Capítulo 2
Su piel fría y la cómoda fuerza de sus dedos activó el reflejo de prensión en mi mano, cerniéndola con fuerza alrededor de su precaria vestimenta.
-"Suéltala"- me autoinstruí.- "La tela"- hubo de aclararme el yo interior.
Bajé la vista avergonzado, retuve a Pongo enganchando la correa a su collar, me alejé unos pasos y esperé a que se cubriera entreteniéndome con la arena. Intenté hablarle pero las palabras se pegaron a mi lengua y ésta, se enrolló profunda en la garganta. Generalmente las personas se presentan antes de verse desnudas, me había saltado al menos unos diez pasos en la metodología de las interacciones sociales, ni hablar del decoro y la decencia.
Sus piecitos descalzos aparecieron en mi campo de visión, se acercaba a mí y de inmediato reviví la visión de sus piernas y su…Temiendo no resistir otra escena como la anterior, apreté los párpados subiendo la vista al frente. Debía disculparme correctamente, mirándole a la cara.
-Realmente lo siento, señorita…- Y ahí iba de nuevo. Al abrir los ojos tuve que buscar su rostro. Su cabello largo se encontraba húmedo, acentuando el tono rojizo de manera intensa. Caía cual cascada enmarcando su rostro y clara piel, combinando con el rosa pálido de sus mejillas. Un mechón rebelde hacia sombra en su frente. Cejas perfectamente curvas y estilizadas, nariz pequeña, graciosa; labios rosas, pequeños, incluso ella era pequeña y sus ojos. Dios, sus ojos de un azul profundo y brillantes, curiosos, llenos de vida. ¿Había una mujer así en Storybrooke? Creo que lo recordaría.
Estoy seguro de haber boqueado como pez fuera del agua. Su sonrisa lo confirmó. Tomé valor de la nada, no quería parecer un tonto, bastante mala impresión había dejado ya.
-¡Grillo!- ¿Acaso era demasiado pedir? ¿podría terminar una oración enfrente de ella? - "No"- me respondió de inmediato el inconsciente. Vaya ayuda.
Grumpy corría aprisa hacia nosotros. Lo había olvidado por completo en cuanto Pongo echara la carrera después de olfatear la única pista de la supuesta sirena.
-Wof, wof.- Los ladridos hicieron eco entre las rocas señalando nuestra posición. Movió el rabo satisfecho, levantando sus patas delanteras una y otra vez en su lugar, contento por encontrar a su presa, supongo.
Perdí la lucha contra los intentos de Pongo de salir despedido en otra persecución en la arena al percatarme del tímido agarre en mi camisa. Miré por encima del hombro. Se escondía replegada a mi espalda, parecía incluso más pequeña, indefensa.
-No la dejes ir. Esa ladronzuela.- La voz rasposa y grave de Grumpy la hizo encogerse aún más.
- Puede sonar peligroso. Te aseguro que no lo es, está enfadado por interrumpir su almuerzo- dije (por experiencia propia, seguía con el estómago vacío) para calmarla.
- Buen trabajo, grillo.- palmeó mi antebrazo con fuerza, seguro que su intención era el hombro pero no alcanzaba. Él asomó el rostro a mi espalda, ella se mudó a mis costillas, levantó mi brazo izquierdo sin soltar la camisa, desfajándola al cambiarse de posición.- Esta vez no escaparás, vendrás conmigo y todos verán que tenía razón. – alargó su brazo. Sonrió un instante al tocar su brazo con sus dedos regordetes.
Se agitó bruscamente para liberarse del agarre, sujetó con fuerza la improvisada túnica mientras corría de nuevo al resguardo de las rocas.
-"Genial"- Ella había confiado en mí (a pesar de la terrible primera impresión) al grado de ser su escudo y ahora estaba agazapada como un animalito asustado.- ¡Grumpy, basta! –de dos zancadas me interpuse en su camino- ¿No te das cuenta que la asustas? La estás tratando como una criminal. Estoy aquí para ayudarte, pero en vista de la situación, es ella quien necesita ayuda.
-¡Apártate! Como le des la espalda huirá de nuevo al mar y no habrá otra oportunidad de atraparla.
Trató de pasar por mi costado, extendí ambos brazos con firmeza y (extrañamente) me impuse.
-He dicho, basta.- "atraparla" resonó en mi cabeza- Estamos hablando de una persona, no de una bestia que puedas cazar. Me avergüenzo de haberme prestado a esto y tú también deberías estarlo. Nada justifica que trates a una mujer como lo has hecho. ¿Qué dirían las hermanas si escucharan sobre tu deplorable comportamiento?- "Okey" eso fue pasarme de la raya.
La implícita mención de Nova lo contuvo. -Yo…Lo lamento.- se rascaba la nuca apenado. – Fue la adrenalina. – Guardó silencio unos instantes y agregó- No lo irás a mencionar, ¿cierto, Grillo?
-"Archie, mi nombre es Archie"- Me callé la aclaración, lo importante era que había conseguido apaciguar sus ánimos.- No diré una palabra de esto. Ahora…tenemos que encargarnos de ella.- Caminamos con cuidado para no asustarla más. Sin nuestras voces discutiendo, el silencio era notorio. ¿Volvería al mar?
Respiré aliviado al verla y al segundo me inquietó. Escondía el rostro con las piernas plegadas, sentada en la arena recargándose en la superficie de piedra. Pedí a Grumpy que se quedará atrás. Di un paso con meditación, vaya sorpresa al ver que mi amigo, sin cuidado alguno corría en su dirección. Frenó en seco, olfateo sus pies, sus brazos y cuando pareció cómodo con ella, le dio tremendo lametón en la cara.
-Pongo, ven muchacho. – llamé para quitárselo de encima. Era momento de presentarnos, "grillo" no es precisamente el nombre con el que quieres ser recordado-Ese es su nombre, Pongo. Aquel malhumorado es Grumpy y yo soy Archibald, pero todos me llaman Archie.- le ofrecí mi mano. La miró con cautela, buscó mi mirada, después a Grumpy, a Pongo y su propia mano. Analizaba la situación, dudaba. El ser psiquiatra requiere observar con atención, interpretar y conjeturar, ella hacía ese trabajo doblemente sencillo, sus expresiones eran demasiado obvias, como un niño, como un libro abierto.
Al fin tomó mi mano. Esta vez no hubo sangre agitada ni bochornos; en su lugar, un escalofrío me recorrió el brazo hasta la nuca. No sólo sus dedos, también su mano estaba helada y su temperatura no cambió.
Grumpy esperaba en la camioneta, Pongo había corrido, saltado y apartaba lugar en el asiento de enfrente. La guié hasta la calle sin soltar su mano, en todo el camino permaneció callada. Presionar no es mi estilo ni mi deber, como persona ni como profesional.
La planta desnuda -creo que evitaré esa palabra por un tiempo- de sus pies sintió el asfalto y retrocedió con una mueca; no de susto, sino de dolor.
-"Tonto de mí"- Me disculpé aprisa tropellando las palabras. Pedí permiso y pronuncié una nueva disculpa antes de alzarla en brazos.
El par miraba curiosos la escena, yo por mi parte, estaba bastante ocupado entre no tropezar y la sensación de su cuerpo: delgado, suave, frío.
Tuve que pedirle a Pongo que bajara y se trepara afuera. Tomé mi abrigo, lo acomodé en sus hombros cuando la deposité en el asiento y me senté a su lado.
Exhausto, me dejé caer en el sofá. Mi mascota hizo lo mismo apenas cruzar la puerta, se desplomó en la alfombra.
FlashBack
Nuestro primer destino había sido el hospital. Debía…debían cerciorarse de su estado físico, peso, talla, frecuencia cardiaca, temperatura, análisis de sangre y otros chequeos generales. El doctor Whale se ofreció a examinarla, para nadie pasó desapercibido su interés, su fama le precedía y con mayor razón me las arreglé para que una de las doctoras fuese quien realizara el chequeo, alegando un posible trauma y probable apertura con un miembro del mismo género.
- Ve con ellas, cuando vuelvas estaré aquí.Se me encogió el corazón al verla marchar escoltada por un par de enfermeras. No deseaba soltarme la mano, me suplicó con la mirada que no la abandonara o eso entendí.
Recorrí kilómetros entre el ir y venir de la sala de espera mientras Grumpy se encargaba de avisar nuestro hallazgo a las autoridades en turno. Granny apareció cargando una cesta de comida variada (para que la "niña" eligiera que probar) a eso de las 4 pm. Ruby le siguió, trayendo consigo algo de ropa y Belle ofreció amablemente su ayuda para lo que fuese necesario.
Olvidé mis compromisos de esa tarde, llamé para cancelar y concertar nueva cita con mis pacientes. Tuve que acompañar a los oficiales a la comandancia y contar lo sucedido, omitiendo algunos detalles, claro. –aún me siento sonrojar- Sin fotografías a la mano, me pidieron describirla mientras un retratista intentaba capturar sus rasgos en papel. Hice algunas correcciones: suavizar la curva del mentón, rebajar los pómulos, el arco de las cejas. Una vez conformes, el artista y yo, se mandó fotocopiar la imagen y publicarse en los tabloides y el periódico de mañana en busca de conocidos o familiares.
Marco, me recogió en la estación. Se suponía que esa tarde lo visitaría, estaba preocupado por mi inasistencia y al escuchar los rumores se había puesto a mi disposición. Le agradecí su compañía, poder despejarme y no cavar una zanja en el pasillo del hospital o terminar con un agujero en el zapato cada que escuchaba el ajetreo dentro del consultorio. Jugamos un partido de ajedrez en la estancia de espera.
-Y dices que no la conoces…-Por mucho que lo intenté no pude descifrar la sonrisa de Marco.
– No, apenas la he visto esta mañana. Te lo he contado dos veces.-Moví el caballo en posición.
-Ahhh - respondió ignorando mi explicación mientras movía su torre y cogía el último de mis peones. - Archie, te conozco de toda la vida y es la primera vez que te veo así por otra persona.- Quise debatirlo pero él alzó las manos conteniendo mi intento de réplica-…por alguien que desconoces.
- Es normal preocuparse por el prójimo.
-¿Puedo preguntarte algo?- movió su Reina y puso en jaque a mi Rey. Esperó a que yo asintiera o es su defecto me negara.- Soy tu amigo y deseo lo mejor para ti. ¿Quieres terminar como yo?
-Marco, qué cosas dices.- Es un hombre mayor que disfruta su trabajo, no le falta pan en la mesa, productivo, atento y convive con sus amigos. Quiero llegar a su edad, ser capaz de sonreír como él lo hace, y así se lo hice saber.
Ni siquiera me molesté en mover la pieza dejándosela en bandeja de plata. Sin piedad la cogió y agregó.- Espero que no, mi amigo.
Moví el dedo en el aire buscando qué responderle, y me quedé con la boca abierta. En ese momento la doctora Shuzter salió buscando a los familiares de la desconocida. Me di cuenta que ella tampoco había logrado hacerla hablar, era preocupante. Nos acercamos para escuchar su diagnóstico.
Sus resultados eran normales, pequeñas variantes que adjudicaba a su condición de sirena (temperatura fría y la necesidad constante de humectar su piel). La mantendrían en observación unos días más. Los presentes nos ofrecimos para visitarla, el hospital no se haría cargo por personas si un responsable.
El examen de habilidades era tema aparte. Su motricidad fina y gruesa parecían los de un niño de 5 años. Equilibrio, coordinación, orientación con relación al espacio, manipulación de objetos (lápiz por ejemplo), todos deficientes, llamarlo torpeza no bastaba. Se nos recomendó un examen psicológico para medir sus facultades cognitivas. De inmediato las miradas cayeron sobre el pobre doctor, o sea yo. Les aseguré que aplicaría los exámenes pertinentes en cuanto ella estuviera apta para recibir terapia.
Pasamos a su oficina para discutir otros términos médico-legales concernientes a su caso. Cuando dimos por terminada la reunión, los enanitos se habían encargado de esparcir la proeza de su hermano y para el atardecer, el hospital estaba lleno de curiosos.
-Desháganse de ese monstruo. Sólo traerá calamidades. ¿Saben lo que se dice de las sirenas? Devoran humanos, los arrastran al fondo del mar. Cuentan las leyendas que su canto ha sumergido pueblos enteros. ¡Atraen la desgracia!- Un hombre entrado en años, escuálido, paliducho, de escasos cabellos aún negros y resaltadas ojeras, alebrestaba la comitiva.
A sus bramidos se unieron algunos ingenuos. Nos costó trabajo convencerlos de que marcharan a sus casas. En especial a ese sujeto. Fue necesario recurrir a la seguridad del hospital. Las chicas harían guardia esa noche, por la mañana iría a visitarla.
Fin flashback.
Con pereza abandoné el sofá, si me quedaba dormido allí terminaría con la espalda contracturada. El cansancio, mas no el sueño, se impuso por sobre el apetito. Pasé un rato haciendo memoria del largo día. Esa noche soñé con la Venus de Milo, la Maja de Goya, cuadros de Boticelli y un desfile de obras más que terminaron en "ella". La anatomía humana se me había presentado en su esplendor esta mañana.
