-Sale tímidamente de detrás de la silla.-
H-hola~.
Ay, antes de cualquier cosa, intento de asesinato en primer grado, tomatazo o amenazas amenazadoras debo decir que…:
Im sorry very much(?)
Han pasado…emm, más de 5 meses desde que actualice, Uf~ ¿Demasiado tiempo no creen? Ni yo misma me lo creo.
Una serie de sucesos y bloqueos totales de escritor son los culpables, además no sabía cómo desarrollar este capítulo, siendo que el siguiente es el final.
Yo quiero, aunque no sé si aún quieren saber de esta historia, dar mis más sinceros agradecimientos a ciertas personas:
Gabe Logan.
Nami Engel H. De Eucliffe Hydra.
YessCristopher.
Shaing.
Gracias, enserio muchas gracias por sus comentarios, me animaron mucho :D
Nos vemos de nuevo abajo 7,7
Disclaimer: Fairy Tail NO me pertenece, aunque qué más quisiera yo, si no, tantas~ cosas que no hubieran sucedido ya. Solo la trama es mía y es sin fines de lucro.
Capítulo 16.- Vivo o no.
"Seguían vivos… ¿Pero a qué precio? Tantos habían caído, uno tras otro."
¨Naciste para vivir y vives para morir¨
El silencio era absoluto, embargando hasta el alma a todas sus víctimas. El zarandeo los mantenía atentos al mundo, recordándoles seguían vivos. Más sin embargo el consuelo de seguir vivos no era suficiente, no por el momento. Habían perdido más de lo que se hubieran dignado en aceptar.
Natsu abrazo a su pequeña hermana por sobre sus hombros, pegándola a su pecho y cerciorándose siguiera ahí, apesadumbrado, paseo su vista por el lugar observando cizañaso a sus demás compañeros aun resentido por el que hubieran evitado su acción suicida. Arrugo el ceño ante el recuerdo y chasqueo la lengua, reteniendo las lágrimas en sus ojos.
Gray se sentía hastiado, cobarde e impotente. Sabiéndose incapaz de salvar siquiera a su mejor amiga. A su compañera. Su corazón resquebrajado por las pérdidas late lentamente, dificultándole el respirar, y aún más el hablar, así lo deseara con toda su alma para reconfortar al pequeño niño a su lado o la secretaria que tiembla de forma leve del otro. Nunca nada sería igual, el simple recuerdo de los caídos le imposibilitaría el olvidar. Quizás la mejor manera de sobrevivir seria el olvidar lo que nadie más podría recordarle. Pero resultaría igual de dolorosa que el no olvidar, porque olvidar a quienes fueron su familia sería perderse a sí mismo.
-Ya casi llegamos.-
Aviso Erza, apenas girándose para verlos, sintiéndose incapaz de tal acción al verse apenada y culpable. Cumplió su promesa, pero la pena en su alma no se iba. Ni se iría, de eso estaba segura. Sus nudillos se pusieron blancos de la presión que ejerció en el volante, intento mantener la compostura y llevar a todos a salvo, a los que todavía podía proteger. Jellal poso su mano sobre la de la mujer a su lado, reconfortándola.
-Hiciste lo que pudiste, Erza.-
Y aunque iba con toda la intención, eso no resulto para nada reconfortante.
-Me pregunto qué hubiera pasado si entonces no hubiera hecho nada ¿Habríamos muerto todos?-
Acaricio su cabello, siguiendo con sus mejillas pasando su pulgar una y otra vez de forma dulce, sintiendo su dolor, Jellal no soportaba el dolor de la persona que amaba.
-¿Aunque hubiera dado más del 100% ellos habrían muerto? ¿Lucy de todos modos moriría?-
Lo miro directamente a los ojos pidiendo una respuesta, exigiéndola de forma angustiosa, necesitada de algo que aliviara su alma. Sus mejillas sonrosadas y sus ojos oliva agrandados y húmedos, expectantes. Jellal flaqueo, sin saber qué responder, sus propios sentimientos pesimistas se anteponían a su juicio, pero de aquella respuesta dependían muchas cosas, entre ellas la estabilidad del grupo, porque si el líder caía, lo harían los demás. Lo pensó un poco, acaricio la mano de Erza de forma nerviosa y termino por suspirar pesadamente.
-Nadie merecía morir, pero pasó lo que tenía que pasar.-
Susurro con condescendencia, procurando usar las palabras correctas. La mano debajo suyo tembló, tensándose seguidamente a la par que el odio crecía en las pupilas de la joven mujer.
-No ¡Esos bastardos sí merecían morir! Descubriré quién los mando y entonces; los matare a todos.-
Jellal se enderezo por completo alejándose atontado, sin entender del todo. Pero cuando por fin su mente dejo carburara la información, sintió sus pupilas contraerse, asustado e impactado. Entendiendo el significado de todo; Erza se había roto.
¿Cuánto faltaría para que los demás también se rompieran?
¿Cuánto faltaría para que él mismo cayera en aquel hoyo negro?
-Erza…-
Sus pisadas eran estruendosas, seguidas por el eco de la calle, la oscuridad era su amiga y en su mano el tanque de chorreaba, dejando un camino de olorosa gasolina. Los gruñidos sonaban como algo lejano, su cabello negro revoloteaba y su ropa rasgada le daba un toque sensual, algo innecesario en su actual situación. Rió, de forma grotesca además de descarada, disfrutando del aire deprimente y aterrado que flotaba por toda la ciudad. El tanque se vacío apenas goteando y Ultear lo dejo caer, provocando un sonido sordo que poco le importo, la sonrisa en su rostro era aterradora, una sonrisa de lado con las pupilas contraídas e inentendibles risas y susurros saliendo de su garganta.
-¿No se están divirtiendo? Jajaja. Una gota, dos gotas… El pájaro canta…-
Meredy que observaba todos los cuerpos caídos de personas a su alrededor, tanto de monstruos como de gente inocente, con ambas manos enredadas en su cabello y cubriendo sus oídos.
-Ultear tú…-
¿Qué había pasado? Nada tenía sentido. Ultear perdió el control sobre sí misma. Matando a todo ser que pasara frente a sus ojos, a todos menos a ella, a Meredy.
Después de escapar del edificio que alguna vez fue conocido como la cede de Fairy Tail Ultear la guió hasta la estación de bomberos, obligándola a masacrar a todo lo que se moviera. ¿Esa era la verdadera forma de su jefa?
-Ese estúpido de Gray… no pude… no pude matarlo ¡No pude acabar con ese bastardo! ¡Mato a mi madre! ¡MATO A MI MADRE~!-
Y frente a sus atónitos ojos, Ultear cayo, desplomándose en medio de una carretera llena de cuerpos ambulantes, sangre y un camino de gasolina. Un camino que llevaba a la muerte.
Ultear sujetaba los mechones de su cabello, jalándolo, arrancándoselo y derramando desesperadas lágrimas, chocando su frente con el frio asfalto. Pero tan rápido como se deshizo, alzo su mirada perdida y sonrió, una sonrisa retorcida de donde afloraba una risa maniática, psicópata.
-Mato a mi madre…Ja… mato a…mi… madre…-
Poco a poco su voz se fue apagando, dejando su mirada perdida en un punto fijo, sin brillo. Y después agacho de nueva cuenta sus ojos, riendo de manera queda y elegante, como la Ultear que conocía. Como la Ultear sádica e inclemente que siempre guardaba la compostura.
-Mato a mi madre, a la mujer que prefería a cualquier persona antes que a mí… Jejeje. Tampoco logre matar a la rubia estúpida que siempre tuvo la verdad ante sus ojos… ¿Qué tipos de escorias hay en este mundo?-
Meredy la observo Choqueada y sin entender, sin comprender de lo que hablaba. Pero recordando que todos los gruñidos a su alrededor provenían de una amenaza se acercó a Ultear, de forma precavida e intento levantarla.
-Déjate de tonterías, Meredy, solo enciende el maldito cerillo.-
Se quejó, pegándole un manotazo y levantándose de forma orgullosa.
-Hagamos que este lugar arda en el infierno.-
El crujir de un cerillo, el sonido del fuego al crecer, los gruñidos salidos de las bocas de los cuerpos andantes y el constante taconeo de dos personas fue lo único que se escuchó en lo que alguna vez se conoció como la ciudad de "Magnolia".
Mientras caminaba Meredy observo de reojo a Ultear, que mantenía la cabeza gacha con la mirada en alto y una sonrisa torcida.
-Hora de irnos.-
Y entonces la estación de bomberos exploto.
-Buena suerte. Ilusos.-
Un helicóptero pasó por encima de ambas, creando un estruendoso eco que por poco y deja sorda a Meredy, unas escaleras cayeron y la primera en subir, ni lenta ni perezosa, fue la pequeña peli rosa. Ultear volteó, admirando su obra maestra, edificios y cuerpos prendidos en fuego, personas que se habían mantenido ocultas gritando desde su lugar al ser calcinadas. Sonrió satisfecha. Quizás no mato a quienes deseaba, pero de igual forma termino con la vida de una gran cantidad de gente, sin contar a los zombis. Batiendo su propio récord.
Al entrar al helicóptero quien ya emprendía camino a su cede, paso al lado de un edificio que bien pudo ser un rasca cielos donde a la orilla una mujer enfundada en un elegante traje mal hecho se encontraba, con una pistola en manos. Sí, las mujeres con pistolas siempre son peligrosas.
Antes de que alguno de los habitantes del helicóptero reaccionaran aquella misteriosa e intimidante mujer les disparo, haciendo un agujero en la pared de metal del vehículo.
-¡Deténganla!-
Exigió el piloto apenas despegando la mirada del frente, maniobrando de manera excelente para no estrellarse. Ultear, atenta a los rasgos de su atacante sonrió divertida, bajando su arma y mirando amenazante a los comandantes de la nave.
-Desciendan.-
Ordeno, sin espacio a quejas. Meredy se admitió precavida retrocediendo unos centímetros y sin despegar la mirada de ambas mujeres. Como dicen por ahí: Un ojo al gato y otro al garabato. Sin más opciones que la ordenada anteriormente el piloto descendió y a la vez dejaron caer las escaleras de cuerda. La mujer en el edificio pareció vacilar, retrocediendo por unos segundos, pero subiendo las escaleras instantes después. Subió, una morena con un peinado indescifrable y ropas costosas todas desechas, un maquillaje corrido con los ojos bien delineados y un color que asemejaba al azul, labios en un tono que posiblemente fue rojo.
-¿Quién eres?-
Que la hubieran dejado subir no significaba que fueran amigables, y eso lo demostró las pistolas apuntando a la cabeza de la morena. Ella sonrió, satisfecha y sabiendo precisamente donde se había metido.
-Digamos que soy… una sobreviviente que odiaba su ciudad.-
La sonrisa cómplice entre dos mujeres con un odio profundo marco un posible futuro lleno de sangre.
La motocicleta seguía su camino de forma rápida, dejando atrás varios cuerpos andantes, su cabello rubio se mecía violentamente y sus brazos además de manejar sujetaban de manera protectora un cuerpo herido y con varias quemaduras. Chistaba molesto y aceleraba cada dos por tres, si no se apuraba no sobreviviría la persona entre sus manos. Su mirada duro unos cuantos segundos en la mujer inconsciente, viendo pasar como una película los momentos en los que ese mismo rostro dañado aparecía en fotos y se convertía en el blanco del enemigo. En la punta de su lengua se encontraba una verdad brutal, que posiblemente cambiaría el camino de muchas cosas. Estaba decidido a contársela a la persona más afectada, pero eso sería en otra ocasión. Esquivo de manera brusca un par de zombis que se le atravesaron de repente.
-Maldita sea…-
Su lengua le dolía de tanto morderla al gruñir, sus dedos se empezaban a congelar por la brisa y sus brazos se encontraban mediamente entumidos, debía apurarse. A lo lejos escucho un motor ajeno al suyo, y segundos después el sonido de la tierra al crujir y un golpe seco le dio a entender que las puertas del laboratorio escondido se encontraban justo enfrente. Acelero, como el buen hombre adicto a la adrenalina que era, esperando llegar antes de que entraran y cerraran las puertas. Lo logro. No por nada era conocido como "El rayo".
Una de las puertas del vehículo se abrió de manera ruidosa y bajo un muchacho que nunca en su vida había visto, supuso era una de las personas no identificadas de las que hablo la subordinada de esa loca. No tardó mucho en escucharse una pistola siendo cargada y las palabras de una venenosa Erza.
-¿Qué haces tú aquí, Laxus?-
Se revolvió incomodo en su lugar, procurando mover lo menos posible a la joven, pero paseando su mirada entre las únicas dos personas que le daban la cara.
-¿Dónde está Cana?-
Su voz sonó seria además de arisca, algo típico en su persona pero dejando escapar de manera inconsciente una pequeña tonada de preocupación. Erza arrugo el entrecejo ofuscada, razonando de manera fugaz si podía confiar en su compañero. Ella estaba consciente de la tarea que se le fue asignada al nieto del maestro, pero de ahí a no avisarles o intentar ayudarlos antes eran cosas muy diferentes. Al final opto, de manera cruel y despiadada, que le diría la verdad, pero solo para poder ver el sufrimiento en su mirada como venganza.
-Muerta.-
Crueles, despiadadas y frías fueron las palabras de Erza en ese momento para todo el público, todos sintieron su cuerpo tensarse y Laxus solo sintió su cuerpo vibrar, pero hasta ahí. Ese era un escenario que ya se había planteado. Nada de que sorprenderse. Pero eso era lo que su mente le repetía.
-…Bueno, al menos que quieras que ella también muera deberías dejarme pasar, Titania.-
Y solo en ese momento las dos personas armadas notaron el bulto en el pecho de su, por ahora, enemigo amistoso.
-¿Quién es?-
Wendy y Romeo se acomodaron inquietos cerca de una de las pocas ventanas del vehículo intentando adivinar la identidad de los desconocidos, Gray, por otro lado se mostró indeciso sobre si bajar del auto y afrontar la situación o seguir parcialmente oculto allí dentro. Al final salió por la puerta con los puños cerrados y un arma en la mano, siendo detenido débilmente por Juvia, quien jalaba de su ropa vanamente.
-Gray…-
-No Juvia…-
No hubo más palabras, ni siquiera un duelo de miradas, y aun así comprendieron lo que el otro quiso decir, dejando que todo siguiera su rumbo. Jellal observaba todo por el retrovisor, haciendo lo mismo que Juvia, dejar que todo lo que tenía que pasar, pasara. No habían más opciones.
-Te lo dije Titania, abre la maldita puerta.-
La respiración chocando contra su pecho cada vez era menos, y a ese paso se detendría por completo sin forma de hacer que volviera. Era ahora o nunca.
-No me llames así.-
-Ese es tu nombre…-
-¡NO! Ese ya no es mi nombre.-
Gruñidos comenzaron a escucharse con más fuerza, solo que esta vez no venían de seres vivos, en el sentido literal.
-Déjate de estupideces mujer.-
Quedándose sin más opciones, Erza con un movimiento de cabeza y lanzándole las llaves al recién llegado Gray termino cumpliendo a regañadientes lo que exigía el odioso-A su parecer.- de Laxus; abrir las puertas.
El crujir de varios engranajes fue la señal para que Laxus encendiera con una rapidez asombrosa su motocicleta y maniobrando, de una manera que hasta los expertos envidiarían, paso a un lado del vehículo entrando a toda prisa.
-¿La persona en sus brazos no era…?-
Natsu completamente sumergido en su mundo solo reacciono cuando Erza lo jaloneo de una de sus mangas obligándolo a entrar. Erza subió al buque, azotando la puerta y apretando el acelerador enloquecida.
-Erza…-
-No digas nada Jellal.-
La mirada significativa que recayó en la persona del tatuado lo hizo callar, incluyendo a los demás espectadores, ocasionando que la llorosa Michelle abrazara más sus rodillas en la esquina de la que no se había animado a salir.
Una vez ambos vehículos estuvieron dentro entre Gray y Natsu cerraron las puertas, logrando ver entre las sombras varios cuerpos andantes, y un poco más allá una creciente nube de humo, ambos jóvenes sintieron escalofríos, muchos escalofríos.
-Hey, hielito ¿Crees qué…?-
Ambos se miraron por unos segundos angustiados, sospesando si deberían informarle a Erza o dejarlo pasar.
-¡Erza~!-
Al final decidieron que era mejor prevenir que lamentar.
-Erza ¡La ciudad está…!-
Gray enmudeció en el acto al ver el rostro de la persona que traía en brazos el rubio. Sus manos temblaron considerablemente y en un intento desesperado para pensar claramente antes de actuar mordió su labio, sin embargo, Natsu, que venía detrás no se limitó en nada, corriendo en su dirección una vez reconoció a la persona inconsciente.
-¡Lu-lucy~!-
Juvia que ayudaba a bajar en ese momento a los infantes quedo hecha piedra, apretando sus dedos alrededor de la cintura de Michelle, quien miro hacia todos lados buscando a la nombrada con varias lagrimas derramándose de nueva cuenta. Erza que observaba con innecesaria atención el lugar de paredes blancas y grandes cantidades de escritorios y archiveros, hasta que escucho la inconfundible voz de su nuevo amigo y compañero dejando de respirar ¿Acaso era posible? Corrió, sintiendo a su corazón bombear como pocas veces en su vida, llegando al pie de la ahora multitud y haciéndose paso, llegando al lado del cuerpo inerte y tocando su mejilla helada.
-Lucy estás…-
-No lo estará por mucho tiempo si no la atienden.-
Y la realidad regreso tan brutal como siempre obligándolos a despertar de su ensoñación y sumergiéndolos en una sofocante éxtasis.
-¡Busquen equipo médico!-
-¡Este lugar está lleno de eso, baboso!-
Los gritos continuaron hasta que después de azotar y tirar varias puertas encontraron una camilla y diferentes instrumentos médicos.
-Conéctenla al respirador.-
Ordeno Erza encimando en el rostro de la rubia la máscara de aire y extendiendo el brazo para recibir unos medicamentos, pero recibiendo en su lugar un suave tacto sobre las yemas de sus dedos venidos de los de Jellal, quien la alejo levemente, ahora siendo él quien tomara el control de la situación y anestesiando a su amiga.
-Déjamelo a mí.-
Sus miradas chocaron y la confianza volvió a resurgir, no al mismo nivel, no de la misma manera, pero al menos existía.
-¿Por qué aún no está encendido el respirador?-
Esta vez la afamada líder centro su atención en el ahora proclamado dúo de idiotas quienes sudaron frio y se encogieron de hombros, intentado sacar un poco de la tensión de sus hombros, obviamente: No lo lograron.
-No existe ningún artefacto llamado resp…-
Lo siguiente que los nuevos y ocasionales residentes del laboratorio supieron fue que uno de los estantes término destruido por culpa de una bala humana.
Laxus suspiro derrotado, Fairy Tail seria Fairy Tail sin importar lo que sucediera a su alrededor, siguió de cerca al grupo que escoltaba a la mercenaria a alguna sala donde seria atendida, deteniéndose a medio camino y mirando hacia abajo, específicamente, a Romeo.
-¿El hijo de Macao?-
Pregunto con su tono de matón, sin poder evitarlo, o sin siquiera intentarlo, el niño asintió, recordando a su padre y sintiendo la tristeza embargarle. Laxus acaricio su cabello de forma rápida antes de retomar su camino.
-Así que se volvieron a encontrar.-
En su mente podía vislumbrar la voz de Cana restándole importancia al asunto con su común botella en mano. Sonrió, no había razón para deprimirse, los muertos estaban muertos y ya no había nada que pudiera hacerse. Antes de entrar a la ahora enfermería se topó con Erza, que iba de salida, y mirándola altaneramente le hizo una seña con la cabeza, pidiéndole que lo siguiera, caminaron hasta unas escaleras que llevaban a un paradero desconocido por el momento y la enfrento.
-La cura a esta epidemia se encuentra aquí, debemos encontrarla y salir.-
A pesar de que Laxus llego a imaginar de forma un tanto desquiciada, todo creado por el miedo que jamás admitiría sentir por la peli roja, las mil y un maneras en que la mujer reaccionaria nunca se preparó para lo que estaba pasando. Erza con las pupilas totalmente suspendidas, una sonrisa curvada y temblorosa que daba bastante miedo –Eso tampoco lo admitiría.- en conjunto con unos leves murmullos inentendibles para su idioma –Y posiblemente para cualquier otro.- que le advirtieron acertadamente a Laxus que Erza, en sí, ya no era Erza. Si no otra loca. –Loca número dos según el entendimiento y clasificación de Laxus.- Y posiblemente una futura amenaza ¿para quiénes? pues a saber, pero eso no importaba por el momento, ya se preocuparía por su pellejo después, ahora debía encontrar la cura.
-¿Y dónde está?-
Aguardo unos segundos, rascándose la barbilla y paseando sus ojos en el lugar, rehuyendo de la mirada contraria, como niño después de hacer una travesura.
-Pues…aquí, está aquí.-
No señalo ningún lugar en específico, ni hizo algún movimiento, nada, solo siguió alternando su mirada en cualquier lugar y rascando su barbilla nervioso. Laxus desconocía momentáneamente el tipo de cara que ponía la mujer frente a él, pero, a decir verdad, era lo que menos quería descubrir. Al final opto por zapatear otros segundos y después comenzó a caminar a ve tú a saber dónde.
Erza, simplemente siguió siendo Erza, o lo que quedaba de ella y comprendió –Tan suspicaz como siempre.- que Laxus no tenía en realidad ni una mísera idea, bueno, ya luego lo partiría en cachitos, ahora tenía cosas más importantes que hacer.
-¡NATSU!-
El recién nombrado salió de entre los escombros de un salto y corrió como poseso hasta donde era llamado, saludando cual soldado y queriendo echar un vistazo a la herida.
-Como en el Gremio, tomen todo lo necesario, comida, armas, sobre todo armas, mantas y un solo auto, a los niños déjenlos descansar en la enfermería junto a Lucy, nos iremos en cuanto encontremos cierta cosa, así que estén preparados.-
Las ordenes fueron dadas y acatadas al pie de la letra, todos iban de un lado a otro, los tres pequeños seguían como pollitos a Juvia, la más amable de entre las mujeres en el lugar-Lucy no contaba, ella ni siquiera estaba consciente.- mientras Erza tiraba de manera desconsiderada todo lo que se encontrara en su camino.
-Agh.-
Se quejó, aun siendo incapaz de encontrar lo buscado, lo cual al parecer, Laxus tampoco había logrado.
-¿Dónde diablos estará?-
No había luz chocando contra sus ojos, mas sin embargo sentía como si estos quemaran, y su cuerpo fuertemente entumecido y herido no ayudaba a su movilidad, pestañeo, cansinamente al tiempo que estiraba su cuello y giraba el rostro, notando siluetas a lo lejos ¿O sería su imaginación? Como fuera, el caso es que al parecer no estaba sola, ni muerta. Vaya sorpresa.
-¿Lucy?-
Cerró sus ojos, creo una sonrisa en su rostro y giro calmada, apenas moviéndose.
-Hola, Natsu.-
No creía volvería a verlo, se sintió mediamente culpable por haber pérdida la cabeza
–Metafóricamente.- por unos momentos y terminar explotando el lugar, nadie podía culparla, y si podían ella no los dejaría, así que solo siguió sonriendo tranquila, disculpándose de forma silenciosa por su actitud con el joven.
-Estaba preocupado, Luce.-
Su sonrisa tambaleo, apenas logrando mantenerse, ocultando los errores en el manto oscuro del lugar y sintiendo su cabeza dar vueltas.
-¿Por qué lo hiciste?-
Y eh ahí, una de esas preguntas sin respuesta, como tantas en el mundo, inundando su pobre cabeza de cuestionamientos sin sentido, ya que nunca tendrían una respuesta concreta: Rabia, enojo, odio, frustración, coraje, venganza, locura. Fuera cual fuera la razón, esta la había gobernado por completo e impulsado a cometer actos suicidas.
-No lo harás de nuevo ¿Cierto, Lucy?-
Natsu se removió en su lugar, cuidando no despertar a su hermana que se acurrucaba en su pecho bastante cómoda, observando a medias a la figura de la rubia y rogando con la mirada una respuesta. Mendigando piedad para sus sentimientos, porque aquella desesperación que lo recorrió cuando la supo muerta, era algo que en definitiva no estaba dispuesto a sentir de nuevo, no, nunca más, costara lo que costara.
Una suave risa lo descoloco ¿Por qué se reía?
¿Acaso era divertido hacer sentir mal a los demás?
-Lo siento Natsu pero… ¿Por qué te preocupas tanto por mí? En realidad no llevamos tanto de conocernos, y a pesar de todo las circunstancias no son una excusa.-
Silencio, efímero silencio, solo se oían, a la lejanía, los pequeños ronquidos de los tres polluelos que ahora descansaban en el lugar. Otra pregunta sin respuesta, o tal vez si la tenía, más no estaba seguro de cuál era la correcta.
-Eres diferente.-
Esa fue su sutil respuesta, una que ni el comprendió del todo, sí, era diferente, pero ¿Diferente a qué o quién? Ni idea, simplemente diferente a todo el mundo, y eso lo hacía querer protegerla, le inspiraba confianza y calma, solo eso. Lucy aguardo en silencia, mordiendo sus labios y tensándose en su lugar, sin saber cómo reaccionar, su corazón palpitaba y sus cejas se movían nerviosas de arriba abajo en un extraño Tic.
-No respondiste Lucy.-
Frunció sus labios un poco más, solo un poco. Se levantó, de forma cuidadosa y tambaleante, bajando sus pies de la camilla y comenzando a caminar a la salida.
-Hay cosas, Natsu, que no se saben hasta el momento indicado. Esta es una de ellas.-
Y esas fueron sus últimas palabras antes de cojear aferrada a la pared caminando hacia donde ella creía –Quizás era una corazonada.- estaba el antídoto. Al llegar lo encontró tan rápido como llego, no sabía cómo, pero simplemente lo hizo, saco una de esas maletas con seguro para artefactos delicados y empezó a vaciar pequeñas cantidades en jeringas.
-¿Por qué?-
Cuestiono a su eco en voz queda, esperando ingenuamente recibir una respuesta. Obviamente no la obtuvo.
-¿Qué haces aquí?-
Esta vez la cuestionada era su persona, viendo de la actual jefa del pequeño grupo, quien se cruzó de brazos y la miraba analíticamente, deteniendo su ansiosa mirada en el tambalear de la chica.
-Apenas y te puedes mantener de pie.-
No hubo reclamos, ni preguntas, ni siquiera palabras de consuelo, no las necesitaban, ya no.
-Cumpliste lo que te pedí.-
El comentario quedo al aire, mientras sus manos temblorosas seguían pasando el que según era el antídoto.
-¿Cómo no se me ocurrió buscar aquí? En la enfermería real.-
Silencio. Pulcro y fino silencio.
-Iré avisando que nos vamos, no nos arriesgaremos a que suceda de nuevo.-
Dio media vuelta, dispuesta a irse sin más pero algo en su pecho la detuvo, una simple y pequeña opresión en su corazón, giro, camino apresurada, y rodeo con sus brazos el cuello de Lucy atrayéndola a su pecho.
-Me alegro, me alegro tanto de que estés bien. Ya no me sentía yo misma.-
Sollozo como niña pequeña que se aferra a su oso de peluche favorito, sus labios temblaban y de sus ojos caían pequeñas lágrimas, apenas notables, sacudió su rostro frotando su mejilla contra el sedoso y chamuscado cabello rubio, alterándolo y limpiando de paso su moflete.
-Eres tan, pero tan terca.-
Dijo eso entre sollozos, hipando de manera lenta a la vez que tomaba aire para calmarse y salir apurada del lugar, contando de manera regresiva su tiempo.
-Aprendí de la mejor.-
Susurro con una amplia sonrisa socarrona Lucy, mostrando los dientes orgullosa y queriendo apremiar a su lado bromista, el cual pocas veces salía a relucir. Erza rió por lo bajo, apretando los dientes y saliendo del lugar meneando la cabeza, entendiendo el mensaje.
-Loca.-
-Quizás.-
Respondió la blonda de manera seria, con el ceño fruncido y la boca alineada, juntando cada vez más sus cejas, molesta, termino de colocar las jeringas con la cura en la maleta y la cerro, escuchando, a la lejanía, como un simple eco ilusorio varias explosiones que sabía no existían, al menos no por el momento, y haciéndoles compañía, varios gritos y lamentos, todos llamándola, todos pidiendo ayuda. No quiso detenerse a reconocer las voces, no lo soportaría.
-Mhn.-
Cubrió con sus manos sus orejas tan fuerte como pudo, intentando vanamente detener la horda de sonidos que le aquejaban, escondiendo el rostro entre sus piernas encogidas y notando entonces que había sido despojada de su sucia y mal oliente ropa suplantándola por una bata blanca.
-¡Mhn!-
Quejarse y morder sus labios no servía de nada, y funciono menos cuando vio de reojo varios pedazos de maderas volar envueltas en fuego, todas venideras del área de la puerta, trayendo consigo un fuerte y ensordecedor sonido que le afecto aún más.
Erza se detuvo en la puerta agitada, observando el desastre después de avisar a todos fueran abordando el vehículo para retirarse, pero de nuevo fue demasiado tarde, y pudo verlo, saberlo, alguien moriría, la desgracia los perseguía, a su derecha pudo ver que Lucy también lo sabía, lo noto atraves de ese ojo color miel bañado en lágrimas y escondido entre sus piernas que la observaba de la misma manera, expectante.
-Vámonos.-
Corrió a su lado y tomo el maletín, alzándola de un brazo para que comenzara a tomar camino.
-Ya veré como los retraso.-
Bien, esto es todo por hoy, espero les haya gustado, tarde mucho en convencerme con este capítulo así que…
En esta ocasión, y como siempre que escribo desde su perspectiva, ame relatar a Laxus, él no es bueno ni malo, solo es él; Laxus.
Hay pequeños, pequeñísimos comentarios o detalles que serán importantes para la
–Chanchanchan.-
¡Secuela~!
Se estarán diciendo ¿Secuela? Con lo lento que escribes, y sí, es cierto, soy lenta para esto pero, desde un inicio
–Como a eso del capítulo 5.- yo ya había decidido lo de la secuela, así que solo adapte los hechos.
A decir verdad, no será 100% necesario leer Sobreviví para leer lo que sigue, pero obviamente entenderían mejor, y será en esta secuela que aún no tiene nombre, que se rebelaran varios misterios que deje al aire en esta historia, y, sobre todo, saldrán muchos otros personajes que ni siquiera nombre aquí.
Espero la lean y me den su apoyo :3
Igual, todavía falta el epilogo de Sobreviví, no se alteren.
Muchas gracias a todos por leer, los que me siguen, los que solo leen, los que agregan a favoritos, y muchas, muchas gracias a los que comentan y dan su apoyo, porque eso siempre sube el ánimo de los escritores :D
Ahora, yo sé que ustedes saben lo mucho que me gustaría un review suyo así que:
¡Dejen un review o el gato muere!
-Gato sacado de quién sabe dónde es amenazado con una pistola de agua.-
PD: Su nombre es Sinquerervino[?]
-¿Entendieron el juego de palabras?-
Es decisión suya si llevaran tal cargo de consciencia )':
-Dramatiza.-
Well, para salvarlo…
¡Sigan los puntitos!
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