Corría, corría, corría sin detenerme. Corría tratando de evitar caerme de boca con alguna piedra, o chocar con algún árbol. Mi respiración se hacia feroz, cada vez mas y mas. Pero no debía parar, si no, me tomaría, llegaría a mí. El venía, no debía dejar que me alcanzará, si El me agarraba, seria mi perdición.

No podía mas, mis piernas estaban cansadas, tenia tanto miedo. Caí en un charco de fango. Sentí un aire frió en mi espalda, volteé mi rostro con violencia. Sus garras estaban a punto de tomar mi cuello. Cerré los ojos y la luz brillante me cegó.

Me levante de golpe. Escanee la habitación con mi mirada. Ya no estaba en el bosque, estaba en mi habitación. Trate de calmar a mi respiración, me lleve la mano hacia el borde de mi cabeza, estaba empapada en sudor. Aún sentía el frió de algo oscuro en mi piel.

Mi rostro giro hacia la esquina. Mi madre estaba acurrucada con una manta cubriendo sus hombros. Empezó a sacudirse, lentamente sus ojos empezaron abrirse. Los abrió de golpe cuando me vio despierta, se levantó de la silla tumbando la manta y se sentó en el borde de la cama. Sus ojos en los míos.

—Cariño, ¿como te sientes? —estaba confundida, su expresión de preocupación, me preocupo a mi.

—Bien. ¿Qué pasa?

—¿No lo recuerdas? Anoche te desmayaste en la fiesta. Bonnie y Caroline, te encontraron tirada a un lado de la fuente. Estabas temblando y ardiendo en fiebre cuando te trajeron, además, olías a alcohol.

Su ceño se frunció, bajo el rostro en decepción. No, yo no había tomado, no al punto de emborracharme. ¿Qué estaba pasando?

—Mamá.

—Elena, te dije que no tomarás. ¡¿Por qué me desobedeciste?!

—Pero no lo hice. Mamá, te lo juro. No te mentiré, me tome un vaso de cerveza y eso fue todo —mi madre se levanto de la cama. Me dolía su mirada de decepción.

—Hija, me preocupe mucho anoche, estabas ebria, lucias de esa forma. Te dejare pasar esta, porqué se como eres. Debí poner mas atención a eso, así que en parte fue culpa mía.

—Mamá, lo siento —sabia que no había tomado, no al punto de embriagarme, tan solo me había tomado mitad de ese vaso. Algo extraño me había ocurrido, algo peor. Aun no olvidaba al chico con la herida en la cabeza, y ese hombre, el de los intensos ojos azules.

Mi madre se acerco a mi y me dio un beso en la frente.

—Esta bien cariño. Baja a desayunar, de acuerdo —asentí con el rostro.

Mi madre salio de mi habitación. Tomé mi teléfono y marque el numero de Caroline. Necesitaba saber que había ocurrido.

—¡Hello!

—¡Caroline!

—Elena, ¿como estas?, ¿como te sientes? Me preocupe por ti, amiga.

—Estoy bien. Puedes venir a mi casa, olvídalo. Mejor voy a la tuya.

—Bien. Aquí te espero.

Colgué la llamada y me dirigí a tomar una ducha. Aun me sentía mareada.

Baje y escuche a mi madre en la cocina. Me acerque con pasos lentos y el rostro bajo. De verdad me sentía fatal por como habían resultado las cosas. No podía creer que ella pensara que mi desmayó se había debido al alcohol.

—Mamá —ella se volteó, curvo una sonrisa de alivio.

—Ven, siéntate a comer —halé la silla e hice lo que me dijo. Me sirvió un plato de cereal. Alce ambas cejas—. Lo siento, el tocino se me quemo y tuve que tirarlo, los huevos salieron salados.

Me reí. Ella se soltó en risas, las dos terminamos riendo como locas.

—No te preocupes, esto esta bien —se recostó en el lavamanos. Empezó hacer un escaneo de toda mi persona.

—¿Pasa algo?

—No, es solo que, estas creciendo y no puedo evitarlo. Pronto cumplirás dieciocho y eso es un gran paso.

—Estaré bien, para mi es otro número.

—¿De verdad, Elena?

—Claro mamá. Piensas que me fugare con un motociclista lleno de tatuajes —me reí, llevándome una cucharada de cereal a la boca. Ella solo sonrió, pero sus ojos seguían serios.

—Mas bien, pienso que te ha hecho falta una figura paterna, además, que yo no he estado tan presente en tu vida.

—No, para nada. Tú has sido lo mejor, has cumplido ambos papeles —me levante y me acerque a ella, moví el cabello oscuro de su frente, deposite un beso y la abracé, ella me devolvió el gesto.

—Lo siento, creo que me esta llegando la menopausia.

—No te preocupes, la verdad, la que se siente mal soy yo. No volveré a tomar, lo juro —le dije, pero la duda iba en mis palabras.

—Te creó.

—Te amo. Ahora quiero ir a casa de Caroline.

—¿Estas segura? te sientes bien para andar por allá.

—Si mamá, estaré bien —acarició mi mejilla.

—Bien, anda. Yo debo darme una ducha e ir a la estación, tenemos que llenar muchas formas. Te veo en la noche.

—Bien.

Llegue a la casa de Caroline. Me salté las escaleras del porche de dos en dos. Mire hacia los lados, tenia la sensación de que alguien me seguía. Abrí la puerta mosquitera y toque. Escuche pasos y la puerta abrirse. Pase la mirada en su pecho, recorriéndola hasta su rostro. Su sonrisa llego hasta sus ojos.

—Vaya, una buena vista para mis ojos —alzo ambas cejas, me sonrojó.

—Hola, Kol —él me guiño un ojo.

Kol era el hermano de Caroline, dos años mayor que yo. Iba a la Universidad en Virginia, pero venía para las vacaciones. Era muy guapo, la familia de Caroline era muy favorecida en ese aspecto, la naturaleza los había favorecido con esa dicha.

Se hizo a un lado, con una seña me dio el paso.

—Esta en su cuarto, pero pasa, ya le digo que llegaste —le sonreí, él me volvió a guiñar el ojo, pero esta vez ladeando una sonrisa tentadora. Se paro cerca de las escaleras, lo vi tomar aire—. ¡Caroline, Elena te busca!

Volvió sus ojos a mi rostro. Alzo ambas cejas.

—Gracias, se me olvidaba que eras muy amable.

—Siempre —guiño el ojo. De nuevo—. Oye Elena, te ves distinta, ¿como decirlo? estás, mas mujer.

—¡Augh! Sabes lo mal que te escuchas diciendo eso —le hice una mueca de asco.

—Yo solo decía —se mordió los labios.

—Guárdate esos comentarios para tus seguidoras. Se que te sobran.

—Bien. Tú te lo pierdes.

Los pasos pesados de Caroline hicieron eco mientras bajaba.

—Deja de ligar con Elena, Kol —Caroline paso al lado de Kol, dándole un puñetazo en el hombro—. Mis amigas son prohibidas, escuchas, prohibidas —lo señalo amenazante.

—No debes ponerte agresiva, además, Elena sabe que bromeo —le puse los ojos en blanco.

—Si como no. No decías lo mismo de Vicky, y bien que te la echaste al plato. Por tú culpa, jamas volvió a dirigirme la palabra.

—Tu tienes la culpa, por tener amigas tan —me miro por un momento, se paso la lengua en los labios—, comibles.

—¡Cállate asqueroso! Vamos Elena, antes que se me revuelva mas el estomago.

Me reí. Caroline me tomo de la muñeca arrastrándome con ella. Pase al lado de Kol, sin aviso me planto un beso en la mejilla. Me reí aun mas fuerte.

—¡Oye no me pegues tus cooties! —me limpie la mejilla.

—Bye, Elena. Te veo por allí —Caroline le aventó un zapato que estaba en la primera escalera de arriba. Kol alcanzo a esquivarlo.

Entramos a su habitación. Se dejo caer en la cama.

—Puede ser mas odioso. De verdad Elena, tienes la dicha de no tener hermanos. Son un verdadero fastidió —se agarro la cabeza, desordenando sus rubias mechas.

—Creo que me hubiera encantado tener uno —Caroline saco la lengua, haciéndome una mueca de asco.

—No sabes lo que dices. Es bueno que no los tengas —se acomodo en la cama. Estaba en posición de mariposa.

Me acerque a ella y me senté en la orilla. Dio un salto hacía arriba, me hizo que de igual forma, diera un salto. Me señalo.

—¿Qué pasa? —exclame asustada.

—¡Elena!

—¿Qué?

—Ayer, ¡qué paso? ¿Dime a quien conociste? dímelo, dímelo —me tomo de la blusa y la retorció.

—¡Auch! Deja eso, duele.

—¡Dime!

—¿No se de qué hablas? Pero precisamente, venía a hablar contigo de lo de anoche —volvió a sentarse tomando la misma posición.

—¿Como que-qué paso? Eso quería saber yo. Elena, estábamos bailando con Bonnie, y de repente ya no te vimos. Salimos a buscarte, no te encontrábamos. Pasamos por la fuente y no te vimos allí. Al cabo de unos cinco minutos, volvimos a la fuente y te encontramos inconsciente a un lado de esta. Nik te levanto, y trato de volverte en si, pero no hubo forma. Bonnie y yo estábamos tan asustadas. Además —su rostro se palideció, aun mas de lo que ya estaba—, no estabas respirando.

—¡¿Qué?!

—Lo se, es loco. Incluso, omitimos esta parte a tu madre. Nik te dio respiración de boca a boca —las mejilla se me calentaron. No recordaba, pero eso no quitaba el hecho de que el había puesto sus labios en los míos, aunque fuera para supuestamente salvarme.

—¿Y qué paso?

—Volviste en si. Gritaste unas palabras que no comprendimos, y después volviste a quedar desmayada. Llamamos a tu madre. Nik dijo que estabas alcoholizada, dijo que toda tu respiración apestaba a alcohol.

No sabia que decirle a Caroline. Ella no comprendería si le decía que me había sucedido.

—Caroline, que mal con ustedes. No pensé que esos tragos me hicieran eso.

—Cuales tragos.

—Cuando se fueron a bailar, el chico de la barra me dio como tres tragos de algo muy fuerte. Creó que como no estoy acostumbrada, me pego.

—Se lo dije a ellos. Bonnie y Nik no quisieron creerme. Pero yo siempre tengo la razón —sonrió y se tiro en un abrazo a mi cuello.

—Si Caro, no deben preocuparse, no volveré a tomar algo con lo que no tenga ni idea.

—Conste ¿eh? —asentí —. Bueno, y dime, ¿qué paso con Stefan?

Arrugué la cara.

—Hay no, no hablemos de ese patán.

—Vamos Elena, esta bien guapote —se mordió los labios.

—Pero eso no le quita lo patán.

—¡Jum! aguafiestas. Bueno, ¿que tal Kai? —se me deslizo una sonrisa.

—Kai —masculle, mis mejillas ya estaban rojas—. Después que me quitara al estúpido de Stefan de encima, no lo volví a ver.

—Ay amiga. Tienes que poner tu belleza en marcha. Si esos chicos andan detrás de tus huesitos, es porque les atraes.

—No lo se, parece que a Kai solo le agrado como amiga. Hemos estudiado demasiado tiempo juntos y jamas, de los jamases, había puesto interés en mí —dirigí mi mirada hacia un lado de la pared y di un respingo hacia arriba. Sus ojos me observaban con gran interés. Apreté los dientes para no gritar. Mi respiración empezó agitarse, de repente este lugar se volvía asfixiante. Curvo una sonrisa con picardía en su rostro, sonriendo con desdén. Apreté los puños mientras Caroline seguía hablando, no sabía ni que era lo que tanto alardeaba, lo único en lo que me podía enfocar era en ese hombre. Sus ojos azules, tan intensos, que lo hacían aun mas aterrador. Sentí las manos de Caro pasarme por enfrente, volví mi atención a ella.

—¿Qué miras con tanto afán? —quiso voltearse pero la tome de los hombros. Sabía que no podía verlo, pero había sido mero instinto.

—¡No es nada! —eso casi lo grité.

Me pare de un respingo y camine hacía la puerta. Caroline me siguió.

—¿Ya te vas?

—Si, debo estudiar.

—No seas tan aburrida, mejor vamos al grill, se me antojaron unas papas con chili.

Me haló de la manga de la blusa y me arrastro con ella. Volteé mi rostro una vez mas hacia la esquina en donde segundos atrás había estado el joven de los ojos azules, pero ya no estaba.

Bajamos las escaleras y Kol volvió a salir para molestar a Caroline. Empezaron a decirse de cosas, pero no estaba prestando atención, mi cabeza giraba en todos lados, sentía que en cualquier momento él aparecería.

Los brazos de Kol me levantaron de la cintura, grite tratando de golpearlo para que me bajara, Caroline estaba en las mismas.

—¿Por que tan seria, Elena? —dio una vuelta con mi cuerpo.

—¡Bájame!, ¡bájame! —hale sus cabellos. Me soltó pero me planto un beso en la mejilla. Lo empuje con fuerza. Me limpie la saliva que había dejado a su paso—. Eww, que asco, me contagiaras tus cooties —resople molesta. Me hinchaba de coraje, que los hombres fueran tan atrevidos, como si nosotras no pudiéramos negarnos, no importando que se estuvieran cayendo de buenos.

—Elena, que mala eres.

—No soy mala. Solo no me gustas —refunfuñe.

Caminamos hacia la salida. Kol nos dijo adiós, mientras Caroline le sacaba la lengua.

—¡Joder! es tan malditamente molesto.

—Creo que me gustaría tener hermanos.

—Estas loca.

Mientras caminábamos hacia la parada del autobús, trate de ver si lo vea, pero no apareció. Aun estaba algo asustada. No sabia si en cualquier momento solo saltaría enfrente de mi. ¿Quien demonios era? o mas bien ¿Qué demonios era? me asustaba saber la respuesta.

Llegamos al grill. Tomamos una de las mesas de la esquina, los asientos eran estilo boots, corridos. Caroline ordeno sus papas con chili, yo solo ordene una malteada, no me apetecía comer, aun estaba algo confundida. Escuche los pasos llegar a nosotras y la hermosa sonrisa de Bonnie.

—Hola chicas. ¿Elena, como te sientes? —pregunto deslizándose en el boot.

—Estoy mejor. Gracias por lo de ayer. Caro, me dio los detalles de todo lo que hicieron por mi.

—Elena, lo que paso es para que se te erice la piel. Estabas hablando latín.

—¿Como sabes que era latín? —Caroline dejo las papas de lado. Estaba interesada.

—Mi padre estudia esa lengua, se como se escucha.

—Bonnie, no se lo que paso ayer. Fueron los tragos —respondí nerviosa.

—Elena, los tragos no te hacen hablar otras lenguas.

—¡Ya! Podríamos dejar de hablar de la borracheras de Elena. ¡Gosh! Si Elena dice que fue por los tragos, así ha de ser.

Caroline siguió comiendo de sus papas. Bonnie seguía con su mirada en mi rostro. Alce los hombros y reí.

—Caro tiene razón, dejemos eso de lado.

Bonnie no estaba del todo convencida, pero hizo caso. Caroline podía ser terrible si no la obedecíamos.

Pasamos un rato platicando de cosas que haríamos cuando llegara el verano. Mis ojos despabilaron hacia su silueta. Llego hasta nosotras, aclarando su garganta.

—Hola, Elena —le sonreí.

—Hola, Kai —Caroline me codeo. Le pellizque la pierna.

—¿Como te sientes? —empezaba a sentir pena por mi misma. Parecía una chica desafortunada a la cual le acababa de suceder algo terrible.

—Bien —se metió las manos en ambos bolsillos del pantalón. Parecía que quería decir algo, pero estaba nervioso. Saco una mano y la paso por detrás de su cuello, aspiro aire. Se mordió el labio inferior, me bajo un calor por el vientre.

—¡Bonnie! tenemos que irnos a ese mandado que nos mando mi madre.

—¿Qué? —contesto Bonnie incrédula.

—¡Bonnie! ese mandado —dijo entre dientes.

Caroline estaba tratando de dejarme sola con Kai.

—¡Oh! Si, vamos, se nos hará tarde —Bonnie entendió el mensaje—. Nos vemos después, Elena.

—Cl-aro —me estaba poniendo nerviosa.

—Adios —me guiño el ojo Caroline.

Kai bajo el rostro y sonrió. Mierda, se había dado cuenta de la obviedad de esas dos.

—Puedo —me señalo el asiento a un lado del mio. No sabia que contestarle, solo asentí con fuerza la cabeza. Me sentía como una niña tonta—. Supe lo de la fiesta —mascullo con voz baja.

—Qué vergüenza. ¿Quien mas lo sabe? —puso ambos brazos en la mesa y empezó a jugar con el papelito del popote.

—Nadie mas. Yo lo se porque le pregunte a tu amiga, Caroline. Ella también me hablo y me dijo que estarías aquí —este encuentro había sido obra de esa pilla. Kai curvo los labios en una linda sonrisa. Me quede embobada con su perfil. Volteo a verme y vacilé la mirada hacia otro lado, lo escuche soltar una pequeña risita—. Elena, tengo tiempo queriendo hacer esto, pero algo me lo impedía —lo vi tomar aire, se veía realmente nervioso.

—¿Qué cosa? —pregunte con mi atención en él.

—Una cita —murmuro, apenas y pude escucharle, tenia que cerciorarme que había escuchado bien.

—¿Como? —el brinco sus ojos, se movió un poco mas cerca de mi. Casi rozando mi nariz.

—Una cita —dejo salir muy cerca de mi boca. Se alejo tan pronto observo bien mis enormes ojos—. Lo siento, no quiero incomodarte.

—No lo haces —casi le grite.

—Entonces eso es un ¿si?

—Si, claro que si —eso era demasiada emoción.

Me dio una sexy sonrisa satisfecha.

—Me da gusto. No sabia si aceptarías por todo eso de Stefan, ya sabes, tu le gustas —arrugue el rostro y un gran malestar se me formo en el estomago.

—No, para nada me gusta Stefan. No entiendo ni porqué de pronto me habla —giro sus ojos por todo el lugar, como inspeccionando que no lo escucharan.

—Aquí entre tú y yo, lo entiendo —su voz estaba tan baja, que me estremeció. No podía creer que Kai estuviera de coqueto conmigo. Le hice señas de que quiera salir. Sentía que me estaba asfixiando, y esta vez no era por nada sobrenatural, todo lo contrario, me volvía a sentir tan humana.

—Debo irme —roze mi pierna con su muslo, una corriente eléctrica me invadió. Él se salio del asiento y me extendió la mano. Fruncí ambas cejas.

—Te acompaño, o mas bien, yo voy a dejarte —me levante del todo. Lo mire por un momento demasiado largo.

—Esta bien.

Salimos del grill, hacia su auto. Manejaba un Challenger negro. La familia de Kai era acomodada. Me abrió la puerta del pasajero. Entre en este, la cerro y sentí un frió congelante en el auto, los bellos de los brazos se me encresparon. No podía pasarme esto aquí y ahora. Voltee el rostro con mucho temor, hacia la parte de atrás del auto, pero no había nada. Deje salir el aire que había reprimido. Kai entro en el auto.

—Lista.

—Lindo auto.

—Es de mi hermano, me lo presta para presumir —me reí.

—Aun así, es muy lindo —salimos del estacionamiento, y volví a sentir el frió.

—Siento mucho lo que paso en la fiesta, ya no pude volver contigo. Stefan me distrajo, y cuando te busque, ya no estabas. Después me entere de lo que te había sucedido, me sentía mal, ya que yo te dije que fueras. Quería pasar tiempo contigo.

—No hay problema. Como dices, al final ni yo misma supe como llegue a mi casa —él deslizo una sonrisa. Era tan lindo cuando sonreía.

—Es tan adorable ¿cierto? —brinque en mi sitio. Me atragante con mi propia saliva. Una tercera voz se nos había unido. Gruesa, ponente y sobre todo, escalofriante. Así era la voz del tipo de los ojos azules. Mire por encima de mi hombro, me saludo con su mano con tal cinismo, que ni siquiera me estaba causando temor, solo enojo. Kai me observo algo confundido.

—Esta todo bien —volví a girar mi cabeza hacia enfrente, repitiéndome mentalmente que si lo ignoraba se iría.

—Si, es solo que-que —no sabia que decirle—. El aire acondicionado esta muy frió —le dije cerrando las ventanillas de mi lado.

—Lo siento, me gusta el frió —le bajo al aire.

—Sabes que los chicos como esos solo quieren una cosa ¿cierto? —apreté los dientes, recite en mi cabeza. Ignóralo y se ira, ignóralo y se ira—. Bueno, este chico se ve sincero, el otro definitivamente solo quiere llevarte a la cama —maldición, como podía ignorar a un espíritu o lo que fuera así—. Aunque eres muy fea para él, míralo. Su piel tan blanca, sus ojos tan brillantes, su sexy y cuadrada mandíbula. ¡Miau!

—¡Ja! ¡eres gay! —resople. Kai volteo a verme.

—No, claro que no soy gay. ¿Qué te hizo pensar eso? —tragame tierra. ¿Qué demonios me sucedía?

—No, no-no quise decirte a ti —su rostro se contrajo aun mas. Dios, que vergüenza. Quería cavar un hoyo enorme y enterrar mi cabeza en este.

—OK.

—En verdad, no fue para ti. Es que...

—No te preocupes. Te entiendo, se que te di esa impresión ya que nunca había hecho algo para acercarme a ti.

—Que ternura —se metió el metiche de atrás.

—En verdad Kai, no es lo que piensas.

—Es que —baje la mirada a mis manos, tenia el celular—. Me entro un mensaje de texto del hermano de Caroline, y hable en voz alta.

Esperaba que me creyera.

—Que terrible eres para salir de situaciones incomodas —dijo el ser tan metiche de atrás. Tenia que ignorarlo, si debía ignorarlo.

—Bien, te creo —no lo sentí muy convencido.

—De verdad le gustas, para no ver lo boba que eres —la cara se me calentó. Esto era el colmo, no podía creer que un maldito ser, estuviera haciéndome enojar tanto.

—Llegamos —me fije por mi ventana, estaba en mi casa. Gracias a lo que fuera que existiera allá afuera, con tanta cosa que había visto, ya no sabia que era lo que podía haber arriba o abajo.

Me baje del auto. Kai también.

—Gracias, y perdón por lo de hace rato, en verdad no iba para ti —se acerco a mi y deposito un beso en mi mejilla. Baje el rostro, y reí.

—Nos vemos. Dame tu numero para ponernos de acuerdo en esa cita —le di mi numero y una mirada coqueta. Kai en verdad me gustaba.

Observe el carro hasta que se perdió dando vuelta en una esquina de la cuadra de donde vivía. Me voltee con una enorme sonrisa. Volví a retroceder asustada.

—Que extraños son los humanos —mascullo. Sus misteriosos ojos eran tan intensos, hacia que le prestaras atención aun si no querías hacerlo. Deje caer mi mirada en todo él. Para ser un maldito ser sobrenatural o lo que fuera, tomaba una forma demasiado, sexy. Removí la cabeza deshaciendo esos estúpidos pensamientos. Tome valor, saque agallas.

—¡¿Qué demonios quieres?!

—Puede preguntar cosas coherentes —aplaudió.

—Ya déjate de estupideces y dime ¿quien o mas bien, qué eres?

—Te lo dije. Que mala memoria tienes —me enfadaba su cinismo. Era un idiota.

—¡Déjame en paz! No se que tenga que hacer, pero te exorcizare —se echo hacia atrás y empezó a carcajearse—. ¡Deja de reírte, loco! —la vecina salio de su casa, me frunció las cejas.

—Elena, ¿te encuentras bien querida? —claro, ella no podía ver al idiota enfrente de mi. Pensaba que estaba loca al hablar sola o con un ser imaginario.

—Si doña Carmelita, estoy bien —pase por el lado del tipo. La piel se me puso fría, incluso temblé de frió. Llegue a las escaleras de mi porche. Saque las llaves y abrí la puerta. Volví a saltar. Él ya estaba enfrente de mi—. De verdad debes dejar de hacer eso —no entendía bien lo que pasaba, pero me estaba acostumbrando a verlo.

—Que rápido te involucras —camino mas hacia adentro.

—¡Ma...!

—No esta —contesto antes que pudiera pronunciar las palabras.

—¿Como sabes lo que iba a decir?

—Eres tan irritante —siso.

—Estas en mi casa, el irritante idiota eres tu, además, no se que eres. Demonio.

Se volteo con ferocidad, me llego en un parpadear, estaba tan cerca que el frió hizo que me acobijara con ambas manos.

—No me vuelvas a comparar con esos seres tan inferiores —sentía mi piel quebrarse del frió, me salia un densa nube de la boca. Me aleje asustada.

—Entonces si no quieres que te llame demonio, dime que eres.

—Te dije que soy un ángel.

—¿De Dios? —pregunte como tonta.

—No —frunció las cejas y cuadro la barbilla. Me hizo expresión de que era una idiota.

—Estoy tan confundida —masculle, me dolía la cabeza.

Me adentre en la sala, su presencia empezaba hacerse obvia. En donde estuviera, el frió era mas denso, mas penetrante.

—Te dije, soy un ángel de la muerte —se aparto del marco de la entrada a mi sala, se acerco a mi. Esperando mi reacción—. ¿Ya no te sorprende, o te asusta? —le negué.

—No entiendo nada. No sabia que existían ángeles de la muerte, pensé que era una y ya —me negó mientras se empezaba a desplazar en la sala. Empezó a ver fotografías de mi madre y mías. Se detuvo en la de mi abuela.

—Ahora veo por que eres distinta —sus ojos brillaron—. Por eso eres tan importante para ella —se me formo un hoyo en el estomago.

—¿A quien ella?

—A la persona para la que trabajo, a ella. A la muerte —trague saliva. Volvió acercarse a mi. Alargo su mano, sus ojos me tenían hipnotizada, no podía moverme, trate de alejarme, pero no podía, su presencia era mas fuerte, sus ojos me incitaban a quedarme viéndolo. Tomo unas mechas de mi cabello. Deje de respirar, cerré los ojos, mientras las fosas de mi nariz se llenaban de un olor delicioso, un aroma dulce, refrescante, calmante, además, el frió ya no estaba, sentía calidez saliendo de él. Abrí mis ojos y me quede prendida en su rostro. Los de él brillaban como dos zafiros, algo tenebrosos, pero a mi me parecían hermosos. Una corriente electrizante viajo por mi pecho—. Eres la ultima de tu clase, eres la clave. Y seras mi libertad.

Con esas palabras se esfumo ante mis ojos. Respire ahogándome con el aire a mi alrededor. Caí de rodillas. ¿Qué era todo eso? ahora en verdad estaba mas confundida. Necesitaba abrir la carta que me había dejado la abuela y necesitaba hacerlo ya.