Espero el prologo les haga gustado ahora inicia un poco de la acción de SouMako, recuerden que este fanfic está basado en la novela Hush Huhs, si les gusta apoyen el original.
Todos los derechos reservados.
Fugu: Es Sousuke Yamazaki. Como en el libro el protagonista lleva un apodo casi todo el libro –y el apodo tiene un porque- tuve que ponerle ese apodo que se revelara que significa después. Y no le puse Sou por que como ya dije, tiene un significado.
Espero disfruten dudas comentarios o errores de dedo son bienvenidos, para corregirlo y dejar esta novela muy bien escrita.
Gracias
Hush Hush
-Apartir de aqui Makoto es quien comienza a narrar-
Capitulo 1
Japón, Tokio.
Día presente.
Entre en biología y me quede con la boca abierta. Misteriosamente adherida a la pizarra estaba una muñeca barbie, con ken a su lado. Habían sido obligados a unir los brazos y estaban desnudos excepto por hojas artificiales situadas en algunas zonas estratégicas. Garabateando sobre sus cabezas en gruesas letras rosas de tiza estaba la invitación:
BIENVENIDOS A LA REPRODUCCIÓN HUMANA (SEXO)
A mi lado Nagisa Hazuki dijo:
-Esta es exactamente la razón por la que el instituto prohíbe móviles con cámaras. Fotos de esto en eZine seria toda la prueba que necesito para hacer que la cámara de educación cortara por lo sano con la biología. Y entonces tendremos esta hora para hacer algo productivo…como recibir tutorías individuales de chicos mayores monos.
-¿Cómo, Nagisa?- Dije – Habría jurado que estabas esperando con ansias esta unidad todo el semestre.
Nagisa bajo las pestañas y sonrió torvamente.
-Esta clase no va a enseñarme nada que no sepa ya.
-¿Nagisa? ¿No eres virgen?
-No tan alto. – Guiño el ojo justo cuando sonó el timbre, enviándonos a los dos a nuestros asientos, que estaban al lado en nuestra mesa compartida.
El entrenados Sasabe cogió el silbato que colgaba de una cadena de su cuello y soplo.
-¡A vuestros asientos, equipo! – El entrenados consideraba enseñar biología de decimo curso un deber secundario a su trabajo como entrenados del equipo de baloncesto, y todos lo sabíamos – Tal vez no se os haya ocurrido, chicos, que el sexo es más que un viaje de quince minutos al asiento trasero de un coche. Es ciencia ¿Y qué es la ciencia?
-Aburrida - Grito un chico del fondo de la clase.
-La única clase que suspendo - Dijo otro
Los ojos del Entrenador rastrearon la primera fila, deteniéndose sobre mí.
-¿Makoto?
-El estudio de algo – Dije.
Se acercó y golpeo el dedo índice sobre la mesa delante de mí.
-¿Que mas?
-Conocimientos adquiridos a través de la experimentación y la observación –Encantador.
Sonaba como si estuviera en una audición para el audio libro de nuestro libro de texto.
-Con tus propias palabras.
Toque mi labio superior con la punta de mi lengua y busque un sinónimo.
-La ciencia es una investigación - Sonaba como una pregunta.
-La ciencia es una investigación – Dijo el entrenador, frotándose las manos – La ciencia requiere que nos transformemos en espías.
Dicho así, la ciencia casi sonaba divertida. Pero había estado en clase del entrenador lo suficiente como para no albergar esperanzas.
-Ser buenos sabuesos requiere practica.- Prosiguió.
-También el sexo - Vino otro comentario del fondo de la sala.
Todos ahogamos la risa mientras el entrenados apuntaba al ofensor con un dedo acusatorio.
-Eso no va a ser parte de los deberes de hoy- El entrenador me devolvió su atención- Makoto, has estado sentado al lado de Nagisa desde el comienzo del curso.
Asentí, pero tenía un mal presentimiento de a dónde nos estaba llevando esto.
-Ambos estáis juntos en el eZine del instituto – Una vez más asentí - Me apuesto que sabéis bastante el uno al otro.
Nagisa me dio una patada debajo de la mesa. Sabía lo que estaba pensando. Que él no tenía idea de hasta qué punto sabíamos el uno de él otro. Y no me refiero a solo los secretos que enterramos en nuestros diarios. Nagisa es mi no-gemelo. Tiene ojos de rubí, pelo rubio muy dorado y esta unos kilos por encima de "con curvas", resultado de su amor por la comida y las golosinas. Yo soy un moreno de ojos verdes con el pelo corto. Y soy todo piernas, como el taburete de un bar. Pero sí hay un hilo invisible que nos une; los dos juramos que el vínculo empezó mucho antes del nacimiento. Los dos juramos que continuara en su sitio durante el resto de nuestras vidas.
El entrenador alzo la vista a la clase.
-De hecho, me apuesto a que cada uno de vosotros conoce bastante bien a la persona al lado de la cual se sienta. Escogisteis los asientos que escogisteis por una razón, ¿verdad? Familiaridad. Que mal que los mejores sabuesos eviten la familiaridad. Anula el instinto investigador. Que es la razón por la que hoy vamos a crear una nueva asignación de asientos.
Abrí la boca para protestar, pero Nagisa se me adelanto.
-¿Qué demonios? Es abril. Es decir, es casi fin de curso. No puede sacar este tipo de cosas ahora.
El entrenados mostro un atisbo de sonrisa.
-Puedo sacar este tipo de cosas hasta el último día del semestre. Y si suspendéis mi clase, estaréis de vuelta aquí el año que viene, donde estaré sacando este tipo de cosas otra vez.
Nagisa lo fulmino con la mirada. Es famoso por esa mirada. Es una expresión que lo hace todo salvo sisear audiblemente. Aparentemente inmune de ella, el entrenador se trajo el silbato a los labios y captamos la idea.
-Cada compañero sentado en el lado izquierdo de la mesa…, es decir, vuestra izquierda…, que se mueva a un asiento hacia adelante. Esos en la fila de adelante…, si, incluido, tu Nagisa…, id al fondo.
Nagisa metió su libreta dentro de la mochila y cerro la cremallera. Yo me mordí el labio y le dedique un breve adiós con la mano. Después me volví lentamente, revisando la sala detrás de mí. Sabía los nombres de todos mis compañeros…excepto uno. El transferido. El entrenador nunca lo llamaba en clase, y el parecía preferirlo así. Estaba sentado apoltronado con una mesa detrás, los fríos ojos azules, mirando siempre hacia delante. Justo como siempre. Ni por un momento creí que se sentara ahí, día tras día, mirando al vacio. Estaba en algo, pero el instinto me decía que probablemente no quería saber en qué.
Dejo su libro de biología sobre la mesa y se deslizo en la antigua silla de Nagisa. Sonreí.
-Hola. Soy Makoto.
Sus ojos azules cortaron a través de mí, y las comisuras de sus labios se elevaron. Mi corazón dio un pequeño salto y en esa pausa, la sensación de una oscuridad sombría pareció deslizarse como una sombra sobre mí. Se desvaneció en un instante, pero todavía estaba mirándolo. Su sonrisa no era amistosa. Era una sonrisa que anunciaba problemas. Como una promesa.
Me concentre en el encerado. Barbie y Ken me devolvieron la mirada con sus sonrisas extrañamente alegres.
El entrenador dijo:
-La reproducción humana puede ser un asunto pegajoso…
-¡agh! – Gruño un coro de alumnos.
-Requiere manejarla con madurez. Y como toda ciencia, la mejor aproximación es aprender siendo sabuesos. Durante el resto de la clase, practicad esa técnica a base de averiguar tanto como podáis sobre vuestro compañero. Mañana, traed por escrito vuestros descubrimientos y creedme, voy a revisar su autenticidad. Esto es biología, no lengua, así que ni se os ocurra trabajar con la ficción en vuestras respuestas. Quiero ver intención de verdad y trabajo en equipo. - Había un "o si no" implícito.
Me senté perfectamente quieto. La pelota estaba en su campo –Yo había sonreído y mira lo bien que eso había resultado. Arrugue la nariz, intentado averiguar a que olía. Cigarrillos no. Algo más intenso, más apestoso. Puros.
Encontré el reloj en la pared y di golpecitos con mi lápiz a tiempo con el segundero.
Plante en mi codo en la mesa y apoye la barbilla sobre el puño. Solté un suspiro. Genial. A este ritmo iba a suspender.
Tenía los ojos clavados delante, pero oí el suave deslizamiento de su bolígrafo. Estaba escribiendo, y quería saber qué. Diez minutos de sentarnos juntos no lo cualificaba para asumir nada sobre mí. Lanzando una mirada de reojo, vi que en su papel había varias líneas, y creciendo.
-¿Que estas escribiendo? - Pregunte.
-Y habla - Dijo mientras garabateaba, cada movimiento de su mano al mismo tiempo suave y descuidado.
Me incline tan cerca del como pude, intentando leer lo que había escrito, pero doblo el papel por la mitad ocultando la lista.
-¿Qué has escrito? – Exigí.
Estiro la mano hacia mi papel sin usar, deslizándolo atreves de la mesa hacia él. Lo arrugo formando una bola. Antes de que pudiera protestar, lo lanzo a la papelera al lado del escritorio del entrenador. El tiro entro de lleno. Me quede mirando a la papelera un momento, dividido entre la incredulidad y el enfado. Después abrí mi libreta en una página en blanco.
-¿Cómo te llamas?- Pregunte, el lápiz preparado para escribir.
Alce la vista a tiempo para ver otra sonrisa oscura. Esta parecía retarme a sonsacarle algo.
-¿Tu nombre? – Repetí con la esperanza de que fueran imaginaciones mías el que mi voz temblara.
-llámame Fugu. Lo digo enserio. Llámame.-
Me guiño el ojo al decirlo, y estaba bastante seguro de que se estaba riendo de mi.
-¿Qué haces en tu tiempo libre?- Pregunte.
-No tengo tiempo libre.
-Asumo que este trabajo es para nota, así que, por favor.
Se inclino hacia atrás de su asiento, doblando los brazos detrás de la cabeza
-¿Qué clase de favor?
Estaba bastante seguro de que era una insinuación, y busque desesperadamente la forma de cambiar de tema.
-Tiempo libre. – Repitió pensativo – Hago fotos.
-Escribí fotografía en mi folio.
-No había terminado. – Dijo – tengo toda una colección sobre un columnista de eZine que cree que hay una verdad en comer orgánico, que escribe poesía en secreto, que gusta de nadar y que se echa a temblar ante la idea de escoger entre Iwatobi, Samesuka y... ¿Cuál es esa grande con la H?
Me quede mirándolo un momento, sacudido por lo acertado que estaba. No tenía la sensación de que fuera una suposición afortunada. Lo sabía. Y yo quería saber cómo - justo ahora.
-Pero al final no iras a ninguna de ellas.
-¿Ah, no? - Pregunte sin pensar.
Engancho los dedos bajo el asiento e mi silla, arrastrándome más cerca de él. No muy seguro de si debía apartarme y mostrar miedo, o no hacer nada y fingir aburrimiento, algo que seguro Nagiza me sugeriría hacer. Escogí la última. Dijo:
-Incluso aunque triunfaras en las tres escuelas, las desprecias por ser un cliché del éxito. Juzgar es tu tercera gran debilidad.
-¿Y mi segunda? - Dije con rabia muda.
¿Quién era ese tío? ¿Era esto algún tipo de chiste perturbador?
-No sabes cómo confiar. Retiro eso. Confías…solo que en toda la gente equivocada.
-¿Y mi primera? - Exigí.
-Mantienes a la vida atada, muy corto.
-¿Qué se supone que significa eso?
-Tienes miedo de lo que no puedes controlar.
Se me puso de punta el pelo de la nuca, y la temperatura comenzó a bajar. Normalmente habría ido derecho al escritorio del entrenador a solicitar una nueva asignación de asientos, pero me negaba a dejar que Fugu pensara que podía intimidarme o asustarme. Sentía una necesidad irracional de defenderme y decidí en ese mismo momento y lugar que no me echaría atrás hasta que lo hiciera el.
-¿Duermes desnudo? – Preguntó.
Mi mandíbula amenazaba con caerse, pero la mantuve en su sitio.
-Difícilmente eres la persona a la que se lo diría.
-¿Alguna vez has ido al psiquiatra?
-No.- Mentí.
La verdad es que estaba yendo a sesiones con el psicólogo del instituto, el Dr. Hidaka. No era elección mía, y no era algo sobre lo que me gustara hablar.
-¿Has hecho algo ilegal?
-No- Saltearme ocasionalmente el límite de velocidad no contaría. No con él.- ¿Por qué no me preguntas algo normal? Como… ¿mi música favorita?
-No voy a preguntar lo que puedo adivinar.
-Tú no sabes el tipo de música que escucho.
-Barroco. Contigo, es todo sobre el orden, el control. Me apuesto a que tocas… ¿el cello? - Lo dijo como si lo hubiera adivinado de la nada.
-Incorrecto - Otra mentira, pero esta envió un escalofríos por mi piel que me dejo los dedos temblando.
¿Quién era el en realidad? Si sabía que tocaba el cello, ¿Qué más sabia?
-¿Qué es eso?- Fugu dio un toquecito con su bolígrafo a la parte interna de mi muñeca.
Me aparte instintivamente.
-Una marca de nacimiento.
-Parece una cicatriz. ¿Eres suicida, Makoto? –Sus ojos conectaron con los míos, y podía sentirlo riéndose - ¿Padres casados o divorciados?
-Vivo con mi madre.
-¿Dónde está tu padre?
-Mi padre falleció el año pasado.
-¿Cómo murió?
Me encogí.
-Fue...asesinado. Esto es territorio personal, si no te importa.
Hubo un momento de silencio y la acidez de los ojos de Fugu pareció suavizarse un poco.
-Eso debe ser duro- Sonaba como si lo dijera enserio.
Sonó el timbre y Fugu estaba en pie, de camino a la puerta.
-Espera – Grité. No se giró -¡Disculpa! – Salió por la puerta- ¡Fugu! no conseguí nada de ti.
Se dio la vuelta y camino hacia mí. Tomando mi mano, garabateo algo en ella antes de que se me ocurriera apartarme.
Baje la vista a los siete números en tinta roja sobre mi palma e hice un puño a su alrededor. Quería decirle que de ningún modo iba a sonar su teléfono esta noche. Quería decirle que era culpa suya por gastar todo el tiempo interrogándome a mí, quería un montón de cosas, pero me limite a quedarme allí de pie como si no supiera como abrir la boca. Al final dije:
-Esta noche estoy ocupado.
-Yo también.- Sonrió de oreja y se fue.
Me quede clavado en el sitio, digiriendo lo que acababa de pasar. ¿Se comió todo el tiempo interrogándome a propósito? ¿Para qué yo suspendiera? ¿Creí que una sonrisa brillante lo redimiría? Si, pensé. Si lo creía.
-¡No llamare! – Grite detrás de él – ¡Nunca!-
-¿Has terminado tu columna para el plazo de entrega de mañana? - Era Nagiza. Vino a mi lado. Apuntando notas en la libreta que llevaba a todas partes. –Estoy pensando en escribir la mía sobre la injusticia de las asignaciones de asientos. Estoy en pareja con una chica que dijo que acabo el tratamiento contra los piojos esta mañana.
-Mi nuevo compañero. - Dije apuntando al pasillo, a la espalda de Fugu.
Tenía una forma de andar irritantemente confiada, del tipo que encuentras acompañado de camisetas gastadas y un sombrero de cowboy. Fugu no llevaba ni la una ni el otro. Era más bien un chico de Levi's oscuros, cazadora oscura, botas oscuras.
-¿El transferido de último curso? Supongo que no estudio lo bastante la primera vez. O la segunda - Me lanzo mirada cómplice - A la tercera es la vencida-
-Me da escalofríos. Sabía mi música, sin ninguna pista, dijo "barroco".- Imite bastante mal su voz grave.
-¿Su posición afortunada?
-Sabía…otras cosas.
-¿Cómo qué?
Solté un suspiro. Sabía más de lo que quería contemplar cómodamente
-Como meterse debajo de mi piel - Dije al fin - Voy a decírselo al entrenador que tiene que volver a cambiarnos.
-Ve a por ello. Podría usar un gancho para mi próximo artículo de eZine. "Alumno de decimo devuelve el golpe" aun mejor "Asignación de asientos recibe una bofetada en la cara" mmm. Me gusta.
Al final del día, fui yo el que recibió una bofetada en la cara. El entrenador rechazo mi suplica de volver a pensarse la asignación de asientos.
Parecía que estaba atascado con Fugu.
Por ahora.
Gracias por leer, espero les haya gustado. Recuerden que los comentarios me harán escribir más rápido :3 si les gusta.
Les reto a no enamorarse de la actitud de Fugu (Sousuke)
¿Review?
