Disclaimer: No me pertenece nada. Lo relativo a El Hobbit es de los herederos de Tolkien, y el personaje de Charlie Bradbury pertenece a Erik Kripke. Probable OoC de los personajes de El Hobbit. Y los de Supernatural también.

Aviso: Esta historia participa en el Reto 2. Invasión a Bolsón Cerrado del ocurrente y glorificioso foro Aquelarre libre de slash

Nota de la autora: Como soy una copiona y ya lo he visto por ahí, os voy a poner recomendaciones musicales en cada capítulo (debajo del título), así que cuando veáis la almohadilla (#) dadle al play (al youtube se entiende XD)

.

.

.

Sweet dreams, bitches!

A Supernatural/the Hobbit crossover

.

En capítulos anteriores de Sweet dreams, bitches!: Charlie se encuentra insegura sobre la decisión que tomó de desconectar a su madre. Intenta sonsacar a Sam y Dean algo sobre lo que la espera al otro lado, como si fuera a consolarla algo. Los hermanos Winchester tienen una pequeña charla con ella sobre el cielo, el infierno y el purgatorio. Cuando se despide de su madre, leyéndola por última vez su libro favorito se queda dormida y se despierta en un sitio "extraño".

.

.

.

Capítulo 2. Anima eius requiescat in pace in aeternum.

#LotR Medley by Lindsay Stirling

.

No fue poco lo que la costó asimilarlo y acostumbrarse al shock inicial. Todos fueron muy amables con ella, incluso los enanos con su sempiterna desconfianza… Aunque había que reconocer que la situación era lo suficientemente surrealista como para desconfiar. Intentó no ser borde o seca, aunque se trataran de meras figuras provenientes de su imaginación que probablemente perdonaran la ofensa. Dudaba seriamente si había logrado conseguirlo, la verdad. Estaba descolocada y confusa.

El Hobbit era su libro favorito del mundo mundial con diferencia, su madre lo había hecho su preferido al leérselo cada noche. Era tan especial que, si todo había ido como era de esperar aún con ataque de genio infernal de por medio, las palabras escritas por Tolkien habían sido las últimas que ella había escuchado antes de… morir. Sintió un enorme vacío y la tristeza se apoderó de ella. Aunque sabía que iba a pasar y había intentado mentalizarse nada pudo prepararla para ese momento. Su madre ya no estaba. Y ella… A ella estaban a punto de dejarla más tiesa que la mojama.

Pensó en Sam y en Dean. En si sabrían dónde estaba, si se preguntarían por qué no había llegado del hospital aún. Probablemente no, probablemente ni siquiera hubieran pasado aún por el búnker previendo su regreso. Era injusto, pero se sentía tremendamente sola.

.

#

.

Miró al interior de la vivienda a través del cristal. La compañía de Thorin seguía tras la ventana, bebiendo y fumando despreocupados en el pequeño saloncito de té. No parecía importarles demasiado que una desconocida se hubiera colado de improviso en medio de una reunión mientras discutían el importante asunto del asalto a Erebor. Con la cantidad de ficciones que había llegado a leer y conociendo los personajes del profesor, no tuvo más que admitir que era un out of caracter como la ciudad de Minas Tirith de grande. Algo totalmente impropio quizá debido a un defecto de fábrica de la ilusión del demonio. Rozó con los dedos los pétalos amarillos de una de las petunias del jardín del mediano. Eran realmente suaves. Escandalosamente reales. La brisa fresca la revolvía el pelo, con una sonrisa tímida inhaló el aire de La Comarca, harto de olores. Perdió la mirada y el tiempo observando los caminos de tierra recorrer las curvas suaves de las colinas, custodiados por las vallas de madera. No, no era un sueño, aquella casita hundida en la tierra pertenecía a su idealizado Bilbo Bolsón, los pastos de la Comarca era tan verde como su mente había imaginado, ideado al menos. Su mente y el veneno del djinn.

Charlie...

Miss Bradbury… —Gandalf se unió a ella, contemplativo. Nunca había llegado a comprender del todo al mago. Miraba las crestas y valles a sus pies como si no los hubiera visto nunca, como ella misma lo hacía casi. Le gustó esa vena inocente y casi infantil que creyó descubrir en él.

—Puedes llamarme Charlie —dijo— Me estás matando, podemos tomarnos esas confianzas ¿no crees, Gandalf?

El mago medio sonrió. No dijo nada, no intentó consolarla ni rebatió su argumento. Se limitó a sentarse en el banquito de madera de espaldas a la ventana, el mismo lugar en el que había encontrado fumando a Bilbo durante su reencuentro. La invitó a acompañarlo con un gesto, simplemente posando su mano repetidamente en el asiento. Curiosa, tomó sitio a su vera.

—La mortalidad es algo curioso. Es efímera y eterna al mismo tiempo. —Señaló una de las flores de la maceta más cercana—. ¿Cuánto durará fresca si la corto?

—Poco.

—¿La recordarás si lo hago? ¿Olvidarás cómo olía? ¿Lo hermosa era? Nada hay en el mundo a lo que la muerte no haga bello, pues lo que está a punto de perecer siempre es lo más hermoso.

—El encanto de la fugacidad, imagino. Pero Gandalf, creo que a Bilbo no le va a hacer gracia que… —Ignorándola, el mago tendió la mano y la arrancó— ¡Gandalf!

—Nada aquí puede perecer, Charlie. Ni siquiera una caléndula. —Aceptó la flor que le ofrecía con un sentimiento de hastío. ¿Por qué hablaba siempre en enigmas? No pudo saberlo, volvió a perder la mirada en el horizonte—. Lo cual no significa que Arda no sea igualmente bella, es única hasta en eso.

¡Charlie!

Se asustó un poco por lo repentino de la voz. No había sido Gandalf de eso estaba segura, lo había estado observando. Buscó al dueño en todas direcciones pero no encontró a nadie. El caso es que le era muy familiar, tanto que lo que al final dedujo era que se trataba de un imposible. No podía ser él. ¿O sí? ¿Por qué escuchaba a Dean llamándola? ¿El Winchester intentaba despertarla y devolverla al mundo real? Pero no podía ser, no podía despertar a menos que superara lo que quiera que fuese que la retenía en la Tierra Media y no era capaz de imaginar qué narices era. Además, aunque se alegraba de que sus amigos no la hubieran abandonado ni la dieran por perdida, ella no era de la clase de chica que se vanagloriara de ser una princesita en apuros. Podía rescatarse sola. En cuanto diera con cómo salir, claro.

Se tocó la cara y sintió humedad en la yema de los dedos. Lloraba, y no sabía por qué lloraba. Mucho después del susto inicial, tras analizar la situación y valorar la posibilidad de lo absurdo, una pena infame se había apoderado de ella sin razón evidente. Porque no era por lo de su madre… No. Se sentía desconsolada, pesarosa, pero la causa no era capaz de recordarla. Como un pensamiento esquivo que se evadía en su mente, como si no quisiera ser sacado a la luz.

—Charlie… —Debió leer la confusión en su cara, porque el mago reclamó de nuevo su atención.

—Yo… Creo que me estoy volviendo loca… —La costaba horrores centrarse— Oigo cosas, me distraen. No puedo…

—¿Los oyes? A Sam y a Dean, me refiero.

—¿Cómo sabes que me llaman? —Se inquietó de veras, una fantasía no debería tener esa capacidad— ¿Cómo sabes si quiera quiénes son?

Charlie Bradbury, ¿me oyes?

La sangre se congeló en sus venas. Era la voz de Dean, la había oído claramente pero no era eso lo que la había paralizado. Esas palabras habían activado algo en la mente de la pelirroja, y de repente todo empezó a cobrar sentido. Las imágenes vinieron a ella libres de censura, crueles. Podía escuchar, casi como si lo tuviera pegado a la oreja, la voz rota de Eldon Stynes; los golpes en la puerta. Se vio a sí misma en el Blackbird, aterrada, corriendo a refugiarse en el baño del motel de mala muerte rezando para tener el tiempo suficiente para que terminara de subirse el código y unos segundos extra para enviarlo. Recordó la voz de Dean al teléfono. Charlie. La llamaba como la había llamado segundos antes. Apenas necesitó escuchar la conversación, ya sabía lo que iba a decir, lo que la iba a contestar, lo que iba a pasar. Cerró los ojos de nuevo, escuchó la voz del hombre y luego hubo un silencio. Sabía lo que venía a continuación: Gritos. Sus gritos. Y luego nada. Cuando abrió los ojos la mirada serena de Gandalf la inundó de paz.

—¿Dónde estoy?

—¿Importa algo eso? —Gandalf agarró sus manos con seguridad y firmeza. Sintió como la fatiga emocional que venía acarreando se desvanecía y el valor adormilado en su corazón empezaba a despertar. Se fijó en el rubí algo deslucido que lucía Gandalf en el anular izquierdo. Narya inflamó su espíritu. Imbuida en el poder del anillo de fuego, sintió como la Charlie positiva y alegre que siempre había sido regresaba. Al librarse de todos sus miedos, se sentía tan ligera que creyó que en una de esas saldría volando y que tendrían que pedir ayuda a las águilas para encontrarla— Intentan contactar contigo.

—El cielo es como una urbanización —citó a Sam—. No me estoy muriendo ¿verdad?

—No.

—Estoy… estoy muerta. Y mi piso es un libro de Tolkien. Genial. Simplemente genial.

.

.

.

Espero que os haya gustado. Sé que los personajes de El Hobbit no han salido demasiado, que todos queríais ver a Kili echándole los trastos a la pelirroja y a Charlie soñando despierta con conocer a la bellísima Arwen (Lástima que no pasen por la ciudad de los galadhrim XD) pero quería darle un final épico a nuestra hacker favorita, después del desastre del motel. Acabado, de momento. Es probable que cuando termine el reto lo continúe con un tercer capítulo hiperlacrimógeno, avisados quedáis.