¡Hola! Si, lo se me tarde demasiados meses en actualizar ¡Y lo siento! Desde lo mas profundo de mi corazón que lo siento, enserio. Estuve todos estos meses preocupada, y aunque tengo mil y un excusas para aclarar todo esto, solo he de decir que aun resolviendo cada uno de los problemas, sin inspiración no se puede, o no para mi, así ya tuviera planeado todo el capitulo, así tuviera computadora, la cual no tuve por dos meses, así tuviera tiempo, sin esa perra desgraciada, no se puede. Así que utilice todos esos pequeños flashasos de inspiración y fui escribiendo el capitulo de poco a poco, Aun así lo siento mucho, aunque no fueron muchos, valoro a aquellos que se tomaban el tiempo de leer, dejar reviews, agregar a favoritos y seguidores, mi mas sincera disculpa, ahora, los dejare leer, si así lo gustan.

Ya todos lo saben pero:

Fairy Tail y sus personajes no me pertenecen, son de su creador el gran troll Hiro Mashima. Solo es mía aquella cosa sin sentido llamada Trama.


Sobreviví

"La mayor parte de la gente existe; no vive."

El viento soplo de forma leve dándole un toque de película a la escena. Erza titubeo levemente por unos segundos mientras Lucy pestañeaba seguidamente, sin duda no se esperaban eso, o quizás sí, pero no de esa manera. La pequeña estaba viva, y no en el sentido que se había puesto de moda en el lugar.

La pequeña niña de un largo y ondulado cabello castaño caoba se sumergió un poco más en su escondite cubriendo su rostro con sus brazos y su largo vestido rosa pálido.

-¿Qué hace una niña aquí?-

Ambas mujeres se miraron interrogantes hasta recordar su situación especial.

-Aún más importante, ¿Cómo entro aquí?-

Lucy se inclinó levemente hasta quedar de cuclillas y haciendo uso del usual encanto que tenía hacia los niños sonrió.

-Hola pequeña, ¿Cuál es tu nombre?-

La pequeña levanto levemente el rostro dejando entre ver unos pálidos ojos azules resaltados por las lágrimas. La pequeña niña se removió inquieta en su lugar haciendo pucheros y lloriqueando cada vez más, hasta terminar sorbiendo de su nariz y profesando leves quejidos que alteraron los nervios de Lucy y Erza, que no sabían que hacer, pero su sorpresa fue mayor cuando la castaña se abalanzo contra Lucy llorando en su pecho.

-¿E-eh?-

Natsu y Gray caminaban a paso rápido mientras peleaban, novedosamente, hasta el comedor donde se encontraban casi todos los habitantes del lugar a excepción de Macao y Romeo, que hacia guardia de nuevo, aunque no habían estado de acuerdo en que el pequeño trabajara de esa manera y menos doble turno, si habían estado de acuerdo en que no dejarían a una niña de 12 años con un hombre que años atrás había sido tachado de pervertido.

La gente se arremolino alrededor de Lucy que llevaba sentada en sus piernas a una pequeña niña que tomaba agua desesperadamente y a su lado un pequeño cachorro blanco con el hocico anaranjado, que apareció detrás de la niña cuando esta se lanzó sobre Lucy, nadie quería averiguar si el color de su hocico era natural o no.

-Su nombre es Michelle y llego aquí anoche, se encontraba escondida en un hueco de la barda, ese es otro tema del que tenemos que hablar; por ahora solo queríamos presentarla. ¡Ah! este es su perrito Plue-

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Las hélices del helicóptero partían el aire produciendo un agradable sonido entre todo el silencio del lugar, pero eso no le importaba a ella, no a Ultear, no a quien fantaseaba con pequeñas películas mentales de las "Hadas" pidiendo piedad, sin duda algo divertido para la bella mujer, lo cual se notaba en las pequeñas risas mal disimuladas que ya le habían puesto los pelos de punta a sus subordinados, algo normal, pero no por eso dejaba de ser espeluznante.

-Ultear, Hades aclaro que quiere a la Heartfilia viva-

Ultear dejo momentáneamente su fantasía mental para mirar a su subordinado. Que osadía. Pero era por esas pequeñeces que le "agradaban" o un sentimiento retorcidamente parecido, todo esto entrelazado al pequeño, pero no por eso insignificante, hecho de que la divertían. A Ultear no le importaba si sus subordinados morían, así es, no podía importarle menos, claro, mientras tuvieran una muerte lenta y dolorosa para poder explotar al máximo la diversión que podían darles y ya no tendría después de su muerte. Ella no tendría a su lado, y sobre todo vivo, a una persona que la aburría, si ese fuera el caso, no esperaría a que alguien viniera y los matara, ¡No!, los mataría ella misma. Por esa misma razón trabajaba en aquella empresa, donde podía divertirse y masacrar a personas como los estúpidos escuálidos de Fairy Tail, porque si, si todos los de Fairy Tail fueran personas capaces no habría tantos muertitos dando vueltas por ahí, pero ni modo, no todo es como lo pintan, y aun así, detrás de todo mito hay verdad; y ahí estaba la prueba, los únicos sobrevivientes del lugar, en su mayoría, pertenecían a aquella familia de mercenarios, y los que no, eran resguardados por estos.

El viaje en helicóptero seria corto, la sede de su empresa no estaba tan lejos de magnolia. Ultear no era conocida por su paciencia, aunque carecía de impaciencia ante muchas cosas, como por ejemplo frente a la oportunidad de divertirse de aquella manera, sus finas y suaves manos se aferraron con alegría a su arma al notar como llegaban a la ciudad, sin duda matar era algo parecido a una adicción para aquella extravagante mujer, pero, la idea de poder matar a quien culpaba de la muerte de su madre era algo aún más tentador, y no, ahí no acababa todo, si no que podría enfrentarse a aquella niña, ya no tan niña, rubia que hubiera visto en su infancia, de alguna manera tan parecida a ella, con una madre muerta y sin un cadáver que enterrar por un accidente aéreo, una pequeña de mirada desolada con la que se solía encontrar en los pasillos de su instituto cuando niña, siempre observando a lo lejos como aquella niña sufría en silencio, como ella. Ella, hija de una madre soltera que en vez de solo preocuparse por el bienestar de su hija, la había mandado a un instituto femenino y adoptado otros dos niños con los que solía estar todo el tiempo, dejándola en casa de sus abuelos, mientras ella, de nombre Ur, vivía en una ciudad diferente compartiendo casa con dos mocosos de la calle a los que llamaba hijos olvidándose por completo de la existencia de su hija, a quien su abuelo culpaba de ve-tú-a-saber cuántas desgracias que ahora estaba segura ni siquiera habían sucedido, golpeándola de paso desquitando con su pequeño cuerpo todo tipo de ira, de ahí su gusto con la violencia. Y aun así, nunca odio tanto aquel par de niños hasta que no se entero era huérfana por culpa de uno de ellos, al hacer que Ur se inmiscuyera en una pelea con unos hombres para defenderlo, provocando así la total ira de aquella pelinegra que no vio de otra que seguir viviendo con sus abuelos, por eso, cuando en el instituto vio a una persona con la misma mirada que solía tener ella, pero sin golpes, desarrollo una enfermiza y desquiciada añoranza por ver, aunque fuera por mera empatía, a la rubia totalmente golpeada y con marcas iguales a las que solía tener de pequeña, le causaba risa que esa misma pequeña ahora fuera una de las pocas sobrevivientes de la ciudad, pero eso era más prometedor, después de todo prometía ser una situación entretenida y satisfactoria, a su retorcida forma de verlo. Una sonrisa macabra se dibujó en su rostro abrumando a sus compañeros que solo atinaron a desviar su mirada incomodos. Nada fuera de lo común. El rostro de sus compañeros era el mejor poema para Ultear quien los observo con satisfacción, luego cruzo sus piernas y observo por la ventana, volviendo a su tarea de imaginar formas de tortura para los sobrevivientes.

Azuma observo a su superior de forma calmada, ya estaba demasiado acostumbrado a su extraña y atemorizante presencia como para ponerse a temblar.

-Señorita, debo recordarle, de nuevo, que la Heartfilia debe salir viva del lugar-

Azuma no era un suicida, para nada, pero era el único de sus compañeros que parecía dispuesto a devolver a la realidad a su jefa, en algún momento habían sido más los pertenecientes a aquella división, pero bueno, los demás no habían corrido con mucha suerte y resultaron ser aburridos para su jefa, que solo los dejo morir ante cualquier situación o tomándolos como conejillos de indias en sus momentos de aburrimiento para practicar nuevas formas de tortura. Algo siniestro sin duda. Pero no podía quejarse, después de todo, hasta ahora él había logrado sobrevivir de una y mil maneras a todo aquello, a la vida, a las misiones y, orgullosamente, a su jefa. Azuma era el más calmado, por así decirlo, de los 4 miembros, y aun para él era un tanto espeluznante pensar que de las más de 20 personas que en un principio pertenecían al escuadrón, ahora solo quedaban 3, Ultear no contaba ya que en su mayoría había sido la causante de las muertes. No era que el tuviera algo en contra de los gustos y pasatiempos de su jefa, después de todo él, como todos en ese escuadrón y seguramente la mayoría de los mercenarios, había crecido con la presencia de la violencia en cada esquina, literalmente, así que para él no era extraño la gente anduviera resolviendo todo a base de golpes, que va, era totalmente normal, pero aun así resultaba perturbador, aun así tenía sus razones para pertenecer a aquella franquicia, la de Ultear sin duda era matar y divertirse, la de Meredy, por alguna extraña razón era estar detrás de Ultear, la de Zancrow…bueno, no era que le importara mucho a Azuma, quien entrecerró sus ojos color caoba atrayendo a su pecho sobre el chaleco anti-balas su revólver y mirando directamente a Zancrow, sin duda alguna no le importaba.

-Hmp, esto se pondrá interesante-

Murmuro para sí bastante animado Zancrow armando su metralleta, su juguete favorito, cabía decir. Sus ojos seguían fijos en un solo lugar, nada interesante, pero su mente divagaba en lo excitante de todo aquello, después de varios minutos paseo su mirada por el helicóptero y la detuvo sobre Azuma que lo observaba insistente. Zancrow rió para sus adentros, no era impulsivo nada más porque si, a pesar de todo, esa impulsividad tenía un porque, por más extraño que sonase. Al final termino esa lucha de miradas para observar el cielo, algo cursi, pero que valía la pena, porque en aquel vasto cielo, brillaba incesante la razón de su perseverancia, una estúpida promesa toda cursi que no valía la pena. Pero era su razón. Nadie podía juzgarlo por más que quisiesen y era por eso que todavía no les había disparado, mortalmente.

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-Hemos terminado-

Aclaro Gray entrecortado por el cansancio y limpiando con el dorso el sudor de su frente.

-Lo hemos tapado tanto como pudimos, pero no será suficiente, aunque la entrada es pequeña-

Volvió a informar, esta vez a una rubia que cargaba una roca bastante pesada rumbo al hoyo en la pared, dejando pensativa a Eza, quien era la encargada de todo.

-Entiendo, déjenlo así, pero tendremos que salir cuanto antes-

Gray la miro serio mientras intentaba ayudar a la rubia que presa de su orgullo se negaba a ser auxiliada, provocando más ímpetu en las plegarias del moreno, que tampoco se dejaría vencer tan fácilmente.

-¿Cuándo?-

Erza miro al frente con el ceño fruncido, procurando tomar la decisión más acertada y benefactora para todos, podía irse ya mismo, pero sería imprudente, esa misma noche no era una mala idea, pero sabía que para una buena rendición en cualquiera actividad unas cuantas horas de sueño no estaban de más. Erza mantuvo la vista fija posicionando sus brazos bajo su busto y sacudiendo su cabello bellamente escarlata, había algo que la inquietaba.

-Mañana por la noche-

Decreto por fin su veredicto, el cual no sería cambiado al menos fuera estrictamente necesario.

Jellal aventó su cabeza hacia atrás en una posición para descansar, otra vez era su turno de vigilar, hecho una mirada rápida a sus amigos y otra a cierta persona en especial, cambiando la ruta de su vista cuando la víctima principal de sus miradas noto cierta anomalía, volteando hacia donde su –no- acosador se encontraba. No podía evitarlo, siempre, desde niños tuvo sentimientos por aquella fuerte peli-roja, habían vivido en el mismo orfanato, el mismo mugroso y gris orfanato, nunca creyó que su suerte fuera tan maldita como para terminar en un lugar donde explotaban y maltrataban a los infantes y jóvenes del lugar. La mano de Jellal termino sobre su ojo derecho, encima de aquellas marcas rojas, todos solían confundirlo con un tatuaje, aunque el tampoco solía intentar desmentirlos. Tampoco era como si el supiera que era. No lo sabía, estaba ahí desde que tenía memoria, desde la muerte de sus padres en un accidente automovilístico, no recordaba nada antes de aquello, ni el accidente en sí, solo recordaba haber despertado un día y al siguiente estaba en ese orfanatorio de mierda. No sabía cómo, cuándo, ni dónde. Erza observo de forma disimulada a Jellal, aparentando prestar atención a lo que no-estaba-segura-quien le decía. Lucy cocinaba junto a Juvia y, para sorpresa de muchos, Natsu. No era que este no supiera cocinar –Sabia- solo que tenía cierta tendencia a quemar las cosas, incluyendo las que se congelaban, para su mala suerte, pero todo eso fue controlado por uno que otro sartenazo por parte de Lucy y ¡Listo! Un Natsu que cocina mediamente bien, mediamente. Erza no pudo contener una pequeña sonrisa, todo aquello era algo tan típico del lugar, pero ahora, ahora no quedaba mucho, por esa misma razón ella sacaría viva a esa gente del lugar; Al legado de Fairy Tail. Los valores personificados que solían defender, eso era lo que no dejaba se derrumbara. Un jalón en su ropaje fue suficiente para captar su atención, y a su lado, una tímida Michelle la observaba sonrojada con los labios a medio abrir a causa de las palabras que pensaba decir, mas solo pensaba, porque no decía nada.

-¿Qué pasa, Michelle?-

La infante agacho su mirada balbuceando y moviendo sus muñecas de forma incomoda.

-¿M-me acompañas al b-baño? No quiero ir sola-

Le contesto levantando la vista y sorbiendo su nariz intentando que sus ojos no se aguaran más. Erza la miro intrigada por el cambio drástico de ánimo, pero no se negó, todo aquello le causaba ternura.

-Claro-

Contesto con una dulce sonrisa, de esas que no solía mostrar, porque su imagen de chica-fuerte-que-no-pierde-contra-nada no se lo permitía, aviso de forma rápida a Loke, que era el más cercano, y de la mano arrastro, literalmente, a Michelle, que la siguió complacida y dejando de moquear.

Levi subió las escaleras con parsimonia, de alguna manera se sentía tranquila, en lo que cabía, era su turno de vigilar junto con Lucy, lo cual la alivio más, la presencia de la blonda siempre lograba calmarla. Cuando llego a donde Jellal toco su hombro y este la observo entendiendo el mensaje.

-Ve, descansa y come, lo necesitas-

Jellal le sonrió agradecido y paso a su lado despeinando su cabello, lo cual la hizo enfadar de manera infantil.

-¡No hagas eso!-

Se quejó moviendo los brazos y haciendo mohines, algo infantil sin duda, una vez Jellal termino de irse, riéndose de Levi y sus reacciones, claro, se sentó y soltó un suspiro largo, seguía calmada, pero el espesor en su pecho no desaparecía, seguía escuchando en su cabeza la voz de Gajeel, y vaya que no era voz fácil de ignorar. Por unos momentos sus ojos se inundaron en lágrimas y sus mejillas adquirieron un color carmín, pero esto dejo de estar ahí en cuanto la voz de Lucy se dejó escuchar a su lado.

-¿Lo extrañas, cierto?-

Levi froto su ante-brazo sobre su rostro, aunque no hubiera derramado lagrima alguna, y sonrió de forma melancólica, sabiendo que su amiga siempre, y aclaraba siempre, tenía la razón, aunque no lo quisieran, así era la realidad, Lucy siempre tendría la razón, Levi siempre lo sabría, y Gajeel jamás regresaría; jamás. Sintió picor en sus ojos de nueva cuenta, y antes de que lograra volver a posicionar el antebrazo sobre estos, un cálido abrazo la atrapo.

-No te rindas Levi, por favor-

Su garganta se cerró y un nudo creció en su estómago incomodándola, no, no podía rendirse, no dejaría que su sacrificio fuera en vano, no dejaría que aquel abrazo fuera en vano, dejo su cabeza reposar sobre el hombro de su amiga y lo decidió; Daría todo de sí, aunque fuera lo último que hiciera. Los minutos pasaron y ambas seguían donde mismo, con la misma posición, y sin intención de cambiarla, Levi con el poco movimiento de su brazo izquierdo se tallo su ojo y entrecerró ambos intentando canalizar una imagen lejana, una extraña luz que se acercaba.

-Lucy ¿Aquello no es helicóptero?-

Lucy se separó inmediatamente observando donde mismo, eso sin duda sería algo bueno, en otra situación, no en la suya, de forma que de manera rápida se levantó y cargo su arma.

-Mierda-


Bien, aclarare todo, me costo mucho escribir esto aunque no lo parezca, así que espero les haya gustado, cualquier cosa no duden en hacérmela saber. Por otro lado, pienso actualizar todos los lunes, en dado caso los martes, así solo sean mi mínimo de palabras de 1500. Por otro lado, si no me creen pues, es culpa mía lo se, pero daré lo mejor de mi. Debo darle las gracias a Gabe Logan, por apoyarme con esta historia y a mi querida Guest Yes, como espero te estés dando cuenta, si, la seguiré gracias por tus ánimos enserio me ayudo mucho tu review, espero lo sigas haciendo, enserio, no me vendría nada mal:D ¡Muchas gracias por leer! a todos los que hayan llegado hasta aqui:3 Besos~ y muchos abrazos psicologicos:D

Que muchos arcoiris aparezcan a su alrededor y los sigan en un unicornio morado:3 ¡Hasta luego! ¡Éxito!

Sayuki Fuera~ ;33