CAPITULO 2 La misión.

Habían pasado 12 días desde que el soldado se había marchado a buscar al agente infiltrado, nadie conocía al hombre pero había pedido ayuda y Shield nunca se negaba a ayudar. Alrededor del mundo aún quedaban muchos agentes ocultos que seguían huyendo y escondiéndose desde la caída de Hydra y Shield. Algunos estaban tan remotos que no sabían que Shield había resurgido de sus cenizas gracias al nuevo director. El equipo de Coulson había pasado los últimos años recuperando agentes, ayudando y enfrentándose a nuevos peligros. Por lo tanto cuando el desconocido logró comunicarse con Phil y pedir ayuda, no dudaron en ponerse manos a la obra.

Pero ahora que habían pasado tantos días, los agentes comenzaban a impacientarse y temían que el soldado no volviera y todo hubiera sido una trampa. Aunque no todos los agentes pensaban igual. Skye estaba mucho más tranquila desde que Barnes se había ido y no quería perder su paz por nada del mundo. Paz que normalmente se veía interrumpida por sus sueños con Ward, pero aun así, Grant Ward era sólo un recuerdo en cambio Bucky Barnes estaba ahí de verdad.

Simmons estaba en el laboratorio cuando Skye entró muy alegre.

—Jemma, ¿has visto a May?

—Está en la sala de reuniones intentando localizar al soldado. Ya debería haber vuelto, espero no le haya pasado nada.

—Ay Jemma, ¿tú también estás preocupada por el tipo ese? ¿Es que soy la única aquí que no lo soporta? —Simmons soltó una carcajada.

—Sí. ¿Qué pasa? ¿Por qué te cae tan mal?

—Porque es arrogante, machista y presumido. —La científica se quedó mirando a Skye con una expresión divertida.

—No le veo nada de eso que mencionas.

—¿Lo has tratado siquiera?

—Bueno, no mucho. Es muy callado y le gusta estar solo. Además sólo estuvo aquí un día antes de irse en la misión. ¿Qué te hizo en tan poco tiempo para que lo odies de esa manera?

—No lo odio, sólo no me cae. — Skye se removió incomoda y se apoyó en la mesa dónde Jemma estaba trabajando— Y respondiendo a tu pregunta, el día que se fue tuvimos un… combate cuerpo a cuerpo. Sólo de entrenamiento… El muy imbécil me insinuó que yo era muy poca cosa para ser agente, que era pequeña y que era mujer. Pero créeme, sé que fue personal, estoy segura que jamás le habría dicho algo así a May.

—Ya veo. —Jemma seguía con su expresión divertida— Entonces hirió tu ego ¿no?

—Es posible… —Skye arrugó el ceño— Pero me cae mal y punto. Por mí, que no regrese.

Lo cierto era que muy en el fondo a Skye le molestaba el hecho de que el soldado aún no hubiera regresado, porque eso significaba que todo había sido una trampa y que algo le había pasado. Si él no las hubiera detenido a May y a ella, probablemente serian ellas entonces quienes habrían corrido con la suerte de Barnes.

Alejando esos pensamientos de su cabeza Skye fue a buscar a Melinda.

—¿Alguna noticia? —Pregunto la chica entrando a la sala. May estaba frente a una gran pantalla revisando coordenadas, mapas y tenía una carpeta en sus manos.

—Nada. —Respondió Melinda si apartar la vista de la pantalla.

En el gran plasma colgado en la pared se suponía que aparecían todos los agentes de Shield que ya habían sido recuperados, a modo de saber si algo raro pasaba. Podían verse miles de puntitos rojos por todo el mapa, y el puntito rojo que llevaba por nombre Bucky Barnes, tenía muchos días desaparecido. De repente el punto apareció de la nada y estaba justo ahí, en la base. Skye y May salieron como rayo a la entrada y cuando salieron encontraron al soldado trayendo con él un hombre muy mal herido.

—¿Qué pasó? —Gritó May corriendo hacia Bucky y ayudándolo con el hombre. Skye se acercó también a ayudar.

—Digamos que todo fue una trampa… —El soldado hablaba con dificultad— Es bueno que haya decidido ir yo, ustedes no la habrían contado. —Skye rodó los ojos y se metió entre Barnes y el hombre para ayudar a May a llevarlo hasta adentro.

—Pues deberías irte a descansar soldado. Seguramente dos pobres mujeres como nosotras podemos encargarnos desde aquí. —Barnes levantó una ceja y luego bajó el rostro ocultando una sonrisa. La chica lo divertía y no entendía por qué.

Entre las dos mujeres llevaron al hombre a la sala común y lo acostaron sobre el sofá.

—Llama a Fitz y a Simmons. —Skye corrió en su busca y regresó con ellos un minuto después.

—Skye, escucha con atención. —May se acercó a la castaña y se la llevo aparte mientras los chicos revisaban al agente— No sé qué problema haya entre tú y el soldado, pero es esto es una orden. Ve con él y averigua todo lo que pasó mientras estuvo afuera. Cuando Coulson no está yo me quedo a cargo y Triplett no está disponible en estos momentos.

—¿A dónde fue Trip? —Era raro que él no estuviera ahí.

—Ordenes de Coulson. Haz lo que te digo y no vuelvas hasta que sepas todo.

Skye se mordió la lengua para no decir lo que quería. Hubiera preferido que la mandaran sola en una misión y morir en combate que ir a ver a Barnes. Casi casi prefería ir a ver a Ward. El hecho de saber que muy debajo de la casa donde vivían había una prisión y que Ward estaba allí, le revolvía los recuerdos y la descontrolaba. Pero como fuera, una orden era una orden.

Caminó lo más lento que pudo ideando un plan en el camino, tenía que averiguar lo que le había pedido May y no podía dejarse llevar por lo que sentía por Barnes. Ella tenía que ser profesional y eso iba a ser. Llegó hasta la puerta de la habitación que ocupaba el soldado pero justo cuando fue a tocar, notó que ésta no estaba del todo bien cerrada.

Skye se debatían en si tocaba o entraba. Escuchó un gruñido y luego un golpe, así que entró apresuradamente. Pasó la vista por el cuarto pero no veía a James por ningún lado. Otro gruñido le indico a la chica que el sonido procedía del baño. Se acercó y pudo vislumbrar al soldado frente al espejo, sin camisa e intentando coserse una herida en el pecho. Skye pudo ver también todas las cicatrices que decoraban la hermosa piel de Bucky, no arruinándola, sino dándole más bien un toque sexy y peligroso. A la chica se le secó la boca de repente, suponía que por toda la sangre que había en el lugar.

—¿Qué quieres? —Gruñó el soldado. Era evidente que estaba pasando dolor.

—Ahm, May me envió a… ¿Estás bien?

—Perfecto, ¿no me ves?

—Por eso te lo pregunto, porque no te ves bien… Bucky.

—Vete. —Escupió el soldado.

Skye estaba a punto de olvidar la orden de May e irse del lugar sólo para no verle la cara Barnes pero entonces, otro gruñido proveniente del soldado la hizo detenerse en seco.

—¿Sabes qué? No soporto los hombres que se quejan, así que déjame ayudarte con eso y después puedes seguir ladrándome ¿de acuerdo? —La chica se acercó a pesar de la mirada matadora que le dedicó Bucky y le quito la aguja de la mano.

—¿Te limpiaste la herida primero?

—No… —Otro gruñido. Al acercarse más al soldado Skye pudo detallar no sólo las cicatrices, sino los golpes y moretones en cada espacio de su piel. No pudo evitar sorprenderse de que con todo lo golpeado que estaba él todavía tuviera fuerzas para ser un imbécil.

Skye buscó en el baño un botiquín de emergencia; todos los baños de la casa poseían uno. Sacó agua oxigenada, alcohol y gazas. Cuando se disponía a limpiar la herida de Bucky, éste le detuvo la mano bruscamente.

—No necesito tu ayuda… —El soldado se mareó y trastabilló, pero se recompuso en segundos.

—Claro, y eso hubiera sido mucho más convincente si no te hubieras casi desmayado frente a mí. ¿Qué, no soportas que una mujer te ayude?

—No necesito la ayuda de nadie, y menos de ti…

—Te lo juro que no sé por qué carajos te ayudo. Debería dejarte aquí desangrándote. Me harías un favor porque estoy segura que sabes que no te soporto.

—El sentimiento es mutuo… —Bucky una vez más empezó a desvanecerse, Skye lo sostuvo.

—Yo no quiero estar aquí más de lo que tú quieres que me vaya, pero es bastante obvio que no puedes ayudarte a ti mismo, así que déjame curarte eso y me iré, ¿ok? —El soldado no dijo nada así que la chica aprovechó y lo apoyó contra la pared, sentándolo en el gabinete del lavamanos y evitando que se cayera.

Skye le limpió la herida y luego comenzó a coser. Bucky soltaba de vez en cuando uno que otro gruñido. Se veía pálido y respiraba trabajosamente. Por momentos parecía que se desmayaba pero la chica no estaba muy segura. Ella no pudo evitar, seguir detallando al soldado. Bucky Barnes era una leyenda tanto como el soldado del invierno.

Bucky, por haber muerto supuestamente en batalla y haber sido el mejor amigo del Capitán América. Y el soldado del invierno por haber sido el despiadado asesino de Hydra, responsable de miles de muertes a través de los años. Sea como fuere, el hombre en sí, era una leyenda.

Skye siguió cosiendo la herida y observándolo al mismo tiempo. Su cabello largo y castaño, se le pegaba un poco a la cara por el sudor. Su rostro, a pesar de estar pálido en estos momentos, poseía una belleza única. Rasgos masculinos pero finos que le daban un aire de Dios de alguna mitología. Un cuello sexy que terminaba en un pecho duro como la roca. La chica sintió arder sus mejillas cuando su vista se posó en el abdomen de Bucky, marcado y sensual, y adornado de golpes y rasguños que sólo lo hacían ver más sexy. Su vista siguió bajando pero un gruñido la hizo reaccionar.

—¡Ten más cuidado! —Escupió el soldado. Skye había jalado de más el hilo por estar viendo lo que no debía.

—Discúlpame… —Skye no hallaba qué hacer, quería salir corriendo y dejar así al soldado, pero no podía actuar como una niña de ocho años.

Barnes abrió los ojos y vio como la chica estaba roja como el tomate. No pudo evitar esbozar una sonrisa pero no dijo nada. Todo aquello le divertía como nunca. Tal vez, pudiera divertirse un poco más. El castaño seguía con los ojos cerrados pero levantó su mano derecha y comenzó a pasarla por su vientre, abdomen y pecho lentamente, Skye no pudo pasar por desapercibido el gesto y su mano empezó a temblar. Barnes gruñó, quejándose pero continuaba en su artimaña de poner más nerviosa a la chica. Sabía que se exponía a que ella lo lastimara más, pero el sólo hecho de que ella reaccionara de aquella manera lo hacía disfrutar en demasía.

Skye terminó de coser dando gracias por poder alejarse del soldado.

—Bien, ya está listo. De nada. —La joven dio unos pasos para marcharse pero Bucky la tomó por el brazo.

—Yo no te pedí que me ayudaras, así que naturalmente, no tengo por qué agradecerte. —Skye sintió la ira bullir desde su estómago.

—Ya sé para la próxima, no te preocupes, no me va a costar nada dejarte morir desangrado. —Ella jaló su brazo para soltarse del agarre de Barnes pero él tiró de ella pegándola a su cuerpo y atrapándola en un abrazo.

—¿Estás segura que me dejarías morir? —Skye sin darse cuenta empezó a temblar entre los brazos del soldado, su boca se secó y su corazón golpeaba tan fuerte que le dolía.

—¡Suéltame!

—No me has respondido…

—Sí, estoy segura, nunca en la vida había sentido tanto desprecio por alguien como lo siento por ti. —Bucky apretó a la chica aún más contra él haciendo que esta soltara un jadeo involuntario.

—Ya. ¿Por qué será que no te creo?

—¿Será porque eres un imbécil? Suéltame antes de que yo misma te abra la herida que acabo de cerrar. —Bucky la observó fijamente un momento. Luego la soltó.

—Para caerte tan mal, te pongo bastante nerviosa, tal vez deberías decidirte.

Había tanta arrogancia en la voz de Barnes que Skye tuvo que respirar varias veces antes de poder contestar.

—Me das tanto asco que por eso mi cuerpo reacciona así, estaba a punto de vomitarte encima y si no me hubiera soltado lo habrías comprobado. Aunque mejor así, no tenía ganas de devolver mi comida. —Skye sonó tan segura que por un momento, el soldado le creyó. Lo mejor era terminar con el juego.

—Bueno, ya sabes dónde está la puerta.

La chica salió de allí como alma que lleva el diablo dándose cuenta que no le había preguntado nada a Barnes sobre lo que necesitaba saber. Ni modo. Entre May molesta y el soldado, prefería mil veces a May. Que se encargara ella mejor de averiguar, Skye no quería ver más nunca a Bucky.

Ella no supo muy bien si fue por la rabia que no la dejaba pensar o porqué exactamente, pero cuando Skye se dio cuenta de dónde estaba, ya era demasiado tarde para devolverse. Había entrado en la prisión de seguridad que estaba en el sótano.

—Skye… —Susurró Ward visiblemente feliz de ver a la joven.

—Sabes que estás jodida cuando tu ex novio traidor y asesino es mejor compañía que un soldado de Shield.

—¿Disculpa?

—Nada, hablaba sola. Fue un error venir aquí…

—Espera… —Skye se dio vuelta y se acercó a la pared de vidrio de la prisión.

Ward aún tenía cierto poder sobre ella, lo cierto es que lo había amado como a nadie, pero su traición la había destrozado y a veces ella temía que ese poder se hiciera más fuerte, por eso siempre evitaba ir a verlo. Pero Barnes la había sacado de sus casillas y allí estaba ahora, frente a Grant Ward, el amor de su vida.

—¿Por qué viniste? Háblame…

—Yo no debería estar aquí…

—Pero lo estás. ¿Qué te hizo venir?

—El soldado del invierno.

—¿Barnes? ¿Está aquí? —El repentino interés de Ward llamó la atención de la chica.

—Sí… ¿Por qué te interesa?

—Porque él está aquí por mí.