Notas: ¡Hey! -alza el brazo y saluda alegremente- ¡Muchísimas gracias por los reviews! ¡Kya, los amo! Por fin subo el capítulo tres...¡El tres! ¡Todo un record para mi! Pero he de advertir que en el próximo tardaré un poquito más, debido a que tengo encima la semana de exámenes. No sé si es buena noticia o mala, pero creo poder asegurar que el siguiente me saldrá más extenso que estos (¿Aún más? Sí -llora- Podéis tomároslo como una disculpa por tardar si es que os gusta mi fic) Si alguien tiene algún problema respecto a lo extensos que son, como ya dije, avisadme y veré si el siguiente lo puedo dividir en dos partes (aunque saldrían cortitos comparándolo con este, por ejemplo), sin problemas. Lo mismo si no os importa que sea más largo. Además de los exámenes últimamente me cuesta bastante escribir (será por culpa de ellos, I don't know) y en especial este me costó bastante (encima de ser mi parásito particular me da dolor de cabeza y me resta horas de sueño...creo que después de publicar y responder reviews me iré a dormir -risa-) Sólo espero que el siguiente me dé menos problemas y que esta fase estúpida se vaya junto a los exámenes.

Advertencias del capítulo: ¿Es realmente necesario el constatar que tiene OOC? Creo que ya es bien sabido, pero por si las moscas (Me encantaría poder encontrar un fic (a ser posible Yullen) falto de OOC -mirada soñadora-) ¿También es necesario decir que hay cambios de POV? A mi parecer se nota más incluso que el OOC, o al menos eso espero. También aviso de que nuevamente hay spoilers. ¡He logrado juntar spoilers básicos del principio de la historia y spoilers del final del anime! Así que si no os habéis terminado la serie mejor no leáis: corréis peligro de spoiler. Y finalmente contiene algo de acción y desconcierto que intentaré borrar en el siguiente.

DISCLAIMER: D Gray-man y sus personajes pertenecen a Hoshino Katsura, no a mí. Si me perteneciera no estaría contando los días que faltan para el nueve de Marzo, esperando como la obsesa que soy la continuación del manga, pues sabría lo que ocurriría a lo largo de la historia (y que su final sería un Allen atado a la cama ante la mirada lujuriosa de nuestro samurái)

Discípulo del pecado

3. Altercado fortuito

Se sentó pesadamente en la cama con un suspiro, cansada de haber tenido que recoger todo sin ningún intervalo de descanso. Cuando embarcó se mantuvo asomada por la barandilla hasta perder de vista a su hermano, pero hubo un corto momento en el que aprovechó para ir a dejar su equipaje en la habitación de cualquier forma y volver rápidamente al lado de Allen-kun para no perder de vista Inglaterra hasta que desapareciera, tragada por el mar.

Y bueno, no se arrepentía de haber regresado rápidamente; pero sí de no haber estado atenta a las condiciones en las que dejaba sus pertenencias, pues por ello había tenido el doble de trabajo al tener que ordenar todo. Se tumbó con los brazos extendidos, satisfecha de haber terminado su cansado y aburrido trabajo, pudiendo finalmente descansar sin el remordimiento de no haber instalado su ajuar. Desvió la vista al reloj del camarote, marcando las once pasadas. Suspiró desganada de cambiarse. Estaba tan cómoda y cansada que no tenía ganas de moverse siquiera para quitarse las pesadas botas, por lo que decidió quedarse un poco más de esa forma y meditar un poco su futuro; y quizás dejarse dormir.

Cerró los ojos girándose sobre sí misma, apoyando su peso en el costado izquierdo. Tenía unas ganas terribles de hablar con Komui, nunca antes había estado tan lejos de él y eso le hacía sentirse absurdamente vulnerable. Tenía una extraña necesidad de hablar con él, aún a sabiendas de que estaba mal depender tanto de su hermano y de que incluso cuando se ponía tan pesado con ella no podía evitar el golpearle diciéndole que se comportara. Pero seguía siendo su hermano. Aquel que no sabía cuándo volvería a ver.

Quizás podría llamarle y preguntarle cómo estaba…aunque dudaba que hubiera teléfonos ahí. Y desde luego ese no era un momento adecuado para salir y preguntar por ello, pues era tarde y no estaría bien visto. Pero posiblemente mañana sí podría preguntar por uno. Ya le podía imaginar en ese momento dormido sobre el montón de papeles de su escritorio, con un café intragable manchando sus variados bocetos de Komurin y con la misma necesidad de hablar con ella; al menos para asegurarse de que Allen-kun no le había hecho nada que pusiera en peligro esa inocencia que con tanto celo cuidaba Komui. Aceptaba que la mayor parte de su necesidad de hablar con él se basaba en su preocupación, porque bien sabía que no podía cuidarse solo de forma decente ya que sus inventos eran de todo menos seguros.

Agitó la cabeza intentando dejar de imaginarse la absurda idea de su casa destruida por un Komurin gigante. También se preguntaba qué estaría haciendo Allen. A él también se le podía imaginar profundamente dormido, en la cama y con un Timcanpy al lado. Le apenaba el que por su culpa el chico tuviera que hacer por segunda vez el viaje, pero debía admitir que cuando Komui le dijo que vería a Allen no había reparado en lo que suponía eso para el menor.

Se sentía bastante egoísta al haber pensado únicamente en que no estaría sola, en vez de haber pensado en lo cansado que se le haría al peliblanco el acompañarla. Pero tampoco habría habido caso el quejarse por ello, pues su hermano sólo la había avisado con dos días de antelación, cuando ya estaba llegando y llevaba prácticamente todo el viaje completo. Pero eso sólo eran excusas. Bien sabía que únicamente era una pobre excusa para ocultar su egoísmo y falta de consideración con él; pero a pesar de saberlo se sentía mejor viviendo en esa mentira que en el pensar en las molestias que le estaría provocando al chico por su propia comodidad.

Se detuvo sin poder continuar con su autocrítica a causa de que un fuerte temblor agitó todo el barco, sacándola bruscamente de sus cavilaciones. Dio un brinco sobresaltada, sujetándose inconscientemente a las sábanas en un intento de mantenerse firme mientras sus objetos personales caían al suelo y una explosión hacía eco. Elevó la mirada al techo escuchando como las tablas superiores crujían y al parecer se rompían algunas superiores. ¿Habrían chocado contra algo? No tenía sentido, pues podía jurar haber escuchado la explosión. Ahogó una exclamación cuando sintió que el barco se ladeaba.

Rápidamente se incorporó dirigiéndose a la puerta, esquivando los objetos que habían caído al suelo e intentando mantener el equilibrio en el suelo ladeado. Estupendo, había trabajado inútilmente. Pero eso no era importante en ese momento, de hecho era una insignificancia comparándolo con lo que verdaderamente estaba ocurriendo. Abrió la puerta apoyándose en el marco, viendo como otros pasajeros, al igual que ella, había salido también de sus camarotes; pero la diferencia se encontraba en que ellos no parecían para nada extrañados y que se dirigían sin dudar hacia la cubierta. De forma tranquila y con ausencia de todo pánico en sus rostros. Al contrario de lo que se imaginaba. Miró a ambos lados viendo como todos y cada uno de ellos hacían exactamente lo mismo, como si estuvieran acostumbrados al suceso y lo tuvieran aprendido después de tanto tiempo, aburridos de esa rutina.

Bueno, podía ser algo natural…nunca antes había estado en un barco así que no podía asegurar nada. Pero el que hubiera una explosión y que el barco se ladeara como si se estuviera hundiendo no parecía ser algo muy natural en todos los viajes, y mucho menos alentador.

–Perdone–tomó del brazo a un hombre, interrumpiendo su camino– ¿Sabe usted qué está pasando? Estoy confundida…

–Road-sama nos llama. Ha llegado el momento.

– ¿El momento? –repitió desconcertada, pero el hombre ya se había liberado de su brazo, continuando su camino– ¡Oiga! ¡¿A qué refiere con eso del momento?

Realmente no le sirvió de nada el repetir la pregunta, pues tanto el hombre como todos los demás pasajeros la ignoraron. Hizo un puchero, molesta por ser ignorada de una forma tan poco diplomática; y a pesar de que no estaba segura de lo que estaba pasando, decidió hacer lo mismo que el resto de pasajeros: dirigirse hacia la parte superior. Ellos sabrían lo que hacían… ¿no? Pero no veía a Allen por ningún lado, y ni siquiera había salido de su camarote. ¿Tan profundamente dormido se podía encontrar el chico?

Que ella recordara lo único fuera de lo normal, a parte de su aspecto, era su estómago imposible de satisfacer por mucho que comiera. ¿No podía ser que le hubiera ocurrido algo debido a tanto movimiento en el barco? Dios no lo quisiera, pero no iba a quedarse con la duda. Apoyándose en la pared fue al camarote del albino sin tener ninguna dificultad en ello, pues al estar alojada justo al lado no encontró ningún problema.

– ¿Allen-kun? –inquirió llamando un par de veces a la puerta, insegura.

Esperó pacientemente su respuesta, pero al no recibir contestación después de llamar un par de veces más, abrió la puerta ligeramente, asomándose por ella. La puerta terminó abierta de par en par, constatando únicamente un hecho: El camarote estaba vacío.

¿A dónde podría haber ido?


Allen frunció el ceño sin comprender las palabras de la niña. Ahogó una exclamación y estuvo a punto de perder el equilibrio cuando el barco, al parecer hundiéndose, comenzó a inclinarse. La peliazul se acercó a él, tomándole del brazo izquierdo y de esa forma obligarle a destaparse el ojo y mirarla.

–Vamos, Allen, saluda a los pasajeros.

Parpadeó desconcertado, para justo un segundo después escuchar el ruido de tablas crujiendo tras él, acompañando al sonido de pasos cada vez más cercanos. Giró lentamente sobre su izquierda, observando cómo el resto de personas que formaban parte del barco les rodeaban. No, realmente no eran personas. O quizás quien no era una persona era él por ser capaz de asegurar aquello. Llevó las dos manos al ojo izquierdo para dejar de ver, dejándose caer al suelo al darse cuenta de que volvía a ocurrir lo que su maestro llamaba como "activación de su ojo". Era un completo estúpido, no quería volver a ver ese extraño mundo que no podía ser otro lugar más que el infierno y aún así era lo bastante idiota como para olvidarse de lo único que impedía ver aquello. Como el imbécil que era.

–Mierda…–masculló sintiéndose desalentado.

Cerró fuertemente los ojos, sin querer mirar a ningún lugar específico.

– ¿Tan horribles son? No sé, aun tienen forma humana.

Atreviéndose a alzar la cabeza y mirar a la niña, agradeció que ella no tuviera ese triste ser que, también según su maestro, era el alma. Hasta lo presente no comprendía sus palabras, pero al parecer la chica tenía que ver con lo que pasaba; sino, ¿a qué se refería con eso de forma humana?

– ¿Qué eres? Tú…no tienes ese triste espíritu…

–Soy humana. Road Kamelot, el Conde del Milenio es mi hermano. Nosotros somos la familia de Noé, los verdaderos apóstoles escogidos por Dios; a diferencia de vosotros, los exorcistas, que sois los elegidos por un falso Dios–respondió pasándose el dedo gordo de su mano derecha por la lengua.

– ¿Humana…? Eso quiere decir que ellos…–murmuró echando un vistazo a la gente de su alrededor, cerciorándose de que todos, sin excepción, tenían ese mismo espantoso espíritu tras ellos.

– ¿Ellos? ¿Humanos? –la gran carcajada de la niña resonó provocándole un molesto escalofrío– ¡Qué tonto! ¡Son akumas! Pensar que eres uno de esos absurdos exorcistas y que no lo sabes hace que me plantee qué tan inútil es la Orden.

Frunció el ceño más notoriamente, preguntándose si sería capaz de comprender al menos una sola de sus frases seguidas.

–No entiendo nada de lo que dices. ¿Exorcistas? ¿Akumas? ¿La Orden?

–Tú, un exorcista, ¿no sabes nada? ¡Oh…! ¿Puede ser que no recuerdes aquel día? ¡El conde me lo contó todo! –dijo acuclillándose frente a él. Allen pronunció mucho más el ceño. No podía ser que supiera que no recordaba aquel día en específico, ¿verdad? Es decir, él podía asegurar que no la había visto antes, y que mucho menos le había hablado sobre algo referente a su padre. Entonces, ¿cómo…?– Dime, ¿quieres saber qué paso aquella noche? ¿Quieres saber lo que le hiciste a tu padre?

La miró asombrado, casi como si fuera la primera vez que la veía y le estuviera hablando de un mundo nuevo; pero en cierta manera así era. ¿Eso significaba que al fin podría recordarlo?: la razón por la que su cabello se volvió albino y su ojo izquierdo quedó marcado con aquella fea cicatriz. Lentamente e inseguro, asintió. No sabía cómo iba a hacer Road para conseguir lo que él llevaba tanto tiempo intentando lograr, pero realmente no le importaba si conseguía lo que quería. Decían que el fin no justificaba los medios, pero en este caso los medios le carecían de toda importancia.

Road se volvió a reír, disfrutando de lo que ella decía ser un juego. Dirigió los brazos a su cuello, rodeándole, y antes de que lo pudiera evitar o incluso poder imaginárselo, la niña le estaba besando. Abrió los ojos sorprendido, completamente desconcertado y atónito a lo que la niña hacía, incapaz de reaccionar por lo descompuesto que le había dejado su acción. ¡Road le estaba besando!

Cuando la peliazul se separó con una sonrisa gustosa, se dio cuenta de que ya no estaba más en el barco y que, en cambio, se encontraba en una habitación cerrada y sin puertas a la vista. El papel de la pared dibujaba rombos, con un único cuadro, y llena de siniestras muñecas y excéntricas velas (flotando prodigiosamente) que alumbraban la sala.

La Noé se incorporó, alejándose de él mientras se relamía.

–Debía cobrarme este favor, ya sabes.

Parpadeó nuevamente, algo desorientado, mientras la imagen de la habitación comenzaba a girar y volvía a desaparecer, intercambiándose por un lugar nevado bajo un cielo rojizo. Era un pequeño monte con un único árbol, ramas retorcidas y sin hojas. Un lugar bastante conocido para él.

El lugar donde terminaban y comenzaban sus recuerdos. Se giró observando cómo frente a él se encontraba situada la tumba de su padre, y él de pequeño derrumbado en el suelo, llorando y con la mirada perdida a los pies de dicha cripta. Se acercó un par de pasos hacia ella, pudiendo diferenciar el nombre escrito en la lápida con forma de cruz: Mana Walker. Entonces, de la nada, apareció un hombre gordinflón, con sombrero de copa, redondas gafas y una gran sonrisa, observándole tras la tumba con la luna de fondo. Allen reconoció la imagen, pues era precisamente ese hombre el que podía recordar, sólo que por fin distinguía su rostro claramente.

– ¿Te gustaría que Mana Walker volviese a la vida?

Su yo pequeño alzó la mirada al hombre, con las lágrimas escurriendo por las pálidas mejillas por el frío que debía hacer al nevar y estar ahí sentado durante seguramente bastante tiempo.

–Mana podrá… ¿Mana regresará? –preguntó esperanzado tras una pausa, saliendo vaho de su boca.

– ¡Vaya! ¡Qué joven está el Conde! –escuchó comentar tras sí a Road, sobreponiendo su voz a la risa de dicho Conde.

La imagen entonces cambió una vez más debido a que el hombre hizo aparecer una especie de esqueleto metálico. El Allen de aquel entonces se incorporó, observando de forma neutral el objeto que desprendía un brillo metalizado. Se acercó titubeante, gritando el nombre de su padre con todas sus fuerzas y deseos de volverle a ver. Un rayo morado cayó sobre el esqueleto tras sus palabras, haciendo que una especie de llama violeta lo rodeara y se empezara a escribir en una tonalidad rojiza el nombre de Mana en la frente, bajo una estrella invertida similar a la suya sobre el ojo izquierdo. La máquina comenzó a moverse a intervalos, acercándose a él.

–A…llen.

– ¡Mana!–exclamó con voz débil e incrédulo de que fuese él, pero seguro dichoso de volverle a escuchar pronunciar su nombre, estirando los brazos hacia el arma.

– ¿Cómo te has atrevido…? ¡Me has convertido en un akuma…!

Vio como se paraba en seco ante sus palabras, desconcertado por la actitud agresiva del Mana renacido.

– ¡Yo te maldigo, Allen!

Dio un brinco hacia atrás sorprendido, alejándose de la escena y llevándose inconscientemente la mano derecha a su ojo izquierdo palpando la cicatriz, a la vez que observaba cómo el artefacto alzaba su brazo derecho en forma de cuchilla para tomar impulso y descargarlo sobre él, haciéndole un corte vertical exactamente donde estaba la marca de esa acción; la cual le acompañaría a lo largo de su vida.

–¡Me has convertido en un akuma! ¡Te maldigo! ¡Te maldigo, Allen! –espetó la máquina al mismo tiempo que el castaño caía hacia el suelo en respuesta al ataque sufrido, gimiendo de dolor al ser atrapado. Reparó en que él no luchaba por liberarse de la especie de cable que le rodeaba, inmovilizándole e impidiendo que escapara. Seguramente porque era incapaz de moverse y cesar el recorrer de las lágrimas surgidas a causa de no ser capaz de asimilar lo que le había hecho "Mana". Todo ante la atenta mirada y gran sonrisa del Conde.

Espontáneamente una luz proveniente de su mano izquierda alumbró su rostro con un brillo verdoso, para al instante deformarse en una enorme garra plateada laminada, con el símbolo en forma de cruz brillando en el dorso, y apartar el akuma de Mana de él de un manotazo, provocando un grito originario del agredido. El brazo comenzó a moverse solo, arrastrándole por el suelo y dirigiéndole apresurada y directamente hacia el akuma portador del alma de Mana, con toda la intención de poner fin de una vez por todas a su existencia.

– ¡No! ¡Detente, deja en paz a Mana! ¡Corre! ¡Corre, papá! –gritó el pequeño con desesperación.

–Te quiero…–respondió el demonio sin moverse, al mismo tiempo que su ojo izquierdo por primera vez se volvía rojo y en la pupila aparecían unas circunferencias negras. Exactamente igual a cuando veía aquellas tristes almas, de las que ahora reconocía característica de los akumas–. Por favor, destrúyeme…

Apartó la mirada y cerró fuertemente los ojos al escuchar cómo el nombre de Mana gritado por él se fusionaba con el de dolor del esqueleto mecánico. Apretó los puños fuertemente mientras se mordía el labio inferior. ¿Así que de esa forma era como había comenzado todo? ¿Por culpa de su debilidad? Y lo de su brazo… ¿significaba eso que todas aquellas personas a las que veía esa alma eran akumas? ¿Podría su brazo destruir a todos, al igual que como lo hizo con Mana, y salvarles de la tristeza que les atenazaba, sin distinción?

– ¿Qué piensas? Porque fuiste maldecido por tu querido padre–preguntó la voz de Road tras él, haciendo desaparecer su imagen, ya con cabello blanco, llorando al lado del akuma destruido de su padre a cambio de la habitación en la que apareció antes.

–No puedo entender lo que pasó…–musitó paralizado por los recuerdos, con la vista fija en el suelo.

–Vaya…bueno, lo siento por ti, pero no vas a tener mucho tiempo para comprenderlo–dijo poniendo los brazos tras el cuello, mirándole de perfil.

– ¿A qué te refieres…?

–Desde un principio vine aquí para matarte, ¿sabías eso? Es una verdadera lástima, eres tan adorable, Allen.

– ¿Cómo dices? –inquirió retrocediendo un par de pasos, sintiendo sus movimientos lentos y torpes a causa de la conmoción.

Road alzó el brazo derecho, señalando a una de las velas con forma de cono y con la parte del vértice apuntando hacia él. La niña le sonrió sacándole la lengua burlona. Allen miró a ambos lados, intentando buscar una salida, pero antes de poder tan siquiera reaccionar, la peliazul dirigió el arma hacia él, incrustándole profundamente en su hombro derecho la cúspide.

El albino gritó dolorosamente, llevándose una mano al hombro herido.

–Mierda…–masculló mordiéndose el labio para evitar que se le escaparan siseos de dolor al retirarse la vela del hombro de un movimiento seco, el cual se empapaba vertiginosamente de su espesa sangre.

–En cierta forma me alegro de que resultara no ser aquella chica tan mona. Al verte decidí que si debía involucrarme con alguien, serías tú.

Volvió a alzar el brazo, tomando nuevamente otra de esas armas. Allen observó su mano izquierda, preguntándose por qué no lograba hacer que su feo brazo se volviera a transformar en aquella garra manchada de la sangre de su padre. Si lograba hacer que se transformara, posiblemente tendría posibilidades de salir de aquel lugar destruyendo las paredes o algo. Lo que fuera con tal de no permanecer ahí y no tener que dañar a la niña. Ahora mismo lo que estaba viviendo le parecía una especie de sueño, o más exactamente una horrible pesadilla que habría preferido no tener y de la que deseaba poder despertar.

Desgraciadamente, el dolor en su hombro derecho era tan real que podía asegurar que aquello que estaba sufriendo no era ni lo más cercano a una pesadilla. No tenía tal suerte. Y encima aún tenía la preocupación de dónde estaría Lenalee, pues tras lo del barco no había podido verla (ya que llegó directamente a esa habitación). Ojala no le hubiera pasado nada pues nunca podría perdonárselo. Debía salir de allí como fuera y asegurarse de ello. Abrió y cerró fuertemente el puño de la mano izquierda, como si de esa forma pudiese hacer que se transformara.

Escuchó una risita maníaca procedente de Road, obligándole a mirar justo cuando la veía volver a lanzar el objeto contra él. Cerró fuertemente los ojos esperando sentir el objeto incrustándose en él.

Pero el dolor nunca llegó.

Entreabrió un ojo desconcertado, no podía ser que se hubiera arrepentido y hubiera decidido dejarle ir al fin, ¿no? Definitivamente no era eso, pues al mirar pudo distinguir a un hombre alto, con pelo ondulado y moreno, bien vestido y con los rasgos que aparecieron en Road hace poco: ojos dorados, tez oscura y línea de cruces en la frente. Le miró largamente, asombrado de que con su mano derecha estuviera tomando el brazo de la niña, deteniendo su ataque, quedando la vela suspendida en el aire con un visible destino hacia él.

¿Cómo había logrado entrar aquel hombre allí?


Dio una patada al suelo haciendo que resonara fuertemente por la fuerza ejercida y el peso de las botas, cruzándose y de brazos y haciendo un ligero mohín. No podía encontrar a Allen por ningún lado. Intentó en todos los lugares (el primero, claramente fue la cocina, ¡pero ni allí se encontraba el chico!) y en todos el resultado fue un total fracaso, pues estaba todo vacío, sin un alma.

Dios, pocas veces se sentía tan frustrada como ahora a causa de no poder encontrar al albino. No podía ser muy difícil el encontrarle, ¿no? Era un barco algo pequeño y no había muchos sitios a los que pudiera ir y no hubiera buscado; y había que añadir que tras la explosión no podría encontrarle en la, por ejemplo, cocina sin parar de comer por mucha hambre que tuviera, pues era ilógico (aun a pesar de haber sido el primer lugar a donde fue). Lo más seguro era que él también estuviera buscándola…y a donde la gente se había dirigido era a cubierta. Quizás con un poco de suerte y el chico se encontrara arriba entre toda la tripulación.

Se descruzó de brazos para tomarse de la falda y volver a salir corriendo con un nuevo destino en mente, deshaciendo el camino recorrido. Misteriosamente el barco estaba en completo silencio, apenas y sólo se escuchaban sus pasos contra la madera, las olas golpeando el barco y el crujir de las tablas. No le gustaba el silencio que había, pero era algo natural pues ella misma se lo había buscado al ir al lado contrario que los pasajeros, donde obviamente no había nadie. Pero, ¿qué otra cosa podría haber hecho? podría haberse dirigido a cubierta como estaba haciendo ahora, pero entonces no le pareció una buena idea. Ella y sus estúpidas corazonadas…debería recordarse no volver a hacerlas caso, pues eran totalmente erróneas.

Detuvo su camino al escuchar un sonido distinto: el sonido de unos pasos que no eran los suyos. Se volvió observando a un hombre joven saliendo de una de las habitaciones. El hombre giró un poco el rostro, lo suficiente como para distinguir sus rasgos tristes y sin vida.

– ¿Se encuentra bien? –preguntó acudiendo al lado del hombre, imaginando que seguramente tras la explosión debió haberle pasado algo para que fuera ese momento en el que salía del cuarto y no antes.

–Eres humana…–musitó el hombre, tambaleante.

– ¿Eh? Sí, por supuesto.

El hombre sonrió, relamiéndose. Lenalee se apartó de él frunciendo el ceño, extrañada de su pregunta tan fuera de lugar y su forma de observarla, ¿por qué la observaba de aquella forma? Como si fuera…algo comestible o…no sabía cómo definir esa mirada; pero desde luego no le gustaba absolutamente nada. Y realmente la cosa dejó de gustarle cuando el hombre comenzó a hacer cosas extrañas que a cualquiera perturbarían.

Poco a poco había empezado a deformarse progresivamente a una forma nada normal en un humano. Hasta convertirse en un extraño ser que nunca, en toda su vida, había visto. Algo horrible y deformado, imposible de afirmar que antes era un hombre.

– ¿Pero qué…?–susurró horrorizada, apartándose.

No debería estar ahí. Desde un principio no debió haberse separado de los pasajeros; y tampoco debió haberse acercado a ese hombre y mucho menos hablarle. No debió ser tan estúpida y decidir por motu propio que el buscar a Allen era en aquel momento lo más importante y necesario. Pero de todas las absurdas cosas que había hecho, ninguna se acercaba remotamente a la de quedarse inmóvil ante el monstruo que estaba frente a ella, sin hacer amago de huir, completamente congelada (¡no todos los días las personas se transformaban en seres tan horribles frente a ti en un par de segundos!) y la consecuencia de ese acto fue el verse atrapada por dicho ente.

Con una especie de garra deforme, el anterior humano la había atrapado llevándola frente suyo. Oh, Dios, estaba tan asustada…tenía la sensación de que en cualquier momento aparecería Komui, consolándola y pidiéndole perdón por no haber llegado antes para despertarla y evitar que su delirio durara más tiempo. Pero ella estaría tranquila y aliviada, pues descubriría que en realidad, desde un principio, nunca estuvo prometida con el australiano y que no había nada ni nadie que pudiera poner en peligro su modesta pero feliz vida al lado de su hermano.

Desgraciadamente, podía asegurar que su futuro más cercano no tenía implícito nada que incluyera el quedarse dormida en el regazo de su pariente, tras tomarse un vaso de leche preparado por Komurin, mientras él le acariciaba la cabeza suavemente velando su sueño. Komui… ¿Qué estaría haciendo en ese momento?

–Melancolía (1).

– ¿Melancolía? –repitió las palabras del ser, saliendo de su ensoñación. Escuchó la risa repentina del bicho, taladrando sus tímpanos.

"Nii-san…"

–Estúpida mujer, ¿no sabes lo que sientes? Sé que estás pensando en lo patética que es tu existencia y que estás deseando que termine con ella para así no causar más molestias–respondió con voz gutural, aturdiéndola.

–N-no es verdad–negó rápidamente, intentando liberarse al fin de su cazador. Agitó la cabeza intentando aclarar las ideas

–Sí es cierto. Sabes que eres inútil, y que por eso todo el mundo intenta librarse de ti.

– ¿Que todo el mundo…? No, es mentira. Ellos no…–musitó entrecortadamente, desconforme con la opinión de ese ser. El monstruo volvió a reír, al parecer completamente divertido. Pudiera ser que, en cierto sentido, tuviera razón respecto a lo de que intentaban librarse de ella, pues debía hacerse muy duro para su hermano el convivir con su dependencia hacia él. Pero tampoco debía creer a esa cosa, por lo que se obligó a mantener la cabeza fría y concentrarse únicamente en liberarse, dando patéticas patadas al aire en un intento inútil de alcanzarle– ¡Suéltame, suéltame!

– ¿Soltarte? Mujer, eres mi primera comida tras mi evolución, ¿en verdad crees que voy a soltarte, imbécil? Tu destino es morir–respondió apretando más el agarre en su torso.

Lenalee se mordió el labio intentando contener las lágrimas, alertándose al hacérsele dificultoso respirar por la presión que le ejercía. En verdad no era posible que eso estuviera pasando. Sabía bien que si permitía que ese demonio se saliera con la suya, cuando la matara iría (cosa segura) a por los demás pasajeros, incluyendo a Allen. Y a Komui le dejaría verdadera y definitivamente solo. Puede que también fuera cierto eso de que era una molestia para él, pues ella misma admitía que lo más difícil de aferrarse era el dejar ir, pero aún si así fuera no se rendiría: tenía que salvar como fuera a Allen.

El chico era una persona muy buena y amable, además de ser considerado con no sólo ella, sino con todo el mundo; y ahora se veía involucrado en este incidente por su culpa. Si conseguía sobrevivir, debía recordar el disculparse con el albino. Pero por ahora, ella lo único que quería era el salir de esa situación al lado de un Allen ileso y regresar a su casa con Komui, quien seguramente se lanzaría a abrazarla efusivamente en una exagerada felicidad. Por supuesto, las palabras del demonio eran mentiras vacías, con el único fin de confundirla y hacer su caza más entretenida. No debía dudar, pues la vida de Allen dependía de ella. Si ella moría, uno de los siguientes podría ser él.

"Por favor. Por favor, Dios…préstame la fuerza necesaria para proteger a todos"

–Desesperación. Llegó la hora de tu muerte, mujer.

Lenalee cerró los ojos fuertemente, desesperándose al darse cuenta que no le quedaba mucho más oxígeno, sin querer ver ni oír nada, y mucho menos cesar en sus ruegos mentales. Era católica, por supuesto, pero durante toda su vida nunca había estado tan necesitada de la ayuda de su Dios como lo estaba ahora.

"A cambio te seguiré a donde quieras, hasta el día en que todo termine. Pero…pero, al final, permíteme volver a estar con mi hermano. Porque quiero sonreír y decir una vez más que estoy en casa"

Sin previo aviso, distinguió a través de sus párpados una fuerte luz verdosa, al mismo tiempo que sus botas parecían ajustarse más a sus piernas; precisamente hasta la rodilla, a partir de donde dejaba de sentir. Abrió los ojos curiosa, apreciando en primer lugar que el demonio observaba detenidamente sus piernas; y en segundo lugar que la fuerte luz provenía de ella. Descendió la mirada intentando apreciar lo mismo que desconcertaba tanto a la bestia, pero no podía ver nada pues la misma garra que la mantenía atrapada interfería en su visión. Pero el verlo era otra de las cosas que volvían a carecer de importancia, ya que comprendía exactamente el motivo de ese repentino milagro alojado en sus extremidades. Cerró los ojos, sintiéndose algo aliviada.

– ¿Has aceptado mi promesa?

Como prueba para asegurarse, hizo retroceder su pierna derecha, jugándoselas todas a una, y dirigirla a una velocidad y fuerza que no sabía poseer hacia el demonio y golpearle en la garra que la apresaba, con el único propósito de liberarse finalmente. Su pie golpeó la dura superficie que lo formaba; pillándola de improviso cuando, con un gruñido de dolor por parte del herido, fue soltada forzosamente. Al segundo después, caía lentamente hacia el suelo, descendiendo de forma tranquila y acompasada como el vuelo de una mariposa. Al contrario de lo que debería pasar por el efecto de la gravedad sobre su cuerpo.

Aprovechando que el demonio se había alejado, mascullando incoherencias sobre su ataque y su repentino poder, decidió irse rápidamente a por Allen y ayudarle por si estaba en problemas, sabiendo que era una oportunidad única para escapar.

Se volteó echando a correr rápidamente, pero tuvo que parar en seguida. Miró desconcertada a ambos lados, cerciorándose de que, en a penas un par de pasos, había dejado completamente atrás el peligro anterior, avanzando a gran velocidad. ¿Podía ser por la misma razón por la que pudo liberarse? Se recogió la falda para poder observar sus piernas. Sus botas habían cambiado, se habían hecho más picudas y le llegaban hasta la rodilla, como bien sentía. En los tobillos había aparecido una especie de llama verdosa incandescente que no quemaba. Y por encima de sus rodillas habían aparecido unas marcas sobre su piel.

Según parecía no sólo poseía gran fuerza gracias a las botas que pertenecieron a su madre, sino también una increíble velocidad y capacidad de contrarrestar la gravedad en sí misma al desplazarse. Sin dudar un momento, decidió hacer uso de su poder, volviendo a dirigirse rápidamente a cubierta.

Al llegar a las escaleras que llevaban directamente a la parte superior, fue necesario un único salto para subirlos todos seguidos, sin mayor esfuerzo. Paró en seco observando cómo los pasajeros se encontraban reunidos, al parecer rodeando algo o a alguien en una masa de gente congregada. Dio un par de pasos lentamente, acercándose para ver si distinguía el níveo cabello de su amigo; aunque se distrajo al sentir como algo sobre su hombro se posaba. Miró su hombro derecho distinguiendo una plumífera bola amarilla. Parpadeó un par de veces.

– ¡Timcanpy! –exclamó sorprendida– ¿Dónde está Allen-kun?

Como era obvio, el pequeño animal ignoró olímpicamente su pregunta, concentrando su atención en picotearla el lóbulo de la oreja. Lenalee se llevó una mano al oído con una pequeña mueca de dolor, ocasionando que Timcanpy dejara su hombro y emprendiera el vuelo hacia el centro rodeado por todos los pasajeros, en otro anormal silencio. Se volvió a acercar al grupo, apartando a la gente de su camino mientras se disculpaba para llegar a la vanguardia.

–Ya es suficiente, Road. ¿Dónde está ella?

–Jo, tonto Tyki, ¿no te dijo Lulu?

Estiró el cuello, asomándose entre la gente; la segunda voz la conocía, seguro. Era la voz de la niña que estuvo horas antes con Allen y con ella. Apartando a un par de personas más llegó a la primera fila y así pudo apreciar a Allen, quien estaba siendo acompañado de, en efecto, la niña anterior, siendo sujetada por el brazo por un apuesto hombre moreno bien vestido. Timcanpy se posó en el hombro de su dueño, quien miraba fijamente la discusión de los otros dos, al parecer en un estado de abstracción.

– ¡Allen-kun! –exclamó acudiendo sin dudar al lado del chico.

La discusión entre las dos personas cesó, pues al hacer su aparición los había tomado completamente por sorpresa, captando la atención de todos. De todos a excepción de la persona de la que más necesitaba atención. Tomó al menor del hombro intentando hacerle reaccionar, sintiéndose algo aliviada al no discernir ninguna herida externa. El albino giró su rostro a ella; mirándola, sí, pero su mirada estaba vacía. Se mordió el labio inferior preocupada. Su ojo izquierdo estaba diferente, ahora sin el parche podía ver que tanto su córnea como todo el resto, era negro, a excepción de unas circunferencias en rojo. Nunca había visto un ojo así, y alcanzaba a recordar que cuando le conoció tenía la cicatriz y demás, pero su ojo no era de esa forma.

–Vaya, vaya… ¿quién fue a aparecer? Precisamente a quien venía buscando.

– ¿Eh? –musitó dándose por aludida.

– ¡Tyki, idiota! ¡Estás equivocado! –masculló la niña molesta, liberando su brazo de un tirón y poniéndose en frente de él, interponiéndose entre ellos dos.

–Road, aparta. No hay equivocación alguna: Es ella.

Lenalee ignoró nuevamente la conversación, aunque inevitablemente tuviera la sensación de que estaban hablando de ella (cosa que deseaba no fuera así). Volvió a concentrar su atención en Allen cuando este comenzó a mirar a ambos lados con horror. Ladeó la cabeza a un lado, preocupada.

– ¿Allen-kun? ¿Estás…?

– ¿Lenalee-san? –inquirió mirándola desconcertado, como si recién se hubiera dado cuenta de su presencia–. Debemos irnos de aquí. Rápido.

No comprendía bien la razón por la que ahora el chico parecía estar tan desesperado por irse, pues a penas le había encontrado (Sin siquiera asegurarse cien por cien de que no estuviera herido) y ya le estaba diciendo eso. Aun así, decidió hacerle caso, pues aún estaba intranquila por el monstruo con el que se había encontrado. De forma que aprovechando que la niña se encontraba ocupada discutiendo con el hombre sobre algo que no comprendía, tomó a Allen de la cintura e hizo uso del poder de sus botas, dando un salto para llegar a la otra punta del barco donde no les pudieran molestar.

Pero por desgracia, durante el camino se interpuso un nuevo demonio más deforme que el anterior, en forma de circunferencia y con cañones alojados en él, bloqueándoles el paso. En ese mismo momento, una segunda explosión agitó el barco. Y a la segunda se le unió una tercera, y a esa una cuarta…hubo tantas explosiones tan de repente que el barco empezó a agitarse bruscamente, haciéndola perder el equilibrio y obligándola a soltar a Allen; haciendo que inevitablemente cayeran al suelo. El monstruo, aprovechando el momento de debilidad, disparó.

Abrió los ojos reteniendo la respiración, quedándose paralizada. Su mente se había quedado momentáneamente en blanco, incapaz de reaccionar o pensar en algo. Afortunadamente una fuerza la rodeó, empujándola fuertemente, y la apartó de la trayectoria de las balas antes de ser alcanzada. Gimió incomoda ante el peso sobre ella que la había protegido, algo confusa ante tanta acción repentina; ¿qué había…? Frunció el ceño sorprendida al darse cuenta que era Allen quien la había apartando de la dirección de los proyectiles con su propio cuerpo.

– ¿Por qué…?

–No te pasó nada, ¿verdad?

– ¿Eh? Huh, no; estoy bien…pero…

Se interrumpió mirando en dirección a donde la mirada del chico se había desviado, advirtiendo que estaba posada en la rota madera a causa de los disparos. Y en el suelo, Timcanpy. Entreabrió la boca, asombrada y sintiéndose horriblemente mal por el albino, sabiendo que de seguro estaría sufriendo internamente la pérdida de la pequeña mascota. Por el cuerpo del animal comenzaron a aparecer una serie de pentáculos, decorando su plumífero cuerpo. Y, ante su horror, una vez se hubieron extendido a lo largo de él por completo, el pájaro empezó a convertirse en cenizas.

Se quedó observando las partículas que una vez formaron el cuerpo de Timcanpy, como si fuera…no, siendo algo imposible de suceder. ¿Significaba eso que, si te alcanzaba una de esas balas, de ti sólo quedarían las cenizas? Era científicamente imposible que eso ocurriera, y no se lo creería de no ser porque acababa de verlo con sus propios ojos. Desvió la mirada a Allen para ver cómo se encontraba, pero él estaba observando al demonio con una ligera sonrisa que, a su parecer, era de compasión y tristeza, en vez de terror o furia. Le vio alzar su enguantada mano izquierda cerrándola en un fuerte puño.

– ¿Por qué no te transformas…?–susurró de forma ausente para sí mismo y leve tono de impotencia.

Intentó desatender al chico fijando su atención en el monstruo, incapaz de comprender el sentido de esa pregunta y sin poder preguntarle en ese momento. El demonio estaba dirigiendo nuevamente los cañones hacia ellos, con intención de volver a disparar y matar dos pájaros de un tiro. Pero sin darle tiempo para cumplir su propósito, una especie de barrera transparente en forma de cubo lo rodeó, inmovilizando e impidiendo su tiroteo.

Se sobresaltó al escuchar una voz tras ella.

– ¡Kanda-dono! ¡Ahora!

Giró sobre sí misma viendo a un hombre con un traje largo, capucha subida y la mitad del rostro cubierta por unas vendas, dejando sólo a la vista los ojos. Mantenía sujeta una mochila que apuntaba directamente al demonio, de la cual salía una luz con el mismo reflejo que la barrera. Volvió a girarse al escuchar el frufrú de ropa contra el viento, distinguiendo una oscura sombra saltando hacia ellos, con una katana en mano.

De reojo veía que Allen estaba tan conmocionado como ella ante la seguridad de esa persona, quien de un solo movimiento fragmentó al peligroso ser en dos mitades exactamente iguales, haciéndose visible una nueva explosión. No podía apartar la mirada de esa persona, admirando su valentía y fuerza al destruir en un segundo sin ningún tipo de dificultad ni dudar un instante al ser que casi pone fin a sus vidas.

– ¡Toma, sácala de aquí! –ordenó con voz grave y en un tono que no admitía réplica alguna.

Gracias a la luz de las explosiones, pudo distinguir su oscuro cabello amarrado en una coleta alta, con un par de mechones sueltos a ambos lados del rostro y sus fríos ojos fijos en ella. Sólo estuvo un par de segundos mirándola, para enseguida y con una velocidad asombrosa lanzarse a lo que parecía ser un campo de batalla; pero aunque sólo fueron un par de segundos los que estuvo en contacto con sus ojos, fue el tiempo suficiente como para congelarla ante la frialdad y el brillo sanguinario de los ojos de esa mujer.

Una mano se posó sobre su hombro haciéndola volver en sí, advirtiendo que pertenecía a la segunda persona misteriosa; con la mochila de antes ahora tras su espalda.

–Acompáñenme, deprisa.

Intercambió una rápida mirada de estupor con el menor, aliviándose un poco al ver que su ojo izquierdo había vuelto a su color plateado original.

Allen se incorporó tendiéndole la mano para ayudarle a levantarse, con una leve sonrisa que no podía descifrar. No sabía si en realidad debía fiarse de esa gente como parecía; pero el albino parecía creer que lo mejor era obedecerles. Y quizás tuviera razón, ya que el barco duraría seguramente un par de horas más a flote con suerte. Eso si no morían antes a causa de uno de esos bichos. Pero según parecía, ese hombre y la mujer anterior tenían el poder de combatir contra ellos, ¿no? por lo que si les acompañaban podrían protegerles. Además, era la única manera con la que tenía posibilidad de volver a reunirse con su hermano, como le había prometido Dios.

Tomó la mano de Allen aún algo titubeante, sin ningún problema al incorporarse gracias a sus botas. Vio al chico entreabrir los labios mirando desconcertado su calzado, dándose cuenta del cambio y seguramente queriendo preguntar la causa de ello. Pero antes de poder, el misterioso hombre la tomó de la muñeca dirigiéndola a, según veía, un enorme galeón negro con una blanca cruz en un fondo también negro como bandera.

~Continuará~

(1) Por si hay dudas, aclararé que se trata de un akuma de nivel dos. Este akuma posee la habilidad de captar las emociones y sentimientos de los humanos, por eso sabía lo que sentía Lenalee y su miedo. (También, por si quedó la duda, aclaro que el akuma que mata a Timcanpy es un nivel uno)

Notas finales: ¡He conseguido hacer aparecer a Kanda! -se aplaude a sí misma- Y no pude evitar la tentación de añadir lo típico de que Lena le confunda al principio con una mujer -risa- Respecto a Tim...lo siento, pero debía poner de alguna forma que vieran lo que pasa cuando eres alcanzado por un akuma. Es una excusa pobre, pero es la única que tengo -gotita- Me despido y me voy a dormir, me muero de sueño -risa-

¡Por favor, reviews! -con micrófono- ¡Reviews, reviews! ¡Hacedme feliz con un pequeño comentario sobre vuestra opinión! O incluso con amenazas en venganza a Timcanpy son bien recibidas. De cualquier tipo -sonrisa radiante-

¨Nishi¨