Cap. 8 Batalla
-Esta es… la antigua habitación de Homura… -dijo Kyoko mientras revisaba el cuarto que apenas era iluminado por los rayos del atardecer que entraban por la ventana sucia. Sacó de debajo de un montón de papeles dibujos a lápiz donde se veía a Madoka con diferentes expresiones, algunos estaban rallados, otros estaban cubiertos de anotaciones. –Esto es enfermo.
-Akemi no está aquí –dijo Kyubee un poco aburrido. Se estaban tardando mucho a su parecer.
-Eso ya lo sabemos –contestó Mami, se recargó en una pared, necesitaba pensar ¿Dónde estarían? Y ¿por qué Homura se llevaría a Madoka? Una extraña sensación se instaló en su mente, como cuando uno siente un deja vú. – ¿Qué sabemos de Madoka?
-Ella es mi amiga de toda la vida –respondió Sayaka con seguridad. De pronto sintió un vacío en el estómago.
-¿Cómo se conocieron? –seguía tomando cosas de la habitación pero prestaba atención a lo que platicaban.
-Yo… nosotras… -se sintió confundida y tomó asiento en la primera silla que vio, sobó sus sienes tratando de concentrarse. –Nos conocimos… ¿cuándo nos conocimos nosotras? –las vio con urgencia. Solo entonces todas notaron que no sabían sus orígenes, simplemente estaban allí. -¿Qué es… esto? –susurró con temor.
-¿Les cuento? –preguntó Kyubee, mientras pasaba su pata por su rostro, como si se limpiara de algo. Todas lo miraron con sopresa.
-¿Sabías y no dijiste nada? –preguntó Kyoko acercándose enojada. Kyubee saltó hasta un mueble alto y las observó unos segundos antes de empezar a hablar.
-Son copias –se miraron confundidas. –De las Kyoko, Mami y Sayaka originales, las que murieron hace mucho tiempo y Homura y Madoka son copias de la diosa y el demonio que rigen este mundo.
-¿Diosa?
-¿Demonio?
-¿De qué rayos hablas?
Kyubee movió sus orejas, juguetón, disfrutaba eso. –El mundo ha sido salvado muchas veces por Madoka y ha sido destruido muchas veces por Homura. Son amantes y son enemigas, son el balance del universo. Crean este mundo para que sus "hijas" puedan vivir en paz y felicidad como ellas debieron pero siempre algo pasa y todo termina mal. Ahora Homura está guiando a Homura.
-Entonces… no existimos… -susurró Sayaka. Kyoko la rodeó por los hombros antes de besar su frente.
-Si existimos o no da igual… este es nuestro mundo y Madoka es parte de este grupo.
-Vamos a salvar a Madoka y a Homura –sentenció Mami con el ceño fruncido. Kyubee observó la escena con diversión, por fin estaba pasando algo interesante.
Tardaron mucho en encontrarlas, las pistas no eran fáciles de encontrar, Homura realmente se había esmerado en ocultarse y ahora estaba tranquila usando a Madoka como una muñeca que vestir, peinar, bañar y con quien platicar. Ahora ella no era nada más que un juguete, sin su gema del alma cerca solo dormitaba.
Dos días tardaron en llegar a su destino, al lugar donde estaban las chicas que intentarían rescatar. Antes de poder si quiera pensar en un plan, se vieron atacadas por varias armas de fuego y en lo alto de la casa vieron a Homura preparada para seguir atacando, no dejaría que se acercaran a su pequeña Madoka.
-¡Homura-chan! No quieres hacerles daño –dijo Mami intentando calmarla. –Queremos hablar contigo.
-¡No quiero! –respondió, lista para combatir. -¡No nos van a separar! ¡Voy a salvar a Madoka! –saltó hacia ellas, lista para detener el tiempo.
Con rapidez las demás la esquivaron y se transformaron en guerreras mágicas. No querían pelear, pero lo harían si era necesario. Kyoko la atacó con su lanza, Homura detuvo el tiempo, tomó la lanza y la lanzó lejos, sintió un golpe en un costado, Mami la había atrapado por un pie con uno de sus listones, estando en el mismo tiempo que ella.
-Homura-chan, escúchame, no estamos aquí con mala intención.
-Si cedo… se van a llevar a Madoka, no voy a permitir eso…
-No las vamos a separar… van a estar juntas. Ven, vamos juntas, despertemos a Madoka y vámonos de aquí. Hay mucho que explicarte –con una sonrisa extendió su mano hacia ella en forma amistosa.
Homura la miró con temor, con indecisión. No podía permitirse perder al amor de su vida de nuevo, no quería pero a la vez algo le decía que debía luchar por seguir viva a su lado. Recordó el Walpurgis, no podía dudar, tenía que salvarla.
-No… -susurró y atacó a Mami con una pistola. Esquivó por poco el ataque y sin mayor opción contra atacó. Fue una batalla llena de explosiones, disparos, armas destrozadas, sangre de las dos, respiraciones agitadas y desesperación. El poder de Homura falló y el tiempo continuó. Entonces, por causa de alguna fuerza mayor, la lanza que Akemi había apartado de su dueña estaba en perfecta posición detrás de Mami y al restaurar el tiempo, el arma siguió su camino.
Un grito de Sayaka delató lo que ocurría: la lanza se había alojado justo en el centro de la mesa de Mami, cayendo su cuerpo inerte. La chica pronto atacó a Homura con furia, sentía que ahora debían eliminarla si querían tener a Madoka de regreso. Kyoko se unió a la pelea, creían que entre las dos podrían contra Akemi pero no lograban seguirle el paso, su motivación era simplemente más grande que la de ellas. Cada que detenía el tiempo alguna lograba colarse y la obligaba a restaurarlo.
-¡Madoka es mía! –exclamó Homura en un momento de desesperación, sentía que la iban a derrotar. Sacó un par de armas de su disco y disparó contra lo que se moviera, sin importarle que se le terminaran las municiones. Un grito se escuchó, Kyoko había sido alcanzada en un tobillo y no podía moverse. Homura la miró y disparó contra ella, vació lo que le quedaba a su arma.
Kyoko cerró los ojos, como si con ello pudiera evitar su destino y sin embargo no sintió nada. Abrió los ojos y descubrió con terror que frente a ella estaba Sayaka, sangrando, la había protegido. -¡Idiota! –exclamó antes de atrapar su cuerpo débil. -¡Sayaka! ¡Sayaka! –gritó una y otra vez, sintiendo su garganta desgarrarse y su corazón partirse. Gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas y detuvo la respiración al notar que se dibujaba una sonrisa en el rostro de la chica a la que más amaba. Recargó sus frentes, no podía articular palabra, seguía viva.
Homura sabía que no podría ganar aunque lo intentara por lo que emprendió la huida, se iría lejos con su Madoka. Kyubee la siguió. Kyoko cargó con el mayor cuidado que pudo a Sayaka y la llevó a un lugar seguro, al pasar junto a Mami solo pudo soltar un par de lágrimas más. Coraje, enojo, odio contra Homura.
