Los días se esfumaron como espuma, no podía creer que ya llevara una semana de nuevo en la escuela, poco a poco me sentía que estaba volviendo a la normalidad, ninguna cosa me había vuelto asechar desde el incidente en el baño, incluso las pesadillas habían desaparecido, razón por la que no abrí la carta que me dejó la abuela.
Una parte de mi tenía miedo, miedo que después de leerla, todo en mi vida cambiara. Al fin, estaba olvidando de nuevo, al fin estaba sintiéndome cómoda. Tampoco había visto al chico con las lagunas en los ojos, eso era bueno.
El día de la fiesta en casa de Stefan se llegó. Mi madre me había permitido ir, ella era la que más me había animado a que asistiera, bien sabia que ella quería una vida de adolescente normal para mi, y eso haría, trataría con todas mis fuerzas de que así fuera.
Llevaba media hora tratando que mi cabello quedara en su lugar, al final, me había comprado un vestido, bueno Caroline lo había escogido por mí. Era lindo, era color amarillo, se amarraba por el cuello, aunque tenía que ponerme una chaqueta, en este tiempo el frío a veces podía atacar sin aviso. El vestido no era lo que normalmente usaría, pero sabía que si no lo usaba, Caro me daría un sermón de esos que quisiera ser mejor sorda.
Volví a observarme en el espejo, tomé mi brillo y puse un poco en mis labios. Estaba lista, caminé hasta las escaleras para bajar, cuando escuché un ruido en la habitación de huéspedes, nunca entrabamos a esa habitación, por eso, se me hacía raro que se escucharan sonidos de adentro. Algo dentro de mí me decía que lo ignorara, tal vez era el aire, pero mi otra parte me impulsaba a que le diera un vistazo.
Caminé a pasos lentos, giré la perilla. Estaba oscuro, encendí la luz, no era nada. Entré en la habitación, no era muy grande, otro sonido se escuchó, pero ahora venía de mi habitación. Muy bien, eso era extraño, era como si estuviera moviéndose. Una sensación de miedo se alojó en mi estómago.
Salí de la habitación hacia la mía, los bellos detrás de mi cuello empezaron a encresparse, abrí la puerta y salté de la impresión, podía ver a alguien sentado al borde de mi cama, la luz que entraba por mi ventana, revelaba una silueta. Encendí la luz de golpe, nada, no había nada, inspeccioné mi habitación una vez más, me estaba volviendo loca, se que había visto una silueta sentada al borde de mi cama.
—¡Elena! ¡Caroline esta aquí! —la voz de mi madre me sacó de trance, apagué la luz y cerré la puerta.
Demonios, no entendía que me ocurría, pensé que la chica en verdad se había esfumado, sí, estaba segura, esa silueta había sido como la de un hombre.
Bajé fingiendo una sonrisa, tenía que calmarme, todo había sido visiones mías, sí, eso era.
—Elena voy a llorar, ¡luces tan hermosa! —Chillo Caroline, mientras se aferraba a mí en un fuerte abrazo.
—No seas tan exagerada.
—Lo digo enserio, ¡luces hermosa! —di un suspiro dándome por vencida.
—En verdad luces linda hija, me da gusto que salgas a distraerte un rato, solo prométanme que no tomaran alcohol —los ojos de mi madre cambiaron de tiernos a serios.
—Miranda, te lo prometemos.
—Me sorprende la tranquilidad con la que lo tomas.
—Hija, yo también fui joven, sé que en esas fiesta siempre hay uno que otro que cuela alcohol, no soy tonta, pero sé que tú te portarás bien —me acerqué a mi madre y deposité un beso en su mejilla.
—Te amo. Nos vemos.
—¿Quién las llevará y traerá?
—Mi hermano —Caro se adelantó a contestar, la vi de reojo, sabía que estaba mintiendo, la conocía mejor que nadie, sus orejas se ponían rojas cuando mentía.
—Bueno, pásenla bien chicas, nada de beber, cualquier problema puedes llamarme.
—Claro mamá.
Salimos de la casa. Un auto negro estaba estacionado enfrente de mi casa, pero sabía de quien se trataba, observé a Caroline con duda, ella me giró los ojos poniéndolos en blanco.
—Perdón, no sabía a quién pedirle que nos llevara, no podía decirle a mi hermano, sabes lo fastidioso o la burla que seria que mi hermano me de un aventón a la fiesta, es embarazoso.
—¿Y por eso llamaste a tu Ex? —me dio una mirada congelante—. Claro, te entiendo, es menos embarazoso que tu Ex te lleve a la fiesta —dije con ironía en mis palabras.
—Ya te dije que no sabía a quien llamar —sonreí mientas nos acercábamos al Honda de Nik, el Ex novio de Caroline.
Ella abrió la puerta de atrás y me dio el paso, me deslicé en el asiento saludando a Nik.
—¡Hola Nik! ¡cuanto tiempo! —giró el rostro y sonrió, dejándome ver su hoyuelo que siempre se le hacía en la mejilla izquierda.
—Hola Elena, bienvenida, me da gusto que estés de vuelta —Caroline se sentó al lado mío empujándome con su cadera para que pudiera sentarse mejor.
—Después se saludan, ahora maneja, tenemos que ir por Bonnie —ella se cruzó de hombros.
Nik giró los ojos dejando salir el aire desesperado.
No entendía cómo era que todavía soportaba a Caroline, tal vez muy en el fondo todavía la amaba, sabía que ella lo amaba, aunque ahora estuvieran separados, su relación era algo tóxica si se le podía llamar así. Siempre estaban así, cortando y volviendo.
Después de pasar por Bonnie, llegamos a la casa de Stefan, él vivía en una mansión, sus padres tenían mucho dinero, eso era algo de lo que lo hacía tan popular.
Nos bajamos todas del auto. Nik nos dijo que nos vería adentro, tenía que buscar un estacionamiento.
Las tres caminamos hasta la entrada del gran salón que estaba a metros de la casa de Stefan.
Adentro era un caos, bueno, en mi opinión. Habían tantas personas, que era increíble lo grande que era el lugar y lo pequeño que ahora lo hacían los gorrones. Sabía que mitad de los que estaban aquí, ni siquiera sabían que era el cumpleaños de Stefan, estaban aquí por la cerveza gratis.
La música sonaba fuerte, haciendo eco en cada esquina, en el centro una bola con luces, esto parecía un club nocturno, incluso había una barra, de seguro mi madre se la hubiera pensado dos veces en dejarme venir, si hubiera sabido lo que encontraría aquí.
Caroline estaba maravillada, empezó a moverse entre la gente, nos hizo señas a Bonnie y a mí para que la siguiéramos.
Llegamos a la barra sanas y salvas, esto en verdad estaba lleno. Caro movió los labios pero no pude escuchar lo que decía, la música estaba bastante fuerte, además que estábamos cerca de las bocinas, la vi dar unos pasos hacia enfrente, la tomé de la muñeca y alcé los hombros en respuesta. Ella me hizo señas con las manos que le diera un minuto, la solté. Bonnie se acercó a mi oído.
—No te preocupes, yo la acompañaré, quédate aquí —susurró, asentí con el rostro.
El chico que estaba en la barra se acercó a mí, me hizo señas para ver qué tomaría, le negué con el rostro, él frunció las cejas algo sorprendido, elevó un vaso de plástico que me suponía contenía cerveza, le volví a negar con el rostro, sonrió e hizo pucheros con sus labios, pero no me volvió a preguntar.
La música seguía en todo lo que daba, empecé a entrar en el ambiente, dejándome llevar por la voz de Jason Derulo «Talk dirty to me».
Sentí una mano bajar por mi espalda y un aliento en mi oreja, me volteé violentamente para toparme con los ojos de Stefan, me sonrió guiñándome un ojo, le devolví la sonrisa. Movió los labios, pero no podía escucharlo, la Música era más fuerte, impedía que le entendiera, me hizo señas para que lo siguiera, le negué con el rostro, frunció las cejas y me tomó del brazo no prestando caso a que me había negado. Caminamos hasta el otro extremo de la barra, aquí era un poco menos la música, además, Alicia Keys era la que ahora cantaba, las parejas empezaron a ponerse melosas. Stefan se acercó a mi rostro para hablar, me hice unos pasos hacia atrás, él apestaba, al parecer ya tenía ratos bebiendo, sus ojos lo mostraban.
—Me da gusto que vinieras —fingí una sonrisa, sus ojos se entrecerraron—. Luces deliciosa —se pasó la lengua por los labios. Eso no me hizo sonreír, en verdad el tipo era un idiota. Solo giré el rostro para tratar de ignorar lo que acababa de decirme—. ¿Quieres bailar? —gritó para que pudiera escucharlo.
—Feliz cumpleaños —dije ignorando que me había invitado a bailar, me hice unos pasos hacia atrás, me tomó de la muñeca de nuevo, halándome con fuerza.
—Gracias, pero me gustaría que bailaras conmigo, anda, como regalo.
—Es que yo no bailo —dije desviando la mirada. Sentí sus manos tomarme de la muñeca, halándome fuertemente a su cuerpo. Qué le sucedía, quería bailar a la fuerza, sin importarle nada.
Con aires de prepotencia, me guió hasta la mitad de la pista, puso sus grandes manos de gorila alrededor de mi cintura, atrayéndome a su cuerpo.
—Te enseñaré —murmuró mientras sus ojos bajaban a mis labios, dándome por vencida me dejé guiar por él, no quería pelear—. En verdad luces hermosa, Elena —dijo, posicionando su cabeza cerca de la curva de mi cuello.
—Gracias —respondí, rezando para que la maldita canción acabara.
—Eres tan tímida, eso me gusta de ti —tragué saliva y moví mi rostro hacia un lado.
Unos ojos azulados me observaban. Era él, el patán del estacionamiento me veía divertido, con una gran sonrisa en su maldito y arrogante rostro. Se cruzó de brazos mientras no despegaba la vista de nosotros. Lo reté con la mirada, él sonrió aun más ampliamente, él se estaba burlando de mí.
Las manos de Stefan empezaron a bajar por mi espalda hasta llegar a mi trasero, salté en mi lugar y alejé sus manos.
—¡Oye campeón! tranquilo, ¿no crees que vas demasiado rápido? —dejó salir una risita irónica.
—Vamos Elena, sé que te gusto —la ira empezó a calentarme la cabeza, este maldito idiota.
—No Stefan, estas muy equivocado, no me gustas, es más, no me agradas —me giré para salir de allí, pero me tomó de la muñeca.
—No te hagas la mojigata conmigo, sé que te gusto, es mas, nadie se resiste a mi —traté de remover su fuerte agarre de mi muñeca, pero me tenía bien apretada, me empezaba a pulsar.
—Stefan, me estas lastimando —chillé para que me soltara, una mano cortó la presión, alcé la mirada para ver a Kai. Sus ojos se encontraron con los míos, me dio una suave sonrisa.
—Stefan, ven amigo, Katherine acaba de llegar y está preguntando por ti —me guiñó un ojo e hizo señas para que saliera de allí. Stefan chasqueó la lengua, no siguió prestándome atención, rodeó el cuello de Kai, los dos caminaron hacia donde se encontraba Kat.
Salí molesta de la pista de baile hasta la barra, busqué al idiota del estacionamiento, pero no estaba. Además, tampoco podía ver a Caroline ni a Bonnie, estaba empezando a preocuparme, sentí un toque en mi hombro, me giré, el chico de la barra sostenía un vaso de plástico rojo, me sonrió entregándomelo.
—Creo que después de eso, lo necesitas —lo pensé unos segundos, pero joder, él tenía razón, estaba furiosa por la actitud de Stefan, además yo no quería venir.
Recibí el vaso y me lo empiné de un solo, arrugué la frente cuando sentí el liquido amargo empezar a caer por mi garganta.
—Tranquila, no te vayas ahogar —esa voz.
Volteé el rostro hacia la voz, sus ojos fue lo primero que vi, no podía negar, aunque fuera un loco acosador, él era endemoniadamente guapo, es más, lo podía catalogar hasta como sexy. Sus labios se curvaron en media sonrisa, su intensa mirada me ponía nerviosa.
—¡¿Qué demonios haces aquí?! —grité, la música seguía sonando, no entendía ni como lo había escuchado.
Él siguió sosteniendo la sonrisa retadora.
—Es una fiesta, vine a pasarla bien —elevó su tono de voz, pero él no estaba gritando era como si pudiera escucharlo en mi cabeza, sacudí el rostro algo perturbada, él seguía estudiándome, lo sentía de esa forma, prestaba atención a cada movimiento que hacía con mi rostro—. Pero tú no la estas pasando bien ¿cierto? —sonrío con ironía.
—¡Eso que más te da! —cuadré los hombros molesta, quitando la mirada de su rostro, me crucé de brazos—. Te dije que si volvía a verte, te reportaría con mi madre —volví la mirada hacia él. Estaba más cerca. Poco a Poco se acercó aun mas a mí, lentamente elevó sus dedos a las puntas de mi cabello, lo tomó. Me hice hacia atrás, qué tenía mi cabello que les atraía—. No hagas eso —abrió los ojos algo sorprendido.
—¡Vaya! esto es increíble, puedo tocarte —él era un loco, me traté de cubrir.
—Estas demente.
—¿Desde cuándo puedes verlos? —ahora sus ojos estaban penetrados en los míos, él se veía fascinado.
—¿De qué hablas? —pregunté confundida, pero un malestar empezó alojarse en mi estómago, por qué me estaba haciendo esa pregunta, elevé mi dedo y le apunté—. Escucha bien amigo, es mejor que des la vuelta y me dejes en paz, si no te las veras con mi madre —sonrió y desvió los ojos arriba de mi hombro.
Giré la cabeza, para ver qué había atraído su atención, Caroline y Bonnie aparecieron junto con Nik.
—Lo siento mucho Elena, tuvimos un percance en la entrada —me señaló la entrada, volvió a posar su mirada en mi rostro algo confundida—. ¿Estabas con alguien? —me preguntó confundida.
—No, nadie en especial —dije mientas movía la mirada a donde el loco se encontraba, pero ya no estaba, lo busqué, pero no pude encontrarlo, por qué carajos quería encontrarlo, él era un loco después de todo.
Nik se acercó a Bonnie, le preguntó si quería bailar, ella aceptó.
Los dos se movieron a la pista de baile. Volteé a ver a Caroline, ella se veía algo molesta.
—Míralo, es un tonto, cree que así me dará celos.
—¿Y no...?
—Claro que no, Nik no me importa.
—Cuantas veces te lo repetirás, hasta que te lo creas —puso los ojos en blanco.
—Bueno ¿y dónde esta Stefan? —el estómago se me revolvió.
—No me hables de ese idiota —Caro abrió los ojos algo sorprendida.
—¡¿Por qué?! ¿Paso algo mientas no estábamos? —asentí con el rostro, mientras bajaba mas mi rostro a su oreja.
—El muy idiota me forzó a bailar, accedí, pero no le bastó con eso, cuando estábamos bailando quiso tocarme el trasero, quise dejar de bailar y me tomó fuerte de la mano, no quería dejarme ir, hasta que Kai llegó por él —Caroline tenía un rostro de sorpresa.
—Así que después de todo si es un idiota —giré los ojos.
—Bueno, no te desanimes todavía te queda Kai y su gran paquete —sonrió pícaramente, le negué con el rostro.
Caro estaba demente.
Un chico se nos acercó, la invito a bailar, ella me vio, le hice señas para que no se preocupara por mí, yo podía quedarme sola. Sonrió y aceptó salir a bailar con él.
Me sentía algo acalorada, de verdad no me gustaban estos ambientes, quería salir a tomar aire, después de pensarlo por unos segundos me dirigí hacia la salida.
Sentir el aire pegándome en el rostro era delicioso, aspiré fuerte, para llenar mis pulmones. Algunos chicos estaban afuera, pero el ambiente estaba adentro. Posé una sonrisa en mi rostro mientras caminaba hacia la fuente que estaba en medio del jardín, una brisa helada hizo que quisiera cubrir mis hombros, con mis manos, la piel se me enchinó.
Llegué al borde de la fuente, era muy hermosa, la casa de Stefan era magnifica, parecía un castillo.
Me acerqué a la fuente, podía ver mi reflejo en el agua, en un abrir y cerrar de ojos todo se congeló, un frío congelante empezó a salir de mi boca, volteé mi cuerpo violentamente, mis ojos se abrieron, tapé mi boca para no dejar escapar el grito que se apoderó de mi.
En frente de mí estaba un chico como de unos dieciséis, se veía muy mal, estaba en la forma en cómo había muerto, hacía falta una parte de su cabeza, sangre cubría todo su rostro, sus ojos estaban vacíos.
Empecé a temblar. La imagen no era nada linda, traté de caminar unos pasos pero me tropecé con la fuente, el chico dio unos pasos hacia mí, le negué con el rostro, él quería tocarme.
—No-n-o por-por- favor —le dije en sollozos, tratando de esconder el pánico que sentía por dentro, separó los labios para hablar, pero un aullido se lo impidió, cerré los ojos con fuerza tumbándome de rodillas en el piso, tal vez si lo hacía, todo esto acabaría, escuché sus pasos hasta llegar a donde me encontraba, abrí los ojos lentamente elevando la mirada, él sonreía algo aliviado, me señaló con el dedo tratando de tocarme, tomé una bocanada de aire, me levanté de golpe tratando de correr, pero no pude moverme, esto no podía estarme pasando de nuevo. Me moví con fuerza hacia un lado y trate de correr.
El chico ya estaba al lado mío de nuevo, otro aullido se escuchó, pero esta vez más cerca, el chico estaba alarmado, veía temor en él, me vio una vez más, entrecerró los ojos y agachó el rostro como disculpándose, con eso, puso una mano en mi hombro. Solté un grito, que sentía que me desgarraría la garganta, el dolor que sentía en el lado derecho de mi cabeza punzaba con fuerza, era como si me estuvieran quemando la piel viva. Con mis manos traté de sostener mi cara, sentía que explotaría, o mas bien, que la piel de mi cara se empezaría a caer. Una luz blanca empezó a cegarme por un momento, entre mi visión borrosa del mismo dolor que sufría, pude ver al chico sonreír aliviado, un aire giró a mi alrededor tumbándome en el suelo, todo volvió a la normalidad. El ambiente era igual de nuevo, con mis codos trate de impulsarme pero me sentía débil. Mi cuerpo temblaba.
¿Qué nadie había visto eso?, nadie había podido verme o ayudarme cuando me escucharon gritar.
La cabeza me daba vueltas, sentía una leve pulsación en mi cabeza, con temor elevé mi mano al lado derecho, tenía miedo de sentir algo, cuando sentí que todo estaba bien, dejé salir el aire que tenía reprimido.
—¡Ahora sé que eres! —esa voz.
Me sobresalté y lo busqué con la mirada, guiándome por su voz. Estaba sentando en la fuente, observándome. No tenía una sonrisa, ni nada, solo un rostro serio, frío.
Me levanté con las pocas fuerzas que todavía tenía. Estabilicé mis piernas, sacudí mi vestido, estaba lleno de tierra, elevé la mirada a su rostro.
—¿A-a que te refieres? —pregunté con mucho temor, él había visto todo, solo eso explicaba de lo que estaba hablando.
—A que se que eres —sus ojos brillaban como dos estrellas, podía ver curiosidad llenándolos—. Pero tenía mucho que no veía una como tú.
—¿Como yo? no te entiendo, tu viste todo lo que me pasó —con pasos torpes me acerque a él, yo también quería saber qué había sido todo eso. Cuando era pequeña, el ver personas muertas no era un problema, nunca habían tratado de tocarme, tampoco nunca me habían hecho daño, ahora era la segunda vez que eso me sucedía, pero lo peor no era verlos, era el dolor que me había causado al tocarme, además esos aullidos, sabía que eran esas criaturas extrañas, las que aparecían en mis sueños. Llegué hasta donde él se encontraba—. Por favor, dime que fue todo eso —las lágrimas empezaron a amenazar con salir, estaba desesperada.
Él me observó de pies a cabeza, antes de responder.
—Eres un ancla, puedes verlos, sentirlos ¿cierto? —mis ojos se desorbitaron, no entendía, yo un Ancla ¿de qué? le negué con el rostro, ¿además cómo era que él podía verlos? cómo era que él, era el único que había podido ver qué me había sucedido.
—¿No entiendo,? ¿un Ancla?... Pero qué es eso, y tú, ¿que eres tú...?
—Te lo dije antes, soy un Ángel de la muerte —todo lo que me decía me confundía aun más, me sentía agotada, sentía que mis ojos se apagarían en cualquier momento, estaba haciendo un gran esfuerzo el estar haciendo estas preguntas, pero las necesitaba para aclarar todo, molesta empuñé mi mano, no quería que me hablara en crucigramas, quería que fuera claro.
—¡Déjate de estupideces!, ¿dime qué es eso de el Ancla? —él ladeó una sonrisa antes de contestar.
—Eres un portal hacia el descanso de los seres sobrenaturales, eres un ancla hacia el mundo de los espíritus, de los seres no naturales, y yo, yo vengo a llevarme tu alma —me hice unos pasos hacia atrás.
Sentí una presión en el pecho, mi respiración empezó a faltarme, él me veía algo sorprendido, sentí mis piernas desvanecerse haciéndome caer en el pasto, poco a poco mis sentidos se fueron apagando, hasta que quede en la oscuridad.
