Capítulo 2
Lo primero que hizo la mañana siguiente fue tomar una ducha; el agua fría le sirvió para aclarar sus pensamientos y relajarse un poco. Sin embargo, todavía estaba preocupado por su estadía. Hacía mucho tiempo que no presentaba episodios violentos y aunque el Soldado de Invierno que había en él comenzaba a desvanecerse, no podía estar seguro de que volviera a surgir en cualquier momento. Esperaba que para cuando el plazo que le había puesto Steve para dejarlo salir no hubiese ocurrido ningún accidente y así podría salir de ahí tranquilamente. Aunque una parte de él no quisiera hacerlo, por supuesto era razonable, ¿cómo podría renunciar fácilmente a volver estar cerca de su mejor amigo, cómo no resistirse quizás a la única conexión que le quedaba con su pasado?
Pero era la mejor decisión. Le había hecho mucho daño a Steve como para seguir haciéndole más. Además él podría hacer su vida libremente si ya no tenía la carga que representaba tenerlo ahí todo el tiempo.
Bucky respiró profundamente y se terminó de secar con una de las toallas que había en el baño, después se atrevió a levantar la cabeza hacia el espejo; no, no había cambiado mucho en las últimas semanas que había tenido oportunidad de ver su reflejo y ciertamente sí se podían encontrar los rasgos que comenzaban a aparecer en sus recuerdos, además había desaparecido de sus ojos esa mirada vacía y aterradora de hacía meses... pero, aún así todavía no era el de antes, tal vez nunca lo sería. Cerró los ojos y se tocó la barba que apenas comenzaba a oscurecer su barbilla y su cabello que, aunque no estaba tan largo, sí era bastante diferente al corte que había conservado en el pasado. Volvió a abrir los ojos y se enfrentó a lo que le costaba más trabajo al ver su reflejo; su brazo metálico todavía brillaba y aunque se podían ver algunos rasguños debido al lugar en el que se había quedado atorado, todavía funcionaba. Después se atrevió a ver las cicatrices que mostraban la pérdida del verdadero. Y asintió a pesar de que aquellas eran las marcas claras de su transformación y de todos los asesinatos que había cometido... respiró profundamente y se dirigió a la recámara.
Ya no le quedaba la ropa que, desgraciadamente, había tenido que robar en sus días de fugitivo, pero había bastante en el armario de aquella habitación. Se puso una camisa, pantalones de mezclilla y una sudadera. No estaba mal, en realidad lo hacían sentir cómodo y era lo único que necesitaba en ese momento.
Finalmente, tomó otro respiro, ya que tendría que salir de aquella habitación pronto; tenía demasiada hambre. Y tendría que enfrentarse con lo que sea que fuera que estuviera en ese exterior desconocido. Se pregunto si las personas que se encontraban ahí sabían de su presencia y si sabían sobre su pasado como el Soldado de Invierno, si era así, casi estaba seguro de que no muchos estaban contentos con su presencia.
Cuando se deslizó la puerta delante de él y logró salir, Bucky se dio cuenta, al ver el largo pasillo y las puertas a los lados, que no tenía ni la menor idea a dónde ir. Duró un rato de pie, fuera de su habitación, frunciendo el ceño en ambas direcciones hasta que decidió caminar hacia la derecha y estaba a muy poco de regresar, cuando una voz lo hizo detenerse y quedarse completamente petrificado.
-Buenos días, Sargento James Buchanan Barnes -dijo una voz de mujer, que salió de la nada, porque Bucky volteó a todos lados sólo para confirmar que estaba completamente solo ahí.
-Ehhh, buenos días... ¿quién eres tú? -preguntó él, un tanto inseguro de si era lo correcto mantener una conversación como aquella.
-Soy un programa multioperacional diseñado por Tony Stark -respondió ella-, él me nombró Friday.
Bucky tardó unos minutos en razonar esa nueva información, era cierto que era un hombre del siglo pasado, pero como Soldado de Invierno había visto en muchas ocasiones los cambios en la tecnología y su año como fugitivo le había dado oportunidad de adaptarse al mundo actual, aún así no se había topado con algo tan sofisticado como aquello, pero, de cierta manera, parecía tener sentido.
-De acuerdo... Friday -soltó, después de un rato. Era extraño no tener un rostro al que mirar cuando se hablaba con alguien, pero ese era el menor de sus problemas en ese momento-. En realidad, puedes llamarme Bucky, sólo Bucky.
-Confirmado -dijo Friday-, ¿Puedo asistirlo en algo, Bucky?
Estaba a muy poco de decirle que no, pero su estómago le recordó que era mejor pedir ayuda.
-¿Podrías indicarme donde está la cocina en este lugar, o quizás el comedor?
-Por supuesto -ella le indicó exactamente a dónde se tenía que dirigir. Y, mientras lo hacía, estuvo dispuesta a responder a muchas de sus preguntas. Fue así como supo que aunque ese era el cuartel de los Avengers, como Steve le había mencionado, ya que era un edificio grande también habían muchos miembros del nuevo SHIELD que se estaba reformando y otras personas trabajando en mantenimiento y diferentes áreas del lugar, además los Avengers vivían ahí, justo en la sección en la que se encontraba la habitación de Bucky-. De hecho la habitación del Capitán Rogers se encuentra a un lado de la de usted -informó ella, al final.
-Gracias, Friday -dijo él antes de salir del pasillo. Y una vez que Bucky estuvo dentro del área común, ella le recordó que podría llamarla de nuevo si necesitaba de otra cosa. Después de eso ya no la volvió a escuchar.
El lugar era mucho más grande de lo que había esperado. Era una especie de salón alargado, con un gran número de mesas y, en el fondo una barra cubierta con cristal y detrás de ella varios hombres y mujeres sirviendo la variedad de comida que los demás pedían. Los ojos de Bucky inspeccionaron el lugar con mayor detenimiento y observó que muchas las personas que comían estaban vestidas con el mismo color de camisa oscuro y pantalones grises; muchos de ellos se sentaban como militares (Bucky había estado mucho tiempo entre ellos como para no reconocerlos), sin embargo, otros parecían civiles por su forma de comportarse y ya que todos trabajaban ahí, Bucky supuso que debían trabajar en otras áreas de la organización. Fue en ese momento en que sus ojos se enfocaron una de las mesas en particular, la que estaba casi en el centro, estaba casi llena y todas aquellas personas debían ser los Avengers y lo supuso porque desde donde se encontraba podía ver la espalda de Steve y pensó que, probablemente, él debía estar sentado con ellos. Era algo extraño, ya que no todos ocupaban sillas contiguas, sólo había unos pocos que parecía habían tomado sillas una junto a la otra, aunque todos se veían bastante animados en lo que fuera que estuvieran platicando.
Pero Bucky se dio cuenta de que no podía acercarse a Steve, tenía ganas de verlo, pero tal vez era mejor mantener su distancia, después de todo no quería hacerle daño y tal vez así sería más fácil cuando tuviera que marcharse. Junto a él, además, se encontraba Sam y no estaba seguro de que él tuviese muchas ganas de volver a verlo... no sólo eso, sino que Bucky pudo reconocer a alguien más: la mujer de cabello rojo que estaba casi en el centro de la mesa hablando con un hombre de cabello corto, con lentes oscuros y lo que parecía un carcaj y flechas colgado en el respaldo de su silla; estaba casi recostado en su asiento con los pies arriba de la mesa, sus botas oscuras podían verse desde donde Bucky se encontraba... Sin embargo, lo importante era ella, porque Bucky había intentado matarla y aquella mujer sólo había estado tratando de ayudar a Steve. Definitivamente no era una buena idea acercarse.
Intentó ser discreto y mientras cruzaba por el lugar tratando de no atrapar muchas miradas en su camino, pudo echar un mejor vistazo al resto de los Avengers, si es que todos lo eran. Además de Steve, la pelirroja, su compañero y Sam, había uno de cabello oscuro y barba corta que Bucky estaba seguro que se trataba de Tony, y es que ese hombre se parecía mucho a Howard Stark, a quien él había conocido. Después de él había otro casi de la misma estatura, con lentes, que parecía más un médico o científico... más allá se encontraba un hombre de cabello rubio largo y una barba espesa, aquel se veía casi gigante comparado con los demás. También se encontraba entre ellos una joven de cabello largo y castaño, que platicaba animadamente con un... ¿robot? Bucky no estaba seguro de ello, ya que él parecía un hombre, sus rasgos estaban muy bien definidos y su complexión, si no fuese por el hecho de que su piel (¿podría llamarle piel?) era de color rojizo y ciertamente su forma de moverse era con demasiada elegancia como para tratarse de un humano...
Fue en ese instante que Bucky se dio cuenta que uno de ellos ya había notado su presencia: era la joven de cabello castaño. Su mirada se había cruzado con la de él y en sus labios se esbozó una sonrisa amable, la vio inclinar un poco la cabeza como si lo saludara, en respuesta, él hizo lo mismo y decidió que era el mejor momento de girarse y buscar algo que pudiera comer. Se dio cuenta de que las personas que lo atendieron, aunque pudieron notar su mano metálica debajo de su manga, ninguno hizo ningún comentario o reaccionó ante ello, casi parecía que no les sorprendía en lo absoluta. Y resultó extraño, conocer personas que no lo veían con temor, aunque no fue desagradable...
-Bucky.
La forma en la que Steve decía aquella palabra era única, el tono suave, mezclado con todas las emociones que tenía en la garganta, hacían pensar a Bucky que, aunque la voz de él cambiara, sería capaz de reconocer que se trataba de él sólo por eso. Parecía que ese nombre cargaba muchas imágenes y momentos del pasado, muchos de los cuales Bucky se preguntaba si eran los cuales ya había recordado o eran los que todavía se encontraban sepultados en las paredes de su mente. Se giró lentamente para enfrentarse a la persona que lo llamaba, preguntándose cómo era que Steve todavía pudiese decir su nombre de esa manera tan suave y sin rencor, después de todo lo que le había hecho.
Los ojos de Steve se veían brillantes, como si algo en el rostro de Bucky fuese tan especial como para mirarlo atentamente.
-¿Dormiste bien? ¿Cómo te sientes? -el rubio iba acercándose cada vez más. Su rostro se tornó preocupado.
-Me siento mejor -respondió él, sin poder evitar notar lo que sucedía a su alrededor, quizá se debía a su entrenamiento en la milicia o a sus momentos como el Soldado de Invierno, que una parte de él le recordaba que debía estar consciente de todo lo que sucedía cerca de él. La presencia de Steve parecía atraer varias miradas hacia ellos y, aunque esto podía deberse a que él era el Capitán América, líder de los Avengers, Bucky pudo notar que muchas de esas miradas brillaban con un interés diferente. Y no pudo evitar sonreír porque lo último que tenía en su memoria de Steve, era aquel joven delgado y pequeño que siempre terminaba solo en las fiestas o en los bailes (lo cual siempre hacía sentirse extraño a Bucky, odiaba que su Stevie estuviese triste), pero, ahora las cosas parecían dar un giro completamente diferente. Sin embargo, una parte de él no pudo evitar sentirse... incómodo con toda esa atención que estaba recibiendo su amigo, pero se recordó que él lo merecía, no importaba que esas personas se hubiesen tardado tanto en darse cuenta lo especial que era Steve, lo importante era que ahora lo hacían. Y así Steve tenía la oportunidad para ser feliz.
Cuando el rubio se dio cuenta de la sonrisa dibujada en sus labios, él sonrió casi inmediatamente después, en respuesta. Pero su sonrisa era mucho más sorprendente que la de Bucky ya que parecía iluminar toda la habitación. Seguramente eso retendría un par de miradas más, pero Steve no parecía estar tan consciente de lo que sucedía a su alrededor como él.
El problema fue cuando Steve se inclinó más cerca y extendió su mano hacia él. Bucky, por instinto, se hizo hacia atrás para evitar el contacto. Sabía que ellos habían mantenido una relación muy cercana en el pasado, pero nada de eso iba a funcionar en ese momento, mucho menos cuando sus planes involucraban irse de ahí. ¿Para qué hacerlo más difícil?
Sin embargo el rostro de Steve hizo esa expresión de nuevo: un gesto de dolor que casi lo hizo estremecerse. Todavía no podía creer que Steve fuera capaz de cambiar de un gesto tan radiante y cálido a uno tan desolado y sombrío como en esos instantes.
-Lo siento... olvido fácilmente que no te gusta que te toque -comentó y lo dijo de tal manera que casi era doloroso escucharlo. Bucky tuvo que agachar la mirada para no verlo a los ojos.
Entonces el rubio pareció darse cuenta en ese momento que Bucky todavía traía la bandeja en las manos y recobrando un poco del ánimo que había perdido, añadió:
-¿Quieres sentarte con mis compañeros o prefieres que encontremos una mesa para nosotros?
No le pasó desapercibido que ninguna de las dos sugerencias le daban la opción de comer solo, Steve parecía decidido a acompañarlo. Bucky observó sobre el hombro de su amigo, hacia la mesa donde se encontraban los demás y se dio cuenta de que la mayoría de ellos los estaban observando, unos tenían la decencia de tratar de fingir que estaban más ocupados en otras cosas, aunque el resto ni siquiera se molestaba en hacer el intento de ocultarlo. La mayoría de ellos parecían bastante divertidos con la situación y, para su sorpresa, ninguno lo observaba con repulsión u hostilidad, aún cuando tenían razones para hacerlo.
Tal vez fue por ello que sus labios respondieron por él:
-No hay problema, podemos ir con ellos.
Cuando se encontraron frente a la mesa, Steve se sentó en el mismo lugar que Bucky lo había visto cuando llegó, sólo que en esa ocasión retiró un poco la silla que estaba junto a la suya para él pudiera sentarse. Sin embargo, él ignoró eso y se sentó en la siguiente silla, dejando la otra como una barrera entre ellos. Y la expresión que cruzó el rostro de Steve fue tan... triste, que Bucky se arrepintió casi al instante al hacerlo. Por supuesto, todos habían observado esto, por fortuna, ninguno hizo algún comentario al respecto.
El primero en llenar el silencio que se extendió en la mesa después de aquello fue Tony, y, por alguna razón, esto no le sorprendió nada a Bucky.
-Así que eres el amigo perdido del Cap -comentó, observándolo con una sonrisa en los labios. Bucky asintió hacia él mientras comenzaba a comer su pan tostado-. ¿Cómo es que se te había olvidado hablarnos de él, Cap? Es decir, no te ofendas Bucky, pero tu amigo aquí presente sólo nos dijo información de ti hasta ayer que llegaste a nosotros por sorpresa... Y, bueno, comprendo que tal vez la información acerca de tu pasado está disponible en cualquier museo, pero yo nunca he sido bueno con la Historia, me gusta mucho lo que tenemos ahora como para concentrarme en el pasado, afortunadamente tú ya no eres parte de la Historia, lo que quiere decir que ya puedo interesarme en ti...
Bucky captó su personalidad inmediatamente; era ese tipo de hombres bastante seguro de sí mismos como para decir cada cosa que les pasa por la cabeza, sin embargo, no era un idiota como muchos, era brillante, a juzgar por todo lo que había creado. También sabía que era el tipo de hombres que le encantaba bromear en cualquier clase de situación en la que se encontrara. En realidad, le agradó aquel hombre. Incluso se descubrió sonriendo cuando él terminó de hablar.
-Stark... -la voz de Steve emergió como una advertencia.
La mujer de cabello rojo puso los ojos en blanco.
-Vamos, Steve, no te pongas celoso. Tú has tenido al hombre por muchos años, no le va a pasar nada si nos lo prestas por cinco minutos, además, es momento de que lo conozcamos debidamente -sonrió ella, sin inmutarse al notar que el rubio le dirigía un ceño fruncido-. Tranquilo, te prometo que ninguno de nosotros lo va a morder...
-... a menos que él quiera -añadió Sam y soltó una carcajada cuando vio que Steve lo fulminaba con la mirada. La pelirroja miró a Sam casi con orgullo y levantó la mano, el hombre sonrió y chocó su palma con la de ella.
Steve soltó un suspiro cansado y se golpeó la frente con la mano, como si no pudiese creer lo que estaba sucediendo.
-¿Por qué pensé que esto sería una buena idea? -murmuró, pero Bucky lo alcanzó a escuchar y no pudo evitar reírse. Por extraño que pareciera, aquello estaba resultando más sencillo de lo que había esperado.
-Ignóralo, por favor, no sabe comportarse -le dijo la pelirroja-. Me llamo Natasha Romanoff.
Ella trataba comenzar desde cero con él, como si jamás hubiese intentado matarla, como si nada hubiese sucedido o tal vez pensaba que sus recuerdos como el Soldado de Invierno habían sido borrados de su memoria... De cualquier manera, era algo gentil y, aunque lo apreciaba, él no era alguien que evadía su responsabilidad.
-Lo sé, me acuerdo de ti -respondió, mirándola directamente a los ojos. Cuando el resto se dio cuenta de lo que aquellas palabras implicaban, guardaron silencio. Y cuando Bucky consideró que tal vez era mejor retirarse, ella asintió y volvió a sonreír sinceramente.
-Yo tampoco te he olvidado, ¿cómo podría hacerlo? Te ves igual de apuesto que la última vez que te vi -bromeó Natasha, guiñándole un ojo.
Después de eso los demás se presentaron y Bucky todavía le tomó tiempo sobreponerse a todo ello; no podía creer que todos ellos lo trataran tan bien a pesar de saber todo lo que había hecho.
Tal vez fue por eso que los siguientes días no fueron tan difíciles, sí, pasaba la mayor parte de su tiempo en su habitación, pero a la hora del desayuno y algunas comidas en las que se encontraba con ellos, se convertían en momentos agradables. Hablaban con él y trataban de hacerlo participar en las conversaciones, pero no le pedían mucho, cuando no tenía nada que decir, el resto del grupo continuaba la conversación, después de todo, él comenzaba a disfrutar con sólo escucharlos. Incluso Wanda y Natasha hablaban con él en ruso de vez en cuando, cosa que, por alguna razón, no siempre le agradaba a Steve.
Parecía que todo iba bien, hasta la noche en que regresaron las pesadillas. En su sueño, se veía a sí mismo como el Soldado de Invierno, él día en que Steve trataba de hacerlo recordar, él día en que se negó a luchar con él y aún así, Bucky siguió golpeándolo... y, después, el momento en que Steve se perdió en el agua...
Se despertó agitado, las sábanas estaban hechas un desorden a sus pies y su corazón parecía querer salirse de su pecho. Tenía un recuerdo de que había gritado, sólo esperaba que aquel grito hubiese sido parte de sus sueños y no hubiese brotado de su garganta realmente. Aunque pronto se dio cuenta de que así había sido cuando Steve entró en la habitación segundos después. Sin pensarlo se sentó en la cama junto a él y tocó su frente, Bucky estaba demasiado cansado e impactado por su pesadilla como para resistirse, además estaba aliviado al comprobar que Steve estaba bien.
Steve le acarició el cabello y su rostro; de sus ojos no desapareció la mirada de preocupación con la que lo veía. Sólo entonces Bucky se hizo hacia atrás. Le gustaba sentir a Steve cerca, pero la pesadilla sólo le había recordado lo peligroso que podía ser.
-¿Estás bien? -le preguntó.
-Sólo fue un mal sueño -le aseguró Bucky-. Lamento haberte despertado.
Steve parecía querer acercarse más, pero se contuvo; negó con la cabeza.
-No me molesta venir a verte -le aseguró-, no tienes por qué preocuparte por eso.
Suspiró, sabía que no tenía caso discutir con Steve Rogers.
-Estoy bien, de verdad -insistió, al notar que la mirada de angustia no lograba borrarse de las facciones de su amigo.
-De acuerdo... pero... ¿no quieres que duerma contigo hoy? -De pronto, Steve parecía nervioso. Se ruborizó-. Es decir, tal vez la compañía te haga sentir mejor... lo que quise decir es que, si quieres... en realidad yo... puedo dormir en el suelo si no quieres que esté cerca...
Bucky no pudo evitar sonreír, porque ese Steve le recordaba mucho al pequeño y débil Steve de sus recuerdos; al parecer sólo había cambiado físicamente, pero era el mismo de siempre. Y, por supuesto que quería aceptar su oferta, él incluso le permitiría dormir en la misma cama, junto a él, cuando eran jóvenes, pero no iba a arriesgarse que una de esas pesadillas se saliera de control y, en su locura, terminaba por hacerle daño.
-No es necesario -le dijo y casi pudo jurar que los ojos de Steve dejaban de brillar, sin embargo, asintió, aceptando su decisión-. Ve a descansar.
Por un momento le pareció que Steve iba a decir algo más, pero cerró los labios casi en el instante en que los abrió y se dirigió a la entrada. Bucky se volvió a dejar caer en la cama en cuanto escuchó la puerta cerrarse y permaneció con los ojos abiertos. Sabía que ya no podría dormir aquella noche, pero lo podría soportar. Los sueños malos se habían convertido en eventos que ocurrían sólo ciertos días, así que sabía que una vez que esa noche pasara, pasarían muchos días antes de que un episodio como ese se volviera a repetir.
