Cuando abrí los ojos por la mañana esperaba ver a la chica de anoche, pero después de desaparecer no la volví a ver. Traté de ignorar lo que había visto, pero no podía, ya no podía, esto me estaba asechando de nuevo, las pesadillas fueron la primera señal de que mi "Don" regresaba.
Una maldición, siempre le había dicho a mi abuela, pero ella decía que era un Don. Nunca había entendido a la abuela, ella era la única que sabía de mis dotes no tan normales, joder, nada normales.
Cuando era una niña siempre veía cosas, nunca les presté mucha atención, pero era lógico, era una niña, pero a pesar de ser una niña, sabía que esas cosas no las podía ver todo el mundo.
Lo que yo veía no eran los muertos normales, si no los que habían tenido una terrible muerte, desesperante, tortuosa, desgarradora. Llegué a esa conclusión cuando se me aparecían, en su forma en cómo habían perecido. Pero no era lo único que podía ver, veía otras cosas, entidades oscuras, tenebrosas, nunca había sabido qué eran en realidad, lo único que sabia era que eran oscuras.
Sacudí la cabeza para desaparecer toda preocupación. Me removí en mi cama como oruga haciendo su capullo, no quería salir de la cama, no quería ir a la escuela, pero sobretodo, no quería ver a la chica.
Unas manos pesadas me hicieron saltar de mi cama.
—¡Elena, ya levántate! llegarás tarde —gracias a Dios era mi madre sacudiéndome—. Perdón por dejarte sola ayer hija —me removí como lombriz mientras ella me hacia cosquillas.
—¡Mamá basta!... No te preocupes por lo de ayer, sé que tu trabajo demanda mucho de ti, lo único que te pido es que no te pases con eso, te amo y no quiero verte matarte trabajando —sus facciones se arrugaron, elevó su mano a mi mejilla y la acarició.
—Y yo a ti cariño, ahora despierta, no quiero que llegues tarde —dejé salir un suspiro en desesperación.
—¿Mamá podría quedarme en casa hoy?
—No, claro que no, debes ir a la escuela, eso te hará bien —el sonido del timbre retumbó en toda la casa, mi madre se levantó y me rodó los ojos—. ¡Anda! levántate, vístete y pon tu mejor sonrisa —fingí una, asentí, con la cabeza, mientras ella salía de la habitación.
Salté de mi cama hacia el baño, escuché pasos en las escaleras, vi asomarse a una Caroline muy bien arreglada y lista.
—¡Hola Lena! —la saludé todavía con el cepillo de dientes en mi boca.
—H-o-l-a —frunció las cejas, cambiando el rumbo hacia mi habitación. Terminé de lavar mis dientes y me dirigí a cambiarme, Caroline estaba concentrada buscando ropa en mi armario—. ¿Qué haces? —la interrogué mientras abría el cajón de mis calcetas.
—Te ayudo a buscar algo lindo que puedas vestir hoy —arrugué el entre ceño.
—Estas queriendo decir que tengo mal gusto.
—Como te pongo esto, bueno lo que te pones es-es- demasiado gris —dejó salir en burla.
—Genial, mi mejor amiga piensa que me falta sentido de la moda.
—Elena, escucha. Stefan me habló ayer —la cara se me volvió a calentar, escuchar su nombre no me agradaba.
Volteé feroz a ver a Caro.
—Y... a mí no me importa —rodé los ojos.
—Me dijo que tenía que llevarte a la fiesta.
—Estaba considerando ir, pero ya me decidí, no iré —la empujé levemente para que me dejara sacar unos jeans y una blusa roja de mi armario.
—Elena, no me hagas esto. Tienes que ir, no quiero ir sola.
—Iras con Bonnie, así que no irás sola.
—¡No es justo! —refunfuñó pisando fuerte.
Reí, verla hacer sus berrinches, era lindo.
—Lo pensaré, pero si me vuelves a mencionar a Stefan, te juro que no te acompañaré y esta vez no cambiaré de opinión.
—Está bien, no te hablaré más de él —terminé de cambiarme, bajamos.
Mi madre ya estaba en la puerta lista para partir.
—Cariño, debo irme antes, tengo muchos informes que llenar, te amo, pórtate mal —se acercó y depositó un beso en mi frente—. Adiós Caroline —se despidió de nosotras y cerró la puerta detrás de ella.
—Miri anda en modo ninja.
—Sí, anoche tuvo que atender una riña de pareja.
—Qué horror, nunca me casaré —se sacudía como si estuviera sacudiéndose tierra encima de ella
—Nos vamos —repliqué algo cansada, ella frunció las cejas.
—¿Te encuentras bien? Te ves agotada.
—Estoy bien, es solo que anoche no dormí muy bien, sin mencionar que Katherine me sacó la casta en esa práctica.
—Lo sé, ¡qué perra! Pero supéralo, a veces pareces una anciana.
—Lo sé, a veces pienso que soy una anciana en el cuerpo de una adolescente —rió en burla.
Salimos hacia la parada del autobús. Caroline estaba más enérgica esta mañana, se movía de un lado para el otro, volteó a verme, señalándome.
—Bonnie está preocupada por ti.
—¿Te mencionó algo?
—Sí, ayer por la noche me llamó, dice que te notó diferente, como perdida.
—Caroline escucha, no se preocupen, pronto me recuperaré —ella rodó los ojos.
—Entonces qué te pondrás para la fiesta —el autobús llegó, antes de subir e ignorar la pregunta de Caro, pude notar al otro lado de la calle al joven de ayer, maldición, esto ya era acoso. La conductora me hizo señas para que entrara, Caro me empujó—. Elena, ¿qué te pasa? apúrate —parpadeé varias veces, el joven ya no estaba, tal vez esto era mi imaginación.
Caminé hasta mi asiento, esto ya era raro, demasiado.
—¿Quién es él...?—murmuré mas para mí.
—¿Quién es quién? —me preguntó Caroline intrigada.
—Nadie, olvídalo.
—Entonces qué te pondrás.
—No lo sé, tal vez me ponga mi mascara de no me importa —Caro entrecerró los ojos, apretó los labios, y frunció el ceño.
—Eres tan aguafiestas, pero bueno, no te preocupes, te ayudaré a lucir hermosa —me recosté en mi asiento, en verdad tenía cosas por las que debía preocuparme y una fiesta no era mi prioridad.
Llegamos a la escuela, el clima estaba muy cálido, de seguro nos harían practicar afuera. Caminé hacia mi casillero junto con Caroline, ella se detuvo para hacerme seña de que iría al baño, asentí con el rostro y caminé a mi casillero, deslicé mis libros en éste, lo cerré y salté de la impresión.
Stefan estaba al lado mío, recostado en el casillero de Caroline, mis ojos se abrieron en sorpresa, el corazón me saltó a la boca, me había tomado por sorpresa.
—Hola, Elena —sus largas pestañas se entrecerraron, alzó ambas cejas sin despegar su mirada de mi rostro.
—Hola, Stefan —murmuré, mi tono no era amable.
—Siento lo de tu abuela.
—¡Ah! claro, gracias —los murmureos empezaron a crecer en el pasillo, maldición, odiaba la escuela.
—Me imagino que ha de ser muy duro perder a un ser querido y más cuando es tan cercano ¿cierto? —se acercó un poco más a mí, cortando la distancia que ya era poca, suspiró y su musculoso pecho subió. Bajó el rostro y la mirada a mis labios, que demonios le pasaba.
Me hice hacia atrás.
—Si es duro, pero mi madre y yo lo estamos sobrellevando —volvió a hacerse unos pasos hacia adelante, volviendo a cortar la cercanía, tomó unas hebras de mi cabello con sus largos dedos, se pasó la lengua por los labios, se lo quité de inmediato, le fruncí las cejas.
—Lo siento, es solo que tienes un cabello muy llamativo —mierda él era extraño.
—Adiós, Stefan.
Cerré mi casillero, me di media vuelta, y me pegué contra un pecho duro, alcé la mirada algo alarmada.
Kai me observó con detenimiento.
—Perdón, estás bien —me tomó de los hombros, cerciorándose de que no me había ocurrido algo. Un calor empezó a recorrerme desde las orejas hasta las mejillas, su toque me estremeció.
Kai era guapísimo, él si me robaba la mirada. Me aclaré la garganta para deshacer el nerviosismo que me empezaba a invadir.
—Sí, si-si estoy bien —mi cerebro tardó en conectarse con lo que quería responderle. El ladeó una sonrisa, de esas que te dejan sin respiración por un momento. Un calor empezó a bajarme, un cosquilleo me hizo erupción en el estómago. El abrió sus ojos emocionado.
—Dime, ¿iras a la fiesta de Stefan?
—¿No lo sé?
—Vamos Elena, deberías divertirte un poco, anda, hazlo por mí —bueno, eso era definitivamente una razón por la que si debía considerarlo y claro hacerle caso a Caroline y ponerme súper guapa.
Escondí la mirada, no quería que notara mi vergüenza.
—Está bien, creo que sí, nos veremos allí.
—Genial, pero en verdad deseo verte en esa fiesta — tragué saliva, alcé la mirada para toparme con sus ojos oscuros, profundos, su sonrisa era tan coqueta y sexy. Me guiñó un ojo y mi corazón dio tres saltos. Se despidió de mí y siguió su camino. Lo seguí con la mirada, quería admirarlo un poco más, le llegó a Stefan, quien estaba al otro lado platicando y haciendo escándalo con el resto del equipo de fútbol, ni siquiera había visto la interacción entre Kai y yo.
Sentí un pellizcó en mi brazo, volteé el rostro, Caroline tenía una sonrisa tan pervertida que me había causado escalofríos.
—Así que una invitación de Papí Kai era todo lo que necesitabas para ir ¡ja! creo que acudiré a él cuando quiera convencerte de algo —rodé los ojos y caminé hasta mi clase, ignorando todos los murmuros en el pasillo e incluso el escándalo de Caro.
Me estaba atragantando con la manzana, escuchar a Caroline decirle a Bonnie que pronto andaría de novia con Kai, no me causó nada de gracia. Bueno, eso era mas bien un sueño.
Bonnie se echó a reír.
—Basta Caroline, esas son tus locas ideas —le reproché, molesta.
—Me gusta Stefan, pero no puedo negar que Kai es caliente, además, se ve que tiene el paquete mas grande —se mordió los labios.
Bonnie escupió la leche con chocolate.
—Jesús, Caroline, tienes que mencionarlo de esa forma —reí al verlas pelear, me deslicé en mi asiento para levantarme. Caro me tomó de la muñeca.
—¿A dónde vas?
—Al baño.
—Lena, hoy practicaremos afuera, solo te informo para que no vayas al gimnasio —asentí con la cabeza y me dirigí al baño.
Unas chicas estaban llenándose las mejillas de rubor. Al verme entrar se cuchichearon algo entre ellas, me observaron de pies a cabeza. Les alcé una ceja, agarraron su tonelada de maquillaje y salieron del baño todavía con la mirada en mí. Moví mi cabeza con negación, ¿qué les sucedía?
Iba a dar un paso, cuando de nuevo todo empezó a congelarse, maldición, por qué ahora mismo, esto parecía película de terror, apreté los ojos mientras el frió se congelaba en mi piel, los bellos se me erizaron, corrí a esconderme en un baño. Aunque era estúpida la idea, por lo menos me ayudaría a afrontar lo que se venía, me subí en la taza, me abracé a mí misma.
Vi una sombra desplazarse por abajo de la puerta, me tapé la boca para no dejar salir mi respiración, la puerta empezó a agitarse ferozmente. Me agarré el pecho con la mano libre, un aleteo se escuchó cerca de los lavamanos, la sombra desapareció, pero el ambiente seguía igual, bajé los pies tratando que el temblor en mi cuerpo no me ganara y me hiciera tropezar. Abrí la puerta de un solo golpe, no quería que algo me saltara de repente. No vi nada, vi para un lado y para el otro, salí algo aliviada, di un paso y sentí un frió pesado atrás de mi, volteé el rostro y me tapé la boca para no gritar.
La chica estaba detrás de mí, di un salto asustada, mi pulso vibraba en mi cuello. Junté fuerzas para poder hablar con ella.
—Otra vez tu-tu, ¿qué-qué quieres? —ella ladeó el rostro y señaló por arriba de mi cabeza, alcé la mirada, mis ojos se abrieron en susto. Era el ser extraño de mis pesadillas, me removí hacia un lado, pegando con la pared. Él me observaba detenidamente—. ¡Por favor no me hagan daño! —les supliqué, pensando que tal vez tenían un poco de bondad. Un aullido se escuchó en todo el baño, los oídos me rechinaron, el ser se movió en un círculo, arriba de mi cabeza, otro aullido se volvió a escuchar cuando abrió la boca. La chica temblaba, ella le tenía pavor, en lo que parpadeé, él estaba enfrente de mí, me tragué el grito, si le mostraba temor, tal vez me lastimaría—. No te tengo miedo —dejé salir segura, pero esperaba que no notara que por dentro el temor me estaba consumiendo. El sonrió dejándome ver su sonrisa, dejándome ver una fila de dientes puntiagudos, quiso acercarse aun más a mi rostro—. Te ordeno que te vayas —le grité alzando mi mano.
Alcancé a tocar algo que parecía humo alrededor de él, mi toque lo enloqueció, empezó a dar vueltas hasta desaparecer ante mis ojos. Una luz blanca me cegó por un momento, caí de rodillas, mi respiración estaba irregular, había sentido algo fluir dentro de mí. Traté de inhalar aire, sentía que los pulmones se me iban a cerrar, la chica seguía parada en el mismo lugar, pero esta vez no traía la mancha roja, ella se veía angelical, me sonrió con ternura. Traté de pararme agarrando mi pecho, ella caminó hacia a mí. Le negué con el rostro para que no se me acercara, pero ella no me entendió, se acercó a mi mejilla, depositó un beso en ésta. Sentí una fuerte punzada en la parte baja de mi estómago, quise gritar del dolor pero nada salió.
En un segundo todo volvió a la normalidad, me sostuve de la pared, la chica ya no estaba. Unas risas se escucharon en la entrada, dos chicas entraron por ésta, sus ojos se alarmaron al verme. Una de ellas se me acercó, algo preocupada.
—¿Estás bien? —asentí con el rostro frenéticamente—. Porqué no lo pareces, te ves demasiado pálida, ¿estás segura que te encuentras bien? —la otra chica me veía horrorizada, se cubría escondiéndose con sus brazos, como no queriéndose contagiar de mi locura.
—Si, estoy bien. Gracias —murmuré, el pecho aun me dolía—. Estoy bien, es que vi una rata por eso me asusté —mentí.
—¡Una rata! ¡hay qué horror! —chilló la chica saliendo en una carrera del baño, la otra chica le siguió.
Traté de pararme, las piernas me temblaban, el dolor era menos, se empezaba a desaparecer, caminé hasta salir del baño, nadie me había escuchado, nadie me había visto.
Llegué con Bonnie y Caroline todavía removiéndome por lo que había pasado minutos atrás.
—Elena, pensé que te habías ido en la taza —se burló Caroline, negué con el rostro.
—Bueno, las veo en la práctica —Bonnie se levantó de su asiento, se acercó a mí—. Lena, luces algo pálida, deberías ir con la enfermera.
—No, estoy bien.
—¿Qué pasó?, acaso te encontraste a uno de tus calientes pretendientes —Caro me empujó con la cadera.
—No, claro que no —las dos rieron, me senté en la banca.
—Bueno, me voy, tengo examen —Bonnie se despidió, Caroline le siguió.
—Nos vemos al rato, Elena —me dio un beso en la mejilla, me sobresalté, ella se rió, pensaba que estaba bromeando.
Yo aun seguía temblando, todo eso había sido más de lo que alguna vez mi maldición me había perturbado, inhalé aire y traté de concentrarme, todavía no lo creía, qué había sido todo eso. El ser oscuro al tocarlo había desaparecido y la chica lucía diferente. Mi abuela ya no estaba, ahora con quien podía discutir o contarle mis anécdotas, era tiempo de abrir la carta que mi abuela había dejado para mí.
Pasé toda la mañana y parte de la tarde tratando de olvidar el raro incidente en el baño, para la hora de la práctica casi lo tenía olvidado, bueno, al menos lo había podido tratar de superar, de algo estaba segura, la chica no me asecharía mas, sentía que había encontrado la paz o como le llamaran, aun no entendía ni como.
Llegué por la parte de los estacionamientos hacia la cancha de afuera, las chicas ya practicaban, empuñé mis manos, tenía que concentrarme si no quería que Katherine me diera de su mierda de nuevo. Al pasar por un auto negro, algo llamó mi atención, volteé el rostro, para mi sorpresa era el joven misterioso, ¡joder! esto ya era demasiado.
Molesta cambié de rumbo hacia donde estaba él, al verme acercarme frunció las cejas. Me paré rígida y le señalé con el dedo.
—¡Muy bien, hasta aquí llega tu acoso! ¿quién demonios eres? —él no se movió, sus brazos estaban cruzados en su pecho, me observó con una expresión divertida en su rostro. Me dio una sonrisa torcida, me estremecí, un escalofrío corrió por mi espina dorsal. El fijó sus ojos azul intenso en mi rostro, sus ojos eran bastante llamativos eran como zafiros brillando con la luz del sol. Tal vez estaba enojada, pero podía notar cuando un hombre estaba guapo y él aunque tal vez era un loco acosador, era malditamente sexy. Barbilla cuadrada, piel blanca, cabello oscuro, facciones bastante masculinas, pero su actitud, lucía tan arrogante, por la forma en cómo me observaba. Sacudí el rostro para concentrarme en mi enojo, no en lo guapo que era—. Y bien, ¿dime quién eres? esta no es la primera vez que nos vemos —separó los labios que sostenía en una perfecta sonrisa, para contestar.
—¿No pensaba que podías verme? —mi rostro se contrajo, un hoyo se me formó en el estómago.
—Como que no pensabas que podía verte, escúchame bien loco, mi madre es la Sheriff de aquí, así que es mejor que te des la vuelta y no regreses, si no quieres que levante un reporte, de qué me estas acosando —se paro rígido deshaciendo su posición.
—No entiendo cómo es que puedes verme, he visto a otros como tú, pero jamás habían logrado verme —se puso una mano el barbilla observándome de pies a cabeza. Tratando de comprender.
—¡¿Disculpa?! —sus palabras me desconcertaron, él estaba loco.
—No eres normal, bueno, en lo que cabe de lo normal que yo conozco —fruncí las cejas, él estaba hablando de otra cosa.
—¡Mira idiota! ¿no sé de que hablas? pero no quiero verte de nuevo por aquí, por lo visto no eres alumno de esta escuela, así que debes irte —empezó a dar unos pasos acortando nuestra distancia, me quedé helada.
—Quieres saber quien soy ¿cierto? —entrecerré los ojos sosteniendo el aliento, el olía bien.
—Pues, por lo visto eres un loco que le gusta andar acosando chicas, o tal vez un asesino en serie —una sonrisa arrogantemente, se formó en la conjetura de sus labios.
—No, pero algo parecido —empuñé las manos, me estaba irritando.
—¡Mira idiota! es mejor que te des la vuelta y te alejes de aquí, porque si de verdad aprecias tu libertad, no estarías acosándome —él volvió a sonreír.
—¿Por qué estas tan segura que te estoy acosando a ti? —suspiro cerca de mi rostro, rodé los ojos, porque estaba haciendo esta plática más larga, solo debía decirle que se perdiera, eso era todo.
—¿Quién eres? —pregunté algo nerviosa por su respuesta.
—¿De verdad quieres saberlo? —alzó una ceja, su tono de voz era tan arrogante, que me irritaba.
—Sí, ¿demando que me digas quien eres? —se hizo hacia adelante y me estudió con la mirada, me perdí un momento en sus ojos, tragué saliva ¿por qué me hacía sentir de esta manera?, mi piel empezó a enchinarce, curvó una sonrisa en sus labios.
—Soy el Ángel de la muerte —parpadeó varias veces antes de enderezarse.
¿Había escuchado bien? de una cosa estaba segura, los guapos también podían estar locos.
—Que gracioso, muy gracioso, bueno Ángel de la muerte, te diré dos cosas, una, aléjate de mi, dos, si no lo haces, le diré a mi madre y como ya te dije, ella es la Sheriff del pueblo, así que es mejor que no vuelva a verte cerca de mi—. Caminó unos pasos hacia atrás, volviéndose a acomodar en el bumper del auto, frunció las cejas algo confundido—. ¡¿Qué esperas?! ¡Vete! —le hice señas con las manos, el estómago me ardía de rabia, él me enfadaba.
Se levantó y empezó a caminar a pasos lentos, se volteo guiñándome un ojo.
—Te veré pronto, muñeca —lo observé molesta, estaba retándome, maldito idiota.
Me giré caminando con pasos pesados, ¿qué demonios me había dicho? era un idiota, de eso no había duda, probablemente era uno de esos locos que buscaba molestar a jovencitas en la escuela. Si lo veía de nuevo, le haría saber a mi madre.
Llegué hasta donde estaban practicando, Katherine al verme me dio una mirada fría. Se acerco a mí.
—Elena, llegas tarde.
—Lo sé y lo siento, es que hubo algo que me entretuvo —me observó de pies a cabeza.
—Que no vuelva a pasar, te daré dos semanas más, si no, te quedarás en la banca —asentí con el rostro—. Muy bien, regresa a tu lugar —me posicioné y seguimos con la práctica.
Cada vez que podía, daba un tour ocular para ver si no veía a el loco, pero no volvió aparecer, en verdad le había asustado lo que le había dicho. Traté de relajarme y concentrarme en la práctica.
Terminamos con la práctica, estaba muerta de cansancio. Bonnie y Caroline se acercaron a mí, venían sacando la lengua, ambas estaban igual que yo, eso me aliviaba un poco, me sentía como una anciana doliéndome todos los huesos.
—¿Elena, por qué llegaste tan tarde? —sabía que habría interrogatorio de parte de Caro, ella estaba peor que mi madre. Fingí una sonrisa antes de contestarle.
—Me entretuve con algo, pero lo importante es que llegué ¿cierto?
—Eso sí —rió Bonnie.
—Bueno y díganme, ya saben ¿qué se pondrán para la fiesta? —Caroline y sus preguntas. Traté de ignorar lo que acababa de decir, aunque sabía que de nada serviría—. ¡¿Elena...?!
—Caro, aun no sé si iré —su cara se tornó roja, que Dios me librara, ella era terrible cuando se molestaba.
—Anímate Lena, será divertido, incluso iré yo, y bien sabes que no me gusta andar mucho en fiestas —le di una leve respuesta con el rostro.
—Bueno, creo que ya había quedado que iría ¿cierto? —elevé los hombros resignada, ellas sonrieron aliviadas.
—¿Nos vamos juntas? —asentí con el rostro. Partimos juntas.
Pero mi mente iba en que demonios usaría para la fiesta.
