N/A. Esta es la tercera y última parte de la historia. Sé que quedan algunas cosas por explicar y otras por corregir, pero espero hacerlo mejor para futuras historias. Espero que disfrutéis leyendo tanto como yo escribiendo.

Alexis hizo una mueca al comprobar que su café se había enfriado considerablemente, aunque no le extrañaba, llevaba diez minutos dándole vueltas sin parar con la cucharilla de plástico, mientras su cabeza hacía lo mismo. No podía parar de darle vueltas a la desaparición de Kate y rezó para que su padre y los chicos la encontrasen en aquella clínica abandonada. Si alguien podía encontrarla, eran ellos.

Alzó la vista y vio a su abuela hablando animadamente en el pasillo mientras Jim asentía de vez en cuando, aunque no se estaba enterando de nada de lo que Martha le estaba contando.

-¿Estás bien?

No se había dado cuenta, pero Lanie había vuelto a la comisaría.

-Sí. ¿Se sabe algo?

-Aún nada, pero si aún no han llamado, es que aún hay esperanzas.

-Eso espero. ¿Tú cómo lo llevas?

-Pues comparada con Jim, estoy bien. No me imagino lo que debe estar pasando ese pobre hombre.

Alexis recordó el miedo y la angustia que ella pasó durante los dos meses que su padre estuvo desaparecido y algo le dijo que ni de lejos se podía comprar con el sufrimiento de aquel hombre. Tras el asesinato de su esposa, su Katy era lo único que le quedaba en el mundo. Tenía amigos y un par de sobrinas, pero su mundo era su hija.

Tor las saludó a ambas con una sonrisa cansada cuando entró en la sala. Cogió una botella de agua y un sándwich del frigorífico y volvió rauda a la sala de audiovisuales.

-¿Te pasa algo con ella? -preguntó la joven.

-¿A mí? ¿Por qué iba a pasarme algo con ella?

-Porque te has tensado en cuanto ha entrado aquí.

-Es que pensaba que traía noticias de Beckett.

-Entonces, no es porque está cada vez más unida a Espo, ¿verdad?

Era difícil sorprender a la forense, pero la pelirroja lo había conseguido. Era cierto que no se sentía del todo cómoda ante la presencia de Tori pero creía que era capaz de disimularlo. Alexis le tomó la mano en un gesto de apoyo a la que fue su mentora mientras estuvo trabajando en el depósito casi tres años antes.

-Cariño, tú deliras. Deberías irte a casa.

-Lanie, no voy a irme mientras Kate está desaparecida.

-Alexis, entiendo que Jim no quiera irse, pero tu abuela y tu tenéis que ir, comer algo y descansar. Lleváis aquí más de doce horas, ¿queréis desmayaros en plena comisaría, para causarle más sufrimiento a tu padre?

-¿Sugieres que nos desmayemos en casa?

-Sí. A ser posible en vuestra cama y con el pijama puesto. Le pediré a dos policías que os lleven a casa.

A Castle le bastaron dos segundos para comprender que nunca despertaría. Le retiró el pelo de la cara para darle un último beso cuando comprobó, aliviado, que era otra trampa. Aquella mujer no era Kate Beckett. Tenía su ropa, su perfume y su complexión física, pero no era su mujer. Era Amy Barrett.

Un ramalazo de culpa le recorrió al sentir alivio al comprobar que el cuerpo que tenía delante no le era de su mujer pero enseguida lo descartó. No era momento de culpas, sino de audacia para encontrar a Beckett.

-¡Tengo algo! -Anunció Espo desde el otro lado del walkie. .

Cuando alcanzaron a Espo un atisbo de esperanza se abrió ante ellos. Lo que a simple vista parecía un papelajo más tirado en el suelo era en realidad un buen hilo del que tirar. Ante ellos tenían un mapa hecho a mano con las indicaciones para llegar a una propiedad privada. Era muy rudimentario y esquemático, se notaba que omitía los datos que tanto el dibujante como el destinatario sabían. Pero algo estaba claro, estaban interesados en una pequeña cabaña a las afueras de Chester, en el condado de Orange.

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Beckett volvió a despertar, pero esta vez en una habitación distinta. Era gris y oscura, con varias pantallas, ordenadores y demás aparatos electrónicos propios del despacho de Tori. Seguía atada y amordazada, pero no le habían vendado los ojos, lo cual le daba una mínima oportunidad.

La puerta se abrió y Jerry Tyson entró en la sala, helándole la sangre. Se acercó a ella y le acarició el rostro con suma delicadeza. Aquel gesto tan inocente le pareció escalofriante en él.

-Buenas tardes, Inspectora. ¿Sabe? Creo que es usted bellísima, tiene una belleza propia del cine clásico, del de las décadas cuarenta y cincuenta. Una belleza atemporal y refinada. Una belleza al alcance de mi mano.

Tyson bajó su mano hasta la clavícula mientras alababa la suavidad de su piel y su aroma. Bajó la sábana que cubría su cuerpo hasta los tobillos y acarició sus pechos, ganándose una serie de insultos ahogados por la mordaza y rió ante la desesperación de su víctima.

-¿Sabe lo que más me pone? Escuchar las súplicas de mis víctimas. Me encanta ver cómo os retorcéis, cómo suplicáis que nos os haga daño. El pánico en vuestros ojos, las lágrimas. Y luego, el momento culmen, cuando la vida se os escapa del cuerpo, ver vuestros ojos, vacíos, inexpresivos. Oh, si, inspectora, ese es el mejor momento de todos.

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Ryan y Espo encabezaban la marcha mientras Gates y Castle les seguían en el segundo coche, a pocos metros. Gates miró de reojo al escritor. Estaba cabizbajo, serio. Le chocaba verle así, sin hacer bromas o pensar en disparatadas teorías. A Richard Castle se le había caído la máscara de personaje público, del alma de la fiesta para dejar ver al hombre, al marido enamorado y doliente.

-Señor Castle... no se venga abajo. La encontraremos.

-No me cabe duda, lo que no sé es en qué estado. No puedo soportar la idea de que esté sufriendo, de que la estén torturando por mi culpa.

-No es su culpa, señor Castle. Es culpa de esos dementes. Y Beckett es fuerte e inteligente, mucho. Y además está enamorada. No lo entiendo muy bien -sonrió, para quitarle hierro al asunto- pero está enamorada, y por verle un día más aguantará lo que haga falta. Confíe en ella. Confíe en nosotros.

-Gracias, señor.

"Victoria, te estás volviendo una blanda" Pensó la capitana con una sonrisa mal disimulada. Era cierto que le irritaban sus bromas y sus locas teorías, pero debía admitir dos cosas; la primera era que sus locas teorías a veces le habían llevado a resolver varios casos, y la segunda era que después de tantos años había empezado a apreciarle. Pero sólo un poquito, tampoco había que pasarse.

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Todos se pusieron en pie cuando los policías y Castle llegaron, ávidos de noticias. Saber que había una nueva víctima mortal pero que no era Beckett les horrorizó y alivió a partes iguales. Los ánimos empezaban a caldearse, por lo que Gates llamó a los detectives, a Castle -sabía que era imposible librarse de él- y a Tori.

-Señores, estamos todos muy nerviosos, y lo entiendo. Yo también estoy angustiada por Kate, pero debemos mantener la calma para calmar a los demás. Si Tyson quisiera matarla lo habría hecho ya y nos habría enviado el cuerpo envuelto en papel de regalo. Pero no lo ha hecho. Debemos aferrarnos a ese rayo de esperanza. Ella es inteligente y fuerte, si alguien puede salir de esta, es ella. Así que por favor, no quiero espíritu derrotista en esto. ¿Estamos? -todos asintieron- Pues haced vuestro trabajo. Hablad con Científica, investigad quiénes eran las falsas Beckett, relación entre ellas o estos malditos psicópatas. Quiero saber hasta el color de sus cepillos de dientes. Yo iré a calmar a la prensa y a los de arriba. Y usted, señor Castle, vaya a descansar.

-No pienso irme a casa. Mi mujer puede estar en estos momentos suplicando por su vida... o por su muerte -ahogó un sollozo que le puso el vello de punta a la capitana- ella me necesita, confía en mí, no puedo fallarle.

-Precisamente por eso, señor Castle. Ella le necesita fuerte y lúcido, no agotado y torpe. ¿Le cuento un secreto? -él asintió confundido al ver la media sonrisa de su jefa- en el sótano, junto a calabozos, hay una garita. Ya no está en uso porque por la normativa del 2003 hubo que poner otra en un lugar más visible. Pero allí sigue, con un camastro para las guardias. A veces me echo allí una siesta cuando me toca quedarme hasta tarde, pero no se lo diga a nadie. Vaya allí y duerma un rato. Llévese el móvil con usted, le llamaré si hay novedades. Se lo juro. Y haga que su familia se vaya a casa. Aquí sólo estorban.

Castle sopesó aquellas palabras, era cierto que necesitaba descansar. Llevaba despierto más horas de las que podía recordar y la vista se le empezaba a nublar, así que aceptó la propuesta de Gates.

Al salir del despacho se encontró con Lanie, su madre y Alexis, que hablaban con dos policías uniformados.

-¿Qué pasa, chicas?

-Le estoy pidiendo a estos agentes que acompañen a Martha y Alexis a casa. Necesitan descansar, y aquí no pueden hacer nada. Si te parece bien, Castle.

-Lanie, me lees el pensamiento. Chicos, gracias por llevarlas a casa.

-No hay de qué, señor Castle, es nuestro trabajo.

Ryan entró corriendo a la sala de audiovisuales con tal ímpetu que sobresaltó a Tori y al resto de la comisaría. Antes de que se repusiera del susto, dijo las palabras mágicas, "tengo una pista"

La primera víctima de el macabro juego del Triple Asesino y la Doctora Nieman a la que operaron para que se pareciese a Beckett se llamaba en realidad Grace Fiorentino, tenía treinta y cuatro años y había heredado hacía unos años una pequeña cabaña a las afueras de Chester, en el condado de Orange.

-Voy a decírselo a Gates -dijo Ryan, entusiasmado por su descubrimiento- Tori, lo que puedas encontrar de ese sitio, por pequeño que sea...

-Lo sé, descuida.

Mientras introducía los datos Espo admiró las manos de su compañera. Eran finos y delicados, y aún podía advertir la marca del corte que se había hecho unas horas antes.

-¿Te sigue doliendo?

-¿El dedo? No, sólo pica de vez en cuando, pero no duele.

-Bueno, es el precio que tienes que pagar si de mayor quieres contarle batallitas de guerra a tus nietos.

-Sí, menuda historia, me corté el dedo con unos papeles. Menuda hazaña.

-Te cortaste mientras buscabas hasta debajo de las piedras alguna pista que nos llevase hasta una compañera que estaba en apuros.

-En realidad cogí esos papeles para abanicarme. Con el aire acondicionado estropeado esto es un horno. Menos mal que ya han llamado a los técnicos. -Un leve pitido captó su atención- Espera, tengo algo. Son los mensajes de voz del contestador de Grace Fiorentino.

"Tiene un mensaje de hace cinco días, recibido a las 10:05 de la mañana. Pulse Uno para escuchar, pulse dos para grabar, pulse tres para eliminar..." -habló la voz metálica del contestador antes de dar paso al mensaje- "Grace, soy Libby, ¿dónde coño te metes? El jefe está que trina. Ven a la oficina en cuanto oigas este mensaje"

"Tiene un mensaje de hace cinco días, recibido a las 10:59 de la mañana...": "Grace, si esto es por la bronca que tuviste con Barrett, la estás cagando. Ven a la oficina y habla las cosas con los jefes. No sé cuánto tiempo más voy a poder cubrirte, así que mueve tu delgado y precioso culo blanquito a la oficina, ¿quieres?

"Tiene un mensaje de hace cinco días, recibido a las 15:03 de la tarde..." : "Cielo, entiendo que fue una humillación lo de Barrett y que quieras desparecer una semana de la faz de la Tierra, pero esto ya me parece demasiado infantil. Lo de aguantar la respiración hasta ponerte azul sólo te perjudica a ti. Llámame"

"Tiene un mensaje de hace cinco días, a recibido las 19:02..." "Grace, cariño, soy yo, Adam. Ya sé que me dijiste que no te llamase, que necesitas tu espacio, pero tienes que volver al trabajo. Tienes que darme la oportunidad de explicarte... esa tipa se me tiró encima, literalmente. Por favor, háblame. Dime algo, aunque sea para mandarme a la mierda, pero dime algo... Eh... Está bien, no quieres hablar, pues al menos ven a trabajar o presenta una baja médica o algo con lo que cubrirte las espaldas. Y Grace... te quiero"

-¿Crees en las casualidades, Tori?

Ambos se miraron estupefactos, aquello arrojaba un poco más de luz. Ahora entendían el porqué nadie había denunciado su desaparición. Había varios mensajes más el día siguiente, uno notificándole su despido desde el trabajo y otro de la clínica Saint Simon recordándole que tenía cita con la doctora Kelly Nieman para la revisión de los seis meses. Ya tenían la relación.

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La puerta se abrió dando paso a una altiva Kelly Nieman. Sonreía de aquella manera tan peligrosa que le helaba la sangre. Clavó su mirada en la de la inspectora mientras caminaba hacia uno de los monitores y lo encendía. Beckett dio por sentado que si no fuese por la mordaza, el corazón se le saldría por la boca. En la pantalla que tenía ante ella se podía ver a Alexis. La tenían igual que a ella, inmovilizada a una camilla pero aún conservaba su ropa, algo que le tranquilizó en cierta forma. Lo que le angustiaba era el miedo en los ojos de Alexis.

-¿Ha visto "La decisión de Sophie", Inspectora? Es una película cuyo argumento se centra en una madre que debe elegir cuál de sus hijas vive y cuál muere. Difícil decisión, ¿verdad? Qué suerte que para su marido la decisión sea tan fácil, ¿no crees?

Beckett cerró los ojos, derrotada. Era cierto, Rick elegiría a su hija, y no le culpaba. De hecho, aquello fue lo que le enamoró de él, ver el amor que sentía por su familia, en especial por su hija. Cuando tenía diecinueve años le atrajo su físico, su forma de escribir, pero en aquella librería de Manhattan lo que le enamoró fue ver el cariño con el que trataba a su hija.

Abrió los ojos y vio a Alexis ejerciendo de la digna hija de Richard Castle. Podría estar llorando, pataleando, suplicando. Pero en vez de eso tenía los ojos muy abiertos, buscando en cada rincón algo que le sirviera para huir. "Esa es mi niña" Pensó Beckett orgullosa de su hijastra. Le resultaba raro pensar en ella en aquellos términos, pero era cierto, Alexis era lo más parecido a una hija que había tenido. Recordó el miedo y la ilusión que sintió, apenas unos días antes, cuando comprobó que tenía un retraso y la tristeza y el alivio que sintió al sentir la sangre manchando sus muslos apenas una hora antes. Gracias a aquello Tyson le había dejado en paz.

Se revolvió en la camilla tratando de acomodar sus entumecidos músculos cuando dio con algo. Era una tuerca lo suficientemente ancha como para aflojarla sin demasiado esfuerzo. Por suerte su captora estaba más pendiente de los monitores que de ella, así que tenía un pequeño margen con el que maniobrar.

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Le despertó una llamada de teléfono. Pensó que sería Gates, pero era el número de su hija.

-Alexis, Cielo, ¿pasa algo?

-Oh, claro que pasa, señor Castle.

Se le heló la sangre en las venas al reconocer la voz de Tyson al otro lado de la línea. Subió las escaleras todo lo rápido que podía para avisar a los chicos de que tenía una llamada que tenían que rastrear.

-¿Qué le has hecho a mi hija? ¿Dónde está Alexis?

-Estamos de reunión familiar. ¿Ha visto el vídeo?

Tyson terminó de pronunciar aquellas palabras justo en el momento en el que Castle entraba en la sala de audiovisuales, y lo que vio le cortó la respiración momentáneamente. Beckett y Alexis estaban atadas en sendas camillas. Alexis aún conservaba la ropa, hecho que le alivió, pero Kate apenas estaba cubierta por una sábana. Una cuenta atrás se dibujó a pie de pantalla, quedaban cinco horas. Apretó tanto los puños que casi se hizo sangre. De fondo, "We will meet again" sonaba como macabra banda sonora de la película que nunca quiso ver.

El teléfono volvió a sonar.

-Señor Castle, como ve su mujer y su hija están vivas, aunque no por mucho tiempo. Tiene cinco horas para hacerse el héroe, pero sólo podrá salvar a una de ellas. Ya nos veremos.

-¿Donde coño está mi madre y qué le ha pasado? ¿Y los policías que las escoltaban?

El ritmo en comisaría se volvió frenético. Pronto dieron con Martha, estaba en el loft, inconsciente gracias al cloroformo. En cuanto Castle comprobó que su madre estaba a salvo, puso rumbo a la dirección que Tori le había facilitado.

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Beckett dio gracias a un dios en el que no creía al notar cómo la tuerca se deslizaba suavemente por el tornillo. En apenas unos segundos la tenía en la mano. Le hubiese gustado tirarla, pero haría demasiado ruido, por lo que tuvo que guardarla en la mano cerrada, dificultándole la tarea de romper las ataduras.

La chica coqueta y femenina que habitaba en el fondo de su ser había protestado cuando se despiscó una uña al abrir un envase supuestamente abre fácil antes de salir de casa, pero precisamente aquello le podía salvar la vida. La parte afilada de la uña cortó sin mucha dificultad el primer pespunte de las ligaduras.

-Querida, ha sido un placer estar contigo, pero tengo que irme. -Una luz verde barrió su rostro de arriba a abajo- Pero antes, me llevo tu cara. Siempre me han gustado tus facciones, y ahora son mías. Total, tú ya no las necesitas. Por cierto, ya que sabes que tu marido te va a dejar morir, te voy a explicar cómo lo vas a hacer. ¿Ves ese rifle? -Beckett tuvo que agudizar la vista para darse cuenta de que efectivamente, apoyado tras las pantallas había un rifle apuntándole directamente a ella y se preguntó cómo no lo había visto antes- Pues verás, está conectado mediante un sedal al picaporte de la puerta de al lado, donde está su hija. En el momento en el que el señor Castle abra la puerta para rescatar a su niñita, ¡PUM!, una bala se incrustará en su cráneo. Ingenioso a la par que malvado, ¿no le parece?

Beckett pronunció una serie de insultos que quedaron ahogados tras la mordaza, pero hubo una serie de sílabas que llamaron su atención. Tras dudarlo un instante, le quitó la mordaza.

-¿Qué dice, Inspectora?

Kate provenía de una buena familia donde el dinero no era un problema, aún así sus padres habían insistido en que estudiase en un colegio e instituto público. No querían que su única hija se convirtiese en una estirada que no sabía de qué iba el mundo más allá del Midtown. Y así fue como la pequeña Katy conoció a todo tipo de chicos que le aportaron tantas cosas. Aprendió a jugar al billar, a ir en moto y a escupir con precisión certera. Y sus habilidades seguían intactas, a juzgar por el grito de Nieman.

Aprovechó el instante en el que la doctora cerró para limpiarse el escupitajo de los ojos para saltar sobre ella, ahora que tenía las manos libres, y noquearla. Le bastó un simple golpe certero en el cuello para dejarle inconsciente, y para cuando Tyson entró en la habitación, ella ya se había hecho con el rifle.

-Inspectora Beckett, será mejor que suelte el arma.

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Aparcó el todo terreno a pocos metros de la entrada de la cabaña. Respiró hondo y salió del coche con paso decidido. La trampilla que daba al búnker estaba abierta, invitándole a descender a su propio infierno. Cuando Tyson le dio a elegir entre Kare y su hija lo tuvo claro, elegiría a su hija. Amaba a Kate, pero Alexis era su vida entera, su razón para ser cada día mejor persona, su motor en la vida. Pero, ¿por qué elegir cuando podía salvar a las dos?

Apenas había empezado a bajar cuando escuchó un grito. Era Alexis, y sin pensárselo echó a correr. Poco le importaba si le descubrían o no, su niña, su Calabaza estaba asustada y le necesitaba. Un dispa le heló la sangre. Aún no había elegido, así que no tendría sentido que mataran a nadie. Les conocía muy bien y sabían que la mejor forma de torturarle era haciéndole presenciar la ejecución de la persona descartada. Sacó el arma que llevaba en la cadera y se cubrió con ella tal y como le habían enseñado. Un segundo disparo resonó en el búnker.

Lo que vio cuando entró en la habitación le dejó sin palabras. El cadáver de la doctora Nieman estaba en el suelo, mientras que Becket ayudaba a Alexis a quitarse las ataduras.

-Chicas, ¿estáis bien?, ¿qué ha pasado?

Castle sintió un nudo el estómago cuando Kate se giró. Se había anudado la sábana al hombro y con el pelo suelto parecía una auténtica diosa griega. Estaba temblando y se fijó en que tenía los pies manchados se sangre. Volvió a preguntar qué había pasado, pero ella seguía sin poder articular palabra.

-La sangre es de Tyson. Está muerto en la otra habitación.

El que hablaba era Ryan. El plan era asegurar el perímetro y apostarse para disparar en cuanto Tyson o Nieman dieran señales de vida, pero al escuchar los disparos no se lo pensaron, lo primero eran sus amigos.

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DOS DÍAS DESPUÉS.

Beckett salió del baño con el pijama ya puesto y se metió en la cama sin apenas mediar palabra, hecho que sorprendió a Castle. Siempre solían hablar antes de quedarse dormidos, incluso después de ser secuestrada por Vulcan Simmons o de haber estado desaparecido dos meses. Sabía que algo había pasado en aquella cabaña, pero no soltaba palabra, y Alexis tampoco sabía nada.

-¿Ya no confías en mí? -Preguntó a su esposa acariciándole el brazo suavemente. Ella se giró, alarmada por la pregunta de su marido.

-Sí que confío en ti.

-¿Y por qué no me dices qué te pasa? ¿Por qué no me cuentas qué pasó allí?

-No pasó nada, Castle. Sólo estoy cansada.

-¿Estás enfadada porque creías que no te iba a elegir a ti?

Habían evitado el tema todo lo posible; él porque se sentía culpable y ella porque no creía que hubiese nada de lo que hablar, pero al escuchar las palabras de su boca sintió una pequeña punzada en el pecho. Había estado tan cerca...

-No lo creía, lo sabía. Y no estoy enfadada por eso, era lo que tenías que hacer. Es más, ese compromiso con tu hija fue lo que me enamoró de ti.

-¿Entonces? Vamos, Kate, soy yo. Sabes que puedes contarme lo que quieras. Siempre.

-La mañana que me secuestraron, ¿te acuerdas que tardé un poco en el baño? -esperó hasta que él asintió- fue porque me di cuenta de que tenía un retraso. De dos días.

-Beckett... ¿estás...?

-No, no. Ayer me vino la regla. Y gracias a eso Tyson no me...

No hizo falta acabar la frase, ambos sabían a lo que se refería y Kate vio cómo Castle se tensaba pero hacía un esfuerzo por tranquilizarse. Le acarició la mano para hacerle ver que estaba bien y siguió hablando.

-Estoy hecha un lío, Rick. Cuando creí que iba a morir hice un repaso de mi vida. Ayudé a mi padre a superar su alcoholismo, encontré y detuve al asesino de mi madre, he contribuido a encarcelar delincuentes y a darles algo de paz a las familias. He conocido la verdadera amistad, la lealtad. Me enamoré y me casé con el hombre que una vez me pareció inalcanzable. Lo he hecho todo, menos tener un hijo.

-Beckett, ¿me estás diciendo que quieres que tengamos un hijo?

-No lo sé. Cuando creí que estaba embarazada sentí pánico, pero también me ilusioné. Y cuando vi la sangre sentí un profundo alivio porque gracias a aquello Tyson me dejó en paz. Castle, sacrifiqué a mi hijo por mi bienestar, soy un monstruo. Pero ahora... ahora siento que me falta algo. No sé cómo explicarlo... Castle... ¿por qué me miras así?

-Porque eres la persona más maravillosa que conozco. Era una buena persona, la mejor. Sentiste alivio y es normal, un secuestro no es el mejor momento para quedarse embarazada. Pero si vamos a tener un hijo quiero que sea porque tú quieres, no porque creas que ha llegado el momento o que es lo que hay que hacer, ¿de acuerdo?

-De acuerdo.

-Entonces... Katherine Houghton Beckett, ¿quieres tener un hijo conmigo?

-Sí, Richard Alexander Allan Rodger Castle, te quiero y quiero tener un hijo contigo.

Ambos se besaron, felices de emprender aquella aventura. Pero de pronto una idea cruzó por la cabeza del escritor.

-Oye, ¿a qué te referías con eso de que te casaste con quien te pareció inalcanzable? Desde el primer momento sabías lo que sentía por ti.

Durante un instante Beckett se preguntó si debía hablarle de la firma del libro. Sabía que si lo hacía el ego del escritor subiría como la espuma y estaría insoportable un tiempo. Mucho tiempo. No, definitivamente no le diría nada, aquel sería su pequeño secreto.

-No, nada. Era una forma de hablar.

FIN