Cap. 5 Un mundo para las dos

Había ya pasado una semana desde que había concluido que la manera de salvar a Madoka era más compleja y a la vez sencilla de lo que jamás había pensado; pero su corazón sufría cada vez que consideraba la idea. Se preguntaba por qué el universo era tan injusto, por qué no podían simplemente estar juntas sin ninguna preocupación. ¿Por qué no podía existir un mundo para las dos?

La puerta a su habitación se abrió, sacándola de sus pensamientos. –Homura-chan –eran Madoka y sus demás amigas. –Como no has ido a la escuela nos preocupamos –dijo con una sonrisa dulce. Las observó inexpresiva, aunque tenía ganas de llorar. Pensó que debía aprovechar a su Madoka todo el tiempo que pudiera, así que sonrió un poco.

-Estoy bien –dijo, tratando de sonar convincente. Madoka sonrió satisfecha, Mami la miró sosprechando y finalmente Kyoko fue quien dijo algo.

-¡Pues entonces vamos a comer! –exclamó alegre mientras alzaba una bolsa llena de manzanas. Sayaka mostró una bolsa de papel con hamburguesas de una cadena de comida rápida.

Homura fingió lo mejor que podía, que estaba bien, pero el ver a Madoka tan alegre platicando con sus amigas mientras acariciaba a Kyubey le partía el corazón. Creía que no lograría sobrevivir sin ella.

Kyubey la miró con curiosidad como si notara que había algo que le causaba más conflictos de lo normal. Homura lo miró como inficándole que se metiera en sus propios asuntos. Entonces notó una extraña anomalía, veía más borroso. Se frustró ¿Por qué ese cuerpo estaba cada vez más dañado?

Si quería lograr algo debería hacerlo pronto. El Wlapurfis estaba cada vez más cerca y ella cada vez más fárgil, como cuando todo había comenzado, como la primera Homura. De nuevo notó que no recordaba algunas de sus vidas, entre más viejas menos las recordaba. Se dio cuenta de que ni siquiera recordaba haber sido niña alguna vez. Su vida empezaba siempre con Madoka y terminaba con ella.

-Homura-chan ¿segura de que estás bien? –preguntó Madoka a la hora de despedirse.

-Eso creo –respondió.

-¿Segura? Podría quedarme si te sientes mal –la miró preocupada.

Tal vez aprovecharse de vez en cuando de su inocencia no era tan malo, pensó Homura, por lo que mintió y le pidió que se quedaba. Les informaron a sus amigas y luego se quedaron solas.

Mami miró a Sayaka y Kyoko caminar más calladas de lo normal, chocando de vez en cuando sus manos. –Nos vemos chicas, tengo que hacer compras –dijo como excusa, se despidió y se apartó un poco, observándolas con ternura desde la distancia.

-También tengo que comprar cosas –dijo Kyoko chocando comopor décima vez su mano con la de su compañera.

-Te puedo acompañar si quieres –respondió con un ligero sonrojo Sayaka mientras enlazaba su meñique con el de ella.

-Si no tienes nada que hacer supongo que está bien –entrelazó sus manos y la jaló entre calles hasta llegar a la parte trasera de un parque que solían frecuentar. –Aunque si tienes algo que hacer… no importa mucho –sonrió y la besó. Ese era su juego últimamente, quererse en secreto solo por la emoción de ocultarse y no tanto por miedo a las reacciones que pudieran tener sus amigas si se enteraran.

Madoka y Homura pasaron la mayor parte de la tarde platicando y viendo películas, como cualquier chica normal de su edad en una pijamada. –Homura-chan ¿puedo trenzar tu cabello? –preguntó Madoka, sentándose detrás de ella. –¿Puedo? –miró a su amiga quien asintió un poco sonrojada. Sonrió y con cuidado fue trenzando su cabello.

-Madoka.

-¿Sí? Homura-chan.

-Dime Akemi.

Se sonrojó. -¿Sí? Akemi.

Homura se acercó a ella lentamente, disfrutando del sonrojo que le provocaba. Se detuvo a unos centímetros, exhaló sobre sus labios y cerró la distancia depositando un beso sobre ellos. Madoka se tensó e intentó apartarse pero Homura no lo permitió, tomándola con firmeza con un brazo por la cintura y depositando el otro en su nuca, profundizando el beso. Poco a poco la cautiva fue relajándose y con torpeza respondió el gesto. Una serie de emociones y sensaciones explotaron en las dos. Homura liberó un poco el agarre y se sorprendió al sentir las manos temblorosas de Madoka sobre sus hombros.

Un calorcillo invadió a Homura, recorriéndola desde la punta de los pies hasta la coronilla, donde se quedó. Con delicadeza acostó a Madoka y se posicionó sobre ella, sonrió ante la imagen que le regalaba: la de una dulce y frágil chica. Con cariño besó su frente, sus mejillas y sus párpados.

-Te amo, Madoka –susurró antes de volver a besarla. Soltó los listones que ataban el pelo rosado y desajustó un poco el cuello del uniforme de su amiga.

-Homura-chan… -respondió el beso. Ahora se daba cuenta de sus sentimientos por Homura, ahora sabía que la quería más que a las demás chicas y, aunque no estaba segura de si era amor, no quería separarse de ella. Un suspiró escapó de sus labios cuando sintió las manos de amiga recorrer sus brazos, pasando por sus hombros para luego acariciar su cuello.

-Madoka… Te amo y quiero protegerte de todo lo que pueda hacerte daño –sus ojos se llenaron de lágrimas que se derramaron sobre ella.

-Homura-chan… -limpió sus mejillas con las llemas de los dedos. –Akemi…no va a pasar nada…

-¡Tú no sabes, Madoka! Yo sí… las he visto morir una y otra vez….-se sintió al culpable el rostro angustiado y confundido de su compañera, besó su frente y volvió a acariciar su cuello. -¿Me quieres? –preguntó en un susurro y sonrojada.

-Claro… Te quiero, Homura-chan…

-Entonces perdóname…

-¿Por q…-se quedó pasmada al sentir las manos cerrarse con fuerza sobre su cuello. Se revolvió en su lugar, intentado escapar, pero Homura la detenía completamente y la besaba de tal manera que literalmente le robaba el aliente. Sus intentos fueron en vano, no logró escapar y perdió el conocimiento.