*Horas antes….*
Aquel era el típico paisaje Pandoriano en el que se destacaba un desierto llano de roca y arena quemada por el sol. Se extendía así hasta un final apenas visible y difuminado por la acción del sol, que jugaba malas pasadas a aquellos que se internaban allí con espejismos y falsas esperanzas de llegar a algún lugar o a conseguir algún objetivo antes de perder la vida.
Así se podría definir generalmente, la vida en Pandora.
Podría decirse que, lo peor de todo era la impotencia de no poder hacer nada al respecto, de no tener opotunidad de cambiar la forma de vida a la que acabas adaptandote tanto física y mentalmente. Finalmente las circustancias habían creado un planeta habitado por escoria y dementes, todos ellos encerrados allí.
Pues una vez que llegabas era imposible salir.
Y eso era algo que los extranjeros aprendían con el paso del tiempo…Pero de momento ella se dedicaba a andar en una dirección.
Ella era Maya. De ojos grises y desconfiados, de pelo corto y azul a juego con sus tatuajes (también azules) que recorrían toda la parte izquierda de su cuerpo y la identificaban como la sirena que era.
Llevaba ya horas caminando por aquel desierto cuando sus ojos divisaron en la lejanía lo que había estado buscando desde hacía semanas, la estación.
No estaba segura si aquello era real, o producto de su imaginación pero no se paró a pensar mucho en ello y simplemente siguió su marcha, hasta llegar allí...Donde empezó todo.
Y donde llegó como una de los nuevos buscadores de la cámara, pero por el momento ella apenas era consciente de ello, se había dedicado a esperar al tren pasando el rato, ella sola, en aquella estación desértica acompañada de sus pensamientos y de algún que otro huésped más, escondido entre las ruinas a la espera de una presa...de ella.
Ratas que no tardaron en salir de su escondite cuando vieron a Maya distraída en sus pensamientos en el momento justo para arremeter contra ella y finalmente...Matarla.
Pero ninguno de ellos contaban con la presencia un psicópata.
Un psicópata que había acabado allí por casualidad y que había traído la sangre y la discordia a la estación a manos de su enorme hacha. Asesinandolos brutalmente, la estación se impregnó de sangre de rata.
Uno a uno habían caído al suelo teñido de rojo hasta que no quedó vivo nadie salvo él...y Maya, que miraba aquella escena aferrada a su maliwan por si tenía que utilizarlo contra él.
Pero no hizo falta.
Él enorme psicópata se volvió aparentemente tranquilo y, al ver sus ojos Maya comprendió que no iba a hacerla daño, que la había salvado y que aquel psicópata tenía algo distinto al resto.
-Ahora tendría que estar muerta así que... gracias- había dicho cuando una sonrisa se le escapó de sus labios azules e, inconscientemente una parte de ella empezó a confiar en él y quería conservarlo a su lado pese al rechazo de los demás...
-Krieg, se llama Krieg.
-Puede que tenga nombre pero siendo un psicópata.
-Y este es inofensivo.
-Ohh...Ya veo- respondió Axton pasando la vista por los cadáveres del suelo- al principio te puede resultar inofensivo y tierno como un gatito hasta que ¡ZAS! Zarpazo en la cara.
-Lo estas comparando con un gato.
-Nunca me he llevado bien con los gatos…Y tampoco con los psicópatas. Dime esque tienes algún tipo de afecto hacia esto?
-No, pero me ha salvado la vida de las ratas, para mi es una buena razón para defender su vida.
Axton miró de reojo al psicópata.
-Vale, entiendo que quieras conservar su vida pero de ahí a llevarlo con nosotros en busca de la cámara…es un paso muy arriesgado.
-Bueno, sabe matar.
-Si, eso no lo dudo, pero él no es responsable de sus actos solo es controlado por sus instintos asesinos y la demencia. Solo nos va a causar problemas.
-Pues esos serán mis problemas. Pero creo que puede ayudarnos.
-Ya veo no piensas deshacerte de él- observó.De acuerdo. Acepto al psicópata pero no lo apruebo.
.Axton no esperó respuesta alguna, se volvió dando por terminada la conversación y tomó asiento en una de las cajas de suministro con una cantimplora en la mano. Se sació de su contenido hasta que se hartó y se echó el agua en el rostro que empezó a fluir por él, refrescandolo del calor asfixiante del desierto.
Aquel castaño de ojos verdes tenía el típico aspecto de soldado, un hombre joven, de fuertes rasgos marcado por heridas de guerra pasadas (y algún que otro zarpazo) que habían quedado permanentes en su rostro. Un experimentado del combate y desde luego estaba claro que no era idiota.
Maya asintió para sí intentando reprimir una sonrisa. El convencer al comando de que le perdonara la vida al psicópata lo consideraba una pequeña victoria sabiendo que lo primero que había intentado nada más llegar a la estación había sido pegarle un tiro en la cara.
Y por supuesto ella había estado para evitarlo, victoriosa se sentó en la poca sombra que había a esperar. Cuando se preguntaba si vendría alguien más cuando el ruido de un motor sonaba muy próximo.
-¿Qué es eso?
-Es como...el ruido de un motor- Axton se incorporó dirigiendo la vista al desierto. Muy cerca de ellos el ruido de un motor rugía cada vez más fuerte a medida que se aproximaba a la estación. El coche iba en zig zag, con un movimiento torpe envuelto en una nube de polvo que levantaba a su paso.
Las habilidades de aquel conductor no eran demasiado buenas al volante.
El vehículo colisionó contra uno de los pilares de la estación, el estruendoroso sonido del impacto resonó por la estación y de la nube negra de humo que empezó a salir del coche completamente destrozado salió un hombre.
Aquel, se podría describir como un hombre de aspecto extravagante. O un "medio hombre" como decían algunos al ver su complexión enana. Podría haber sido un chiste, pero no fue así.
Era su mirada temerosa e intimidante; su expresión enfadada y aquel aspecto intimidante. Con una cresta azul al igual que su larga barba. Y unos brazos fuertes capaces de albergar dos armas que bien sabía utilizar y que le daban el mote de "Gunserker"
-Ah vaya, extranjeros-observó el Gunserker cuando su mirada se encontró con los dos jóvenes de la plataforma- ¿Que os trae por las tierras yermas de Pandora?
-Lo mismo que tu- respondió Axton.
-Oh, así que en buscadores de la cámara ¿eh?
-Seh, pero mejor llamame Axton, ex-comando de Dahl, ella es Maya...- la presentó. Hizo un gesto con la mano a Krieg cuya presencia no había sido notada por el Gunserker. Al verlo su expresión se contrajo en una mueca amarga-...y él es...
-Un psicópata- lo interrumpió mirándolo con una mirada que puso a Maya en tensión.
-Se llama Krieg-replicó.
-Me dan igual vuestros nombres la verdad. Se me van acabar olvidando...- miró de nuevo a Krieg-¿Sabeis lo que se le suelen hacer a los psicópatas aquí en Pandora? Se les pega un tiro en la cara antes de que hagan una bicicleta de carne con tu cadáver.
-Veo que sabes del tema- comentó Axton.
-Uno aprende lo suyo cuando ha sido criado en un planeta como este. Un Pandoriano que sabe lo que se hace y que no va a negar sus costumbres así que... ¿Vais a pegarle un tiro matarlo o tengo que hacerlo yo mismo?
-No vamos a matarlo- respondió Maya lo más firme posible. Pero sabía que aquel hombre no iba a hacer caso a nadie que no fuera él mismo.
-Hah, vosotros no. Pero yo si.- Su mano fue a una de las escopetas amarradas a su espalda y, apuntando al psicópata bramó- No pienso seguir sus pasos.
Sus dedos rozaban el gatillo cuando el arma voló fuera de su alcance envuelta en una orbe de energía que fue atraída por Maya.
-Mientras siga viva...- habló lentamente, con tono amenazante y tatuajes brilantes- no le va a pasar nada...
El Gunserker no dijo palabra alguna, se limitó a contemplar los tatuajes de Maya en silencio. Su rostro se contrajo en una mueca, y, casi a modo de respuesta soltó un gruñido.
Se creó un profundo e incómodo silencio, ambos con miradas fulminantes parecían que iban a desintegrarse cuando entonces el sonido de un silbato resonó por la estación.
El tren por fin se apreciaba en el horizonte...Eso calmó un poco las cosas y Maya por fin pudo respirar, devolvió la escopeta a su dueño, más relajado.
-Oye- Axton le dirigió una mirada al enano Gunserker- No nos has dicho tu nombre.
-Oh, llamame Sal.
-¿Sal?
-Salvador- respondió, con desagradable sonrisa en sus labios.
-Salvador-repitió Axton soltando una carcajada. Dirigió su mirada a Maya- ¿Muy adecuado no crees?
Maya iba a responder cuando al llegar a la estación el tren produjo un sonido ensordecedor que resonó en la estación hasta que paró y por fin pudieron subir al tren...
-¡ESPERAD...!- gritaba una voz femenina...Los cuatro dirigieron su mirada al desierto- ¡NO ME ABANDONEEEIS!
Una joven corría al tren con desesperación, no fue hasta que subió las escaleras de la plataforma que se desplomó en el suelo soltando un último suspiro.
Los cuatro no dudaron en ir a ella. Aquella chica tenía Tenía un rostro joven, con unos grandes ojos verdes
Delgaducha de piel pálida y cabellos pelirrojos recogidos en dos coletas que le daban un aspecto adorable. Lo más curioso en ella era la prótesis robótica que tenía en el brazo izquierdo.
Los cuatro la observaban mientras yacía inconsciente en el suelo, preguntándose qué demonios hacía una joven adolescente en un planeta como aquel cuando el sonido de un silbato volvió a sonar en la estación. Anunciando la inminente partida del tren.
-Esto ya lo he visto antes- comentó Salvador- le ha dado un golpe de calor.
-¿Y...Qué hacemos con ella?- preguntó Axton con impaciencia.
Se miraron entre ellos sin saber que hacer, esta vez no había tiempo para decidir nada.
-Habrá que llevarla dentro-concluyó Maya.
-Si, bueno, pues ya tenemos cena- comentó Salvador con una sonrisa.
