Aquí otro episodio, intentare actualizar cada dos días ya que manejo varias cosas estas vacaciones así que, intentare que este libro se termine lo antes posible, o la escuela llegara y me hará retrasarme.

Todos los derechos reservados.

En este capítulo habrá más SouMako que en el anterior.

Recuerden que Makoto narra. :3


HUSH HUSH

Mi madre y yo vivimos en una granja del siglo XVIII llena de corrientes de aire a las afueras de Tokio. Los vecinos más cercanos están a más de un kilometro de distancia. A veces me pregunto si el constructor original se dio cuenta de que todos los solares disponibles, eligió construir la casa en medio de una misteriosa inversión atmosférica que parece aspirar toda la niebla de la costa de Tsuboku y trasplantarla a nuestro jardín. La casa estaba en este momento velada en unas sombras parecían espíritus escapados y merodeadores.

Me pase la tarde plantado en el taburete de bar en la cocina en compañía de los deberes de algebra y Miho Amakata, nuestra ama de llaves. Mi madre trabaja para la compañía de Subastas Natsu Wasabe, coordinando subastas de propiedades y antigüedades a lo largo de toda la costa este. Esta semana estaba en Osaka. Su trabajo requería muchos viajes, y pagaba a Miho para cocinar y limpiar, pero yo estaba bastante seguro de que el contrato de Miho incluía el mantener un ojo atento y parental pendiente de mí.

-¿Qué tal el colegio? – Pregunto Miho.

Estaba en el fregadero, frotando una lasaña de una cacerola.

-Cambiamos de compañero en biología.

-¿Eso es algo bueno, o algo malo?

-Nagiza era mi antiguo compañero.

-Hum. – Restregó con más vigor, y la carne de la parte superior del brazo de Miho tembló – Algo, malo, entonces. - Suspire, de acuerdo – Háblame de la nueva compañera ¿Cómo es esta chica?

-Es alto, moreno e irritante. – E inquietantemente cerrado.

Los ojos de Fugu eran esferas azules. Absorbiéndolo todo y no ofreciendo nada. No es que yo quisiera saber más sobre Fugu. Ya que no me había gustado lo que había visto en la superficie, dudaba que me fuera a gustar lo que se escondía en la profundidad.

Solo que esto no era exactamente cierto. Me gustaba mucho de lo que había visto. Músculos largos y esbeltos a lo largo de sus brazos, hombros anchos pero relajados, y una sonrisa que era en parte juguetona y en parte seductora. Estaba en una alianza insegura con migo mismo, intentando ignorar lo que había empezado a encontrar irresistible.

A las nueve en punto Miho termino su tarde y cerro con llave al salir. Como adiós, encendí y apague las luces del porche dos veces; debieron de penetrar en la niebla porque ella respondió con un bocinazo. Estaba solo.

Hice inventario de los sentimientos en mi interior. No tenía hambre. No estaba cansado. Ni siquiera estaba tan solo. Pero si estaba un poco nervioso por mis deberes de biología. Le había dicho a Fugu que no iba a llamar, y seis horas atrás lo decía en serio. Todo en lo que podía pensar ahora era que no quería suspender. La biología era mi asignatura más dura. Mi nota vacilaba problemáticamente entre un sobresaliente y un notable. En mi mente, esa era la diferencia entre una beca parcial y una completa en mi futuro.

Fui a la cocina y descolgué el teléfono. Mire lo que quedaba de los siete dígitos todavía tatuados en mi mano. Secretamente, esperaba que Fugu no respondiera a mi llamada. Si no estaba disponible o cooperador con los trabajos, eran pruebas que podía usar en su contra para convencer al entrenador para que deshiciera la asignación de asiento.

Sintiéndome con esperanzas, teclee su número.

Fugu respondió al tercer toque.

-¿Qué pasa?

En un tono práctico dije:

-Estoy llamando para ver si podemos vernos esta noche. Sé que dijiste que estabas ocupado, pero…

-Makoto. – Fugu dijo mi nombre como si fuera un broche final de un chiste. – Creí que no ibas a llamar. Makoto.

Odiaba estar tragándome mis palabras. Odiaba a Fugu por restregármelo. Odiaba al entrenador y a sus locos trabajos. Abrir la boca, con la esperanza de que saliera algo inteligente.

-Bueno. ¿Podemos vernos o no?

-Resulta que no puedo

-¿No puedes, o no quieres?

-Estoy en medio de una partida de billar. – Oí la sonrisa en su voz – Una partida de billar importante.

Por los ruidos de fondo que oía de su lado, creía que estaba diciendo la verdad – Sobre la partida de billar. El si era o no más importante que mi trabajo era un tema para debate.

-¿Dónde estás? – Pregunte.

-El árcade de Bo. No es tu tipo de sitio.

-Entonces hagamos la entrevista por teléfono. Tengo una lista de preguntas justo…

Me colgó.

Me quede mirando el teléfono con incredulidad, después arranque de mi libreta una hoja de papel en blanco. Garabateé cretino en la primera línea. En la línea debajo de esta añadí, fuma puros. Morirá de cáncer de pulmón. Ojala que pronto. Excelente forma física. Inmediatamente tache la última observación hasta que fue ilegible.

El reloj del microondas, paso a anunciar las 9:05. Tal y como yo lo veía, tenía dos opciones. O bien inventaba mi entrevista con Fugu, o bien conducía hasta el Árcade de Do. La primera opción tal vez fuera tentadora. Si tan solo pudiera bloquear la voz del entrenador advirtiendo que revisaría todas las respuestas en busca de autenticidad. No sabía lo suficiente sobre Fugu como para lanzarme el farol de una entrevista completa.

¿Y la segunda opción? Nada tentadora, ni en lo mas mínimo.

Retrase el tomar una decisión lo bastante como para llamar a mi madre. Parte de nuestro acuerdo para que ella trabajara y viajara tanto era que actuara con responsabilidad y no fuera el tipo de hijo que requiere supervisión constante. Me gustaba mi libertad, y no quería hacer nada para darle a mi madre una razón para aceptar una reducción de sueldo y tomar un trabajo local para mantenerme un ojo encima.

En el cuarto toque, su buzón de voz cogió la llamada.

-Soy yo. – Dije – Solo llamaba para ver que tal. Tengo unos deberes de biología que terminar, después me voy a la cama. Llámame mañana en la comida, si quieres. Te quiero.

Después de colgar, encontré una moneda de veinticinco centavos en el cajón de la cocina. Mejor dejarle al destino las decisiones complicadas.

-Si es cara voy.- Le dije al perfil del tren en la moneda – Si es cruz me quedo.

Lance la moneda al aire, la pare contra el dorso de mi mano y ose echar un vistazo. Mi corazón se estrujo un latido extra, y me dije a mi mismo que no estaba seguro de lo que significaba eso.

-Ahora no está en mis manos. – Dije

Decidido a acabar con esto tan rápido como fuera posible, agarre un mapa de la nevera, cogí mis llaves, y eche atrás mi Fiat Spider por el camino que llevaba a la carretera. El coche probablemente había sido una monada en el 1979, pero no me entusiasmaba demasiado la pintura marrón chocolate, el oxido extendiéndose sin control por él para choques trasero, y los asientos blancos de cuero agrietados.

El Árcade de Bo resulto estar más lejos de lo que me había gustado, situado cerca de la costa, a treinta minutos en coche. Con el mapa estirado contra el volante, metí el Fiat en el aparcamiento detrás de un edificio de bloques grises con una señal eléctrica centelleando "EL ÁRCADE DE BO, LOCO PAINTBALL NEGRO Y LA SALA DE BILLAR DE OZZ" grafitis salpicaban las paredes, y había colillas por todo el suelo. Claramente el local de Bo no estaba lleno de futuros alumnos de las mejores universidades y ciudadanos modelo. Intente mantener mis pensamientos alternos y despreocupados, pero mi estomago se sentía un poco incomodo, revisando que hubiera cerrado toda las puertas, entre.

Me coloque en la fila, esperando pasar las cuerdas. Mientras el grupo delante de mi pagaba, me escurrí por en medio andando hacia el laberinto de sirenas a todo volumen y luces centelleantes.

-¿Crees que te mereces una entrada gratuita? - Aulló una voz endurecida por el humo.

Me di la media vuelta y parpadee al cajero sobre-tatuado. Dije:

-No estoy aquí para jugar. Estoy buscando a alguien.

Gruño.

-Si quieres pasar por delante de mí, pagas - Puso las palmas sobre el mostrador, donde una tabla de precios había sido pegada con celo, mostrando que debía quince dólares.

Solo efectivo.

No tenía efectivo. E incluso si tuviera, no lo habría gastado para pasar unos pocos minutos interrogando a Fugu sobre su vida personal. Sentí como me enfadaba al pensar en la asignación de asientos y por tener que estar aquí, en primer lugar. Solo tenía que encontrar a Fugu, después podríamos mantener la entrevista fuera. No había conducido hasta aquí para volver con las manos vacías.

-Si no estoy de vuelta en dos minutos, pagare los quince dólares. – Dije.

Antes de poder ejercitar un mejor juicio o reunir un poco mas de paciencia, hice algo totalmente fuera de sitio y me cole entre las cuerdas. No me detuve ahí. Me apresure a través del Árcade, manteniendo los ojos bien abiertos en busca de Fugu. Me dije a mi mismo que no me podía creer que estuviera haciendo esto, pero era como una bola de nieve. Ganando velocidad y fuerza. Llegados a este punto solo quería encontrar a Fugu y salir de ahí.

El cajero me siguió, gritando:

-¡Eh!

Seguro de que Fugu no estaba en el piso principal, corrí abajo, siguiendo señales para la sala de billar de Ozz. Al final de las escaleras, una de luz tenue iluminaba varias mesas de póker, todas en uso. Humo de puro casi tan espeso como la niebla envolviendo mi casa nublaba el techo bajo. Situadas entre las mesas de póker y el bar había una fila de mesas de billar. Fugu estaba estirado a través de la que estaba más lejos de mí, intentando un tiro complicado.

-¡Fugu! – Grité.

Justo cuando hable disparo hacia adelante su palo de billar clavándolo en el tapete. Su cabeza se levanto de repente. Se me quedo mirando con una mescla de sorpresa y curiosidad.

El cajero bajo ruidosamente por las escaleras, detrás de mí, atrapando mi hombro en su mano.

-Arriba. Ahora.

La boca de Fugu se movió formando otra sonrisa que apenas estaba ahí. Difícil de decir si era burlona o amistosa.

-El está conmigo.

Esto pareció tener algún poder con el cajero, que aflojo su agarre. Antes de que pudiera cambiar de idea, me sacudí su mano y zigzaguee entre las mesas hacia Fugu. Di los primeros pasos amplios y seguros, pero encontré que mi confianza desaparecía a medida que me acercaba a él.

Fui consciente de inmediato de que había algo diferente en el. No podía captar exactamente qué, pero podía sentirlo como electricidad. ¿Más animosidad?

Más confianza.

Más libertad para ser el mismo. Y esos ojos azules me estaban llegando. Eran como imanes aferrándose a cada movimiento mío. Trague saliva discretamente e intente ignorar la danza nerviosa de mi estomago. No podía captar exactamente qué, pero algo en Fugu no estaba bien. Algo en el no era normal. Algo no era…seguro.

-Perdón por colgar. - Dijo Fugu viniendo a mi lado. – La cobertura no es genial aquí abajo.

Sí, claro.

Con un giro de cabeza, Fugu les indico a los demás que se fueran. Hubo un silencio incomodo antes de que nadie se moviera. El primer tío en marcharse me golpeo el hombro al pasar. Retrocedí un paso para recuperar el equilibrio y alce la vista justo a tiempo para recibir frías miradas de los otros dos jugadores mientras se iban. Genial. No era culpa mía que Fugu fuera mi compañero.

-¿Bola ocho? - Le pregunte alzando las cejas e intentando sonar completamente seguro de mi mismo, de mi entorno. Tal vez el tuviera razón y el Árcade de Bo no fuera mi tipo de sitio. Eso no quería decir que fuera a salir disparado hacia las puertas - ¿Cómo están de altas las apuestas?

Su sonrisa se amplio. Esta vez estaba bastante seguro de que se estaba burlando de mí.

-No jugamos por dinero.

Deje mi mochila en el borde de la mesa.

-Que mal. Iba a apostar todo lo que tengo en tu contra. Levante mi trabajo, dos líneas ya completas – Unas pocas preguntas rápidas y me voy.

-¿Cretino? - Fugu leyó en voz alta. Apoyándose en su palo de billar. - ¿Cáncer de pulmón? ¿Se supone que eso es profético?

Abanique el trabajo en el aire.

-Asumo que contribuyes a la atmosfera. ¿Cuántos puros por noche? ¿Uno? ¿Dos?

-No fumo. – Sonaba sincero, pero no me lo trague.

-Mm-hmm – Dije colocando el papel entre la bola ocho y la morada lisa, sobre la mesa de billar.

Empuje accidentalmente la morada liza al escribir. Definitivamente puros en la línea tres.

-Estas estropeando el juego- Dijo Fugu, todavía sonriendo.

Lo mire a los ojos y no pude evitar igualar su sonrisa –Brevemente.

-Espero que no en tu favor. ¿Tu mayor sueño?

Estaba orgulloso de ésa porque sabía que le bajaría los humos. Requería reflexionar.

-Besarte.

-Eso no es gracioso. - Dije, sosteniéndole la mirada, agradecido por no haber tartamudeado.

-No, pero te hiso ruborizar.

Me impulse sobre el lateral de la mesa, tratando de parecer imperturbable, mientras lo hacía. Cruce las piernas, usando la rodilla como tablero de escritura.

-¿Trabajas?

-Limpio mesas en el Borderline. El mejor mexicano en la ciudad.

-¿Religión?

Fugu deslizo una mano pensativamente por la línea de su mandíbula.

-Religión no…culto.

-¿Perteneces a un culto? – Me di cuenta demasiado tarde de que, aunque había sonado sorprendido, no había debido preguntar.

-Y resulta que tengo necesidades de sacrificar un hombre sano y sexy. Había planeado atraerlo para que confiara en mí antes, pero si estás listo ahora…

Toda sonrisa que aun quedara en mi rostro desapareció.

-No me estas impresionando.

-Aun no he empezado a intentarlo.

Me baje de la mesa y me plante delante de él. Era unos centímetros más alto que yo.

-Nagiza me dijo que vas al último curso. ¿Cuántas veces has suspendido la biología de segundo año? ¿una? ¿dos?

-Nagiza no es mi portavoz.

-¿Estás negando haber suspendido?

-Te estoy diciendo que no fui al instituto el año pasado. – Sus ojos se mofaban de mí. Eso solo me hizo más determinado.

-¿Faltaste sin autorización?

Fugu dejo su palo de billar sobre el tapete y me hizo un gesto con el dedo para que me acercara. No lo hice.

-¿Un secreto? - Dijo en tono confidencial – Nunca antes he ido a la escuela. ¿Otro secreto? No es tan aburrida como esperaba.

Estaba mintiendo. Todo el mundo iba a la escuela. Había leyes. Estaba mintiendo para sacarme de quicio.

-Crees que estoy mintiendo- Dijo alrededor de una sonrisa.

-¿No has ido a la escuela, nunca? Si eso es cierto, y tienes razón, no creo que lo sea, ¿Qué te decidió a venir este año?

-Tu

El impulso de sentirme asustado palpitaba a través de mí, pero me dije a mi mismo que eso era exactamente lo que Fugu quería. Manteniéndome firme en el sitio, intente en vez de eso actuar irritado. Aun así, me llevo un momento encontrar mi voz.

-Esa no es una respuesta de verdad.

Debió de acercarse un paso, porque de pronto nuestros cuerpos estaban separados tan solo por nada más que un estrecho margen de aire.

-Tus ojos, Makoto. Esos cálidos ojos verdes vivo, son sorprendentemente irresistibles – Inclino la cabeza a un lado, como para estudiarme desde un nuevo ángulo – Y esa tremenda boca curva.

Sorprendido no tanto por su comentario, si no porque una parte de mi respondiera positivamente a él, me aparte.

-Eso es suficiente. Me voy.

Pero tan pronto las palabras estuvieron fuera de mi boca, sabía que no eran ciertas. Sentía la necesidad de decir algo más. Escogiendo entre los pensamientos enredados en mi mente, intente encontrar que era lo que sentía que tenía que decir. ¿Por qué era tan desdeñoso, y por que actuaba como si yo hubiera hecho algo para merecérmelo?

-Pareces saber mucho sobre mi- Dije, haciendo la subestimación del año –Más de lo que deberías. Pareces saber exactamente que decir para ponerme incomodo.

-Me lo pones fácil.

Se disparo una chispa de furia en mi interior.

-¿Admites que estás haciendo esto a propósito?

-¿Esto?

-Esto. Provocarme

-Di "provocar" otra vez. Tu boca se ve provocadora cuando lo haces.

-Hemos terminado. Termina tu partida de billar. – Agarre su palo de billar de la mesa y lo empuje hacia él. No lo cogió –No me gusta sentarme a tu lado – Dije – No me gusta ser tu compañero. No me gusta tu sonrisa condescendiente. – Mi mandíbula se apretó, algo que normalmente pasaba solo cuando mentía. Me pregunte si estaba mintiendo ahora.

Si era así, quería pegarme una patada –No me gustas tú – Dije tan convincentemente como pude, y empuje con fuerza el palo contra su pecho.

-Me alegro de que el entrenador nos pusiera juntos. – Dijo.

Detecte una levísima ironía en la palabra "entrenador", pero no pude interpretar ningún significado oculto, esta vez sí cogió el palo de billar.

-Estoy trabajando para cambiar eso. – Replique.

Fugu pensaba que esto era tan gracioso que enseño los dientes en la sonrisa. Alzo la mano hacia mí, y antes de que pudiera apartarme, desenredo algo de entre mi pelo.

-Un papel. – Explico, dejándolo caer al suelo.

Al alzar la mano, vi una marca en la cara interna a de su muñeca. Al principio asumí que era un tatuaje, pero un segundo vistazo revelo una marca de nacimiento marrón rojiza, algo levantada, era la forma de una salpicadura de pintura.

-Ese es un desafortunado sitio para una marca de nacimiento. - Dije, más que un poco molesto de que estuviera en un lugar tan similar al de mi propia marca.

Fugu se bajo la manga casual pero perceptiblemente sobre la muñeca.

-¿La preferirías en algún lugar más privado?

-No la preferencia en ningún sitio. – No estaba seguro de cómo sonaba esto y lo volví a intentar –No me importaría si no la tuvieras en absoluto – Lo intente por una tercera vez – No me importa tu marca de nacimiento punto.-

-¿Alguna pregunta más? – Pregunto - ¿Comentarios?

-No

-Entonces, te veré en Bio.

Pensé en decirle que nunca me volvería a ver, pero no iba a tragarme mis palabras dos veces es un día.

Más tarde esa noche un ¡crack! Me saco de mi sueño. Con la cara espachurrada contra mi almohada, me quede quieto, todos mis sentidos en alerta mixta. Mi madre estaba fuera de la ciudad por lo menos una vez al mes por trabajo, así que estaba acostumbrado a dormir solo, y habían pasado meses desde que imaginara por última vez el sonido de pisadas por el pasillo hacia mi habitación. La verdad es que nunca me sentía completamente solo.

Justo después de que mataran a mi padre de un tiro en la ciudad, mientras compraba el regalo de cumpleaños de mi madre, una extraña presencia entro en mi vida. Como si alguien estuviera orbitando en mi mundo, observando desde una distancia. Al principio la ansiedad. Empecé preguntarme si había algún propósito cósmico por la forma como me estaba sintiendo. Tal vez el espíritu de mi padre estaba cerca. El pensamiento solía ser reconfortante, pero esta noche era diferente.

La presencia se sentía como hielo sobre la piel.

Girando la cabeza un poco, vi una forma de sombras estirarse por mi sueño. Me gire rápidamente para mirar la ventana, el blanquecino rayo de luna era la única luz en la habitación capaz de formar una sombra. Pero allí no había nada. Apreté con fuerza la almohada contra mí y me dije que era una nube pasando sobre la luna. O un trozo de basura volando en el viento. Aun así, me pase los siguientes minutos esperando a que se me calmara el pulso. Para cuando reuní el valor para salir de la cama, el jardín debajo de mi habitación estaba silencioso y quieto. El único sonido procedía de tres ramas rozando contra la casa, y de mi propio corazón atronando contra mi piel.


Bien supongo que les ha gustado mucho, enserio que reescribir este libro me gusta :D asi que esperen mas sin duda, lo que no se aun es si hare los demás libros, pero bueno, apenas estamos comenzando ya veremos.

¿review?