Capítulo 4

La primera persona que tuvo la idea, y la única que logró convencerlo de llevarla a cabo fue Natasha; ya habían pasado varios días desde que Bucky comenzó su entrenamiento al lado del resto del equipo y aunque cada vez tenía más confianza en sí mismo y en ellos, todavía no participaba directamente con ellos. Sin embargo, ellos parecían no molestarlo y sólo acudían a él por consejos, por lo que Bucky pudo sentirse cada vez más cómodo junto a ellos. Eso duró hasta que Natasha decidió que era momento de que el ex-soldado mostrara todas las habilidades que tenía escondidas (de acuerdo con sus propias palabras).

-Vamos, sabes que necesitas algo más para entrenar y yo estoy esperando alguien que por fin represente un verdadero obstáculo para mí. Hasta ahora sólo he lidiado con principiantes -dijo, sonriendo. Su gesto se hizo mucho más evidente cuando escuchó las múltiples protestas que sonaron detrás de ella. Sin embargo, ninguno parecía realmente ofendido, quizás porque era costumbre de Natasha provocar de esa manera a sus compañeros. Incluso Clint, quien apenas se encontraba a unos pasos, arqueó ambas cejas hacia la pelirroja.

Curiosamente aquel día no se encontraba Steve cerca y Bucky se preguntó si era por eso que ella había decido acercarse a él ese día. Porque a veces Steve se preocupaba demasiado por él, sobre todo en esa clase de situaciones, en las que volvía a sentirse inseguro acerca de lo que era capaz de hacer, tenía miedo de que el Soldado de Invierno reapareciera y tomara control sobre él nuevamente.

-No creo que sea buena idea -admitió. La pelirroja arqueó una ceja hacia él.

-¿Tienes miedo de perder? -preguntó, sonriendo y provocando que él mismo sonriera en respuesta- Seré gentil contigo, lo prometo.

Sabía que estaba bromeado, porque, de alguna u otra forma, aquella mujer podía ver a través de él y saber exactamente lo que le molestaba.

-No quiero lastimarte -dijo, aunque ella ya sabía ello.

Natasha puso los ojos en blanco.

-¿En realidad crees que tienes alguna posibilidad en contra mía? Sabes que en tres segundos estarás en el suelo, soldado. No creo que puedas llegar a lastimarme -insistió ella.

La sonrisa de Bucky se hizo mucho más amplia, pero aún así no alcanzó sus ojos.

-Tal vez otro día.

El problema de haber dicho esas palabras es que Natasha se lo tomó como un reto personal e insistió tantas veces que llegó un día en que él no pudo soportarlo más y accedió a sus peticiones. Sin embargo, aquella primera vez que entrenaron juntos no fue la mejor; Bucky estaba demasiado tenso cuidando cada movimiento que hacía durante la batalla cuerpo a cuerpo, que ella terminó por derrotarlo en tiempo récord y él se encontró en el suelo tan rápido que ni siquiera había tenido tiempo de preocuparse por no lastimar a nadie.

Por supuesto, sobraba decir que Natasha no estaba nada contenta.

-Te estás conteniendo -lo reprendió-. Lo estás haciendo demasiado fácil para mí.

-No...

En esa ocasión ella lo interrumpió.

-Lo sé, no quieres hacerme daño.

Pero aquello no terminó ahí; Nat parecía decidida a hacerlo luchar normalmente, por lo que insistía hasta que Bucky accedía a entrenar con ella por lo menos una hora al día y siempre lo hacían cuando no se encontraba Steve cerca, ya que los dos estaba de acuerdo en que sólo se preocuparía y no les permitiría continuar con las prácticas.

-Lo que sucede es que tu Steve es demasiado sobreprotector y más cuando se trata de ti. De hecho, creo que es exclusivamente cuando se trata de ti que se comporta de esa manera -comentó ella y le guiñó un ojo, provocando que Bucky se ruborizara.

Tal vez sólo era su imaginación porque Nat no podría estar sugiriendo eso... no, porque era ella precisamente quien sabía que Steve estaba enamorado y que se quería casar con una joven, por lo que ese comentario tendría que ser simplemente un broma, ¿no? No significaba que ella estuviese sugiriendo nada más.

-Siempre nos hemos cuidado el uno al otro -decidió decir, entonces-, hemos sido amigos desde que éramos niños.

De pronto, Natasha lucía como exasperada, casi parecía que estaba hablando con alguien de tres años.

-Sí, me parece que todo lo que Steve quiere es recuperar esa "amistad" que tenían. En serio, Barnes, pensé que eras inteligente.

Bucky la observó con confusión.

-En realidad no entiendo qué es lo que me quieres decir.

Nat dejó escapar un resoplido exasperado, pero negó con la cabeza.

-Olvídalo, es mejor que nos enfoquemos en el entrenamiento.

Y aquello pareció funcionar, porque, por primera vez Bucky se sintió con la confianza suficiente como para responder a los movimientos de ella con fuerza. Su lucha se volvió mucho más rápida y ágil en cuestión de segundos que los que se encontraban cerca no pudieron evitar acercarse a observar.

-Nat terminará con él pronto -dijo Wanda, observando atentamente con una sonrisa en el rostro.

-No estoy seguro, Bucky sabe moverse -admitió Sam.

-Si yo fuera tú cuidaría mucho la forma en la que hablo de Barnes -añadió Clint, observando a Sam con diversión-, si Steve te escucha...

-Tienes razón -se rió él. Mientras Wanda los observaba a los dos con creciente interés.

-¿Quieres apostar, Falcon? -la joven sugirió, sonriendo ampliamente. Sus ojos brillaron de rojo durante unos instantes.

-De acuerdo -dijo él en respuesta y estrechó su mano con la de ella para cerrar el trato. Vision se encontraba detrás de ellos, con los brazos cruzados sobre el pecho, frunciendo un poco el ceño, pero sin intervenir en ningún momento.

Bucky se acercó a Nat nuevamente, sabía que ya estaba cansada y que si lograba tomarla del brazo, podría desestabilizarla, pero ella fue mucho más rápida que él y pareció adivinar sus intenciones, porque se apoyó en su hombro e hizo ese complejo movimiento suyo con las piernas, las cuales enredó en su cuello para hacerlo caer hasta el suelo. Y no pudo evitarlo. Lo último de lo que se dio cuenta era que su visión giraba y de pronto estaba viendo la sonrisa de Nat, quien lo observaba de pie, con el rostro lleno de triunfo.

Cerca de ellos, creyó escuchar un gemido que parecía provenir de los labios de Sam y una exclamación de euforia que seguro había salido de Wanda.

Sin embargo, cuando pudo lograr levantarse nuevamente, Steve había entrado en la sala y sus ojos rápidamente inspeccionaron el lugar para fijarse en Nat y en él en cuestión de segundos. Como si no existiera nadie más en la habitación, se acercó a él, con su rostro cubierto de preocupación.

-¿Qué sucede, estás bien? -soltó inmediatamente, tocando el rostro de Bucky como si buscara alguna herida. Después se giró hacia Natasha quien puso los ojos en blanco en respuesta.

-No hay nada de que preocuparse, tu Bucky está perfectamente bien -le informó ella.

-Sólo estábamos entrenando, Steve -aseguró él, lo que hizo que los ojos de Steve regresaran a los de él.

-¿Entrenando?

-Sí, he estado entrenando con Nat estos últimos días -continuó él.

-Pensé... bueno, por supuesto me alegra que ya tengas la confianza suficiente como para entrenar con alguien más, pero... pensé... pudiste haberme dicho a mí -dijo Steve de pronto y Bucky no podía entender porque ahora su rostro parecía triste.

-Steve, no tienes por qué ponerte celoso -dijo ella, entre exasperada y divertida-, no tengo planeado robarte a tu Bucky; simplemente quería ayudarlo a recuperar su confianza en sí mismo.

Steve la observó con una expresión casi horrorizada antes de ruborizarse completamente. Y, aunque Bucky se sintió un poco expuesto también, sobre todo cuando su corazón se alegró ante la posibilidad de que aquello fuera cierto, sabía que nada de lo que decía Nat era en serio.

-De hecho, te lo dejaré. Es todo tuyo a partir de ahora -dijo, antes de dirigirse a los demás y añadir-. Vamos, tenemos que salir de aquí.

-Yo... lo siento, es sólo... pensé que estabas herido -se explicó Steve, después de un rato. En su rostro aún podía verse ese color rojizo, sobre todo en sus mejillas y en el cuello.

-Está bien. Recuerdo que cuando eras más... pequeño, yo solía preocuparme de la misma manera por ti -sonrió. Los ojos del rubio se iluminaron y casi en un parpadeo Steve acortó la distancia entre ellos y volvió a acariciar su rostro.

-Yo también lo recuerdo -dijo él, como si aquello fuese la cosa más maravillosa y como si Bucky fuese lo único en el mundo en ese instante-. Debes tener hambre... ¿qué tal si te preparo algo de cenar y después vemos una película?

Bucky le sonrió y permitió que Steve lo tomara de la mano, porque era muy débil y no podía decirle que no, mucho menos cuando él también deseaba pasar más tiempo con él.


Dos noches después volvió a tener pesadillas. Y fueron verdaderamente terribles, ya que todas involucraban aquel día, aquella batalla que había tenido contra Steve, en la que sólo lo veía como una misión más, como su enemigo, alguien a quien tenía que destruir, sólo que en el sueño si completaba su misión antes de recordarlo, antes de darse cuenta del error que había cometido. Por ello despertó rápidamente, con el corazón en la garganta y un grito que no pudo reprimir, un grito de desesperación que lo agitó desde su centro.

Tampoco se extrañó cuando escuchó que tocaban a su puerta.

-¿Puedo pasar? -era la voz de Steve. Y Bucky estaba tan alegre de escucharla de nuevo después de haber tenido ese terrible sueño que no dudó en acceder a su petición. Sus ojos lo observaron con tanta atención que casi se bebieron su figura mientras se acercaba a su cama y se sentaba en la orilla, observándolo con la familiar preocupación que siempre aparecía en sus facciones.

-Sólo fue una pesadilla -le aseguró, esta vez con la energía suficiente como para sonreír de nuevo-. Ya son menos frecuentes.

Steve asintió, aunque de su mirada no se fue aquella sombra que oscurecía sus rasgos. Se acercó más a él y se quedó unos minutos sin decir nada, aunque su sola presencia fue suficiente como para que la respiración de Bucky se normalizara y su repentino miedo desapareciera.

-¿Te sientes mejor? -preguntó el rubio después de un rato.

Bucky volvió a sonreír y asintió, se recostó nuevamente en la cama.

-De acuerdo... te dejaré... -pero en esa ocasión Steve no pudo terminar, porque él lo tomó del brazo inmediatamente.

-Quédate conmigo -le pidió y se sintió inmediatamente mal por hacerlo. El plan había sido demostrarle a Steve que él era fuerte y que podía superar todo aquello por sí mismo, para que su amigo pudiera rehacer su vida y fuera feliz, no dejar que viera su debilidad... así Steve jamás podría seguir con su vida. Sin embargo, Bucky era egoísta y esa noche no tenía energías como para combatir sus necesidades y dejarlas a un lado.

-¿Estás seguro?

-Sí, duerme esta noche conmigo -Bucky insistió. Y, detrás de toda aquella preocupación, creyó ver algo parecido a un destello de felicidad brillar en los ojos de Steve. El rubio asintió y él se movió un poco para dejarle un espacio en la cama.

Los dos terminaron uno al lado del otro, mirándose directamente a los ojos. Steve sonrió y movió su mano lentamente al rostro de Bucky; acarició su mejilla antes de comenzar a tocar su cabello.

Bucky comenzó a relajarse y cerró los ojos. Sintió que el cuerpo de Steve se acercaba más al de él y su calor lo reconfortó aún más.

-Bucky... tú... siempre has sido muy importante para mí, ¿lo sabes? -dijo Steve de pronto y a Bucky le pareció que casi lo decía en un suspiro, como si aquello fuese una confesión.

-Tú también para mí, Stevie -soltó él en respuesta y de pronto sintió que dos brazos lo rodeaban y Bucky enterró su rostro en el cuello de Steve, suspirando profundo, sintiéndose otra vez como en casa.