Perderte no es una opción

Se sentó en su pupitre desinteresadamente y se colocó los audífonos con la música a todo volumen, al menos eso alejaría su mente de todo el estrés que llevaba acumulando desde días atrás. Extrañaba estar con su amigas Momoko y Miyako, desgraciadamente se alejaron por motivos del destino. Quiso llorar ante la amargura de no estar junto a sus dos mejores amigas pero no podía permitirse tan débil acción. Se talló los ojos para alejar las lágrimas y sintió que alguien la observaba. Miró disimuladamente por el rabillo del ojo y no encontró nada inusual, sus compañeros estaban muy ocupados dándose abrazos o riendo como para detenerse un minuto a mirarla. Perfecto, lo que le faltaba, volverse una paranoica.

Observó varios regalos empalagosos ir de aquí para allá. Compañeros se abrazaban y otros se besaban. Levantó una ceja claramente confundida, qué estaba sucediendo.

- Es el día de San Valentín, Kaoru.

Se giró hacia la voz que había escuchado, clavando su verde mirada en la persona que se sentó un asiento atrás de ella. Era Mitch, un chico de su clase. Castaño de ojos claros y personalidad inquietante. Solía ser muy revoltoso, pero al parecer aprendió la lección la última vez que sacó de quicio a su madre y por lo que sabía, no había vuelto a hacer de las suyas. Se llevaban muy bien, de hecho bastante bien para su propio gusto. Antes, puede que ni siquiera haya aceptado al chico pero congeniaban lo suficiente como para soportarlo.

- ¿San Valentín? - repitió inquieta -. Creo que lo he pasado por alto.

- Kaoru. ¿Te gustaría... Ya sabes... Celebrar este día conmigo?

Dudó ante la propuesta, sabía perfectamente que él gustaba de ella pero se sentía incapaz de corresponderle el sentimiento, sobretodo si alguien de su pasado no la dejaba de atormentar. No quería ilusionarlo con falsas esperanzas, era un amigo y nada más o eso pretendía con él pero no quería lastimarlo.

- Mitch yo...

- Claro que como amigos - se apresuró a decir.

Él sabía que se negaría si salían como algo más que amigos sin embargo, no perdía las esperanzas al intentarlo. Por otro lado, ella pensó en dejar abrir nuevas puertas de su vida, dejar ir de su lado esos recuerdos porque sinceramente ya había perdido las fuerzas para seguir esperando.

Por qué no, se preguntó.

- De acuerdo, ¿qué tienes planeado?

- Eso es una sorpresa.

Y así pasó el tiempo, escuchando las aburridas clases que los profesores de la universidad daban sin parar. Se le hizo levemente divertido que llegara hasta ese punto de su vida incluso con notas considerablemente aceptables. Tenía que agradecérselo a Momoko, que le había enseñado muchas cosas con paciencia, normalmente terminaban discutiendo.

La campana de salida sonó tan bello como la melodía del cielo. Se estiró perezosa sobre su asiento y Mitch se levantó esperando a que guardara sus libros. Salieron del edificio tan rápido como se lo permitieron los pies y en la entrada Mitch se detuvo.

- Mitch - Kaoru se alzó el cabello en una coleta alta -. ¿Qué sucede?

Se había dejado crecer el cabello sin tenerlo planeado, simplemente había tenido un año muy ocupado y no tenía tiempo para cortárselo, además no era mala idea cambiar de apariencia.

- Quería que me dieras la oportunidad de pasar el día como algo más que amigos, si al final decides que no aceptaré tu respuesta pero solamente dame una oportunidad, Kaoru.

Lo observó serena, sin decir nada y desvió la vista hacia el suelo. Se llevó la mano derecha al cuello donde una gargantilla plateada con un dije en forma de estrella reposaba sobre su piel de porcelana, lo tomó entre sus dedos acariciando el frío material que en una que otra ocasión le hacía pensar que así se sentía su corazón y lo jaló con fuerza suficiente como para romper el agarre. No se molestó en mirarlo, lo guardó en el bolsillo de sus jeans mientras un escalofrió le recorrió toda la espina dorsal, prefirió ignorarlo y de nuevo enfocó la mirada en su acompañante junto con una amable sonrisa.

- De acuerdo, pero no prometo nada así que... No te ilusiones.

Mitch sonrió emocionado y la abrazó. Tomó su mano y entrelazó los dedos con los de Kaoru mientras la guiaba hasta su auto negro último modelo, y como todo caballero le abrió la puerta. Luego subió él y manejó hacia el centro de la ciudad.

Horas después pensó que aceptar había sido una mala idea, se sintió un poco rara ante la situación. Primero habían ido a la plaza central de Tokio donde compraron un helado y fueron al cine. Luego fueron al parque de diversiones donde se divirtió como nunca pero al final entraron al famoso túnel del amor donde el ambiente tuvo un cambio drástico, el momento se volvió incómodo. Normalmente no entraría a cosas tan cursis pero algo le dijo que lo pensara dos veces. Y ahora se arrepiente, Mitch intentó besarla e intentó corresponder pero una imagen muy familiar abordó todos sus pensamientos. Se alejó de él furiosa y salió corriendo del lugar cuando acabó el recorrido. Ya no sería capaz de verlo a los ojos.

Optó por sentarse en una banca cuando terminó en el centro de un parque cercano, deshizo la coleta y despeinó su cabellera, frustrada de haber huido como una cobarde ante sus sentimientos. Apoyó ambos codos sobre sus piernas y escondió el rostro entre sus manos. Cómo podía ser tan tonta al querer ver en Mitch a una persona que prácticamente la había lastimado. Aguantó las ganas de llorar nuevamente por él, ya estaba cansada de hacerlo. Nunca pensó que la gran Kaoru Matsubara lloraría por un imbécil.

- No me gusta ser la causa de tus lágrimas - escuchó su varonil voz.

Abrió los ojos exageradamente, creyendo que se estaba volviendo loca y no se atrevió a levantar la mirada, tuvo miedo de hacerlo. Se levantó de su lugar e intentó correr con todo lo que le sobraba de fuerzas pero una mano la detuvo de su objetivo, se tapó de nuevo el rostro antes de impactarse con el pecho de alguien más, tan duro y ejercitado como lo recordaba. No sabía cómo reaccionar o si al menos debía hacerlo, tantas veces había soñado el momento perfecto pero jamás imaginó que realmente sucedería... Aspiró el suave aroma a menta de la chaqueta negra pero no abrió los ojos, si lo hacía y no encontraba a nadie realmente se derrumbaría ahí mismo.

- Kaoru, mírame.

Ella no dudó en forcejear para alejarse lo más que pudiera de él. Recordó todas sus palabras, sus besos, sus abrazos y recordó todas las noches que lloró esperando a su regreso, pidiendo que no se vaya, queriendo su compañía.

- ¡Déjame Butch, vete, déjame tranquila! - gritó enojada.

- No Kaoru, quiero que...

- ¿Crees que no me di cuenta de tu presencia, de tu inquietante mirada? No sé que es lo que quieres pero ¡déjame en paz! - pidió al borde del llanto.

- ¡Kaoru! - gritó enojado de su terquedad - ¡Mírame!

Levantó la mirada dudosa, y finalmente lo vio frente a ella, después de dos años de haberla abandonado sin explicarle nada. De nuevo lo podía ver como tantas veces había pedido después de largas horas de llorar en la cama. De nuevo veía su rostro de duras y masculinas facciones, labios carnosos y nariz perfecta, la pálida piel resaltaba debajo de su cabellera ahora corta levantada en punta, cejas prominentes y sus perfectos y hermosos ojos de un verde bosque rasgados sensualmente. La única diferencia es que ahora le pasaba una cabeza de altura y se sintió tan pequeña a su lado, pero aún lo veía como si no hubiesen pasado los años, como cuando se sentía protegida entre sus fuertes brazos...

- Kaoru regresé por ti, tenía que arreglar unos asuntos y no podía ponerte en riesgo. No sería capaz de vivir sabiendo que alguien te puede hacer daño por mí culpa - la voz se quebró en medio de la oración, claramente estaba sufriendo por su rechazo pero no podía hacer nada, simplemente había sido tan repentino que no supo cómo responder -. Kaoru...

- Te fuiste, sin decir nada... Tú... ¿Sabes cuánto necesitaba tenerte aquí, conmigo?

- Lo mismo que necesitaba tenerte cerca de mí y sentirte, sentir tus manos sobre mis mejillas mientras te beso - le robó un beso -, mientras te amo.

Acunó las mejillas de Kaoru entre sus manos y la miró directamente a los ojos, buscando algo que ella desconocía pero supo que él lo había encontrado al sonreír con suavidad. Acarició sus pómulos y secó las lágrimas que había derramado inconscientemente. El tacto con su cálida piel desató una gran cantidad de emociones que se revolvieron dentro de su estómago, ansiosas de reaccionar ante cualquier situación...

- Te amo Kaoru y perderte no es una opción - sabía que él había tenido problemas antes de ser novios, no exactamente de qué se trataban pero muchas veces le rogó que dejara esa vida atrás hasta que un día desapareció y no volvió a saber de él, hasta ahora -, así que decidí irme sin decir nada para alejarte del peligro ¿entendido?

Asintió despacio, intentando asimilar las palabras y Butch sonrió nuevamente. Besó su nariz con ternura, luego la frente sintiendo su sonrisa en medio de la acción y por último besó sus labios, el tiempo se detuvo por milésimas de segundos para los dos. Se separaron más tranquilos y entrelazaron las manos, deseosos del tacto del otro. Aún no podía creer en lo rápido que podía confiar en él.

- Pero de qué peligro hablas - quiso saber.

Él dudó por unos segundos debatiendo internamente si confesarlo o no, pero al final se aclaró la garganta.

- Cometí el error de trabajar para un tipo que sin saberlo me metió en problemas con una gran deuda económica... Ace era el cobrador y me amenazó con hacerte suya si yo no le pagaba esa cantidad - Kaoru se sonrojó -, por supuesto que saldé de otra forma, mis puños pueden ser muy efectivos para pagar. Obviamente su jefe se enteró de todo y me persiguieron por casi toda la nación, hasta que al final me atraparon con el detalle que encontré al imbécil que me había metido en todo eso y lo entregué con el jefe de la mafia, claro que por mis habilidades salí ileso y regresé por tí, no sin antes hacer algo que me beneficiará mucho.

Lo escuchó atentamente, sin decir nada incluso después de acabar de hablar.

- Por cierto, la próxima vez que te quites la gargantilla te dejo una gran marca en el cuello para que nadie se te acerque - agregó Butch.

Metió la mano en el bolsillo de sus jeans y lo sacó con delicadeza. Días atrás había sentido la presencia de alguien más junto a ella, al principio pensó que tal vez era él, lo que resulto cierto, pero siempre descartaba la idea ya que nunca lograba dar con él a pesar de buscarlo insistentemente a su alrededor, ya sea que se encontrara en el parque, la universidad o la plaza.

- Perdón, simplemente...

- No te preocupes gatita - Kaoru frunció el ceño -, pero que bueno que no lo hiciste antes, tiene un rastreador y gracias a este supe que estabas bien en un lugar seguro.

Lo tomó de sus manos y lo abrió sin dificultad dejando ver un chip dentro de este.

- Parece correa - comentó Kaoru.

- Pero efectivo en ti, ¿quién era el tipo con el que estabas? - preguntó cambiando de tema drásticamente.

- Mitch, pero no te preocupes gatito - se burló de él -, recuerda que...

- Eres mía - terminó él -. Lo sé: fuiste, eres y serás mía.

Su voz seductora la hizo sonrojar al recordar la primera vez que habían hecho el amor. Y la sangre se le acumuló en las mejillas al recordar esa experiencia junto a él, se sintió levemente acalorada y desvió la mirada. Mirar su cuerpo le hacía sentir cosas extrañas, claro que habían sido unos adolescentes cuando tuvieron su primera experiencia sexual pero ahora tenían dieciocho años y el cuerpo demandaba atención por parte del otro, claro que lo suyo era algo más que carnal.

- Pensando en cosas pervertidas - la descubrió -, Kaoru te has vuelto una niña mala.

- Butch eres un idio...

La besó... La besó sin esperar a que terminara la frase. No aguantaba más sin probar sus labios, dos años sin hacerlo y sentía que era como la primera vez que se besaban. Rodeó su diminuta cintura profundizando el beso, mordió levemente el labio inferior de Kaoru y ella ahogó el dolor con un gemido que le hizo abrir la boca. Butch aprovechó para introducir su lengua sin pudor, no era la primera vez que lo hacía pero ella seguía respondiendo tímidamente como la primera vez que lo hizo. Tomó las manos de Kaoru y las pasó alrededor de su cuello para que lo abrazara sin interrumpir el beso, sabía que estaba tan impactada como para corresponderle. Al parecer reaccionó pues se aferró a él como si su vida dependiera de ello.

Se separaron con la respiración agitada y sonrieron felices de poder verse de nuevo juntos. Muchas veces Butch se había sentido inquieto al encontrarse lejos de ella, miedoso de que aceptara a alguien más en su vida, que lo reemplazara pero en esos momentos no podía estar más agradecido por haberlo esperado por dos largos años. Entrelazaron sus manos y caminaron alrededor del parque disfrutando del ambiente y de su mutua compañía. La abrazó por los hombros y le besó la cabeza. Hablaron de diversos temas dándose cuenta que aunque no quisieran admitirlo, se habían perdido mucho del otro. La dirigió hacia un auto negro estacionado cerca del plaque y Kaoru se sorprendió de lo lujoso que se veía. Butch le abrió la puerta galantemente y a pesar de sentirse insegura, se adentró al transporte. Él la imitó, encendió el vehículo y condujo a toda velocidad hacia las afueras de la ciudad, específicamente hacia el muelle.

No preguntó a dónde iban, confiaba en él. Así que decidió observar el paisaje a través de la ventana y ver la playa fue tan relajante que sonrió inconscientemente, qué más podía pedir si estaba a lado de él. Se sintió patética al ser tan cursi, pero tal vez había cambiado cuando se había enamorado de él. Y es que así era, después de haber luchado de pequeños, el cariño había nacido cuando maduraron...

De alguna manera al principio se rehusó a ceder ante sus sentimientos, después de no verse un par de años pensó que seguiría siendo el mismo chiquillo irrespetuoso, que nunca cambiaría pero su perspectiva cambió cuando comenzaron a relacionarse más. Parecía relajado, varonil y peligroso pero sobretodo misterioso. Siempre llegaba a buscarla después de la jornada escolar y muchas chicas se sentían celosas al verlos juntos, después de todo él llamaba la atención con su ejercitado cuerpo...

- ¿De dónde sacaste el auto?

- No lo robé si es lo que crees, antes de venir por ti no podía regresar sin nada así que trabaje arduamente para poder comprar algo que lleve mi nombre.

Sonrió. De alguna manera se sentía orgullosa, Butch quería un cambio en su vida y lo estaba consiguiendo. Cerró los párpados disfrutando de aroma a sal que percibía del mar a lado de ellos, el muelle era sin duda uno de sus lugares favoritos para pasear. Minutos después se estacionaron, abrió los ojos curiosa y se encontró frente a una casa blanca, lujosa y grande pero sobretodo con vista al mar. Butch bajó del auto y abrió su puerta. Iba a bajar pero él la sorprendió al cargarla entre sus brazos sin problema alguno.

- ¿Qué haces?

No respondió, abrió la casa y la recostó sobre el sofá. La dejó por unos minutos ahí para volver a salir de la casa, luego apareció de nuevo junto a una hoja de papel y una cajita negra muy pequeña. Dejó el papel sobre la mesa de modo que no pudiera leerla, y se arrodilló frente a ella.

Lo observó expectante, no sabía cómo interpretar su silencio.

Abrió la cajita negra frente a ella dejando a la vista un anillo de compromiso de oro sencillo, y sonrió. Se llevó ambas manos a la boca feliz y emocionada, después de todo era mujer.

- Kaoru, ¿me harías el honor de casarte conmigo y ser mi amada esposa?

Ella no lo dudó y se lanzó a sus fuertes brazos en un ansioso abrazo cayendo los dos sobre la suave alfombra de la sala. Lo besó con dulzura y sonrió, a pesar de todo Butch era el hombre que amaba, lo había esperado por dos años y sin duda no había sido en vano.

- ¿Eso es un sí?

- Claro Butch.

- Perfecto - colocó el anillo en el dedo anular izquierdo - ahora, firma aquí y aquí.

Kaoru levantó una ceja confundida y Butch rió divertido. Volvió a señalar la hoja que antes había dejado sobre la mesa y ella lo leyó. Eran papeles de matrimonio, y la firma de Butch ya estaba ahí, solamente faltaba la suya sobre su nombre. Tomó el lapicero que Butch sacó de su bolsillo y firmó junto con una sonrisa.

- Feliz día de San Valentín, Kaoru.

Ella rió con gracia y negó con la cabeza, divertida del sarcasmo de su ahora esposo.

- Además de celebrar esa fecha ahora celebraremos nuestra noche de bodas todos los años a partir de ahora, ¿seguro que no te olvidarás de nuestros próximos aniversarios?

Butch carcajeó y la besó de nuevo.

- Lo dice, la que no sabía que hoy se celebraba San Valentín.

- ¿De quién es la casa? - cambió de tema, curiosa.

- Ahora - clavó los ojos sobre los de ella, brillaban y no sabía si era por la iluminación del candelabro sobre ellos o por algo más -. De los dos, señora Him.

En ningún momento se había levantado del vientre de Butch y no le molestaba pero él se removió y levantó. Se volvieron a besar por largo tiempo y la cargó, Kaoru enredó las piernas alrededor de su cintura y así se dirigieron hacia la habitación donde consumarían su matrimonio. Ahora no solamente sería el famoso día de San Valentín, ahora era mucho más especial que todos los días célebres. A partir de ese día y todos los años del resto de su vida, sería el aniversario de bodas del matrimonio Him. Y eso sonaba más que tentador y feliz.


Gracias a Sweat Blueberry y Alicia Him10.

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Neith15