Cap. 3 Pasado
Unos cascabeles la despertaron, al abrir los ojos se encontró en un parque lleno de flores blancas siendo mecidas por una suave brisa, sus pies desnudos sintieron el cosquilleo del pasto. Se puso en pie y miró a su alrededor, a unos metros Madoka bailaba dando piruetas sobre sí misma, alas blancas adornaban su espalda desnuda y la elevaban cuando daba saltos. Sus miradas se cruzaron y ella dejó de danzar para sonreírle de manera misteriosa antes de emprender el vuelo. Homura corrió tras ella y al saltar para alcanzarla sus alas negras se desplegaron y se acercó cada vez más al firmamento salpicado de estrellas. Voló en círculos, disfrutando el viento sobre su piel, una mano sobre la suya la distrajo, se dejó guiar y volaron sobre la ciudad.
Aterrizaron en lo que parecía una iglesia abandonada, Homura siguió a la chica con la mirada cuando ella soltó su mano y se encaminó al altar, tras posicionarse en la misma posición que el ángel en el vitral apareció una chica de cabello largo y rojizo que ondeaba tras ella mientras daba piruetas salvajes y sus pies se herían con los pedazos de cristal sobre el suelo, dejando marcas de sangre por todo el lugar. Saltó con agilidad, extendiendo toda su figura hasta tomar una cuerda que colgaba de la cruz, para luego pasarla por su cuello y dejarse caer. Quiso gritar pero no había voz.
Corrió tras Madoka, quien se alejaba juguetona por entre los pasillos y escaleras solo para dejarse alcanzar por una confundida Homura. Sus manos se entrelazaron de nuevo y volaron juntas, aleteando y dejándose llevar, olvidó pronto lo que acababa de presenciar. Salieron de la atmósfera terrestre y pudieron ver el planeta desde el espacio, rodeadas de miles y miles de estrellas. Al mirar al frente vio a la chica del cabello rosa en un hermoso vestido blanco, danzando sobre el mundo, haciéndolo parecer más bello y brillante, sintió más amor.
Quiso unirse a su baile y descubrió que en cuanto algo era tocado por ella se convertía en una zona oscura, gritos de dolor acudían a sus oídos y no lo podía tolerar. Madoka tomó con ternura su mano y la besó, antes de guiarla de vuelta a La Tierra, la dejó sobre el puente donde se reunían en las mañanas para huir volando, mirándola con cierto temor. Intentó gritarle, pedirle que no la dejara, soledad. Viento llegó a ella, obligándola a taparse la cara con las manos, su entorno era ahora oscuro y gris, una bruja se posicionaba ante ella, desesperada buscó su gema pero no la tenía. A su lado pasaron corriendo las demás, listas para el ataque, la destrucción era inminente. Intentó detenerlas pero una a una fueron cayendo. La bruja la iba a devorar, entonces pudo hablar.- Homulilly-pronunció en un susurro sin conocer el significado de lo que acababa de decir.
Se derrumbó un edificio, intentó volar pero ya no tenía alas, tampoco poderes, estaba indefensa como hacía mucho tiempo que no lo estaba. Cerró los ojos esperando el impacto pero en cambio unos brazos la rodearon con cariño protegiéndola y al mirar se encontró con los ojos de su diosa, dándole calma, sonriendo antes de besar su frente. Deseó ser protegida por ella y la abrazó por la cintura, evitando que se retirase, sus cabellos fueron acariciados y peinados en un par de trenzas.
-Homura –susurró cerca de su boca.- Homura-chan, no te esfuerces demasiado –eliminó la distancia, colocando un suave beso.
Embelesada por la sensación en sus labios no notó cuando fue recostada de nuevo en el pasto y pronto este pasto era una banca en la azotea de la escuela. El cielo azul mostraba unas nubes que se movían con pereza y su cabeza descansaba en el regazo de su chica ¿Por qué no recordaba que fuera tan feliz con ella? Suspiró pesadamente, nostálgica, estiró su mano y tocó la mejilla de Madoka, necesitaba sentirla, saber que todo era real. En un parpadeo tocaba el rostro lleno de tierra de una niña de cabello corto rosado, era Madoka pero no su Madoka, esta se veía como de otra época, tan antigua como las ropas cortas que llevaba puestas y a su alrededor había oscuridad y desesperanza.- La primera época –susurró.
Se levantó confundida, escuchó de nuevo los cascabeles y luego una vocecilla familiar.- ¿Recuerdas algo antes de Kaname Madoka? –siguió la voz y se encontró con Mami, quien giraba ondeando sus listones tras ella, en un ritmo embriagante y desolado, sobre un puente. Un automóvil se dirigía hacia ella, intentó advertirle pero solamente pudo mirar cómo era golpeada y aplastada. Su estómago se revolvió, dio la vuelta y corrió para encontrarse con otra bruja que ya conocía. -Octavia von Seckendorff…
Perdió el equilibrio cuando el suelo bajo ella se rompió, cayendo en lo que parecía un pozo sin fin.- Antes de Kaname Madoka… ¿Quién era? –se preguntó.
Aterrizó sobre una cama de duras sábanas blancas, olía a desinfectante y se oía el zumbido de una máquina. A un lado de ella una mujer grande remendaba unas medias que probablemente eran suyas. –Nana…-susurró y la anciana la miró con una sonrisa.
-Has despertado, Homura –colocó una mano huesuda con cariño sobre la suya.- Me alegra que estés despierta, los médicos deben saberlo –salió presurosa.
¿Médicos? ¿Por qué estaba ahí y quién era esa mujer? Se levantó con lentitud apartando las sábanas, con la mano buscó sus anteojos en la mesa de noche. No era el hospital donde siempre había despertado, era otro lugar.- Es mi casa –susurró. La habitación giró y las paredes se cubrieron de papel tapiz verde oscuro, odiaba ese color, sobre todo por la manera en que la hacía sentir enferma y débil. Se miró, su cuerpo era más delgado y se oía un silencio casi mortal.
Salió de la habitación y caminó por los oscuros pasillos iluminados por unas simples lámparas de luz opaca. Se detuvo frente a una gran puerta de madera, la tocó con cuidado y se abrió.- ¿Necesitas algo? –preguntó una voz que se le hizo familiar. Entró sigilosa, sorprendida cuando notó que la persona que le había hablado se parecía mucho a ella, solo diferían en edades y tonalidades de cabello. Frente a ella había un hombre que le sonrió amablemente antes de levantarse y plantarle un beso en la frente. Un dolor recorrió su cuerpo, cerró los ojos tratando de contenerlo y al abrirlos se vio cubierta de sangre y sus ojos llenos de lágrimas al oír los alaridos que daban las dos personas al ser quemadas vivas.
-No quería que vieras eso –susurró Madoka antes de abrazarla impidiendo que siguiera viendo.- Lo siento, Homura…
La apartó con brusquedad, agitada, confundida, todo le daba vueltas. Ella era Akemi Homura ¿no? Y a quienes había visto eran sus padres ¿no? ¿Por qué no los recordaba? ¿Era ella realmente Akemi Homura? Corrió sin destino fijo, salió al gran jardín, todo ardía. Una mujer esperaba por ella, se detuvo, asustada, parecía que se veía a sí misma pero más alta, ropas oscuras y una sonrisa de dolor mezclada con éxtasis muy extraña. –Homura…-susurró.
-Ambas lo somos –susurró antes de apretarla contra su pecho.- Pero tú eres mi hija, yo te creé con un único motivo –la miró.- Ambas queremos a la misma mujer… no queremos perderla ni hoy ni nunca ¿cierto? – sonrió al ver que asentía.- Juntas vamos a salvarla, por fin he entendido qué es lo que hay que hacer.
-Qué…-no pudo terminar, fue lanzada lejos. Al incorporarse se encontró con Madoka mirando triste a la otra Homura mientras le disparaba una flecha. –No entiendo…
-No tienes que entender…-dijo la chica al bajar junto a ella.- No tienes que entender –la abrazó antes de soltarse a llorar.
Acarició sus cabellos rosados tratando de calmarla. Estaba confundida pero su amor por Madoka superaba todo. Kyube saltó a su lado, corrió en círculo y el camino que trazó se transformó en un agujero de conejo.- Si quieres entender más, solo tienes que entrar.
-¡No vayas Homura! – gritó Madoka tratando de disuadirla.- Ni yo sé qué podrías encontrar ahí… ¡Vuelve! ¡Despierta! No me dejes…
Pero ya estaba saltando, notó que ahora tenía su ropa de chica mágica, no le dio importancia. Bajo a ella había una bruja diferente a las demás, sintió temor por alguna razón. Mientras caía preparó sus armas y notó al final de un pasillo una puerta. Atacó a la bruja, tenía que llegar, se sorprendió cuando vio a Madoka a su lado combatiendo. Pronto ambas estaban cansadas y empujando la puerta.
La bruja hizo temblar todo, su plan era derribar el lugar pero antes de que lo lograra lograron pasar. No había nada, solo algo que podrían definir como blanco, no había arriba, ni abajo, ni paredes. Oyeron unos sollozos de niña, Madoka miró con terror cómo se cerraba la puerta tras ella.- No puedo estar aquí… no puedo estar aquí… No me dejes Homura-chan… No me dejes… -cayó de rodillas con los ojos llenos de lágrimas de desesperación.
-No eres Madoka…-susurró.
-Sí lo soy… no me dejes…
Corrió alejándose y solo se detuvo al ver a una pequeña niña desnuda y sucia sollozar hecha un ovillo abrazando algo entre sus brazos. Se acercó sigilosa y miró con terror lo que parecía ser Madoka de niña, herida y abrazando una niña aun más pequeña y esa niña… se parecía a ella.- No me dejes Homura… -sollozaba.- Me quedé sola, no me dejes Homura –lloró y siguió hablando con la niña que respiraba con dificultad, la abrazó con más fuerza y entonces dejó de respirar.- ¡No! Solo te tengo a ti… Debí cuidarte… Homura… hermana… Homura… Volverás a nacer, estaremos juntas esta vez… por siempre.
Un dolor enorme surgió en su pecho, gritó, notó como su cuerpo se iba convirtiendo en el de una bruja.- Homulilly... –se perdió, ahora solo había oscuridad.
Despertó al sentir el agua fría escurrirse por su frente y colarse por el cuello de su pijama.- ¡Homura-chan! –miró a la chica que le llamaba con alerta.- Estás bien… qué alivio ¡Me espanté – era su Madoka, sí, ella sí era su Madoka.
-Estoy bien –sonrió un poco y estiró su mano hasta la mejilla de ella.- Estoy bien, Madoka –susurró antes de levantarse un poco y besarla por primera vez.
Hola gente, espero les vaya gustando ¿Qué tal me quedó su sueño? xD ¡Reviews son bienvenidos! Tanto buenos como malos ^^ ¡Saludos!
