"Bien, entonces lo agarro aquí así…"

"Pon tu mano aquí… un poco más abajo."

"¿Así?"

"Eso es, ahora agárralo con más firmeza…"

"Esto se siente increíblemente incómodo…"

"Tienes que abrir las manos levemente… pon la otra aquí arriba… eeeso es. Y abre las piernas un poco más."

"¡Agh! Es sólo un maldito bate, no debería ser tan complicado," refunfuñó Arthur, tratando, por lo que parecía ya la decimoctava vez, de colocarse en una posición de bateo que Alfred encontrara aceptable. Se sentía como si fuera a caerse. Y realmente no ayudaba que Alfred se pusiera detrás de él y colocara sus manos encima de las de Arthur, intentando corregir su técnica. La espalda de Arthur se sentía tibia justo donde el pecho de Alfred le presionaba, casi podía sentir el aliento de Alfred en su cuello, y esperaba fervientemente que Alfred no sintiera su tenue temblor.

Cuando Alfred entró al Emerald Lion esa mañana, blandiendo un bate y proclamando que le explicaría el 'Gran Deporte Americano del Béisbol', Arthur no había imaginado que realmente esperaba que jugara el insoportable juego. Ahora se encontraba aquí, en medio de un campo local de críquet, tratando de recordar la diferencia entre un strike y un slide e intentando golpear la maldita bola al menos una vez. Había una pila de ropa cerca de allí: la chaqueta de bombardero y el gorro de Alfred; el saco y la corbata de Arthur. El cielo estaba tan brillante y despejado como en el día anterior, sin rastro alguno de las semanas anteriores, llenas de lluvia. Era como si Alfred hubiese traído el sol.

"Ahora dobla más tus codos… afloja tu agarre un poco… así es, creo que ya le has cogido el truco." Alfred se separó de él y Arthur suprimió el sentimiento de decepción. "Ahora, los ojos en la bola, all right?" Alfred recogió la bola, arrojándola entre sus manos mientras caminaba hacia atrás alejándose de Arthur, su atractivo rostro sonriente y su radiante cabello brillando bajo la luz del sol. "¡La duodécima es la vencida!"

"Oh cállate," gruñó Arthur, practicando su bateo.

"¡Aquí vamos!"

Alfred arrojó la bola. Arthur bateó. Falló. "BOLLOCKS!" Arthur arrojó el bate al suelo. "¡Este juego es totalmente absurdo! ¡Y deja de reírte!"

"I'm sorry!" logró decir Alfred, riendo histéricamente. "Es sólo que, honestamente, jamás había visto a alguien fallar tantas…"

"¡Ya me cansé de esta tontería del béisbol!" interrumpió Arthur. Se negaba a admitir que se sentía avergonzado, incluso a sí mismo. "Toma tu maldito bate, te enseñaré un maldito deporte de verdad…"

Luego de conseguir un bate y una bola de críquet del club cercano, Arthur regresó confiado al campo de juego, ansioso de eliminar esa sonrisa altanera del rostro de Alfred. Sin embargo, parecía que Alfred aún no superaba su ataque de risa. Colocó ambas manos sobre sus caderas y observó a Arthur, entretenido. "Muy bien Arthur, ¿qué vas a enseñarme?"

Arthur frunció el ceño, a pesar de lo que sentía en su corazón. Esa maldita arrogancia le volvía loco. "Sólo veamos qué tan bueno eres en un deporte de verdad ¿te parece?"

Desafortunadamente, no le tomó mucho tiempo a Alfred para aprender lo básico del críquet – dejando de lado algunos errores en terminología. "Okay, déjame ver si entiendo," dijo luego de que Arthur le dio una reseña rápida del juego. "El lanzador…"

"Boleador."

"El boleador se coloca aquí," dijo Alfred, saltando hacia un extremo del campo junto a Arthur. "Y luego el, uh, tipo con el bate…" Alfred corrió hacia el otro extremo del campo.

"Bateador," Arthur le gritó.

"El bateador se coloca aquí…" contestó Alfred. "Sólo que hay dos de ellos, y el otro se coloca en donde estás tú, junto al lanzador – ah, boleador."

"Sí, correcto."

"Okay. Y el receptor."

"Guarda-puerta."

"Sí, él. Él se coloca aquí." Alfred golpeó el suelo con el bate de críquet.

"Exactamente. Excelente. ¿Estás listo?"

Alfred se colocó de lado y sostuvo el bate en posición. "¡Arrójamela, buddy!"

Arthur sonrió maliciosamente. "Veamos qué tan jodidamente impresionante eres ahora, Alfred Jones." Arthur se alineó en el campo, corrió, y boleó la bola. Alfred la golpeó perfectamente.

"¿Cuánto es eso? ¿Un seis?" gritó. "¿Tengo que correr ahora?"

Arthur quiso estrangularlo.

Esa noche en el Emerald Lion, Alfred parecía estar orgulloso de su proeza en el críquet y no dudo en manifestárselo a cualquiera que pudiese oírle. "Pues, a la final el críquet no es tan diferente del béisbol," les dijo a un grupo de estadounidenses que se agolpaban alrededor de la barra. Arthur limpiaba la barra, silenciosamente furioso. "Digo, hay un bate, hay una bola, la golpeas y debes correr. Tan simple como eso. Incluso hay un receptor."

"Guarda-puerta," murmulló Arthur irritado.

"¿Qué piensas del béisbol, Arthur?" preguntó Matthew, tomando un sorbo de su bourbon e ignorando a Alfred. Él, claramente, estaba acostumbrado a sus presunciones.

"Bueno," dijo Arthur cuando varios estadounidenses voltearon y le miraron. "Es, uh…" Era frustrante, no tenía sentido y todo lo que Arthur podía recordar de la estrategia eran los brazos de Alfred a su alrededor. "…bastante difícil golpearle a la bola," concluyó pobremente.

Matthew asintió en concordancia. "Yo tampoco pude cogerle el truco."

"Eso es porque, obviamente, es un juego de estadounidenses y ustedes extranjeros simplemente no pueden manejarlo," dijo Alfred con una sonrisa en su rostro que era completamente irritante. Arthur se preguntó cómo pudo haberla considerado encantadora. Los demás estadounidenses ovacionaron la declaración de Alfred.

"Déjame recordarte que tú eres el extranjero aquí," dijo Arthur, apretando los dientes.

"Exacto," dijo Matthew, pateando a Alfred discretamente en la pantorrilla. "Así que si yo fuera usted, Teniente Jones, yo mostraría un poco de respeto… o quién sabe." Matthew le sonrió a Arthur. "Podrían echarte de aquí y jamás volverías a entrar."

Arthur decidió que Matthew le agradaba.

"Aw, Arthur jamás me haría eso, ¿verdad?" dijo Alfred, inclinándose sobre la barra y sonriéndole a Arthur. "¿Qué tal si me disculpo y así quedamos a mano?" Le guiñó un ojo. Arthur apretó su puño junto con el trapito de limpieza. "¿Y podrías servirme otro bourbon?"

Uno de estos días Arthur le enseñaría a Alfred el significado de la palabra 'por favor'. Se volteó para tomar la botella de bourbon, pero la encontró vacía. Suspiró. Sería su tercer viaje a la bodega esa noche. Arthur soltó el trapo de limpieza y se quitó el polvo de las manos.

"O un escocés también sirve," dijo Alfred al ver la botella vacía.

Arthur agitó una mano. "Tendré que buscar algo de bourbon, después de todo." Él pausó. Escocés. Eso le recordaba… alzó la mirada y le sonrió dulcemente a Alfred. "De hecho, ¿sería un atrevimiento de mi parte si te pidiera que me ayudes a traer algunas cosas de la bodega?" Al recordar el terror de Alfred cuando estuvieron en la Torre de Londres y en la Abadía de Westminster, Arthur ideó un plan para bajarle los humos al arrogante Alfred.

"Bueno," dijo Alfred, inclinándose sobre la barra y bajando el tono de su voz para que sólo Arthur le escuchara, "cuando sonríes así ¿cómo podría decirte que no?" Y repentinamente volvía a ser encantador. Arthur rápidamente frunció el ceño.

"Sígueme." Arthur guió a Alfred hacia la parte trasera de la habitación y a bajar las escaleras rechinantes y estrechas, descendiendo hacia el frío y oscuro bodegón. La brillantez y el ruido del pub se desvanecieron inmediatamente, dejando sólo un ligero olor a polvo y una tenue luz que proyectaba sombras sobre las paredes. Alfred se retrasó y sus hombros se tensaron. Arthur sonrió perversamente para sí mismo.

"Ah, este sitio tuyo es algo tenebroso, Arthur," dijo Alfred, volteando la cabeza de vez en cuando. "Como esos viejos edificios ingleses…"

"¿Eso crees?" preguntó Arthur inocentemente. "Se remonta al siglo XVIII, ¿sabías? Y fue construido sobre ruinas mucho más viejas que eso."

"¿Con… con que sí?" preguntó Alfred nerviosamente.

"Mm-hm. El bourbon está en esta esquina de allá, por aquí." Arthur, guió a Alfred más adentro de la sombría bodega. Alfred le seguía lentamente. "Es gracioso, estos viejos pubs," Arthur continuó al esquivar un estante con botella y barriles. "Siempre tienen una historia."

"Oh," dijo Alfred, su voz era baja y temblaba levemente.

"¿Te gustaría oír la nuestra?" De hecho, sí había una historia del Emerald Lion. Cuando era niño, los hermanos de Arthur se la contaban para asustarle. Sin embargo, eso nunca funcionó. Arthur amaba las historias de fantasmas, y francamente siempre había deseado que realmente hubiese un espíritu que embrujara el lugar cuando él se encontraba solo en el frío edificio vacío.

"…seguro," chilló Alfred. Rápidamente aclaró su garganta y habló con un tono de voz más profundo que lo usual. "Digo, uh, seguro." Claramente Alfred no se sentía igual que antes.

Arthur rió quedamente para sí mismo. Tomó dos botellas de bourbon del estante, se las pasó a Alfred y se inclinó para tomar algunas más. "Cuenta la leyenda que a principios del siglo XIX, este pub le pertenecía a una joven pareja casada, quienes estaban muy enamorados. Un día, el caballero fue reclutado para combatir a los franceses durante las Guerras Napoleónicas. La joven le esperó pacientemente. Cada noche, ella dejaba un vaso de whisky escocés sobre la repisa de la chimenea, con la esperanza de que él volviera y lo bebiera – como era su costumbre de las noches." Arthur discreta y cuidadosamente maniobró un barril de bourbon para que éste quedara en la orilla del estante. Se detuvo y encaró a Alfred, quien estaba quieto, agarrando las botellas de bourbon con manos temblorosas.

"Pero cada mañana al despertar, ella encontraba el vaso aún lleno," Arthur continuó. "A la larga, las noticias de la Batalla de Waterloo llegaron a Londres y con ellas, el anuncio de que miles de soldados ingleses habían muerto. Pero ella se negaba a perder la esperanza. Esa noche, ella dejó el vaso de whisky en la repisa, al igual que todas las noches. A la mañana siguiente, sin embargo… estaba vacío."

Alfred dio un grito silencioso, su expresión llena de terror. Arthur escondió una sonrisa maligna y continuó siniestramente.

"Esa noche ella colocó el vaso de nuevo y una vez más, a la mañana siguiente, lo encontró vacío. Ella continuó con este ritual cada noche de su vida hasta que murió de vejez." Arthur pausó dramáticamente y caminó lentamente hacia Alfred, bajando su voz a un tono suave y escalofriante.

"Pero lo más extraño es que, luego de cientos de años, ocasionalmente se encontraría un vaso de whisky escocés sobre la repisa de la chimenea al final de noche. Y es bien sabido que, si esto pasa, debes dejarlo allí. Ya que si lo vacías antes del amanecer…" Arthur divagó y dejó la oración inconclusa, suspendida en el aire, mientras miraba fijamente el rostro pálido de Alfred con ojos grandes, sin parpadear.

Alfred estaba congelado, con una expresión de horror en su rostro. Tragó con dificultad. "¿Qué?" finalmente susurró. "¿Qué pasa si lo vacías?"

"No lo sé," Arthur contestó, también susurrando. "Porque nadie ha vivido para contarlo."

En ese momento, el barril de bourbon que Arthur había soltado se cayó y se estrelló fuertemente contra el suelo. Alfred chilló, soltó ambas botellas de bourbon y subió las escaleras corriendo. Arthur rió triunfante. "Ahora estamos a mano, Alfred Jones." Limpió el desorden, tomó otras botellas de bourbon y estaba bastante satisfecho de sí mismo hasta que, al subir las escaleras, encontró a Alfred tratando frenéticamente de arrancarle un vaso lleno a un cliente que se encontraba cerca de la chimenea. Entre Matthew y otros tres estadounidenses tuvieron que sacar a Alfred de allí, mientras que él gritaba que simplemente estaba tratando de salvar al ingenuo cliente de la ira mortal de un fantasma vengativo. Arthur tuvo que ofrecerle cerveza gratis por un mes al cliente. Evidentemente, no podía ganar.

Durante las noches siguientes, Alfred se quedó hasta tarde en la barra después que los demás soldados se fueran. Ellos hablaban de todo. Sobre la granja de Alfred en Estados Unidos. Sobre la familia de Arthur, cómo sus padres murieron y sus hermanos lo abandonaron… el cómo lo odiaban. Sobre el avión de Alfred, una y otra vez, su dulce Lady Beth que había descrito tantas veces que Arthur sentía que ya la conocía. Sobre los miedos que Arthur no podría manejar, el cómo nunca podría cumplir las expectativas de sus padres y que al final sus hermanos siempre tendrían la razón y él sería un fracaso. Y a veces, en esas oscuras horas cuando todos se habían ido y el cielo se hacía cada vez más gris, Alfred hablaría de sus propios miedos. Sobre la posibilidad del fracaso; de que quizás él nunca haría la diferencia; el hecho de que muy pocos pilotos lograban salir ilesos. Eran estas raras conversaciones las que asustaban más a Arthur y sin saber cómo llegó allí, su mano tomaría la de Alfred y se preguntaría si volvería a aferrarse a ella en el futuro.

"Me sorprende que te dejen estar fuera de la base hasta tan tarde," dijo Arthur, alcanzando su ron. Estaba casi vacío. Ahora era muy cuidadoso con su bebida si estaba con Alfred… la última cosa que quería hacer era volver a hacer el ridículo. Era muy tarde esa noche, todos se habían ido, y una vez más Arthur se encontraba con Alfred, tomando algunos tragos finales antes de cerrar. Arthur apreciaba estos momentos, pero jamás dejaría que Alfred se enterara de ello.

"Ah, es bueno ser un piloto que está a punto de partir," dijo Alfred alegremente. "De todas maneras ya estamos muertos, por eso nos dejan hacer lo que queramos en nuestros últimos días." Alfred rió fuertemente pero Arthur se encogió y desvió la mirada. Alfred calló. "¿Arthur? ¿Pasa algo malo?"

"Es sólo que no creo que eso sea muy gracioso, es todo."

Alfred pausó antes de responder. "Lo siento. A veces es más fácil bromear sobre eso, ya know?"

Arthur asintió. Pero las palabras hicieron que un frío le recorriera la espalda. La idea de que Alfred… no. Era muy doloroso de sólo pensarlo. "¿Alguna vez… te asustas?" finalmente preguntó, con voz baja.

Alfred se mofó. "¡No!" Arthur sólo le observaba mientras bebía su trago. La sonrisa de Alfred desapareció, luego finalmente suspiró y bajó la mirada. "Soy bueno, Arthur. Soy muy bueno. Y no estoy alardeando. Cuando lo digo, lo hago en serio, por eso es que soy el piloto líder."

"Lo sé, Alfred. Te creo."

"Pero no importa cuán bueno seas. Porque, al final, todo lo que se necesita es un error de medio segundo, o una pequeña equivocación de navegación, o un kraut que es tan sólo un poco mejor que tú… y eso es todo." Los ojos de Alfred eran oscuros, su expresión incierta, y súbitamente se veía joven. Era la primera vez que Arthur veía al estruendoso, alegre y confiado piloto de esta manera. Era espeluznante y extraño, pero era honesto, y Arthur sintió como su pecho se hinchó casi dolorosamente. Entonces Alfred extendió su mano y Arthur la tomó lentamente, nerviosamente. "Trato de no pensar en ello, pero… no puedo cambiar el hecho de que la mayoría de los pilotos de combate no regresan a casa."

Arthur no respondió. Tan sólo se aferró a la firme, tibia mano de Alfred. No sabía lo que él era para Alfred. No estaba seguro de qué era lo que el estadounidense quería. Si era compañía fuera de la unidad que veía todos los días, un oído comprensivo durante esas oscuras mañanas, o algo que Arthur no se atrevía a admitir por el temor aplastante de poder estar equivocado. Pero Arthur sabía lo que Alfred era para él. Él era la luz en la oscuridad donde Arthur había vivido por tanto tiempo. Era el aire que apareció cuando Arthur no podía respirar. Alfred logró ganarse el corazón de Arthur justo a tiempo para que Arthur lo perdiera.

"Pero Arthur." Alfred le guiñó, e hizo que Arthur volviera a ese momento y a esa conversación. "Yo no soy la mayoría de los pilotos de combate." Arthur casi rió. Ese era el Alfred que él conocía. "¿Ese radio tuyo funciona?" preguntó Alfred, cambiando velozmente el tema y haciendo ademán hacia el radio que estaba en el mostrador detrás de la barra.

Arthur sacudió su cabeza, librándose de los miedos que la nublaban. "Sí. Sin embargo, no lo escucho a menudo." La radio molestaba a Arthur en esos días. Si no eran actualizaciones censuradas de las noticias, o esa horrible propaganda alemana de Lord Haw Haw, eran esas terriblemente tristes canciones de tiempos de guerra como las que la señorita Lynn cantaba tan bien.

"Oye ¿y eso por qué? Deberías encenderlo más a menudo. ¡A este lugar le haría bien un poco de música!" Alfred se levantó de un salto y corrió hacia el radio, encendiéndolo y tratando de sintonizarlo. "Estoy seguro de que podemos escuchar algo decente en esta cosa…"

Arthur rodó los ojos, se terminó su ron y fue a ayudar a Alfred con el radio. "Es un bastardo para sintonizarse," dijo, relevando a Alfred y avanzando entre estática hasta que algo definible como música se pudo escuchar.

Alfred tomó el brazo de Arthur y ondeó una mano emocionadamente. "¡Allí, allí, detente! ¿Qué es eso?"

Arthur gruñó a lo que la melodía orquestal inundó los altavoces. Una de las razones por la cual no escuchaba la radio… "Sólo una de esas deprimentes canciones de tiempos de guerra."

"¡Oh, yo conozco ésta!" Alfred inexplicablemente se aplacó la chaqueta y se arregló su cabello. Luego se volteó hacia Arthur, le hizo una reverencia y le ofreció su mano. "¿Me concederías esta pieza?"

El corazón de Arthur se aceleró pero lo suprimió e hizo una mofa. "¿Estás loco?"

Alfred se encogió de hombros, sus ojos llenos de alegría. "Me han dicho eso en ocasiones." Sonrió. "Baila conmigo."

Arthur suspiró en derrota. Aún no podía resistirse a esa sonrisa; así que aceptó. Dejó que Alfred lo tomara entre sus brazos y lo guió fuera de la barra. Alfred inmediatamente presionó a Arthur hacia él, colocó una mano en su cintura y tomó la mano de Arthur en la suya. Arthur debía admitirlo… su corazón latía rápidamente y sentía mariposas en el estómago. Bien, eso era fastidioso. Arthur descansó su otra mano sobre el hombro de Alfred y alzó la mirada hacia su rostro sonriente. "Esta canción es una tontería manipuladora."

"¡Oh, hush! Es bonita." Entonces, para el horror de Arthur, Alfred comenzó a cantar mientras lo giraba sin elegancia alrededor del lugar. "We'll meet again, don't know where, don't know when..."

"Detente," dijo Arthur avergonzado, desconcertado y entretenido, todo al mismo tiempo. "No sabes cantar."

Alfred simplemente cantó más fuerte, aparentemente encantado con la irritación de Arthur. "But I know we'll meet again some sunny day!"

"¡Detente!" Arthur intentó desesperadamente no reírse. No era gracioso, era ridículo. Era ridículo, sin importar cuán maravilloso se veía mientras cantaba. "¡Eres terrible!"

"Keep smiling through…" El cabello de Alfred era tan brillante como el sol…

"¡Para!"

"… just like you always do..." Los ojos de Alfred eran de un azul claro brillante…

"¡NO!"

"Till the blue skies drive the dark clouds far away!" Alfred estaba sonriendo

Arthur finalmente se rindió y estalló en una risa. Alfred rió con él mientras seguía girándole totalmente fuera de ritmo con la música, con la melodía envolviéndoles. Al menos mientras Alfred reía no podía cantar.

"Lo siento," dijo Alfred entre risas.

"¿Por tu espantosa voz?" Arthur apenas podía mantenerse en tiempo con Alfred, sus pies se movían demasiado rápido para la pausada melodía.

"¡No! Olvidé el resto de la letra…"

"Eso está bien ¡te lo aseguro!"

"Oh espera… la recuerdo… So will you please say hello, to the folks that I know, tell them I won't be long."

"¡Oh, no!" lloró Arthur.

"They'll be happy to know, that as you saw me go, I was singing this song!"

Arthur sacudió su cabeza. Alfred era irremediable. Y dulce, y loco, y alegre, e ingenuo, y enérgico, y arrogante, y oh, ¿cómo volvería todo a la normalidad después de su partida? Al continuar la melodía, ellos cayeron en silencio. Alfred dejó de girarlo a lo loco y bajó la velocidad a un balanceo gentil que estaba a tiempo con la música. Su agarre sobre la cintura de Arthur se intensificó mientras llevaba lenta y suavemente ambas manos entre sus pechos. Arthur apenas podía respirar por las emociones encontradas que le abrumaban. Cuando el coro comenzó de nuevo, Alfred lo cantó suavemente.

"We'll meet again, don't know where, don't know when…"

Las lágrimas colmaron los ojos de Arthur y él bajó la cabeza. Qué tonto era ponerse emocional por una canción tan sentimental. Su espalda se estremecía donde la mano de Alfred se movía gentilmente y su mano tembló cuando el agarre de Alfred se volvió casi doloroso. Arthur dudó por un momento, luego inclinó su cabeza para colocarla sobre el hombro de Alfred, en esperanza de esconder sus ojos brillosos. Pudo sentir los labios de Alfred cerca de su oído, cantando las últimas palabras de la canción.

"…but I know we'll meet again, some sunny day."


Continuará…


'We'll Meet Again', letra por Hughie Charles.

(YouTube) /watch?v=cHcunREYzNY


La traducción de la canción sería ésta, en orden de aparición:

"Volveremos a vernos, no sé dónde, no sé cuándo…"

"¡Pero sé que volveremos a vernos, durante un día soleado!"

"Sigue sonriendo…"

"…como siempre lo haces…"

"¡Hasta que los cielos azules alejen esas nubes oscuras!"

"Así que por favor saluda, a todos los que conozco, diles que no tardaré…"

"Estarán felices de saber, que cuando me veías partir, yo cantaba esta canción."

"Volveremos a vernos, no sé dónde, no sé cuándo…"

"…Pero sé que volveremos a vernos, durante un día soleado."


Strike: Son strikes los lanzamientos lanzados dentro del área de strike que no sean golpeados por el bateador. Son también strikes los lanzamientos que el bateador intenta golpear sin conseguirlo y las dos primeras veces que el bateador golpea la bola hacia terreno de falta.

Slide: es un lanzamiento que tiene movimiento lateral y tiende a caer muy cerca del área de lanzamiento, engañando al bateador.

Boleador/Guarda-puerta: Son términos que encontré en algunas páginas pero no estoy 100% segura de que sean los correctos, ya que no pude encontrar una traducción exacta al español.