Sucedió tan gradualmente que Arthur apenas lo notó. Un día su pub estaba inundado de soldados estadounidenses y al siguiente, el lugar estaba casi vacío. Por supuesto que no había ocurrido tan repentinamente, pero cuando Arthur ojeó su establecimiento en una tarde soleada y notó cuán pocos hombres en uniforme había, se quedó sorprendido. En algún momento después de tanto tiempo, se había acostumbrado a los americanos. Y ahora que sólo quedaban algunos, no podía evitar sentir una punzada de tristeza… y junto con ella, el saber lo que ese vacío repentino significaba. Pero pensar en eso era muy doloroso.

No había pasado un solo día de la última semana sin que el Teniente Alfred Jones se apareciera en la barra, con su creída sonrisa y proponiendo alguna nueva y exasperante manera para que Arthur perdiera su tiempo. Y, por supuesto, se pasaba todas las noches en el pub con Arthur, hablando y riendo y sonriendo y guiñando e incluso cantando. Pero Arthur había hecho todo lo posible para resistirse a esa cegadora, magnética e innegable atracción que Alfred emanaba. Era inútil caer por los encantos de Alfred. No importaba de qué manera terminará eso, siempre sería mal. Pero eso no significaba que Arthur podía detenerse a sí mismo de pasar cada momento posible con el atractivo, alegre, jodidamente frustrante piloto.

Y ahora Arthur se encontraba detrás de la barra, puliendo sin cuidado la misma copa que cargaba desde los últimos 20 minutos, tratando de convencerse de que no estaba esperando que cierto piloto de combate estadounidense entrara por la puerta en esta brillante, soleada e interminable tarde. Se volteó por unos segundos para dejar la copa en su lugar. Casi inmediatamente escuchó la voz de Alfred detrás de él.

"Howdy sugar, are you rationed?"

Arthur se volteó, sonrió ampliamente, e inmediatamente trató de suprimir su felicidad. "¿Disculpa? No tengo ni idea de lo que estás hablando." Su sonrisa rápidamente se desvaneció al ver el rostro de Alfred. Hizo que Arthur se sintiera enfermo. "¿Qué pasa?"

"Ocupado esta tarde ¿eh?" Alfred intentó sonreír, pero sus ojos no brillaban y no se había recostado sobre la barra como siempre lo hacía. Ni siquiera pidió un bourbon. Arthur sirvió uno, de todas maneras.

"Más bien calmada, diría yo… ¿sucede algo malo?" Arthur no iba a permitir que se fuera por la tangente.

Alfred dudó. "Ven a tomarte uno conmigo." Sus ojos, su voz, sus manos inquietas – todo le decía a Arthur que había algo diferente. Esta no era una visita normal. Arthur asintió lentamente, incluso cuando sentía un frío en su estómago.

"Very well. Siéntate y estaré contigo en un momento." Arthur volteó y guardó algunas botellas, tomó un paño para limpiar la barra, mientras trataba de calmar, sin éxito, el creciente temor que se acumulaba en su estómago. Al final, cuando la barra estuvo reluciente y no había nada más que hacer, se acercó a la mesa junto a la segunda ventana del frente con un vaso y una botella llena de ron para abastecerse.

Se mantuvieron en silencio durante algunos minutos, acumulando la tensión, hasta que finalmente Alfred habló. "Bueno, eh… partiremos mañana." Alfred colocó su vaso en la mesa y miró a Arthur en los ojos. Arthur apartó la mirada. Otro silencio.

"¿A dónde?" preguntó Arthur finalmente. Intentaba no pensar. Intentaba no sentir.

"Estaremos en algún lugar de Italia. El aterrizaje será en Anzi… Anza…" Alfred rió sin ganas. "Nunca puedo recordar esos nombres italianos."

"Anzio," dijo Arthur, con el cuerpo pesado. Intentó tragar. Sabía que este día llegaría, pero por alguna razón pensaba que tendrían un poco más de tiempo. Sacudió su cabeza, tratando de entender la situación. "Qué repentino."

Alfred se encogió de hombros. Lucía compungido, su rostro normalmente alegre estaba inquietantemente oscuro. "Nunca nos dan avisos. Pero igual sabíamos que nos iríamos pronto. No fue inesperado."

"Supongo que no." Arthur desvió su mirada de Alfred hacia la pared. Se obligó a concentrarse en ella. Tenía algunas grietas. Habría que repintarla. El ruido del pub lo absorbió y se convirtió en estática dentro de su cabeza. Cuando Alfred habló, se sentía como si viniera de algún lugar lejano.

"Te escribiré."

"Gracias, pero imagino que estarás algo ocupado. Por favor no desperdicies tu tiempo en mí." ¿Y por qué lo haría…? Después de todo, ¿qué era Arthur para Alfred?

"Pero yo…"

Arthur se levantó apresurado. "Debo… debo irme. Hay mucho que hacer para mañana… Digo, para esta noche, yo…" Arthur trató de tomar su vaso precipitadamente, pero lo tumbó. Lo ignoró y, en vez, cogió la botella. "Por favor, ten cuidado. Espero poder verte después que este maldito desastre termine, ¿sí? Goodbye, Alfred."

"Arthur…"

Finalmente Arthur le devolvió la mirada a Alfred y durante un largo momento se mantuvieron así. Alfred tenía sus ojos bien abiertos, con una mirada suplicante. Le tomó toda su fuerza a Arthur para dejar de mirarlo. Se volteó, casi tirando la silla, y se apresuró para salir de la habitación. Intentó desesperadamente mantener la calma mientras pasaba grupos de clientes bebiendo, hablando y riendo. Sus manos estaban convertidas en puños y sus ojos le ardían. Por fin llegó hasta la puerta trasera, la empujó y subió las escaleras corriendo, pasó como un rayo de su sala hasta su cuarto, y cerró la puerta de golpe detrás de él. Recostándose sobre ella, se cubrió el rostro con ambas manos e inmediatamente rompió a llorar.

Era absurdo, se decía a sí mismo. Debería estar aliviado ya que podría deshacerse de ese estadounidense fastidioso, ya que recuperaría su vida, ya que no tendría que lidiar con toda esa incertidumbre y confusión. Pero todo lo que podía sentir era un vacío frío donde antes estaba su corazón. La idea de no volver a ver a Alfred lo dejaba sin aliento. El pensar que él… pero no, no podía pensar en eso. Arthur se arrancó su delantal y su corbata, los arrojó enojadamente contra el suelo antes de destapar la botella de ron. La bebió de golpe, ignorando la quemazón en su garganta. Todo lo que quería era olvidar. Tragó, respiró profundamente, y bebió nuevamente mientras las lágrimas recorrían sus mejillas. Se las limpió impacientemente. Alfred se iría. Alfred se había ido. Y Arthur sabía desde el principio que lo haría, pero la realidad lo golpeó tan fuerte que era casi absurdo.

Después de tragar unas cuantas bocanadas de ron más, Arthur dio varios respiros apresurados y se dirigió a su cama, queriendo nada más que meterse debajo de las sábanas y no salir de ellas jamás. Pero se detuvo a mitad de camino al escuchar la puerta abrirse detrás de él. Arthur se congeló, sintiendo su estómago retorcerse y sus mejillas calentarse. Había olvidado trabar ambas puertas. La puerta se cerró y sintió una presencia cálida detrás de él. No podía voltearse.

La voz de Alfred era áspera y estaba llena de incertidumbre. "Arthur. No quiero que así sea nuestra despedida."

"¿Hay una mejor forma?" preguntó Arthur amargamente. Trató de limpiar sus lágrimas sin ser muy obvio al respecto, pero sintió como Alfred agarró su brazo gentil pero firmemente. Arthur se forzó a sí mismo a girar para mirar a Alfred. "¿Por qué me seguiste?"

"¿Por qué estás llorando?" preguntó Alfred con voz suave, ignorando la pregunta de Arthur mientras tocaba suavemente su mejilla empapada.

"No… no… no lo hago." Arthur intentó limpiarse sus lágrimas nuevamente pero Alfred tomó su mano. El toque envió escalofríos por todo su cuerpo.

"¿Por mí?" Alfred tomó la botella de la mano de Arthur y la colocó en una mesa cercana.

Arthur sacudió su cabeza, pausó y luego asintió.

"¿Acaso hice algo malo?" Nuevamente Alfred sonaba inseguro, y Arthur se apresuró para confortarlo.

"No, Alfred. No, yo sólo… yo…" Arthur respiró profundamente, se limpió los ojos, y dejó que todo saliera sin poder detenerlo. "Sólo quiero que sepas que yo nunca lloro y sé que debo verme ridículo pero es que no entiendo cómo me haces esto… Oh, por qué tenías que entrar en mi vida y hacer que todo fuera maravilloso y horrible y ¡oh, tan jodidamente confuso!" Arthur cerró sus ojos fuertemente, luchando contra las lágrimas que no dejaban de caer. "Y yo sabía todo este tiempo que en algún momento tendrías que irte, por eso intenté con todas mis fuerzas no sentirme así… pero al final no pude evitar…" Arthur se detuvo antes de que las palabras se le escaparan. ¿Y si había captado todo mal? ¿Y si Alfred en realidad lo despreciaba? "Oh, bloody hell! ¡Todo es tan absurdo!"

"Ssh." Alfred rodeó a Arthur con sus brazos y lentamente lo acercó más hacia él. Bajó la cabeza y besó los párpados de Arthur con gentileza. Arthur tembló ante el beso, ante el aliento cálido de Alfred contra su piel. "Lo siento. Pero no pude evitarlo. Desde la primera vez que te vi, todo lo que quise hacer fue verte sonreír."

"¡No digas eso!" dijo Arthur, tratando de alejarse de Alfred sin aplicar mucha fuerza. Alfred no se movió. "No lo digas, porque te irás y jamás volveré a verte y no puedo soportarlo. No podré soportar que tú no…"

"Regresaré por ti," interrumpió Alfred.

Cuando Arthur alzó la mirada hacia esos ojos azules sonrientes, notó cuánto temía que Alfred no lo hiciera. "Por favor Alfred, yo…" Pero al ser incapaz de darle voz a los sentimientos en los que estaba inmerso, Arthur sólo agarró a Alfred por el cuello de su camisa, lo haló y lo besó. Se detuvo repentinamente, aterrorizado y trató de alejarse de Alfred pero se sorprendió cuando Alfred reaccionó reciamente, devorando la boca de Arthur mientras lo tomaba por la cintura con brazos fuertes. Arthur sintió tal estremecimiento de deseo que lo dejó impresionado, pero al darse cuenta de que Alfred le correspondía, todo lo que se negaba a sentir salió a flote. Le aterraba que Alfred se fuera. Le aterraba que Alfred lo olvidara. Le aterraba que quizás él no significara para Alfred lo que Alfred significaba para él. Estaba simplemente aterrorizado.

Arthur intentó olvidar los agobiantes pensamientos perdiéndose en Alfred y dio un grito de sorpresa cuando Alfred lo alzó, ambos brazos aún fuertes. Su cabeza daba vueltas. Envolvió sus piernas alrededor de Alfred y él, con sus labios aún juntos, lo cargó hasta la cama, a la cual cayeron juntos. Y Arthur finalmente aceptó que esto era lo que había querido durante todo este tiempo. Así… Alfred…

"Alfred… Alfred," suspiraba Arthur, aferrándose a los hombros de Alfred, dándole besos en sus labios, en sus mejillas, su cuello, sus orejas. Arthur no podía respirar por la emoción de poder tocar a Alfred así: como él quería, como siempre quiso desde la primera vez que lo vio.

"Arthur, yo…" comenzó Alfred, pausando para besar con pasión a Arthur otra vez. Las defensas de Arthur se derritieron totalmente. "¿Quieres…?"

"Yes!" dijo Arthur casi gritando, frotándose contra Alfred incontrolablemente. Fue entonces cuando Arthur notó que ambos estaban bastante excitados. "Ohh yes… Lo quiero…" Todo se sentía muy repentino, pero se sentía bien, y era como si todo había estado encaminado para terminar así. Alfred lo estaba besando. Alfred lo estaba tocando. Durante todo este tiempo, Arthur no lo había notado. Alfred lo quería. "Quiero esto."

Los ojos de Alfred se oscurecieron con esas palabras. Alfred prácticamente le arrancó la camisa a Arthur antes de hacer lo mismo con la suya. "Te quiero a ti," le susurró y Arthur suspiró cuando sus pieles desnudas se tocaron. Era electrizante, increíble, perfecto… nunca había sentido o imaginado algo igual. Arthur enredó sus dedos entre el cabello sudoroso de Alfred y buscó desesperadamente sus labios otra vez. Tenían sabor a bourbon, a los rayos del sol y un poco a chocolate. A Alfred.

Arthur podía sentir el acelerado corazón de Alfred debajo de su suave y tibia piel; podía sentirlo zumbar en sus manos mientras estas recorrían, ásperas e impacientes, el cuerpo tembloroso de Arthur. Era intoxicante. Arthur quería más. Lo quería todo. Rompiendo el beso, alcanzó un tarro de crema fría que estaba en la mesa de noche y lo puso en la mano temblorosa de Alfred. Alfred se detuvo y Arthur silenciosamente entró en pánico, temeroso de haber ido demasiado rápido. Pero entonces la respiración de Alfred se volvió errática contra el cuello de Arthur y le susurró, "Arthur, yo… nunca…"

Arthur sonrió aliviado, descansando su cabeza en el hombro tibio de Alfred. "Tampoco yo, pero… ¿quieres…?"

"Yes!" Alfred se apoderó de Arthur con otro beso apasionado, bajó la mano y dejó caer torpemente los pantalones de Arthur. Mitad sorprendido y, dolorosamente excitado, Arthur los pateó hacia otro lado. Alfred rápidamente abrió el tarro y Arthur suspiró cuando sintió la mano de Alfred justo allí, fría y húmeda. Arthur no estaba seguro de si realmente estaba pasando así de rápido o si era el ron y la repentina estimulación lo que hacía que todo se volviera borroso. Pero Alfred estaba contra él, entraba en él, y el dolor inicial no importaba porque todo era maravilloso e intenso y Arthur jamás había sentido tanto en su vida. Apenas podía entender la situación con su cabeza dando vueltas y el frenesí de tocar a Alfred tanto como le fuera posible, de estar cerca de él; de jamás dejarlo ir.

Arthur perdió la noción del tiempo mientras se movían juntos, su cabeza atrapada en un lugar perfecto donde sólo Alfred y él existían. "¿Estás… estás bien?" preguntó Alfred con voz temblorosa.

"Yes," dijo Arthur en un leve susurro, con los ojos fuertemente cerrados, apenas capaz de responder debido a las olas de placer que lo inundaban.

"¿Recuerdas… cuando te conté sobre lo que sentí la primera vez que volé, y… y que no podía describirlo?" Alfred hablaba contra los labios de Arthur, con respiraciones gentiles y cálidas.

Arthur abrió los ojos y miró a Alfred en los suyos. "Sí…" Lo recordaba. Algo intenso, que te quita la respiración, que te pone nervioso pero que en realidad nunca quieres que termine…

"Se sentía así."

Al decir esas palabras, una ola de calor recorrió su columna, como si fueran pedazos de vidrio. Arthur luchaba por mantener el control incluso cuando se aferraba con fuerza a Alfred y mientras se movían juntos en un ritmo vigoroso. El placer vibrante impregnaba cada parte de su ser; su cuerpo temblaba tensionado en cada parte que Alfred le tocaba. Todo parecía desvanecerse y esto era todo lo que existía ahora – sus cuerpos convertidos en uno solo; sus lenguas luchando; sus labios, miembros, el sudor y la respiración. Era demasiado. El placer se intensificó, y el rostro de Alfred se distorsionó sobre él cuando Arthur se liberó con un leve grito. "Te amo," susurró, su voz quebrada y ahogada sobre el hombre de Alfred. En parte sollozando y en parte riéndose. "Blast it all, I love you."

Alfred suspiró, se estremeció y tembló por un buen momento antes de caer sobre Arthur. Arthur lo mantuvo cerca mientras trataban de tener el control de sus respiraciones. Sus pieles desnudas se presionaban, resbalosas por el sudor. Entonces Alfred alzó su cabeza, miró a Arthur en los ojos y dijo "I love you, too."

Arthur enterró su rostro en el cabello de Alfred, avergonzado de que semejantes palabras se le escaparan de los labios. "Ni siquiera me conoces," murmulló. Era demasiado irreal, demasiado maravilloso para que Alfred lo sintiera.

Alfred rió. "Por supuesto que sí." Se rodó sobre su espalda y tomó a Arthur entre sus brazos. Arthur descansó su cabeza sobre el pecho de Alfred, disfrutando la sensación del músculo debajo de éste. "Y voy a saber mucho más. Quiero leer cada página que exista en el libro de Arthur."

Arthur frunció el cejo. "¿Qué demonios quiere decir eso?"

"No lo sé, sólo se me ocurrió."

Arthur sonrió contra el pecho de Alfred. "Eres un desastre."

"Y tú eres perfecto."

"Shut up."

Arthur escuchaba el latido del corazón de Alfred debajo de él; estaba algo acelerado pero se calmaba de a poco. Sus manos se entrelazaron mientras Alfred giraba su pulgar en la palma de Arthur. Un sentimiento de paz inundaba el pecho de Arthur. Alfred – el amable, el fastidioso, el increíble Alfred – también lo amaba. Y se iría. La luz del sol de la tarde entraba por las cortinas, iluminando algunas partes de la habitación mientras escondía las demás en las sombras. La felicidad solemne de Arthur lentamente volvía a convertirse en melancolía. Alfred lo notó.

"Lo dije en serio, Arthur. Me aseguraré de regresar por ti."

La respiración de Arthur se entrecortó. Deseaba poder creerlo. "¿Cómo?" preguntó, desesperado por que Alfred le demostrara que era cierto. "¿Cómo lograrás eso?"

Alfred le guiñó un ojo. "Magia."

Arthur rió y rodó los ojos. "Has dicho eso varias veces. ¿Acaso eres algún tipo de mago, Teniente Jones?"

"Debo serlo. He llegado hasta aquí."

"Oh… lo que me recuerda." Arthur se alejó de la sonrisa enceguecedora de Alfred y rebuscó algo en su camisa. Sacó un pañuelo blanco bordado de su bolsillo delantero y lo colocó en la mano de Alfred. Arthur ni siquiera estaba seguro de si quería darle el pañuelo a Alfred, inseguro de que fuese inapropiado o demasiado apresurado. Sin embargo, éste parecía ser el momento perfecto. "Mencionaste que no tenías ningún amuleto de la suerte, así que…bordé esto." Alfred enarcó una ceja. "No se lo digas a nadie," añadió Arthur bruscamente.

"Nuestro pequeño secreto," dijo Alfred, guiñando un ojo. Alzó el pañuelo frente a él. Era de un blanco puro con un patrón rojo y azul bordado por el borde. En una esquina dos letras A rojas se entrelazaban. Alfred sonrió y Arthur se enfocaba con dificultad en sus manos. "Me siento honrado. No es un oso polar, pero creo que este es el 'más mejor' amuleto de la suerte."

Ligeramente avergonzado, Arthur gruñó y ocultó su rostro. Había terminado el pañuelo tan sólo unos días después de la primera vez que se habían emborrachado juntos, incapaz de dejar de pensar en Alfred, incapaz de dejar de preguntarse si sus acciones y palabras significaban que quizás… sólo quizás… "¿Cómo supiste que yo era…? Bueno…" Arthur no sabía cómo hacer esa pregunta pero sí sabía que, si no se explicaba, Alfred nunca lo entendería. "Bueno, que yo era… como tú, que yo…" Arthur tomó un respiro profundo. "…prefería a los caballeros." Alfred sonrió ampliamente y Arthur sintió su rostro arder de vergüenza.

"Well Arthur, no sé cómo es el asunto con ustedes los británicos pero, de donde yo vengo, si un tipo te toma de la mano y baila contigo y se pone todo rojo y nervioso mientras le enseñas cómo sostener un bate de béisbol, entonces es una indicación bastante clara de que él está interesado en ser algo más que tu compañero de tragos."

En ese momento Arthur se puso blanco. "¿Quieres decir que supiste… todo este tiempo que yo…?"

"Las primeras cinco veces que me serviste un bourbon, derramaste la mitad en la barra. Tus manos nunca temblaban cuando le servías a alguien más."

Arthur cubrió su rostro. "Oh, bloody hell."

Alfred rió felizmente. "Por eso supe que podría decirte esas cosas, de que Beth era la única mujer en mi corazón, de que me gustaban los hombres mayores. Sabía que entenderías." Alfred tomó las manos de Arthur y lo besó cálidamente, gentilmente. "Aunque parecía que lo habías escondido por mucho tiempo."

Arthur rió temblorosamente contra los labios de Alfred. "No tienes ni idea." Bloqueó los dolorosos pensamientos que amenazaban con destruir su felicidad – que sí, lo había ocultado por mucho tiempo, para al final encontrar a alguien que lo entendía demasiado tarde – y llevó la mirada a las sombras que triunfaban sobre la luz del sol. "Está oscureciendo."

"Bueno, ya sabes lo que tienes que hacer cuando oscurece," dijo Alfred, tomando sus pantalones y guardando el pañuelo en uno de sus bolsillos.

"¿Eh? ¿Qué quieres decir?" preguntó Arthur, confundido.

"Keep smiling through," Alfred comenzó a cantar, "just like you always do…"

"Oh God!" Arthur cubrió sus oídos. "¡NO comiences con esa estupidez otra vez!"

"Till the blue skies drive the dark clouds far away!"

Apresurado por detener el horrible cantar de Alfred, Arthur buscó por el arma más cercana que pudiera encontrar. Se encontró con una almohada y atacó a Alfred con ella. "¡Realmente eres el peor cantante que he escuchado!"

"¡Mientes!" lloriqueó Alfred, tratando de evitar los golpes.

"¡Los caballeros nunca mienten!"

"Pues eso está muy bien pero yo estaba hablando de ti," sonrió Alfred.

Arthur dio un grito de indignación y continuó su ataque con la almohada. Esta vez Alfred lo contraatacó. Para el momento en que cayeron riendo y exhaustos en la suave cama, la luz de afuera estaba casi apagada.

Mientras el sol desaparecía, Arthur y Alfred se mantuvieron en silencio, sus manos aún entrelazadas, sus pechos alzándose y cayendo a un ritmo similar. En algún momento Arthur se dio cuenta que debía volver al trabajo, pero lo ignoró completamente. Estos quizás serían los últimos momentos que pasaría con Alfred. También intentó ignorar ese pensamiento. Estando allí, tocándose y respirando juntos, Arthur descubrió dolorosamente que, gracias a Alfred, jamás había sido tan feliz como ahora. Y él había pasado semanas tratando de ignorarlo y de alejarlo.

A su lado, Alfred comenzó a tatarear el resto de la canción que había estado cantando antes. Arthur sintió el arrepentimiento crecer dentro de él, y se aferró a estos preciosos momentos; sintiendo la piel de Alfred contra la suya, respirando el aroma de Alfred, escuchando el suave tarareo mezclado con una respiración dispareja. Arthur se durmió con la ligera tonada de 'We'll Meet Again', yaciendo contra el pecho de Alfred, sus manos entrelazadas firmemente.

Cuando Arthur despertó, la habitación estaba oscura y Alfred se había ido.


Continuará...