. Doce años. Llevaba doce años cuidando de ella en secreto. Doce años protegiéndola de todo lo que se le escapaba a la ditraída de Beatrix. Doce años tratando de expiar su culpa, y de no perderla. Y ahora, sus instintos habían acabado con todo. Otra vez.

De repente, Yui comenzó a jadear.

Quizá, esta vez, había una salida. Pero no había tiempo qué perder. Rasgó un lado de su cuello y la acercó para que bebiera. Con el primer trago, Yui reaccionó y bebió más. ¡Había funcionado! De una manera o de otra, su niña se salvaría.

Yui siguió bebiendo hasta saciarse. De pronto se sintió extraña, como adormecida. Y al mismo siempo sentía como si estuviera cayendo y cayendo, sin llegar a un fondo. Un frío cortante invadió todo su cuerpo. Temblaba, pero el frío era muy por dentro. Y al final sintió una punzada de dolor muy profunda.

-¿Qué...pasa Ayato-

-Estarás bien. Confía en mí.- Dijo Ayato. Yui se desvaneció en sus brazos, hacia la oscuridad. La abrazó, le dió un delicado beso en la frente y la recostó con cuidado en el suelo, y se quedó contemplándola un momento.

Ya no era aquella niña del vestidito rojo, aquella de la que se había enamorado esa fría y cruel noche, como un padre se enamora de sus hijos. Se había vuelto una hermosa joven de la cual seguía enamorado. Pero por supuesto, de otra manera.

Cuando despertara, ya no sería la misma Yui Komori. Pero eso estaba bien. Ella ya le había dicho que aceptaría cualquier cambio en su vida, con tal de no perderlo. Y no lo perdería. Estaría con ella pasara lo que pasara, como lo había estado todo ese tiempo. Se irían, y cuando estuvieran a salvo, le iría contando todo lo que ella tuviera qué saber.

¿Pero en qué lugar del mundo estarían en verdad a salvo de sus hermanitos?

ADVERTENCIA: Este capítulo es un "good ending". O sea que podría tomarse como un posible final. No es el último capítulo que escribiré, pero si te fascina mucho el Ayato de esta fic, quizá este sea un buen punto para detenerte. Habrá otro "good ending", pero el capítulo final es un "bad ending" que conecta con la secuela (el capítulo en cuestión no está redactado, pero ya tengo la visión final).

Ustedes saben si son felices con este ending, o si deciden arriesgarse conmigo hasta el final. (Que tampoco es como si se fueran a morir, es sólo una fic :D)