Notas: ¡Buenas! -sonrisa- Me alegro mucho por todos los reviews que me habéis mandado, y pido perdón por haber tardado en responder. Por suerte creo que ya no habrá nada que me impida responder y escribir con normalidad (excepto por las clases y la falta de imaginación, pero ya me las apañaré como hacemos todas -risa- ) Este capítulo a pesar de todo se lo dedico a mi padre, quien, ignorante de mi historia, me dijo que le gustaría que escribiera historias y las publicara. Le respondí que realmente no le gustaría que lo hiciera, pero ante su terquedad no me quedó más remedio que guardarme la razón y callarme (prefiero que no sepa que escribo historias de amor entre dos hombres y continúe pensando que me dedico únicamente a la lectura de historias "normales" para él -gran sonrisa- ). Por lo que le dedico este capítulo que dudo algún día llegue a leer.

Advertencias de cap: OOC a pesar que intento que sea mínimo, y cambios de POV. Aparece parte del pasado de Allen, así que espero que lo conozcáis. Si el imaginaros a Lenalee casándose con Reever os pone enfermos, supongo que también debería entonces incluirse como advertencia, tanto aquí como en siguientes capítulos. A parte de eso creo que tiene un poco de angst por parte de nuestro Moyashi, pero nada más -sonrisa-

DISCLAIMER: D Gray-man no me pertenece ni sus personajes, pertenecen a Katsura Hoshino. Si me perteneciera no me alcanzaría un tomo para un único capítulo y terminarían cortando más de la mitad.

Discípulo del pecado

2. Emprendiendo el viaje

Se encontraba en la barandilla del barco, observando cómo el barco ya había partido y ahora dejaba Inglaterra atrás, entregándose al mar. Bajo él, las olas en blanco y azul eran claras y juguetonas. Sobre su cabeza estaban las traviesas y bulliciosas gaviotas en manada, de vez en cuando descendiendo para pescar algún que otro desdichado pez. El olor salado del mar inundaba sus fosas nasales

Realmente estaría agradecido de hacer el viaje y disfrutar de la belleza del paisaje y la majestuosidad del mar si no fuera porque estaba haciendo nuevamente el viaje por segunda vez (a diferencia que esta vez regresaba) y se hacía un poco pesado volver a pasar por lo mismo de nuevo. A penas había podido disfrutar del pisar tierra y dejar de sentir ese molesto vaivén provocado por las olas cuando había tenido que volver a embarcarse. Pero esta vez el viaje no sería tan malo, pues tendría a su amiga Lenalee a su lado, a diferencia del aislamiento en el que se vio sometido en la ida por el resto de pasajeros.

Todo por ser diferente.

Observó su mano izquierda, reposando en la barandilla junto a su otra mano, ambas cubiertas con unos guantes blancos. Se alegraba de que no fuera visible su brazo para la gente, pues bastante tenía cuando la gente le ignoraba por su blanco cabello y la cicatriz de su ojo. Cuando era más pequeño, los demás niños sólo se le acercaban para volcar en él la ira y aversión que les provocaba, y lo mismo pensó que ocurriría cuando conoció a Lenalee.

Era un año mayor que él, pero infinitamente más amable y compasiva que los demás niños que había conocido con anterioridad, pues ella no le rechazó. Principalmente solían excluirle por la deformidad en su brazo izquierdo; pero tras la muerte de Mana, el que su cabello se tiñera de blanco y que su ojo fuera cruzado por esa cicatriz, sólo logró acentuar más el desagrado en la gente junto a su sentimiento de inferioridad.

Por eso, cuando conoció a la chica se sorprendió de que no se evadiera de él, y su asombro sólo fue en aumento cuando su maestro le hizo saber el pasado de la peliverde respecto a sus padres. Y aun así la veía sonreír tan alegre y llena de vida. En verdad le impresionaba su forma de ser y no se arrepentía de ello, además ahora le necesitaba y él no iba a rechazarla cuando podía finalmente pagar la deuda que le debía.

— ¡Allen-kun! ¡Dime que aun se divisa Inglaterra, por favor!

Giró el rostro viendo a Lenalee andar apresuradamente hacia él, recogiéndose ligeramente la falda. El sonido de sus botas negras resonaban al pisar la madera del suelo, asomándose por debajo del ajustado vestido celeste con escote en forma de triangulo, dejando entrever los hombros. Siempre se preguntaba cómo las mujeres podían ponerse ese tipo de vestidos visiblemente incómodos, tan ajustados hasta la cintura y después amplios con la ayuda de las enaguas; eso sin nombrar la famosa ropa interior tan asfixiante llamada corsé.

Aun recordaba cómo la china se quejaba de ello cuando se conocieron, repitiendo una y otra vez lo incómodo que era, provocándole un gran sonrojo. Asintió a su pregunta con una sonrisa al recordar los viejos tiempos, señalando un punto exacto en el que se podía ver aun esa tierra tan querida para ella, la cual había perdido de vista momentáneamente para dejar sus objetos personales en su camarote. Lenalee se acercó a su lado, con un brillo ansioso en la mirada y una triste sonrisa.

—Es curioso lo rápido que me estoy alejando de mi vida, ¿no crees? Supongo que esto es un adiós, Inglaterra.

Allen la vio apoyar el rostro en la palma de su mano, cuyo codo reposaba sobre la barandilla, sin despegar la vista del paisaje.

—Di mejor un hasta luego, quizá algún día puedas regresar, Lenalee-san—le respondió mirando su país natal también.

Hm, ojalá. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, ¿no? —Repuso con una sonrisa— ¿Tú no la echas de menos?

Sonrió melancólicamente para sí mismo, encogiéndose ligeramente de hombros.

—Ya no es mi hogar, me fui hace mucho tiempo así que tampoco es que tenga tantos recuerdos…

— ¿Piensas en Mana?

Se volvió hacia ella parpadeando desconcertado, ¿aun recordaba…? Le habló de su padre adoptivo hace tanto tiempo, que no esperaba que aun recordara lo que le contó sobre su pasado. Asintió quedamente, inseguro de si la molestaría que el tema de conversación se centrara en él, por lo que guardó silencio. Lenalee miraba con el ceño fruncido su querida tierra, mordiéndose el labio.

—Oye, Allen-kun

— ¿Mm?

—No hace falta que contestes si te incomoda, de hecho creo que estoy siendo bastante osada y maleducada, pero ¿todavía no recuerdas…lo que sucedió?

Allen desvió la mirada, visiblemente incómodo. Había dicho que no tenía obligación de responder, pero no estaba tan seguro de hacerlo o no. Ella era la única persona con la que tenía suficiente confianza como para contárselo, pues a su maestro ni aunque estuviera con la borrachera del siglo se le ocurriría hablarle de ello. Pocas veces se podía abrir con la gente, por no decir nunca y en contadas ocasiones a un par de personas, las cuales ya fallecieron, y este era uno de esos momentos irrepetibles.

—Sigue sin ser nada completo, lo máximo que logré recordar fue una gran luna llena y una extraña sombra sin rostro.

— Oh, qué misterioso. Bueno, al menos es algo más.

Resopló.

Tenía razón, era un misterio que le tenía frustrado desde hace años.

Por alguna razón que desconocía, el día de la muerte de Mana era un recuerdo borroso, inestable y prácticamente inexistente, como si su mente hubiera obligado a su subconsciente olvidar ese fatídico veinticinco de Diciembre. Lo último que podía alcanzar a recordar, era a sí mismo frente a la tumba de su padre, demasiado perdido y hundido en la tristeza como para tener noción del tiempo o si quiera de su alrededor. Lo único que sabía que quería era permanecer al lado del lugar donde Mana descansaba y esperar lo que fuera necesario hasta que volviera a su lado…

Lo siguiente, era el despertar en la habitación de una posada con su maestro al lado, para al poco rato descubrir la inverosímil ausencia de color en su cabello y su escarlata cicatriz…además de no tener el brazo tan paralizado como antes. Después comenzó a viajar al lado de ese hombre: Cross Marian, un individuo deshonesto, lujurioso, pecaminoso, inmoral, indecoroso, indecente, desenfrenado, indebido, embaucador…en definitiva: totalmente censurable y nada recomendable, en especial si eras mujer o Allen Walker.

Lo bueno que tuvo el viaje con él fue que comenzó a apostar para pagar las deudas con las que le cargaba, y eso le ayudó para ejercitar su mano izquierda paralizada. Pero prefería no pensar en el tiempo que pasó con ese hombre, pues el sólo recordarlo le amargaba la vida.

Estuvieron mucho rato observando el paisaje, no podría ni decir exactamente durante cuánto tiempo permanecieron sin decirse ni una palabra incluso ya desaparecida Inglaterra entre las olas; hasta que finalmente Lenalee se decidió a comenzar una conversación, seguramente resignada a volver a ver su tierra, como si pudiera regresar en el tiempo y no embarcar.

—Y dime, Allen-kun, ¿Cómo te fue después de irte? ¿A dónde fuiste?

Sonrió para sí mismo, recordando algunos de los lugares en los que había estado, y que a pesar de estar con la compañía de Cross, los disfrutó deslumbrado (siempre y cuando no recordara la continua explotación a la que le sometía).

—Bueno, estuve con mi maestro viajando por lugares como Francia, Italia, Egipto, la India… Siento no haber podido avisarte por carta cuando me fui.

— ¿Eh? Ah, no importa. Aunque no negaré que cuando comenzaron a devolverme las cartas y no recibía contestación alguna me preocupé. No vuelvas a hacer algo así, por favor—le reprochó con una dulce sonrisa apenada.

—Lo lamento, Lenalee-san…mi maestro no me avisó cuando nos marchamos, y después estuve bastante ocupado intentando pagar sus deudas…

Entrecerró los ojos, rodeándole una extraña y repentina aura oscura al recordar por enésima vez todo lo que el incompetente malgastaba y la cantidad de dinero que derrochaba y que él debía volver a recaudar trabajando hasta no saber si sus miembros soportarían el esfuerzo. ¡Para que después se lo hurtara y lo volviera a emplear para su disfrute, en un interminable círculo vicioso! Maestro estúpido…

Se giró extrañado al escuchar la risa divertida de Lenalee, intentando ocultarla con la mano.

—Perdón, Allen-kun, es que no sé si decir que me alegro de que tu maestro siga igual que siempre o no.

Sonrió tímidamente, estando totalmente de acuerdo con ella.

—Por cierto, ¿hace cuánto tienes ese pájaro? Es extraño que, a pesar de estar suelto, no se separe de tu lado—comentó señalando su hombro, con una confidencial sonrisa. Realmente no se había dado cuenta de que estaba en su hombro, aunque no era de extrañar, pues era su lugar favorito.

—Ah, se llama Timcanpy. Le encontré recién nacido hará un año o así. Me dio lástima pues no tenía a nadie, así que le cuidé y al parecer debió cogerme cariño. Quizá cree que soy como su madre—sonrió divertido ante la cara de asombro de la chica y la gran sonrisa que comenzó a dibujar en su rostro, al parecer encantada con su simple historia.

Dirigió su mano derecha al hombro de ese mismo lado, donde estaba posado Timcanpy, acariciando con cuidado el amarillo plumaje recibiendo un cariñoso picoteo en su dedo índice. Timcanpy era como su mejor amigo, un compañero que nunca se separaba de él y que le aceptaba tal como era, sin importarle su aspecto. Podía recordar cuándo le encontró. Entonces se negaba a alimentarse y rechazaba todo tipo de alimento, y él desesperado se preguntaba cuál sería su tipo de comida. Preguntó incluso a su maestro por si sabía, pero como sabía fue inútil y lo único que le respondió fue que dejara de ser un aprendiz estúpido y que se pusiera a ganar dinero en vez de alimentar a animales moribundos tan inútiles como lo era él.

Por suerte, y aun no entendía cómo lo consiguió, un día comenzó a alimentarse para su alivio…y si antes no se solía separar de Tim por cuidar de él, fue Tim el que nunca se separaba de él cuando aprendió a volar. Aquello parecía ya tan lejano…

Le colocó el dedo frente suyo, instándole a que subiera en él, obedeciendo casi de inmediato.

—Pon el dedo, Lenalee-san.

Lenalee frunció ligeramente el ceño, insegura de si le espantaría o si le picaría. Aun así, extendió la desnuda mano izquierda, a imitación de cómo lo hizo Allen. Timcanpy tardó un poco más que con el chico, pero como al parecer su dueño le indicaba que subiera, el pequeño pájaro acató sus órdenes. La china se rió nerviosamente, al parecer embelesada con el pequeño animal.

—Saluda, Tim. Di hola a Lenalee-san.

Distinguió la mirada desconcertada y la separación asombrada entre los rojos labios, dejándola indudablemente enmudecida cuando abrió el pico repitiendo la palabra del albino.

— Hola…hola, hola.

— ¡Sabe hablar! ¡Allen-kun, mira, sabe hablar! Hola, Timcanpy, ¡Oh, es encantador!

—Hola, hola—repitió una y otra vez emprendiendo el vuelo para regresar al hombro de Allen, quien reía divertido ante la emoción de su amiga.

—No es gran cosa, sólo sabe decir eso…

— ¿Qué dices? ¡Es estupendo! Nunca había visto a un pájaro hablar, ¡increíble! Allen-kun, eres asombroso…

Desvió la mirada avergonzado, esperando que su sonrojo no fuera notorio.

—Sólo repite la palabra, de verdad que no es tan espectacular —masculló apesadumbrado, a pesar de recordar lo sorprendido que él mismo se quedó cuando Timcanpy lo dijo por primera vez y que desde entonces no paraba de saludar continuamente—. Por cierto, ¿qué tal tu camarote? ¿Te gusta?

—Oh, sí, está muy bien—respondió sonriente, apoyando la espalda ligeramente en la barandilla y mirando hacia el cielo—. Creo que será un viaje bastante largo pero agradable. Cuando vine de China era muy pequeña y no recuerdo nada, así que es como mi primera aventura. Me alegro de que estés conmigo, tenía miedo de viajar sola…—confesó enrojeciendo débilmente, sin atreverse a mirarle.

—Bueno, aun si yo no hubiera estado, estoy seguro de que Komui-san no te habría dejado viajar sola, ¿no tenías una institutriz? —preguntó llevándose la mano a la barbilla pensativo, recordando a la mujer que vio cuando estuvo con once años en su casa, una triste mujer con aire estricto. Si mal no recordaba, era quien le había obligado a llevar a la chica aquella prenda interior tan odiada y comprimente.

—Aún la recuerdas, sí, Frere-san. Pero realmente no lo sé, mi nii-san no me dijo nada sobre ello. Aunque estoy preocupada…

Allen arqueó una ceja, sin comprender la razón de porqué el rostro de Lenalee de repente parecía angustiado.

— ¿Acaso ha ocurrido algo malo?

— ¿Eh? Um, no exactamente. O puede que sí…lo que ocurre es que ayer no apareció en todo el día. Me habría gustado al menos despedirme de ella.

—Seguro que le surgió algo importante…debe estar arrepentida por no haber podido despedirse, o quizá no le gustasen las despedidas—dijo intentando consolarla, aunque realmente no podía asegurar nada pues él lo único que recordaba de la mujer era su rectitud, melancolía y la aparente indiferencia con la chica excepto con aquello que tuviera que ver con su trabajo.

Se llevó absorto la mano a la cabeza, tanteando la pequeña inflamación producida por la contusión formada a partir de Komurin. Sonrió para sí mismo recordando cómo había pasado todo tan rápidamente, pues Komui al ver a su querida hermana en sus brazos había pensado irremediablemente mal, ordenando a su robot un ataque hacia su persona con las maletas de la chica como arma. El problema fue cuando las pertenencias de Lenalee salieron volando, esparciéndose por todo el lugar. Nunca había imaginado que alguien se pudiera sonrojar tan fuertemente como lo hizo la chica en aquel momento, en el que fueron obviamente el centro de atención. Ahora podía sonreír tranquilamente, pero en aquel momento estaba más ocupado en esquivar los golpes de Komurin y de Komui.

— ¡Lulu, corre! ¡Mira, hay gente!

Allen y Lenalee se giraron al mismo tiempo intrigados por la voz y dándose extrañamente por aludidos. Una niña pequeña se acercaba a ellos, con un caro vestido rosado con toques de color lila, volantes y un lazo rojo en su azulado pelo corto, a conjunto con el de su pecho y el de su parte trasera. También llevaba una cinta en su cuello con otro pequeño lazo, pero esta vez blanco como sus guantes. La niña iba acompañada de una mujer rubia y alta, vestida también muy elegante con un vestido magenta, como si estuvieran en una importante fiesta de sociedad. Labios pintados de rojo y pelo recogido en una coleta baja. La niña fue corriendo enérgica a ellos despreocupadamente, con una gran sonrisa en el rostro lanzándose a la falda de Lenalee quien exclamó sorprendida.

—Oye, pareces una muñeca… ¿cómo te llamas?

—Lenalee…—musitó algo sorprendida— ¿Y tú, pequeña?

La chica giró su rostro hacia él, con una media sonrisa.

— ¿Y tú quién eres?

— ¿Yo? —preguntó parpadeando extrañado, señalándose con el dedo—. Me llamo Allen, encantado—sonrió amablemente, mientras la niña se separaba de Lenalee para ir a su lado.

Extendió una mano hacia él, quien no se movió por estar intrigado por su acción, pero en cuanto se dio cuenta de que su mano se dirigía a su ojo izquierdo con la intención de retirarle el parche, le tomó de la muñeca en un acto reflejo, deteniéndola rudamente. La niña inclinó la cabeza a un lado, sin borrar la sonrisa.

—Suéltela. Ahora.

Volteó el rostro desconcertado, viendo el rostro severo de la rubia mujer que la acompañaba, quien se entrometió rápidamente.

— ¡Uwa! ¡Lo siento mucho! —se disculpó soltando la muñeca de la peliazul rápidamente, sintiéndose abochornado por su acción tan maleducada.

— ¿Por qué llevas un parche en el ojo? ¿Estás tuerto o qué? —le preguntó burlona, ensanchando más la sonrisa. Aun así, Allen volvió a sonreír amablemente.

—No exactamente…hay cosas que prefiero no ver.

Sintió la mirada interrogativa de Lenalee, pero no se atrevió a mirarla. Realmente no quería hablar de ello, ni siquiera con su mejor amiga, pues aquello sólo lo sabía su maestro y no permitiría que nadie más se enterara de aquello. No podía permitirlo, por su bien.

—Me caes bien, ¿quieres jugar?

— ¿Jugar? —miró a Lenalee, inseguro de su respuesta pues no quería dejar a la chica sola, pero esta asintió de forma casi imperceptible—. Me encantaría.

La vio volver a sonreír, sólo que esta vez fue una extraña sonrisa que no le gustó para nada.

—Pero aún no es el momento…

Allen frunció ligeramente el ceño, desconcertado. ¿El momento? Quizá se tendrían que ir en ese momento a tomar el té o algo así, lo típico para la educación de la niña. La mujer que la acompañaba se comenzó a acercar lentamente hacia ellos, la niña continuaba con su extraña sonrisa, sin dejar de mirarle, y Lenalee únicamente atinó a dar un salto, sobresaltada, cuando la mano de la otra mujer se posó sobre su cabeza (1), con el rostro totalmente inexpresivo.


Nada más entrar en casa se dejó caer, llevándose una mano a la boca para evitar las arcadas que le producían el horror que había visto. Su cabeza le daba vueltas, su vista estaba desenfocada y su rostro estaba perlado de sudor. No podía pensar en nada racional en ese momento, ni siquiera en lo extraño que era el que Komui Lee se encontrara derrumbado en el suelo con náuseas por el miedo que en ese momento sentía. Pero no, el miedo no era por él, sino miedo por su hermana Lenalee y Allen.

Lenalee.

Cierto, Lenalee y más gente corrían peligro, debía avisar cuanto antes a Reever. Sí, ya no podía hacer nada para evitar que su hermana se embarcara en aquel barco junto a Allen, pero podía avisar a Reever y que le ayudara a contactar con los demás, para avisarles y que pudieran llegar a tiempo para salvarles y no corrieran la misma suerte que Gwen.

Santo cielo, era horrible lo que le habían hecho a esa pobre mujer. Se incorporó apoyándose en la puerta, inspirando profundamente e ir a su habitación, recordando cómo cuando regresaba de despedir a Lenalee (no sin asegurarse de que Allen no le tocara ni uno sólo de sus preciosos cabellos) una mujer, conocida suyo, se acercó corriendo a él con el pánico dibujado en el rostro.

No entendía lo que le quería decir en aquel momento, pero el que nombrara el nombre de "Frere-san" tan insistentemente, con frases inconclusas sin terminar, lágrimas resbalando por sus mejillas y pareciendo sufrir un llamado ataque de ansiedad, no era una situación en la que pudiera esperar muy buenas noticias, por lo que la siguió rápidamente. Pero nunca habría estado preparado para ver aquello: El cuerpo muerto de Gwen-san, magullado y torturado. Lo más horrible fue el descubrir que la faltaban todos los órganos internos, como una señal. Una señal que para él era como una firma, una firma que ya sabía a quién pertenecía y que desearía no conocer.

Al llegar a su habitación se dirigió al escritorio directamente, tomando su golem oculto en su cajón y conectándolo como un autómata. Inspiró profundamente, intentando relajarse. No, no debía sucumbir al pánico. Sin él la Orden estaría en apuros, y si él no sabía qué hacer, quienes entrarían en pánico serían los del Cuartel General. Bien, debía mantener la cabeza fría, por Lenalee.

— "¿Diga?"

— ¿Reever?

— "¿Komui? ¿Qué pasa? ¿Lenalee ya partió?"

Inspiró nuevamente, modulando la voz para evitar que le fallara y mantener la mente clara.

—Sí, pero hay problemas. Hace un par de horas se descubrió el cuerpo sin vida de la institutriz de Lenalee, Gwen Frere. Sin órganos internos. Sabes lo que eso significa, ¿verdad? —inquirió a pesar de ya saber la respuesta, pero aun así no pudo evitar ponerse nervioso al no recibir contestación de Reever. Estuvo a punto de volver a preguntárselo para saber si seguía ahí, pero por suerte respondió antes.

—"Noés… ¿hace cuánto fue asesinada?"

—La última vez que fue vista fue el veintiuno en la taberna, pasada la media noche. Según el dueño, apareció un hombre con una niña con los cuales se fue voluntariamente. Me pregunto por qué razón estaría Gwen-san allí, según me han dicho no era la primera vez que se reunía con aquel hombre.

—"Komui, ¿no habrás pensado que quizás ella…?"

—Es lo más probable—le interrumpió sabiendo bien a lo que se refería. Era muy probable, más de lo que podría imaginar y de lo que le gustaría, que desde un principio trabajara para el Conde, siendo una traidora.

— "¿Y Lenalee…?"—le sintió titubear, seguramente preocupado por la chica, y si no fuera porque este momento era serio habría dicho algo respecto a su interés por ella. Pero después de todo era normal su preocupación, y más fundamentada por ser su prometido. Prometido…

—Salió esta mañana con Allen-kun, y podría jurar que los Noé lo saben.

—"Um… ¿llegarán…?"

— ¿Cómo dices?

—"Hace un par de días, me imaginé que algo así podría pasar, por lo que organicé unos grupos para que acudieran a por Lenalee. ¿Cuál fue último grupo, más cercano a ahí, al que mandaste de misión?"

— ¿Más cerca? Um, creo que a Francia con el problema de electricidad que había en Brest. ¿Les mandaste en barco? —preguntó esperanzado, si ellos vivían en Plymouth, sur de Inglaterra, y se habían embarcado desde un lugar tan cercano no habría problema, pero aún así era muy arriesgado…

—"Sí, partirían ayer o así. Perdón por no avisarte, pero estabas tan ocupado con Lenalee que no tuve ocasión."

—No te disculpes, si no lo hubieras pensado no habría posibilidad para ellos. Si sabes algo llámame, Reever-chan—se despidió añadiendo el sufijo al final, en un intento de aliviar la tensión acumulada a lo largo de la conversación.

— "¿Komui?"

— ¿Mmm? —emitió volviéndose a llevar el auricular al oído.

—"Seguro que llegan a tiempo, estarán bien."

—Yo también lo creo…—respondió con una pequeña sonrisa antes de colgar.

Sí, seguro que no les pasaría nada. Podía confiar en sus exorcistas, en sus habilidades y en sus calificadas capacidades de combate para poder tener la esperanza de la seguridad de su hermana. ¡Qué ironía! Él, que precisamente la había separado de su lado para su seguridad, resultaba que al final lo único que había hecho era despojarla de la poca protección que poseía para protegerla (que poca, pero suficiente hasta ahora).

Además que no sólo corría peligro ella, sino Allen-kun también, al igual que todo el resto de pasajeros del barco. Mierda. Debió haberse opuesto desde un principio a todo este galimatías ideado por Reever. ¿Cuándo aprendería que las ideas de Reever eran las inútiles y no sus magníficos Komurins? Pero ahora no podía hacer otra cosa que esperar a tener noticias, esperar a saber si llegaron a tiempo o si había mandado a su hermana a la muerte sólo por no ser lo suficientemente competente como para descubrir que Gwen-san era un topo del Conde. Sólo podía esperar.

Estaría a la expectativa de noticias de su hermana y de Allen.


Se encontraba recostado boca arriba en la cama, con los ojos entreabiertos fijados en el techo pero sin realmente ver, dormitando pero sin lograr dejarse vencer por el sueño y descansar. La mano derecha reposaba sobre su frente retirándose el flequillo, mientras que su mano izquierda yacía extendida a su costado. Su camarote era agradable, no era para nada grande, pero él tampoco quería nada ostentoso; se conformaba con la cama, el pequeño baúl y un modesto cuarto de baño con espejo. Lo suficiente. Además no había un ruido extremadamente molesto como para evitar que se durmiera; de hecho, era perfectamente capaz de ignorarlo, uniéndose al sonido de las olas al chocar contra el barco relajándole, y el ligero movimiento que parecía estar arrullándole.

Pero aparte de tener un entorno tan dispuesto en dejarle descansar, estaba el espantoso calor de su habitación que a su vez le impedía estar a gusto. Su estómago gruñó, recordándole que no se olvidara de que la falta de alimento también le exasperaba. Aún podía recordar lo feliz que había sido cuando antes de partir se fue junto a Lenalee-san y Komui-san a comer, pudiendo recuperar la falta de nutrición adecuada en su viaje. Y ahora volvía la agonía de no poder comer lo que quisiera… ¡¿cómo podían racionarle la comida? Bueno, debía admitir que comía bastante (más de lo que se podría imaginar al verle) y que el viaje era largo… ¡pero su estómago necesitaba alimento y él solo no iba a terminar con todas las provisiones!

Se incorporó irritado, sintiendo un ligero mareo por su movimiento tan rápido, pero lo ignoró dirigiéndose a la puerta siendo seguido por Timcanpy. No podía hacer nada con sus escandalosas tripas, pero al menos saldría a cubierta a tomar un poco el aire, pues al ser de noche, primavera y estar en el atlántico tenía la suerte de poder disfrutar de la humedad refrescante del ambiente.

Cerró la puerta tras sí despacio, sabiendo que Lenalee estaba al lado de su camarote y una de dos: o estaba ordenando su equipaje aún, o estaría acostada. Y como cabía la posibilidad de que fuera la segunda opción, pues hacía bastante que había anochecido, prefería evitar riesgos de despertarla y dejarla descansar como a él le gustaría hacer.

Admiraba a la chica, pues aunque Mana no era su familia de sangre él le quería como tal, y cuando la muerte se llevó la vida de su padre él lo único que quería era estar a su lado de cualquier forma. Por eso, el que Lenalee se alejara de su hermano, su único familiar, lo sentía como si él se hubiese alejado de Mana (algo de lo que no creía haber sido capaz). Aunque como bien se recordaba, Mana no fue su familia de sangre, pues esa le abandonó nada más nacer, por lo que no sabía si se sentía igual o si era muy diferente… como fuera, Lenalee tendría sus propias razones y motivaciones para ello. Incluso le vino a la cabeza que era Komui-san de quien se trataba y que posiblemente esa era la razón. Sonrió para sí mismo, algo apenado por sus pensamientos, mientras subía lentamente las escaleras que le llevarían arriba.

Inspiró profundamente el salado olor ya tan conocido, agradecido de haber encontrado el camino correcto a la primera, sin perderse como solía pasarle. Abrió los ojos, distinguiendo una alta silueta rubia.

—Lulubell-san, buenas noches—la saludó con una sonrisa amable, acercándose a ella.

La mujer se giró lentamente, observándole de una forma que no podía interpretar, pero que podía asegurar que era inquisitiva.

Um, ¿se encuentra mejor? —preguntó manteniendo con esfuerzo su sonrisa, pues la mujer únicamente se limitaba a observarle.

Intentó ignorar lo incómodo que se encontraba por el silencio de la mujer, centrándose en observarla analíticamente, intentando asegurarse de que se encontraba mejor. Recordaba que cuando tocó a Lenalee, la pobre mujer se comenzó a sentir, al parecer, como mareada o así le pareció. La cuestión era que después de quedarse un par de segundos inmóvil, empalideció y se llevó una mano a la cabeza, con el inexpresivo rostro dibujando el mayor desconcierto que podía (el cual no era mucho) murmurando algo parecido a que algo que sólo ella sabría qué no podía ser.

Después de eso se dio la vuelta marchándose sin decir nada, siendo seguida rápidamente por la niña peliazul.

—Sí.

—Menos mal, me alegro—respondió algo aliviado de que le respondiera, a pesar de no dejar de mirarle.

Desvió la vista al mar, intentando ahora ignorarla. El cielo estaba despejado y se veía todo el grupo de estrellas que formaban el cielo, como diminutas luciérnagas alumbrando la oscuridad, mientras que las olas del mar, debido a la oscuridad, en vez de tener las aguas del típico azul cristalino, estaban de un misterioso negro profundo. Entrecerró los ojos intentando observar un punto anormal en el paisaje; bueno, no exactamente anormal, pero sí lo suficiente como para saber que eso no era buena señal.

Cerró los ojos fuertemente moviendo la cabeza a los lados, intentando despejarse y aclarar su visión por si el efecto del sueño más la falta de alimento le estaba ya haciendo tener visiones. Pero no. Al volver a abrir los ojos pudo ver que era en verdad real: un barco se acercaba a ellos. Giró el rostro a lo alto, mirando al palo mayor donde se suponía debía estar el vigía avisando del barco y tomar medidas de ello, mucho antes de ser visible a sus ojos.

Pero no había nadie.

Frunció el ceño preguntándose qué pasaba, pues saltaba a la vista que algo no iba bien. Centró nuevamente su atención en la mujer y avisarle de que iría a buscar a alguien a quien avisar, pero le desconcertó aún más que estuviera acercándose a él, con el brazo estirado hacia su cabeza.

Retrocedió un paso involuntariamente.

— ¿Lulubell-san…?

—No te muevas.

Y aunque hubiera querido, no hubiera podido. La mujer ya había posado la mano sobre su cabeza, por alguna extraña razón inmovilizándole. Curiosamente Timcanpy comenzó a agitar las alas abriendo el pico, en actitud de ataque contra la mujer, como si su dueño se encontrara en peligro. Su mano se sentía fría, pues al parecer mientras estaba distraído se había quitado el guante; o quizás desde un principio no lo llevaba puesto.

Una vez se separó, retirando lentamente la mano, Allen pudo volver a tener conciencia de su cuerpo.

—Road.

— ¡Al fin, pensé que nunca me llamarías, Lulu! —se inclinó un poco, lo suficiente como para ver a la niña peliazul tras la mujer, sólo que esta vez estaba diferente. No era que hubiera crecido ni nada de eso, seguía igual excepto porque sus ojos habían cambiado a dorados, su tez se volvió oscura y en la frente tenía una línea de cruces. ¿Qué había pasado? En verdad estaba ya delirando— ¿Y bien? Ya lo sabrás seguro, ¿no?

La mujer no dejó de mirarle, haciéndole sentir aun mucho más incómodo. Quizá debía estar soñando; sí, seguro que al final debió haber caído dormido y esto sólo era producto de su subconsciente. Pero entonces, la brisa que revolvía sus cabellos y la frescura en su rostro, ¿cómo se explicaban? Finalmente vio a la mujer asentir a la pregunta de la niña.

—Iré a avisar al maestro.

Se dio la vuelta, dejándole de mirar finalmente. Pero otra cosa extraña ocurrió: había una original puerta con forma de corazón y dibujos de rombos rojos y negros que antes no estaba. ¿Y cómo iba a haber una puerta en mitad de la cubierta que no llevaba a ningún lado?

Bueno, eso de a ningún lado era muy pero que muy fácil de negar, pues la mujer sin titubear un segundo, abrió la puerta entrando en ella; y para su sorpresa no apareció por el otro lado. Dio un par de pasos hacia atrás, desconcertado por esa extraña puerta, por el extraño cambio de la niña, por el extraño comportamiento de la mujer y por lo extraño que estaba resultando ser su sueño. ¿O quizás este era el momento de admitir que no era un sueño?

—Oye, Allen…estás más guapo sin el parche, ¿lo sabías?

— ¿Qué?

Se llevó rápidamente la mano al ojo, descubriendo para su horror que, en efecto, no llevaba el parche en su ojo izquierdo. Abrió y cerró los ojos absurdamente, afirmando aun más el hecho. Con la mano izquierda se lo tapó, presionando fuertemente. ¿Cómo había podido olvidarlo? Se dio golpes mentales por su estupidez, deseando poder regresar corriendo a su habitación donde podía recordar haberlo dejado tirado el suelo debido a la exasperación de no poder dormir. Mierda, odiaba ser tan descuidado. Se mordió el labio, furioso consigo mismo.

—Oh, aún no es el momento de poner esa cara de desesperación, Allen.

La miró largamente, preguntándose si sería muy malo el decirle que se iba a recoger el parche y luego volver. Pero no era buena idea dejarla sola, desde luego ahora que estaban pasando esas cosas tan desconcertantes. Pero no habría problema si iba con él, además debía buscar a alguien del barco para avisar del desconocido barco que se acercaba. Pero entonces vio algo tirado en el suelo, un papel. Se agachó a recogerlo, sin dejar de taparse el ojo izquierdo. La niña no hizo nada, a pesar de saber que ese papel le pertenecía a ella o a Lulubell-san. Cuando lo giró, frunció el ceño desconcertado.

— ¿Qué es esto? —le preguntó incorporándose, mostrándole el dibujo.

—Parece una muñeca, ¿verdad? ¿No sale linda?

— ¿Qué haces tú con un dibujo de Lenalee?

La peliazul comenzó a reír divertida, frustrándole aún más. Dibujó una mueca mientras la niña se acercó hasta quedar a un palmo de él.

—Por fin llegó el momento de la diversión—dijo colocando los brazos tras su espalda— ¡Vamos a jugar, Allen!

En ese momento, el barco tembló fuertemente junto a una sonora explosión. Se giró rápidamente hacia la procedencia del sonido, viendo como lentamente se alzaba una oscura humareda hacia el cielo procedente de la popa del barco.

~Continuará~

(1) Tomé la capacidad que tiene Lulubell de, con sólo tocar la cabeza de alguien, poder ver la mente de las personas y así conocer su pasado. Me pareció una habilidad bastante útil, y una gran ayuda para la trama de mi fic -sonrisa-

Nota final: -se despierta- ¡Ah! Creo que en este segundo cap. ya se sabe con seguridad lo que pasó con la pobre de Gwen, ¿no? Siento dejar ahí el capítulo, pero creo que ya es bastante largo -risa- De hecho tenía pensado desde un principio hacer aparecer aquí a Kanda, pero al parecer su rutina de tardar en llegar también se repite aquí.

¿Os habéis imaginado al encantador Timcanpy convertido en un pequeño y lindo parajito? Si algún día tengo un pájaro amarillo, me encantaría ponerle de nombre Timcanpy. Y sobre el que "sabe decir hola", no os imaginéis que es un loro de esos tan grandes que es como si a Allen le hubiera salido una segunda cabeza; sino algo como un periquito, que ellos también tienen la capacidad de repetir las palabras (aunque sois libre de imaginaros el tipo de pájaro que vosotros queráis, por supuesto -sonrisa-)

Para terminar, ¿reviews? Me haríais muy feliz; y últimamente el hacer feliz a una cutre escritora con un review es gratis, por si os preocupa la crisis -sonrisa-

¨Nishi¨