Capítulo 3

Vidas Normales

Corría lo más rápido que sus piernas se lo permitían, era tarde y maldecía a su despertador por no haber sonado esa mañana, su hermana se había ido y ni siquiera le había avisado de la hora que era. Terminó sin desayunar y con un regaño por parte de una video llamada de su padre diciéndole lo importante que era levantase temprano y cosas así, se vio y no pudo evitar reírse de él mismo, su ropa estaba hecha un desastre, gracias al hecho de haberse vestido a la velocidad de la luz, y su cabello estaba hecho una maraña, no sabía ni como se había peinado esa mañana.

Seguía corriendo como desquiciado, en ese momento deseaba poder usar la nave de Tak con libertad, pero sabía que una nave extraterrestre surcando los cielos alteraría a las personas. Dio la vuelta en la esquina de una calle, pero en un abrir y cerrar de ojos había caído al suelo, al parecer había chocado con algo o alguien. Abrió sus ojos y lo primero que vio fue un pequeño Doberman sobre de él, el perro gruñó amenazadoramente y él solo pensó que ese día no podría empeorar.

-Evon, deja al niño- se escuchó una voz autoritaria detrás de ellos.

De inmediato el perro dejo de gruñir y se quitó de encima del chico, Dib suspiró aliviado ante esto y como pudo se puso de pie.

-Lo siento, somos nuevos aquí y Evon es un poco desconfiado con la gente- dijo un chico que aparentaba tener unos 20 o tal vez 21, llevaba una camiseta azul oscuro con rayas negras, una gabardina de color negro al igual que sus pantalones y sus botas con hebillas metálicas, en su espalda llevaba un mochila; el cabello del chico era de un color negro azulado, corto y alborotado, tenía la piel algo pálida y sus ojos eran azules.

Dib lo observó, en efecto eran nuevos en ese vecindario, él no recordaba haber visto a alguien así por esos rumbos y menos a ese perro –No se preocupe, yo debí tener más cuidado al correr- dijo mientras se sacudía el polvo de su ropa.

-Sí, deberías tener más cuidado, pero aun así lamento lo que hiso mi perro- dijo a modo de disculpa –Por cierto, me llamo Naga- se presentó mientras le extendía la mano a modo de saludo.

-Un gusto- dijo mientras aceptaba el saludo –Yo soy Dib- se presentó igualmente.

-¿Y por qué corrías como maniaco?- preguntó curioso, tal vez al chico lo perseguían o algo similar.

-Yo, bueno…- y entonces recordó -¡Por Júpiter! Llegare tarde a clases- y sin más empezó a correr de nuevo –Lo siento, no tengo tiempo, nos veremos luego- le gritó al chico sin dejar de correr.

Naga solo observó divertido al chico, definitivamente ese planeta estaba lleno de cosas extrañas –Vamos Evon, debemos darnos prisa- le indicó al Doberman, para después caminar en dirección opuesta a la del niño cabezón.


Las clases ya habían comenzado, pero para su suerte la señorita Bitters no había entrado al salón, caminó con dirección a su asiento, pero antes de llegar a este una bola de papel golpeó su cabeza, molesto se dio la vuelta para encarar al culpable, pero lo único que vio fue a su compañero verde viendo algún punto del techo mientras silbaba alegremente, Dib frunció el ceño, realmente no tenía ganas de discutir con nadie en ese momento, el correr tanto lo había dejado sin fuerzas, levando aquella bola de papel y la desdoblo, encontrándose con un dibujo de un muñeco parecido a él pero su cabeza abarcaba el 90% del dibujo y junto de este estaba escrita la frase humano cabezón.

-¡No estoy cabezón!- gritó furioso, lo cual ocasionó la burla de sus compañeros de clase los cuales reían sin parar.

-Si lo estás- se escuchó una voz, pero Dib no pudo identificar de quien se trataba y nuevamente sus compañeros volvieron a reír.

Dib se encontraba molesto pero solo puedo agachar su cabeza y contener todo eso que sentía. De la nada la puerta del salón de clases se abrió de golpe, dejando entrar una sombra, la cual se movió ágilmente y tomó la forma de la señorita Bitters justo frente a los alumnos.

-¡Cállense!- gritó, sonaba más molesta que otros días. Los niños de inmediato obedecieron, formando un silencio casi sepulcral -¡Tú!- dijo señalando a Dib –Siéntate- ordenó y el chico de lentes obedeció de inmediato.

Bitters observó con desprecio a todos los niños que se encontraban sentados –Estuve hablando con el director y me dio la desagradable noticia de que otro asqueroso mocoso regresará a este grupo- informó y después desvió su mirada a la puerta que se encontraba abierta –Entra de una buena vez y siéntate en tu antiguo lugar- ordenó molesta.

El nuevo alumno no tan nuevo entró al salón con una velocidad y agilidad tan grande que solo pudieron ver su sombra pasar, en cuanto Dib sintió a alguien sentado detrás de él sus ojos se abrieron como platos, él sabía perfectamente quien era, miró a Zim y vio como el extraterrestre observaba ese lugar detrás de él con asombro y luego su mirada cambiaba por una seria y que reflejaba enojo, eso confirmó que sus sospechas eran ciertas.

-Tak…- dijo mientras volteaba a ver a la chica detrás de él.

Tak al escuchar su nombre vio al chico de lentes frente a ella, rodó sus ojos con fastidio y se dispuso a poner atención a su clase. Dib no podía creer lo que veía, era Tak, si ella estaba de vuelta no sería para nada bueno, seguramente intentaría destruir la Tierra de nuevo, pero él no se lo permitiría.


Se estaba hartando de tanto caminar sin éxito alguno, el plan era simple, debían vivir como terrícolas normales, lo cual implicaba que debían hacer cosas que los terrícolas hacían, así que después de haber forzado a su hermana menor de asistir a clases como los niños normales, él se había dedicado a hacer lo que los humanos normalmente hacen, buscar empleo, pero eso no había sido fácil, había estado buscando desde hace horas pero ninguno parecía ser el indicado, ahora entendía por qué a Los Altos no les importaba conquistar este planeta, esta raza había sido conquistada por su misma raza, al parecer desde pequeños les enseñaban a ser esclavos de sus gobernantes y de seguir las reglas de su sociedad, sin mencionar que carecían de intelecto y no eran una especie avanzada en cuestiones tecnológicas.

Se paró en seco al ver un pequeño edificio, no era muy llamativo a plena vista pero parecía no ser muy visitado y eso para él era perfecto, en la parte de arriba había un letrero, había estado estudiando el lenguaje de los humanos y no fue muy difícil para él leer aquello.

-Librería- leyó para él mismo.

Sin pensarlo más entró en el pequeño establecimiento, dentro había un señor de edad avanzada, el cual en cuanto vio a Naga entrar se puso de pie y le sonrió amablemente

-Buenas tardes, ¿Buscabas un libro en específico?- preguntó amablemente.

Naga lo observó –No, de hecho estoy buscando empleo- dijo con una sonrisa en sus labios.

El anciano pareció meditar un poco aquello –Lo siento, pero creo que no necesito ayuda por el momento- dijo con un poco de lastima, en verdad quería ayudar al chico, pero no necesitaba ayuda.

-Claro que si necesita ayuda- dijo Naga mientras un destello azul pasaba por sus ojos y una sonrisa se dibujaba en sus labios.

-Sí, creo que ahora que lo mencionas si necesito ayuda- dijo cambiando de opinión –creo que estas contratado chico- dijo amablemente.

-Por favor, llámeme Naga- dijo amablemente sin borrar su sonrisa.


Era la hora del almuerzo, Tak se encontraba sentada en una de las bancas de la cafetería con una charola llena de "comida" frente a ella, aun no entendía como rayos Naga la había convencido de volver a la escuela.

-¡Tú!- escuchó como una voz chillona gritaba detrás de ella –Has regresado a robar la misión del poderoso Zim- acusó.

Tak solo lanzó un suspiro cansada, realmente tenía ganas de írsele encima y molerlo a golpes, pero tenía que controlarse, Naga estaba sacrificando muchas cosas por ella, así que sacrificar una golpiza para Zim no sería la gran cosa, así que optó por ignorar al irken.

Zim esperaba que por lo menos aquella chica le lanzara una mirada asesina, pero ella simplemente lo ignoró, cosa que al chico verde no le agradó para nada –Te estoy hablando, asquerosa fémina- gritó de nuevo molesto.

Tak solo tomó una caja de jugo y bebió el contenido de esta, Zim por su parte esperaba que ella le lanzara el jugo encima, pero no ocurrió así, era acaso que lo había olvidado, ¡no!, claro que no, nadie podía olvidarse de alguien tan asombroso como Zim.

-Sé que me estas escuchando, así que escúchame bien, nadie, NADIE, ignora a Zim- dijo molesto.

Tak soltó un suspiro, se puso de pie y caminó con dirección al pasillo de la escuela, sabía que si ese imbécil la seguía molestando lo más probable era que explotaría en ira. Zim estaba molesto, no solo lo había ignorado, había tenido el descaro de irse sin si quiera voltearlo a ver, ella debería arrodillarse e implorar perdón por lo que le había hecho la vez pasada.

Sin pensarlo dos veces caminó en la misma dirección por donde se había ido la chica, realmente quería una explicación por su actitud y esperaba que fuese una muy buena. No tardó mucho en verla, los pasillos estaban vacíos, seguramente todos estaban en la cafetería, cuando se acercó a ella la tomó del brazo –Tu asquerosa conserje…- intentó decir algo pero no pudo continuar.

Tak al sentir la mano de Zim tocar su brazo se quedó quieta, hervía en rabia, en cuanto el irken empezó a hablar no lo soportó más y lo arrojó violentamente contra los casilleros y colocó su antebrazo contra el cuello del irken, haciendo que este se despegara un poco del suelo, cosa que no fue fácil ya que al parecer había crecido y ahora él era más alto que ella.

-Escúchame y más vale que escuches bien pedazo de porquería- dijo con enojo mientras miraba al irken a los ojos -yo no vine a quitarte tu estúpida misión, ya no me interesa ser una maldita invasora, así que por favor déjame tranquila- y tras decir esto soltó al chico, el cual cayó al suelo y sujetó su adolorido cuello con una de sus manos.

Tak lo miró con odio por última vez para después continuar con su camino, Zim sólo se limitó a verla marcharse, estaba molesto, muy molesto, pero no sabía qué hacer en ese momento, sólo se quedó ahí pensando en lo que la chica le acababa de decir.


Los había estado espiando desde que estaban en la cafetería y cuando salieron se ocultó para poder escucharlos sin que se dieran cuenta. Tak parecía hablar en serio, pero él no le creía nada de lo que había dicho, él mejor que nadie sabía que Tak era muy buena mintiendo.

Dib, al igual que Zim, se quedó pensando en lo que había dicho la irken… Si no había regresado a invadir la Tierra entonces ¿A qué había regresado?


Hasta aquí este cap C: espero les guste y Krahen im Licht eres de lo peor xD