Disclaimer: Ni Vocaloid ni la canción "Scissorhands" me pertenecen, créditos a sus respectivos dueños.
Aclaración: Sigue narrando el Len del pasado
—Mamá, ¿por qué la gente me mira raro? —pregunté inocente. Era demasiado joven e ingenuo para comprender que las personas normales me odiaban.
—No te miran raro, cariño, es sólo que no son capaces de decirte lo bonitas que son tus manos —respondió con una sonrisa.
Mentira.
Tan sólo fue una vil mentira, si me quisiera de verdad, me hubiera dicho las cosas como exactamente son; pero no, aprovechó que yo era un simple niño de unos cinco años para meterme mierdas en la cabeza como "la gente no se ríe de ti, se ríen de otra cosa", "no eres ningún monstruo, eres una persona como otra cualquiera" o un patético "no te odian, simplemente quieren ser tus amigos, pero no saben cómo". Todas esas gilipolleces quedaron atrás cuando un día me escapé de casa, con la intención de hacer amigos, pero, bueno, será mejor que lo cuente de forma detallada:
Cuando llegué a la ciudad, intenté acercarme a niños de mi edad, pues tenía todavía la idea que mi madre me inculcó. Nada más acercarme a ellos me dedicaron miradas acusatorias y de odio, yo, extrañado por su comportamiento, me puse en frente de uno de ellos y sonreí—. Hola, soy Kagamine Len, ¿quién e...? —en ese mismo instante, la persona que tenía enfrente de mí me dio una cachetada, tanta fuerza fue la que empleó que giró mi cara al lado izquierdo. Estaba sorprendido, de mis ojos nacieron unas pequeñas lágrimas que no tardaron mucho en salir. Puse mi cabeza tal y como estaba antes de forma lenta, intentando analizar lo ocurrido en ese entonces.
—¡No te nos acerques monstruo! —gritó enfurecido el crío.
—Monstruo... —susurré con un pequeño hilo de voz. Esa palabra se repitió una y otra vez en mi cabeza, oí como un montón de risas crueles se formaban a mi alrededor, colapsando todo en mi interior. Otro infante que estaba por allí me empujó al suelo mientras que el resto se acercaba a mí y comenzaban a golpearme muy violentamente. Nada en mí respondía, sólo era capaz de percibir los golpes y apreciar como ellos disfrutaban viendo mi cara de sufrimiento.
¡Parad ya!
La voz pertenecía a mi madre, la cual estaba corriendo a socorrerme. Nada más llegar, empujó a los niños y mi abrazo con fuerza, sentí que estaba llorando por las húmedas gotas que caían por mi espalda.
—¿¡Qué está pasando aquí!?
—¡Nos han atacado! —contestó uno de los niños, señalándonos a mi mamá y a mí. Era más que obvio que había mentido, pero aquí nunca contaban con la otra versión de la historia, o al menos no nuestras versiones. Oí como unos pasos se acercaban hacia nosotros, con cada paso, la fuerza del abrazo incrementaba. El horror me inundó en todo su esplendor y, como consecuencia, perdí el control de todo, estaba inmóvil e indefenso, suplicando que nada malo pasara... Que iluso fui, en un abrir y cerrar de ojos teníamos a medio pueblo alrededor nuestro, teniendo en sus manos cada uno algo con lo que dañarnos.
—Hijo... Lamento haber sido tan mala madre pero... Ya no hay vuelta atrás, llegó mi hora —dijo voz temblorosa, como si estuviera a punto de quebrarse. Gruesas lágrimas fluyeron por la cara de los dos. Juraría que por la forma en que me abrazaba estaba temblando.
—Todo esto es mi culpa, si yo no hubiera nacido así no tendríamos estos problemas —murmuré. La ansiedad y la angustia se aliaron y ambas se adentraron en mí, recorriendo cada centímetro de mi ser y paralizando todos mis músculos; sólo era capaz de temblar, ver y llorar. La enfurecida gente ya había empezado a golpearnos, aunque la mayoría de los golpes los recibía la que me dio la vida.
Pero ocurrió.
Uno de los aldeanos le clavó un rastrillo bien fuerte, atravesando su débil cuerpo. Un ensordecedor chillido fue lo último que pronuncio antes de abandonar este cruel mundo. Quería que todo esto fuera mentira, que sólo hubiera sido un mal sueño del que despertaría de golpe pero... La realidad aplastó todas mis esperanzas al notar un líquido que salía exactamente de la herida. Unas muy notorias risas llegaron a mis oídos al igual que sus caminatas para alejarse del lugar, dejándome ahí solo y sin nadie.
Y eso fue lo ocurrido, ¿triste verdad? Recuerdo que cuando volví a casa mi papá no estaba, esperé y esperé, pero nada, no regresaba y hasta la fecha todavía no había aparecido, ni creo que lo haga. Lo único bueno que me dejo ese bastardo fue el castillo, aunque pude subsistir gracias a toda la fortuna que mi fallecida madre me dejó en su testamento.
¿Despertarás algún día?
Abrí mis ojos de golpe, realmente me había asustado pues lo escuché muy cerca de mí. Miré en distintas direcciones hasta encontrar a la dueña de esa traviesa voz.
—Ya pensaba que no despertarías nunca —habló la desconocida, con un tono retador y alegre.
—¿Quién eres tú? —me atreví a interrogarle.
—Yo soy...
:3 Y ahí lo dejo porque quiero joderos con la intriga para que me dejéis review como negros B3 ?)
Ok, bueno, creo que esto lo convertiré en un fic de unos seis o siete capítulos, a saber, pero os puedo asegurar que no va a durar diez capítulos.
Y ya, la inspiración me vino justo en mi último día de vacaciones XD ahora no podré actualizar mucho ;-; pero lo intentaré no se preocupen uwu
Sin más que decir, nos leemos~
PD: ¿Review? ¿Favs? ¿Follow? ¿Algo? ;w;
