+1+

El sueño lo eludió esa noche. Se quedó mirando el techo de su habitación meditando sobre lo que había aprendido de la muerte. Su vida había girado alrededor de ella, y quizás, era apropiado que esto le sucediera a él.

Luego sus pensamientos regresaron a Draco. No sabía cómo había terminado amándolo con esa intensidad. Quizás tenía que ver con su perdida, del tipo de cosas que te das cuenta que en realidad valoras solo hasta que las pierdes.

Es probable que solo hasta que uno de los dos muriera que ambos entendieran los complicados sentimientos que en realidad se tenían el uno al otro. Aun cuando Malfoy lo odiara. El había acudido a Harry en su desesperación. Lo había buscado a él para que lo salvara y lo protegiera. Tenía que significar algo igual de intenso por su parte.

Pero era idiota y egoísta estar pensando en eso cuando Draco estaba perdido en algún lugar.

La aparición de esa noche fue precedida de un aire gélido que lo alerto, él se levantó de inmediato de su cama, y se plantó frente al espejo.

Draco apareció frente a sus ojos, tirado en el suelo en posición fetal, alargando una mano y tanteando su alrededor como si no pudiera ver nada más.

"Tranquilo, aquí estoy…" dijo de inmediato, de rodillas en el suelo de su habitación.

"¿Harry?"

"Sí, soy yo…"

"¿Dónde estás?"

"Aquí mismo, del otro lado, no tengas miedo, estoy trabajando en una solución, pronto te sacare de ahí"

"¿Estoy muerto?"

"No…"

"No tienes por qué mentirme, lo he sospechado por un tiempo ya, todo este frio, todos estos horrores, debo estar muerto…"

"No estás muerto Draco, y tienes que convencerte de ello. Pronto estaré contigo, y llevare mucha luz, eso es lo que necesitas, pero no te rindas, no te rindas por favor…"

"Ya puedo verte…"

Harry se quedó quieto unos minutos, luego sintió que su corazón se rompía. Quería confesarle sus sentimientos en ese momento. Necesitaba decirlo.

"Quiero decirte algo"

"Apresúrate, no tengo mucho tiempo, creo que puedo sentir el frio reclamándome de nuevo a la oscuridad, se acerca"

"Te amo…"

Hubo un corto silencio en el cual Draco lo miro desconcertado. "No me conoces, no puedes amarme…"

"Es estúpido, pero uno siempre presta atención en su enemigo por si encuentras conocimientos que le puedan hacer daño en algún momento. Creo que te conozco mucho mejor de lo que conozco a mis propios amigos, por que escuchaba cada estupidez que dejaba tu boca. Tenías toda mi atención, y ahora puedo entenderlo. Te quiero en mi vida. Y pienso ir por ti al mismo averno para tenerte, si eso no es prueba de cuanto te amo, entonces no sé qué lo es…"

"Lo puedo entender" respondió Draco con tristeza.

Pero aquello no era una respuesta afirmativa o negativa. Harry trato de no sentir decepción de eso tampoco y en su lugar pensó que era comprensible porque él estaba del otro lado del espejo, abandonado en un mundo horrible donde esas cosas simplemente parecen irrelevantes.

"He pensado en ti desde que llegue a este lugar" confeso Draco con inseguridad. "No se por qué no puedo encontrar a nadie más en medio de esta oscuridad Potter. No se por qué has tenido que ser tú. Pero estoy contento de que así haya sido, porque te creo, y te estaré esperando…"

"No te rindas…" dijo con una sonrisa suave. "Sé que esto es súbito e inapropiado en vista de que…., pero piensa en ello, no dejes que la oscuridad te consuma"

Draco asintió, volteo a mirar hacia atrás como si pudiera ver sombras acercándose.

"No puedo controlar el miedo, no puedo"

"Se valiente, yo sé que eres capaz, y mi corazón esta contigo"

"Lo intentare…" murmuro Draco debilitado, sus ojos se abrieron repentinamente. "¿Estás ahí?, ya no puedo verte, no sé dónde estás.." su voz tembló asustada.

"Aquí en el mismo lugar, no tengas miedo de la oscuridad…"

"Potter…"

Y el espejo se volvió solido de nuevo y se encontró viendo su propio reflejo. Suspiro pesadamente y trato de calmarse. Ahora tenían una posible solución al problema. Se convenció de que salir corriendo en medio de la noche no lo conduciría a Draco.

+2+

Parecía que Harry Potter había encontrado un nuevo pasatiempo como roba tumbas. Era la segunda vez que profanaba un lugar de descanso. Pero quiso convencerse de que si el profesor Dumbledore se enterara, él podría comprender de inmediato por que lo estaba haciendo.

La varita de sauco había sido devuelta a sus manos en la tumba en Hogwarts. Nadie lo sabía por supuesto. Y el había continuado usando la varita de Draco Malfoy. Sin embargo, le pareció que podría usar la fuerza sobrenatural de la varita de sauco para una situación tan peculiar como esta.

Por lo tanto, lucho con la culpa que lo atormento al profanar la tumba de su profesor, y camino hacia el bosque prohibido sabiendo perfectamente el camino hacia la piedra de la resurrección. Era una vereda que usualmente podía recordar en sueños. Como si el poder de la piedra lo llamara. Ella le hablaba, le demandaba que la recogiera del suelo. Y finalmente después de meses estaba sucumbiendo a sus suplicas.

No le había dicho a nadie sobre la voz de la piedra, porque era bastante aterrador en su propia escala. Pero las tres reliquias se habían incorporado a él como si fueran una extensión de su cuerpo. Podía sentirlas palpitando en sus respectivos lugares de descanso. Y la capa que en realidad nunca lo abandonaba en casa lo arropaba con fría ternura.

Hermione había llegado a la conclusión de que los Potter debían ser los herederos de los Perevell, en específico de Igniatus Perevell el hermano menor. Pero eso tampoco le gustaba porque lo hacía sentirse como Voldemort tratando de encontrar sus raíces medievales para justificar su existencia.

En ese momento, sin embargo no sintió temor de reclamar las posiciones que le había heredado la guerra. El había jurado nunca hacerlo, porque eran un poder que podría corromperlo hasta la locura. Pero esto era diferente en muchos sentidos, porque su principal motivo era el salvar la vida de una persona que él amaba.

El amor no podía corromperlo en absoluto pensó inmaduro, y cuando todo terminara, las devolvería a su lugar correcto.

Con ellas él era el verdadero maestro de la muerte. Y de alguna manera presentía que estaba a punto de joder con la parca igual que sus ancestros Perevell.

Si alguna vez en su vida las iba a necesitar. Probablemente este era el momento.

+3+

"Hermione, escucha…" comenzó a decir Harry poniendo una mano sobre el hombro de la chica y caminando lentamente en la oscuridad. "Si algo sale mal, no quiero que se culpen, ¿De acuerdo?. Esto es algo que yo he decidido…"

"Harry" declaro ella deteniéndose. Su rostro iluminado por las puntas de las varitas. Ron se dio media vuelta para mirarlos. "No pienses en ello ahora, bien, solo has lo que tengas que hacer, y regresa con nosotros. No pongas tu vida en peligro. Incluso si no puedes traer a Malfoy"

Harry la miro dudoso. Quería decirle a su amiga, que si no volvía con Draco, prefería mil veces, simplemente no volver. Pero asintió de todos modos porque si él no estaba de acuerdo. Sus amigos lo aturdirían y lo llevarían a casa de inmediato. No lo dejarían continuar con esta aparente locura.

Los tres retomaron su camino entre los oscuros pasillos del ministerio. Romper en el ministerio había resultado mil veces más sencillo. Simplemente los tres se habían encerrado en un cubículo de la oficina de Aurores, como acampando debajo de una manta, que en realidad era la túnica de invisibilidad. Y el ministerio se había vaciado después de las once.

Había guardias en algunos pasillos, pero los habían eludido, porque el departamento de Aurores tenía copias de estos horarios de guardia, y había sido pan comido saltar la seguridad.

De todos modos, nadie en el ministerio esperaba una visita nocturna, y si ellos habían roto la seguridad con tan solo quince años. No era de sorprenderse que hubiera sido incluso más fácil ahora.

Entraron en el departamento de misterios con familiaridad. Y encontraron el arco.

Su pecho se afligió de inmediato recordando que Sirius lo había atravesado, y nunca había vuelto. Era imposible no sentirse nervioso, pero esos nervios fortalecían su convicción de estar haciendo lo correcto. Incluso si el tampoco podía encontrar la salida de nuevo.

Pero no existía ninguna otra puerta al otro mundo en gran Bretaña, o que supieran en el mundo. Y nadie realmente sabia los límites y misterios de lo que cubría el velo.

La piedra de la resurrección latió dentro del bolsillo de su pantalón, y él se preguntó con vaguedad que significaba eso.

"Toma.." dijo Hermione limpiándose las lágrimas. "Oh dios Harry, tienes que volver. Prométeme que volverás…"

"Lo prometo.." dijo el aceptando la bolsa femenina de Hermione. Quien había sido sentimental y se la había dado como amuleto de buena suerte. Era un bolso maravilloso. Y si Harry tenía que usarlo, le importaba una mierda, el hechizo que permitía meter hasta un elefante era más genial que verse varonil. Era el mismo que habían usado en la guerra.

Ron lucia abatido, igual que la chica. "Al demonio, me voy contigo…"

"No, no" se apresuró a decir. "Esto es algo que necesito hacer solo"

"¡Pero estarás solo ahí, nunca has estado solo!" dijo su amigo.

El sonrió. "De todos modos no duraríamos ni dos horas sin Hermione.."

Ron sonrió recordando lo que el mismo le había dicho.

"Entonces vamos los tres, no puedo dejarlo ir así nada más, sin mi" dijo ella.

"No, ninguno de ustedes puede acompañarme" el palmeo el bolsillo de su camisa muggle. "Tengo una corazonada. Ya saben, con eso de que ya muerto una vez…"

"¡Harry!" exclamo la chica estallando en lágrimas.

Ron la acuno en sus brazos. "Tienes razón, si alguien puede volver de la muerte, ese eres tú. Ya lo has hecho dos veces, así que confió en que volverás una tercera."

El quiso bromear que la tercera era la vencida. Pero era algo verdaderamente terrible de decir en ese momento. El asintió entonces. Se puso el bolso alrededor del cuello. Empuño la varita de Draco, y palmeo las otras reliquias dentro de los bolsillos de su túnica.

"Toma esto, ponlo en tu boca" dijo Hermione limpiándose las lágrimas. Era un galeón nuevo y dorado. Él lo metió dentro de su boca de inmediato.

"Aquí voy…" anuncio con dificultad con el sabor agrio del metal. Subió los peldaños escarbados de la roca. Miro el velo, escucho los murmullos. Tomo una bocanada de aire.

Y lo cruzo al otro mundo.

+4+

Morir esta vez fue una sensación diferente. Como sumergirse en un lago oscuro, lodoso, donde no puedes ver absolutamente nada. Pero sintió esa ligereza en el cuerpo como si flotara, y la frialdad del agua empapándolo por completo.

Luego sus pies tocaron un sólido piso de piedra, y los murmullos que había estado escuchando se detuvieron.

Fue como despertar de un sueño para encontrarse en un mundo de pesadilla. Era una especie de caverna húmeda que tenía unas escaleras escarbadas. Miro sobre su hombro, y no vio nada más que la espesa forma del velo. Como si fuera humo de cigarrillo dando vueltas dentro de un frasco.

En encendió la varita nervioso, y comprobó que su magia seguía siendo efectiva en este lugar. Habían tenido miedo, Hermione y él; de que no pudiera utilizar su magia en este mundo y se encontrara indefenso. Pero la magia serbia a pesar de las desconocidas reglas de la eternidad inocua.

Bajo los escalones sintiéndose extraño, y cuando llego al final encontró un deteriorado muelle donde se sacudía una inestable balsa de madera. El hombre que la conducía le pareció sólido, cabello castaño, túnica desgastada, barba prominente, y una mirada absolutamente negra.

"¿Dónde estoy?" pregunto sacando momentáneamente la moneda de su boca.

El hombre extendió la mano en un completo silencio. El miro las aguas del rio que eran negras. Tan negras como lo habían sido las que Tom había usado para ocultar su Horrocrux. Tuvo un mal presentimiento, y como en respuesta, una mano huesuda salió del agua para sujetarse de la barca. El remero la aplasto de inmediato, usando toda su fuerza para hundir el cadáver de vuelta.

Decidido subió a la barca sin esperar a que el hombre le contestara sus preguntas. En cambio, le entrego la moneda dorada expectante.

Caronte la tomo de inmediato y la mordió para comprobar si esta era falsa. Hermione había escogido un galeón nuevo, noventa por ciento oro, diez de estaño. El remero le dio el visto bueno, señalo al asiento en la barca, y él se sentó de inmediato en el silencio.

La balsa se alejó lentamente atravesó de las aguas negras del Aqueronte. Pero no había nada a la vista más que la gran negrura, la forma de la entrada de desvaneció entre una neblina espesa que los rodeo. Y el no pudo ver absolutamente nada del camino y solo sintió el vaivén de la balsa sobre el agua.

Parecía, que mientras más alejados se encontraban del pequeño muelle, más salvajes y peligrosas se volvían las aguas. Mas atestadas de cadáveres que flotaban macabramente sobre la superficie. Caronte los empujo con el remo con una actitud violenta y aburrida, como si detestara hacer el trabajo.

Los coros de las almas comenzaron a cantar. Lentas, arrulladoras, pero muy tristes. Llenas de un dolor infinito. Y él se convenció a si mismo que Draco no estaba entre ellas.

La neblina se disipo con una corriente helada. Y de entre la negrura comenzó a delinearse la figura de una isla. Su corazón comenzó a latir acelerado. El palmeo de nuevo su pecho como para calmarse.

Caronte lo miro con una expresión burlona, pero finalmente, apuro la marcha sobre las aguas hasta que atraco la balsa en un muelle humedecido. El hombre le señalo una vereda oscurecida, y una vez que Harry toco la tierra volteo sobre su hombro para descubrir que la balsa y el hombre habían desaparecido.

Camino inseguro entre los matorrales, y siguió la vereda hasta que un gruñido lo detuvo de inmediato.

"Tiene que ser una broma.." dijo con una sonrisa.

Pero ciertamente no lo era. Y los ladridos del perro de tres cabezas lo alertaron. El animal emprendió la marcha para aplastarlo. Pero el salto hacia el suelo esquivándolo de inmediato.

"Llena mi caldero de amor, llena mi poción de pasión; Se mi corazón en los días del amor" Comenzó a cantar desesperado. Movió la varita, y una versión patética de Celestina Warcbeck inundo el aire de su melodía. "Ohh llena mi caldero de amor, tu eres mi corazón, con tus ingredientes doce veces alrededor, de mi caldero de amor"

El Cerbero alzo las orejas y olio el aire, lentamente sus ojos se cerraron, y el perro se acostó en el suelo a dormir.

"Creo que te llamare Fluffy…" murmuro caminando lentamente alrededor del perro. Y continuo su camino hacia la inmensa puerta de barrotes de oro en intrincadas formas.

Abrió las puertas que rechinaron y torcieron la melodía del hechizo, pero el perro no se levantó de nuevo, y se adentró de inmediato en los terrenos de lo que sea que estas puertas resguardaban. Detrás de la inmensa muralla de piedra que se extendía hacia la oscuridad. Más allá de lo que su varita podía alumbrar.

Pero lo que vio ahí, fue la más grande belleza, tétrica, oscura, casi marchita, pero de todos modos hermosa. Como un paisaje desolado por una guerra. Los tintes de la naturaleza, verdes profundos, una tierra azulada.

Arboles con las ramas desnudas, otros floridos de una extraña manera. Camino inseguro en el corazón de ese bosque siguiendo la estrecha vereda. Pero él se sentía observado a cada paso. Un extraño el cual no era bienvenido. Un visitante en esa eterna noche, y nunca en su vida había extrañado más al sol como en ese momento, aunque pareciera un acto terrible quitarle las sombras al lugar.

El viento extraño trajo de vuelta la neblina, tan espesa que por momentos todo desaparecía en las volutas etéreas. Pero entonces, pudo distinguir formas humanas que vagaban a fuera de la vereda. El miro horrorizado el caminar lento y aturdido de esas, ¿almas?.

No hablaban, ni si quiera parecían alertados de su presencia. Pero caminaban en diferentes direcciones, buscando quizás la salida. Pensó que Draco podría estar con ellos, pero cuando intento salir del camino, aquellas personas voltearon a mirarle con ojos vacíos. No, ellos ya no eran personas, sus dientes afilados y carnes putrefactas. Y el había visto en su vida una cosa así antes.

Inferis.

Justo cuando termino de razonarlo, las criaturas se lanzaron hambrientas hacia el, como una marabunta de hormigas. Su corazón dio un vuelco y regreso de inmediato sus pasos al camino. Los cuerpos se detuvieron en su ataque y confundidos volvieron a su lento vagar en el bosque.

Habría caminado diez minutos, o a lo mejor una hora. Pero no podía saberlo, el tiempo parecía un concepto extraño en este lugar. Cada paso que daba lo confundía mas. Y cuando llego a la orilla de un pequeño rio, se detuvo contemplativo.

¿A que había venido? Se preguntó confundido. Miro el agua que parecía brillar con luz propia. Como un rio iluminado antinatural. Sintió sed y quería sumergirse. Dio un paso inseguro. Pero súbitamente una mano lo tomo del codo.

"Tan idiota como siempre…" murmuro una voz.

El miro al hombre extrañado. Le era conoció después de todo, pero no podía decir su nombre, simplemente no podía decirlo.

"Un pie adentro de ese rio, y puedes abandonar la esperanza de volver por dónde has venido. Por supuesto que no lo sabrías…"

Se esforzó por decir el nombre, porque el sabia quién era esta persona, pero por más que lo intento, su cerebro no podía ni si quiera procesarlo en su mente. En cambio lo que dijo fue.

"¿Qué hace aquí?, ¿no debería estar en el cielo, o lo que sea?"

"La moral es un concepto extraño, unos podrán decir, que todo lo que hice fue por el bien común. Otros dirán que nada justifica las acciones del hombre, pero todos son rápidos en juzgar, así que elige la opción que quieras y explícate a ti mismo mi presencia…"

El quería decir su nombre de nuevo, quería hacer algo al respecto, pero no podía. Frunció el ceño y se apretó la cabeza.

"Vamos Potter, las aguas te estan afectando, las pequeñas gotas y los vapores son un veneno. Mientras más tiempo junto a ellas, mas rápido olvidaras a que has venido…"

"Vengo por…" Dudo unos segundos. Pero un rostro pálido, un cabello rubio se formó en su memoria. "Vengo por Draco…"

El hombre asintió, su cabello negro se meció. "Te guiare por el camino…"

Harry lo siguió y mientras más se alejaban del pequeño rio, más cosas podia recordar. Recordó a Hermione, recordó a su mejor amigo Ron. Súbitamente también recordó la guerra, las muertes le dolieron tan intensas por un segundo, y luego, mientras más memorias se ocupaban de él, el dolor se enmudeció.

"¿Qué era ese rio?"

"Ya veo, te has enfrascado en una estúpida misión sin ni quiera investigar un poco. No debería sorprenderme de la profundidad de tu ignorancia." El hombre gruño algo por lo bajo y luego dijo. "Por el otro lado Granger debería saber mejor que nadie"

El volvió la mirada hacia el rio, y trato de recordar si Hermione le había dicho algo al respecto, pero no había nada. No recordaba si lo había hecho.

"Es el Lete, señor Potter.." gruño el hombre. "Y ya debes saber que se supone que hace ese rio.."

"Borrar mi memoria" dijo con un escalofrió, "Es para borrar todo…"

"Cien puntos para Gryffindor…" sonrió el hombre burlón. "Una pena que ya no sirva de nada.."

Miro confundido al hombre. Ya estaban alejados de las peligrosas aguas brillantes. Ya debería poder decir su nombre. Lo intento de nuevo, pero las palabras se trabaron en su boca, y no volvió a decir nada.

Finalmente, la espesa tira de árboles se cortó. Se volvió menos densa, casi esporádica, y podía distinguir un campo abierto a la lejanía.

Una especie de aura roja había llenado al cielo, como si fuera la luz del amanecer. Pero parecía que solo era un reflejo de eso. El sol no salió por completo, y el rojizo se acentuó. Por primera vez puedo distinguir más lejos de lo que alumbraba su varita.

El hombre se detuvo junto a un árbol.

"Este es mi limite. No puedo llevarte más lejos."

"¿Por qué no?"

"Aquí empieza el Érebo, Draco está perdido en esas tierras, pero te advierto, que no debes seguir más allá del campo abierto, de hacerlo encontraras la encrucijada de los tres caminos y de seguirlos nunca podrías salir."

"De acuerdo…" dijo frunciendo el ceño. "¿Hay algo que puedo hacer por ti?"

"Nada se puede hacer por un muerto" contesto el hombre, "Y ya me has dado consuelo; Tienes los ojos de tu madre…"

"¿Qué?" pregunto confundido.

Pero al hombre se le opacaron los ojos como si hubiera muerto por segunda vez. Miro confundido a su alrededor, y luego emprendió la marcha en un estado taciturno.

"¡Hey!, ¡Hey!" grito desesperado. Pero el hombre no volvió a mirarlo y se perdió entre el bosque.

Su pecho se sentía apretado. Trago saliva y se dio cuenta que estaba sediento. Busco en el bolso de Hermione el agua que ella había almacenado. Dio un trago de la primera botella, y luego tomo un pedazo de pan que era parte de sus viandas.

Quería detenerse y descansar, pero el campo lucia gigantesco.

+5+

La noche lo sorprendió de nuevo. Era como si esta clase de días fueran muy cortos. Un segundo estaba ese cielo rojo, y en el siguiente todo desaparecía en la más absoluta oscuridad.

Encendió de nueva cuenta su varita. Y saco del bolso una capa de viaje. Aquí en el campo abierto hacia un frio extremo. Como si caminara en medio de la nieve en invierno. Sus pies estaban congelados al grado de que le dolían mucho. Sus manos estaban tiesas, y podía sentir la humedad del hielo acumulado en su barbilla, arriba de su labio superior, sobre sus cejas. Se tocó una vez la dureza de la barba y trato de calentarse la nariz.

El silencio era aterrorizante. No se escuchaba nada, era como quedarse sordo. Pero sabía que en realidad era porque no había nada vivo dentro de este mundo.

Lo comprendió pensando que desde su llegada, no había visto ni si quiera un insecto. Aquí no había nada más que la muerte. La fría, muda muerte.

Camino y camino, pero no tenía ciencia cierta de avanzar, el paisaje cambiaba sin embargo. Así también el color del cielo.

Vio tres más de esos amaneceres, o atardeceres antes de que cayera rendido del cansancio. No pudo andar un segundo más.

Levanto la tienda de Hermione en medio de la noche. Se refugió en uno de los catres y trato de dormir temblando de escalofríos. Pero no tuvo sueños de ninguna clase. Y cuando se despertó aturdido, decidió que no hacía mucho descanso.

Pero su cuerpo encontró alivio por un rato. Se alimentó de una comida generosa, y pudo calentarse un poco. Aun que era como pasar la noche en medio de la tundra rusa, donde el frio realmente nunca se iba y calaba los huesos.

Al cuarto día. Por qué había razonado que eso debía ser el cielo rojo equivalente al día en este mundo. Comenzó a encontrar extrañas visiones.

Vio criaturas a la lejanía, eran horribles, deformes, aterradoras. Pero en el mismo instante en que aparecía, se perdían como un pestañeo, un segundo, una alucinación sobre la arena en el horizonte.

Encontró extraños espejos, pero tenían formas extrañas y descompuestas. Como si todos fueran en realidad los trozos rotos de uno que había sido gigantesco. Se sintió ansioso, porque Draco debía estar perdido delante de uno de ellos.

Cuando examino uno con forma de picos. Miro sombras pasearse del otro lado. Pero era difusas y no se distinguían los rostros.

Finalmente se cruzó con una cadena montañosa que cortaba al campo y lo hacía subir en un peligroso acantilado. Con ayuda de su varita y básicamente sus manos, trepo entre las piedras, hurgando con las yemas de los dedos los afilados cortes de las piedras rojas. Sus manos sangraron en diminutas líneas que ardían cada que limpiaba el sudor de su frente, y cuando alcanzo la superficie plana, sus manos estaban hinchadas y rojas. Estaba completamente sucio del polvo que también se atoraba en su garganta. Los labios secos y con una sed terrible.

Hubo un nuevo anochecer.

Escucho un ruido extraño. Miro en todas direcciones, pero la luz de su varita era tan pobre, que no veía nada. Su corazón comenzó a latir agitado.

"¡¿Draco?!" grito.

El silencio se detuvo unos momentos, pero luego un gemido adolorido se escuchó. El corrió en la dirección del sonido. Se detuvo, miro confundido por que el sonido ahora parecía venir del otro lado.

Corrió de nueva cuenta buscando entre los trozos gigantes de cristal.

"¡¿Draco?!" grito de nuevo. "¡Soy yo, soy Harry!"

"¿Harry?" pregunto una voz débil.

"¡Si, soy yo!, ¡no te muevas, te encontrare!"

"Está bien.." contesto la voz.

El reviso de nueva cuenta sus alrededores, y con el corazón casi saliendo por su garganta encontró a Draco tendido en el suelo junto a un espejo roto. Él se quitó de inmediato la capa de viaje y se la coloco a Draco sobre los hombros.

"¿Cómo has llegado?"

"No lo sé…" respondió el dejándose caer en el suelo confundido. "Pero ha sido un largo viaje"

"Siento que te he visto tan solo hace un momento…"

"¿Es este el espejo hacia mi habitación?" preguntó el examinando la pieza. Estaba opaco y no había nadie del otro lado. Nada era distinguible.

"Realmente has venido" dijo el rubio incrédulo. "¿Estás aquí, o eres solo mi imaginación?"

"Estoy aquí, ya no tengas miedo, espera, levantare la tienda…"

Él se levantó apresurado, busco en el bolso y levanto el campamento con un giro complicado de su varita. Nervioso miro los alrededores desprovistos de toda vida. Pero se sintió observado y conjuro hechizos de protección en su paranoia.

Ayudo a Draco a entrar y lo sentó en un catre, busco mantas y lo arropo como uno hace con un niño.

Reparo en su aspecto. Parecía mucho más pálido de lo normal, un tono gris, grandes ojeras y estaba vestido con ropas tan maltratadas que ahora parecían harapos.

El joven castañeo de frio, y él se sentó con en el catre, conjuro un hechizo para calentarlos a ambos, y trato de relajarse. Pero estaba aliviado de haberlo encontrado y preocupado ahora de encontrar la salida. Se quedó tieso mirando al rubio durante largos minutos.

Draco se relajó, cerró los ojos y parecía dormir. El soltó un suspiro.

Hasta este momento, no sabía que había sucedió, no sabía que era este extraño lugar. No había enfrentado ningún peligro en el camino, si uno no contaba el perro de tres cabezas, los hambrientos inferis y el rio Lete. Pero el sentimiento de sentirse asechado se asentó en la base de su estómago.

Tuvo un momento de pánico, nunca en su vida había visto un lugar como este. Sintió un miedo terrible de considerar el no volver a salir de él. Se levantó del catre, pero mientras lo hacía, la frio mano de Draco lo detuvo.

El miro horrorizado al joven rubio, seguía sintiendo que sus manos estaban congeladas. Como si los hechizos lo repeliera, como si las mantas y la tienda no surtieran efecto. Aterrado tomo la mano pálida que lo había sujetado del brazo. La apretó entre las suyas y miro los claros ojos grises.

"No te vayas…" murmuro el rubio. "Por favor, no he visto a nadie, no quiero volver a estar solo"

"Lo sé, no te dejare por nada" contesto él. Draco abrió las mantas del catre. Y él se adentró con el acostándose junto a su cuerpo que se sentía congelado. Paso sus brazos alrededor del rubio con un gesto inseguro. Pero Draco asintió mudamente a su pregunta y se refugió en su pecho.

Su corazón dio un vuelco.

¿Y si todo era solo un reflejo?.

Continuaraaaa….