Cap. 6 Clementia
Homura iba tranquila recargada en el vidrio del autobús, mirando el paisaje frente a ella, sonriente, apretando en su mano la pequeña gema rosada que era el alma de su amada. Estaba tranquila, relajada, hacía tiempo que no tomaba un viaje como aquél, siempre viajando usando sus poderes de chica mágica o caminando, ir de vez en cuando como persona normal era agradable. Besó la gema y rio, se sentía algo libre, como cuando estás a punto de alcanzar una meta. No tenía a Madoka físicamente pero no importaba mucho, tenía lo más importante de ella.
La noche cayó y su viaje continuó. Había tomado otro autobús y luego el tren, ahora caminaba por una solitaria calle hacia una vieja casa. Saltó la verja y entró por una ventana, como esperaba no había nadie. Era la casa de un familiar, no estaba segura de quién pero sabía que era de un familiar, no solía haber nadie porque viajaban mucho y en ese momento estaban fuera, no estaba segura tampoco de cómo sabía eso.
Se preparó para dormir en el sillón de la amplia sala cuando escuchó alguien susurrando su nombre. Se sentó con rapidez, no podía ser, la voz de Madoka no debía de oírse en ese lugar. Miró a su alrededor, no dejaba de susurrar su nombre y de pronto, frente a ella, apareció de nuevo la diosa que había visto antes, la otra Madoka.
-Homura-chan… -Madoka la miró con ojos tristes. - ¿Vas a matarla?
-No la voy a matar –respondió, su mano inconscientemente se dirigió al bolsillo donde tenía la gema guardada. –Estoy siendo amable, le muestro cuánto la quiero… ¿Quién eres tú? ¿Qué te da derecho a parecerte a ella?
-Madoka es la hija de Homura y tú eres mi hija… -dijo sencillamente, notó confusión en su oyente. – Nosotras creamos este mundo… inconscientemente yo te creé a ti y ella a Madoka… Son nosotras pero en otro mundo… -sonrió inocentemente, no sabía explicarse. –El caso es… que este mundo está hecho para que vivan en paz, juntas, felices por siempre.
-Lo sé… -dijo Homura con una sonrisa cargada de amor. –Por eso hago esto. La protegeré y estaremos juntas. Sé que Madoka me perdonará, sé que me comprenderá y que necesita mi ayuda para estar a salvo al fin.
-Homura-chan… Lo estás haciendo mal, no debería suceder así… Homura-chan, simplemente sean felices juntas. Esta vez no habrá bruja, no habrá Walpurgis, no si no lo provocan.
Akemi la miró preocupada. No sabía si creerle o no pero si era cierto entonces ¿qué se suponía que pasaría? Era cierto que Madoka y Homura podían estar juntas para siempre sin tener que temer a nada o podía ser que si continuaban sus vidas tranquilas y felices ambas crecerían y en algún momento se separaran ¿no? La gente al crecer toma rumbos diferentes, otras personas reemplazan a quien eres ahora para ellos. Nada le aseguraba que Madoka sería para siempre suya y no podía, ni siquiera con el aviso de quién fuera esa personas, estar en completa paz. Tomó de debajo de un cojín una pistola y le apuntó a la cabeza, con el rostro inexpresivo, volvió a oprimir su bolsillo.
-Madoka, es mía –susurró. –Tú no eres mi Madoka.
-¡Homura-chan! ¡Escúchame!
-Salvaré a Madoka.
-¡Akemi!
-Y estaremos juntas –sonrió y jaló del gatillo. La chica frente a ella se convirtió en una bruma rosa y se desvaneció en el aire. Homura gritó y lloró, hasta que la cabeza le dolió en fuertes y constantes punzadas. No podía retractarse.
